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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas bibliogr&aacute;ficas </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jason Stanley, <i>Knowledge and Practical Interests</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Clarendon Press, Oxford, 2005, 208 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>&Aacute;ngeles Era&ntilde;a</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. </i>E&#150;mail: <a href="mailto:mael@filosoficas.unam.mx">mael@filosoficas.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las preguntas centrales de la epistemolog&iacute;a es &iquest;en virtud de qu&eacute; factores es posible considerar que una creencia verdadera constituye una instancia de conocimiento? La pregunta remite a la tesis tan vieja como la epistemolog&iacute;a misma de que si bien la verdad de una proposici&oacute;n es una condici&oacute;n necesaria para las atribuciones de conocimiento, no es nunca una condici&oacute;n suficiente para ello. La diferencia com&uacute;nmente se establece en funci&oacute;n de factores vinculados con la racionalidad te&oacute;rica que son <i>esencialmente epist&eacute;micos. </i>Dado que uno de los supuestos subyacentes a esta posici&oacute;n dominante es que la racionalidad te&oacute;rica debe ser guiada por el prop&oacute;sito normativo de descubrir la verdad, los factores que hacen que una creencia verdadera sea conocimiento son aquellos que conducen a la adquisici&oacute;n de creencias verdaderas. Tradicionalmente se ha apelado, por ejemplo, a la relaci&oacute;n de la creencia en cuesti&oacute;n con otras creencias verdaderas, o al hecho de que la creencia que est&aacute; siendo evaluada sea el resultado de un mecanismo confiable de producci&oacute;n de creencias (i.e., un mecanismo que tienda a producir un mayor n&uacute;mero de creencias verdaderas que falsas). De acuerdo con Stanley, las distintas teor&iacute;as de la justificaci&oacute;n epist&eacute;mica no han implicado el abandono de lo que &eacute;l llama "el intelectualismo", i.e., el supuesto de que "el conocimiento no depende en absoluto de cuestiones pr&aacute;cticas" (p. 6).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Stanley se inserta en el marco de esta discusi&oacute;n con una tesis no s&oacute;lo novedosa, sino tambi&eacute;n controvertida puesto que pone en duda el sost&eacute;n de las teor&iacute;as epistemol&oacute;gicas tradicionales. Su tesis central es que "la diferencia entre la creencia verdadera y el conocimiento no es puramente epist&eacute;mica" (p. v), sino que depende de los <i>intereses pr&aacute;cticos </i>del individuo que posee la creencia. En este sentido, el autor considera que aquello que nos permite discriminar cu&aacute;les de nuestras creencias constituyen conocimiento est&aacute; determinado por hechos que pertenecen al &aacute;mbito de la <i>racionalidad pr&aacute;ctica. </i>Stanley ubica su propuesta en el marco de una teor&iacute;a "invariante de relatividad a intereses" <i>&#91;interest&#150;relative invariantism&#93; </i>(IRI), seg&uacute;n la cual es posible afirmar que un sujeto <i>S </i>conoce una proposici&oacute;n verdadera <i>p </i>si <i>S </i>posee un nivel suficiente de evidencia para <i>p, </i>donde la suficiencia es medida en funci&oacute;n de aquello que est&aacute; en juego para <i>S </i>al aceptar (o rechazar) <i>p; </i>en otras palabras, en funci&oacute;n de lo que se tiene que invertir, en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, en <i>p </i>(a mayor inversi&oacute;n, m&aacute;s fuerte deber&aacute; ser la evidencia y esta fuerza se mide en t&eacute;rminos probabil&iacute;sticos).