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IE Revista de investigación educativa de la REDIECH

versión On-line ISSN 2448-8550

IE Rev. investig. educ. REDIECH vol.9 no.17 Chihuahua oct. 2018

 

Artículos

El engagement como factor de formación y desarrollo de la cultura emprendedora en estudiantes universitarios

Engagement as a factor of training and development of entrepreneurial culture in university students

Guadalupe González-García* 
http://orcid.org/0000-0002-4119-1187

María Luisa Becerril Carbajal** 
http://orcid.org/0000-0003-1301-835X

Adriana Fonseca Munguía*** 
http://orcid.org/0000-0002-3209-4983

* Profesora de la Universidad Autónoma del Estado de México, México. Correo electrónico: ggonzalezga@uaemex.mx.

** Profesora de la Universidad Autónoma del Estado de México, México. Correo electrónico: mlbecerrilc@uaemex.mx.

*** Profesora de la Universidad Autónoma del Estado de México, México. Correo electrónico: adriana_fonseca_munguia@yahoo.com.mx.

Resumen

Las autoras del presente artículo postulan la posibilidad de identificar la intención que tienen los estudiantes universitarios hacia el emprendimiento a partir de la medición del engagement. La investigación se realiza con grupos de diferentes licenciaturas e ingenierías en la Universidad Autónoma del Estado de México. Primero se exponen algunos elementos destacables en literatura relacionada con engagement y emprendimiento. Posteriormente se analizan los resultados obtenidos de la aplicación del UWES Test, que revelan cómo se encuentra el nivel de vigor, dedicación y absorción entre los sujetos de estudio. Estas características están asociadas al estado afectivo cognitivo que impacta entre otras cosas en el desempeño emprendedor y de ahí el interés de medirlas. Destacan algunas similitudes de tendencias durante la carrera universitaria de ambos grupos y también ciertas diferencias significativas, suscitando un mayor interés en el estudio de comportamientos del emprendedor del transitar por las aulas universitarias, y en lo particular su nivel de engagement; asimismo, se presentan algunas recomendaciones sobre acciones en materia de formación de cultura emprendedora a nivel universitario.

Palabras clave: engagement; emprendimiento; estudiantes universitarios; intención emprendedora

Abstract

The authors of this article postulate the possibility of identifying the intention that university students have towards entrepreneurship, starting from engagement. The research is conducted with groups of different degrees and engineering in the Autonomous University of the State of Mexico. Firstly, some important elements in the literature related to engagement and entrepreneurship are presented. Subsequently we analyze the results obtained from the application of the UWES test, which reveals how the level of vigor, dedication and absorption between the study subjects is. These characteristics are associated to the cognitive affective state that impacts among other things in the entrepreneurial performance and hence the interest of measuring them. Includes some trends similarities during the university career of both groups and some significant differences that stand out. Finally, the authors of the present study conclude that there is a greater interest in the study of the behavior of the entrepreneur from his/her walk through the university classrooms, and in particular their level of engagement and some recommendations on training actions of entrepreneurial culture.

Keywords: engagement; entrepreneurship; university students; entrepreneurial intention

Introducción

Es evidente la necesidad de transformar sistemas e instituciones de educación para poder enfrentar los requerimientos que hoy encontramos en los contextos tanto nacional como internacional derivados de cambios económicos, demográficos y sociales. El cambio obliga a las universidades a buscar las formas de generar y transmitir nuevos conocimientos. Es en este sentido el interés del presente artículo en proponer estrategias a partir del estudio del engagement como un determinante de la formación y desarrollo de la cultura emprendedora en estudiantes universitarios.

La universidad que impulsa el emprendimiento promueve alternativas de solución a problemas complejos provenientes de los altos índices de desempleo, movilidad poblacional, industrialización solo en grandes empresas, apertura comercial y deterioro ambiental. Un modelo de universidad emprendedora agrega a la educación tradicional los aspectos de tecnología (generación, adopción y transferencia) y la formación de emprendedores en respuesta a las demandas de la sociedad en una constante transformación.

Decisivamente, el modelo de la triple hélice, en el que convergen las esferas institucionales académicas, industriales y gubernamentales, ha dado frutos desde varios años, proporcionando a las instituciones de educación una perspectiva actualizada de necesidades orientadas al desarrollo de nuevos productos, tecnologías y servicios. Este modelo es un proceso intelectual encauzado a visualizar la evolución de las relaciones entre universidad y sociedad, caracterizado de igual forma por la intervención de la universidad en los procesos económicos y sociales.

