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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.67 no.2 Ciudad de México oct./dic. 2017

http://dx.doi.org/10.24201/hm.v67i2.3476 

Reseñas

Marcos Costa, O reino que não era deste mundo. Crônica de uma república não proclamada

Víctor Brangier Peñailillo* 

* Universidad Bernardo O’Higgins.

Costa, Marcos. O reino que não era deste mundo. Crônica de uma república não proclamada. ,, Rio de Janeiro: Editora Valentina, 2015. 272p. ISBN: 978-856-585-947-9.

Los estudios de Roland Barthes y de Hayden White sobre las trampas de la narrativa historiográfica resaltaron en su momento el esfuerzo del historiador por ordenar los acontecimientos de un modo lógico, coherente y con pretensiones de objetividad. Barthes propuso que el discurso de la historiografía estaba configurado, incluso, para borrar toda pista que evidenciara la existencia del autor, generando la ilusión al lector de estar directamente frente a los hechos, frente a la desnudez del referente.1 Tal fue el desafío planteado en las décadas de 1960 y 1970 y que contribuyó a transformar el discurso historiográfico en objeto de estudio en sí mismo.

Es posible sostener que estos cuestionamientos han recuperado su vigencia desde la última década. Desde entonces, ha ganado terreno la presión académica por encauzar la producción historiográfica exclusivamente por medio de canales institucionalizados, como revistas indexadas en bases de datos de alto rango. En estos nichos, los criterios de validación se asocian a filtros explícitos de revisión de unas metodologías y escrituras específicas. El escenario ha reorientado la narrativa de los historiadores hacia un público acotado de especialistas, celosos de la rigurosidad de la obra y de su fidelidad con el referente. Por ello es que el libro aquí reseñado resulta un ejercicio llamativo y que transita a contracorriente.

O reino que não era deste mundo integra un discurso donde el narrador declara sus puntos ciegos, los vacíos documentales, sus conjeturas como sujeto enunciante, sus empatías y antipatías con los personajes de la trama y recurre a apelaciones reiteradas al lector y al tiempo presente. El ejercicio narrativo merece ser considerado, toda vez que el contenido de la obra se vincula a un periodo convulso de la historia política y militar contemporánea de Brasil y abarca los 67 años centrales del siglo XIX. No obstante la complejidad de los procesos y la rica gama de variables desarrolladas, Marcos Costa arriesgó integrar el análisis en una narrativa de suyo peregrina y de corte rupturista con el canon academicista.

En rigor, el centro de la obra lo constituye el reinado del emperador Pedro II, transformando el libro en una excelente oportunidad para aproximarse a una síntesis de la política que envolvió al segundo imperio brasileiro. Como el mismo autor deja en claro en la sección inicial “Apresentação”, el estudio gira en torno a las principales coyunturas políticas que se desarrollaron en el país entre la independencia de la corona portuguesa, concretada en 1822, y la conspiración cívico-militar de 1889 que terminó con la monarquía parlamentaria, con la regencia de la princesa Isabel, hija de Pedro II, con el exilio de la familia real y con la instauración formal de la República.

La narración que sostiene la obra se aproxima a una estructura novelada. Por lo general cubre las lagunas informativas generadas por la ausencia de documentación de primera mano, con líneas hipotéticas y con el despliegue de conjeturas y razonamientos apoyados en una construcción lógica. Un ejemplo lo brinda el episodio de la despedida del emperador Pedro II con su hija, la princesa Isabel, en la víspera de su último viaje a Europa, en junio de 1887. Entonces, durante tres semanas le habría aconsejado de manera personal las vías que posibilitarían concretar su reinado y completar la obra modernizadora que había emprendido hasta el momento. Como se carece de evidencias para aproximarse a las huellas de tal cadena de conversaciones íntimas, Marcos Costa echa mano a un relato que pone al descubierto las herramientas conjeturales del discurso historiográfico: “Se é, porém, impossível conhecer a conversa que tiveram, não o é imaginá-la”. (p. 202). Además, la narrativa suele trascender los acontecimientos históricos abordados para apelar directamente al lector y a fenómenos similares de la actualidad brasileira, urdiendo exquisitamente una invitación para hacerse cómplice del tejido conjetural. En esa línea, el discurso transita desde una ribera argumentativa y solapadamente objetivista, a otra explícitamente dialógica, dejando al desnudo, conscientemente, el trasfondo persuasivo -y no referencial- del discurso historiográfico.

El título escogido se fundamenta en la respuesta que le dio el 15 de noviembre de 1889 José Antônio Saraiva, ministro del Interior recién nombrado, a la pregunta que le hizo el emperador, Pedro II, respecto a las razones que obstaculizarían el reinado de su hija, la princesa Isabel. El ministro Saraiva, parafraseando la famosa cita jesuítica, habría contestado que el factor de fondo radicaba en que su reino no era de este mundo (p. 14). Desde este punto de partida, el autor teje la obra en torno al antagonismo de las distintas fuerzas sociales y políticas que se opusieron a lo largo del medio siglo en que gobernó Pedro II. Específicamente, la frase se vinculaba a la colisión entre los afanes modernizadores de la monarquía y el resguardo de los intereses agrocafeteros sostenidos por las oligarquías esclavistas. La agudización del conflicto maduró, sobre todo, tras los esfuerzos del emperador y de la princesa regente, por generar las condiciones legales y sociales para abolir la esclavitud. En este sentido, el impulso modernizador no tendría cabida en medio de estructuras socioproductivas y políticas ancladas a una tradición fuertemente arraigada en los intereses de las principales familias del país.

