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Cuicuilco. Revista de ciencias antropológicas

versão On-line ISSN 2448-8488versão impressa ISSN 2448-9018

Cuicuilco. Rev. cienc. antropol. vol.26 no.74 Ciudad de México Jan./Abr. 2019

 

Diversas temáticas desde las disciplinas antropológicas

Cambiando el tema: sobre el matrimonio entre primos y otras cosas1

Changing the Subject: About cousin marriage, among other things

Adam Kuper* 

*Universidad Brunel, Inglaterra. adam.kuper@gmail.com

Resumen

El pecado original de la antropología fue dividir al mundo en civilizados y salvajes. Los sistemas sociales de todos aquellos Otros, supuestamente descansaban sobre la base de las relaciones consanguíneas y, por ello, los antropólogos se convirtieron de inmediato en expertos en estudios relacionados con grupos primitivos y en torno al tema del parentesco. Sin embargo, en la década de 1970, los sistemas occidentales de parentesco comenzaron a sufrir un cambio radical. Simultáneamente, las antiguas ortodoxias sobre el parentesco se derrumbaron en el campo de la antropología y los jóvenes etnógrafos en general perdieron interés en el tema. Pese a esto, los sistemas de parentesco no desaparecieron en el mundo y para entenderlos tendríamos primero que abandonar la postura sustentada en la oposición entre lo moderno y lo tradicional, el Occidente y el Resto.

Palabras clave:  Parentesco; matrimonio entre primos; primos cruzados; Charles Darwin

Abstract

The original sin of anthropology was to divide the world into civilized and savage. The social systems of all those other peoples supposedly rested upon a foundation of blood relationships. Anthropologists therefore became at once the experts on the primitive and on kinship. In the 1970s Western kinship systems began to undergo radical change. Simultaneously, the old orthodoxies about kinship crumbled in anthropology. Young ethnographers generally lost interest in the topic. Kinship systems have nevertheless not gone away, out there in the world. But to understand them we must first abandon the opposition between the modern and the traditional, the West and the Rest.

Keywords: Kinship; cousin marriage; cross-cousins; Charles Darwin

I

La primera Conferencia Huxley2 a la que asistí fue en 1965. Claude Lévi-Strauss era el orador y su tema fue “El futuro de los estudios de parentesco” [Lévi-Strauss 1965]. Como joven profesor en Londres, asistí a varias Conferencias Huxley, siendo una de las más memorables la que recuerdo con aquel llamado de Daryll Forde a los antropólogos sociales, en 1970, a prestar más atención a la teoría de la evolución, y el discurso de G.P. Murdock en 1971, cuando le expresó a su audiencia que después de toda una vida en la antropología había llegado a la conclusión de que la teoría era transitoria, pero la etnografía, permanente [Forde 1970; Murdock 1971]. Eran figuras notables las que ahí se reunían y la exposición de grandes temas, y para mi asombro, esto se confirmó cuando revisé la lista de conferencistas anteriores, desde el inicio, con la participación de Lord Avebury, en 1900, cuya charla fue adecuadamente titulada “Huxley, el hombre y su trabajo”. Por supuesto que me sentí halagado de aparecer en esa lista de oradores tan distinguidos, pero también me sentía intimidado. ¿Qué podría yo decir que fuese digno para la ocasión?

Entonces descubrí el historial de los conferencistas, que resultó ser bastante peculiar. Supuestamente, Sir Edward Tylor dictaría una conferencia en 1907, pero para ese momento ya estaba demasiado enfermo. Posteriormente, la conferencia de Sidney Harland en 1923 tuvo que ser cancelada por la misma razón. En 1926, Sir William Ridgeway falleció antes de poder impartir su conferencia, y lo mismo ocurrió con James Hornell, en 1949; Sir Peter Buck, en 1952, el profesor Ralph Linton en 1954 y el profesor Wood-Jones, en 1955. Bueno, al menos, con esos antecedentes, yo logré presentarme. Y observando los títulos de las 98 conferencias que de hecho se han realizado desde el año de 1900, me di cuenta de que algo debía decirse sobre el desarrollo de nuestra disciplina, prestando especial atención a dos temas que son recurrentes en los títulos de las Conferencias Huxley y que fueron el tema también de las dos primeras conferencias a las que asistí: la evolución humana y el estudio del parentesco.

Comenzaré como solamente Huxley hubiera pensado hacerlo de forma correcta: con Darwin.

II

En una carta a su hermana Caroline, escrita en marzo de 1833, Charles Darwin describió la visita que había hecho en el buque HMS Beagle a Tierra del Fuego unas semanas antes:

Vimos aquí a los nativos fueguinos; un salvaje que no ha sido domesticado es uno de los mayores espectáculos del mundo -la diferencia entre un animal domesticado y uno salvaje se ve mucho más marcada en el hombre- en un bárbaro desnudo, con su cuerpo cubierto de pintura, cuyos gestos mismos, ya sean hostiles o pacíficos, son ininteligibles, con dificultad vemos en él a una criatura humana.3

Darwin registró observaciones más detalladas en su diario: las casas de los fueguinos salvajes eran rudimentarias; dormían “en el suelo mojado, enroscados como animales”; su comida era miserable y escasa; comenzaban la guerra con sus vecinos por los medios de subsistencia. “El capitán FitzRoy nunca estuvo seguro si los fueguinos tenían creencias específicas sobre una vida futura”. Sus habilidades, “como el instinto de los animales”, no “mejoraban con la experiencia” [Barlow 1933: 212-213]. “Aunque en esencia es la misma criatura, qué poco se parece la mente de uno de estos seres a la de un hombre educado.” Y aun así mantenían una forma de vida viable.

No existe una razón para suponer que la raza de los fueguinos está decreciendo; debemos, en cambio, estar seguros de que ésta disfruta de una cantidad suficiente de alegría (cualquiera que sea su tipo) para hacer que la vida valga la pena. La naturaleza, al hacer el hábito omnipotente, ha adaptado al fueguino al clima y las producciones de su país [Keynes 1988: 222-224].

Antes de este encuentro con los “irascibles” fueguinos en aquella “costa salvaje y escarpada”, Darwin ya se había familiarizado con otros fueguinos.4 El capitán del Beagle, Robert FitzRoy, había visitado Tierra del Fuego en un viaje previo en 1830, en el que secuestró a tres hombres jóvenes y a una niña de aproximadamente 12 años, y los llevó con él de regreso a Inglaterra. FitzRoy decidió que debían ser educados “en inglés y en las verdades básicas del Cristianismo, como primer objetivo; y en el uso de herramientas comunes, un leve acercamiento a la ganadería, jardinería y mecánica, como el segundo” [FitzRoy 1839: 12]. Éstos eran los elementos de la civilización: lenguaje, religión y tecnología. Uno de los miembros de este grupo (el favorito de FitzRoy) falleció por una vacuna que le fue aplicada contra la viruela. El resto fue puntualmente instruido en la civilización por el rector de Walthamstow5 y, tres años después, regresaron a casa en el Beagle. FitzRoy pretendía que sirvieran como intermediarios para un misionero que iba también a bordo.

En el transcurso de este viaje interminable, Darwin estaba asombrado por la inteligencia de York Minster, el mayor de los dos jóvenes, y de la niña, Fuegia Basket. Se dio cuenta de que habían aprendido un poco de español durante las escalas del barco. Su amigo Jemmy Button, el favorito de los marineros, tal vez era menos listo, pero muy bondadoso. Cuando Darwin sufría de mareos, Jemmy “venía conmigo y decía con una voz sollozante: ‘¡Pobre, pobre amigo!’”, aunque le causaba sorpresa la idea de que el mar pudiera afectar tanto a un hombre adulto [Darwin 1839: 260].

El Beagle dejó a los fueguinos cerca de su viejo campamento. Su reingreso no fue sencillo. Jemmy, en particular, sufrió mucho, pues aparentemente había olvidado la lengua yamana. Por lo que Darwin anotó: “Era cómico, pero casi lamentable, escucharlo hablar en inglés con su hermano salvaje y luego preguntarle en español (“¿no sabe?”) si lo entendía o no” [1839: 220]. Y garabateó al margen de la página de su diario: “Hombre llorando violentamente a un lado”. Más tarde escribió en sus reflexiones:

Fue bastante melancólico dejar a nuestros fueguinos entre sus bárbaros compatriotas; pero había un consuelo: no parecían tener miedos personales -pero, en contradicción con lo que frecuentemente se ha dicho, tres años han sido suficientes para cambiar salvajes, al menos en lo que se refiere a los hábitos, en europeos completos y libres- York, quien era un hombre adulto y con una mente fuerte y violenta, estoy seguro de que, en todos los aspectos, vivirá como un hombre inglés hasta donde sus medios se lo permitan.

