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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.71 no.1 Ciudad de México jul./sep. 2021  Epub 02-Jul-2021

https://doi.org/10.24201/hm.v71i1.3894 

Reseñas

Sobre Celia López-Chávez, Epics of Empire and Frontier. Alonso de Ercilla and Gaspar de Villagrá as Spanish Colonial Chroniclers

Martín Ríos Saloma1 

1Universidad Nacional Autónoma de México

López-Chávez, Celia. Epics of Empire and Frontier. Alonso de Ercilla and Gaspar de Villagrá as Spanish Colonial Chroniclers. Norman: University of Oklahoma Press, 2016. 308p. ISBN: 978-080-615-229-5.


El conocimiento de los dominios americanos de la Monarquía Hispánica ha experimentado un importante desarrollo en las últimas dos décadas gracias al abandono de los postulados de la historiografía tradicional de corte nacionalista, al mejor conocimiento de los archivos de ambos lados del Atlántico, al cruce de informaciones que permiten las -ya no tan nuevas- tecnologías de la comunicación y la información, y a la inserción de los procesos locales y regionales en su dimensión imperial o virreinal. Sin embargo, no son demasiado frecuentes los estudios en perspectiva comparada y el libro de Celia López-Chávez viene a enriquecer, precisamente, este último aspecto.

En Epics of Empire la autora realiza un estudio comparado de las fronteras meridional y septentrional de la monarquía católica en el Nuevo Mundo empleando como fuentes dos poemas elaborados al filo de 1600: La Araucana, de Alonso de Ercilla (1569, 1578, 1589) y la Historia de Nuevo México, de Gaspar de Villagrá (1610). Considerados tradicionalmente como las primeras manifestaciones de una literatura “nacional”, tanto en Chile como en Estados Unidos, la autora pone de relieve el hecho de que más allá de su naturaleza literaria y su condición ficcional, estos poemas épicos son en realidad resultado de su propio tiempo y reflejan con gran nitidez la perspectiva de los conquistadores y de la Monarquía Hispánica en el tránsito entre los reinados de Felipe II y Felipe III, periodo marcado precisamente por la incorporación de nuevos territorios americanos a los dominios hispanos. La autora considera en este sentido que los textos sobre los que elabora su análisis son un testimonio invaluable acerca de “los valores, actitudes, percepciones y observaciones sobre el momento histórico” en que fueron escritos (p. 5).

Partiendo de los estudios poscoloniales, así como de una mirada interdisciplinar en la que se conjugan elementos de la teoría literaria, el análisis del discurso historiográfico y la historia factual, la autora plantea como objetivo general realizar “una crítica a los acontecimientos históricos contenidos en los poemas” épicos de Ercilla y Villagrá (p. 6) tomando como base del análisis la noción misma de “frontera”, espacio concebido por la Europa occidental como una zona “más allá de la civilización” (p. 7), y que fue central en el desarrollo tanto de La Araucana como de la Historia de Nuevo México. En palabras de la autora, su estudio busca responder una pregunta fundamental: “¿de qué manera los dos poemas, en un espacio de frontera, reflejaron la idea de imperio concebida por España?” (p. 13). Es quizá en este punto donde se pueda hacer una crítica -no imputable a la autora dada su especialización en el periodo moderno y el ámbito americano de la Monarquía Hispánica-, pues lo que para la investigadora estadounidense se revela como una noción original y elemento central de los textos estudiados es, como ha sido puesto de relieve desde hace varias décadas en el ámbito del medievalismo, uno de los elementos que han explicado el desarrollo, articulación y expansión territorial de los reinos hispanocristianos de la península Ibérica a lo largo de la Edad Media; al menos desde el siglo X y la conquista del continente americano, se entendió como una continuación -bajo el prisma del providencialismo, ciertamente- del proceso de expansión de las fronteras de la corona castellana.

