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Estudios sociológicos

versão On-line ISSN 2448-6442versão impressa ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.38 no.113 México Mai./Ago. 2020  Epub 04-Set-2020

https://doi.org/10.24201/es.2020v38n113.1837 

Artículos

Ciclos económicos y dinámica laboral: inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos en la post recesión1

Business Cycles and Labor Markets: Latin American Immigrants in the United States in The Post-Recession

Marina Arizaa 

aInstituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México, ariza@unam.mx


Resumen:

La debilidad del mercado de trabajo es uno de los rasgos que distinguen a la fase recuperación económica que sucedió a la Gran Recesión, reconocible, entre otros aspectos, por el lento descenso de la tasa de desempleo, la caída de la participación económica y de las tasas de empleo poblacional. Para valorar la situación de los inmigrantes latinoamericanos, en dicho contexto se emprende un análisis multivariado de la probabilidad de pasar del empleo a la inactividad económica en cuatro momentos: precrisis (2007), crisis (2009) y crecimiento (2014 y 2016), ajustados de manera independiente para hombres y mujeres. Los resultados corroboran el incremento general de dicha probabilidad, entre 2007 y 2016, la mayor vulnerabilidad de los inmigrantes latinoamericanos a los altibajos del ciclo y un balance en conjunto menos favorable para la fuerza de trabajo femenina que masculina en la post recesión.

Palabras clave: post recesión; mercado de trabajo; inmigración latinoamericana; Estados Unidos

Abstract:

Labor market weakness is one of the features distinguishing the economic recovery phase that followed the Great Recession, recognizable, among other aspects, in the slow decline in the unemployment rate and the fall in economic participation and population employment rates. To assess the situation of Latin American immigrants in this context, a multivariate analysis of the probability of moving from employment to economic inactivity is undertaken at four moments: pre-crisis (2007), crisis (2009) and growth (2014 and 2016), independently adjusted for men and women. The results corroborate the general increase in this probability, between 2007 and 2016, the greater vulnerability of Latin American immigrants to the ups and downs of the cycle, and an overall balance that is less favorable for the female than the male labor force in the post-recession period.

Keywords: post-recession; labor market; Latinoamerican immigration; United States

El objetivo de este artículo es valorar el desempeño de los inmigrantes latinoamericanos en la post recesión teniendo como telón de fondo el parteaguas de la última gran crisis de la economía capitalista. En el contexto de la historia de los ciclos económicos estadounidenses, la fase de recuperación, iniciada en junio de 2009, se caracteriza por la debilidad del mercado laboral, la atonía de ciertos sectores productivos y la insuficiente creación de empleo, lo que la convierte en el segundo de los momentos de expansión económica desde la posguerra que ha recibido el calificativo de jobless recovery (Hout, y Cumberworth, 2012).2

Algunos de los indicadores clave del mercado de trabajo tardaron un tiempo inusualmente largo en remontar o simplemente no lo han hecho (Kalleberg, y Wachter, 2017). La tasa de desempleo no fue de la magnitud de sus niveles precrisis, sino hasta nueve años después, en 2016 -un hito en sí mismo-, mientras que las de participación económica -jalonadas por el quiebre económico- acentuaron su tendencia secular al descenso (Rios-Avila, 2015a). Este último aspecto, junto a la caída de la razón de empleo poblacional en ausencia de incrementos en la productividad, han generado preocupación entre los analistas, pues se anticipa que si un número creciente de trabajadores continúa optando por la inactividad económica, las perspectivas de crecimiento pueden verse comprometidas en el largo plazo (Hotchkiss; Pitts, y Rios-Avila, 2012). Complejos factores estructurales y coyunturales de diversa índole subyacen al desarrollo de estas tendencias, cuya plena elucidación escapa a las posibilidades de este artículo. Entre los primeros figuran aspectos asociados al efecto del envejecimiento poblacional sobre el tamaño y la composición de la fuerza de trabajo, pero también transformaciones de la economía estadounidense durante el pasado siglo XX cuyas secuelas sobre la oferta laboral empiezan a avizorarse. Entre los factores coyunturales sobresale el devastador impacto negativo del shock económico de 2007-2009 sobre el mercado de trabajo luego de transcurrida más de una década. Sea cual fuere el peso relativo de estos factores, cobra sentido conocer cuál ha sido la suerte de los inmigrantes latinoamericanos en el escenario de débil recuperación económica que sucedió a la Gran Recesión, habida cuenta de su mayor vulnerabilidad relativa y el conocido efecto diferencial del ciclo económico sobre la fuerza de trabajo masculina y femenina.

El texto se divide en tres apartados, además de esta introducción, y las conclusiones. En el primero se aborda la relación entre ciclos económicos, dinámica laboral e inmigración como parte del planteamiento analítico. En el segundo se exponen la estrategia metodológica y la fuente de información en que se sustenta esta investigación. El análisis empírico se emprende en el tercer apartado con información proveniente de la Encuesta Continua de Población de Estados Unidos en cuatro años, 2007, 2009, 2014 y 2016, representativos de las distintas fases de ciclo: precrisis (2007), recesión (2009) y recuperación (2014 y 2016). En las conclusiones se sintetizan los principales hallazgos.

I. Ciclos económicos, dinámica laboral e inmigración

El crack económico de 1929 fue el punto de arranque de las reflexiones modernas sobre la naturaleza y causa de los ciclos económicos (Knoop, 2015). Desde entonces la definición más aceptada es la planteada por Burns, y Mitchel en 1946, según la cual:

Los ciclos económicos son un tipo de fluctuación que ocurre en la actividad económica agregada de las naciones que organizan su trabajo principalmente en empresas comerciales; un ciclo consta de expansiones que suceden más o menos simultáneamente en muchas actividades económicas, seguidas de recesiones, contracciones y reactivaciones igualmente generalizadas que se empalman con el inicio de la fase de expansión del siguiente ciclo; en cuanto a su duración, los ciclos económicos varían de más de un año a diez o doce años; no son divisibles en ciclos más cortos de características similares con amplitudes que se aproximan a las del ciclo entero (Burns, y Mitchell, 1946, p. 4, traducción propia).

Un punto esencial de la propuesta de estos autores remarcado por Burns (1954) al hacerse cargo años más tarde de la obra póstuma de Mitchell, es el carácter sistémico del proceso dada la profunda interdependencia entre los diferentes sectores y agentes económicos. Este aspecto dificulta esclarecer el sentido de la causalidad, pues lo que en un momento emerge como detonante del ciclo en otro aflora como resultado (Bormotov, 2009), de ahí que gran parte de las discrepancias que enfrentan a las distintas escuelas teóricas se centren en la determinación de los factores causales de los ciclos y las posibles medidas de política económica por emprender (Knoop, 2015). Desde que fuera formulada, la definición original de Burns, y Mitchell rige a la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER, por sus siglas en inglés), la instancia responsable de datar el fin y el inicio de los ciclos económicos en ese país.

En sentido estricto, el momento de máximo crecimiento económico previo al desenlace de una recesión es el punto de inicio de un ciclo económico. En el contexto de la economía estadounidense esto aconteció en diciembre de 2007, y a partir de entonces se desencadenó la mayor crisis de la economía capitalista desde la Gran Depresión. Una vez que el producto cesa su tendencia al descenso concluye propiamente hablando la fase de recesión, y principia la de expansión cuyo fin marcará de nueva cuenta el inicio de otro ciclo. Un ciclo completo transcurre por tanto de “pico” a “pico” (o de valle a valle, según algunos).3 La fase recesiva del ciclo inaugurado en diciembre de 2007 abarcó 18 meses (diciembre 2007 a junio 2009), la más larga desde la Segunda Guerra Mundial, mientras que la de recuperación se inició precisamente en junio de 2009, por lo que lleva hasta el momento de nuestra observación -marzo de 2016- cerca de siete años.