Etzkowitz (2002) argumenta que la interacción entre industria y gobierno es reforzada por la universidad y se generan economías basadas en conocimiento, tornándose en un factor clave para el desarrollo regional. La triple hélice hoy en día es desafiada por los innovadores -nuevos emprendedores y nuevos empresarios- que asumen responsabilidades para la creación de valor y empleo. Los emprendedores se convierten en irruptores de la triple hélice.

Emprendedor y emprendimiento

Emprender es más que la transformación de recursos con objetivos meramente económicos. También representa el arte de convertir una idea en realidad. Según la Real Academia Española (RAE), emprender, por su etimología, está conformada por los sufijos “in: en, prehendere: tomar, sujetar”; iniciar una empresa. Empresa se conforma por: “in/prehensa: tomada, capturada”. Emprender, según el contexto en que se utilice, puede tener dos acepciones: en los negocios, donde el emprendedor es reconocido como empresario o propietario de una empresa con fines de lucro, mientras que en el entorno académico describe un perfil o un conjunto de características que hacen actuar a una persona de una manera determinada para demostrar ciertas competencias orientadas a definir y alcanzar objetivos (Finley, 1990, y Ronstad, 1985, citados por Alcaraz, 2011).

Emprendedor es aquella persona u organización capaz de generar un nuevo proyecto de negocio o actividad que crea valor (Juárez, 2012). Emprendimiento, o emprendedurismo, ambas palabras a manera de traducción de entrepreneurship, es la forma de describir el espíritu emprendedor y es definido en el diccionario de la RAE como “la cualidad del emprendedor”. El Global Entrepreneurship Monitor (GEM1) lo define como cualquier intento llevado a cabo por los individuos para empezar una nueva empresa, incluyendo el de volverse autoempleado.

El emprendimiento es un proceso de descubrimiento, evaluación y explotación de oportunidades “emprendedoras” que conlleva empezar un nuevo proyecto, ofreciendo productos o servicios innovadores y/o alternativos al mercado. Citando a Martha Formichella (2004), dice que, en los años ochenta, Howard Stevenson, de la Universidad de Harvard, interpretó la mentalidad emprendedora como un sistema de gestión apoyado más en oportunidades que en recursos. Esta reflexión ha sido de utilidad para apuntalar el emprendimiento tanto en empresarios como en colaboradores de todo tipo de organizaciones.

Desarrollar el espíritu emprendedor es necesario no solo para la creación de nuevas organizaciones, y por consiguiente nuevos empleos, sino también para la sostenibilidad de las que ya existen. Desde finales del siglo pasado, en la perspectiva académica, el emprendimiento ha sido un área de estudio para muchos investigadores que han tendido tres líneas para su enseñanza, como acotan Carmen y Viveros (2011): la orientada a la creación de riqueza, con el modelo Shumpeter; la orientada al crecimiento, con el modelo Stevenson, y la orientada al mercado, personas y recursos, con el modelo Timmons.

Este último (Timmons, 1990) identifica tres elementos fundamentales en el proceso del emprendimiento: oportunidad, recursos y gente. Asimismo, enfatiza la pregunta: ¿cómo hacer para que la innovación, la flexibilidad y la creatividad sean más operacionales? Para ello se requiere analizar el comportamiento proveniente del espíritu emprendedor. En el año 1985, Peter Drucker (Formichella, 2004) afirmaba que ser emprendedor no es un rasgo del carácter, sino una conducta. Leite (2015) asevera que el emprendimiento no es una receta, sino más bien una necesidad del mercado y requiere compromiso con dicho mercado.

Cultura emprendedora

El concepto de cultura referido por Hellriegel et al. (2017) es “el patrón único de los supuestos, valores y normas compartidas que dan forma a la socialización, los símbolos, el lenguaje, los relatos y las prácticas de un grupo de personas”. En tanto que la cultura emprendedora es aquella adecuada para la fase de arranque o inicio de una nueva empresa. Y también concurre para atender las demandas que se afrontan al desarrollar nuevos productos o servicios. Esta cultura, además, debe reaccionar con rapidez a los cambios del entorno, para lo cual se requiere de diversos factores, entre los que destacan: iniciativa individual, flexibilidad y libertad, creando un ambiente que fomente el dinamismo y la creatividad de las personas.