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para defender su tesis central, el autor examina cinco casos en los que, dado un mismo estado de cosas, la atribuci&oacute;n de conocimiento a un mismo sujeto <i>S </i>puede resultar verdadera o falsa dependiendo de la situaci&oacute;n pr&aacute;ctica en la que se encuentre <i>S. </i>A lo largo del libro, Stanley examina distintas explicaciones ofrecidas a este fen&oacute;meno que, seg&uacute;n &eacute;l, caracteriza de manera paradigm&aacute;tica nuestras atribuciones de conocimiento cotidianas. A trav&eacute;s de la trama argumental, establece que la &uacute;nica explicaci&oacute;n plausible para el fen&oacute;meno en cuesti&oacute;n es aquella que apela a los costos pr&aacute;cticos que tiene, para un sujeto <i>S, </i>el estar equivocado con respecto a su creencia: si estos costos son muy altos, la atribuci&oacute;n ser&aacute; falsa; si son bajos, &eacute;sta ser&aacute; verdadera. Los costos pr&aacute;cticos var&iacute;an de acuerdo con la situaci&oacute;n en la que se encuentra el sujeto a quien se le atribuye conocimiento y a la <i>importancia </i>que para el sujeto pueda tener el que su creencia sea verdadera (o falsa).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo de Stanley es rechazar el intelectualismo, su estrategia argumental consiste en mostrar que &eacute;ste no captura las intuiciones que subyacen a nuestras atribuciones cotidianas de conocimiento. Adem&aacute;s, el autor argumenta que el contextualismo epist&eacute;mico est&aacute; destinado al fracaso, puesto que pretende sufragar los problemas del intelectualismo sin renunciar a sus tesis centrales. Esto hace que los beneficios del contextualismo <i>(e.g., </i>preservar la clausura epist&eacute;mica de una premisa singular y proveer una explicaci&oacute;n no esc&eacute;ptica de nuestra tendencia a considerar que las hip&oacute;tesis esc&eacute;pticas debilitan las afirmaciones ordinarias de conocimiento) sean ilusorios. Es justamente en relaci&oacute;n con esta idea que a Stanley le interesa subrayar el hecho de que la teor&iacute;a IRI no es una vertiente o una versi&oacute;n del contextualismo. La distinci&oacute;n entre estas dos es fundamentalmente que (1) el contextualismo, a diferencia de la teor&iacute;a IRI, es una tesis sem&aacute;ntica, adem&aacute;s de epistemol&oacute;gica, y (2) la teor&iacute;a IRI, a diferencia del contextualismo, <i>no </i>se propone como una posible soluci&oacute;n a <i>cualquier </i>problema filos&oacute;fico; i.e., no es aplicable a una multitud de problemas filos&oacute;ficos que aparentemente surgen de la sensibilidad contextual del significado de alg&uacute;n t&eacute;rmino involucrado en el problema en cuesti&oacute;n. Finalmente, la diferencia crucial para el autor entre el contextualismo y la teor&iacute;a IRI es que (3) la primera de estas posiciones, a diferencia de la segunda, <i>es </i>una versi&oacute;n del intelectualismo. El contextualismo se&ntilde;ala que la f&oacute;rmula "_sabe que <i>p" </i>expresa distintas relaciones en distintos contextos de emisi&oacute;n. Sin embargo, la evaluaci&oacute;n con respecto a si la relaci&oacute;n expresada en un determinado contexto se da (o no) depende <i>exclusivamente </i>de factores epist&eacute;micos <i>(e.g., </i>la conductividad a la verdad del m&eacute;todo de adquisici&oacute;n de creencias). En este sentido, el contextualismo da lugar a una epistemolog&iacute;a intelectualista. Contrariamente, el invariantista sostiene que la f&oacute;rmula "_sabe que <i>p" </i>expresa <i>una sola </i>relaci&oacute;n en <i>todo </i>contexto de emisi&oacute;n, pero la evaluaci&oacute;n con respecto a si la relaci&oacute;n en cuesti&oacute;n se da (o no) depende de factores <i>no </i>puramente epist&eacute;micos <i>(e.g., </i>los costos pr&aacute;cticos que, para el sujeto de la atribuci&oacute;n, tendr&iacute;a errar).