Dos son los tipos de indicadores que toma en cuenta la agencia oficial de EUA para declarar el inicio o el fin de una recesión: los referidos al producto interno bruto y los que conciernen al mercado de trabajo.4 Estos últimos son de extraordinaria relevancia para atisbar el inicio de la fase recesiva del ciclo pues se estima que los cambios en el empleo son responsables de dos tercios de las variaciones cíclicas en el producto per cápita durante una recesión (Knoop, 2015, p. 23).

A pesar de esta estrecha interdependencia, es menester tener en cuenta que no existe una sincronía automática entre la caída del producto y el incremento del desempleo: es habitual que los indicadores de empleo vayan a la zaga varios meses (o años) tanto del momento de caída del crecimiento económico como de su expansión (Knoop, 2015). El periodo de recuperación que sucedió a la Gran Recesión, sin embargo, excedió cualquier previsión e hizo de la debilidad misma del mercado de trabajo su nota más distintiva (Hout, y Cumberworth, 2012; Grusky; Western, y Wimer, 2011). Dio al traste en tal sentido con una de las regularidades empíricas más aceptadas por los economistas desde que fuera enunciada por Milton Friedman (1969): que recesiones profundas van sucedidas de recuperaciones rápidas y vigorosas, pauta que ha contado sólo con dos excepciones -además de ésta- en la historia económica de EUA del siglo XX en adelante (Bordo, y Haubrich, 2017).5

Al hacer un balance de la situación del mercado de trabajo casi diez años después de la Gran Recesión, Kalleberg, y Von Wachter, (2017) enumeran los signos de debilidad todavía presentes: descenso extraordinariamente lento de la tasa de desempleo, aumento del desempleo de larga duración, crecimiento mínimo de los salarios (al menos hasta 2016), caída de los indicadores de productividad, lenta recuperación de la inversión, permanencia de altos niveles de subempleo, aumento de los trabajadores vinculados marginalmente al mercado de trabajo, y, ante todo, caída sustancial de la tasa de participación económica y de la razón de empleo poblacional.6 Estos dos últimos aspectos son sin duda los que más discusión (y preocupación) han suscitado, aun cuando se carece de consenso acerca del sentido (o los sentidos) que encierran (Hotchkiss; Pitts, y Rios-Avila, 2012; Macunovich, 2010; CEA, 2016).

Siguiendo a Rios-Avila (2015a), la tasa de participación económica ha de ser vista como una expresión numérica del deseo y la posibilidad de entrar a la fuerza de trabajo de una parte de la población en edad de hacerlo en un contexto socio institucional proclive o no a dicha disposición. La decisión de no trabajar (el retiro “voluntario” de la fuerza de trabajo) de personas en las edades centrales puede obedecer al efecto disuasorio de una serie de factores socio institucionales y económicos difíciles de captar a través de indicadores cuantitativos. Más allá de la pérdida de ingresos, la inactividad económica producto del desaliento puede tener consecuencias severas en el bienestar de los individuos, semejantes a las documentadas en los desempleados de larga duración: incrementos en la mortalidad, en la probabilidad de suicidio, en el consumo de alcohol, baja satisfacción con la vida, entre otras (CEA, 2016, p. 5).

La tasa de participación económica en Estados Unidos ha descendido sistemáticamente desde inicios de la década del 2000, y se aceleró a partir de 2005 (gráfica 1). El punto más bajo en esta trayectoria tuvo lugar en septiembre de 2015, con un valor de 62.5%; el más alto, en el primer cuatrimestre de 2000, con 67.3% (Desilver, 2017; DiCecio; Engemann; Owyang et al., 2008). Dicho descenso recoge la sincronización a la baja en las pautas de participación económica de hombres y mujeres, las que mostraron comportamientos muy disímiles durante el último tercio del siglo XX: mientras las masculinas descendieron sostenidamente desde mediados de la década de 1950, las femeninas crecieron con ímpetu al menos hasta finales de la década de 1990, empujando hacia arriba la tasa global de participación económica del conjunto de la población durante buena parte del siglo XX (Macunovich, 2010; DiCecio et al., 2008; Hotchkiss, 2006). 7

Fuente: elaborado con información del Bureau of Labor Statistics de EUA.

Gráfica 1 Tasas de actividad económica de EUA valores promedio, 1998-2016  

Entre los factores seculares detrás de la tendencia al descenso figuran el retiro del mercado laboral de la generación de los baby boomers (cuya primera cohorte alcanzó los 65 años en 2011); la prolongación del proceso de escolarización, y la mayor heterogeneidad de la fuerza de trabajo estadounidense, en la que destaca en particular el aumento de los grupos de origen hispano y asiático en detrimento de la población blanca (Kochhar, 2012; Desilver, 2017).8 Al realizar un cuidadoso análisis de las tendencias de la participación económica de los trabajadores en las edades centrales (25-64 años, prime age workers) entre 1989 y 2013, manteniendo fijo el efecto de los cambios en la composición sociodemográfica, Rios-Avila (2015a) concluye que -de no ser por la mayor heterogeneidad demográfica que dichos cambios han supuesto- los niveles de participación económica hubieran sido bastante menores.9

En este panorama destaca la caída secular de la actividad económica de los hombres de 25 a 54 años, desde su valor máximo de 98% en 1954, a 88% en 2014. Según el Consejo de Asesores Económicos de la Presidencia de Estados Unidos (CEA, 2016), en sentido general se constata una menor vinculación de los hombres de este rango de edad con el mercado de trabajo, a juzgar por el incremento del porcentaje de inactivos que dijo no haber trabajado tampoco el año previo a la encuesta. Vale la pena anotar que el descenso de actividad masculina en esta subpoblación se concentra en los menos escolarizados (CEA, 2016). Los mismos autores destacan la fuerte asociación entre no estar en el mercado de trabajo y ser pobre, para los hombres ubicados en las edades centrales, asociación que se ha fortalecido entre 1968 y 2014. La relación de causalidad entre ambos es difícil de deslindar: ¿son económicamente inactivos por ser pobres?, ¿o son pobres por no participar en el mercado de trabajo?

Entre 2000 y 2005 tuvo lugar una caída sin precedentes en la tasa de participación femenina de las mujeres de 25 a 4 años (-2.7% puntos porcentuales), en un contexto que arrastraba las secuelas de la moderada recesión de 2001 (Hotchkiss, 2006). Entre los factores que pueden haber influido en la menor proclividad femenina a participar se señalan: un menor porcentaje de mujeres con preparatoria completa, una creciente presencia de mujeres de origen hispano y un peso proporcional mayor de las madres con hijos menores de seis años.10 Un factor de corte institucional que desestimuló a su vez la participación económica -tanto en hombres como en mujeres- fueron las facilidades otorgadas para acogerse al seguro de incapacidad, cuyas cifras crecieron de manera sostenida desde inicios del siglo XXI, y se aceleraron durante la Gran Recesión (Bown, y Freund, 2019; Sherk, 2012).