Rodríguez y Chávez (2013) definen la cultura emprendedora como “una forma de pensar, razonar y actuar, vinculada a la búsqueda de una oportunidad de negocio”. Y según Ramírez, Ramírez y Acero (2013), busca el desarrollo humano del individuo y de la comunidad propiciando comportamientos benéficos para la mejora personal, profesional y a su vez del empleo y del desarrollo socioeconómico. Tarapuez y Botero (2007) acotan que el emprendimiento tiene una relación directa con las habilidades y el comportamiento del emprendedor. La cultura emprendedora entonces se integra por el conjunto de valores, habilidades y actitudes para la resolución de las situaciones que surgen en el ámbito empresarial.

Luis, Palmero et al. (2015) argumentan en su artículo que el concepto de iniciativa emprendedora, cultura emprendedora o conceptos afines en el entorno educativo hacen referencia al desarrollo de cualidades personales que se enmarcan dentro de diferentes áreas competenciales que cada autor sitúa tanto en el ámbito de desarrollo de habilidades psicosociales como técnicas.

La innovación, creatividad, toma de riesgos y búsqueda agresiva de oportunidades ilustran la cultura empresarial, como describen Gibson et al. (2011); los valores, actitudes, creencias y formas de educación denotan inquietudes emprendedoras, según discurren Solarte, Solarte y Arcos (2015). Y es que emprender no solo tiene que ver con las nuevas empresas, sino también con la relación que se despliega en el crecimiento de las personas y sus comunidades, en la simbiosis con educación y cultura, las cuales son basadas en las prácticas emprendedoras.

Para Vargas (2007), la cultura empresarial de una sociedad determinada proporciona el esquema valorativo que establece el sentido de un sistema de relaciones entre las características de las organizaciones llamadas empresas y la de sus principales actores, empresarios y administradores. En este esquema coexisten el comportamiento competitivo y las normas de conducta profesional. Otro enfoque sobre la cultura empresarial es el de Trueba (1976, citado por Vargas, 2007), quien toma en consideración la ideología y la intencionalidad como elementos exógenos al sistema funcional. En este sentido, los valores de orientación son factores causales de dicho sistema; lo conforman y lo orientan y, sin embargo, también reciben la influencia del mismo.

Por lo tanto, la cultura empresarial es el resultado de un proceso que proporciona al empresario un conjunto de conocimientos y habilidades de tipo cultural y tecnológico a partir del cual entenderán la sociedad en la que le ha tocado vivir y tratará de influir en ella a través de la acción de sus empresas. Ahora bien, el fortalecimiento de una cultura del emprendimiento es responsabilidad de los individuos y de un trabajo con las instituciones, la educación, las políticas públicas y un manejo adecuado de la economía en general, como concluyen Solarte et al. (2015).

Son muchas las fuerzas y factores que dan forma al emprendimiento: los procesos de innovación, el acceso a la tecnología, las oportunidades de nuevos mercados y la existencia de un nuevo grupo de empresarios más eficientes. Entre las recomendaciones para el futuro del emprendimiento, que citan Brenes y Haar (2017), es que el sector privado trabaje en equipo con las universidades y centros de investigación para mejorar la cultura emprendedora. En el mismo orden de ideas se pone de relieve que, para la mejora continua en los procesos de formación de dicha cultura emprendedora, crucial para la interacción con las empresas, es sobre el pensar y actuar como emprendedores dentro de la universidad (Baaken y Rossano, 2016). Como universidad, se requiere formar empresarios; una sociedad necesita de emprendedores, apunta Leite (2015).

Aunque esto no es sencillo, ya que existe una brecha entre la adquisición de conocimientos (cualesquiera que sean y en cualquier ámbito profesional) y la puesta en marcha de un negocio o empresa. Martínez y Carmona (2009), en su aproximación al concepto de competencias emprendedoras, discurren que para el profesor Claude Lévy-Leboyer (2003, p. 39, citado por Martínez y Carmona, 2009), las aptitudes y los rasgos de personalidad permiten caracterizar a los individuos y explicar la variación de sus comportamientos en la ejecución de tareas específicas. Mientras que las competencias hacen referencia a algo más amplio y complejo para cumplir una misión en el contexto de la empresa. Concluyen así que las competencias apuntan a los comportamientos presentes cuando se ponen en práctica los conocimientos, aptitudes y rasgos de personalidad.

