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Cuicuilco. Revista de ciencias antropológicas

versión On-line ISSN 2448-8488versión impresa ISSN 2448-9018

Cuicuilco. Rev. cienc. antropol. vol.25 no.73 Ciudad de México sep./dic. 2018

 

Misceláneos

El registro toponímico en la Mixteca Baja: el caso de los glifos de lugar de estilo ñuiñe

The toponymical register in the Mixteca Baja: The case of the glyphs of the ñuiñe style

Laura Rodríguez Cano* 

*ENAH-INAH. laurarcano@hotmail.com

Resumen

Los topónimos son una forma de nombrar a un territorio. Su registro glífico en las inscripciones del Clásico Tardío, correspondientes a la tradición ñuiñe en el noroeste de Oaxaca, son una muestra importante para conocer el sistema de escritura de la Mixteca Baja. En este artículo se presenta una revisión de los métodos de estudio de los sistemas de escritura, y en particular, de la toponimia en Oaxaca, así como la utilidad de las herramientas epigráficas, iconográficas y etnohistóricas, que condujeron a reflexionar sobre algunas implicaciones que se han encontrado en el estudio, análisis y comprensión de estos registros pétreos a lo largo del tiempo en una misma región.

Palabras clave: Toponimia; Mixteca Baja; ñuiñe; códices; glifos

Abstract

Place names are a way of naming a territory. The glyphic records of the Late Classic inscriptions, corresponding to the ñuiñe tradition in the northwest region of Oaxaca, are an important sample with regard to the knowledge of the writing system of the Mixteca Baja region. This article presents a review of the study methods used regarding the local writing systems, and in particular, of toponymy in Oaxaca, as well as the practicality of the epigraphic, iconographic and ethno historical tools that led to a reflection on some of the implications unearthed in the study, analysis and understanding of these.

Keywords: Toponymy; Mixteca Baja; ñuiñe; codices; glyphs

1) De toponomia y topónimos

El título de este apartado hace alusión a una de las obras más importantes escritas sobre los nombres de lugar [Guzmán 1987]. En ella, la toponimia se define como el estudio que proporciona un acercamiento a todo espacio construido históricamente, ya que los topónimos no sólo nombran asentamientos humanos, sino también cualquier lugar dentro del espacio geográfico que nos interesa estudiar. Los topónimos son creados por los habitantes de una región para identificar ciertos puntos importantes para ellos, y en su conformación, han tenido un desarrollo histórico que refleja la presencia de grupos originarios y la posterior ocupación de otros que impusieron nuevos nombres o adaptaron ambos.

Los topónimos están conformados por elementos gramaticales específicos de la lengua o las lenguas en que se registraron, y tienen su origen en diversos factores como, por ejemplo, los relacionados con el medio ambiente y la geografía, donde podemos incluir orográficos, hidrológicos, zoológicos, botánicos, o bien, los que reflejan asociación con la cosmovisión del grupo que los establece; entre estos últimos podrían considerarse aspectos religiosos, deidades o hechos mitológicos, fiestas, rituales, fundaciones, conquistas, guerras, personajes históricos, construcciones, grupo étnico, etcétera. En otros casos también se utilizan nombres de lugares que existen ya en otras regiones. De tal manera que estas consideraciones se han incluido en el estudio de los topónimos de la Mixteca Baja.

Por tanto, aquí se presentan los aspectos metodológicos a seguir para el análisis de los topónimos en inscripciones del periodo Clásico Tardío (400 a 900 d.C.) de esta región, el cual nos proporciona elementos importantes acerca de la propia naturaleza del sistema de escritura empleado.

2) estudios de toponimia en Oaxaca

Dentro de los antecedentes sobre el tema de estudio se destacan los aspectos metodológicos realizados a diversos corpus toponímicos en Oaxaca para conocer los caminos que permitieron su análisis. Entre ellos se encuentran los que han considerado los cambios que pueden haber sufrido los topónimos al pasar a la lengua náhuatl, ya que en muchos casos se transformaron y, otros más, fueron el resultado de traducciones literales, además, se considera la presencia de nuevos topónimos originados durante el periodo colonial, así como las composiciones híbridas relativamente recientes entre el español y el náhuatl para renombrar lugares ya existentes o nombrar nuevos asentamientos [Zúñiga 1982; Alavez 1988, 2006]. Estas consideraciones en los estudios toponímicos dan una visión de conjunto de cómo fue cambiando la región y los problemas para localizar los lugares en cuestión.