Concurren también aspectos relativos a la demanda laboral entre los que destaca una contracción relativa mayor del empleo en el sector productor de bienes para las mujeres que para los hombres, a partir de 2000 (Albanesi, y Sahin, 2013);11 menores retornos a la escolaridad, caída de los salarios reales (desde 2003) y aumento de la polarización ocupacional para el conjunto de la fuerza de trabajo (Foote, y Ryan, 2014; Rios-Avila, 2015b). Un hallazgo relevante de cara a nuestro interés analítico es el descenso en el grado de ciclicidad de las mujeres a los altibajos económicos entre 1999 y 2005, presente también durante la Gran Recesión (Hotchkiss, 2006; Hoynes; Miller, y Schaller, 2012).12

Análoga tendencia al descenso ha ocurrido con la tasa de empleo poblacional (gráfica 2), un indicador cuyo comportamiento de largo plazo se considera una expresión complementaria de la oferta y la demanda laboral (Moffitt, 2012; Leon, 1981).13 Entre 2000 y 2007 el porcentaje de personas empleadas de 16 a 64 años en relación con la población en edad de trabajar pasó de 74.1 a 71.8%, una caída que clausuró la pauta de crecimiento sostenido vigente desde 1970 y que es entendida como una transformación mayor del mercado de trabajo estadounidense (Moffitt, 2012).

Fuente: Banco Mundial https://fred.stlouisfed.org No ajustados por estacionalidad

Gráfica 2 Tasas de empleo poblacional de la población en edad de trabajar, EUA, 1997-2016  

En el contexto de los países de la OCDE Estados Unidos se distingue por exhibir las más bajas tasas de empleo poblacional en las edades centrales de la pirámide laboral, aunque también las menores tasas de desempleo (CEA, 2016). Del análisis exhaustivo que emprende Moffitt (2012) para el lapso de 1999 a 2007, emerge que tanto en hombres como en mujeres la disminución se concentra desproporcionadamente en los jóvenes y en las personas de menor escolaridad. En el universo femenino son las mujeres fuera de un lazo conyugal y las que no son madres las que muestran los valores más bajos. El autor estima que alrededor de 50% de la disminución de la tasa de empleo poblacional en los hombres pertenecientes a ese tramo de edad (16-64) puede ser explicado por la caída en las tasas salariales y por cambios en el ingreso no laboral; en las mujeres, sin embargo, tales factores carecerían de fuerza causal.

La tendencia al descenso de las tasas de participación económica y de la tasa de empleo poblacional en tanto indicadores de las discrepancias en la utilización de los recursos humanos en las edades potencialmente activas registra un comportamiento diferencial en los diversos grupos poblacionales según su condición étnica y sexo, y se conservan en general las brechas que los caracterizan. En el contexto del mercado de trabajo estadounidense, los inmigrantes varones -en especial los latinoamericanos- exhiben tasas de participación (y de empleo poblacional) bastante más elevadas que los nativos blancos; los de origen asiático se sitúan en una posición intermedia, mientras que los de raza negra ostentan los más bajos niveles de incorporación al mercado de trabajo, a la vez que las más elevadas tasas de desempleo (Masterson, 2018). En el universo de la población femenina la conducta es exactamente la opuesta, pues es conocido que las inmigrantes de origen hispano son las que menos participan en la actividad económica, algo que corroboran nuestros datos; las nativas, las que más (Orrenius, y Zavodny, 2018).

La interpretación de las tendencias expuestas ha suscitado considerable discusión entre los especialistas. Algunos ven en el descenso de ambos indicadores una respuesta coherente de la oferta laboral ante a la debilidad de la economía; otros la entienden como producto de la insuficiente demanda laboral en un contexto que recoge los efectos de largo plazo de transformaciones estructurales de los mercados de trabajo en Estados Unidos, tales como la caída secular del empleo manufacturero, de los salarios reales, el aumento de la polarización ocupacional y la desigualdad social en detrimento de sectores específicos de la fuerza de trabajo (Foote, y Ryan, 2015; CEA, 2016; Desilver, 2017).14 Al comparar las tendencias recientes de la participación económica de EUA con el resto de los países de la OCDE, y en particular con Canadá, Bown, y Freund (2019) consideran que se trata de una conducta atípica -a contracorriente del promedio-15 y que podría ser explicable por las facilidades brindadas para acogerse al seguro de incapacidad (reforzado por la atonía del mercado de trabajo y la crisis de opioides), ante la ausencia de medidas que favorezcan la permanencia en el mercado de trabajo en situaciones de escaso dinamismo económico.

Quienes desestiman las explicaciones centradas en la oferta laboral señalan que no resultan consistentes con el descenso ocurrido en los salarios en las últimas décadas, ni con el aumento de las brechas salariales entre los más y los menos escolarizados, siendo precisamente éstos los que más han descendido sus niveles de participación en las últimas décadas (CEA, 2016; Rios-Avila, 2015b).16 Este aspecto guarda relación con la menguante demanda de trabajadores de media y baja calificación, en virtud del sesgo hacia los sectores de alta calificación propiciado por el cambio tecnológico (Foote, y Ryan, 2014).

En general, las tendencias seculares descritas experimentan una suerte de “aceleración” cuando sobreviene la fase recesiva de un ciclo económico y pronuncian la caída. Al menos en las dos últimas recesiones (2001 y 2007-2009), la participación económica no ha retornado a los niveles precrisis, pauta que viene verificándose desde tiempo atrás en la población masculina (Hout; Levanon, y Cumberworth, 2011, Rios-Avila, 2015a; CEA, 2016).17

Un vasto esfuerzo académico se ha abocado a desentrañar no sólo los factores detrás del descenso de la participación económica y la tasa de empleo poblacional, sino a develar en qué medida obedece a un comportamiento secular o se trata de una respuesta coyuntural ante el colapso económico (Shierholz, 2012; Hotchkiss, y Rios-Avila, 2013; Sherk, 2012). Para Aaronson; Davis, y Hu (2012) dos tercios de la disminución en puntos porcentuales en la tasa de participación económica entre 2000 y 2011 es atribuible al cambio en el peso relativo de los diversos grupos de edad; el tercio restante obedecería a cambios diferenciales en el logro educativo (por sexo) dentro de los distintos intervalos de edad. Para Sherk (2012), sin embargo, los factores estrictamente demográficos son responsables sólo de una cuarta parte de la caída en la tasa de participación entre 2008 y 2012, la mayoría del cambio obedecería a la debilidad del mercado de trabajo. Shierholz (2012), por su parte, estima que dos tercios de la caída en la tasa de participación económica desde el inicio de la Gran Recesión, y hasta 2011, constituye una respuesta cíclica; el resto obedecería a factores estructurales asociados a las tendencias de largo plazo. Por último, luego de descomponer los efectos demográficos, los de comportamiento y los atribuibles al cambio en las condiciones laborales, Hotchkiss, y Rios-Avila (2013) concluyen que el descenso dramático de la tasa de participación económica durante la Gran Recesión se explica en más de 100% por las deterioradas condiciones del mercado de trabajo, por lo que se trata de una respuesta coyuntural.

En este contexto es importante destacar la mayor volatilidad de los inmigrantes a los altibajos económicos. En su examen del desempeño mostrado por ellos en las dos últimas recesiones, Orrenius, y Zavodny (2009) constatan que si bien sus tasas de empleo poblacional exceden a las de los nativos en los momentos de creación de empleo, se colocan por debajo de las de éstos en las fases recesivas. Al realizar un puntilloso seguimiento de las tasas de transición entre empleo, desempleo e inactividad de 1996 y 2013, Xu (2018) corrobora la vigencia del lema “first fired, first hired” en lo que concierne a los inmigrantes en Estados Unidos, y señala que son precisamente los hombres nacidos fuera de ese país los que exhiben la mayor ciclicidad.