Ciertamente, las instituciones educativas pueden fomentar o inhibir el desarrollo de la cultura emprendedora. Y es que no solo implica enseñar cómo crear o dirigir un negocio, sino también estimular el pensamiento creativo y contribuir a la formación integral de los emprendedores. Las estructuras y prácticas al interior de las universidades son capaces de generar un ambiente propicio para el desarrollo de oportunidades de una cultura emprendedora, como manifiesta Leite (2015). La compleja interacción entre educación y emprendimiento, focalizando la atención en la dimensión formativa, surge al considerar que el emprendimiento es una de las necesidades actuales de los jóvenes universitarios.

Ahora bien, la formación y desarrollo de la cultura emprendedora en las universidades no es lineal, sino un proceso que va integrando conocimientos, tales como gestión de empresas, creación de negocios, puesta en marcha, etcétera, y también de forma importante el desarrollo de factores que tienen que ver con la actitud del emprendedor. El espíritu emprendedor no es un rasgo que algunas personas poseen de manera completa y otras no, sino que forma parte de un rango de comportamiento (Pérez, 2013).

Intención emprendedora y engagement

Se necesitan dos factores para que irrumpa un emprendedor: por un lado, la oportunidad emprendedora; y por otro, la intención y capacidad de la persona (Fayolle y Liñán, 2014). La creación de nuevos negocios se produce (push vs. pull factors) por oportunidad cuando el individuo la considera una fuente de beneficios, tanto materiales como inmateriales, y por necesidad cuando el individuo opta por el emprendimiento porque no encuentra lo que busca en el mercado de trabajo (Uhlaner y Thurik, 2007). Si bien la oportunidad es muy importante en temas de emprendimiento, en este artículo se aborda el engagement como asunto de la intención y la capacidad, con la pretensión de medir dicho indicador como un determinante de emprendimiento.

Las intenciones emprendedoras de los estudiantes universitarios están determinadas por su actitud hacia el emprendimiento (Romero y Milone, 2016). La actitud emprendedora es definida como una conducta permanente de administrar los recursos para generar resultados según la actividad en que se desarrolla la persona (Quintero, 2007, citado por Mora, 2011). Tiene un componente comportamental; es decir, la intención de la conducta hacia alguien o algo. Como subrayó Ajzen en su teoría del comportamiento planeado (1991, 2002), dicho componente hace referencia a la percepción que tienen los individuos de la facilidad o dificultad para alcanzar, mediante su conducta, el objetivo que buscan.

El factor central de esta teoría es la intención individual de realizar un comportamiento determinado y se basa en tres determinantes conceptuales: 1) actitud hacia el comportamiento: el grado en que una persona tiene una evaluación favorable o desfavorable hacia el comportamiento en cuestión; 2) normas subjetivas: presiones sociales percibidas para realizar o no realizar el comportamiento; y, 3) control conductual percibido: facilidad o dificultad percibida para realizar un comportamiento.

Dicha intención, extrapolada al emprendimiento, expone que hay tres factores que influyen: las creencias concretas asociadas a la creación de un negocio, la influencia o presión social en la decisión de emprendimiento ejercida tanto por personas cercanas como por la sociedad y las capacidades de gestión de los individuos que condicionan su capacidad y eficacia para llevar a cabo con éxito su proyecto emprendedor. Concluyendo que, con un grado suficiente de control sobre el comportamiento, se esperaría que las personas lleven a cabo sus intenciones cuando aparezca la oportunidad para emprender.

Es a partir de esto último, que se encuentra la relación con el engagement, que surge casi al final del siglo XX cuando William A. Kahn (1990), estudiando organizaciones del sector salud, identifica estrategias utilizadas para enfrentar ciertos problemas propios de tales organizaciones. Así, el término se manifiesta como el estado en el cual las personas expresan su compromiso íntegro -físico, cognitivo y emocional- en el rol que desempeñan.

El engagement se ha estudiado con mayor intensidad desde inicios del siglo XXI y, según los resultados obtenidos, no se relaciona con los altos niveles de autoeficacia (Salanova et al., 2001); sin embargo, sí se ha encontrado relación con inteligencia emocional y con bienestar personal (Rey, Durán y Extremera, 2004), así como con la competencia emocional, primordialmente con la empatía (Garrosa et al., 2008) y con diversos elementos de la socialización (Lisboa et al., 2009).