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se divide en ocho cap&iacute;tulos m&aacute;s una introducci&oacute;n y una conclusi&oacute;n. A lo largo de la introducci&oacute;n, el autor examina detalladamente cinco casos en los que tenemos intuiciones (con respecto a cu&aacute;ndo debemos hacer una atribuci&oacute;n de conocimiento a un sujeto) que, bajo el modelo intelectualista, resultan contradictorias. As&iacute;, seg&uacute;n &eacute;l, todo te&oacute;rico que pretenda mantener la independencia del conocimiento de cuestiones pr&aacute;cticas debe aceptar alguna de las siguientes posibilidades: (1) poner en duda que nuestras atribuciones cotidianas e intuitivas de conocimiento var&iacute;en de acuerdo con la situaci&oacute;n pr&aacute;ctica en la que se encuentra el sujeto de la atribuci&oacute;n; (2) aceptar que nuestras intuiciones acerca de lo que es dicho al aseverar una oraci&oacute;n no son, en general, una gu&iacute;a fiable a los contenidos sem&aacute;nticos de las oraciones en contexto; o (3) negar que la proposici&oacute;n expresada por una aserci&oacute;n de conocimiento en una situaci&oacute;n donde los costos pr&aacute;cticos son bajos sea realmente la negaci&oacute;n de una proposici&oacute;n que se expresa en una situaci&oacute;n donde los costos son altos y, as&iacute;, negar que la primera sea, en efecto, una aserci&oacute;n de conocimiento (p. 12). La primera de estas opciones queda fuera de la discusi&oacute;n dados los ejemplos en los que se sustenta el planteamiento del problema del libro y que, seg&uacute;n el autor, son claramente el reflejo de intuiciones distintas que subyacen a aseveraciones de conocimiento. La segunda opci&oacute;n, por su parte, pone en peligro la posibilidad de dar explicaciones sem&aacute;nticas y no queremos renunciar a esta &uacute;ltima posibilidad. As&iacute;, seg&uacute;n Stanley, la mejor v&iacute;a para conservar el intelectualismo es utilizando la tercera de estas opciones que, seg&uacute;n &eacute;l, es el camino que toma el contextualismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo, Stanley examina cuidadosamente la tesis sem&aacute;ntica de acuerdo con la cual las atribuciones de conocimiento (las instancias de "S sabe que <i>p") </i>son sensibles a un contexto de una manera distintivamente epistemol&oacute;gica, es decir, al contextualismo epist&eacute;mico. Desde esta perspectiva, una oraci&oacute;n es sensible al contexto si y s&oacute;lo si ella expresa diferentes proposiciones relativas a diferentes contextos de uso. Si a esta tesis se le a&ntilde;aden las siguientes dos afirmaciones: (1) los estados de conocimiento est&aacute;n ordenados de acuerdo con su "fuerza" epist&eacute;mica y (2) lo que determina el valor sem&aacute;ntico de instancias del tipo "sabe que <i>p", </i>relativo a un contexto de uso, es alguna colecci&oacute;n de hechos acerca de las intenciones y creencias de los participantes conversacionales en ese contexto de uso, entonces las cinco intuiciones &#151;que Stanley utiliza como eje rector del libro&#151; pueden explicarse sin renunciar a la tesis central del intelectualismo, <i>ie, </i>el que una creencia verdadera constituya conocimiento es independiente de cuestiones pr&aacute;cticas. Desde esta perspectiva, la propiedad expresada por la instancia relevante "S sabe que <i>p", </i>relativa a un contexto de uso, es una funci&oacute;n de hechos pr&aacute;cticos acerca del contexto de uso. Sin embargo, el que alguien crea verdaderamente que <i>p </i>tiene dicha propiedad depende s&oacute;lo de cuestiones no pr&aacute;cticas acerca de <i>p.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El contextualismo es una tesis epistemol&oacute;gica d&eacute;bil, pero una tesis sem&aacute;ntica fuerte que establece que los t&eacute;rminos epist&eacute;micos son sem&aacute;nticamente sensibles a un contexto. Para sostener esto &uacute;ltimo, los contextualistas han optado por defender, entre otras, las siguientes hip&oacute;tesis: (a) 'conocer' es como 'yo', 'aqu&iacute;' o 'ahora', ie, una expresi&oacute;n de&iacute;ctica; (b) la sensibilidad al contexto de las atribuciones de conocimiento se debe al hecho de que el verbo 'conocer' est&aacute; asociado con una posici&oacute;n adicional para est&aacute;ndares epist&eacute;micos, los cuales son provistos de manera contextual (mientras que la palabra 'conocer' no es sensible a contexto, los predicados que son instancias del esquema "sabe que <i>p" </i>s&iacute; lo son, en tanto que realmente tienen la forma "sabe que <i>p </i>relativo a los est&aacute;ndares s", donde s recibe su valor del contexto); (c) la palabra 'conocer' est&aacute; asociada con un espacio