II. Fuente de información y estrategia metodológica

Los datos en que me baso provienen de la Encuesta Continua de Población de EUA (CPS), fuente primaria para la elaboración de estadísticas sobre fuerza de trabajo en ese país. Ha sido diseñada para medir los rasgos sociodemográficos y laborales de la población civil no institucionalizada de 15 años y más. Se trata de una encuesta de hogares implementada conjuntamente por la Oficina del Censo (Census Bureau) y la Oficina de Estadísticas del Trabajo (Bureau of Labor Statistics) desde hace más de seis décadas con una periodicidad mensual. Consta de un muestro estratificado y multietapas de aproximadamente 72 000 hogares. Es representativa en los niveles nacional y estatal (incluyendo el Distrito de Columbia), y a escala de ciertas áreas metropolitanas (Nueva York y Los Angeles, https://usa.ipums.org/usa/). Proporciona la medición oficial nacional del desempleo en el país.

Una de sus limitaciones es el tamaño muestral. Con la finalidad de subsanarla, se levanta cada mes de marzo el Suplemento Anual Socioeconómico (ASEC, por sus siglas en inglés), que amplía la muestra para garantizar la representatividad de ciertos grupos poblacionales como los hispanos, lo que la convierte en la fuente idónea para nuestro interés analítico. Una limitación adicional es que -como sucede con el resto de las fuentes oficiales de EUA-, no permite identificar el estatus legal de los inmigrantes, por lo que no se puede estimar de forma directa el volumen de los indocumentados.

Para analizar los efectos diferenciales del ciclo económico sobre los inmigrantes latinoamericanos (hombres y mujeres), contrasto un conjunto de indicadores en tres momentos: la fase previa a la recesión, marzo de 2007; la de crisis, marzo 2009, y la de recuperación, marzo de 2014 y 2016. Entre 2007 y 2016 median nueve años desde el inicio del ciclo económico. Para entonces varios indicadores se aproximaban a los valores anteriores a la crisis, otros no. El año 2009 recoge la situación del mercado laboral a 12 meses de la caída del PIB, momento muy crítico, distante tres meses del fin oficial de la recesión.

Me apoyo tanto en análisis bivariados como multivariados. A través de estos últimos estimo la probabilidad de pasar del empleo a la inactividad económica. Los modelos estadísticos se ajustaron de manera independiente para la población masculina y femenina, debido a las importantes diferencias entre ellos y a las pautas de participación económica en sentido general. En el universo de los inmigrantes se distingue entre los latinoamericanos y los provenientes de cualquier otra región, los que en mi análisis fungen como grupo de control. Restricciones muestrales impiden desagregar a los latinoamericanos por nacionalidad, con excepción de los mexicanos y, en algunos casos, los centroamericanos. Obvio esta diferencia intragrupal en aras de conservar un mejor tamaño muestral.

III. El mercado laboral en la post recesión y la inmigración latinoamericana

Analizaré primero los indicadores de expulsión y absorción del mercado de trabajo en el intervalo 2007 a 2016. Procederé luego al análisis estadístico multivariado para despejar el efecto de un conjunto de variables independientes sobre la probabilidad de pasar del empleo a la inactividad económica. Tomo dicha probabilidad como expresión indirecta de la debilidad del mercado de trabajo en la fase de recuperación.

Tasas de desempleo, de participación económica y empleo poblacional

Los tres indicadores que analizo en este subapartado muestran una distinta ciclicidad: mientras la tasa de desempleo es altamente sensible a la caída del producto y se comporta de forma contracíclica, la de participación económica es moderadamente procíclica. Por su parte, la tasa de empleo poblacional disminuye durante una recesión y suele estar desfasada respecto del momento de recuperación (Leon, 1981).

En conjunto, la observación de las tasas de desempleo da cuenta del mayor impacto negativo de la crisis (2009) sobre los inmigrantes latinoamericanos de ambos sexos, como también del efecto diferencial por sexo del ciclo económico sobre el conjunto de la fuerza de trabajo: un impacto inicial bastante mayor sobre los hombres que se revierte en detrimento de las mujeres durante la recuperación económica. Entre 2009 y 2007 la tasa de desocupación escaló a dos dígitos, 10.9%, en los hombres, y a 7.5% en las mujeres (cuadro 1). El incremento en puntos porcentuales fue mucho mayor entre los inmigrantes latinoamericanos que entre los nativos, e idéntico en hombres y mujeres (+6.8), de tal suerte que en 2009 los valores de las tasas de desempleo de los nacidos en América Latina eran superiores a los de los estadounidenses, independientemente del sexo. En términos relativos, por tanto, los latinoamericanos fueron expelidos proporcionalmente más del mercado de trabajo reflejando así el carácter flexible de su fuerza de trabajo.

Cuadro 1 Tasas de desempleo según condición migratoria, región de origen y sexo Estados Unidos, 2007, 2009, 2014 y 2016 

Condición migratoria y región de origen

2007

2009

2014

2016

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Nativos

5.4

4.3

11.1

7.3

7.7

6.4

5.9

4.9

Inmigrantes

4.8

3.8

9.9

8.6

5.8

7.4

4.0

5.1

Latinoamericanos

5.4

4.5

12.2

11.3

5.7

9.2

4.7

5.8

Otra región

3.9

3.3

6.8

5.9

6.0

5.8

3.2

4.5

Total

5.2

4.2

10.9

7.5

7.3

6.5

5.5

5.0

Fuente: elaborado con base en la Current Population Survey (ASEC)

Como se recoge en el cuadro 1, las tasas de desempleo descienden de forma muy gradual entre 2014 y 2016 en todos los grupos de población. En 2016, siete años después del cisma económico, se encontraban por encima de los valores precrisis (2007), con un saldo más favorable a los hombres. El balance más negativo para la fuerza de trabajo femenina es otra de las notas distintivas del ciclo económico que se analiza (Wood, 2014).18 De todos los grupos de población contemplados en el análisis, los varones nacidos en América Latina fueron los más beneficiados por la expansión económica posterior a la Gran Recesión, pues sus tasas de desempleo exhibían en 2016 cifras inferiores respecto de 2007 (-0.7 puntos porcentuales). El balance es exactamente opuesto para las mujeres latinoamericanas, quienes en 2016 poseían las tasas más elevadas de desocupación en el universo de la PEA femenina, aspecto que reafirma su mayor vulnerabilidad en el mercado de trabajo estadounidense (Caicedo, 2010; Ariza, 2017).

En realidad, una parte no despreciable del descenso de las tasas de desocupación es la consecuencia de la caída sistemática de los niveles de participación económica, y no de la mejoría en la situación del mercado de trabajo (Kochhar, 2012; CEA, 2016; Bown, y Freund, 2019); en otras palabras, de no ser por la tendencia secular a abandonar la fuerza laboral -acicateada durante la Gran Recesión-, las tasas de desempleo fueran aún mayores casi una década después del cataclismo económico. Entre 2007 y 2016, el cambio neto en las tasas de participación fue de -3.8 puntos porcentuales para los hombres, y de -2.1 para las mujeres, por lo que ni unos ni otras habían retornado en ese último año a los niveles previos a la crisis (cuadro 2). El dato sugiere que el dinamismo económico de la fase de recuperación no alcanzó a ralentizar la tendencia secular al descenso de la participación económica y probablemente esconda un buen número de trabajadores desalentados.19

CUADRO 2 Tasas de actividad económica según condición migratoria, región de origen y sexo Estados Unidos, 2007, 2009, 2014 y 2016 

