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Historia mexicana

versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.65 no.3 Ciudad de México ene./mar. 2016

 

Reseñas

Antolín Sánchez Cuervo y Guillermo Zermeño Padilla (eds.), El exilio español del 39 en México. Mediaciones entre mundos, disciplinas y saberes

Mariana Ímaz Sheinbaum* 

*Universidad Nacional Autónoma de México. México.

Sánchez Cuervo, Antolín; Zermeño Padilla, Guillermo. El exilio español del 39 en México. Mediaciones entre mundos, disciplinas y saberes. México: El Colegio de México, 2014. 260p. ISBN: 978-607-462-703-9.

A propósito del 75 aniversario del exilio español en México, en el año 2014 se organizaron gran cantidad de actividades para conmemorar uno de los exilios más importantes del siglo XX. Se lanzaron convocatorias, se dieron conferencias y charlas, se montaron exposiciones, se presentaron varios libros e incluso se proyectaron películas.1 En este esfuerzo compartido surgió un importante número de publicaciones que buscaron recordar las experiencias vividas y las aportaciones intelectuales que dicho exilio tuvo en nuestro país. Algunas de ellas recuerdan en primera persona la vivencia del exilio como es el caso del libro de Ady Crespo Weber Yo y el exilio español.2 Otras buscan reconstruir el ambiente mexicano al cual llegaron los exiliados, como es el libro 1945: entre la euforia y la esperanza. El México posrevolucionario y el exilio republicano español.3

Es precisamente dentro de este esfuerzo que un grupo de investigadores de El Colegio de México, en colaboración con el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid, realizaron distintas revisiones interdisciplinares (historiográfica, científica, antropológica, filosófica…) que nos acercan a la comprensión de seres humanos que, desterrados violentamente, tuvieron que reconstruir su vida en una nueva tierra que aprovechó y reivindicó su pensamiento.

Es sobre todo el cuestionamiento a la modernidad y la búsqueda de resignificación del pasado lo que otorgó a nuestro país una perspectiva que fortaleció e impulsó una filosofía que ya venía fraguándose con personajes como Antonio y Alfonso Caso, Edmundo O’Gorman, Alfonso Reyes, Octavio Paz. La incorporación del existencialismo, del historicismo alemán, del vitalismo español, del marxismo, logró vigorizar el inquieto espíritu de nuestros jóvenes intelectuales, que ya no encontraban respuestas en la vieja tradición modernista. Así mismo, el libro nos regala una panorámica sobre el entrecruzamiento tanto de actores individuales como colectivos e institucionales. Es una historia sobre la fusión, “pero también sobre la deconstrucción de horizontes”4 que una tragedia como la guerra civil española desencadenó.

El primer capítulo está a cargo de Aurelia Valero, quien nos ofrece un estudio sobre Eduardo Nicol y su colaboración con la revista Filosofía y Letras. Como bien afirma Valero, el estudio de las revistas académicas nos proporciona una perspectiva privilegiada para estudiar cómo se conforma y desarrolla una esfera intelectual en un momento determinado, “con sus redes, núcleos, circuitos y antagonistas”.5 Para Valero, Filosofía y Letras buscaba ser “un laboratorio” donde se iría gestando una comunidad capaz de producir un saber riguroso, seguro y acumulable en torno a las humanidades. Una diversidad de intelectuales y perspectivas distintas tuvieron voz en dicha revista: José Romero Muñoz, Adolfo Menéndez Sámara, José Gaos, Samuel Ramos, Joaquín Xirau, entre otros. Eduardo Nicol, recién llegado del exilio, se incorporó al comité editorial y unos años más tarde fungió como su secretario. La revista le permitió difundir elementos de su pensamiento; divulgó conceptos centrales sobre su teoría psicológica y mientras arremetía contra el historicismo exponía su opinión a favor de la filosofía como comunidad científica.

Después de 17 años de circulación, habiendo sido la publicación más representativa de la actividad filosófica en México y habiendo expandido su territorio,6Filosofía y Letras llegó a su fin. Sin embargo, la labor de Nicol y muchos otros intelectuales no cesó con el fin de dicha publicación. Enseguida se puso en marcha el proyecto de una nueva revista: Diánoia. Nicol no duró mucho tiempo en dicha publicación; sin embargo, en sus colaboraciones emergen las relaciones que tuvo con otros personajes de la época: Luis Recaséns y Eduardo García Máynez, y su intención de seguir construyendo espacios de investigación que generaran interés filosófico en el público lector.