sint&aacute;ctico adicional para una <i>proposici&oacute;n de contraste. </i>Sin importar cu&aacute;l de estas opciones se tome, la tesis simple del contextualismo no dice nada acerca de qu&eacute; hechos de un contexto hacen que sea el caso que una atribuci&oacute;n de conocimiento tenga un contenido y no otro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo, Stanley muestra que las atribuciones de conocimiento no son analogables a los adjetivos comparativos. La afirmaci&oacute;n sem&aacute;ntica de los contextualistas es que el t&eacute;rmino 'conocer' es sensible a un contexto exactamente de la misma manera en que lo son adjetivos como 'plano' o 'alto'. El argumento que pretenden establecer los defensores de la gradualidad de 'conocer' es que las relaciones denotadas por 'conocer' con respecto a diferentes contextos de uso, vienen con mayor o menor "fuerza": el contenido del t&eacute;rmino es una funci&oacute;n de los est&aacute;ndares epist&eacute;micos en el contexto y, as&iacute;, las atribuciones de conocimiento son comparables con expresiones graduales. El problema, seg&uacute;n Stanley, es que no hay evidencia emp&iacute;rica para sostener estas aseveraciones. Las atribuciones de conocimiento no satisfacen ninguna de las pruebas ling&uuml;&iacute;sticas para la gradabilidad: (1) no permiten modificadores; por ejemplo, usos predicativos de adjetivos comparativos que admitan modificaci&oacute;n (esto es muy plano/esto es realmente plano; Juan es muy alto/Juan es realmente alto); y (2) no est&aacute;n relacionadas conceptualmente con una construcci&oacute;n comparativa natural ('plano', 'm&aacute;s plano que', frente a 'conocer', 'conocer m&aacute;s que'). En todo caso, las construcciones comparativas que utilizan 'conocer' <i>(e.g., </i>'conocer mejor que nadie') son construcciones idiom&aacute;ticas de las cuales podemos inferir muy poco acerca de la sem&aacute;ntica de 'conocer'. En resumen, si la sem&aacute;ntica de 'conocer' involucra escalas de fuerza epist&eacute;mica, entonces deber&iacute;a haber ejemplos no controvertidos de comparaciones y modificaciones no idiom&aacute;ticas, pero no las hay.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para mostrar que los beneficios te&oacute;ricos del contextualismo son ilusorios, en el tercer cap&iacute;tulo Stanley examina los posibles paralelos que podr&iacute;an trazarse entre las atribuciones de conocimiento y algunas expresiones de la clase que, de manera no pol&eacute;mica, es sensible a un contexto. Primero hace ver que la supuesta sensibilidad a un contexto de las instancias de "s&eacute; que <i>p" </i>nos es considerablemente menos accesible que la sensibilidad al contexto de las expresiones modales <i>(e.g., </i>"es posible que <i>p"), </i>lo cual debe llevarnos a dudar de los modelos de acuerdo con los cuales la sensibilidad al contexto de 'conocer' est&aacute; modelada sobre la sensibilidad contextual de dichas expresiones. En segundo lugar, Stanley subraya el hecho de que la sensibilidad al contexto s&oacute;lo es atribuible a palabras individuales, ie, no a un discurso o a una oraci&oacute;n (<i>e.g., </i>la sensibilidad al contexto de "ella est&aacute; cansada" depende &uacute;nica y exclusivamente de la sensibilidad al contexto del t&eacute;rmino 'ella'). Esto sugiere la siguiente generalizaci&oacute;n: si la sensibilidad sem&aacute;ntica al contexto es detectable en los elementos individuales, entonces las ocurrencias m&uacute;ltiples de estos elementos en un discurso deben ser capaces de tomar valores diferentes. Pero esta generalizaci&oacute;n es inaceptable para las atribuciones de conocimiento. Finalmente, los contextualistas podr&iacute;an sostener que los estados de conocimiento est&aacute;n fijados del mismo modo como se fijan los est&aacute;ndares de las expresiones de&iacute;cticas centrales <i>(e.g., </i>'yo' o 'aqu&iacute;'), esto es, a trav&eacute;s de un hecho acerca del contexto de aseveraci&oacute;n que es independiente de las intenciones de la persona que hace la atribuci&oacute;n de conocimiento. Sin embargo, esta