Sin embargo, Darwin estaba preocupado. “Temo que cualquiera que sea el resultado de su excursión a Inglaterra, éste no los conducirá a la felicidad. Tienen una gran inteligencia como para no ver la vasta superioridad de los hábitos civilizados sobre los incivilizados; y de todos modos temo que a estos últimos deban volver” [Keynes 1988:141-142 ].

Seis semanas después, el Beagle regresó a Tierra del Fuego. Jemmy pronto apareció “pero ¡qué alterado!”, notó FitzRoy.

Difícilmente pude limitar mis sentimientos y no era, de ninguna manera, el único tan conmovido por su apariencia miserable y escuálida. Estaba desnudo, como sus acompañantes, excepto por un poco de piel en su lomo, su cabello estaba largo y enmarañado, igual que los de ellos; estaba terriblemente delgado y sus ojos estaban dañados por el humo. Nos apresuramos a traerlo, lo vestimos inmediatamente y en media hora estaba ya sentado conmigo para la cena en mi cabina, utilizando su cuchillo y tenedor apropiadamente y, en todos los sentidos, comportándose tan correcto como si nunca nos hubiera dejado. Habló inglés como siempre y, para nuestra sorpresa, sus acompañantes, su esposa, hermanos y las esposas de sus hermanos, mezclaban palabras en un mal inglés al hablar con él [1839: 324].

No obstante, Jemmy le aseguró al capitán que se sentía “vigoroso, señor, nunca mejor”. Estaba contento, dijo, y no tenía deseos de alterar su estilo de vida presente. Darwin aceptó esto. “Espero y no tengo dudas de que [Jemmy] será tan feliz como si nunca hubiera dejado su país”, escribió en su diario, “lo que es mucho más en comparación con lo que antes pensaba” [Keynes 1988: 221]. Por su parte, FitzRoy tenía confianza en que la civilización habría dejado su huella; describió la señal de fuego de despedida que Jemmy había encendido mientras el Beagle se alejaba y comentó que la familia de Jemmy “se había humanizado considerablemente más que cualquier otro salvaje que hayamos visto en Tierra del Fuego”. Algún día un marinero que haya naufragado podría ser rescatado por los hijos de Jemmy, “motivados, como difícilmente dejarían de estarlo, por las tradiciones que habrán escuchado de hombres de otras tierras; y por una idea, por débil que ésta sea, de su deber con Dios y el prójimo” [FitzRoy 1839: 327].

Jemmy Button y sus amigos fueron, en efecto, materia de un experimento, pasando del salvajismo a la civilización en tres años y, viceversa, en cuestión de semanas. Al observar con sorpresa el desarrollo del experimento, Darwin se mostraba muy motivado para preguntar por qué los fueguinos no se volvían más civilizados por iniciativa propia. Y se aventuró a ofrecer una explicación sociológica, en la que afirmaba que los fueguinos compartían todo y tenían intercambios libres: “incluso un pedazo de tela, obsequio para uno, se rompe en pedazos y se distribuye; y ningún individuo se vuelve más rico que los demás” [Darwin 1839: 261]. Darwin reconoció que esta insistencia en el intercambio estaba fundamentada en un supuesto de igualdad y era precisamente esta insistencia en la igualdad lo que, para él, mantenía a los fueguinos en el atraso.

III

Cuando Darwin especulaba sobre la relación entre igualdad y atraso -y sobre las implicaciones de la conexión necesaria entre civilización y jerarquía- en realidad proponía una explicación en particular. El primitivo es la imagen en el espejo de lo que se ha pensado como civilizado por excelencia. Es bueno pensar con los salvajes. Edward Said [1978] identificó un discurso en el Orientalismo que formó un estereotipo de un Otro feminizado, sexualmente tentador, quizás profano, que legitimaba la dominación. La tesis de Said tiene demasiadas generalizaciones y es terriblemente imprecisa, pero ha probado ser infinitamente sugerente, pues es claro que el colonialismo requirió de estereotipos sobre sus sujetos. Sin embargo, me preocupa algo más y es la forma en que la idea de lo primitivo se utiliza para reflexionar sobre nosotros mismos.

Edward Tylor señaló, en el primer libro de texto de antropología, Cultura Primitiva, publicado en 1871, que “el mundo educado de Europa y América prácticamente establece un estándar sólo al colocar a sus naciones en un extremo de la serie social y a las tribus salvajes en el otro, acomodando al resto de la humanidad entre estos límites de acuerdo como corresponda, más cerca de la vida salvaje o culta” [1871: 26]. Es imposible decir si Tylor trataba o no de ser irónico, pero, de cualquier modo, los antropólogos aseguraban que eran los expertos en “salvajismo” y, por consiguiente, en la civilización misma. Es irrelevante expresar que no hay sociedades primitivas, que no hay personas primitivas. La condición civilizada es definida en oposición a un estado primitivo imaginario, y, por lo tanto, es igualmente imaginaria. Comparar civilizados y salvajes es comparar dos condiciones imaginarias [véase Kuper 2005].

Darwin mantuvo una atención puntillosa en los debates entre antropólogos, refiriendo con frecuencia su experiencia con los fueguinos. El tema evidente de la antropología eran los primitivos, pero su pregunta central era cómo la civilización había triunfado sobre el salvajismo, cómo la ciencia y la moral habían emergido de las épocas oscuras llenas de superstición y promiscuidad. Darwin había estudiado teología en Cambridge y originalmente planeaba volverse clérigo, pero para la década de 1860 tenía muy poco interés en la religión. Por su lado, estaba fascinado por aquello que los antropólogos tuvieran que decir sobre la regulación del comportamiento sexual. La reproducción era, por supuesto, el asunto central de la teoría de la evolución, pero Darwin tenía además razones muy personales para querer entender con quién debería casarse y con quién no.

IV

A bordo del Beagle y, con más urgencia, al regresar a Inglaterra después de cinco años de viaje, Darwin pensaba en el matrimonio -pero no con alguien en particular. En julio de 1838 tomó una hoja de papel y escribió “Ésta es la cuestión” y dividió la página en dos columnas. “Casarse”, escribió en la parte superior de una, “No casarse” como encabezado de la otra.6 A continuación, elaboró un balance de argumentos en favor y en contra del matrimonio: “Compañía constante (y una amiga en la vejez) que estará interesada en uno -objeto para amar y jugar- mejor que un perro en cualquier forma. -Hogar y alguien que cuide la casa- Encantos musicales y pláticas femeninas. -Estas cosas son buenas para la salud de uno -pero una terrible pérdida de tiempo”.7 La compañía era el factor decisivo. “Uno no puede vivir esta vida solitaria, con una vejez inestable, sin amigos y con frío, y sin hijos, viéndose uno a sí mismo ya con arrugas. -No importa, confía en el azar- mantente atento -Hay muchos esclavos felices-”. Y concluyó: “Casarse -Casarse- Casarse. QED” [Burkhardt y Smith 1986: 444-445]. 8

La pregunta quedó entonces resuelta. Ahora debía enfrentarse a otra cuestión también muy importante. ¿Con quién debía casarse? Viviendo en Londres con su hermano soltero Erasmus, Charles había tenido algunos coqueteos tímidos y decorosos. Su padre estaba perturbado por el rumor que corría de que Darwin estaba interesado en la feminista Harriet Martineau. Sin embargo, pronto decidió casarse con una de las hijas de su tío favorito, el hermano de su madre, Jos Wedgwood. Solamente una de las hijas de Jos era soltera y tenía casi la edad correcta; se trataba de la hija menor de la familia Wedgwood, Emma, quien tenía un año más que Charles.

Emma no solamente era su prima hermana; era además su cuñada. Su hermano mayor se había casado con Caroline, la hermana de Charles, en 1837. Otros romances se habían rumorado entre los jóvenes Wedgwood y los Darwin. El hermano mayor de Charles, Erasmus, había mostrado interés en la misma Emma y tal vez también en sus otras dos hermanas mayores; y tres hermanos de Emma habían estado muy atentos de Susan, hermana de Darwin [Browne 1995: 392].

Cuando Darwin le escribió a Charles Lyell para anunciarle su compromiso, no dudó en enfatizar sus vínculos familiares.

La dama es mi prima, la Señorita Emma Wedgwood, hermana de Hensleigh Wedgwood [el amigo especial de Darwin en Cambridge, bien conocido de Lyell] y [hermana también] del hermano mayor que se casó con mi hermana, por lo que estamos conectados por múltiples lazos, además, de mi parte, del más sincero amor y sincera gratitud hacia ella por aceptar a alguien como yo [Litchfield 1915: 1].