López-Chávez divide su estudio en dos grandes partes. En la primera (“The Empire”) resalta la forma en que ambos poemas reflejaron el mensaje imperial, así como el marco legal de la conquista, mientras que en la segunda (“The Frontier”) muestra cómo los actores, tanto los soldados hispanos “colonizadores” como los indígenas “colonizados”, concibieron ese espacio fronterizo, la manera en que conocieron y describieron al “otro” respectivamente y, en fin, la forma en que fueron percibidas las dimensiones culturales y políticas de aquellas regiones a partir del testimonio de los autores. De esta suerte, a lo largo del libro se desarrolla un análisis meticuloso y sumamente enriquecedor sobre la visión que ambos soldados-poetas poseían en torno a seis temas fundamentales: a) la Monarquía Hispánica (cap. I, pp. 23-62); b) la Ley (cap. II, pp. 63-118); c) la geografía de la guerra (cap. III, pp. 121-146); d) los indígenas y su espacio natural (cap. IV, pp. 147-166); e) las campañas españolas y las batallas (cap. V, pp. 166-189) y, en fin, f) los elementos geográficos que definían los límites de las regiones fronterizas estudiadas (cap. VI, pp. 190-207). Es destacable en este punto el rigor metodológico de la autora, pues no sólo supo contraponer fuentes que son perfectamente comparables por su autoría, naturaleza, cronología e intencionalidad, sino porque en cada capítulo se analiza en primer lugar el texto de Ercilla y posteriormente el de Villagrán, y por cuanto tiene el prurito de reproducir los textos en su castellano original acompañados de su traducción inglesa a doble columna, lo que facilita el cotejo al lector interesado. Lamentablemente, como ocurre muchas veces en los textos editados en el mundo anglosajón, el aparato crítico fue desplazado al final del libro, en forma de apéndice, lo que hace dificultoso seguir la discusión entablada por la autora con quienes se han acercado al estudio de la Monarquía Hispánica y su literatura.

Dos críticas, que de ninguna manera invalidan el estudio y sus resultados, pueden hacerse al texto. Por una parte, que en ocasiones muestra como observaciones originales elementos que son sabidos, como la importancia de la noción de frontera ya mencionada, la percepción de los autores de pertenecer a una monarquía de dimensiones planetarias en constante expansión, o la utilización de modelos clásicos o renacentistas por parte de los autores estudiados; por la otra, que en ocasiones repite tópicos ya superados hace tiempo por la historiografía, pues asienta frases como la siguiente: “la ejecución de los caciques fue común en la conquista de Nueva España” (p. 80). Hoy sabemos que, si bien efectivamente varios caciques fueron castigados de forma ejemplar, tanto por las autoridades civiles como por las religiosas, lo que privó en Nueva España fue, justo lo contrario, es decir, su permanencia al frente de las comunidades que regían en tiempos prehispánicos. Precisamente, un estudio como el de López-Chávez puede ayudarnos a subrayar las especificidades del proceso de reconocimiento, conquista y colonización de cada uno de los territorios americanos de la Monarquía Hispánica.

El libro se cierra con un epílogo en el que la autora busca vincular el estudio del pasado “colonial” con los problemas actuales tanto en Chile como en Estados Unidos. En el primer caso señala la forma en que el poema de Ercilla contribuyó a la forja de una historia nacional ya en el siglo XIX, en el que se mitificó la conquista de los territorios mapuches y se reivindicó como un éxito del naciente Estado chileno, el control de aquel territorio y del dominio de sus habitantes. La profesora estadounidense señala que el estudio de La Araucana podría contribuir no sólo a un mejor conocimiento del territorio y de la historia del pueblo mapuche, sino también a dar voz a las actuales demandas de aquel pueblo originario. En el caso estadounidense, la autora subraya que la Historia de Nuevo México fue completamente ignorada y desconocida por los descendientes de los colonos españoles tanto en México como en Estados Unidos y que sólo en fechas recientes se le ha recuperado, aunque según los puntos de vista del lector, se le ha considerado como “parte de la literatura mexicana, como parte de la literatura colonial latinoamericana o como parte del patrimonio literario hispánico de Estados Unidos” (p. 209). En este último sentido la autora remarca el uso político que del pasado y de la historia hicieron las minorías anglosajonas a lo largo del siglo XIX y principios del xx en el estado de Nuevo México para legitimar su dominio sobre las poblaciones aborígenes -indígenas y mestizas-, y la reivindicación en tiempos recientes de aquel pasado hispano por parte de la cultura chicana, lo que generó conflictos identitarios y políticos de hondo calado. Con este ejercicio de diálogo entre el pasado y el presente, Cecilia López-Chávez muestra la utilidad de la historia y la necesidad permanente de que los estudios históricos contribuyan a responder las grandes preguntas de nuestro tiempo.

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