Se utiliza el término engagement con el objetivo de “generar consecuencias positivas para los empleados y para el funcionamiento óptimo de las organizaciones” (Salanova y Llorens, 2008). Para McCracken, Oullier y Zoëga (2014), es la intensidad de la conexión de un individuo o participación con una marca u organización. Es acerca de su disposición o capacidad para gastar energía en la obtención de algo y está siempre presente en el costo del compromiso con otras cosas. En engagement se delimita con diez principios mostrados en la Figura 1.

Fuente: elaboración propia, con base en el modelo de McCraken et al., 2014.

Fig. 1 Principios del engagement 

El engagement es un estado mental positivo relacionado con el trabajo y está caracterizado por tres factores: vigor, dedicación y absorción. Más que un estado específico y momentáneo del individuo, se refiere a un estado afectivo-cognitivo más persistente que no está focalizado en un objeto, evento o situación particular (Schaufeli et al., 2002). Ahora bien, la intención emprendedora en contextos educativos se sabe que está condicionada por una gran diversidad de factores, y es necesario incidir en ellos si se busca fomentar y promover el emprendimiento desde los niveles universitarios (Rueda, Fernández y Herrero, 2012). Los mismos autores destacan una serie de artículos realizados sobre temas de emprendimiento (Shapero y Sokol, 1982; Krueger y Brazeal, 1994; Liñán y Chen, 2009, citados por Rueda et al., 2012) y otros específicos sobre la intención emprendedora (Thompson, 1986; Espíritu y Sastre, 2007; Rodríguez y Santos, 2008, citados por Rueda et al., 2012).

Diversos estudios arrojan resultados que no son definitivos (Veciana y Urbano, 2000), y en lo particular está la de su relación con el engagement. En el año 2005, Marisa Salanova, junto con otros investigadores asociados, destaca una prueba fehaciente que demuestra la aplicación del engagement en cualquier contexto. Es por ello que diseñaron un análisis de sus implicaciones dirigido a estudiantes universitarios. Por lo que el resultado arroja que cuando se tiene un mayor éxito académico en el futuro aportaría una eficacia proveniente altos niveles de engagement. Motivo de gran interés para este artículo.

Dimensiones del engagement

Si bien el concepto ha recibido mucha atención a nivel científico, también lo ha sido el asunto de su medición. Para efectos de la presente investigación se retoman las tres dimensiones definidas por Schaufeli et al. (2002) y Quintanilla (2013) en el cuestionario Utrecht Work Engagement Scale (UWES test, por sus siglas) desarrollado en Holanda.

El vigor se caracteriza por altos niveles de energía y resistencia mental mientras se trabaja, el deseo de invertir esfuerzo en el trabajo que se está realizando, incluso cuando aparecen dificultades en el camino. Se refiere a la presencia de altos niveles de energía y resiliencia mental, a la voluntad de invertir esfuerzo en el propio, aunado a la capacidad de no cansarse con factibilidad y a la persistencia en caso de dificultad. Entre el agotamiento y el vigor encontramos la energía o activación.

La dimensión de dedicación denota la alta implicación laboral, junto con la manifestación de un sentimiento de significación, entusiasmo, inspiración orgullo y reto por el trabajo. Es la sensación de encontrarse fuertemente involucrado en el trabajo y experimentar un sentido de significado, entusiasmo, inspiración, orgullo y reto.

Por último, la absorción ocurre cuando se está totalmente concentrado en el trabajo, mientras se experimenta que el tiempo pasa volando y se tienen dificultades para desconectarse de lo que se está haciendo debido a las fuertes dosis de disfrute y concentración experimentadas. Es un estado placentero de total inmersión que se caracteriza por la sensación de que el tiempo pasa rápidamente y que se es incapaz de despegarse del trabajo. Se caracteriza por la capacidad para mantenerse totalmente concentrado y felizmente absorto en el trabajo.

