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Estudios sociológicos

versión On-line ISSN 2448-6442versión impresa ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.34 no.101 México may./ago. 2016

 

Notas de investigación

Justificaciones sobre las desigualdades sociales. Notas sobre el caso salvadoreño

Justifications on social ineaqualities. Notes on the Salvadoran case

Irene Lungo Rodríguez*  ** 

*El Colegio de México. México. ilungo@colmex.mx

Resumen

Esta nota de investigación presenta los lineamientos teóricos y metodológicos que orientan mi tesis doctoral, la cual se encuentra en proceso de elaboración. Mi investigación indaga en algunos aspectos culturales que subyacen en las desigualdades sociales en El Salvador contemporáneo. Actualmente, tal país se caracteriza por la primacía del modelo de acumulación neoliberal, el auge de una inédita institucionalidad democrática, procesos de reconcentración de capital y la persistencia de altos niveles de exclusión social. En este escenario, examino las justificaciones de las desigualdades a partir del caso de las clases medias “elitizadas” en El Salvador. Este trabajo se inscribe dentro de los debates sociológicos que abordan la relación entre elementos culturales y la reproducción de la estratificación y las desigualdades sociales.

Palabras clave: estratificación y desigualdad social; justificaciones; legitimación; El Salvador; clases medias

Abstract

This note presents the theoretical and methodological guidelines of my PHD dissertation, which is under preparation. My concern is about cultural aspects that underlie social inequalities in contemporary El Salvador. Currently, this country is characterized by the primacy of neoliberal acumulation model, the rise of an unprecedented democracy, processes of reconcentration of capital and the persistence of high levels of social exclusion. Specifically, I study the justification of inequalities from the case of the “elite” middle classes in El Salvador. This research is inscribed whitin the sociological debates on the cultural aspects after reproduction of stratification and inequality.

Key words: social inequality and stratification; justifications; legitimation; El Salvador; middle classes

Introducción

Mi tesis doctoral se inscribe en la preocupación general por explorar elementos de corte cultural que subyacen en la persistencia de las desigualdades socioeconómicas en El Salvador, un país atravesado por profundas transformaciones en años recientes. Durante las últimas décadas dicho país ha pasado de conformar una sociedad agroexportadora y autoritaria a otra con institucionalidad democrática e integrada al capitalismo global. Esto ha conllevado una serie de rupturas y continuidades; sin embargo, persiste la concentración de la riqueza en pocas familias, clases medias numéricamente pequeñas, grandes masas de población empobrecida y una estructura social altamente jerarquizada y elitizada (Segovia, 2002; Pérez Sáinz, 2004; Bulmer Thomas, 2011). Mi investigación se inserta dentro del campo de estudios sociológicos que examinan el papel de los aspectos culturales en la producción y reproducción de las desigualdades socioeconómicas. De forma específica, estudio el caso salvadoreño a partir de la noción de justificación de las desigualdades socioeconómicas, la cual ha emergido del diálogo con distintas agendas de investigación que conforman el campo apuntado.

Con el objetivo de exponer los principales lineamientos teóricos y metodológicos de mi tesis doctoral, he dividido la nota en dos secciones. En la primera se esboza la discusión teórica que orienta la investigación. De tal forma, expongo de manera sintética las principales agendas de investigación con la cual establezco el diálogo que me permitió ensayar una mirada para abordar el caso salvadoreño. En la segunda parte de la nota presento aspectos esenciales de la aproximación metodológica de mi tesis. Así, sitúo mi problema de investigación, describo el grupo en estudio y discuto la estrategia metodológica utilizada en la aproximación empírica.