Así como la revista Filosofía y Letras permitió la colaboración de diversos personajes y la difusión de un pensamiento filosófico, la revista Ciencia hizo lo mismo del lado de las ciencias naturales. Ana Romero, miembro del CSIC, nos ofrece una mirada a las principales publicaciones de dicha revista desde su origen en 1940 hasta el año 1945. Ciencia logró que una diversidad de personajes, como Blas Cabrera y José Puche, se integraran al proyecto; desde ahí recordarán al mundo que la ciencia española no había desapa recido con el exilio. Así mismo, la revista Ciencia, junto con una nueva publicación también creada por los exiliados en colaboración con académicos nacionales, Cuadernos Americanos, realizaron grandes aportaciones a la actualización de la tabla periódica de los elementos.

Aunado a lo anterior, vale la pena resaltar el papel que desempeñaron las editoriales en esta gran labor. Leoncio López, también miembro del CSIC, analiza la importante tarea que desarrolló la Editorial Atlante7 en la recuperación del quehacer intelectual republicano. Sus primeras publicaciones fueron sobre todo obras que buscaron conservar en el destierro la cultura y la identidad españolas. La geografía rural y urbana y la poesía contemporánea española fueron algunas de las temáticas tratadas. Con el paso de los años Atlante abrió su campo editorial y publicó a lo largo de 20 años más de 60 libros con temáticas muy diversas: medicina, química, biología, ecología, historia, filosofía, arte mexicano,8 crítica y análisis literario, enciclopedias de música, así como antologías de cuentos y poesía. Dicha editorial no sólo permaneció en territorio nacional sino que expandió sus horizontes a toda Latinoamérica.

La vastísima labor de Atlante busca ser expuesta en estas páginas que nos ofrece Leoncio López. La imagen que permanece después de la lectura de este capítulo es que la aportación de dicha editorial en terrenos académicos y de divulgación fue importantísima. Este análisis invita a seguir explorando las infinitas huellas que dejó esta labor editorial a nivel nacional e internacional.

El cuarto estudio es un ensayo de Anthony Stanton, de El Colegio de México, quien ofrece una sugerente reflexión sobre cómo Octavio Paz recibió y se apropió del pensamiento de Heidegger. Es interesante señalar que este último no hablaba alemán, por lo que Stanton afirma que el alma mediadora entre ambos pensadores fue, sobre todo, José Gaos, quien gracias a sus traducciones y sobre todo a su gran labor como mentor del grupo Hiperión, tuvo una influencia innegable sobre Paz. El arco y la lira, editada en 1956, será la protagonista de este “triángulo epistemológico que enlaza a Alemania, España y México”.9

Stanton afirma que las ideas más importantes que recupera Paz de Heidegger en El arco y la lira, son la de “una ontología temporal y la de la poesía como revelación del ser”.10 Para Paz,

[…] el poema es un producto histórico, pero también algo que lo trasciende y se sitúa en un tiempo anterior a toda historia, en el principio del principio […] Sin la historia, sin los hombres -afirma Paz- que son el origen, la substancia y el fin de la historia, el poema no podría nacer ni encarnar; y sin el poema tampoco habría historia, porque no habría ni origen ni comienzo.11

De tal manera que para Paz existe una oposición complementaria entre poesía e historia, la una no existe sin la otra pero cada una tiene su propio territorio. Así mismo, Paz agrega que la propia obra poética no llega a ser plenamente si no existe un agente histórico que lo llene de significado. La idea del círculo hermenéutico es rescatada en la obra de Paz, el poema se vuelve “una obra siempre inacabada, siempre dispuesta a ser completada y vivida por un lector nuevo”.12 Como bien afirma Stanton, fue gracias a la labor de interpretación y mediación de Gaos y a la habilidad sintética de la apropiación de Paz que Heidegger entra por primera vez en el pensamiento estético en México, de la mano de un filósofo y de un poeta.

A partir del quinto capítulo, el libro El exilio español del 39 comienza a enfocarse más en los personajes históricos, y menos en las publicaciones, profundizando en el recorrido vital de los sujetos históricos y en las relaciones que su pensamiento o su vida tuvieron con otros intelectuales. Andrés Lira, miembro de El Colegio de México, busca adentrarnos en la experiencia de vida de Vicente Herrero, quien antes de su llegada a México se exilia en Santo Domingo. Al poco tiempo de su estancia Herrero tiene que volver a huir debido a la toma de poder del dictador Rafael Trujillo. Afortunadamente Daniel Cosío Villegas ya había entrado en contacto con él desde tiempo antes encargándole algunas traducciones, y fue en gran medida gracias a esta relación que Herrero llegó a México en 1941.

