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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.68 no.2 Ciudad de México oct./dic. 2018

http://dx.doi.org/10.24201/hm.v68i2.3601 

Reseñas

Aurelia Valero Pie, José Gaos en México. Una biografía intelectual

Antolín Sánchez Cuervo1 

1 Consejo Superior de Investigación Científica, España

Valero Pie, Aurelia. José Gaos en México. Una biografía intelectual. México: El Colegio de México, 2015. 490p. ISBN: 978-607-462745-9.

Como bien es sabido, el género de la biografía intelectual requiere una especial perspicacia hermenéutica por la diversidad de enfoques, registros, discursos y referencias que debe conjugar. Las experiencias personales e incluso íntimas, al menos aquellas que conforman el subsuelo de un determinado itinerario intelectual, deben entrelazarse con la vida de las instituciones en que el sujeto se desenvolvió y hasta con los acontecimientos de la época que lo condicionaron. Todo ser humano es sujeto de múltiples historias que nunca dejan de implicarse, complicarse y hasta contradecirse a lo largo de geografías complejas y temporalidades irreductibles a simples cronologías. Más aún cuando se trata de reconstruir un itinerario marcado por la experiencia del exilio y, por lo tanto, de la dislocación espacial y temporal. La disciplina historiográfica requiere entonces una autorreflexión previa, capaz de conjugar enfoques diversos: las aportaciones de la historia intelectual y conceptual, de la microhistoria o la historia cultural, entre otras, deben hacerse de alguna manera presentes. En definitiva, en toda biografía intelectual lograda late un esfuerzo imperceptible a primera vista, gracias al cual la narración de una vida no se reduce a una sucesión coherente de hechos, una descripción positivista que ignora la relevancia hermenéutica del fracaso, un retrato de costumbres, o un análisis de textos que olvida el humus del que procede.

La presente biografía, resultante de una tesis doctoral defendida en El Colegio de México, está a la altura de estas exigencias, ya que construye una narración compleja en la que confluyen planos diversos, en un constante equilibrio entre la fidelidad a las fuentes y la recreación hermenéutica, entre la arqueología y la teleología. Esa fidelidad merece además un especial elogio, dada la inmensidad de esas fuentes: no sólo los 17 volúmenes de las Obras completas de Gaos hasta ahora publicados, además de la amplia y obligada bibliografía secundaria correspondiente; también la infinidad de documentos de sus archivos depositados en El Colegio de México y en la Universidad Nacional Autónoma de México, que la autora ha revisado minuciosa y pacientemente.

Se trata además de una biografía con un cierto don de la oportunidad, pues desde hace largo tiempo se echaba de menos un trabajo sólido sobre Gaos que aunara e integrara enfoques parciales, a menudo desconectados entre sí. Se ha escrito con relativa abundancia sobre el Gaos promotor de la historia de las ideas en general y en lengua española en particular, y sobre su relación con la filosofía mexicana; de manera más escueta, sobre el Gaos creador de una filosofía propia, o sobre su faceta de traductor y estudioso de Heidegger y otros pensadores contemporáneos ligados a la fenomenología y el existencialismo, o de discípulo de Ortega, entre otras. Gaos sembró semillas diversas, cada cual con su propio abono, y el resultado fue una herencia plural, tendente a veces a una cierta fragmentación. Por eso hacía falta un estudio que recogiera e integrara estas perspectivas, y también otras menos conocidas, como su reflexión sobre la actualidad de la guerra y el totalitarismo, o su visión de la institución universitaria. Oportunidad también porque llega esta biografía cuando parece que el interminable proyecto de las Obras completas de Gaos está a punto de concluir. A falta sólo de los volúmenes I y XVIII, resulta muy pertinente disponer de una visión de conjunto, amplia y precisa, que pueda introducir en la inmensa obra de Gaos a quien quiera sumergirse en ella. Bien es cierto que no abarca la totalidad de su vida, ya que se inicia con su exilio, pero sí comprende la mayoría de su trayectoria intelectual y sin duda la más relevante, sin menoscabo de los escritos españoles que conformarán el volumen i, actualmente en prensa. Sobre los 38 primeros años de vida de Gaos, no incluidos en esta biografía, existen algunas aproximaciones, meritorias, aunque aún no lo suficientemente maduras, y qué duda cabe que el presente trabajo es una estimulante invitación para completar el recorrido.