analog&iacute;a es muy endeble: el hecho de que las expresiones de&iacute;cticas generalmente tengan la misma denotaci&oacute;n al interior de un discurso corto no es un hecho sem&aacute;ntico, sino una consecuencia de hechos f&iacute;sicos mundanos acerca de los humanos <i>(e.g., </i>diferentes ocurrencias de 'aqu&iacute;' en un discurso tienden a tener la misma denotaci&oacute;n porque la mayor&iacute;a de nuestras conversaciones tienen lugar en una misma locaci&oacute;n), pero no hay ninguna raz&oacute;n para pensar que hechos f&iacute;sicos mundanos an&aacute;logos determinen el mismo est&aacute;ndar de conocimiento a trav&eacute;s del discurso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dadas las consideraciones examinadas hasta aqu&iacute; en el libro, el autor sostiene en el cuarto cap&iacute;tulo que la &uacute;nica evidencia positiva que hay a favor del contextualismo es que ofrece una explicaci&oacute;n medianamente plausible para algunas de nuestras intuiciones con respecto a las atribuciones de conocimiento, pero esto es algo que la teor&iacute;a IRI hace de mejor manera. La salida que todav&iacute;a le queda al contextualista es la que formula Stanley con la siguiente reconstrucci&oacute;n de un argumento de Cohen: (1) los adjetivos graduales son sensibles a contexto; (2) podemos esperar que el adjetivo gradual 'justificado' sea sensible al contexto; (3) "S sabe que <i>p" </i>significa en parte lo que se significa por "<i>P</i> est&aacute; justificado para <i>S</i>"; (4) as&iacute;, la verdad de "<i>S</i> sabe que <i>p" </i>depende del contexto. Uno de los problemas con este argumento es que muchas palabras graduales no son sensibles al contexto. As&iacute;, la conclusi&oacute;n de que 'justificado' es sensible al contexto no se sigue de la premisa que establece que 'justificado' es un adjetivo gradual. Adem&aacute;s, la tesis del "<i>conocimiento como justificaci&oacute;n" </i>no es una afirmaci&oacute;n acerca de una relaci&oacute;n entre la palabra 'conocer' y la palabra 'justificado', m&aacute;s bien es una afirmaci&oacute;n acerca de la relaci&oacute;n entre la relaci&oacute;n de conocimiento y alguna propiedad de justificaci&oacute;n y, por tanto, de ella no se sigue nada acerca de la sensibilidad al contexto de la palabra 'conocer'.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo 5, Stanley nos pone de frente su propuesta seg&uacute;n la cual, adem&aacute;s de lo que cualquier teor&iacute;a del conocimiento establezca respecto a cu&aacute;ndo <i>S </i>sabe en el tiempo <i>t </i>que <i>p, </i>hay una condici&oacute;n extra para el conocimiento que tiene que ver con hechos pr&aacute;cticos acerca del ambiente del sujeto. Desde esta perspectiva, la &uacute;nica sensibilidad al contexto que est&aacute; asociada con las atribuciones de conocimiento es aquella que est&aacute; involucrada en una tesis ling&uuml;&iacute;stica no controvertida: los verbos est&aacute;n asociados con variables temporales, relativas a un contexto, cuyo valor es el tiempo en el que la aplicaci&oacute;n del verbo ocurre; as&iacute;, una atribuci&oacute;n de conocimiento es realmente de la forma: "S sabe en <i>t </i>que <i>p."</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya que, desde esta perspectiva, no hay un sentido espec&iacute;ficamente epist&eacute;mico en que las atribuciones de conocimiento sean sensibles al contexto, no puede decirse que la teor&iacute;a IRI es una versi&oacute;n del contextualismo. M&aacute;s bien, hay una relaci&oacute;n un&iacute;voca de conocimiento que es sensible a la situaci&oacute;n pr&aacute;ctica del sujeto en el supuesto tiempo de conocer. No se necesita apelar al contexto de uso de la oraci&oacute;n para especificar los hechos pr&aacute;cticos acerca del sujeto de la atribuci&oacute;n de conocimiento que son relevantes para saber si el sujeto conoce la proposici&oacute;n en cuesti&oacute;n. As&iacute;, la teor&iacute;a IRI no involucra la revisi&oacute;n de ning&uacute;n compromiso ling&uuml;&iacute;stico est&aacute;ndar ni la adopci&oacute;n de ninguna versi&oacute;n