Por otra parte, se ha mostrado que el estudio de la toponimia de la Mixteca Alta debe conjuntar tanto los datos etnohistóricos como los arqueológicos, que permiten localizar los nombres de lugar de los asentamientos mencionados en los códices y las relaciones de espacio y jerarquía entre ellos, los cuales van de acuerdo a las distancias, tamaños y cosmovisión mixteca del espacio, ya que la ubicación de los pueblos tenía un orden relacionado con la estructura del cosmos [Byland y Pohl 1990]. Los resultados son muy sugerentes para aplicar su propuesta en el estudio de la toponimia y espacio político en la Mixteca Baja.

Otras investigaciones sobre toponimia se han realizado en los Valles Centrales, la Mixteca de la Costa y la Mixteca Alta. Como ejemplos, podemos mencionar los intentos de identificar los glifos de lugar en piedra de las lápidas del Edificio J de Monte Albán realizados por Joyce Marcus [1992], cuya hipótesis es la de considerar un dominio expansionista de Monte Albán fuera de los Valles Centrales, mientras que Gordon Whittaker [1992] sigue la idea contraria al proponer que los topónimos se refieren a lugares localizados en los alrededores de Monte Albán.

También debemos destacar, por su metodología sistemática, los trabajos de Alfonso Caso, Mary Elizabeth Smith, Maarten Jansen y Manuel Hermann. Mediante un proyecto de sistematización de signos en los códices mixtecos, Alfonso Caso logró la identificación de personajes y topónimos, y estableció las relaciones genealógicas entre los linajes gobernantes y los señoríos mixtecos [Caso 1928; 1947; 1977 (1992)]. Smith [1973], por su parte, se interesó en entender las convenciones de los nombres de lugar mixtecos representados en documentos coloniales de la región de la Mixteca de la Costa y los comparó con algunos ejemplos de lienzos de la Mixteca Baja y de los Valles Centrales. Mientras que Jansen [1982; 1990], con una postura histórica y fonética, sustenta la idea de que la lengua mixteca está codificada en los topónimos plasmada en los códices, y que son el escenario histórico donde se desenvolvieron los personajes mixtecos. En sus trabajos, Hermann [1994, 2015] compara distintos códices -Selden, Yanhuitlán, Muro, entre otros- para identificar los glifos toponímicos en el Valle de Nochixtlán.

Con respecto a la Mixteca Baja, los registros toponímicos más tempranos pertenecen al estilo ñuiñe, llamado así por John Paddock [1966], el cual se conforma por un conjunto de rasgos culturales localizados en Tierra Caliente (ñuiñe en mixteco) o Mixteca Baja. Una de las características que Paddock estableció fue la existencia de un sistema de escritura cuyas convenciones glíficas aparecen abundantemente representadas en sillares colocados en estructuras públicas o, bien, en lápidas de contextos funerarios [Paddock 1966; cf.Moser 1975, 1977; Rodríguez 1996]. También hay algunos ejemplos en cerámica y en pintura mural como los reportados por Carlos Rincón [1995] en Tepelmeme de Morelos, Oaxaca, que tienen signos y convenciones comunes con el sistema de escritura ñuiñe. Este estilo es contemporáneo a la fase Monte Albán IIIb-IV en los Valles Centrales de Oaxaca, lo que se establece por la semejanza formal de los signos que se emplean en ambos corpus de inscripciones, como la “T” invertida para representar los topónimos, convención utilizada muy antiguamente en estas regiones de Oaxaca (figura 3). El estudio realizado a la toponimia de este corpus por Moser [1975, 1977] tiene argumentos endebles para sostener la identificación de topónimos y la idea de lugares conquistados en las inscripciones ñuiñes; este autor detectó sólo 11 veces la presencia del glifo de lugar, aunque se percató de que la forma de representarlo variaba y se enfrentó al problema de su identificación.

Fig. 1 Mapa de localización de la Mixteca Baja [Rodríguez 2016]. 