El compromiso no tomó por sorpresa a ninguna de las familias. El padre de Emma -el tío de Charles- lloró de alegría cuando Charles pidió su autorización para el matrimonio. El padre de Charles estaba igualmente encantado; estaba tan feliz como cuando el joven Jos se casó con Caroline, según le escribió al tío Jos. Fue una coincidencia, señaló Emma, “que cada alma nos ha preparado, por lo que no podíamos evitar gustarnos” [Browne 1995: 392]. De hecho, los Wedgwood tenían una larga trayectoria de preferencias por los matrimonios entre primos hermanos, lo que era común en la clase media alta educada en Inglaterra.

Estos matrimonios familiares de élite no unían, por supuesto, a toda la sociedad, pero contribuían a la formación de un nuevo estrato social en Inglaterra que Noel Annan [1955] denominó como “aristocracia intelectual”. El estudio de Annan sobre la endogamia en esta nueva clase social fue sugerente y anecdótico, más que sistemático, pero estaba orientado hacia algo más. Los “clanes” que emergieron durante el siglo XIX en la aristocracia intelectual inglesa, cada uno con una especialidad ocupacional característica y preferencias políticas y religiosas específicas, tendían a estar localizados y, en un grado notable, a ser endogámicos. Fuertes alianzas entre pocas familias en el mismo nicho ecológico, trajeron a los miembros de estos clanes una ventaja competitiva poderosa.

V

Mientras que las clases altas inglesas afianzaban lazos matrimoniales libremente entre los primos y, como resultado, prosperaban al menos en términos sociales, la investigación científica comenzaba a sugerir que el matrimonio entre familiares muy cercanos traía consecuencias negativas para la salud de los hijos. Charles Darwin estaba obsesivamente preocupado por su mala salud. Cada vez que uno de sus hijos caía enfermo, Darwin se inclinaba a ver los mismos síntomas en él mismo y a suponer con preocupación que se trataba de las consecuencias de la herencia o, tal vez, del precio que debía pagar por haberse casado con su prima [Browne 2002: 277, 279].9

De forma insistente, sus investigaciones incluían preguntas sobre el cruzamiento y la fertilidad. Entre 1868 y 1876, Darwin publicó dos extensas monografías sobre fertilización cruzada en animales y plantas [Darwin 1868; 1876] y señaló, que “la existencia de una gran ley natural ha quedado casi probada; es decir, que el cruzamiento de animales y plantas que no tienen una relación cercana entre ellas es altamente benéfico o incluso necesario, y el cruzamiento prolongado durante muchas generaciones es altamente perjudicial” [Darwin 1868:144].10 Darwin pensó que esto probablemente era cierto para los seres humanos y era importante confirmarlo.

Su vecino y aliado, el antropólogo John Lubbock, era miembro del Parlamento. En el verano de 1870, Darwin le propuso que el censo incluyera una pregunta sobre el matrimonio entre primos.11 Incluso, Darwin redactó un argumento para que Lubbock lo presentara en la Cámara.12

En Inglaterra y en muchas partes de Europa, los matrimonios entre primos se han rebatido por las supuestas consecuencias perjudiciales; pero esta creencia no tiene evidencia directa. Por lo tanto, es manifiestamente deseable que la creencia sea probada como falsa o sea confirmada, para que en el último caso, los matrimonios entre primos puedan rechazarse [F. Darwin 1887: 129].

George, el hijo de Darwin, reportó que la propuesta de Lubbock fue rechazada “en medio de una desdeñosa risa en la Cámara, sobre la base de que la curiosidad ociosa de los filósofos no debía satisfacerse” [G.H. Darwin 1875a: 153]. Darwin le pidió entonces a su hijo George que comparara la incidencia de los matrimonios entre parientes cercanos en la población general con la de los padres de pacientes en asilos mentales. Si resultaba que los matrimonios entre parientes cercanos producían un número desproporcionado de niños “enfermos”, esto podría “resolver la pregunta sobre los peligros de estos matrimonios” [G.H. Darwin 1875a: 153].

El primer paso era identificar qué tan común era que los primos hermanos se casaran en Inglaterra. Aparentemente nadie conocía la respuesta. George Darwin consiguió estimaciones que iban de 10% a uno entre mil y concluyó: “Cada observador está sesgado por la frecuencia o rareza de esos matrimonios en su entorno inmediato” [G.H. Darwin 1875a: 178]. Claramente, tendría que descubrir los hechos por él mismo. Conocedor de las nuevas técnicas estadísticas desarrolladas por su primo Francis Galton, George decidió aplicar una encuesta científica. Fue uno de los primeros estudios estadísticos relacionados con un problema social. Después de una ingeniosa y compleja investigación, concluyó que 4.5% de los matrimonios en la aristocracia eran entre primos hermanos; 3.5% en la alta burguesía y la clase media alta; 2.25% entre la población rural; y 1.15% entre todas las clases en Londres. En suma, George le dijo a su padre “que el matrimonio entre primos es al menos ¡tres veces tan frecuente en nuestro nivel social como en el bajo!”.13

El siguiente paso era reunir estadísticas de los asilos mentales. Su padre escribió por él a los jefes de las instituciones más importantes y varios dieron respuestas detalladas que no mostraron una diferencia significativa entre la cantidad de matrimonios entre primos en la población general y entre los padres de los pacientes de los asilos mentales.

Otros estudios sugirieron que los descendientes de los matrimonios entre primos eran también más susceptibles a sufrir ceguera, sordera e infertilidad, pero George Darwin pensó que la evidencia era poco convincente. De hecho, los matrimonios entre primos hermanos eran más fértiles que otros. Señaló que era más probable que un hombre decidiera casarse con una de sus primas si tuviera que elegir entre muchas mujeres. El matrimonio entre primos hermanos, según él, era más común entre personas que venían de familias grandes y, por lo tanto, fértiles. Solamente una pequeña evidencia hizo que George se detuviera, pues notó que entre los hombres que habían practicado remo en Oxford o en Cambridge (hombres que obviamente estaban en forma y eran aptos), los hijos hombres de padres que eran primos hermanos, eran menos frecuentes de lo que se hubiera esperado (2.4% en relación con 3 a 3.5% de sus pares) [G.H. Darwin 1875b].

Charles Darwin avaló las conclusiones de su hijo que resultaban alentadoras, no sólo para él, sino para la población inglesa cuyos árboles familiares incluían matrimonios entre primos. Los habitantes de Inglaterra podrían además estar tranquilos al conocer que la Reina Victoria estaba casada con su primo hermano y que muchos de sus descendientes estaban también casados con primos (los terratenientes en la Cámara de los Lores no requerían de estas tranquilizadoras noticias: ellos sabían que la endogamia era una buena política).

VI

La pregunta sobre el matrimonio entre primos condujo hacia un debate más amplio sobre el incesto. No existía el calificativo de crimen por incesto en Inglaterra en el siglo XIX, y aunque un número considerable de personas pensaba que debía existir una ley, los ingleses dudaban sobre lo que era el incesto y lo que eso implicaba. El incesto era definido como relaciones sexuales entre personas que tenían prohibido el matrimonio por la Iglesia, pero las doctrinas de la Iglesia, envueltas en siglos de jurisprudencia y argumentos teológicos, eran a menudo confusas para la gente ordinaria. No resultaba siempre claro por qué un matrimonio en particular estaba permitido o prohibido, y las reglas relacionadas con los parientes políticos eran especialmente desconcertantes. Cada año, desde 1841 y durante más de 60 años, llegaban al Parlamento solicitudes que pedían permitir el matrimonio con la hermana de la esposa difunta, pero mientras éstas eran aceptadas en la Cámara de los Comunes, la Cámara de los Lores las vetaba. Cuando el Parlamento rechazó la propuesta de Lubbock para realizar una investigación sobre el matrimonio entre primos, uno de los miembros subrayó que la Cámara estaba ya demasiado ocupada cada año debatiendo el tema de la hermana de la esposa difunta, y objetó que “si debe también haber una legislación sobre el matrimonio entre primos hermanos, entonces todo el tiempo de la Cámara se iría en decidir a quién se le permite casarse con quién”.14

En la década de 1880, el concepto de incesto cambió radicalmente. La Asociación de Vigilancia Nacional (The National Vigilance Association) y la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad hacia los Niños (The National Society for the Prevention of Cruelty to Children), ambas fundadas en esa misma década, se mostraban preocupadas acerca de la situación relacionada con el control del trabajo infantil. Pronto, comenzaron a tratar asuntos como la prostitución infantil y a publicitar el peligro de las relaciones sexuales entre padres e hijas o hermanos y hermanas. El incesto se convirtió en la escenificación de una ofensa en la que aparecía una víctima -una niña pequeña- y una ubicación específica, imaginada como una habitación paupérrima llena de gente en un barrio bajo. Pero la ley no podía cambiar hasta que una definición nueva y secular sobre el incesto pudiera ser acordada. Al final, en 1907, el vínculo matrimonial con la hermana de la esposa difunta fue legalizado. Luego, en 1908, el Parlamento aprobó una ley para calificar al incesto como un crimen en Inglaterra; pero el estatuto sólo criminalizó las relaciones sexuales entre miembros de la familia inmediata. Al año siguiente, James George Frazer señaló que “entre muchos salvajes, las prohibiciones sexuales son mucho más numerosas, el horror por su incumplimiento es mucho más profundo, y los castigos infligidos a los infractores son más severos que entre nosotros” [Frazer 1909: 47]. De acuerdo con esto, el Parlamento había hecho lo propio en el mundo civilizado.