O reino que não era deste mundo se divide en 37 capítulos cortos, organizados en tres partes. La primera de ellas aborda el primer imperio brasileiro, de Pedro I, además de la regencia durante la minoría de edad de Pedro II. La segunda y principal concentra el reinado de éste y la serie de estrategias adoptadas para modernizar el país desde el Estado monárquico, como también, para perpetuar la monarquía en su hija Isabel. La tercera da cuenta de la conspiración republicano-militar que culminó en el golpe al Ministerio proclive al emperador, la dimisión final de Pedro II y la proclamación de la República.

El texto arranca desde una síntesis sobre el reinado de don Pedo I, su papel en la independencia de Brasil en 1822 y las tensiones crecientes que tuvo que enfrentar debido a la hostilidad criolla hacia su contorno burocrático de origen portugués. Se subraya el antagonismo entre las élites y militares brasileiros y los portugueses de la corte, la cual culminó con una serie de levantamientos sociales y la abdicación de Pedro I. La escena cierra con la represión posterior a la dimisión, con la asunción de la oligarquía brasileira a los principales cargos del aparato estatal y con la trama que sostuvo la regencia del pequeño Pedro II.

En su desarrollo, el libro gira en torno a tres ideas importantes. La primera de ellas se corresponde con la figura del Duque de Caixas. Hijo del brigadier Francisco de Lima y Silva, integrante del círculo militar más cercano a la monarquía, había ejercido, en la práctica, aunque no oficialmente, la tutela del joven emperador Pedro II. Por ello, queda claro que a Caixas le fue allanado el terreno para vincularse desde temprano con el emperador Pedro II, asumiendo el comando de la “tropa de élite” del emperador. Desde esa posición, fue el protagonista en la disipación de los movimientos republicanos, contestatarios y separatistas que pervivieron tras la abdicación real. A juicio del autor, el protagonismo de Caixas en el segundo reinado del imperio se basó en el hecho de haber asegurado la lealtad del ejército a la monarquía. Este punto habría quedado en evidencia, pues la oposición republicana sólo pudo conspirar contra la corona tras su muerte en 1880. Entonces, el ejército prestó oído a las conspiraciones de la oligarquía republicana.

El segundo eje está ligado al proceso de abolición gradual de la esclavitud. Se trata de una columna que se abre desde una precisa cronología legislativa en torno a la cuestión y las controversias políticas que les resultaron anexas. En este sentido, hay una profundización óptima en el acuerdo firmado con Inglaterra en 1826, que obligó a Brasil a asumir el cese del tráfico de esclavos a cambio del reconocimiento de su independencia. También de la ley de 1831, que declaró libre a cualquier esclavo venido desde fuera del imperio brasileiro. El autor se detiene en la Ley Eusebio Queiroz, de 1850, que complementó la anterior, y en la de 1871, que reconoció la “libertad de vientres”. El cierre de este tránsito legislativo evidentemente está marcado por la “Ley Áurea”, de 1888, que declaró abolida la esclavitud y exhortó a la oligarquía rural a decidirse finalmente por la conspiración contra la corona.

El tercer pilar del texto es la tensión por la modernización de Brasil. Uno de los aspectos centrales que el autor subraya insistentemente como paradoja se relaciona con el hecho de que la monarquía impulsó la industrialización, urbanización y capitalización del imperio, mientras que las élites republicanas y opositoras se instalaron del lado de la conservación de la ruralidad cafetera y esclavista. Uno de los personajes claves en esta bipolaridad, y que ocupa una posición predilecta en el relato, fue el Barón de Mauá, uno de los íconos del emprendimiento financiero e industrial del medio siglo. El autor advierte que, tras su paso por Inglaterra y su arribo a Brasil en 1840, Mauá intentó reproducir los patrones básicos de la revolución industrial en territorio carioca. Tuvo fácil acceso a las altas esferas de las familias políticas y presionó para legislar en favor de la efectiva supresión del tráfico de esclavos y de su reemplazo por trabajadores migrantes europeos. De ese modo, la inversión agrocafetera debería desviarse hacia la industria y las finanzas, condición sine qua non para la capitalización de la economía nacional. Por ello, Marcos Costa se detiene en las intrigas que envolvieron la creación del Banco de Brasil, iniciativa de Mauá que contó con apoyo del emperador.