Fig. 2 Mapa de la extensión del estilo ñuiñe [Rodríguez 2016].  

Fig. 3 Lámina del corpus de topónimos de estilo ñuiñe [Rodríguez 1998]. 

Ahora, como resultado del proyecto de Geografía histórica de la Mixteca Baja: toponimia y espacio político del siglo VIII al XVIII adscrito a la ENAH, se cuenta con más evidencias que han permitido una sistematización de un amplio corpus toponímico y su asociación de formas glíficas con registros alfabéticos e identificación en la geografía actual, se ha sistematizado el análisis y se ha detectado la forma de asociación de los glifos con el de lugar y se han establecido las convenciones utilizadas por los escribas para denotar los nombres de lugar [Rodríguez 2015, 2016].

Todas estas investigaciones muestran, además de los caminos posibles para estudiar los topónimos, los problemas que presenta la identificación de nombres de lugar. Una conclusión que se puede extraer, es que para analizar e identificar los nombres de lugar de una región es necesario tener un corpus considerable, conocer la lengua en que están codificados y el apoyo cuidadoso de fuentes coloniales que registren tanto las convenciones mesoamericanas como las glosas en lengua indígena o español que pueden ayudar a encontrar claves para su desciframiento.

3) La región y el corpus de estudio

La Mixteca Baja forma parte de una de las subregiones de la Mixteca, denominada así por criterios geográficos, principalmente; está conformada por una serie de accidentes orográficos y valles. Se sitúa al noroeste del estado de Oaxaca y abarca tres distritos: Huajuapan de León, Silacayoapan y Juxtlahuaca, pero sus límites rebasan la división política de Oaxaca y se extienden hacia el suroeste de Puebla y el noroeste del estado de Guerrero (figura 1).

El área de interés para este estudio es aquella cuyos límites están marcados por la presencia de registros epigráficos de estilo ñuiñe; estos son: al norte, Huehuetlán el Chico, en Puebla, y Santiago Chazumba en Oaxaca; al sur, Santiago Juxtlahuaca, Oaxaca; al oeste, Ixcamilpa de Guerrero en Puebla; y, posiblemente, hasta Tequicuilco en Guerrero; y al este, se extiende hasta la sierra Mazateca, Tecomavaca y la región de Tepelmeme de Morelos en el estado de Oaxaca [Rodríguez 2016: 19-25]. Estas fronteras se han ampliado por nuevos hallazgos en la región de la Mixteca Baja, pero es el área que para los propósitos de nuestra investigación toponímica nos interesa circunscribir (figura 2), ya que es donde se halla el conjunto toponímico hasta ahora documentado.

De las inscripciones ñuiñe, se ha detectado que tan sólo en 21 de ellas está representado el glifo de lugar, el cual fue catalogado con la clave R30.1 Éstas fueron registradas en el sector noroeste del distrito de Huajuapan de León, ya que es ahí en donde más relieves se han encontrado, y donde curiosamente han aparecido todos los ejemplos con el glifo de lugar: en el pueblo de Tequixtepec (TEQ) 10, Cerro de la Caja (CAJ) 3, Cosoltepec (COS) 1, Chazumba (CHA) 1, Lunatitlán (LUN) 1, Ixitlán (IXI) 1, Cerro de las Minas (MIN) 1 y Huajuapan de León (HUA) 1; y los otros dos los reporta Urcid [1992; 2001] en las colecciones de los museos de Rautenstrauch-Joest de Colonia (MRJ) y Etnográfico de Frankfurt del Meno (MFM), ambos en Alemania.

Debido a la descontextualización de los monumentos, es difícil establecer su función en el sitio del que provienen. Esto, aunado a la falta de un mayor corpus, entorpece el desciframiento de los mensajes plasmados en los relieves y afecta al análisis de los topónimos representados. Sin embargo, existen evidencias que permiten definir, por lo menos, dos contextos en que dichos relieves pudieron encontrarse originalmente: uno de carácter público, en el que los sillares forman parte de estructuras monumentales y otro funerario, donde las lápidas son parte de ofrendas colocadas al interior de las tumbas [Paddock 1968, 1970; Montaño 1980; Winter 1991-92; Winter et al. 1989]. El estudio de ambos contextos puede ayudar a distinguir estructuras glíficas parecidas, de aquéllos de los que desconocemos su contexto original. Otro problema es la pérdida de los diseños debido a diversos factores; hasta el momento existen dos ejemplos en los que, por su deterioro, es difícil definir si la estructura glífica tiene o no representado el glifo del lugar.