VII

Como conocedores de las sociedades primitivas, los antropólogos victorianos eran necesariamente expertos en parentesco y alianzas porque daban por sentado que las primeras sociedades eran en esencia grupos consanguíneos. Henry Maine estableció una ley general: “La historia de las ideas políticas comienza, de hecho, con el supuesto de que el parentesco consanguíneo es la única base posible para una comunidad con funciones políticas” [1861: 124]. Para Maine, la sociedad primitiva original debió ser simplemente una gran familia; tenía en mente algo así como la familia del patriarca Abraham, incluyendo varias esposas, hijos y sus esposas e hijos, sirvientes y parásitos. Otros antropólogos se imaginaban una horda de parientes promiscua, sin familias, sin matrimonio e, incluso, sin un tabú sobre el incesto. McLennan especulaba que las bandas más exitosas se conformaron con guerreros nómadas que mataban a sus hijas para moverse con mayor libertad y capturaban mujeres de otras bandas para convertirlas en sus esposas [McLennan 1865]. Pero si practicaban el infanticidio y la rapiña, al menos evitaban el incesto. Edward Burnett Tylor, un cuáquero, se rebeló ante este escenario tan violento y dijo que todo el propósito de la exogamia era prevenir la guerra a través del establecimiento de alianzas diplomáticas entre grupos [Tylor 1889]. Henry Maine (quien estaba casado con la hija del hermano de su padre) pensaba que la prohibición del incesto era una medida de higiene pública. Las personas que habían tenido la suficiente inteligencia para hacer fuego y domesticar animales, podrían, eventualmente, reconocer que “los infantes con una constitución defectuosa habían nacido de padres casi relacionados” [Maine 1883: 228]. El fastidioso James George Frazer se preguntaba si los sentimientos más finos no habrían simplemente prevalecido [1918: 245-246].

Darwin desechó estas especulaciones. “El libertinaje de muchos salvajes es sin duda sorprendente”, concedió. Pero incluso los más atrasados salvajes no eran genuinamente promiscuos [Darwin 1874: 896]. Entre los simios, los machos adultos tienden a ser celosos. Probablemente los hombres primitivos son igual de reacios a compartir a sus mujeres; el incesto era aborrecido incluso entre “los salvajes tales como aquellos de Australia y Sudamérica”, sin “sentimientos de fina moral y sin ser capaces de reflexionar sobre maldiciones distantes para su progenie”. Darwin pensaba que los hombres primitivos simplemente encontraban a las mujeres extranjeras seductoras, “de la misma manera que… los perros de caza machos15 tienen inclinación por las hembras externas, mientras que las hembras prefieren perros con los que ya se han asociado antes” [Darwin 1868: 104-105]. Pero sea cual fuera la razón original para el tabú del incesto, Darwin estaba seguro de que los grupos con reproducción externa serían más exitosos que sus rivales. Concluyó que la evitación del incesto se extendió por selección natural [Darwin 1868: 124].

Había, no obstante, una dificultad con el argumento de la selección natural. E.B. Tylor señaló que la gente primitiva no prohibía todos los matrimonios entre parientes cercanos. Con mucha frecuencia, algunos, entre primos hermanos, estaban prohibidos, mientras que otros eran de hecho parejas preferenciales para el matrimonio. Los primos casaderos eran los hijos de un hermano o una hermana: “primos cruzados”, como los llamó Tylor. La sociedad original era imaginada como una única banda indiferenciada donde reinaba la promiscuidad; luego, la banda se dividió en dos: los hombres en una sección tenían que casarse con las mujeres de la otra. Los hijos de dos hermanos pertenecían a la misma sección, al igual que los hijos de dos hermanas. Sin embargo, los hijos de una hermana y un hermano -primos cruzados- pertenecían a secciones diferentes y, por lo tanto, podrían casarse entre ellos. Tylor notó que este acomodo se diluyó tan pronto como la sociedad se volvió más compleja e incluyó a más de dos secciones. Sin embargo, Tylor sugirió que la gente ya había adquirido el hábito de casarse con sus primos cruzados y la costumbre sobreviviría a la forma dual de la exogamia [Tylor 1889].

James George Frazer demostró en su usual tono enciclopédico, que el matrimonio con la hija del hermano de la madre está ampliamente extendido. Se encontró con esto en el sur de la India y en otras partes de Asia, entre los chin y kachin de Birmania y con los gilyaks de Siberia. Había también indicios de la costumbre en América, África, Indonesia, Nueva Guinea y Australia [Frazer 1918: ii, cap. 4]. Pero Frazer tenía sus propias ideas sobre cómo había surgido el matrimonio entre primos. En Australia -que representaba para los victorianos el grado cero de la evolución social- un hombre aborigen tendría que entregar a una hermana o hija a cambio de una esposa porque no tendría nada más que ofrecer. Si dos hombres estaban satisfechos con el intercambio de sus hermanas, entonces sus hijos podrían intercambiar hermanas también. Sus esposas serían sus primas cruzadas dobles -hijas del hermano de su madre que eran al mismo tiempo hijas de la hermana de su padre. Y así, la primera forma de matrimonio, el intercambio de hermanas, condujo al matrimonio entre primos cruzados [Frazer 1918: 198].

VIII

No había muchas opciones para elegir entre los escenarios soñados de Tylor y Frazer, pero si cualquiera de los dos era el correcto, entonces la institución del incesto como tabú casi inmediatamente conducía al matrimonio entre primos cruzados y éste era aún frecuente entre las sociedades primitivas. ¿Acaso esto significaba que el matrimonio entre primos era primitivo y su persistencia en la sociedad victoriana era un retroceso? La Iglesia católica prohibió el matrimonio entre primos hasta de tercer grado; no obstante, los protestantes permitían el matrimonio entre primos hermanos. ¿Cuál regla era más civilizada?

Se trataba de un tema espinoso para los victorianos. El antropólogo americano Lewis Henry Morgan se convirtió en el teórico más importante en el tema del matrimonio entre parientes; escribió, con entusiasmo, acerca de varios tipos imaginarios de matrimonios grupales, pero nunca abordó al matrimonio entre primos a pesar del hecho de que varios de sus corresponsales le enviaron reportes de matrimonios de este tipo en Australia, Norteamérica y el sur de la India.16 Su más reciente biógrafo, Thomas Trautmann, sugiere que Morgan falló al discutir los temas sobre el matrimonio entre primos por una razón muy personal: él estaba casado con la hija del hermano de su madre. En consecuencia, Morgan se negaba a etiquetar dicha práctica como primitiva [Trautmann 1987: 243-245].

¡Si tan sólo Morgan hubiera sido un caballero inglés! La Reina misma estaba casada con el hijo del hermano de su madre. Darwin, el más grande naturalista de la época, estaba casado con la hija del hermano de su madre. Los darwinistas habían declarado oficialmente que el matrimonio entre primos era seguro; sin embargo, la opinión pública se opuso al matrimonio entre primos en los Estados Unidos desde la década de 1860. Antes de la Guerra Civil no había leyes en contra del matrimonio entre primos hermanos en ningún estado de la Unión, mas al término del siglo XIX, los matrimonios entre primos estaban prohibidos en cuatro estados a los que pronto se unieron más [Ottenheimer 1996: 37, 52-57].

Una postura crítica pionera sobre el matrimonio entre primos fue la del amigo y mentor de Morgan, el reverendo McIlvaine (a quien Morgan le dedicó su obra maestra La Sociedad Primitiva). En 1866, durante un discurso en el Pundit Club, una sociedad de intelectuales en Rochester, Nueva York, McIlvaine anunció que la práctica del matrimonio entre primos era la responsable de la “degradación e inferioridad” de los tamil17 y de los indios americanos. Esto se debía a que “la sangre, en lugar de dispersarse de manera más y más amplia, regresaba constantemente sobre sí misma” [Trautmann 1987: 244]. Morgan debió sentirse mortificado y no es de extrañarse que prefiriera no abundar sobre el matrimonio entre primos.

