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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana">Rev Invest Cl&iacute;n 2004; Vol. 56(2):130-133    <br>     <b>ART&Iacute;CULO ESPECIAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><font size="4"><b>El descubrimiento del VIH en los albores de la epidemia del SIDA </b></font></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Eduardo Carrillo Maravilla<sup>*</sup></b><b>    <BR> </b></font><font size="2" face="Verdana"><b>Armando Villegas Jim&eacute;nez</b></font><font size="2" face="Verdana"><b><sup>*</sup></b></font><font size="2" face="Verdana"><b></b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">*Departamento de Medicina Interna.   Direcci&oacute;n de Medicina. Instituto Nacional de Ciencias M&eacute;dicas y Nutrici&oacute;n Salvador Zubir&aacute;n.    <br>   </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Reimpresos:    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Dr. Eduardo Carrillo Maravilla    <br>   Departamento de Medicina Interna. Direcci&oacute;n de Medicina. Instituto Nacional de Ciencias M&eacute;dicas y Nutrici&oacute;n Salvador Zubir&aacute;n.    <br> Vasco de Quiroga 15. Tlalpan 14000. M&eacute;xico, D.F.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ecm@quetzal.innsz.mx">ecm@quetzal.innsz.mx</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">Quienes hemos vivido en el mundo de la medicina en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os hemos sido testigos de la generaci&oacute;n de nuevos conocimientos a una velocidad asombrosa. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La identificaci&oacute;n del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como causa del s&iacute;ndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es uno de los descubrimientos m&aacute;s espectaculares y trascendentes de la medicina moderna. Esto debido a la magnitud del reto, el tiempo r&eacute;cord en el que se llev&oacute; a cabo la descripci&oacute;n y por el inexorable pron&oacute;stico de muerte que en un principio supon&iacute;a esta enfermedad, am&eacute;n de las consecuencias sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que se han desarrollado a su alrededor. Adem&aacute;s, es un claro ejemplo de c&oacute;mo el conocimiento generado en diversas &aacute;reas de la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica b&aacute;sica pueden converger para dar las herramientas y la informaci&oacute;n necesarias para dar origen a un descubrimiento con profundas implicaciones cl&iacute;nicas. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Este logro cient&iacute;fico ha sido de los mejor documentados. Fue seguido desde el inicio por los medios de comunicaci&oacute;n globales y caus&oacute; una intensa pol&eacute;mica tanto en la comunidad general como en la cient&iacute;fica. Incluso dio lugar a una disputa internacional entre Francia y Estados Unidos por derechos de las patentes implicadas. Sin embargo, este antecedente se puede considerar superado de acuerdo con las versiones de los investigadores involucrados y, por fortuna, prevalece un esp&iacute;ritu de conciliaci&oacute;n y colaboraci&oacute;n que pretendemos respetar en esta rese&ntilde;a. <SUP>1</SUP></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>EL INICIO DE LA EPIDEMIA</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Los primeros casos de lo que ahora conocemos como SIDA fueron detectados en Nueva York y Los Angeles en 1981. Se observ&oacute; en pacientes j&oacute;venes homosexuales previamente sanos el desarrollo de infecciones oportunistas como neumon&iacute;a por      <i>Pneumocystis carinii</i>,           infecciones extensas de mucosas por    Candida albicans  y la aparici&oacute;n de sarcoma de Kaposi. Algunos pacientes presentaban linfadenopat&iacute;a generalizada precediendo el desarrollo de estas manifestaciones infecciosas. Estos casos fueron primero comunicados por los Centros para el Control y Prevenci&oacute;n de Enfermedades (CDC por sus siglas en ingl&eacute;s) y posteriormente publicados en extenso en el Lancet y en el  <i>New England Journal of Medicine (NEJM)</i>. <SUP>2-5</SUP></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los autores de estos trabajos asociaron estas manifestaciones con una inmunodeficiencia celular adquirida no descrita hasta ese momento; y lo sustentaron al determinar una virtual ausencia de la subpoblaci&oacute;n de linfocitos T cooperadores/inductores (Th o LT CD4 +). Estamos hablando del inicio de la epidemia. En la editorial de diciembre 10 de 1981 del    NEJM  , acompa&ntilde;ante de los trabajos mencionados arriba, se menciona que en esa &eacute;poca se reportaban entre cinco y seis casos nuevos por semana; con 160 casos acumulados en estudio por el CDC hasta ese momento. <SUP>6</SUP></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Poco tiempo despu&eacute;s se describieron otros grupos de riesgo que inclu&iacute;an pacientes con hemofilia, usuarios de drogas intravenosas, haitianos y receptores de hemoderivados. La evidencia epidemiol&oacute;gica apuntaba hacia un agente infeccioso transmisible por v&iacute;a sexual o sangu&iacute;nea.