El libro se estructura así en cuatro partes, que al mismo tiempo constituyen cuatro grandes núcleos vitales e intelectuales del itinerario de Gaos. La primera, titulada “José Gaos en el exilio”, recorre los momentos cruciales de su llegada a México invitado por La Casa de España, las vicisitudes de su adaptación a su “patria de destino”, como él mismo la denominará, y sus esfuerzos y estrategias para lograrlo; todo ello en la estela de la Guerra Civil española y del magisterio de Ortega, dos referencias muy presentes en esta primera parte, y que de hecho identifican al recién llegado de una España asolada por la guerra y una Europa intimidada por el nazifascismo. Se nos muestran así algunos aspectos de Gaos muy poco conocidos, tales como su faceta más política y militante. Al hilo de un amplio material inédito, sabemos cómo se fue concretando su compromiso con la República española en las trágicas circunstancias de la guerra. Conocemos entonces al Gaos rector de la Universidad Central de Madrid, responsable de su evacuación, delegado en Suecia y Noruega para contrarrestar las políticas no intervencionistas en diversos foros internacionales, o comisario de la Exposición de París en la que se expuso el Guernica de Picasso. Paralelamente, se trazan algunas aproximaciones al perfil ideológico y moral de Gaos que permiten entender (ya sea en clave explicativa o comprensiva) la lógica de sus actos y decisiones durante aquellos años turbulentos. Reconocemos entonces su talante liberal en un sentido amplio del término, escorado hacia el socialismo no marxista en el que de hecho militaba (hacia un “liberalismo socialista” o un “neosocialismo”, como él mismo lo denominará pasados los años y a propósito de otros escenarios como la Guerra Fría y la revolución cubana); un talante que le permite ubicarse en un punto intermedio entre los derechos del individuo y la demanda de bienestar colectivo o de justicia social, así como asimilar y reconducir la influencia de su maestro Ortega: en diversos momentos de esta primera parte se reconstruyen y precisan, también, las idas y venidas de esta influencia, llena de ambigüedad y en la que confluyen el reconocimiento y la rectificación, el respeto y cierta indignación, la fidelidad y la disidencia filosóficas, la continuidad y la ruptura. La presencia del maestro en un perfil ideológico que, como el de Gaos, siempre tuvo algo de individualista y elitista, encuentra un severo contrapunto en el explícito distanciamiento de ambos durante la guerra. El antifascista Gaos no pasó por alto la ambigüedad de Ortega en aquellos años en los que el intelectual también estaba llamado al compromiso, aunque fuera por medio de la lucha cultural, ni tampoco su célebre exabrupto, algún tiempo después, hacia Alfonso Reyes. Esta relación con el antiguo maestro registró además nuevas complejidades en el plano filosófico: ya en el exilio, Gaos reivindicó la herencia raciovitalista de su maestro con el fin de justificarse a sí mismo en un nuevo contexto académico cuya complejidad y beligerancia apenas han sido exploradas hasta ahora. La presente biografía traza algunas aproximaciones novedosas en este sentido, mostrando las obvias tensiones que generó la incorporación de numerosos intelectuales del exilio español en un medio tan sensible a la circulación del poder como el académico. Se da así cuenta de dos polémicas significativas, como las que Gaos sostuvo con Larroyo primero, con Nicol después. De alguna manera, ambas traslucían la tensión entre nacionales e inmigrantes, por una parte, dentro de la propia comunidad exiliada, por otro.