En Gran Bretaña, la reacción en contra del matrimonio entre primos llegó mucho después. En la década de 1870, cuando George Darwin hizo su investigación, aproximadamente, un matrimonio entre 25 se llevaba a cabo entre primos hermanos en la clase media alta. La incidencia era mucho mayor entre clanes intelectuales como la unión Darwin-Wedgwood. En la década de 1920, empero, el matrimonio entre primos comenzaba a ser condenado de forma permanente por parte de los eugenistas, entre ellos otro hijo de Charles Darwin, Leonard -quien también se casó con su prima hermana una vez separado del Parlamento- y para la década de 1930, en Inglaterra, solamente un matrimonio entre 6,000 era con un primo hermano.18

IX

No obstante que el matrimonio entre primos se convirtió en algo poco común en Inglaterra, los antropólogos estaban cada vez más obsesionados con este tema. El matrimonio entre primos cruzados se volvió un rasgo determinante de las sociedades primitivas. Inmediatamente antes de la Primera Guerra Mundial, A.R. Radcliffe-Brown se dispuso a demostrar que entre los aborígenes australianos las personas tenían que casarse con sus primos cruzados. Había dos sistemas australianos: en uno, el hombre se casaba con su prima cruzada primera y, en el otro, él se casaba con su prima cruzada segunda. Cada tipo de matrimonio generaba una clasificación particular de parientes en dos grupos, en términos coloquiales: los parientes políticos y los demás.19 Radcliffe-Brown especulaba que el sistema australiano encajaba en “un único tipo general de organización de parentesco (el tipo dravidiano-australiano) localizado en una gran área del sur de la India y Ceilán… y tal vez por toda Australia y en ciertas partes de Melanesia… posiblemente remontándose desde los primeros habitantes de Australia y Melanesia” [Radcliffe-Brown 1927: 345].

En una generación posterior, uno de los más grandes antropólogos del siglo XX, Claude Lévi-Strauss, publicó un enorme y ambicioso estudio, Las Estructuras Elementales del Parentesco [1968 (1949)], donde sostenía en efecto que todas las sociedades premodernas en el mundo estaban organizadas sobre la base del matrimonio entre primos cruzados; o mejor aún, como decía Marcel Mauss, que su regla fundamental era la reciprocidad y su institución fundamental, el intercambio. El intercambio más significativo era el de mujeres en el matrimonio y esto era, de hecho, la base de la sociedad misma. La forma “elemental” que adoptó el intercambio de mujeres fue el matrimonio entre primos cruzados.

Hay muchas cosas que decir sobre la teoría de Lévi-Strauss -muchísimas cosas se han dicho ya, por supuesto-, pero quiero llamar la atención sobre dos aspectos en particular. En primer lugar, como los victorianos y a pesar de sus repetidas negaciones y reservas, el modelo de Lévi-Strauss asume que las estructuras sociales progresan desde una forma primitiva hasta una civilizada. Las estructuras “elementales” están asociadas con sociedades primitivas donde gobierna la reciprocidad. Hay dos tipos de reciprocidad; la forma más simple restringida al intercambio es asociada con Australia que, como siempre, representa el acercamiento más próximo al salvajismo puro. El intercambio generalizado es más avanzado que el intercambio restringido y se le encuentra particularmente en Asia, tal como Frazer lo señaló (Asia estaba obviamente un paso más adelante que Australia). Todos los sistemas elementales eran contrastados con sistemas complejos -como nuestro propio sistema- donde la economía de intercambio de regalos es reemplazada con una economía de mercados. Como Marshall Sahlins lo afirmó, “el dinero es a Occidente lo que el parentesco es al Resto” [1976: 216]. Lo civilizado y lo primitivo son opuestos polarizados.

En segundo lugar, Lévi-Strauss en verdad sólo estaba interesado en las estructuras formales, ideales y (según él creía) estáticas. Éste es un rasgo característico del Estructuralismo. En el prefacio a la reimpresión de 1964 de Sistemas políticos de la Alta Birmania, Edmund Leach escribió, con bastante orgullo, que su análisis “depende de la evaluación cambiante de las categorías verbales y es, al final de todo, ilusorio” [1964: XII]. Los teóricos de la alianza ultraortodoxa eran incluso mucho más idealistas que su maestro. Para molestia de Lévi-Strauss, Rodney Needham sostenía que Las Estructuras Elementales del Parentesco, en realidad, solamente trataba sobre categorías y reglas -y si no, entonces debía hacerlo. Needham y Louis Dumont terminaron declarando que los sistemas de alianza no necesariamente regulaban los matrimonios; simplemente establecían una clasificación particular de parientes. En palabras de Needham, un sistema de alianza prescriptivo es “definido por la terminología y la terminología está conformada por la regularidad de la constante relación que articula líneas y categorías” [1971: 32].

Para estar seguros, existen ejemplos de casos más realistas de matrimonios entre primos en la literatura antropológica clásica, comenzando con las notas de Bronislaw Malinowksi sobre el matrimonio entre primos cruzados en las Islas Trobriand. Casi todos los adultos trobriand eligen a su pareja para el matrimonio; los jefes, sin embargo, acuerdan con frecuencia los esponsales para sus hijos. Los trobriand eran matrilineales. El jefe era sucedido por el hijo de su hermana; su propio hijo no tenía lugar en la nueva organización a menos que estuviese casado con alguien de la familia del nuevo jefe. Por lo tanto, desde niño tendría que estar comprometido con la hija de la hermana de su padre, para convertirse en el cuñado del siguiente jefe [Malinowski 1929: 80-8].

Isaac Schapera, estudiante de Malinowski, aplicó una encuesta estadística para analizar el patrón del matrimonio y parentesco entre los tswana de Botswana. Los tswana favorecen el matrimonio con cualquier primo, pero sobre todo con la hija del hermano de la madre, de acuerdo con la ideología y varios proverbios y dichos que lo respaldan. De hecho, el matrimonio con la hija del hermano de la madre era muy común entre los tswana, ordinarios. Los nobles, sin embargo, preferían el matrimonio con una hija del hermano del padre. En ambos casos, la razón era muy similar. Los hombres trataban de reforzar las relaciones con un parentesco poderoso. Para un plebeyo, éstas eran con frecuencia las de los hermanos de las madres y para un noble, los parientes mejor colocados eran los hermanos de los padres.20

El matrimonio con la hija del hermano del padre era también aprobado en el mundo árabe, pero la teoría de Lévi-Strauss no puede explicarlo porque él asumía que las alianzas matrimoniales debían unir a diferentes grupos y, en este caso, el hombre suele pertenecer al mismo linaje de la hija del hermano de su padre [Lévi-Strauss 1959: 13-14]. Pierre Bourdieu subrayó en su capítulo sobre el matrimonio bereber en Outline of a theory of practice que se trataba de un falso problema [1977 (1972): 30-71], pues los linajes no operan como entidades corporativas en el mercado de los matrimonios. Los análisis deben comenzar a partir de los individuos operando estratégicamente, jugando, con más o menos habilidad, con los recursos disponibles. En el caso bereber, el estatus y el género entran en juego. Los hombres pueden buscar que sus hijos e hijas tengan matrimonios dinásticos, pero de acuerdo con Bourdieu, estadísticamente, las mujeres tienen otras prioridades que generalmente dominan el panorama. En cualquier caso, las reglas formales no determinan cómo se juega el juego. La gente actúa de forma egoísta y por lo general encuentra alguna justificación socialmente aceptada para sus acciones. El matrimonio puede definirse de muchas maneras, las genealogías ofrecen diferentes opciones, y los términos del parentesco están abiertos a la manipulación.

X

El argumento se desvaneció al interior la antropología. Los debates sobre parentesco y matrimonio dominaron las revistas de antropología durante un siglo, pero entraron en crisis en un momento muy particular. Peter Laslett, el pionero en la historia de la familia en Gran Bretaña, lo describe como “la etapa del climaterio en la vida de las familias en las sociedades occidentales”, cuando “las uniones consensuadas comenzaron a esparcirse, los abortos se volvieron excesivamente comunes, la anticoncepción se volvió universal y los números de los nacimientos disminuyeron” [1989: 843]. Los conservadores lamentaron estos hechos que, a su vez, fueron bien recibidos por otros como Edmund Leach. Haciendo eco del título, aunque no del argumento, de la obra de Freud La civilización y sus descontentos, Leach comentó a la audiencia durante su Conferencia Reith21 que “lejos de ser la base de la buena sociedad, la familia, con su estrecha privacidad y sus secretos de mal gusto, es la fuente de todos nuestros descontentos” [Leach 1967: 44].

