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El trimestre económico

versión On-line ISSN 2448-718Xversión impresa ISSN 0041-3011

El trimestre econ vol.82 no.327 Ciudad de México jul./sep. 2015

 

Comentarios bibliográficos

Gustavo del Ángel Mobarak y Graciela Márquez (eds.), Respuestas propias. 80 años de El Trimestre, FCE, México, 2014, 449 pp. (Lecturas de EL TRIMESTRE ECONÓMICO, núm. 106)

Manuel Sánchez González* 

* Subgobernador, Banco de México. México.

del Ángel Mobarak, Gustavo; Márquez, Graciela. Respuestas propias. 80 años de, El Trimestre. FCE, México: 2014. 449 pp. Lecturas de EL TRIMESTRE ECONÓMICO, núm. 106,

EL TRIMESTRE, UN PROYECTO EN TRANSFORMACIÓN

El Trimestre Económico se fundó en 1934 y, aunque es una de las revistas científicas más longevas en español, mantiene una gran vigencia. La revista fue concebida para difundir las novedades del conocimiento económico y discutir los principales tópicos de la economía mundial y mexicana.

Respuestas propias reúne 10 textos representativos de la historia de la revista. Desde mi lectura, yo agruparía los artículos en cuatro dimensiones o etapas.

1. El Trimestre Económico sin economistas

La primera etapa conviene nombrarla “El Trimestre Económico sin economistas”, ya que entonces pocos autores latinoamericanos contaban con formación académica en economía. De hecho, los fundadores de la revista fueron un abogado, Daniel Cosío Villegas, y un ingeniero, Eduardo Villaseñor. Debo decir, sin embargo, que esta ausencia de conocimiento económico formal no necesariamente constituía una desventaja, pues los autores suplían su falta de herramientas técnicas con intuición y sentido común.

Por ejemplo, resulta fascinante el ensayo de Cosío Villegas que busca desmitificar la idea de que México es un país opulento en recursos naturales. Si bien su noción de riqueza no corresponde a la postulada casi dos siglos atrás por Adam Smith y mezcla conceptos disímbolos y un tanto anacrónicos aun para su época, el autor acierta en cuestionar un extendido estereotipo. Además, con gracia polémica, presume de no ser economista y bromea sobre algunas actitudes y explicaciones del gremio.

Otro artículo muy constructivo es de Eduardo Villaseñor, quien habla del papel de la banca en la expansión económica, de sus funciones complementarias con el Estado y de la evolución de esta actividad en México hasta la mitad del siglo pasado. Acorde con el clima de las ideas de su época, Villaseñor otorgaba un protagonismo fundamental al Estado, defendía el programa de obras públicas y llamaba a coordinar la inversión pública y privada.

Sin embargo, reconocía que la condición fundamental del desarrollo era la estabilidad monetaria y advertía sobre los peligros y, al final, la inviabilidad de un crecimiento inflacionario. El sentido común de Villaseñor es premonitorio y sus afirmaciones sobre la estabilidad han sido corroboradas en la práctica, y son parte de los postulados fundamentales de la banca central moderna.

En ambos artículos, no hay una teoría compleja, ni un aparato especializado. Sin embargo, puede apreciarse un prudente y pragmático eclecticismo, característico de aquellas generaciones de autores que se formaron en la economía, más que estudiándola, intuyéndola y ejerciéndola en situaciones prácticas.

2. Las visiones totalizadoras desde el subdesarrollo

La segunda clase de textos de la antología es la que yo identifico como “las visiones totalizadoras desde el subdesarrollo”, las cuales comenzaron a proliferar hacia la década de 1950. El artículo de Raúl Prebisch es un ejemplo de esta tendencia y constituye una pieza germinal del paradigma económico de la CEPAL. Dicho modelo partía de una premisa sencilla: los términos de intercambio entre los productos primarios que exportaban los países en desarrollo y los bienes industrializados que recibían de los países avanzados eran invariablemente injustos, por lo que el remedio consistía en promover una industrialización sustitutiva.