del contextualismo. Stanley formula el an&aacute;lisis del conocimiento al interior de la teor&iacute;a IRI de la siguiente manera:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sabe (&lt; <i>x, m, t, p </i>&gt;) si y s&oacute;lo si (1) <i>p </i>es verdadera en <i>m, </i>(2) <img src="/img/revistas/rhfi/v38n114/a6s1.jpg"><i>p </i>no es una posibilidad epist&eacute;mica seria para <i>x </i>en <i>m </i>y t. (3) Si <i>p </i>es una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica seria para <i>x </i>en <i>t</i>, entonces <img src="/img/revistas/rhfi/v38n114/a6s1.jpg"> <i>p</i> tiene una probabilidad epist&eacute;mica suficientemente baja, dada la evidencia total de <i>x, </i>(4) <i>x </i>cree en t que <i>p </i>con base en evidencia no inferencial, o cree que <i>p </i>con base en una inferencia competente a partir de proposiciones que son conocidas por <i>x </i>en <i>t</i>. (pp. 89&#150;90)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, el que una proposici&oacute;n sea una posibilidad epist&eacute;mica seria o una alternativa pr&aacute;ctica seria est&aacute; determinado por hechos acerca del sujeto a quien se le atribuye el conocimiento y el tiempo del conocimiento. As&iacute;, los hechos acerca del conocimiento no son crucialmente dependientes del contexto en el que se hace la atribuci&oacute;n de conocimiento. La evidencia, por otro lado, es un conjunto de proposiciones y quiz&aacute; elementos no proposicionales con los que el agente tiene una relaci&oacute;n epist&eacute;mica privilegiada. Una posibilidad epist&eacute;mica seria se refiere al nivel relativamente no variable de la situaci&oacute;n de probabilidad epist&eacute;mica que es relevante para determinar la posibilidad epist&eacute;mica seria. El punto crucial para hacer que la teor&iacute;a IRI funcione es establecer de manera clara qu&eacute; es una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica seria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Stanley, una proposici&oacute;n <i>P </i>es una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica seria para un agente si hay alternativas a esa proposici&oacute;n que el sujeto deba considerar racionalmente al tomar decisiones. Las tres razones por las que una proposici&oacute;n puede ser leg&iacute;timamente ignorada son: (1) puede haber una probabilidad objetiva relativamente baja de que eso ocurra, dada la evidencia con la que cuento; (2) es posible que no haya nada que yo pueda hacer con respecto a que algo ocurra; (3) las acciones que yo podr&iacute;a emprender si supiera que ese algo va a ocurrir no dar&iacute;an como resultado una mejora sustancial en mi vida sobre el plan de acci&oacute;n que yo ten&iacute;a pensado seguir. N&oacute;tese que el hecho de que la negaci&oacute;n de una proposici&oacute;n sea una posibilidad epist&eacute;mica para un agente en una situaci&oacute;n le impide conocer esa proposici&oacute;n en esa situaci&oacute;n. Sin embargo, el hecho de que una proposici&oacute;n sea una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica seria para un agente no pone en duda autom&aacute;ticamente el conocimiento del agente de esa proposici&oacute;n: s&oacute;lo pondr&iacute;a en tela de juicio el conocimiento del sujeto de una proposici&oacute;n si, dada su evidencia, la probabilidad de la negaci&oacute;n de esa proposici&oacute;n no es suficientemente baja (esto es, una proposici&oacute;n puede ser una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica seria, pero su negaci&oacute;n puede tener una probabilidad suficientemente baja, dada la evidencia del sujeto).