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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.68 no.3 Ciudad de México ene./mar. 2019

https://doi.org/10.24201/hm.v68i3.3605 

Reseñas

Sobre John Tutino (ed.), New Countries. Capitalism, Revolutions and Nations in the Americas, 1750-1870

José Antonio Aguilar Rivera* 

*Centro de Investigación y Docencia Económicas

Tutino, John. New Countries. Capitalism, Revolutions, and Nations in the Americas, 1750-1870. Durham: Duke University Press, 2016. 385p. ISBN: 978-082-236-133-6.


En los últimos tres lustros, la historia de la fundación de nuevos países en América ha buscado evitar el enfoque nacional. Los historiadores han puesto la atención en procesos globales o regionales capaces de dar cuenta de los derroteros de las diferentes naciones. Ese ha sido, en términos generales, el propósito de quienes bajo el paraguas de la historia atlántica han repensado las independencias americanas durante el periodo conocido como la “era de las revoluciones”, que va de finales del siglo XVIII a mediados del XIX. La búsqueda de patrones explicativos comunes anima, de la misma manera, el volumen colectivo que nos ocupa. La perspectiva favorecida por Tutino es la historia económica y sus derivaciones políticas y sociales. El libro reúne a diez historiadores: Roberto Breña, Adam Rothman, Carolyn Fick, David Sartorius, Kirsten Schultz, Alfredo Ávila, Jordana Dym, Sarah Chambers, Erick Langer y el propioJohn Tutino . La idea general de los autores es dar respuestas frescas a la pregunta genérica: ¿cómo se formaron los nuevos países de América entre 1750 y 1870? El marco analítico lo proporciona el editor en el capítulo introductorio. América -y por este término entiende tanto a Iberoamérica como a la América anglosajona y francesa- es el resultado de procesos globales, de una economía política que incluyó críticamente a Europa, África y Asia en un largo arco temporal. Tutino se une a una tradición revisionista que cuestiona la preeminencia de Europa en la historia mundial. La hegemonía y supremacía de esa parte del mundo es un capítulo reciente, y relativamente breve, que ha oscurecido la preeminencia económica de Asia durante siglos. Así, los capítulos de este libro, que se ocupan tanto de países específicos (México, Guatemala, Brasil, Haití, Estados Unidos, Cuba) como de fenómenos (la revolución liberal hispánica de Cádiz, el surgimiento en América del capitalismo industrial, la independencia indígena, etc.), buscan explicar cómo los pueblos del Nuevo Mundo se integraron y adaptaron a los cambios en la economía mundial después de 1780. El objetivo teórico es comprender cómo aparecieron las nuevas naciones y cómo divergieron sus caminos al tiempo que surgió el capitalismo industrial, que transformó al mundo del siglo XIX. Los capítulos del libro buscan vincular procesos globales a retos y conflictos regionales. Un hecho concreto parecería ser crítico en este recuento: el colapso de la economía política de la plata que había integrado a las Américas, Asia y Europa por casi 300 años. Otro proceso global toral es el vínculo existente entre la expansión de las economías de exportación basadas en la esclavitud y la estabilidad política.

El argumento de Tutino, basado en la economía política, es coherente y la hipótesis de que el surgimiento de las nuevas naciones americanas y la transformación de la economía global son dos procesos inseparables es muy sugerente. El propósito de los capítulos del libro es precisamente darle basamento empírico específico a esta hipótesis. Sin embargo, como suele ocurrir con los libros colectivos, es difícil mantener la consistencia teórica y metodológica entre varios autores. No todos los capítulos cumplen esa función de la misma manera. Los autores de los capítulos individuales se apegaron más o menos a la propuesta teórica del editor. No es sorprendente que el mejor ejemplo de consistencia sea el capítulo del propio Tutino y Ávila sobre México. El capítulo sobre Brasil de Schultz y el de Rothman sobre Estados Unidos se apegan bastante al enfoque propuesto. Sin embargo, es evidente que otros historiadores incluidos en el volumen no adoptan en su trabajo la perspectiva de la economía política. Los capítulos sobre la revolución liberal, Haití y Guatemala, proponen lecturas frescas de sus temas, pero fundamentalmente desde la historia política o social. El capítulo sobre la independencia indígena en América del Sur de Langer confunde los términos “independencia” y “autonomía”. El breve recuento no ofrece formas de medir o dar cuenta de manera sistemática del grado de autonomía disfrutado por las comunidades indígenas después de la independencia.