Es importante estar conscientes de que estos factores implican desventajas en el proceso de decodificación y se debe, en lo posible, solventarlas. Por tanto, el desciframiento de los topónimos del Clásico Tardío se apoyó en los estudios existentes sobre los códices de la Mixteca, y aunque conforme se estudiaron, se fueron encontrando implicaciones propias y más detalladas de los espacios políticos, y con esto se pudo observar que sí podían referir a los topónimos consignados en los grabados ñuiñe.

4) Uso de la iconografía, la epigrafía y la etnohistoria

En el análisis del corpus toponímico se aplicó, por un lado, la metodología que Panofsky [1972] propuso; dicho método, primero, permite identificar las formas atendiendo al principio de disyunción que implica reconocer signos semejantes con significados distintos a lo largo del tiempo, o bien, signos diferentes con significados semejantes en distintos momentos. Segundo, permite establecer las relaciones que guarda cada glifo con la estructura general del mensaje. Esta fase ayuda a identificar los componentes a los que se asocia el glifo del lugar y que pueden funcionar como calificadores de la localidad registrada. Tercero, el método lleva a interpretar los patrones establecidos por el comportamiento de presencia-ausencia de glifos. Este nivel implica conocer el contexto social que les dio origen y el lenguaje en el que dichos glifos tuvieron significación.

Por otro lado, el análisis contempla consideraciones importantes señaladas por diversos autores como Kubler [1972], Ayala [1983], Urcid [2001] y Pohorilenko [1990], sobre todo para el segundo paso del método; reconocer las variantes dentro del sistema, las asociaciones, secuencias y relaciones de glifos que permitan comprender mejor las formas gráficas y su función dentro del mensaje, es decir, la evidencia intrínseca a partir de algunos principios de los sistemas de escritura logográficos como son: la simplificación, en la que no se representan todos los glifos que componen el topónimo, o bien, como la parte por el todo, donde se representa una parte característica del glifo; la yuxtaposición que refiere a los glifos que se sobreponen; el uso de complementos fonéticos, es decir, glifos distintos homófonos para esclarecer lecturas, entre otros. Paralelamente, se debe utilizar el método comparativo como herramienta para acercarnos al desciframiento de los signos que componen los topónimos.

Otros aspectos señalados por Urcid [2001] como herramientas claves para un desciframiento exitoso son: la abundancia de evidencias, la importancia del contexto original en que se colocaron los relieves y los aportes que arroja el conocimiento del lenguaje hablado por los grupos que los produjeron. Pero en el caso de las inscripciones ñuiñe resulta difícil seguirlos por las particularidades del material con que se trabaja, ya que la muestra de ejemplares con glifos de lugar es pequeña, ignoramos su contexto original y la lengua involucrada, dificultades que no se encuentran con los diversos topónimos coloniales de los códices que registran la lengua mixteca y tienen glosas que pueden ayudar a su desciframiento. De tal manera que con ello se distinguen dos componentes de análisis que conforman a los topónimos: por un lado, los glifos que denotan un espacio; y por el otro, los glifos que califican o determinan el nombre de ese lugar.

5) El glifo de lugar o base locativa

El elemento central del análisis es el glifo indicativo de topónimos del periodo Clásico Tardío en la Mixteca Baja que se encuentra en la temática de los 21 ejemplares estudiados. El glifo R30 es una plataforma escalonada que puede tener pequeños apéndices o volutas a los lados, aunque aún no se tiene una interpretación confiable sobre su función, pero se han considerado como decoración de la plataforma escalonada; cabe señalar que este elemento es muy similar al de algunas representaciones en inscripciones zapotecas de Monte Albán del mismo periodo [Caso 1928], por ello estilísticamente se han fechado los registros toponímicos de estilo ñuiñe en el Clásico Tardío [Caso 1947]. Este glifo de lugar ha sido identificado como marcador de un espacio geográfico, y a pesar de que a lo largo del tiempo ha sufrido cambios, su forma básica nunca ha dejado de representar a un cerro.2 Hasta el momento, dentro del estilo ñuiñe, sólo se ha podido identificar el glifo que parece indicar un cerro o una población.