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>A LA CAZA DE UN NUEVO VIRUS</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En este escenario, diferentes grupos de investigadores en los Estados Unidos de Am&eacute;rica (EUA) y en Europa se dieron a la tarea de cazar a este nuevo y elusivo agente infeccioso. En el Instituto Nacional del C&aacute;ncer en Bethesda (Maryland, EUA) el Dr. Robert C. Gallo y su grupo investigaban el potencial oncog&eacute;nico de los retrovirus. En particular su asociaci&oacute;n con el desarrollo de leucemias. En 1976 hab&iacute;an identificado el Factor de Crecimiento de C&eacute;lulas T, posteriormente denominado interleucina 2 (IL-2). &Eacute;ste fue un descubrimiento trascendente en muchos aspectos, ya que desde el punto de vista pr&aacute;ctico ser&iacute;a decisivo para obtener cultivos de c&eacute;lulas T. <SUP>7</SUP> Estos cultivos ser&iacute;an indispensables para obtener una fuente constante del virus. En 1979 este grupo aisl&oacute; el primer retrovirus humano, el HTLV-I (por sus siglas en ingl&eacute;s Human T-cell Lymphotropic Virus-I), que m&aacute;s tarde se identificar&iacute;a como agente causal de una leucemia de c&eacute;lulas T, end&eacute;mica en Jap&oacute;n. En 1982 descubrieron un segundo retrovirus humano, el HTLV-II, a partir de c&eacute;lulas provenientes de una leucemia de c&eacute;lulas peludas. <SUP>8</SUP></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">A pesar de estos importantes antecedentes y de que Gallo sospechaba desde un inicio que el agente causal de esta nueva enfermedad era un retrovirus, tuvo dificultades para aislar, en un principio, el virus causante del SIDA y otro grupo de investigadores se adelantar&iacute;a. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No cabe duda que fue Luc Montagnier y su grupo en el Instituto Pasteur, en Par&iacute;s, quienes aislaron por primera vez el virus que a la postre se demostrar&iacute;a como agente causal del SIDA. Los colaboradores de Montagnier, principalmente Jean Claude Chermann y Fran&ccedil;oise Barr&eacute;-Sinoussi, tambi&eacute;n investigaban con retrovirus. En esa &eacute;poca experimentaban con la adici&oacute;n de anticuerpos contra interfer&oacute;n a los cultivos de virus en l&iacute;neas celulares para facilitar su crecimiento, ya que el interfer&oacute;n ejerce un efecto inhibidor en la replicaci&oacute;n viral. En 1982, seg&uacute;n el propio Montagnier, tuvo conocimiento acerca de la hip&oacute;tesis que involucraba a un retrovirus como la causa de la nueva enfermedad y a finales de este mismo a&ntilde;o iniciaron los experimentos relacionados con esta teor&iacute;a. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El 3 de enero de 1983 Fran&ccedil;oise Brun-Vezinet, colaborador de Montagnier, obtuvo una biopsia de un ganglio linf&aacute;tico de un paciente joven homosexual con linfadenopat&iacute;a (un estado precedente del SIDA) este esp&eacute;cimen fue denominado BRU por las siglas del nombre del paciente. Procedieron a separar los linfocitos T de este tejido y se prepar&oacute; un cultivo con IL-2 y con anticuerpos contra interfer&oacute;n. Quince d&iacute;as despu&eacute;s Barr&eacute;-Sinoussi detect&oacute; indicios de la enzima transcriptasa reversa (TR) en el sobrenadante de los cultivos, lo cual se&ntilde;alaba la presencia de un retrovirus. Al continuar con esta serie de experimentos los cultivos se expusieron a anticuerpos contra HTLV I y se sometieron a microscopia electr&oacute;nica. Los resultados revelaron que se trataba de un virus diferente de los virus linfotr&oacute;picos de c&eacute;lulas T hasta ese tiempo descritos. Luc Montagnier llam&oacute; a este nuevo virus LAV (por sus siglas en ingl&eacute;s Lymphadenopathy Associated Virus) por las caracter&iacute;sticas del paciente en quien fue aislado. <SUP>9</SUP></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En un intento por caracterizar con mayor precisi&oacute;n al virus, Montagnier y su grupo intentaron cultivarlo a partir de la muestra BRU en diferentes l&iacute;neas de c&eacute;lulas T, sin &eacute;xito en un inicio. Sin embargo, a trav&eacute;s de un intenso esfuerzo del equipo de Robert C. Gallo en el que se destac&oacute; el Dr. Mikulas Popovic, lograron la purificaci&oacute;n, aislamiento y cultivo, as&iacute; como el desarrollo de una prueba diagn&oacute;stica para el virus. Estos resultados fueron publicados en cuatro art&iacute;culos de la revista    Science  en mayo de 1984. En esas publicaciones el VIH recibi&oacute; la denominaci&oacute;n de HTLV-III. <SUP>10</SUP></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">En agosto de 1984, Jay Levy y su grupo, de la Universidad de California, en San Francisco, informaron de forma independiente el aislamiento de un retrovirus en pacientes con SIDA de San Francisco. Levy lo llam&oacute; ARV (por sus siglas en ingl&eacute;s AIDS-Related Virus). <SUP>11</SUP> Desde entonces Levy ha profundizado en la investigaci&oacute;n de la fisiopatogenia de la infecci&oacute;n por VIH y se ha convertido en una de las principales autoridades en el tema. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Tambi&eacute;n en 1984 se identific&oacute; la mol&eacute;cula CD4 como el receptor para el VIH, lo cual explicaba la v&iacute;a de entrada a la c&eacute;lula, evento de primordial importancia para entender el ciclo biol&oacute;gico del virus. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 1985 se llev&oacute; a cabo la clonaci&oacute;n y secuenciaci&oacute;n del genoma del virus, y una caracterizaci&oacute;n precisa de las prote&iacute;nas de su envoltura. En 1986 exist&iacute;an diversos nombres para el virus en cuesti&oacute;n, entre &eacute;stos se contaban LAV, HTLV-III, ARV e IDAB (immunodeficiency associated virus). Inclusive se le denominaba en t&eacute;rminos compuestos como LAV/HTLV-III. Por lo anterior, el Subcomit&eacute; de Retrovirus Humanos (del Comit&eacute; Internacional sobre Taxonom&iacute;a de los Virus) presidido por Harold Varmus, public&oacute; en mayo de 1986 una carta en    Science  donde se propuso el nombre virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), el cual fue aceptado ampliamente por la comunidad internacional. Myron Essex y Robert C. Gallo, a pesar de ser miembros de dicho subcomit&eacute;, no firmaron dicha carta. <SUP>12</SUP> Ese mismo a&ntilde;o, el grupo de Montagnier aisl&oacute; un nuevo retrovirus, diferente del LAV/HTLV-III, en pacientes con SIDA provenientes de &Aacute;frica Occidental. Este nuevo virus se denomin&oacute; VIH-2, para diferenciarlo del primer virus, que se denomin&oacute; VIH-1. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">A pesar de la abrumadora evidencia acumulada hasta ahora en relaci&oacute;n con el VIH como agente causal del SIDA debemos, en aras de la objetividad, mencionar que se han alzado voces disidentes de cient&iacute;ficos de reconocido prestigio mundial como el Prof. Peter Duesberg, de la Universidad de California en Berkeley, quien desde un inicio ha cuestionado el cumplimiento de los criterios de causalidad en el caso del VIH, y hasta fecha reciente contin&uacute;a defendiendo una teor&iacute;a alternativa como explicaci&oacute;n del SIDA. <SUP>13,14</SUP> Al margen de la posesi&oacute;n absoluta de la verdad, como suele pretenderse en no pocos debates, consideramos que este desaf&iacute;o intelectual, en un principio, estimul&oacute; provechosas discusiones de ideas que permitieron analizar y cuestionar los conocimientos de la enfermedad.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>DESPU&Eacute;S DEL DESCUBRIMIENTO</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 1987 se public&oacute; en la        RIC  un n&uacute;mero especial llamado &quot;SIDA: Experiencia en el INNSZ&quot;. Este n&uacute;mero inclu&iacute;a una revisi&oacute;n acerca de la fisiopatogenia del SIDA, la cual fue publicada en cinco p&aacute;ginas. <SUP>15</SUP> Actualmente existen varios textos sobre el tema, y varias publicaciones peri&oacute;dicas especializadas. <SUP>16</SUP> Esto pone en perspectiva la impresionante cantidad de conocimiento acumulado en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La primera droga antirretroviral, con capacidad de bloquear la enzima transcriptasa reversa, tambi&eacute;n fue descubierta en 1987. Esta droga, el AZT (azidotimidina), fue el primer paso en el desarrollo de una terap&eacute;utica espec&iacute;fica antiviral. En 1995 aparecieron los inhibidores de proteasa como un nuevo grupo de f&aacute;rmacos y se desarroll&oacute; el esquema de terapia antirretroviral altamente activa (HAART, por sus siglas en ingl&eacute;s). </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Hasta ahora el SIDA es responsable de m&aacute;s de 20 millones de muertes. Se estima que aproximadamente 70 millones de seres humanos est&aacute;n infectados. Aunque en un inicio esta epidemia representaba una seria amenaza a la especie humana y en el presente es un grave problema de salud p&uacute;blica global, desproporcionado en cuanto a su distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica, el panorama para el futuro tiene elementos de esperanza. Los medicamentos, especialmente la terapia antirretroviral altamente activa, han cambiado radicalmente la expectativa de vida de los pacientes infectados y han transformado el concepto de enfermedad r&aacute;pidamente mortal que representaba el SIDA hacia un modelo con caracter&iacute;sticas