La segunda parte reconstruye los procesos de adaptación de Gaos a su nuevo medio y de inserción en el mismo con una voz propia y una autoridad intelectual cada vez más consolidada. Es decir, se recorre aquel trecho que media entre el exilio y el “transtierro”, célebre neologismo acuñado por el propio Gaos, del que tanto se ha abusado para identificar al conjunto del exilio y en cuya semántica no se ha reparado lo suficiente. En esta ocasión sí, lo cual se agradece. La biógrafa dedica algunas reflexiones a esta cuestión, advirtiendo la incompatibilidad del término con la experiencia de compañeros de viaje cuyo exilio fue mucho más duro y amargo que el de Gaos, y en conexión con ciertos aspectos y facetas de su nueva etapa en México. Para empezar, con su distanciamiento cada vez mayor de la comunidad de exiliados republicanos, sin que por ello se volviera indiferente hacia la cuestión política, y mostrando, de hecho, una lúcida firmeza frente a los cantos de sirenas que a partir de los años cincuenta empezaban a llegar de la España franquista. Gaos tuvo muy claro que el regreso no era posible a menos de degradar la propia dignidad.

Otra faceta de su transtierro, ligada a lo anterior, fue uno de sus proyectos filosóficos más genuinos, sus “Jornadas filosóficas”, que Gaos concibió en forma de diario desde 1935 y que encontrarán una suerte de expresión gemela en las Confesiones profesionales, publicadas casi dos décadas después. Las “Jornadas” conforman, a juicio de la autora, el libro que Gaos nunca llegó a escribir o al menos a culminar, pero que siempre acompañó a su obra, además de ser uno de sus materiales inéditos más valiosos (de hecho, formarán parte del volumen xviii de sus Obras completas, según lo programado en el plan de las mismas). Sus páginas traslucen todo un ejercicio de desmitificación de la propia pretensión filosófica, reduciéndola a su autenticidad más simple y desnuda, aquella que, despojada de toda máscara, ya no tiene otro asidero que el sujeto decepcionado ante la búsqueda de certezas y un discurso autobiográfico consecuente.

Pero la faceta intelectual de Gaos mayormente ligada a la experiencia del transtierro fue, sin duda, su visión de Hispanoamérica en términos de una comunidad de pensamiento, sobre la que reflexionó haciendo aportaciones importantes y de largo alcance. Gaos fue uno de los promotores de eso que hoy en día se denomina “pensar en español”, recorriendo un lugar común al que insufló complejidad y al que liberó de viejos lastres hispanistas y de prejuicios eurocentristas. O al menos late esta intención en buen número de cursos y conferencias, libros, ensayos y antologías que Gaos ofreció a sus alumnos, lectores y colegas desde los años del seminario que impartiera sobre esta temática en El Colegio de México, como resultado de su interés, tan estratégico como genuino, por ubicarse con nombre propio en el panorama actual de la cultura mexicana. Hasta qué punto lo lograra siempre será motivo de debate, pero el caso es que el transtierro, como creciente estimación de esa cultura, como posibilidad de continuar una vocación interrumpida y proyección en el destino de aquello que no pudo ser en el origen -no sin momentos de desencanto y decepción-, fue el motivo y al mismo tiempo la expresión de una renovada visión del pensamiento de lengua española que, dicho sea de paso, llevaba el perspectivismo orteguiano más allá de sí mismo.

La tercera parte, “Gaos, filósofo y traductor”, retoma una de las líneas de fuerza que pueden distinguirse en la parte anterior. Concretamente la búsqueda de una filosofía propia que, a pesar de su tendencia radical al escepticismo y al personalismo autobiográfico, logrará la paradoja, casi milagrosa, de una expresión sistemática. Tal será la que conformen sus dos grandes libros de madurez, De la filosofía y Del hombre, dos libros a menudo soslayados por su aridez y dificultad, no en este caso como era de esperar. Pero en esta parte también se rescatan buen número de reflexiones gaosianas que fueron de la mano de esta búsqueda, empezando por un curso sobre Marx impartido en la Universidad Nacional Autónoma de México al poco tiempo de llegar a México y que, si bien no fue exitoso en cuanto a público, tuvo algo de novedoso al centrarse en su obra filosófica de juventud, una faceta que en Europa aún no había sido redescubierta con claridad. Otras aportaciones significativas giraron en torno a problemas de gran actualidad, como el irracionalismo y el nihilismo, la publicidad y el totalitarismo, o la razón instrumental y la tecnocracia.