En cambio, en las representaciones conocidas de los códices mixtecos hay otros glifos de lugar que no sólo son cerros, sino también ríos, llanos y construcciones, que responden a palabras del idioma mixteco como: yucu (cerro), yuta (río), yodzo (llano) y ñuhu o ñu (tierra o pueblo) [Alvarado 1593 (1962); Smith 1973; Hermann 1994] (figura 4). Estas bases locativas se continúan hasta la Colonia, aunque también se introducen innovaciones que especifican otros lugares del paisaje como manantiales, barrancas, lomas, milpas, cuevas, peñas [Smith 1973; Rodríguez 2016].

Fig. 4 Glifos de lugar en las inscripciones ñuiñe y códices mixtecos. a), b) y c) variantes del glifo R30 en el sistema ñuiñe; d) comparación con plataforma de T invertida en los Valles Centrales; e) glifo mixteco de cerro, YUCU; f) glifo mixteco de llano, YODZO; g) glifo mixteco de río, YUTA; h) glifo mixteco de pueblo o tierra, ÑU, ÑUHU [Rodríguez 1998]. 

6) Elementos calificadores y patrones sígnicos

Estos glifos, que pueden estar arriba, abajo, yuxtapuestos, o a un lado de las bases locativas, corresponden a alguna palabra de la lengua mixteca, y refieren a elementos de la naturaleza o del mundo cultural de la región, así como a acciones, colores o cualidades y su función es la de calificar o determinar al lugar.

Debido a que los topónimos en glosas en lengua mixteca se componen, de izquierda a derecha, de una base locativa más uno o varios elementos calificadores, en el caso de los glifos observamos que el registro lleva una base locativa (R30) y en su entorno lleva los elementos calificadores, siendo la composición más frecuente de abajo hacia arriba.

El análisis formal de las inscripciones con el glifo R30 mostró variaciones en su representación interior y se agruparon como sigue (figura 5):

Fig. 5 Composición y estructura del glifo R30 y su asociación con otros signos que se compartan como elementos calificadores externos e internos [Rodríguez 1998]. 

  • a) Los que muestran la silueta del cerro con la plataforma en forma de “T” invertida como en CHA.2a, COS.1b, MFR.7776, TEQ.17a y TEQ.32a; en ocasiones este grupo tiene en su interior uno o varios glifos catalogados como R1, R2, R31, R36, R44, R45, R48 y R52. Las posibles combinaciones hasta ahora registradas son: R1 solo o con R2 en CAJ.2b, MIN.4, MRJ.1, TEQ.27c, y quizá LUN.1; ambos glifos aparecen con R45 en la MFM.1, y solo R2 con R44 en TEQ.14; por otro lado, los glifos R5, R36, R44 y R52 están asociados en IXI.1 (es importante señalar que R52 podría tratarse de parte de la nariguera del R5, aunque se consideró como elemento distinto ya que en el corpus aparece de manera independiente en otros contextos); R31 en CAJ.1 y, por último, R48 en TEQ.13.

  • b) Los que en su interior tienen líneas transversales paralelas, como CAJ.7, TEQ.4 y TEQ.19, semejantes a las que aparecen en Monte Albán en la fase IIIb-IV y en las que se ha propuesto que son parte de la composición de la plataforma escalonada [Caso 1928, 1947].

  • c) Los que dentro tienen líneas como escalera y a veces a los lados una cruz, como HUA.1, TEQ.1 y TEQ.5, que podrían representar una pirámide escalonada. Moser propuso que el glifo del lugar que tiene escaleras indicaba Ñuundiyo, “pueblo de escalera”. Su argumento se basa en que así llamaban los mixtecos a Cholula durante el Postclásico. Por esto, dice que los ejemplos ñuiñe con escalera pueden llevar ese mismo nombre [Moser 1977: 175-176], con respecto a lo anterior, hay concordancia con este autor, en que esta forma de la plataforma es un templo, mas no necesariamente que refiera a Cholula.