Prebisch consideraba que una de las fallas de la teoría económica general era su “falso sentido de universalidad” y abogaba por hacer una teoría para los países de la periferia, distinta que la aplicable para los del centro. En una visión estática de distribución de las rentas, señalaba que, dados los términos asimétricos de intercambio, los grandes centros industriales eran los ganadores permanentes en perjuicio de los subdesarrollados, en lo que ahora podría llamarse un juego suma cero.

Estas premisas se hicieron sumamente influyentes en las políticas públicas de la época en varios países, que incorporaron tratamientos preferenciales para ciertos segmentos de la población. Si bien puede decirse que estas medidas estimularon una industrialización muy dependiente de la protección y los subsidios, a cambio, introdujeron distorsiones e inhibieron el aprovechamiento del comercio internacional, limitando la productividad y perjudicando a los consumidores.

Otro economista influyente dentro de esta tendencia fue W. Arthur Lewis que propuso una teoría del desarrollo económico basado en la oferta ilimitada de la mano de obra. Creía que en los países en desarrollo la productividad marginal del trabajo era despreciable, cero o inclusive negativa. Postulaba que los mercados mejorarían con la desaparición de puestos o tendajones ya que, según él, los consumidores saldrían ganando al desaparecer los márgenes de este tipo de ventas.

Este autor pensaba que los países “imperialistas” invertían capital, pero lograban mantener bajos los salarios gracias a que el excedente de población permitía disponer de mano de obra con un ingreso de subsistencia. En su intento de formalizar su suposición, Lewis llegaba a incurrir en reduccionismos al pensar que intrínsecamente el rico tiene distintos incentivos que el pobre, o al prescribir como receta para el desarrollo, la mera inversión en capital físico, ignorando otras fuentes fundamentales del crecimiento, como la creación del capital humano y el marco institucional.

Acorde con el prestigio en ese entonces de la planificación y la intervención estatal, estos modelos concebían la economía como una suerte de ingeniería social mediante la cual un planificador clarividente podría tomar las decisiones que corresponden al individuo. Ya con la ventaja de la retrospectiva, es posible afirmar que estos modelos maximalistas, con una noción de excepcionalidad y con un fuerte componente intervencionista, condujeron a errores de diagnóstico económico y de diseño de políticas.

3. Los anteojos del historiador

Una tercera dimensión de los textos seleccionados la llamo “los anteojos del historiador”. Fernando Rosenzweig documenta el crecimiento económico durante el Porfiriato, cuyo promedio anual, si bien claramente superior al de las décadas anteriores, no se antoja tan alto, ni tan milagroso, pues apenas supera el uno por ciento por habitante. El autor señala que, gracias a un clima propicio para la inversión, el capital extranjero y las exportaciones posibilitaron adquirir bienes de capital del exterior, al tiempo que el desarrollo de los ferrocarriles permitió una progresiva extensión de la economía de mercado. Este estudio, además de iluminar una etapa tan importante como controvertida en el imaginario nacional, permite inferir algunas condiciones generales tendientes al desarrollo.

Por su parte, Clark W. Reynolds, en un documento de coyuntura para el Congreso de los Estados Unidos, hace un recuento histórico del “desarrollo estabilizador”, que él califica como desestabilizador. Reynolds clasifica las políticas económicas de esa etapa como conservadoras porque, en su opinión, favorecían principalmente a ciertos segmentos del sector privado.

Si bien reconoce que durante esa etapa se extendieron los beneficios de la seguridad social y se promocionó el ahorro mediante tasas de interés reales elevadas, se queja de que el país careciera de un marco de planeación de largo plazo y de que la triplicación del ingreso per cápita no se haya distribuido mejor. Además, sugiere que en esa etapa se empezaron a incubar los desequilibrios que precipitaron la crisis de la década de 1970, al haberse diferido reformas fundamentales como la fiscal y al mantenerse un tipo de cambio fijo.