La mayor presencia del engagement se aprecia en la gestión de talento humano y se basa en que el ser humano cambie su conducta (desempeño laboral) y sus actitudes (compromiso organizacional) como componente clave en el proceso de creación de valor (Ferreira y González, 2010). El éxito de una organización radica en el nivel de compromiso o engagement que tiene su capital humano para alcanzar los objetivos y cumplir sus tareas, trabajar en equipo, utilizar su creatividad y esfuerzo extra, así como en la internalización de los valores de la empresa en el quehacer diario (Schaufeli, 2005).

Objetivo

El presente artículo postula que el engagement es un concepto que se debe medir en las acciones orientadas para la formación emprendedora y competencias laborales, destinadas a la captación y conservación de estudiantes universitarios comprometidos. La aplicación de instrumentos de medición y el análisis de datos es el primer paso para una intervención basada en variables positivas, logrando el beneficio de una valoración rápida y eficiente que lleve a establecer las estrategias correspondientes y elevar el nivel del engagement del universitario.

Por tal motivo, se establece como objetivo general el indagar sobre el nivel de engagement que presentan los estudiantes universitarios.

Método

A través de una investigación de carácter no experimental, de tipo descriptivo, dirigida a estudiantes universitarios de nivel superior y sin considerar ningún parámetro específico de edad, género o semestre de estudio, se busca conocer su nivel de engagement. A principios del año 2017 se aplicó el cuestionario UWES (Utrecht Work Engagement Scale) que mide tres dimensiones: vigor, dedicación y absorción, a 400 estudiantes de ingenierías y de licenciaturas en una universidad pública del Estado de México.

La pregunta que se busca clarificar es: ¿cómo se encuentra el nivel de engagement en estudiantes universitarios?

Para el cálculo de la muestra se considera un 7% de margen de error y 95% de nivel de confianza; se identifican dos grupos: el primero compuesto por tres ingenierías orientadas a la elaboración de productos: plásticos, industrial y software; y el segundo integrado por dos licenciaturas orientadas a la generación de servicios: administración urbana y economía; de tal forma que se descubra también si el perfil de la carrera universitaria tiene algún efecto en cualesquiera de las tres dimensiones del engagement.

Esta medición del engagement en estudiantes universitarios forma parte de la fase preliminar de una investigación de carácter internacional que se inició en 2017. Dicha investigación deriva del interés de las universidades en identificar fortalezas y oportunidades de mejora en el desarrollo de actividades académicas a favor de los procesos de enseñanza-aprendizaje con un enfoque adaptado a los intereses y necesidades actuales de los estudiantes. Identificando las áreas de oportunidad, posteriormente se correlacionará el nivel de engagement con la percepción sobre un total de factores establecidos previamente, con el fin de establecer cuáles son los temas que guardan mayor relación con el compromiso.

Pretende asimismo determinar aspectos fundamentales que configuran las habilidades del emprendedor de éxito, de tal forma que puedan ser referidas como competencias que permitan modificar contenidos en la formación tradicional e incluirlas en el currículo de la formación dirigida a los jóvenes universitarios emprendedores.

Resultados

A continuación se analizan los principales resultados obtenidos de la aplicación del UWES Test. En cuanto a la fiabilidad del instrumento se obtuvo un 0.925 del alfa de Cronbach, lo que nos da extrema confiabilidad en la forma en que se respondieron las 17 preguntas. Las Tablas 1 y 2 muestran los estadísticos descriptivos para respuestas tanto de licenciaturas como ingenierías de la muestra.

Tabla 1 Estadísticos descriptivos licenciaturas 

Vigor Absorción Dedicación
N Válidos 197 197 197
Perdidos 0 0 0
Media 3.4983 3.6937 4.9756
Desv. Tip. .08314 1.05307 .89797
Asimetría -.284 -.363 -1.340
Error tip. De asimetría .173 .173 .173

Tabla 2 Estadísticos descriptivos ingenierías 

Vigor Absorción Dedicación
N Válidos 207 207 207
Perdidos 0 0 0
Media 2.8164 2.8535 3.9362
Desv. Tip. 1.1159 1.11392 .94683
Asimetría -.051 -.176 -.996
Error tip. De asimetría .169 .169 .169

Las Figuras 2 y 3, mediante gráficas de caja, muestran los resultados para la dimensión de vigor. En ambos casos se observa que durante el tercer año de estudios universitarios (5° y 6° semestre) hay un decremento en la dimensión analizada, que en el caso de las ingenierías repunta un poco para el cuarto año, mientras que para las licenciaturas no. Asimismo, se aprecia que en el caso de las ingenierías no supera al valor 3 de un máximo de 7 y las licenciaturas las superan en un punto.

