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Medicina crítica (Colegio Mexicano de Medicina Crítica)

versión impresa ISSN 2448-8909

Med. crít. (Col. Mex. Med. Crít.) vol.31 no.6 Ciudad de México nov./dic. 2017

 

Editorial

Congresos médicos. La importancia de participar

Medical congresses. The importance of attending

Congressos médicos. A importância de participar

José Javier Elizalde González1 

Editor

1 Editor, INCMNSZ, México.

Una de las características humanas, junto con la inteligencia, la creciente longevidad, la reproducción planificada, la moral, el culto, el arte y las ciencias, es tener un alma colectiva: ser un animal político tendiente a socializar. La profesión médica no escapa de ello y tiene una añeja tradición de reuniones periódicas entre pares.

No tenemos certeza de cuál fue el primer congreso médico en la historia de la medicina, aunque existen algunos antecedentes.

En el siglo XVII, comienzan a fundarse las academias de expertos para la transmisión de la información obtenida de los continuos hallazgos médicos: la Academia dei Lincei en Roma, la Royal Society en Londres y la Académie des Sciences en París, donde se transmitía el nuevo conocimiento primordialmente a través de conferencias magistrales, con escasa interacción entre los ahí reunidos. Tuvo que pasar mucho tiempo para que la estructura de estas reuniones profesionales adoptara nuevos formatos, en los que un mayor número de congresistas participaban en actividades menores, del tipo de mesas redondas, sobre todo los jefes de servicio de los grandes hospitales que empezaban a fundarse en Europa, así como los profesores de cátedra universitaria.

En 1845, se celebró en Francia el primer Congreso Médico Nacional de dicho país; en enero de 1890, el primer Congreso Médico Nacional de Cuba; y en diciembre de 1891, se llevó a cabo en Madrid el primer Congreso de Médicos Titulares de España, aún con una diminuta participación activa de los asistentes, presidido por el Dr. Laureano García García (médico titular de Ribadesella) y auspiciado por El Siglo Médico, la principal y más influyente revista profesional de la época en España. En el mismo año, la Sociedad Anatómica Alemana se reunió en Berlín, y en Barcelona se organizó el primer Congreso Médico Farmacéutico. En 1892, la Asociación Americana de Salud Pública realizó su congreso en la Ciudad de México, habiéndose nombrado vicepresidente del mismo al afamado doctor Eduardo Liceaga.

En 1900, se celebró en París el primer Congreso Internacional de Medicina, y en 1903, se reunió en Bruselas el primer Congreso de la Sociedad Internacional de Cirugía; ese mismo año, tuvo lugar en Madrid el siguiente de Medicina.

En México, se fundó la Academia Nacional de Medicina en 1864, pero fue durante el Porfiriato cuando proliferaron numerosas asociaciones y sociedades médicas y cuando fueron celebrados por primera vez múltiples congresos médicos e higiénicos, tanto nacionales como internacionales. En los 50, con el auge de la cardiología nacional, se organizó en México el primer Simposio Internacional de Fiebre Reumática.

En los Estados Unidos de América, se llevaron a cabo algunos de los primeros congresos médicos relacionados con la medicina crítica: en Washington, DC, en el año 1905, por la Sociedad Americana de Tórax (ATS), fundada ese mismo año; y en 1935, en Alburquerque, Nuevo México, por el Colegio Americano de Medicina de Tórax (ACCP). El 27 de febrero de 1972 se celebró, bajo la presidencia del Dr. Max Harry Weil, el primer Congreso de la Sociedad de Medicina de Cuidados Críticos (SCCM) en Los Ángeles, con una duración de un día.

Al año siguiente, en 1973, se creó en México la AMMCTI, antecesora del COMMEC. Organizó su primer congreso y en 1979 nuestro país fue sede del Primer Congreso Iberoamericano de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, antecedente de la actual Federación. En 1987, se organizó la primera reunión de la Sociedad Europea de Cuidados Intensivos.

Sin embargo, desde el mismo siglo XX, las publicaciones médicas periódicas, el teléfono y el telégrafo empezaron a competir con los congresos para divulgar rápidamente los avances médicos, aunque éstos conservaron el carácter educativo, académico oficial que han tenido siempre.

En este siglo se ha experimentado un crecimiento en número y en asistentes de los distintos congresos médicos en todo el mundo, en paralelo con el desarrollo de una mayor cantidad de escuelas y facultades de medicina -y con ello, de investigadores, tanto en las áreas básicas como clínicas-. De igual forma, inició la incursión de las compañías comerciales, interesadas en promover sus productos, lo que vino a modificar para siempre la forma en que se organizan los congresos médicos.

Más recientemente, el impacto de la aplicación de la tecnología de la información y las redes sociales ha venido a cambiar la transmisión del conocimiento, incluso fuera de la organización de los congresos tradicionales de las sociedades médicas, lo que justifica más que nunca el término «tele-educación» y la aparición de otro: «educación electrónica» (e-learning).

Es así como en la actualidad podemos asistir de manera virtual a distintas actividades académicas y congresos internacionales, al menos parcialmente, al subirse a distintas plataformas informáticas conferencias magistrales, simposios y mesas redondas, entre otros; a veces en tiempo real y otras, posteriormente a la fecha del congreso o reunión. Algunas sociedades abren estas plataformas por un año sólo a los miembros inscritos en el evento, y luego, a todos los socios; otras lo organizan de distinta manera. Un tema de preocupación es que esta nueva prestación no compita con la asistencia a la propia reunión.

Varias son las excepciones que sólo la participación personal en un congreso puede brindar: todas las pequeñas reuniones que tocan distintos temas de interés, pero que no atraen, por distintas razones, los reflectores del congreso y que, por ello, no son grabadas; la vivencia única de participar en la presentación y discusión de los trabajos libres, sea en formato de presentación oral o carteles, donde se expone, por lo general, el auténtico nuevo conocimiento, el de frontera, que llenará en los siguientes años las páginas de las revistas médicas especializadas. Una ventaja más es la socialización (networking en los internacionales): reunirse con sus pares; saludar a viejos amigos y colegas, a estimados profesores o alumnos de muchas generaciones atrás, a compañeros de residencia o internado; conocer a destacados autores e investigadores internacionales e interactuar con ellos; descubrir a nuevos camaradas del otro lado del mundo o integrarse a distintos grupos de trabajo que comparten nuestros mismos intereses o líneas de investigación. Probablemente esto, más que ningún otro factor, es lo que a futuro podría garantizar la subsistencia de los congresos médicos, lo justamente humano.

El Dr. Ruy Pérez Tamayo considera que la mejor forma de conservar los aspectos positivos de los congresos médicos (y evitar, hasta donde sea posible, los aspectos negativos) es haciéndolos breves, con poca gente (todos buenos amigos) y con un solo tema, en sitios agradables, con frecuencia anual o bienal, y sin financiamiento por intereses comerciales. Espero que sigamos construyendo una fuerte y dinámica red de colaboración profesional dentro de las reuniones anuales del COMMEC en los años por venir, actualizando ideas e información que puedan ser aplicadas rápidamente al cuidado de los enfermos en estado crítico.

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