Una vez establecido, siguió su colaboración con el Fondo de Cultura Económica y se integró a El Colegio de México como profesor. Su labor como traductor abarcó una gran diversidad de obras, como apunta Lira. Después de un año y medio de su llegada a México, el Fondo de Cultura Económica publicó cinco traducciones de Herrero, además de dos obras de su autoría. La historia de vida de Herrero, así como la de muchos otros exiliados, nos invita a profundizar en la comprensión de las historias personales de los agentes históricos para no sólo entender su trayectoria como individuos sino adentrarnos en sus vínculos y relaciones con su mundo histórico.

Fermín del Pino-Díaz, también del CSIC, establece un análisis comparativo entre la metodología editorial histórica que llevaron a cabo Edmundo O’Gorman por un lado y Ramón Iglesia por el otro. Cada uno a su manera sobrepasó la explicación del dato duro o la simple descripción de los personajes, captando el valor etnográfico que aportaron los cronistas de Indias. El padre Acosta, Bernal Díaz, Hernán Cortés, Sigüenza y Góngora, son algunos de los tantos personajes rescatados por Iglesia y O’Gorman. En este sentido, es interesante recuperar la tesis a la que apunta Del Pino-Díaz; en ella se afirma que muy probablemente la condición de exiliado de Iglesia, y la condición de mexicano receptor de los exiliados de O’Gorman, permitieron que ambos tuvieran una mirada especial frente al extraño, una mirada que justo buscaba la comprensión de la vida del otro. Es decir, ese momento histórico tan particular que vivieron ambos intelectuales repercutió en su propia visión etnográfica y antropológica sobre sus sujetos de estudio.

El siguiente capítulo, que continúa en la búsqueda y significación de la vivencia, está a cargo de Guillermo Zermeño, investigador de El Colegio de México, quien busca acercarnos a la comprensión de la vida de Rafael Altamira, intelectual español que ya había tenido un primer acercamiento con México a inicios del siglo XX, invitado por Justo Sierra. Nuevamente, a mediados del mismo siglo, Altamira regresa a dichas tierras en calidad de exiliado y, así como muchos otros españoles, se incorpora a la vida académica mexicana, en donde se destaca sobre todo por su participación en el debate en torno a los problemas filosóficos implícitos en la actividad del historiador. En dicho debate13 se deja ver la posición positivista que el maestro de Zavala tenía frente a la disciplina histórica.

Sin embargo, como bien apunta Zermeño, había varias ideas positivistas con las que el propio Altamira rompió, entre ellas, la consideración del ser humano como algo estático y no como algo en constante construcción. Del mismo modo, rechazaba la idea de que en la historia podían existir leyes y explicaciones causales. Altamira parece haber dado un paso hacia el cuestionamiento del esquema modernista en la historia; incluso pensaba que la historia era una forma de redimir a la humanidad, una forma de restituir las promesas incumplidas del pasado. A pesar de su cercanía con el positivismo, vemos que su visión sobre la utilidad de la historia responde a una perspectiva que bien podría coincidir con la de Walter Benjamin. Este último afirma en sus Tesis sobre la historia que “en la idea que nos hacemos de la felicidad, late inseparablemente la de la redención. Lo mismo sucede con la idea del pasado, de la que la historia hace asunto suyo. El pasado lleva un índice oculto que no deja de remitirlo a la redención”.14 Sin embargo, a pesar de esta cercanía, Altamira no rompió de manera determinante con el positivismo.

Antolín Sánchez, miembro del CSIC, es responsable del penúltimo capítulo de este compendio, y nos otorga una mirada acerca de la hermandad en el pensamiento entre Gaos, Nicol, Xirau y Zambrano. A pesar de sus distintas maneras de expresar su perspectiva sobre la vida y la filosofía, todos ellos coincidían en una temática central: la crítica contra el modelo modernista. Esta crítica, a diferencia de Altamira, permitió a estos pensadores desligarse por completo del positivismo y emprender una nueva búsqueda teórica que respondiera a sus inquietudes.

Es interesante resaltar, como se mencionó en un principio, que esta crítica fue una suerte de sentimiento colectivo que compartieron muchos exiliados del siglo XX. Adorno, Horkheimer, Hebert Marcuse, trasterrados y miembros de la Escuela de Frankfurt, también emprendieron una importante crítica frente al modelo modernista. Desde su perspectiva crítica la civilización moderna había desembocado en un nuevo género de barbarie, y competía a los filósofos y pensadores comprometidos con su tiempo tratar de explicar el origen de la nueva situación. Al respecto, Xirau, Gaos, Nicol y Zambrano plantearon un nuevo tipo de humanismo identificado con el rescate de la tradición filosófica en lengua española y sus posibilidades. Las obras de dichos autores precisamente dan cuenta de los múltiples caminos que el pensamiento español aún tenía por recorrer.