A pesar de que el tratamiento de los casos no sea completamente uniforme, es notable que el libro ofrezca ideas muy sugerentes que ameritan atención. En la introducción, por ejemplo, Tutino propone que el análisis integrado de las Américas y el mundo en el periodo en cuestión demuestra que el triunfo y la tragedia fueron inseparables. Eso puede verse, por ejemplo, en el caso de Haití que estudia Fick. Haití, a diferencia de Cuba, Brasil y Estados Unidos, fue capaz de sacudirse la agricultura de exportación basada en plantaciones de esclavos. El triunfo político de la rebelión armada de finales del siglo xviii tuvo como consecuencia el fin de la producción de azúcar. Los antiguos esclavos abandonaron las plantaciones y se dedicaron a la agricultura de subsistencia. El resultado fue la desvinculación de Haití de la economía mundial y la caída del país en la pobreza del país. Las consecuencias a largo plazo de ese triunfo político -y civilizacional- que fue el fin de la esclavitud fue la miseria, en la que ese país todavía hoy se encuentra. Los otros tres países en cambio preservaron la esclavitud hasta bien entrado el siglo XIX y lograron, en distintos grados, volverse prósperos, pero a cambio de la explotación inhumana de los esclavos. Al paso del tiempo las consecuencias de esas decisiones se hicieron evidentes, como la guerra civil norteamericana. Las secuelas de haber tomado esa ruta son palpables todavía hoy.

Algo similar ocurrió en México. La guerra de independencia hizo que durante una década no se invirtiera en las minas de plata del Bajío, que literalmente producían el dinero que el mundo empleaba. Tanto la infraestructura como la producción se desplomaron. Así, mientras que entre 1795 y 1810 la Nueva España introdujo en la economía mundial 20 000 000 de pesos anualmente, a partir de ese último año la cantidad se redujo a la mitad. Ello significó, afirma Tutino, un colapso devastador para la economía de la Nueva España en su tránsito a la independencia. También tuvo un efecto en otras partes del mundo. La escasez de plata, junto con la guerra y la disrupción de las rutas comerciales, estimuló y propició la industrialización textil de Inglaterra y la supremacía económica de Estados Unidos.

La conclusión del libro, “Consolidando la divergencia”, a diferencia de la introducción, no proporciona un cierre del todo adecuado y a menudo se sale del tono de la mayoría de los capítulos. Algunas afirmaciones parecerían no tener el suficiente sustento. Por ejemplo, se afirma:

[…] por doquier en las Américas la consolidación de las naciones, moldeada por la concentración de la prosperidad y las crecientes exclusiones, fue acompañada por la promoción entre los poderosos de nuevas teorías de jerarquía racial en las cuales la gente de ascendencia europea fue proclamada como inherentemente superior, legitimando la subordinación y la marginalización de todos los no europeos, ya fueran indígenas, africanos o mestizos.

Las teorías de la superioridad racial de los blancos preceden con mucho a la consolidación de los Estados nacionales. Y una de las características de la recepción del positivismo en Latinoamérica, por lo menos en algunos países, fue que los pensadores, como Andrés Molina Enríquez en México, adaptaron los alegatos “científicos” para ponerlos de cabeza y proclamar, contra lo que se sostenía, que los mestizos eran superiores a las razas puras.

En resumen, este libro hace una contribución a la tarea de pensar la construcción nacional de los países americanos como una parte de un proceso global. Las opciones para lidiar con conflictos internos y externos estuvieron marcadas por las formas particulares de inserción en la economía política mundial.

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