Fig. 2 Vigor. Ingenierías de la muestra. 

Fig. 3 Vigor. Licenciaturas de la muestra. 

Las Figuras 4 y 5 muestran los valores para la dimensión de absorción. Se aprecia que, para el caso de las ingenierías, los cambios son bruscos cada año, siendo 5° y 6° semestres los valores más bajos. En el caso de las licenciaturas, el fenómeno se aprecia hasta el tercer año, ya que los dos primeros años tiende a ser constante, aunque de la misma manera decrece en los dos últimos años. En el caso de las ingenierías se supera apenas en el cuarto semestre el valor de 3 (máximo 7), mientras que en las licenciaturas solo en el primer semestre se supera levemente el valor de 4.

Fig. 4 Absorción. Ingenierías de la muestra 

Fig. 5 Absorción. Licenciaturas de la muestra 

Las Figuras 6 y 7 muestran los resultados para la dimensión dedicación. En estas gráficas se observa que, para el caso de las ingenierías, el comportamiento es casi constante en los cuatro años, mientras que en las licenciaturas se observa un crecimiento en la dedicación en tercer año. En esta dimensión se aprecian valores más altos que en las otras dos. En las ingenierías los resultados están por encima del valor 4 y las licenciaturas superan el valor de 5 (sobre el máximo de 7).

Fig. 6 Dedicación. Ingenierías de la muestra. 

Fig. 7 Dedicación. Licenciaturas de la muestra. 

En cuanto a correlaciones, se refiere como se muestra en la Tabla 3, prácticamente las tres dimensiones se encuentran relacionadas; sin embargo, se puede observar que, a mayor vigor, mayor absorción y a mayor dedicación, también mayor absorción.

Tabla 3 Correlaciones 

Vigor Absorción Dedicación
Vigor Correlación de Pearson 1 .868** .590**
Sig. (bilateral) .000 .000
N 404 404 404
Absorción Correlación de Pearson .868** 1 .668**
Sig. (bilateral) .000 .000
N 404 404 404
Dedicación Correlación de Pearson .590** .668** 1
Sig. (bilateral) .000 .000
N 404 404 404

** La correlación es significativa al nivel 0,01 (bilateral).

Conclusiones y recomendaciones

Fomentar y desarrollar la cultura emprendedora en las universidades es un reto que se debe asumir para el mejor futuro de los jóvenes egresados. Modificar las posturas conservadoras por conductas emprendedoras en las instituciones de educación superior, y aún más en las públicas, es difícil. Empero habrá que recordar que las organizaciones que no cambian, mueren ante la imposibilidad de evolucionar, según acota Belausteguigoitia (2012). Se reconoce a las que son emprendedoras, porque son capaces de propiciar o responder en forma adecuada a las demandas de innovación tecnológica y porque logran imbuir a sus integrantes en una dinámica de permanente apertura al cambio, de flexibilidad y voluntad para aprender cosas nuevas.

Como se expuso, para que el emprendedor irrumpa se necesitan la oportunidad y la intención. La intención emprendedora en contextos educativos está condicionada por una gran diversidad de factores, y es necesario incidir en ellos si se busca fomentar y promover el emprendimiento desde los niveles universitarios. Las intenciones emprendedoras de los estudiantes universitarios están determinadas por su actitud hacia el emprendimiento. Incidir en los factores que la condicionan es una tarea que debiera promoverse y fomentarse a partir de propiciar el desenvolvimiento de una cultura emprendedora.

El engagement en el sector académico puede ser visto como el resultado de una combinación exitosa del buen desempeño y la adecuada integración de los estudiantes con el contexto universitario (Horstmanshof y Zimitat, 2007). Es así como las intervenciones centradas en el desarrollo de habilidades y competencias durante el transcurso de los estudios superiores pueden ser útiles para alentar y apoyar el emprendimiento. Las universidades son responsables de catalizar y potenciar el engagement de los estudiantes, insertando programas de capacitación orientados al desarrollo y fortalecimiento del perfil del emprendedor que, a su vez, basados en herramientas para el desarrollo de competencias para la innovación y la toma de decisiones, incidan en la capacidad de generar en sus alumnos propuestas de alto valor para sí mismos y a su entorno inmediato.