Con base en lo anterior se puede considerar que el glifo R30 indica “lugar” y las variaciones anteriores nos pueden llevar a suponer que hay distintas formas de emplearlo dentro del sistema de escritura ñuiñe:

- Como marcador de un lugar que no indica asentamiento humano, que correspondería al primer grupo definido (a) y su nombre está determinado por otros glifos internos que se asocian al R30. Casos semejantes son algunos topónimos zapotecas de Monte Albán; por ejemplo, el glifo R48 en TEQ.13 es similar al de la lápida 7 del Edificio J, sólo que aquí el elemento trilobulado se sustituye por dos círculos y un óvalo.

Sobre los glifos de lugar en los relieves CAJ.1, TEQ.13 y TEQ.14, Moser dice que llevan glifos específicos y también los compara con los de las lápidas del Edificio J de Monte Albán. En especial, del topónimo que aparece en TEQ.14, menciona que la voluta está indicando conquista [cf. Moser 1975, 1977]. Sin embargo, no hay suficientes argumentos para pensar que la voluta equivalga a la flecha clavada en el cerro, convención que se utilizaba en los códices mixtecos para denotarla; dicha voluta sólo está sobre la plataforma escalonada y no hay nada que haga pensar que está clavada en ella, ni tampoco parece que se trate de un signo del fuego, como el que está en el Códice Mendocino para señalar conquistas mexicas. Más bien la voluta parece formar parte del calificador al que se refiere el topónimo. En el caso del relieve TEQ.17a, Moser [1975, 1977] supone que el nombre del lugar se puede encontrar en la otra cara, TEQ.17b; en mi opinión los glifos de esta cara “b” son la fecha “Tres Mono” del calendario de 260 días, y no funcionan como denominativo del glifo de lugar que aparece en la cara “a”, y que éste, en cambio, sí está asociado a un felino.

- Como marcador de un lugar construido y transformado por el hombre. Es el caso de los ejemplos con líneas o escaleras (b y c). Existen dudas de si su función es indicar una construcción, lo que marcaría una diferencia jerárquica entre un espacio natural y uno construido. Algo similar ocurre en los códices mixtecos donde hay localidades como Tilantongo, que se representa con un templo de grecas negras, y otros sitios en que está el glifo de lugar indicado por un monte, y arriba o en su interior, el calificativo que lo determina [véanse ejemplos en el Códice Nuttall 1992: 68-II; cf. Anders et al. 1992b; Vindobonensis 1992: 44; cf.Anders et al. 1992a].

Las variantes anteriores son formas comunes en la construcción de topónimos en otras partes de Mesoamérica, sin embargo, el análisis del R30 se vuelve más complejo en aquéllos que presentan también en el exterior elementos calificadores. Así, los elementos calificadores se encuentran:

- Sobre el glifo de lugar, como en el caso de TEQ32a, similar a los de las lápidas de conquista del Edificio J de Monte Albán.

- Dentro, o bien, los glifos del interior y del exterior, influyen para dar nombre, como en TEQ.27b, o como sucede en algunos topónimos en los códices mixtecos, aunque estos glifos no siempre forman parte del nombre, sino que son signos que aparecen relacionados con el glifo de lugar, y marcan algo que sucede sobre él como matrimonios, ofrendas o nacimientos, entre otros acontecimientos, y aparentemente no se especifica el nombre del sitio.

Al respecto, en el análisis de los componentes que acompañan al glifo R30, los elementos calificadores pueden referir a sitios específicos, en los casos en que los glifos R15, R22, R28, R25-R14 con el numeral 5, entre otros, se encuentran encima del R30, se supondría que éstos especifican el nombre del lugar.