Aunado a lo anterior, Manuel Reyes Mate, miembro del CSIC, colabora con el último capítulo y ahonda sobre las contribuciones que Max Aub y la ya mencionada María Zambrano hicieron a la filosofía española. Ambos buscan explicar su experiencia y su condición de exiliados haciendo uso de la filosofía y la historia. Aub, judío nacido en Francia, hermana en su reflexión el exilio y la diáspora judía. Quizá buscaba preguntarse sobre su propia condición: ¿Durará para siempre? ¿Estoy de paso o seguiré huyendo? Reyes Mate afirma que Aub tenía conciencia de la transitoriedad de su condición de exiliado y explica que lo que Aub perseguía en su análisis era retratar el naufragio del ser humano, o mejor dicho, el naufragio de la virtud humana que a mediados del siglo XX parecía no llegar a tierra firme.

Por otro lado, para Zambrano, el exilio le permitió descubrir su patria y también reflexionó sobre su condición como una circunstancia irreversible, como un cruce que no tenía vuelta atrás aun cuando pudiera volver a España. En el fondo, tanto Aub como Zambrano reflexionan sobre la pertenencia, sobre la identidad, sobre el ser ciudadano desde el exilio. Para ambos, la ciudadanía es el reconocimiento de las raíces, de la historia, del dónde venimos. Reyes Mate afirma que para Aub “la raíz es más que el yo. Es la tradición viva, el substrato patrimonial que le sustenta. El yo tiene que hacerse cargo de sus raíces”.15 Zambrano por su parte sostendrá que “detrás de nuestra existencia están muchos exilios. Sobre ellos hemos construido una forma amnésica de ciudadanía”.16

El exilio español del 39 en México nos recuerda que las revistas, los libros, las editoriales, las vidas de los individuos siempre son un entrecruzamiento que nos permite ejercitar nuestra mirada microhistórica. El libro rescata los vínculos vitales que establecieron un grupo de personas trasterradas que arribaron a nuestro país. Su llegada enriqueció perspectivas, abrió puertas en el mundo académico y permitió resignificar desde el pensamiento español a la modernidad. México siempre estará en deuda con los conocidos y los anónimos que buscando refugio hicieron de este país su casa y su inspiración. Este libro es una manera de restituir el agradecimiento que desde la España republicana se le hace a esta tierra mexicana, y que desde esta tierra se les hace a los que arribaron.

1Para mayor información sobre las actividades, consúltese http://ccemx.org/wp-content/uploads/2014/04/programa_exilio_mexico1.pdf. La mayoría de éstas fueron organizadas por la embajada de España en México en colaboración con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Ateneo Español de México, El gobierno de la Ciudad de México, entre otras.

2Ady Crespo Weber, Yo y el exilio español, México, el Colegio de México, Ateneo Español de México, 2014.

3Mari Carmen Serra Puche, José Francisco Mejía Flores y Carlos Sola Ayape (eds.), 1945: entre la euforia y la esperanza. El México posrevolucionario y el exilio republicano español, México, Fondo de Cultura Económica, Cátedra del Exilio, 2014.

4Mari Carmen Serra Puche, José Francisco Mejía Flores y Carlos Sola Ayape (eds.), 1945: entre la euforia y la esperanza. El México posrevolucionario y el exilio republicano español, México, Fondo de Cultura Económica, Cátedra del Exilio, 2014, p. 13.

5Aurelia Valero, “Puentes de papel: Eduardo Nicol en la revista Filosofía y Letras”, en El exilio español del 39 en México, p. 19.

6Incluso llegó a Buenos Aires, Cuba, Venezuela y Nueva York.

7Atlante después se convirtió en Grijalbo.

8Incluso hay colaboraciones de personajes como Diego Rivera, Frida Kahlo, Samuel Ramos, Alfonso Reyes, entre otros.

9Anthony Stanton, “Martin Heidegger, traducido por Gaos, en El arco y la lira de Paz”, en El exilio español del 39 en México, p. 111.

10Anthony Stanton, “Martin Heidegger, traducido por Gaos, en El arco y la lira de Paz”, en El exilio español del 39 en México, p. 115.

11Octavio Paz, “El arco y la lira”, en El exilio español del 39 en México, p. 114.

12Octavio Paz, “El arco y la lira”, en El exilio español del 39 en México, p. 114.

13En dicho debate también participaron personajes como Gaos, Iglesia y O’Gorman.

14Walter Benjamin, Tesis sobre la historia, México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Ítaca, 2008, p. 36.

15Manuel Reyes Mate Rupérez, “Del exilio a la diáspora. A propósito de Max Aub y María Zambrano”, en El exilio español del 39 en México, p. 249.

16Manuel Reyes Mate Rupérez, “Del exilio a la diáspora. A propósito de Max Aub y María Zambrano”, en El exilio español del 39 en México, p. 255.

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