Condición migratoria y región de origen

2007

2009

2014

2016

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Nativos

69.8

59.2

68.6

58.8

65.8

57.0

65.9

57.0

Inmigrantes

81.2

54.8

79.5

55.6

77.7

53.9

77.2

53.4

Latinoamericanos

85.9

54.0

82.7

55.6

81.5

54.1

80.5

53.0

Otra región

75.4

55.6

75.6

55.5

73.6

53.8

73.5

53.9

Total

71.6

58.5

70.3

58.3

67.7

56.5

67.8

56.4

Fuente: elaborado con base en la Current Population Survey (ASEC)

Como es sabido, el impacto del ciclo económico está mediado por la segregación por sexo de los mercados de trabajo. La mayor concentración relativa de los hombres en sectores económicos muy susceptibles a la caída del producto (construcción, manufactura), los hace blanco predilecto de los recortes de las plantillas laborales. A su vez, la mayor presencia de ellas en los servicios y en el empleo gubernamental (que muchas veces se expande intencionalmente para contrarrestar la recesión), las protege en términos comparativos en las fases iniciales del ciclo. En virtud de este patrón, se estima que durante las cinco recesiones registradas en EUA entre 1969 y 1991, los hombres perdieron nueve veces más puestos de trabajo que las mujeres (Goodman; Antczak, y Freeman, 1993, p. 26).

Las tasas de participación económica descendieron más al inicio de la fase de crecimiento económico (lapso de 2009 a 2014), que en la de recesión propiamente hablando (2007-2009),20 a diferencia de las tasas de desempleo (cuadro 2). De ahí en adelante puede hablarse de estabilidad. El que las tasas de actividad tardaran en descender se explica probablemente porque antes de ser ganados por el desaliento los trabajadores persisten en la búsqueda de oportunidades laborales durante un tiempo, presionando hacia arriba la tasa de desempleo, como aconteció entre 2007 y 2009.

De nueva cuenta, los hombres latinoamericanos -con tasas de actividad extraordinariamente altas en relación con los demás grupos poblaciones- exhiben una conducta procíclica más marcada (“first fired, first hired”), al disminuir más que los nativos sus niveles de participación en la fase recesiva (-3.2) y, menos en la de expansión (-1.2 puntos porcentuales). Sin embargo, el dato destacable es el comportamiento claramente contracíclico de las latinoamericanas, las únicas que en el momento de crisis elevan su actividad económica (+1.6) en lugar de disminuirla, algo documentado ya en otros países a propósito de la Gran Recesión, y en EUA en recesiones previas (Périvier, 2014; Parella, 2015; Rios-Avila, 2015a).21

En virtud de la complejidad de factores envueltos en la tendencia secular al descenso de la participación económica y de la dificultad de deslindar los aspectos estructurales de los coyunturales (Fujita, 2014), se expone en los cuadros 1 y 2 del anexo un ejercicio de estandarización directa de las tasas de actividad económica para todo el periodo (2007-2016), tomando en cuenta sólo a los nacidos en EUA y en América Latina. De dicha información se desprende que: 1) el cambio (descenso) en la participación económica es bastante más acentuado en los hombres que en las mujeres, en congruencia con la pauta vigente desde mediados el siglo XX según se señaló; 2) tanto en hombres como en mujeres la menor participación económica en 2016 combina efectos de los cambios en la estructura por edad como en las tasas específicas de actividad, siendo en general más marcados los primeros (ante todo en los nativos), con excepción de la subpoblación de los hombres latinoamericanos, en quienes la disminución de la participación económica obedece principalmente a un efecto de comportamiento (tasas específicas) que a la modificación de la estructura por edad entre 2007 y 2016. El mayor efecto de la estructura por edad en los nacidos en EUA es congruente con el carácter más envejecido de su población.

Pero más que las tasas de desempleo, que enmascaran la medida en que su caída es producto de la creciente desafiliación del mercado de trabajo, y que las tasas de actividad recién aludidas, es la tasa de empleo poblacional el indicador más idóneo para valorar la debilidad de la economía estadounidense en la post recesión (gráficas 3 y 4, y cuadro 3 del anexo) por cuanto denota la efectiva incorporación laboral en relación con las personas en edad de trabajar (Leon, 1981, véase nota a pie de página número 13). Dichas tasas descendieron abruptamente entre 2007 y 2009 (sobre todo en los hombres), y exhibían en 2016 valores bastante distantes todavía de los niveles precrisis.

Fuente: elaborado con base en la CPS (ASEC)

Gráfica 3 Tasas de empleo poblacional por condición migratoria. Hombres EUA, 2007-2016  

Fuente: Elaborado con base en la CPS (ASEC)

Gráfica 4 Tasas de empleo poblacional por condición migratoria. Mujeres, EUA 2007-2016  

Con base en el mismo indicador se observa que la fase de recuperación favoreció menos a las mujeres que a los hombres: mientras las tasas de empleo poblacional masculinas empiezan a recuperarse de forma incipiente en 2014, las femeninas disminuyen. Como se ha señalado, este aspecto corrobora uno de los rasgos sobresalientes de la Gran Recesión en el contexto de los ciclos económicos previos pues ha supuesto una reversión de la tendencia histórica a un mayor incremento del empleo femenino que masculino durante la fase de crecimiento del producto (Kalleberg, y Von Wachter, 2017; Wood, 2014).22 La insuficiente recuperación de la tasa de empleo poblacional denota que el ritmo de creación de empleos no ha estado a la par de la expansión de la población en edad de trabajar (Kochhar, 2012); o en otras palabras, que la economía no ha sido capaz de proveer fuentes de trabajo suficientes a los potenciales trabajadores, los que parecen haber optado por desplazarse a la inactividad. Para explorar esta posibilidad se expondrá a continuación los resultados de un ejercicio estadístico multivariado.

Del empleo a la inactividad: la “opción” de no trabajar

Se ajustaron ocho modelos de regresión logística binaria (cuatro para cada sexo) con la finalidad de evaluar la oportunidad de pasar del empleo a la inactividad económica en cada uno de los cuatro años de observación. La variable dependiente es dicotómica, por lo que el empleo recibe el valor de 0, y la inactividad de 1.23 Una vez obtenidos los coeficientes, se estimaron las probabilidades ajustadas para facilitar la exposición de los resultados. Las variables independientes se agruparon analíticamente en: individuales (edad y escolaridad); familiares (situación conyugal, presencia de hijos menores de cinco años en el hogar y relación de parentesco con el jefe), y sociales (condición de migración, raza y condición de pobreza). La pertenencia racial y la condición de pobreza se introducen como variables de control. La primera constituye un eje de estratificación social central en la sociedad estadounidense que incide en el mercado de trabajo y en otros comportamientos demográficos (Masterson, 2018). A su vez, la revisión de la literatura mostró una relación positiva entre pobreza e inactividad económica, difícil de interpretar, que no abordo explícitamente en mi planteamiento, pero cuyo efecto es necesario considerar (CEA, 2016). Respecto a la edad, se tomó la decisión de excluir a los mayores de 64 años para evitar la superposición con el retiro laboral por su obvio efecto sobre la participación económica, por lo que el universo corresponde a la población civil de entre 15 y 64 años. Los tamaños de muestra para cada uno de los años y las medidas de bondad de ajuste figuran en la parte inferior de los cuadros 3 y 4.

Los resultados muestran probabilidades bastante más elevadas de pasar del empleo a la inactividad en las mujeres que en los hombres, lo que es coherente con el fuerte condicionamiento de género de los mercados de trabajo.24 Dan cuenta también de un incremento importante de dichas probabilidades entre 2007 y 2014 en ambos sexos, y del distinto papel de la inmigración latinoamericana en el conjunto de la fuerza de trabajo dependiendo de si se es hombre o mujer, como veremos a continuación.