En el escenario de la modernización de las fuerzas productivas, Pedro II definitivamente se había instalado del lado de las ideas matrices del progreso. Sus pretensiones intelectuales lo habrían llevado a admirar el modelo productivo y cultural europeo. En esta orientación, también jugó un papel importante la historiografía que nació en el Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro, cuya máxima expresión fue el historiador Francisco Adolfo de Varnhagen. El libro le asigna un capítulo específico a este fenómeno, titulado con un dejo de sarcasmo como “O Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro: a agência de marketing do imperador”. En sus páginas, se pone en el foco del análisis la obra principal de Varnhagen, Historia general de Brasil, escrita entre 1854 y 1857, en la que se le atribuye un papel civilizador a la monarquía, contrarrestando los elementos culturales atávicos asociados a las culturas indígenas y afrodescendientes.

Por último, O reino que não era deste mundo revisa una de las tácticas del emperador Pedro II para modernizar y perpetuar la monarquía: la activación de la política de alianzas familiares. La secuencia de intrigas y cálculos milimétricos de la corona quedan inscritos en la segunda parte del libro que, no por acaso, el autor titula “A Conspiração”. Resulta de interés el esfuerzo de casar a la princesa Isabel con Gastón de Orleans, Conde d’Eu, en octubre de 1864, recurriendo a sus lazos familiares con la dinastía real francesa depuesta del trono en la revolución de 1848. Marcos Costa recuerda que, con el enlace, Pedro II aspiraba a asegurar en el trono a un príncipe consorte de inclinaciones burguesas y liberales que, a la larga, debería constituirse en un motor de la industrialización y en un prohombre de la abolición.

Más allá de la narrativa y del contenido de la obra, conviene precisar que el autor se apoyó fundamentalmente en bibliografía y fuentes secundarias, más que en documentos de época. Si bien la literatura citada es pertinente e imprescindible a la hora de abordar los dos reinados del imperio brasilero y de las tres regencias de la princesa Isabel, lo cierto es que no hay referencias a una bibliografía actualizada.2 Por ejemplo, sorprende la ausencia de referencias a una de las aristas más interesantes de la historiografía reciente brasileira, que ha estado centrada en los aterrizajes regionales -y las gestiones locales- que tuvo la formación del Estado nacional en el siglo XIX.3 En cambio, el autor se limita a extraer testimonios primarios citados en esta literatura, aunque logra con éxito integrarlos al enfoque desde el que va estructurando su relato. De todos modos, figuran referencias a un cuerpo documental, que si bien es asistemático y asoma de manera esporádica, resulta clave para darle referencia de primera mano a los procesos que aborda. Con particularidad destaca el uso de correspondencia de la familia real, de la prensa contemporánea (los periódicos A Semana; Aurora Fluminense, A Marmota, A República y la Revista Ilustrada) y decretos de ley dispuestos en el Archivo de la Cámara de Diputados. Para que el autor pudiera dejar en claro la cuestión documental en la obra, hubiese sido interesante considerar una reflexión en la Introducción, donde compartiera los criterios de selección y exclusión de fuentes y la decisión metodológica escogida para el procesamiento de este material de base.

A fin de cuentas, O reino que não era deste mundo resulta de alto interés para quienes busquen acercarse de manera fluida a las principales disyuntivas que integraron la historia política del gobierno de Pedro II. También para lograr una visión panorámica del proceso de modernización de la economía y sociedad decimonónicas de Brasil y de las pugnas entre la corona y la oligarquía cafetera y esclavista. Por supuesto, el libro proyecta una oportunidad exclusiva para gozar de una narrativa fronteriza con la novela histórica. Y sobre todo, de aquella que recupera lo mejor del relato, pues deja al descubierto su propio utillaje conjetural, en vez de forzar su ocultamiento y presentarlo como explicación referencial.

1Una síntesis al respecto en: María Inés La Greca, “El valor de la narratividad en Hayden White: crítica, ambivalencia y escritura de la historia”, en Verónica Tozzi y Nicolás Lavagnino (comps.), Hayden White, la escritura del pasado y el futuro de la historiografía, Buenos Aires, EDUNTREF, pp. 227-241.

2Por ejemplo, se apoya en textos clásicos como Lourenço Lacombe, Isabel. A Princesa Redentora, Petrópolis, Instituto Histórico de Petrópolis, 1989; Alberto Rangel, Gastão de Orleans. O último Conde d’Eu, São Paulo, Ed. Nacional, 1935; Heitor Lyra, História de D. Pedro II, São Paulo, Itatiaia, 1977; Pedro Calmon, Historia de Pedro II, Río de Janeiro, José Olympo, 1975.

3Tânia Bessone, Lucia Bastos e Lucia Guimaraes, “Apresentação. O Império do Brasil: Novos estudos”, en Tânia Bessone, Lucia Bastos e Lucia Guimaraes (org.), Elites, fronteiras e cultura do Império do Brasil, Rio de Janeiro, Contra Capa, 2013, pp. 7-10; Marcos Ferreira de Andrade, Elites regionais e a formação do estado imperial brasileiro. Minas Gerais-Campanha da Princesa (1799-1850), Belo Horizonte, MG: Fino Traço, 2014; Richard Graham, Clientelismo e política no Brasil do século XIX, Río de Janeiro, UFRJ, 1997.

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