Si es correcta esta idea se podría proponer que una de las localidades fuera la del “Siete caracol” ya que es un topónimo formado por la asociación de los glifos R28 con el numeral siete (R2-R1) encima del R30 en TEQ.32a; la presencia del R28 que representa a un caracol, que en lengua mixteca es YEE3 aunado al glifo R30 que en mixteco sería YUCU, correspondería al topónimo de YUCU+YEE; en la Mixteca Baja se ha documentado, en códices y fuentes alfabéticas en lengua mixteca, el nombre de Yucundaaye, que está representado por los glifos de un cerro y un caracol (fig. 6) [Códice Egerton láms. 22 y 25; Códice Tulane lám. 11; Reyes 1593] y significa “Cerro del caracol parado”, el cual da nombre a un importante asentamiento que fue Tequitziztepec (hoy San Pedro y San Pablo Tequixtepec, distrito de Huajuapan de León, Oaxaca) palabra del náhuatl que significa “En el cerro del caracol parado” y que podría corresponder al topónimo de TEQ.32a. Pero aún no hay argumentos suficientes para aclarar si el numeral siete formaría parte del nombre o tenía otra función en dicho mensaje.

Fig. 6 Propuesta de la continuidad del glifo toponímico de YucundayeeTequixtepec de los siglos VIII al XVI: a) Inscripción de estilo ñuiñe TEQ.32a; b) Inscripción de estilo ñuiñe TEQ.2; c) y d) Códice Vindobonensis láminas 44 y 45; e) y f) Códice Egerton láminas 22 y 25; g) Códice Tulane lámina 11 [Rodríguez 1998; Anders et al. 1992a; Jansen 1994; Smith y Parmenter 1991]. 

Algo similar ocurre con aquellos ejemplos que tienen líneas o escaleras, pues encima llevan otros glifos que pueden incidir en el nombre. Los que tienen líneas en el interior están asociados a glifos externos como R15, R22 y R24. En cuanto al R30 que lleva escaleras, aparece asociado con R15, R22 y con el compuesto glífico R2-R1-R26-R25-R14-R24, AÑO NUEVE CAÑA.

De tal manera que el análisis sistemático del comportamiento del glifo R30 de las inscripciones ñuiñe mostró varios patrones sígnicos recurrentes:

- Uno es que el glifo de lugar se asocie a un felino (R30-R15). En este patrón llama la atención la semejanza con las estelas de la plataforma sur de Monte Albán, aunque en el caso ñuiñe los felinos no parecen gobernantes ataviados con la piel de este animal, pero siempre están asociados al glifo de lugar; además, la figura del felino ñuiñe se asemeja más a las representaciones teotihuacanas, donde es poca la evidencia de este animal asociado a tronos o glifos de lugar; y también, que CAJ.2, tiene una estructura glífica que podría recordar una representación temprana del lugar de origen que aparece en la primera lámina del Códice Egerton [cf. Rodríguez 2016].

- Otra secuencia es la del glifo de lugar asociado con una figura humana (R30-R22). Esta relación se encuentra en los códices mixtecos, en los que se sugiere que el personaje es un yaha yahui “hechicero” [Alvarado 1593 (1962)] que penetra en el cerro como una vía al inframundo [Jansen y Winter 1980]. Una idea parecida tuvo la primera interpretación del relieve TEQ.1 con dicho patrón [Cook 1952], o bien, también se ha dicho, de ese mismo ejemplo, que el personaje que “cae” de la plataforma es un evento de conquista [Moser 1977].

- Una más es la relación del glifo de lugar con fechas anuales o del calendario de 260 días (numeral del 1 al 13 -día dentro de un cartucho o cargado por el R26con o sin glifo del año en versión frontal). Esta composición resulta rara dando nombre a la localidad registrada en el mensaje. Hasta ahora, todas las inscripciones calendáricas encontradas con el R30 son distintas y los numerales más frecuentes son: 5, 6, 7 y 9.

- Por último, la secuencia del glifo R30 asociado con otros que no aparecen repetidos hasta el momento en la evidencia ñuiñe, podría representar, en cada caso, un lugar determinado de la geografía de la Mixteca Baja del Clásico, como en TEQ.14, TEQ.13, TEQ.32a e IXI.1, entre otros.

En el caso de IXI.1 ahora se puede proponer, con la información del trabajo de campo obtenida en mayo de 2012, que pudiera corresponder al nombre del cerro/paraje/barranca del Tecolote al noroeste de la población actual de San Miguel Ixitlán y que es un asentamiento que presenta una plaza y montículos, al parecer, del Clásico Tardío (figura 7).