El diálogo teórico: sobre las justificaciones de las desigualdades sociales

Nunca ha existido una estructura persistente de desigualdad económica y social sin que hubiera también algún tipo de sistema(s) de significados que persiguiera tanto explicar como justificar la desigual distribución de los recursos societales. (Crompton, 1993: 17)

La preocupación por las desigualdades y la estratificación social ha sido un tema privilegiado dentro del quehacer sociológico.1 Dentro de un campo fértil de propuestas analíticas y empíricas para el estudio de las desigualdades sociales, en este apartado circunscribo la mirada hacia los debates vinculados a las justificaciones de las mismas. Es decir, se pone sobre la mesa mi interés por explorar algunos elementos culturales que subyacen en la persistencia y redefiniciones de los sistemas de estratificación social. Asimismo, acá se privilegia el diálogo con aquellas propuestas sociológicas que reivindican la centralidad de los actores sociales en los procesos de producción, reproducción, cuestionamiento o naturalización de las desigualdades. Es decir, no se trata de exponer acá una lectura exhaustiva sobre la temática, sino explorar los principales debates que han permitido construir el marco analítico para abordar el caso particular.

A partir de la revisión de literatura se han identificado cuatro líneas de investigación enlazadas con la problemática de las justificaciones de las desigualdades sociales. Se trata de conjuntos de investigaciones que analizan desde diferentes lentes teórico-metodológicos los elementos culturales que subyacen en la reproducción (y redefiniciones) de los sistemas de estratificación social. Un primer conjunto de trabajos indaga en la aceptación (o no) de los individuos de cargas y recompensas desiguales en la sociedad y suelen buscar la respuesta en el estudio de dimensiones subjetivas de los actores. Un segundo grupo de estudios se pregunta por el papel de los actores sociales en la reproducción de las desigualdades sociales. Éstos tienden a explorar las conductas e interacciones que tienen lugar en la vida cotidiana. Una tercera línea de investigaciones busca analizar el papel de la ideología en la legitimación o cuestionamiento colectivo de las desigualdades sociales. Finalmente, existe una serie de estudios preocupados por la dominación social; éstos inquieren en los elementos simbólicos y las prácticas sociales que dan soporte a las desigualdades sociales y por ende a la dominación. Discutamos brevemente cada una de ellas:

En primer lugar, se identificó un conjunto de trabajos que se encuentran preocupados por explorar las respuestas subjetivas de los individuos frente a las desigualdades sociales. El punto de partida acá es la tensión que existe entre la expansión de los ideales igualitarios en las sociedades modernas y la desigualdad presente en las mismas: a nivel empírico encuentran que sociedades profundamente desiguales son al mismo tiempo políticamente estables. Frente a ello proponen que tal estabilidad responde a la existencia de acuerdos normativos internalizados que tienden a legitimar las desigualdades sociales. Estos estudios se fundamentan en el individualismo metodológico y suelen estudiar agregados de percepciones individuales sobre qué tan justa es la distribución de recompensas y cargas entre los miembros de una sociedad. Entre sus referentes empíricos se encuentran las percepciones, valoraciones, sentimientos de injusticia (o agravio) o los sistemas de creencias generados alrededor de las desigualdades. Dentro de esta línea de trabajo se pueden señalar los estudios inspirados en la teoría de la privación relativa (Runciman, 1966) y numerosos trabajos sobre justicia distributiva desarrollados luego de que Jasso (1980) formalizara esta perspectiva.2 En América Latina destacan los trabajos de Castillo, Miranda y Carrasco (2012), que estudian las percepciones sobre desigualdad económica en Chile.

Esta perspectiva tiene el mérito de enfatizar en la importancia que tiene la dimensión subjetiva de los actores para explicar la persistencia de sociedades desiguales, mientras establece un puente entre elementos culturales y estructurales de la estratificación social. No obstante, considero que esta línea de trabajo tiene supuestos que resultan problemáticos para el abordaje de un caso como el salvadoreño. Por una parte, esta perspectiva supone contextos de estabilidad social y política, es decir, con altos niveles de consenso normativo. Esto resulta problemático para el análisis del caso salvadoreño, pues se trata de una sociedad que ha presentado a lo largo de su historia altos niveles de conflictividad social y política, primero vinculada a un sistema político autoritario y más recientemente a altos niveles de violencia criminal. De tal forma, presuponer que se trata de una sociedad estable y con consenso normativo podría sesgar el estudio del caso. Por otra parte, este enfoque no incorpora al análisis las asimetrías de poder entre los actores ubicados en diferentes posiciones de clase. Este supuesto también resulta problemático para analizar un caso que se encuentra atravesado por reajustes en las relaciones de poder, derivados de las transformaciones políticas y económicas recientes.