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo 6, Stanley examina los costos en que incurre la teor&iacute;a IRI y que no son costos para el contextualismo. En particular, examina el hecho de que tiene consecuencia extra&ntilde;as para incrustaciones modales y temporales. De acuerdo con la teor&iacute;a IRI, para cualquier <i>p, </i>saber que <i>p </i>es una propiedad cuya posesi&oacute;n en un tiempo depende en parte de cu&aacute;nto est&aacute; en juego para esa persona en ese tiempo. Supongamos que Hannah sabe en el tiempo <i>t </i>que el banco estar&aacute; abierto el s&aacute;bado, tomando como base que estuvo ah&iacute; el s&aacute;bado de hace dos semanas. Esto lleva a predecir la verdad de afirmaciones no intuitivas en tiempo pasado como (I) Hannah no sab&iacute;a el jueves que el banco estar&iacute;a abierto, pero s&iacute; lo sab&iacute;a el viernes; o de contraf&aacute;cticos como el siguiente: (II) si Hannah tuviera una deuda pendiente, entonces ella no sabr&iacute;a que el banco estar&iacute;a abierto el s&aacute;bado. Sin embargo, la teor&iacute;a IRI tiene la ventaja de no tener carga sem&aacute;ntica alguna, puesto que no es una tesis sem&aacute;ntica. Stanley concibe su posici&oacute;n como una tesis metaf&iacute;sica acerca de la naturaleza de la relaci&oacute;n de conocimiento seg&uacute;n la cual hay factores no conductivos de verdad que desempe&ntilde;an un papel en la determinaci&oacute;n de si alguien sabe una proposici&oacute;n que cree.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor pretende sostener una versi&oacute;n fuerte del invariantismo de relatividad a intereses, de acuerdo con la cual todas las nociones epist&eacute;micas son relativas a intereses pr&aacute;cticos. Pero esto, seg&uacute;n &eacute;l, no tiene un costo inaceptable, puesto que no implica la tesis metaf&iacute;sica fuerte de que la verdad de las <i>proposiciones </i>expresadas depende de intereses; s&oacute;lo implica una tesis m&aacute;s d&eacute;bil seg&uacute;n la cual la verdad de las <i>afirmaciones </i>depende de tales intereses. En este sentido, y como argumenta en el cap&iacute;tulo 7, Stanley afirma que su versi&oacute;n de IRI no est&aacute; comprometida con un relativismo acerca de las atribuciones de conocimiento. Finalmente en el cap&iacute;tulo 8 examina algunos temas que caen fuera de la epistemolog&iacute;a, pero que tienen que ver con la disputa entre las doctrinas que hasta aqu&iacute; ha discutido, <i>e.g., </i>la soluci&oacute;n a la paradoja de sorites.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, la propuesta central de Stanley es que el conocimiento es una relaci&oacute;n dependiente de los intereses pr&aacute;cticos que pueda tener un individuo. Esta conclusi&oacute;n se sostiene en las conexiones que existen entre el conocimiento y la acci&oacute;n reveladas en ciertas intuiciones que tenemos acerca de cu&aacute;ndo alguien sabe y cu&aacute;ndo alguien no sabe. Las dos moralejas que pueden trazarse de esto son las siguientes: (1) la fuerte relaci&oacute;n de dependencia entre conocimiento e intereses pr&aacute;cticos muestra que los epistem&oacute;logos deber&iacute;an preocuparse no por el conocimiento, sino por nociones puramente epist&eacute;micas como 'evidencia' y 'justificaci&oacute;n'; (2) si la noci&oacute;n de evidencia u otras nociones epist&eacute;micas relacionadas son tambi&eacute;n dependientes de intereses pr&aacute;cticos, entonces no hay ni puede haber nociones puramente epist&eacute;micas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Stanley resulta sumamente interesante y provocador no s&oacute;lo para los estudiosos y estudiantes de la epistemolog&iacute;a, sino tambi&eacute;n para aquellos que est&aacute;n interesados en el desarrollo de teor&iacute;as sem&aacute;nticas. Su lectura conduce a la reflexi&oacute;n en torno a la relaci&oacute;n que hay (y debe haber) entre los an&aacute;lisis sem&aacute;nticos de t&eacute;rminos esencialmente epist&eacute;micos y el desarrollo de una teor&iacute;a sustantiva del conocimiento, esto es, de una teor&iacute;a que nos ofrezca criterios sustantivos para discernir cu&aacute;ndo una creencia verdadera puede ser considerada como conocimiento. En t&eacute;rminos generales, las propuestas del autor no est&aacute;n completamente acabadas, pero son sumamente sugerentes para repensar no s&oacute;lo el &aacute;mbito de la epistemolog&iacute;a, sino la manera como debemos abordar los problemas epistemol&oacute;gicos.</font></p>     ]]></body>
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