David Schneider hizo después un comentario todavía más audaz, pues, lejos de ser el rasgo característico de las sociedades primitivas, afirmó que el parentesco es algo únicamente civilizado. Los estadounidenses consideran que ciertas relaciones están dadas de manera biológica -un aspecto de suma importancia-, pero ésta es su ideología que es también compartida por muchos europeos. No existe una razón para creer que otras personas han desarrollado el mismo conjunto de ideas [Schneider 1968; 1984; Kuper 1999: 132-58] y, por implicación, no hay nada natural en el parentesco. Tal vez las nuevas tecnologías reproductivas logren dejar a la biología como algo redundante y anacrónico, y desgasten lo que queda de la mitología del parentesco en Occidente.

Los antropólogos abandonaron el estudio de los sistemas de parentesco porque imaginaron que éste había llegado a su fin y, que, tal vez, solamente haya sido una ilusión ideológica. Casi por las mismas razones, el campo de estudio fue ahora reclamado por los historiadores sociales. Si el parentesco se desvanece, si las relaciones de género están en proceso de transformación y si la procreación ha migrado de la naturaleza a la cultura, entonces necesitamos de una reconstrucción y un reporte histórico.

XI

Al inicio de los años 70 había una gran cantidad de publicaciones sobre la historia de la familia. Michael Anderson [1980] rápidamente distinguió dos tendencias principales: un “enfoque desde los sentimientos” y el “enfoque de la economía doméstica”; ambos continúan caracterizando gran parte de los escritos en este campo. En términos coloquiales, el enfoque desde los sentimientos es una manera de pensar sobre los cambios culturales en los siglos XVIII y XIX, cuando se supone que la familia nuclear se volvió más emocional y aislada. La perspectiva de la economía doméstica, que enfatiza los hechos materiales, aborda las transformaciones simultáneas a la familia. Con la Revolución Industrial, la mayoría de las familias estaban unidades por el consumo, pero no por la producción. Sin embargo, los negocios familiares de gran escala emergieron y algunos evolucionaron en corporaciones duraderas; el matrimonio entre primos estaba frecuentemente asociado con los negocios familiares.

Por supuesto, los negocios familiares fueron el vehículo clásico del espíritu empresarial victoriano, reuniendo a varias generaciones de primos en complejas, y a veces tensas, combinaciones. Los Rothschild aparecen como un ejemplo destacado. Los cinco hermanos que establecieron las cinco ramas del gran Banco Rothschild enfrentaron el problema de la continuidad. Su solución fue instituir un sistema de matrimonio interno. Entre 1824 y 1877, se llevaron a cabo matrimonios entre 36 descendientes patrilineales del fundador de la Casa Rothschild; 30 de éstos, hombres y mujeres, se casaron con primos, de entre los cuales 28 eran primos hermanos o en segundo grado por línea paterna, solamente. En otras palabras, 78% de los matrimonios fueron con la hija del hermano del padre o con la hija del hijo del hermano del padre. Estos matrimonios estaban arreglados con la finalidad de mantener la asociación entre las cinco ramas de la familia que al final fracasaron abruptamente con el ascenso de Prusia y el surgimiento de las sociedades anónimas o mancomunadas que transformaron el panorama bancario [Kuper 2001].

Pero los Rothschild eran un caso especial. La cerámica Wedgwood fue un ejemplo típico de una gran empresa familiar victoriana y un acercamiento a sus matrimonios sugiere que la perspectiva materialista del matrimonio entre primos -que “mantiene la riqueza en la familia”- es simplista.

El patriarca Wedgwood, Josiah Wedgwood, se casó con una prima en 1764. El padre de su esposa era un ceramista particularmente exitoso que no quería que su hija se casara con Josiah, pues tenía algunos problemas para mantenerse económicamente. Así, Josiah tuvo que esperar años, hasta que -en palabras de su tío- pudo igualar la dote de su prima de 4,000 libras esterlinas, “guinea a guinea” [Wedgwood y Wedgwood 1980: 8].

Al haber comenzado a la edad de 14 años como aprendiz de su hermano Thomas, Josiah Wedgwood se convirtió en el ceramista más exitoso de Staffordshire. Josiah innovó, experimentó con nuevos procesos y materiales, organizó su producción en las líneas modernas, e introdujo diseños originales. Su fábrica en Etruria22 hizo que la cerámica Wedgwood se hiciera famosa en todo el mundo y se conformó como un negocio familiar. Sin embargo, los hijos de Josiah no se casaron con sus primos; sus hijos mayores, John y “Jos” se casaron con dos hermanas que eran hijas de un caballero rico y provinciano llamado Allen. En este caso no se lograba vislumbrar una ventaja financiera en particular para ninguna de las partes de estos matrimonios. Aunque una alianza con la alta burguesía del campo era un ascenso social para los Wedgwood, Josiah no estaba muy interesado en el prestigio social convencional; por lo que fue para él una grata noticia cuando su hija favorita, Susannah, contrajo matrimonio con Robert Darwin, el hijo de su mejor amigo, Erasmus Darwin, un médico, filósofo natural y poeta que no era particularmente un hombre rico, ni de negocios (ver figura 1).

Figura 1 

Robert Darwin era el gran amigo de su cuñado Jos Wedgwood, un hombre prometedor entre los jóvenes Wedgwood. Existía la idea de que el hijo mayor de Jos, otro Josiah Wedgwood conocido como Joe, debería casarse con la hija de Robert Darwin, Caroline. Aunque Joe no tenía prisa por casarse, cumplió con los deseos de su padre y su matrimonio con Caroline Darwin se celebró en 1837; Joe tenía 42 años y Caroline, 37. Obviamente, no parecían haber caído en el embrujo de una pasión desbordada, pero tampoco habían sido simplemente empujados por sus padres. Aun así, su matrimonio tenía un excelente sentido financiero. El Dr. Robert Darwin no solamente era un próspero fisiólogo, como su padre Erasmus, sino que también operaba como banquero privado y había dejado mucho dinero a Jos. Los dos hombres estaban involucrados en negocios conjuntos de canales y, después, vías de ferrocarril, y Robert Darwin aconsejaba a Jos en casi todos sus arreglos financieros, incluidos aquellos al interior de la familia. Como Joe era un sucesor potencial de los trabajos de cerámica etrusca, su matrimonio con Caroline Darwin ayudó a asegurar que deudas y obligaciones importantes permanecieran dentro de la familia.

Jos estaba igualmente encantado cuando, dos años más tarde, su hija Emma reforzó la alianza con la familia de Robert Darwin al casarse con Charles Darwin. Charles había sido siempre el favorito de su tío. Cuando anunciaron el compromiso, Jos escribió maravillado a Robert Darwin: “No me habría separado de Emma por alguien más de quien pronto y enteramente me sentiré como su padre, y estoy feliz al creer que Charles se ocupa de los sentimientos más amables de su tío-padre”. Y ahora él y su amigo se retiraban. “Recientemente tú renunciaste a una hija -ahora es mi turno” [Litchfield 1915: 3].

No obstante, los intereses del negocio de ambos padres eran secundarios en este matrimonio. Charles no tenía intenciones de tomar las actividades bancarias de Robert Darwin y Emma no estaba involucrada en el negocio de la cerámica. Y el hecho de que Emma se casara con su primo no hacía ninguna diferencia para establecer el matrimonio. Jos dio provisiones similares para todos sus hijos casados, los que se casaron con primos y los que no.

Otros dos hijos de Jos, Henry y Hensleigh, también se casaron con primas hermanas (ver figura 2). Ambos matrimonios entre primos representaban riesgos financieros por lo que tuvieron que enfrentar la reticencia por parte de los prudentes padres. John Wedgwood había sido el socio de Jos en la cerámica, pero era un hombre de negocios desahuciado y Jos necesitaba deshacerse de él. John incursionó después en el mundo bancario, pero fracasó y tuvo que ser rescatado por Jos. En consecuencia, Jos no fue favorecido cuando Henry, el menos prometedor de sus hijos, se casó con la hija de John, Jessie Wedgwood. Otro de sus hijos, Hensleigh, se enamoró de la hija de la hermana de su madre, Fanny Mackintosh, cuyo padre pensaba -como de hecho ocurría- que la situación de Hensleigh era pobre y se opuso al matrimonio durante años, antes de que finalmente cediera y lo ayudara a conseguir un puesto en el servicio civil.