Hombres

El cuadro 3 recoge las probabilidades para cada año del periodo de observación.25 En aras de la claridad expositiva, y dado que prácticamente todas las variables (con un par de excepciones en alguna categoría) conservan su sentido, me centraré en el último año, 2016, y señalaré los incrementos relativos en el lapso de 2007 a 2016 cuando fuere necesario. En orden de importancia, ser pobre (55.9%), ser hijo del jefe del hogar (40.7%), encontrarse entre los 55 y 64 (35.0%) o entre los 15 y 24 (25.6%), y contar con preparatoria completa o menos como toda escolaridad (23.2%) son las variables con las probabilidades más altas de transitar del empleo a la inactividad en 2016. A su vez, ser inmigrante latinoamericano, ser esposo o pareja de la jefa/e del hogar, o contar con alta escolaridad son las que más la disminuyen. Es de destacar que son los inmigrantes nacidos en América Latina quienes exhiben la menor probabilidad de pasar a la inactividad económica en los cuatro años, con valores que permanecen por debajo de 10%.26 Los jóvenes (15 a 24 años), los hombres menos escolarizados y los que se encuentran en situación de pobreza, incrementaron la probabilidad de transitar a la inactividad de 2007 a 2016, entre 5 y 6 puntos porcentuales.

La asociación entre ser joven y la probabilidad de pasar del empleo a la inactividad económica guarda relación con las conocidas pautas de participación económica, según rasgos sociodemográficos, con la elevada ciclicidad de los jóvenes a los altibajos del ciclo en sentido general (DiCecio et al., 2008), y con la mayor tendencia a permanecer en el proceso de escolarización observada en años recientes, pero también con el hecho de que fueron precisamente los jóvenes uno de los grupos de población más afectados por la Gran Recesión (Hout, y Cumberworth, 2012; Levine, 2009). Estos aspectos sugieren que la creciente probabilidad de abandonar el mercado de trabajo entre 2007 y 2016 es el resultado simultáneo de efectos estructurales y coyunturales.

CUADRO 3 Probabilidad de pasar del empleo a la inactividad económica Hombres de 15 a 64 años, población civil, Estados Unidos 

Tipo de variable independiente

2007

2009

2014

2016

 Individuales

 Edad

           15-24

20.0

23.0

25.8

25.6

           25-54

8.8

10.7

12.1

11.3

           55-64

35.4

36.8

36.6

35.0

Escolaridad  

          Preparatoria completa o menos

18.7

22.4

24.4

23.2

          Preparatoria y más

9.9

11.9

14.1

13.7

Familiares     

     Situación conyugal

          Casado o unido 

12.7

14.7

16.2

15.5

          No casado o unido

14.4

17.5

19.9

18.9

Hijos menores de 5 años en el hogar

           Sí

12.7

8.8

10.6

9.8

          No

14.4

17.3

19.2

18.4

Relación de parentesco

          Jefe

11.0

12.9

14.7

13.8

         Esposo/a, pareja no casada

8.7

10.4

11.8

11.6

         Hijo/a

37.2

42.6

43.3

40.7

         Otro

15.2

18.2

21.1

19.9

Sociales

Condición de migración

         Nativos

14.5

17.1

19.6

18.6

         Latinoamericanos

6.1

7.9

8.5

8.9

         Inmigrantes de otra región

13.8*

14.6*

16.0

15.1

Raza

         Blanca

12.6

15.0

16.8

16.3

         Negra

18.7

21.5

23.2

20.8

        Otra

15.0

18.0

21.6

20.1

Condición de pobreza

         Pobre

49.4

53.0

52.3

55.9

         No pobre

11.1

13.1

14.6

13.8

N

65,011

65,458

43,698

57,401

Logpseudolikelihook

-24335.53

-24443.591

-25229.1

-23136.025

Significancia al p < 0.05

* variable no significativa al p < 0.05

Fuente: elaborado con base en la Encuesta Continua de Población (ASEC).

La relación entre ser pobre y ser inactivo es más difícil de interpretar, pues es evidente que puede haber una situación de mutuo reforzamiento, una causalidad circular, como se señala con anterioridad. Evidencia referida por otros autores con base en encuestas del uso del tiempo sugiere que los hombres y mujeres pobres de EUA pueden haber decidido abandonar el mercado de trabajo para involucrarse en la producción doméstica ante las magras posibilidades que aquél les ofrece (Khitarishvili, y Kim, 2014, citado por Rios-Avila, 2015a, p. 6).

Finalmente, que ser hombre nacido en América Latina constituya la situación que menos se asocie con la probabilidad de pasar a la inactividad económica resulta congruente con la muy elevada participación económica de los latinoamericanos en el mercado de trabajo estadounidense, su mayor concentración relativa en el intervalo de las edades activas y la pronta recuperación de sus tasas de desempleo en la fase expansiva del ciclo económico observada en el análisis bivariado. Este hallazgo no debe ser tomado como indicador de una mejor situación relativa en el mercado de trabajo, sugiere más bien que, por su misma vulnerabilidad, los latinoamericanos están más atados a la dinámica de contracción/expansión del ciclo económico en virtud del carácter altamente flexible de su fuerza de trabajo.

Otros indicadores no contemplados en este análisis (niveles salariales, porcentaje subempleados) arrojan una mirada más matizada de la inserción laboral de los latinoamericanos.27 Es necesario no perder de vista a su vez el importante peso de la inmigración indocumentada (en su mayoría mexicana) en el universo de los latinoamericanos, condición que les impide acceder al seguro de desempleo (Xu, 2018).

Mujeres

La jerarquía de las variables que más elevan la probabilidad de pasar a la inactividad económica en 2016 es similar a la resultante de los modelos ajustados para los hombres: ser pobre (71.5%), ser hija del jefe/a del hogar (58.9%), tener entre 55 y 64 años (45.7%) o entre 15 y 24 (41.1%), y poseer baja escolaridad (43.2%). Son también semejantes los grupos poblacionales que elevaron la probabilidad de pasar del empleo a la inactividad en los cuatro años contemplados: las mujeres de más baja escolaridad, las jóvenes, y las que se encuentran en situación de pobreza, con la única excepción de las mujeres casadas o unidas, por lo que no se profundiza en la discusión de estas variables para evitar ser redundantes.

En contraste con la población masculina, formar parte de una unión conyugal (42.4%) y tener hijos menores de cinco años residiendo en el hogar (38.8%) fortalecen la probabilidad de que una mujer abandone el mercado de trabajo. Tales variables denotan la mediación del mundo en la actividad extra doméstica de la población femenina residente en Estados Unidos, a pesar de los procesos de largo plazo que han favorecido su inserción económica: terciarización, elevación de la escolaridad, descenso de la fecundidad, entre otros.