de enfermedad cr&oacute;nica. Por la naturaleza de la enfermedad la soluci&oacute;n l&oacute;gica para frenar la propagaci&oacute;n e inclusive erradicarla ser&iacute;a la creaci&oacute;n de una vacuna efectiva. Hasta ahora, esto representa s&oacute;lo una esperanza, ya que a pesar de innumerables esfuerzos los resultados no han sido los esperados. Por otra parte, las acciones de educaci&oacute;n dirigidas a la poblaci&oacute;n general en cuanto a la prevenci&oacute;n del SIDA han sido, sin duda, un paso decisivo para combatirla. Esperemos que en la pr&oacute;xima editorial dentro de 20 a&ntilde;os otros escriban una cr&oacute;nica m&aacute;s optimista narrando los resultados de lo que ahora s&oacute;lo son esperanzas. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Es por lo anterior que el estatus logrado por los investigadores involucrados en el descubrimiento del VIH adquiere dimensiones que los proyectan como h&eacute;roes de nuestro tiempo. Para ilustrar esta afirmaci&oacute;n nos referimos a la respuesta de Gerry Melino (prominente investigador en el campo de apoptosis y c&aacute;ncer) ante la &uacute;ltima pregunta de un cuestionario de la revista  <i>Nature</i>  en su secci&oacute;n &quot;Lifelines&quot;: <SUP>17</SUP></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><i>Nature:</i>-Nombre una extravagancia que a usted se le pudiera excusar en virtud de su eminencia. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><i>G. Melino:</i> -Nunca podr&iacute;a igualar a Luc Montagnier, cuya casa en alguna ocasi&oacute;n fue asaltada y algunas cosas sustra&iacute;das. Cuando los ladrones vieron su nombre inscrito en las tarjetas de cr&eacute;dito lo reconocieron como el hombre que descubri&oacute; el VIH y regresaron todo. Su casa jam&aacute;s ha sido allanada otra vez. Eso es eminencia.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Cohen J. Long time rivalry ends in collaboration.    Science  2002; 295: 1441-2. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794146&pid=S0034-8376200400020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2. Gottlieb MS, Schanker H, Fan P, et al. Pneumocystis pneumonia. Los Angeles.    <i>Morbid. Mortal. Weekly Rep</i>  1981; 30: 250-2. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794147&pid=S0034-8376200400020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3. Gottlieb MS, Schroff R, Schanker H. et al. Pneumocystis carinii pneumonia and mucosal candidiasis in previously healthy homosexual men.    <i>N Engl J Med</i>  1981; 305: 1425-31. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794148&pid=S0034-8376200400020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4. Masur H, Michels MA, Greene JB, et al. An outbreak of community-Acquired Pneumocystis carinii Pneumonia.<i> N Engl J Med</i>  1981; 305: 1431-8. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794149&pid=S0034-8376200400020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">5. Hymes KB, Greene JB, Marcus A, et al. Kaposi's sarcoma in homosexual men-A report of eight cases.    <i>Lancet</i>  1981; 2: 598-600. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794150&pid=S0034-8376200400020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">6. Durack DT.- Opportunistic infections and Kaposi's sarcoma in homosexual men.    <i>N Engl J Med</i>  1981; 305: 1465-7. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794151&pid=S0034-8376200400020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">7. Morgan DA, Ruscetti FW, Gallo RC. Selective in vitro growth of T lymphocytes from Normal Human Bone Marrow.    <i>Science</i>  1976; 193: 1007-8. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794152&pid=S0034-8376200400020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">8. Wong-Staal F, Gallo RC. Human T-lymphotropic retroviruses.    <i>Nature</i>  1985; 317: 395-403. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794153&pid=S0034-8376200400020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">9. Barre-Sinoussi F, Chermann JC, Rey F et al. Isolation of a T-Lymphotropic Retrovirus from a patient at risk for Acquired Immune Deficiency Syndrome (AIDS).    <i>Science</i>  1983; 220: 868-71. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794154&pid=S0034-8376200400020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">10. Popovic M, Sarngadharan MG, Read E, Gallo RC. Detection, Isolation, and continous Production of Cytopathic Retroviruses (HTLV-III) from patients with AIDS and Pre-AIDS.    <i>Science</i>  1984; 224: 497-500. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6794155&pid=S0034-8376200400020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">11. Levy JA, Hoffman AD, Kramer SM, et al. Isolation of lymphocytophatic retroviruses from San Francisco patients with AIDS.    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