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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.68 no.3 Ciudad de México ene./mar. 2019

http://dx.doi.org/10.24201/hm.v68i3.3606 

Reseñas

Sobre Guillermina del Valle Pavón, Donativos, préstamos y privilegios. Los mercaderes y mineros de la ciudad de México durante la guerra Anglo-Española de 1779-1783

Antonio Ibarra* 

*Universidad Nacional Autónoma de México

Valle Pavón, Guillermina del. Donativos, préstamos y privilegios. Los mercaderes y mineros de la ciudad de México durante la guerra anglo-española de 1779-1783. México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2017. 227p. ISBN: 978-607-947-547-5.

Es un lugar común afirmar que la historia se escribe, inevitablemente, desde el presente. Ya sea por preocupaciones interpretativas o bien por exigencia reflexiva, escribir del pasado es un ejercicio de inscripción en el presente. Lo que no es tan obvio, habría que decirlo, es que se logre en términos de una narrativa que respete la historicidad de la época, que los actores sean considerados en su contexto y que se evite dictaminar juicios valorativos sobre sus acciones y convicciones.

El trabajo de Guillermina del Valle, Donativos, préstamos y privilegios, es una lograda reconstrucción de complejos procesos de negociación entre actores políticos y grupos de interés privado, genéricamente mercaderes y mineros, que nos revela la sutil dinámica de informalidad del Antiguo Régimen, que favoreció actos de corrupción considerados como abusos de un privilegio legítimamente adquirido. En su trabajo, Del Valle nos muestra detalladamente la delgada línea que separaba el disfrute de privilegios del ejercicio abusivo de facultades, prerrogativas y favores reales de que disfrutaron los funcionarios del rey y sus súbditos en América.

La narrativa del México borbónico, legada por el texto clásico de Brading, encaminado en su prosperidad por las reformas imperiales y el impulso de las corporaciones de mineros y comerciantes, se desvanece, a la luz de las investigaciones de Del Valle, en una compleja trama de conflictos, negociaciones, abusos y concesiones frente a la debilidad financiera de la corona, en una época de conflictos militares y guerra de posiciones entre las distintas monarquías europeas.

Como ha señalado Adam Smith en La riqueza de las naciones, la Guerra de los Siete Años fue la inflexión que marcó la divergencia entre economías prósperas y atrasadas, donde el financiamiento de la misma determinó la diferencia entre hacer de la guerra un negocio o sangrar las reservas de una economía próspera. En su caso, afirmó: “los soberanos de un país adelantado, en donde florece el comercio, no tienen la misma necesidad de acumular tesoros, porque, por lo general, pueden, en circunstancias extraordinarias, conseguir de sus vasallos subsidios extraordinarios, y por la misma razón tampoco piensan en acumularlos”.1

El afortunado examen de la conducta de actores corporativos y de agentes del monarca, y la conformación de un aparato de financiamiento de la economía de guerra española, nos da cuenta de la manera como se trabaron intercambios entre bienes tangibles, como donativos y préstamos (graciosos, voluntarios y forzosos), y bienes intangibles, igualmente valiosos y valorizables, como las formas codificadas del privilegio corporativo y el ennoblecimiento personal, para amparar los negocios de empresarios que se beneficiaron de su posición corporativa.

No estamos hablando, sin embargo, de un simple sistema depredatorio, sino de un complejo juego de obligaciones y contraprestaciones que se ejercían en ámbitos de negociación instituidos. Desentrañar la naturaleza del Antiguo Régimen, sin calificar la política financiera de la corona de abusiva y depredatoria, supone detallar los caminos intrincados de la negociación y los benficios distribuidos entre actores políticos y corporaciones. En su trabajo, Guillermina del Valle nos conduce por esos senderos sinuosos de la negociación y la reciprocidad.

Dividido en tres grandes partes, que son, a su vez, otras tantas escalas de observación, como fueron la negociación de privilegios corporativos, comerciales y financieros, el libro nos muestra la manera como se negociaban donativos, a partir de conflictos y desavenencias dentro de las corporaciones; el juego de intereses que derrumbó la política comercial prohibicionista, y la conformación de un tejido financiero que impuso la deuda pública en una época de conflictos globales.