4. La reconciliación con las corrientes globales

La cuarta y última dimensión, que denomino “la reconciliación con las corrientes globales”, comienza desde mediados de la década de 1980, con la llegada de Carlos Bazdresch como director, quien impulsa un cambio hacia una actualización profesional y a un mayor rigor académico. Este loable impulso ha sido continuado por Rodolfo de la Torre y Fausto Hernández.

A esta etapa pertenece el artículo de Santiago Levy, que aborda un tema muy en boga en la década de 1980, cuando las economías latinoamericanas enfrentaban una perentoria y onerosa deuda externa. Rechazando la devaluación como remedio, Levy se pregunta si los subsidios a las exportaciones aumentan la balanza comercial a un menor costo para el país y concluye que sí, aunque reconoce que deben pagarse con la reducción del gasto público o el incremento de los impuestos, aspectos en los que no profundiza.

Los tres artículos restantes de la colección representan más nítidamente el viraje a la reconciliación con las corrientes globales y son, probablemente, los de mayor nivel técnico y utilidad práctica. La discusión sobre el perfeccionamiento en el diseño de los mercados de Alvin Roth es sumamente interesante. El autor comparte ciertas lecciones sobre transacciones especiales en las cuales puede no haber suficiente densidad o se sufre del problema de congestión.

En particular, analiza algunos estudios de caso en los Estados Unidos sobre los mercados de los médicos recién egresados, el intercambio de donantes de riñón, la elección de escuela, el mercado de gastroenterólogos y el de los economistas recién egresados. Es un enfoque propositivo y novedoso de cómo fortalecer determinados mercados que operan en condiciones especiales.

Por su parte, Aarón Tornell y Andrés Velasco se ocupan de interpretar, desde la teoría de juegos, una aparente paradoja: la salida de capitales de países pobres a países ricos. El modelo que utilizan para explicar las fugas de capital es simple y riguroso y racionaliza una observación empírica. En su modelo el rendimiento privado de la inversión en un país pobre puede reducirse con la expropiación que logran de esas inversiones los grupos de interés. Es un ejemplo de para qué sirven y cómo se aplican los modelos teóricos.

Finalmente, en el trabajo empírico sobre la convergencia regional en México, Gerardo Esquivel aplica un enfoque económico y estadístico utilizado en otros países. El autor encuentra que, durante más de medio siglo, las disparidades regionales se redujeron a un ritmo bajo en el comparativo internacional. Para Esquivel una de las principales causas de este fenómeno, que frena el desarrollo y agudiza la desigualdad del ingreso, podría ser la enorme divergencia regional en la formación de capital humano, lo que, por cierto, llena el vacío que dejaban los supuestos de Lewis. Éste es un texto de referencia fundamental en el tema de un desarrollo regional más equilibrado y equitativo.

5. El porvenir de las respuestas propias

La lectura de esta antología no sólo es instructiva, sino amena y pintoresca. En efecto, dado que El Trimestre se creó en los albores de la ciencia económica en México, en su trayectoria se puede rastrear la evolución gradual de esta disciplina en nuestro país, así como la validez u obsolescencia de diversas herramientas técnicas, enfoques teóricos y visiones institucionales.

En particular, el título me parece muy sugerente, porque la búsqueda de respuestas propias ha sido una de las motivaciones que llevó a muchos autores a colaborar en este espacio. Ciertamente, cuando esta búsqueda ha conducido a las nociones de excepcionalidad y al aislamiento, los modelos resultantes se han abstraído de las dinámicas reales de la economía y han sido poco útiles y hasta contraproducentes. Por eso, la indagación de respuestas propias debe enmarcarse en un entorno global y en los parámetros normales de la evolución de una ciencia.

1Las opiniones vertidas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan de ninguna manera las de la institución en donde labora.

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