Fig. 7 Propuesta de identificación del glifo toponímico de la inscripción IXI.1 con la realidad geográfica del municipio de San Miguel Ixitlán [dibujos de Rodríguez 1996; fotos de Rodríguez 2012]. 

Por otro lado, los elementos calificadores estudiados en el corpus de topónimos de los códices de la Mixteca Baja han mostrado que se rigen por ciertos principios de los sistemas logográficos [Rodríguez 2016], es decir, que en general su función es denotar una palabra mixteca que puede ser un sustantivo, una acción o un adjetivo que marque la cualidad de la base locativa, y por lo general, puede aparecer un elemento calificador, pero en el caso de que se encuentren más, es muy probable que alguno de ellos se encuentre ahí para clarificar el significado de uno de los elementos calificadores y su función sea de homónimo, como en los ejemplos registrados en el Códice Egerton, o bien, que sea una fusión de ambos elementos calificadores como diversas variantes caligráficas [Jansen 1994; Rodríguez 2016], lo que también se vería reflejado en las inscripciones aquí revisadas.

7) Reflexiones finales sobre la toponimia

Los análisis sistemáticos a partir de la iconografía, la epigrafía, la información etnohistórica de los códices y el trabajo de campo en la región, son esenciales para proponer significados toponímicos, intentar reconocer a qué referentes espaciales hacen alusión, ya sea como nombres de asentamientos, construcciones y/o espacios geográficos, así como buscar su posible ubicación dentro de la realidad geográfica a la que refieren; por lo anterior, se puede concluir que:

  • a) Los glifos de las bases locativas refieren a un entorno natural o transformado: cerros y/o construcciones cuya forma glífica de plataforma escalonada aparece desde el Clásico Tardío y posiblemente se continúa con la forma del cerro en los códices, en los que también se representan otros glifos para barrancas, laderas, manantiales, palacios, que pueden indicar otros aspectos del terreno antes no considerados.

  • b) Los glifos de los elementos calificadores refieren al entorno natural y cultural de la Mixteca: flora, fauna, actividades humanas y objetos culturales.

  • c) La composición y asociación de los elementos calificadores proporcionan el nombre del topónimo; éstos tienen variantes caligráficas a lo largo del tiempo, entre inscripciones y códices.

  • d) La estructura toponímica presenta patrones constantes, que reflejan la lengua mixteca.

  • e) Cada signo en el topónimo corresponde a una palabra de la lengua mixteca que es un sustantivo geográfico y un elemento calificador.

  • f) El análisis realizado muestra la importancia del principio de disyunción para reconocer las diferencias culturales que proporciona la evidencia intrínseca y no llevarnos por la facilidad de las semejanzas que muestra la analogía etnológica o el método histórico directo.

Finalmente, la toponimia es un reflejo de un espacio cultural e histórico, y a pesar de la utilidad de las herramientas de la iconografía, la epigrafía, la lingüística, la etnohistoria, y de los avances en la interpretación de los glifos toponímicos, aún falta por determinar algunos otros aspectos que implican el estudio de la toponimia como es el conocimiento de los espacios a los que se refiere y su asociación con la geografía-política a través del tiempo.

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1La clave de catalogación de los glifos se compone de una letra R y un número consecutivo. En tanto que para los grabados ñuiñe se usaron las tres primeras letras del nombre de la localidad en la que actualmente se ubican (CAJ es [Cerro de la] CAJ [a], TEQ es [San Pedro y San Pablo] TEQ [ixtepec]), a la que se añade un número consecutivo; la clasificación completa puede consultarse en Rodríguez [1996], y los ejemplos de este artículo pueden revisarse en la figura 3.

2Confróntese la analogía que proponen Medina y Tucker [2008] respecto del glifo escalonado y la cueva en el Mapa de Cuauhtinchan II y otros documentos novohispanos del sur de Puebla.

3Se emplean las mayúsculas para transcribir los glifos de las inscripciones y cursivas para transcribir las glosas alfabéticas, retomado de las propuestas metodológicas de Galarza [1979] y Lacadena y Wichmann [2008] en el sistema de escritura náhuatl y de Rodríguez [2016] para el sistema de escritura mixteca.

Recibido: 04 de Agosto de 2017; Aprobado: 26 de Febrero de 2019

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