En el primer capítulo, centrado en la trama que desató el ocultamiento, por la corporación comercial de la capital, de las “sobras de alcabala” en la ciudad de México y su jurisdicción entre 1694 y 1754, superior al millón de pesos, es el hilo de un largo proceso de extorsiones, chantajes y disputas entre grupos de poder y el gobierno virreinal. La delación que resultó de un proceso electoral fraudulento dividió a la élite comercial y fue aprovechado por el virrey Bucareli para someter a la corporación a presión financiera a fin de obtener donativos a cambio de una disputa judicial, un juego de reputación y una sucesión de privilegios que dio giros inesperados en función de las necesidades

impuestas por la guerra y las peticiones de crédito. Para el Consulado de Mercaderes tuvieron un costo de más de 600 000 pesos, la donación del edificio de la Aduana, la reconstrucción del hospital de San Hipólito y la cárcel de la Acordada. Una pesada sanción para obviar el fraude a las rentas del monarca, el ocultamiento de capitales y la complicidad de mercaderes y funcionarios.

En su caso, la transacción de bienes intagibles, como el privilegio corporativo para la administración de la justicia, y la obtención de fondos de capital para la minería, se combinaron con la demanda de títulos nobiliarios, excepciones judiciales y privilegios para abolir prácticas compensatorias en la minería, como el sistema de partido en la minería. El juego de intercambios, mediado por el chantaje y la coacción entre actores privados y virreinales, ilustra el sistema de prácticas de compensación en que incurrió el progresivo debilitamiento de la monarquía española, pero también una estructura depredatoria de recursos líquidos de la colonia, como ya lo ha mostrado Carlos Marichal en su Bancarrota del virreinato.

En otra escala, el cambio de política en el comercio transpacífico, que había disminuido el poder de los mercaderes “mejicanos” en la triangulación de efectos orientales con Lima, se vio favorecido por el contexto de guerra y la amenaza angloamericana, permitiendo el intercambio de mercaderías por cacao guayaquileño, reencauzando la política comercial prohibicionista a favor de los negocios de la élite mercantil novohispana.

Por medio del examen de las redes empresariales de dos señalados mercaderes de efectos orientales, Francisco Ignacio de Yraeta e Isidro Antonio de Icaza, Del Valle nos muestra el complejo articulado de privilegios comerciales y auxilios financieros para una corona incapaz de imponer un modelo de comercio que suprimiera el privilegio y las prácticas monopólicas, que tan arraigadas estaban en los negocios del comercio ultramarino.

La importancia de la corporación comercial iba más lejos que el propio gremio, como lo prueba el trabajo de Del Valle, alcanzando el valor de una institución financiera informal. Lo anterior es relevante, porque nos da cuenta de cómo se realizaba la movilización de capitales y se construía la confianza desde el gobierno coprorativo de la economía: el Consulado obtuvo recursos de la minoría mercantil ennoblecida, pero también gestionó préstamos de corporaciones religiosas, prestamistas privados y hasta de los “tenderos de esquina” o “cacahuateros”. Y es por ello que este estudio profundo de la influencia de la corporación comercial en el tejido social novohispano da testimonio del poder acumulado, del juego de intereses que tenía en la corporación un nudo de múltipes hilos, que tejían verdaderas redes de sociabilidad en los negocios y de conducta política.

Una reflexión acude, entonces, en el contexto del debate historiográfico sobre la capacidad extorsiva de la corona y la relativa autonomía de los poderosos súbditos de la posesión más rica del imperio: el juego de poder y las prácticas de intercambio de privilegios y contraprestaciones resultó oneroso a la economía novohispana, produjo un debilitamiento de los lazos de lealtad y generó una grieta irreversible pero lenta entre el monarca y la plutocracia americana. Empero, formar parte del imperio español tenía un costo que estaban dispuestos a pagar por favor al rey o temor a sus enemigos: fue, sin duda, una época de peligros y de incertidumbre. La historia económica bien hecha, como el libro que nos ocupa, ilumina a la historiografía política y merece leerse no sólo por los expertos.

Hoy vivimos el fin de un régimen que se manifiesta en una corrupción desbordada, el desmantelamiento del Estado, una apropiación patrimonialista de sus recursos y un debilitamiento de su capacidad económica y política frente a la criminalidad organizada y el despojo financiero por parte de las élites. Este libro es una lectura fina del pasado, en el contexto de los agobios del presente.

1 Adam Smith, La Riqueza de las naciones, Libro IV.

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