CUADRO 4 Probabilidad de pasar del empleo a la inactividad económica Mujeres de 15 a 64 años, población civil, Estados Unidos 

Tipo de variable independiente

2007

2009

2014

2016

 Individuales

 Edad

           15-24

37.7

40.6

33.1

41.1

           25-54

25.0

25.6

32.6

26.6

           55-64

47.9

47.4

37.7

45.7

Escolaridad  

          Preparatoria completa o menos

39.0

40.8

43.7

43.2

          Preparatoria y más

24.5

25.2

26.6

26.2

Familiares     

     Situación conyugal

          Casado o unido 

39.3

40.4

43.2

42.4

          No casado o unido

22.6

23.7

25.1

24.9

Hijos menores de 5 años en el hogar

           Sí

40.6

41.8

41.3

38.8

          No

29.4

30.5

32.5

32.1

Relación de parentesco

          Jefe

25.0

26.3

27.8

27.1

         Esposo/a, pareja no casada

24.7*

25.0

27.0*

25.8*

         Hijo/a

59.1

59.9

59.1

58.9

         Otro

34.1

33.7

34.6

35.6

Sociales

Condición de migración

         Nativas

30.0

31.3

32.7

32.0

         Latinoamericanas

34.9

34.3

35.8

35.7

         Inmigrantes de otra región

35.5

34.9

38.5

38.8

Raza

         Blanca

30.8

31.5

33.1

32.5

         Negra

29.6*

32.0*

32.6*

33.1*

        Otra

32.9

35.0

37.7

35.4

Condición de pobreza

         Pobre

67.9

68.3

70.2

71.5

         No pobre

26.9

27.6

28.4

27.9

N

69,800

70,466

46,732

61,883

Logpseudolikelihook

-36771.77

-35917.63

-34901.02

-32366.728

Significancia al p < 0.05

* variable no significativa al p < 0.05

Fuente: elaborado con base en la Current Population Survey (ASEC)

En lo que concierne a la condición migratoria, las mujeres se comportan también a contracorriente de los hombres. Al contemplar la diferenciación interna según esta categoría sobresale que las nacidas en América Latina poseen mayor probabilidad (35.7) que las nativas (32), pero menor que las provenientes de cualquier otra región (38.8), de pasar del empleo a la inactividad económica, aunque los órdenes de magnitud son semejantes. Si bien el análisis bivariado reveló que las inmigrantes latinoamericanas fueron las únicas que se comportaron contra cíclicamente durante la Gran Recesión desplegando quizás una conducta compensatoria ante la caída del ingreso familiar (efecto de adición, Lundeberg, 1981), es preciso no perder de vista que en el universo de la fuerza de trabajo femenina ellas han exhibido históricamente las más bajas tasas de actividad económica, aun cuando hayan tendido a crecer en las últimas décadas (Orrenius, y Zavodny, 2009 y 2018; Rios-Avila, 2015a).

Conclusiones

A pesar de que en 2016 las tasas de desempleo se encontraban cerca de los niveles previos a la Gran Recesión, el mercado laboral estaba lejos de mostrar el dinamismo requerido como para estimular el repunte de la participación económica en un contexto de descenso secular y desaliento laboral. No es casual que sean precisamente los grupos más severamente afectados por el colapso económico de 2007-2009 los que más elevaron la probabilidad de abandonar el mercado de trabajo junto con las de 15 a 64 años: los pobres, los de menor escolaridad, los jóvenes, grupos que poseen condiciones de fragilidad social, haya o no un contexto de volatilidad económica.

Para tratar de dilucidar el acertijo que estas tendencias suponen se han proporcionado múltiples evidencias e hipótesis de investigación. Cambios estructurales del mercado de trabajo (pérdida de dinamismo de la manufactura, polarización ocupacional, caída de los salarios reales, disminución de los retornos a la escolaridad) se combinan de forma singular con modificaciones importantes en la oferta laboral (envejecimiento, retiro de los baby boomers, permanencia en el proceso de escolarización, mayor heterogeneidad de la fuerza de trabajo), y procesos socio institucionales específicos (estímulo al seguro de incapacidad) para producir un escenario complejo cuyo resultado es el creciente abandono de la fuerza laboral de hombres y mujeres, más marcado en ciertos grupos sociodemográficos. Más allá de los innegables efectos coyunturales, en lo que concierne a la participación económica, la Gran Recesión no hizo sino acicatear las tendencias preexistentes.28 En contraste con otros países de desarrollo económico comparables, Estados Unidos destaca por la escasa o nula recuperación de las tasas de actividad económica en la post recesión, lo que suscita la preocupación por sus implicaciones en el mediano y largo plazo y corrobora -de paso- la atonía del mercado de trabajo.

En el contexto del ciclo económico iniciado con la crisis más importante de la economía capitalista desde la Gran Depresión, los latinoamericanos refrendaron el carácter flexible de su fuerza trabajo. La muy baja probabilidad de que los varones nacidos en nuestra región abandonen el mercado de trabajo entre 2007 y 2016, a pesar de las tendencias observadas para el conjunto de la fuerza de trabajo, denota su impostergable necesidad de ingreso en ausencia de apoyos institucionales; otros indicadores confirman la precariedad de su inserción laboral. Por tanto, el comportamiento claramente procíclico exhibido por estos inmigrantes (“first fired, first hired”) bosqueja la medida de su vulnerabilidad.

Finalmente, la mayor propensión de las mujeres latinoamericanas -en contraste con sus pares varones- a transitar hacia la inactividad económica una vez empleadas expresa la transversalidad del género en la organización de los mercados de trabajo, pues acontece también en las nativas (en menor magnitud) y en las inmigrantes provenientes de cualquier otra región (en mayor magnitud). En cambio, su comportamiento contra cíclico en la fase recesiva y el hecho de que sus tasas de desempleo sean las que menos hayan disminuido durante el periodo de recuperación económica denota una situación más acuciante en el universo de la fuerza de trabajo femenina que -según hemos visto- ha resultado en conjunto menos favorecida que la masculina por la expansión económica iniciada a partir de junio de 2009.

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1Agradezco a la Universidad Nacional Autónoma de México a través del Programa de Apoyo a Proyectos la Investigación e Innovación Tecnológica, PAPIIT, el financiamiento a este proyecto (IN302816). Al Minnesota Population Center. Integrated Public Use Microdata Series, International el acceso a la encuesta en que nos basamos, y el apoyo de la Dra. Sandra Murillo de la Unidad de Estudios de Opinión del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

2La fase de crecimiento subsiguiente a la recesión de 2001 habría sido la primera de estas características desde la posguerra (Grusky; Western, y Wimer, 2011, p. 235).

3Entre 1854 y 2009 Estados Unidos ha experimentado 33 ciclos (NBER, http://www.nber.org/cycles/cyclesmain.html).

4Para éste se analizan las nóminas de empleados con base en una encuesta que lleva a cabo la Oficina de Estadísticas del Trabajo.

5Éstas son: la recuperación a raíz de la Gran Depresión y la recesión de principios de 1990 (Bordo, y Haubrich, 2017). La referencia a Friedman proviene de estos autores; su formulación textual es: “A large contraction in output tends to be followed on the average by a large business expansión; a mild contraction, by a mild expansión” (Bordo, y Haubrich, 2013, p. 1).

6La tasa de empleo poblacional es el cociente entre el número de personas empleadas y la población en edad de trabajar; la de actividad económica utiliza el mismo denominador, pero en el numerador agrupa a los ocupados y a los que buscan empleo (https://www.bls.gov/bls/glossary.htm#E).

7 DiCecio et al., (2008) distinguen tres regímenes en la evolución de la participación económica en EUA: 1) previo a 1960, pauta de crecimiento cero; 2) de 1960 a 2000, incremento constante, y 3) de 2000 en adelante, descenso.

8Entre 1970 y 2000, el peso de los hispanos en el universo de la población residente en EUA se elevó por encima de 7%. Se estima que serán responsables de 74% del crecimiento de la fuerza de trabajo entre 2010 y 2020, equivalente a 10.5 millones de trabajadores adicionales (Kochhar, 2012).

9El autor señala que 4.6 millones más de trabajadores habrían estado fuera del mercado laboral (Rios-Avila, 2015a:3).

10El número de mujeres con hijos menores de seis años se incrementó 7.7% entre las casadas, y 15.5% entre las solteras, entre 1999-2001, y 2007-2009 (Macunovich, 2010, p. 22).