En esta parte se aborda con especial atención la reflexión y la práctica de Gaos como intelectual comprometido con los problemas de su mundo y su tiempo, en un horizonte propicio, además, para ello. Fue precisamente en los años cuarenta cuando en México se debatía en torno a la invención y la misión del intelectual, coincidiendo además con la segunda guerra mundial, la cual cuestionaba radicalmente el papel de las élites culturales en la sociedad. Se debate entonces sobre la autonomía del intelectual y su relación con el ámbito público, sobre la tensión entre su vocación por la verdad hasta llegar al moralismo y las razones de la política. Gaos pareció buscar siempre una conciliación entre ambos polos, acercando la meditación filosófica a la implicación cívica y responsable en la solución inaplazable de problemas sociales. Así lo mostraban sus intervenciones en diversos foros internacionales celebrados en México, tales como la Segunda Conferencia General de la UNESCO sobre educación para la paz (1947) o el III Congreso Internacional de Filosofía (1950). Que Gaos se desmarcara de la militancia característica de su propia comunidad de exiliados republicanos no significa que se desentendiera de la política sin más. Incluso pareciera revivir por momentos sus tiempos de intelectual comprometido con la República española; de hecho, rememoró su proyecto educativo democratizador cuando fue invitado por el Consejo Nacional de Educación e Investigación Científica a participar en diversos debates sobre el sentido de la reforma educativa en México. Nuevos acontecimientos reavivaban entonces el debate sobre el papel del académico en la sociedad: nada menos que la creación de una ciudad universitaria en una década que, como la de los cincuenta, se distinguía, en lo que a este ámbito respecta, por la profesionalización de la enseñanza. Un escenario nuevo, cuyo reglamento permitía además a Gaos incorporarse de una manera plena al medio académico y, dicho sea de paso, contribuir también a profesionalizar la traducción. Su faceta de traductor de casi 10 000 páginas en total, entre otras muchas las de Sein und Zeit, también queda recogida en esta biografía.

“Gaos, maestro de maestros”, la cuarta y última parte, retoma la otra línea de fuerza que se había distinguido anteriormente, centrada en la recuperación del pensamiento de lengua española, con especial atención a la filosofía mexicana, y que en 1951 dio lugar a su obra El siglo del esplendor en México, escrita para conmemorar el IV Centenario de la UNAM. Ahora bien, la contribución de Gaos como historiador de las ideas desbordó el contexto mexicano e hispanoamericano hasta convertirse en referente de la nueva historia intelectual y de los debates que por entonces se desarrollaban en México en torno a nuevas maneras de concebir y rescatar el pasado. Su nombre se hacía así presente en las discusiones mantenidas por O’Gorman y Zavala, entre otros.

Ya fuera como historiador de las ideas, promotor de una filosofía “nacional” o auténtica (que no nacionalista), tentador de una filosofía propia o riguroso conocedor de tendencias contemporáneas como la fenomenología, el historicismo o el existencialismo, Gaos se distinguió también por su faceta de transmisor del saber. Ésta es, precisamente, la principal faceta que se explora en esta última parte, en la que se revisa su proyección en el Grupo Hiperión o su reflexión sobre la educación sentimental, entre otras cuestiones, hasta llegar a los incidentes de 1966 que motivarán su polémica renuncia, así como una amplia reflexión sobre la misión de la universidad y el retorno a El Colegio de México. Allí, en la que fuera su primera casa, transcurrirán los tres últimos años de su vida, durante los que retomará el antiguo seminario sobre pensamiento de lengua española e inaugurará un programa de historia de las ideas. A esta cuestión dedicará diversas lecciones en 1966, las cuales conformarán uno de sus libros más voluminosos y quizá también más importantes: Historia de nuestra idea del mundo. Su muerte en 1969, en plena faena como bien es sabido, cierra este apasionante recorrido por los laberintos de una de las vidas más fecundas del pensamiento contemporáneo en lengua española y del exilio español del 39. Su final fue el principio de una memoria que, casi medio siglo después, no deja de interpelarnos.

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