Dado que el engagement es un estado mental positivo susceptible de ser medido, sirve de indicador al tratarse de un componente de la cultura emprendedora. Como referencia de la importancia de su medición durante el proceso del emprendimiento se alude a Grilo y Thurik (2008), quienes introducen en su estudio el concepto de “niveles de compromiso”, cada uno de ellos denotando un nivel diferente de participación en el proceso emprendedor. Estos niveles van desde los extremos de: pensar en iniciar un negocio hasta no ser nunca más un emprendedor, pasando por la perseverancia y dedicación todos con un componente de engagement. Asimismo, ellos concluyen que hay diferentes niveles en el proceso de emprender.

Los resultados de la investigación realizada por las autoras arrojan que para llevar al máximo los valores de cada una de las dimensiones del engagement, y de esta manera contribuir a la formación integral de los emprendedores, hay una ardua tarea por realizar en las universidades. Se logra diferenciar que hay universitarios que buscan hacer lo mínimo para cumplir con sus estudios y los que invierten todo su vigor, dedicación y tiempo en el trabajo académico, considerándolo como parte fundamental de su vida profesional, buscando recibir futuras recompensas en el desarrollo de sus habilidades.

Finalmente se postula que el engagement es un concepto que se debe medir en las acciones orientadas para la formación emprendedora y competencias laborales, destinadas a la captación y conservación de universitarios comprometidos. La aplicación y análisis de datos es el primer paso para una intervención basada en variables positivas, logrando el beneficio de una valoración rápida y eficiente que lleve a establecer las estrategias correspondientes y elevar el nivel del engagement del estudiante universitario.

Estos resultados presentados forman parte de la investigación internacional (principalmente Iberoamérica) que pretende determinar los aspectos fundamentales que configuran las habilidades del emprendedor, de tal forma que puedan ser referidas como competencias. Como tales serán susceptibles de integrar a un modelo de medición de intensiones emprendedoras. Este modelo, aunado a la generación de estrategias, posibilitará realizar la evolución de la cultura emprendedora. Blackaman (2004, citado por Mora, 2011) indica que el emprendedor tendrá más posibilidades de éxito si posee un elevado locus de control interno y responsabilidad, ya que auscultará con detalle el plan de negocios y sabe que el control está en sus manos y no dependiente del entorno.

Referencias

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1 Global Entrepreneurship Monitor (GEM), constituido desde 2008 por investigadores de Alemania, Angola, Argentina, Bélgica, Bolivia, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Chile, Colombia, Corea, Croacia, Dinamarca, Ecuador, Egipto, Eslovenia, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, India, Irán, Irlanda, Islandia, Israel, Italia, Jamaica, Japón, Letonia, Macedonia, México, Noruega, Perú, Reino Unido, República Dominicana, Rumania, Rusia, Serbia, Sudáfrica, Turquía y Uruguay. Para ver más, seguir la liga http://www.gemconsortium.org.

Recibido: 26 de Febrero de 2018; Aprobado: 27 de Mayo de 2018

Guadalupe González García. Es consultora en administración estratégica y laboró como gerente y directora en compañías del ramo automotriz. Es doctora en administración y cuenta con diplomados en dirección de recursos humanos y habilidades directivas, auditoría de obra, educación a distancia y foros virtuales. Está certificada en formación de capital humano por Conocer/SEP y como académica por la Federación Nacional de Colegios de Licenciados en Administración. Es autora de ponencias y conferencias en diversos foros de carácter nacional e internacional.

María Luisa Becerril Carbajal. Es consultora en administración financiera y emprendimiento de negocios, además de asesora de proyectos de inversión en Grupo Proyecta SC y asesor financiero en Consulting Law & Tax Corporation S.C. Doctora en administración, diplomada en dirección de recursos humanos y habilidades directivas y certificada en formación de capital humano por Conocer/SEP. Es autora de ponencias y conferencias en diversos foros de carácter nacional e internacional y ha impartido cursos de maestría y licenciatura en México.

Adriana Fonseca Munguía. Es ingeniera industrial, máster y doctora en administración. Autora de ponencias y conferencias en diversos foros de carácter nacional e internacional. Ha impartido cursos de maestría y licenciatura en México. Actualmente ocupa el puesto de jefa del Departamento Académico en su universidad.

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