Figura 2 

Los padres generalmente ponían una especial atención en las consideraciones financieras relacionadas con los matrimonios de sus hijos, pero esto no era una razón necesaria para promover el matrimonio entre primos tan evidente en el clan Darwin-Wedgwood. Tampoco era una razón suficiente. De cualquier forma, los padres no siempre tenían la última palabra en cuanto a los matrimonios. Las madres y las hermanas también estaban muy involucradas en las negociaciones de cortejo, pero no tan preocupadas por los negocios familiares. Jos Wedgwood y su hermano John se casaron con dos hermanas Allen. La relación entre los hermanos se enfrió por el fracaso de John en los negocios, pero las hermanas se mantuvieron unidas. Cuando el hijo de Jos, Henry, deseaba casarse con la hija de John, Jessie, Jos se resistió; sin embargo, las dos madres, que eran por supuesto hermanas, estuvieron a favor de la unión. El hijo más joven de Jos, Hensleigh, se casó con la hija de la tercera hermana Allen y su tía lo apoyó, pese a que su esposo se oponía.

Las causas de esta predilección por los matrimonios entre parientes son difíciles de desentrañar, pero entre los factores más relevantes está el ascenso de una nueva forma de familia de negocios y la estructura emocional de las nuevas familias burguesas. Las consecuencias estructurales de estos matrimonios son otro asunto. El matrimonio entre primos y el intercambio de hermanas reforzaba estas redes sociales, políticas y económicas que ocuparon el primer plano en la Inglaterra victoriana y que proveyeron al país de una nueva élite.

XII

A finales del siglo XX, la teoría del parentesco había pasado de moda dentro de la antropología y la mayoría de la gente inglesa había ya olvidado que sus abuelos o bisabuelos encontraban al matrimonio entre primos como una práctica perfectamente respetable. A pesar de ello, en ese momento, los debates de la década de 1870 adquirieron una nueva importancia. Médicos investigadores identificaron una gran cantidad de desórdenes en neonatos de familias inmigrantes de Pakistán a Gran Bretaña. ¿Esto supuestamente está conectado con la preferencia por el matrimonio entre primos?

La perspectiva general entre estos genetistas, actualmente, es que el riesgo de tener defectos de nacimiento o de presentar mortalidad infantil es casi el doble para los hijos de primos hermanos. Esto no significa un nivel alto de riesgo. Los genetistas Alan H. Bittles y E. Makov concluyeron que “los riesgos para la descendencia de uniones consanguíneas están generalmente dentro de los límites aceptados. Respecto a la progenie de primos hermanos, debemos aceptar también que parecen estar muy cerca de los niveles calculados por [George] Darwin en 1875” [1988: 164]. Un estudio de los efectos del matrimonio entre primos de familias pakistaníes en Noruega, confirmó que los riesgos eran bastante bajos [Stoltenberg, Magnus, Lie, Daltviet e Irgens 1998]. Sin embargo, algunos estudios son menos alentadores. Los autores de una encuesta prospectiva reciente de las familias pakistaníes en Birmingham sugiere que si ellos “cesaran de casarse con parientes, la mortalidad y morbilidad entre sus hijos disminuiría un 60 por ciento” [Bundey y Alam 1993: 216].

George Darwin estaría interesado en descubrir que la evidencia médica no es, de ninguna forma, concluyente y que haríamos bien en sospechar que este debate no solamente se relaciona con los riesgos a la salud -aun cuando esta información sí ha ayudado a sostener un argumento mayor contra la inmigración. El matrimonio con la hija del hermano del padre es considerado como un rasgo característico de la cultura islámica y ha sido identificado como la principal causa, no sólo de la saturación del servicio médico, sino también de la resistencia a la integración y el estancamiento cultural. Se le asocia también con el patriarcado, el maltrato a las mujeres y los matrimonios forzados.

La etnografía realista es el mejor antídoto para librar este tipo de retórica. En Pakistán y en la diáspora pakistaní, comúnmente se expresa la preferencia por el matrimonio entre parientes de la familia extensa; también llamado biradari. Es bastante frecuente que los parientes cercanos se casen en casi todas las regiones de Pakistán y que cada quien lo haga por una variedad de razones coherentes y no sólo porque la ideología les dicta que deben hacerlo [Donnan 1988].

De forma un tanto inesperada, la tasa de matrimonio entre primos entre los inmigrantes pakistaníes a Gran Bretaña es más alta que en el ámbito rural de Pakistán y la tasa de matrimonio entre primos es particularmente alta entre los jóvenes pakistaníes británicos; alrededor de un tercio de los matrimonios de la generación inmigrante fueron entre primos hermanos, pero más de la mitad de los matrimonios en la generación nacida en Inglaterra tienen esta característica. Esto es una consecuencia de las regulaciones de inmigración británica [Ballard 1990; Charsley 2005; Shaw 2001]. Es muy difícil entrar a Gran Bretaña a menos que se contraiga matrimonio con un ciudadano británico. En la mayoría de los matrimonios entre primos, uno de ellos es inmigrante de Pakistán a Gran Bretaña. Alison Shaw encontró que 90% de los matrimonios entre primos hermanos, en su muestra de pakistaníes británicos en Oxford, involucraba a un cónyuge que venía directamente desde Pakistán [2001: 327]. Muchas veces hay deudas pendientes con los miembros de la familia en casa, quienes ayudaron a financiar la migración, y como Roger Ballard señala, si una familia de base británica rechaza una oferta de matrimonio de parientes en Pakistán, “es probable que sea juzgada por haberse convertido en inglesa y haber olvidado sus deberes fundamentales con sus parientes” [1987: 27]. Pero los sentimientos también importan y, una vez más, particularmente entre las consideraciones femeninas. Como Shaw y Charsley señalan:

[Un] padre que organiza el matrimonio de su hijo o hija con los hijos de su hermano podría describir esto como parte de la reciprocidad del parentesco porque él ha enviado antes dinero para ayudar a su hermano en sus negocios. Por su parte, una madre enfatizaría que la unión podría fortalecer los vínculos emocionales, debilitados por dos décadas de estar separadas, con una querida hermana, la esposa del hermano de su marido [2006: 418-419].

En mi caso, yo siento una especial afinidad con estas personas. Mis antecedentes son judíos del Báltico y mis ancestros emigraron de Lituania a Sudáfrica a finales del siglo XIX. Los padres de mi padre eran primos hermanos. Mi bisabuelo llegó a Sudáfrica con cinco de sus hermanos y una hermana. Su hijo se casó con la hija de uno de esos hermanos. Los padres de mi madre eran también primos hermanos. Creo que una vez que mi abuelo se logró asentar, regresó a casa para buscar una esposa y fue entonces, probablemente, que se inclinó por su prima.

Hace mucho tiempo, los emigrantes británicos se comportaban de la misma manera. Durante la primera mitad del siglo XIX, 20 por ciento de los matrimonios de los migrantes protestantes irlandeses del norte al Oeste Medio, eran entre primos hermanos [Reid 1988]. Los escoceses de las tierras altas que migraban a Nueva Zelanda eran sorprendentemente también endogámicos. Lo que Maureen Molloy llama “endogamia del grupo de parentesco” alcanzó 70% en algunas regiones y, remarca, “es muy común encontrar tres hermanos casándose con dos primas hermanas y una tercera prima o prima del primo” [1986: 232].

Los escoceses en el extranjero, los aldeanos bereber, y los migrantes pakistaníes y judíos europeos del Este, los aristócratas tswana y las élites victorianas, se casan con sus primos por diferentes razones, pero hay, claramente, tendencias comunes en las estrategias de matrimonio para todos estos casos. No obstante, el análisis de las opciones de matrimonio no es suficiente. Las preferencias matrimoniales tienen consecuencias estructurales. No es lo más seguro, ni una buena idea, analizar estas preferencias en el nivel de una sociedad total porque los matrimonios están casi siempre limitados por clase o estatus minoritarios y por fronteras políticas que casi nunca coinciden con las barreras que existen para conformar matrimonios internos. Las implicaciones estructurales del matrimonio entre primos se vuelven evidentes en una escala menor; esto es, al nivel de la red social. El matrimonio interno sistemático puede garantizar la confianza de la que dependen las complejas relaciones financieras o puede promover patrocinios. Pero no hay duda de que existen otras recompensas. Con regularidad, otro tipo de afinidad, una afinidad de valores, de situación social, apuntala al matrimonio interno. En cualquier caso, las familias que pueden contar con alianzas fuertes de este tipo, disfrutan de una ventaja competitiva poderosa.