11Los autores indican que mientras la participación de los hombres en dicho sector cayó 18%, la de las mujeres fue el doble.

12Mientras en 2000 una caída de 1% en la tasa de desempleo hubiera promovido un incremento de 1.9% en la tasa de participación femenina (manteniendo constante el resto de las características), en 2005 sería sólo 0.3% (Hotchkiss, 2006).

13 Moffitt (2012, p. 201) puntualiza que si se mantiene más o menos fija la tasa de desempleo entre dos momentos pico dentro de un ciclo económico, la tasa de empleo poblacional necesariamente refleja la de participación económica. Por otro lado, en la media en que el indicador expresa los cambios netos en el número de detentadores de empleos en relación con los cambios en el tamaño de la población, su descenso refleja una caída del empleo (Leon, 1981, p. 37).

14El empleo manufacturero empezó a descender a finales de la década de 1970. Cada episodio recesivo ha reforzado la tendencia. Entre 2007 y 2009, dicho sector perdió 17% de su fuerza de trabajo (dos millones de empleos, Barker, 2011, p. 33).

15Entre 1995 y 2017 los países de la OCDE experimentaron, en promedio, un incremento de cuatro puntos porcentuales en la tasa de participación económica; EUA sufrió un descenso de 1.8 (Bown, y Freund, 2019, p. 2).

16En 2014, los trabajadores con preparatoria completa ganaban 60% del salario de quienes contaban con al menos un grado universitario; en 1975 la relación era de 80% (CEA, 2016, p. 26).

17Desde la década de 1970 del pasado siglo XX los hombres no han recuperado el nivel de empleo de que gozaban en la fase de expansión previa a cada recesión (Hout; Levanon, y Cumberworth, 2011).

18 Périvier (2014) constata una tendencia análoga en los ocho países europeos que estudia, y la atribuye al efecto negativo de las políticas de austeridad sobre el empleo femenino.

19De acuerdo con Fujita (2014, pp. 4-5), el incremento de los trabajadores desalentados explica cerca de 30% del descenso total en la tasa de participación económica entre 2000 y 2013.

20Se estima que la volatilidad de la participación económica es alrededor de un décimo respecto del cambio en la producción industrial durante el ciclo (DiCecio et al., 2008).

21 Rios-Avila (2015a, p. 10) señala que las hispanas son las únicas que han sostenido sus niveles de participación económica en las dos últimas recesiones.

22 Kochhar (2012, p. 17) destaca que las mujeres constituyen el único grupo cuya tasa de empleo descendió durante la fase de recuperación económica (2009-2011); otros autores han encontrado una tendencia similar para algunos países europeos (Périvier, 2014).

23La variable dependiente se construyó con base en la variable employment status, con la cual la Oficina del Censo y la Oficina de Estadísticas Laborales de EUA clasifican a la población en edad de trabajar en tres estados excluyentes: empleados, desempleados e inactivos. Aunque la encuesta contiene información acerca de si los entrevistados trabajaron el año previo, no se utilizó para evitar recortar el universo a quienes cumplían esta condición. Si bien la encuesta posibilita hacer un estudio de panel, el que acometo aquí es un ejercicio transversal.

24 DiCecio et al. (2008) estiman que la participación económica femenina es tres veces más volátil que la masculina.

25La conversión de los coeficientes de un modelo de regresión logística en probabilidades ajustadas facilita la interpretación de los resultados porque: 1) permite comparar diferentes años dado que expresan el punto porcentual de cambio y no medidas absolutas; 2) su estimación “controla” por el resto de los factores, con lo cual no es necesario recurrir a la categoría de contraste para interpretar los hallazgos (Retherford; Choe, y Kim,1993).

26Siempre que no se especifique lo contrario, todas las variables y categorías resultaron significativas al p < 0.05.

27Entre 2007 y 2016 los latinoamericanos presentaron los niveles más altos de subempleo en el conjunto de la fuerza de trabajo masculina. En el momento más agudo de la recesión, 2009, llegaron a 67.3% (cálculos propios no presentados en los cuadros).

28 Fujita (2014) ha llamado la atención sobre la poca utilidad de los esfuerzos que procuran deslindar los efectos de tendencia de los efectos coyunturales, pues es evidente que los primeros son influidos a su vez por los segundos de forma inextricable.

CUADRO 1 ANEXO Tasas de actividad económica tipificadas y contribución de los diferentes efectos l cambio. Población masculina por condición migratoria, EUA, 2007 y 2016 

Tasas reales

Tasas tipificadas

2007

2016

2016/Población 2007

Total

71.6

67.8

70.0

Nativos

69.8

65.9

68.2

Latinoamericanos

85.9

80.5

82.6

Contribución de los distintos efectos al cambio ,2007 y 2016

Efecto neto

Efecto del cambio en las tasas específicas

Efecto de la estructura pro edad

Total

-3.8

-1.5

-2.4

Nativos

-3.9

-1.5

-2.4

Latinoamericanos

-5.4

-2.9

-2.5

Fuente: Elaboración propia con base en la Current Population Survey (ASEC)

CUADRO 2 ANEXO Tasas de empleo poblacional tipificadas y contribución de los diferentes efectos al cambio. Población femenina por condición migratoria, EUA, 2007 y 2016 

Tasas reales

Tasas tipificadas

2007

2016

2016/Población 2007

Total

56.1

53.6

55.2

Nativas

56.7

54.2

56.2

Latinoamericanas

51.6

49.9

50.6

Contribución de los distintos efectos al cambio ,2007 y 2016

Efecto neto

Efecto del cambio en las tasas específicas

Efecto de la estructura pro edad

Total

-2.5

-0.8

-1.8

Nativas

-2.5

-0.4

-2.1

Latinoamericanas

-1.7

-0.8

-0.9

Fuente: Elaboración propia con base en la Current Population Survey (ASEC)

CUADRO 3 ANEXO Tasas de empleo poblacional según condición migratoia, región de origen y sexo Estados Unidos, 2007, 2009, 2014 y 2016 

Condición migratoria y región de origen

2007

2009

2014

2016

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Nativos

66.9

57.6

61.7

55.4

61.3

54.2

62.7

55.0

Inmigrantes

Latinoamericanos

81.8

52.0

73.0

49.6

77.3

49.4

77.1

50.2

Otra región

72.5

54.1

70.4

52.6

69.1

50.9

71.2

51.9

Total

68.6

56.9

63.3

54.7

63.3

53.6

64.7

54.3

Fuente: elaborado con base en la Current Population Survey (ASEC)

Recibido: 18 de Marzo de 2019; Aprobado: 07 de Noviembre de 2019

Acerca de la autora

Marina Ariza es doctora en ciencia social con especialidad en sociología por El Colegio de México, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sus líneas de investigación versan sobre la relación entre la migración y los mercados de trabajo; las desigualdades laborales y de género; las implicaciones de la movilidad y los procesos sociodemográficos sobre la vida familiar, en especial en contextos de transnacionalidad; la reflexión metodológica sobre la investigación social, y, más recientemente, la sociología de las emociones.

Dos de sus publicaciones recientes son:

1. (2019) (en coautoría con Orlandina de Oliveira). Households Families and Social Inequalities in Latin America. En Beigel, Fernanda(ed.), Key Texts for Latin American Sociology (248-268). Sage.

2. (2017). Ciclos económicos e inmigración: trabajadoras latinoamericanas en EUA durante la Gran Recesión. Sí Somos Americanos. Revista de Estudios Transfronterizos, 17(2), 15-41.

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