XIII

Tres reflexiones finales aparecen en orden. La primera de todas es que debemos incluirnos a nosotros mismos en nuestras comparaciones y en el uso de los mismos términos. A veces Darwin se replegaba de esta responsabilidad. En 1862, le escribió a un simpatizante, Charles Kingsley:

Ésta es una pregunta grande y casi terrible sobre la genealogía del hombre… No es tan horrible ni difícil para mí… en parte porque estoy familiarizado y en parte porque, creo, he visto a varios buenos bárbaros. Declaro que la idea que tuve, cuando por primera vez pude ver en Tierra del Fuego a un salvaje desnudo, pintado, estremecedor y horrible, de que mis ancestros fueron de alguna forma seres similares, era en ese tiempo tan repugnante para mí como es repugnante mi creencia actual de que un ancestro incomparablemente más remoto era una bestia peluda. Los monos tienen, absolutamente, un buen corazón, al menos en ocasiones [Burkhardt, Harvey y Porter 1997: 71].

Y, de todos modos, el salvaje anónimo -“desnudo, pintado y estremecedor”- era a veces eclipsado en su pensamiento por su amigo Jemmy Button, a quien había visto pasar, tan fácilmente, de ida y vuelta, entre el estado civilizado al salvajismo. En El Origen del Hombre, Darwin escribió: “Estaba incesantemente atascado, mientras vivía con los fueguinos a bordo del ‘Beagle’, con los muchos y pequeños rasgos del carácter, demostrando cuán similares son sus mentes a las nuestras” [1871: 232]. 23

La segunda reflexión es que deberíamos prestar más atención a los encuentros banales y a los hábitos de la existencia cotidiana que damos por hecho, donde podemos ver que todos somos parecidos. Fue cuando Darwin acudió a su experiencia personal que logró descubrir más similitudes que diferencias. Esto fue, por supuesto, el mantra de Malinowski en el que descansa la tradición etnográfica de la antropología social. Malinowski nunca impartió una Conferencia Huxley, pero le daré la última palabra en la mía. En una nota de un libro de texto que nunca completó, Malinowski subrayó que cuando incursionó en la antropología, había un énfasis por estudiar las diferencias entre las personas. “Reconocí su estudio como algo importante, pero pensé que las similitudes subyacentes, generalmente omitidas, eran de mayor importancia. Todavía creo que lo fundamental es más importante que lo monstruoso” [citado en Young 2004: 76].

Esto sugiere, en tercer lugar, que cuando hacemos comparaciones debemos prestar más atención a las prácticas que a las concepciones o símbolos. Malinowski [1913] señaló que, a pesar de su teoría de la paternidad espiritual, los australianos de hecho viven en residencias domésticas y los padres son figuras importantes en las familias. Si solamente nos concentramos en los símbolos, perderemos la mirada de la acción social y podremos dudar, por instantes, de que las familias crecen por todos lados, que los parientes se distinguen de los no parientes, que son tratados de maneras diferentes, y que las opciones de matrimonio son vistas, en muchas sociedades, como las decisiones más importantes en la vida; ciertamente, tan importantes que no pueden dejarse en manos de cualquier individuo solo.

Sería un desastre si los antropólogos encontraran que no tienen ya nada más que decir sobre temas que son esenciales para la mayoría de las personas entre las que vivimos, nada qué decir sobre nuestros recientes ancestros y, tal vez, sobre nosotros mismos.

Nota Final

El doctor Adam Kuper agradece a sus amigos los comentarios expresados sobre el borrador de esta conferencia: Stanley Cohen, Edouard Conte, Lester Hiatt, Jytte Klausen, Ruth McLoughlin y Alison Shaw.

Este artículo es la version en español de: Changing the Subject - About Cousin Marriage, among Other Things, publicado originalmente en The Journal of the Royal Anthropological Institute, 14 (4): 717-735.

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1La traducción de este artículo estuvo a cargo de Blanca Cárdenas Carrión (Posgrado en Filosofía de la Ciencia, UNAM).

2N. del T. El Real Instituto Antropológico (Royal Anthropological Institute -RAI) en Inglaterra, organiza, desde el año de 1900, una conferencia anual dedicada a conmemorar la obra del profesor y naturalista Thomas Henry Huxley (1825-1895). Dicha conferencia se presenta durante una reunión celebrada en el Instituto e incluye la entrega de una medalla a investigadores destacados y eméritos. En el año de 2007, Adam Kuper fue galardonado con la Medalla Huxley, en memoria de este pensador, y estuvo a cargo de la conferencia [RAI 2009].

3Proyecto de investigación sobre la correspondencia de Darwin, Biblioteca de la Universidad de Cambridge, Carta 203: Darwin Charles a Darwin Caroline., del 30 de marzo al 12 de abril de 1833. N. del T. Se utilizó una traducción disponible en Darwin [2014].

4 Nick Hazelwood [2000] ofrece una buena explicación sobre el encuentro entre Darwin y los fueguinos. Para un análisis sugerente sobre la imaginación que Darwin plasmó en sus descripciones de los fueguinos [véase Beer 1996].

5N. del T. Walthamstow es un distrito principal que se encuentra ubicado al noreste de Londres.

6N. del T. Aquí Darwin hace alusión a la célebre frase de William Shakespeare en la obra Hamlet: “Ser o no ser, ésa es la cuestión”.

7N. del T. Cursivas del autor.

8N. del T. QED es un acrónimo que significa “queda entonces demostrado” o “como se quería demostrar”.

9N. del T. Tras la muerte de su padre en 1848, la salud de Darwin comenzó un proceso de deterioro notable, con ansiedad, vómitos, flatulencias, mareos y manchas en los globos oculares [Desmond, Moore y Browne 2008: 66]. “Hubo quizá a lo largo de la vida de Darwin una fascinación por la endogamia y la exogamia más complicada de lo que a simple vista podía parecer. Casado con una prima hermana, y descendientes ambos de una línea con una cuota evidente de anomalías físicas o mentales, temía ser portador de una fragilidad, tan evidente en su mala salud crónica” [Desmond, Moore y Browne 2008: 112].

10En la versión revisada, publicada en 1875, Darwin desechó el calificativo “altamente” antes de “perjudicial” [C. Darwin 1875: 126].

11N. del T. Tras la muerte de su hija Anne en 1851, Darwin se convenció de que era urgente estudiar las implicaciones socioevolutivas del matrimonio entre primos. El censo nacional de 1871 era una gran oportunidad [Desmond, Moore y Browne 2008: 112].

12N. del T. Las oficinas del Parlamento británico en Inglaterra se encuentran distribuidas en varios edificios conocidos como Casas o Cámaras de los Comunes y de los Lores.

13Proyecto de investigación sobre la correspondencia de George. Darwin a Francis Darwin, 6 de febrero de 1874.

14Debates parlamentarios de Hansard (Hansard ́s Parliamentary Debates) 33/34 (1870), 1009.

15N. del T. Darwin ejemplifica esto, específicamente con deerhounds o lebreles escoceses que son perros de raza grande, tradicionalmente empleados para la caza colectiva en Escocia.

16El informante de Morgan sobre los tamil, el reverendo Ezekiel Scudder, señaló que se empleaba el mismo término para referir al tío y al padre del esposo, y sugirió que esto era apropiado porque se espera que una persona “se case con la hija o el hijo de su tío y, así las dos relaciones se combinan en una” [Trautmann 1987: 242-243].

17N. del T. Grupo étnico localizado en Sri Lanka.

18Consejo de Investigación Médica (Medical Research Council), reporte (Londres, 1935/6) 139-140; (1936/7) 157-158; (1938/9) 81. Hacia la mitad del siglo XX, estas uniones con- formaban sólo 0.004% de los matrimonios en una muestra tomada de la clase media en Londres [Firth, Hubert y Forge 1970: 191-193].

19Radcliffe-Brown desarrolló el análisis en una serie de artículos, culminando con su obra La organización social de las tribus australianas [1931].

20Radcliffe-Brown desarrolló el análisis en una serie de artículos, culminando con su obra La organización social de las tribus australianas [1931].

21N. del T. Desde 1948, la BBC de Londres transmite por radio una conferencia anual en memoria de Lord Reith.

22N. del T. Etruria es una región que se encuentra ubicada al centro y occidente de Italia, también conocida como Tirrenia.

23N. del T. La publicación de El Origen del Hombre en 1871, marcó el clímax del darwinismo, aunque otros autores ya habían presentado, una década antes, trabajos sobre la evolución de la especie y civilización: Huxley, Wallace, Karl Vogt, Haeckel, Galton, Lubbock, Edward Tylor, W.R. Greg y Walter Bagehot. “Gran parte de la obra de estos autores —que reforzaba convencionales prejuicios raciales, nacionales y sexuales— fue incorporada a El Origen del Hombre. Darwin amplió también los temas de su cuaderno sobre el origen natural de la moralidad, la creencia religiosa y la sociedad a partir de los instintos animales y las supersticiones de los salvajes” [Desmond, Moore y Browne 2008: 102].

Recebido: 10 de Maio de 2019; Aceito: 26 de Maio de 2019

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