El segundo corpus identificado indaga sobre el papel de los actores en la producción y reproducción de las desigualdades sociales, frente a lo cual examinan las interacciones sociales cotidianas en que éstas tienen lugar. Se trata de una serie de abordajes que, desde la tradición del interaccionismo simbólico y la etnometodología, plantean que los procesos de producción y reproducción de desigualdades se pueden examinar de forma directa3 Específicamente estudian la conducta situada de los actores, con el fin de comprender cómo las desigualdades sociales toman forma y son percibidas o experimentadas en contextos determinados. Así, la reproducción y las justificaciones de las desigualdades dependerían en última instancia de las relaciones cara a cara. El estudio de Da Mata (2002) ejemplifica este tipo de investigaciones en América Latina. Dicho autor analizó el uso de la frase: ¿Sabe con quién está hablando? en la cotidianidad brasileña; esto le permitió observar un rito de autoridad que refuerza de manera constante (y por tanto legítima) las desigualdades en dicho país.

Los estudios interaccionistas reivindican el papel de los actores en los procesos de producción (reproducción, redefiniciones, cuestionamiento) de las desigualdades. Sin embargo, al enfatizar en el estudio de las interacciones cara a cara, el análisis tiende a emerger desde lo empírico. Esta perspectiva conlleva un riesgo: en sus versiones menos contextuales puede oscurecer el papel de procesos estructurales exógenos a las interacciones, tales como las transformaciones en el modelo económico o modificaciones institucionales, los cuales estructuran los escenarios en los que se producen los significados y las interacciones. De tal forma, asumir esta perspectiva podría ser problemática para el estudio del caso salvadoreño, escenario plagado de recomposiciones económicas, políticas y sociales.

En tercer lugar, destaca el uso del concepto de ideología como clave para dar cuenta de los repertorios culturales que subyacen en las explicaciones sobre desigualdades sociales, la explotación o la dominación. Bajo el lente de una noción sociológica de ideología se puede identificar una serie de trabajos empíricos que sostienen que ésta (sin hacer referencia a la idea de falsa conciencia) juega un papel central en la aceptación o cuestionamiento de las desigualdades. La ideología opera en tanto constituye un conjunto de esquemas valorativos y normativos que organizan marcos de referencias para justificar o desafiar el orden capitalista. Acá, los procesos de legitimación implican la tensión entre consenso y disenso, es decir, el conflicto social siempre está latente. Consciente de que existen importantes diferencias conceptuales, espaciales y temporales entre los autores, he identificado dos corpus que comparten la idea señalada: Primero, los trabajos vinculados a la noción acuñada por Thompson de “economía moral”. Thompson (1991) desarrolla una noción operativa de ideología a la que denomina mentalité, la cual opera como vocabulario completo de discurso, legitimación y expectación vinculados a las actividades del trabajo diario y semanal. Se trata de una propuesta de inspiración marxista que argumenta que la ideología expresa esquemas compartidos sobre lo justo o lo moral respecto de la forma en que están distribuidos los recursos4 Segundo, la propuesta desarrollada por Boltanski y diferentes colegas basada en la noción de “regímenes de justificación” para dar cuenta de los mecanismos de justificación y crítica al capitalismo basados en diferentes órdenes de valor (Boltanski y Thévenot, 1999). Esta propuesta busca establecer un puente entre la noción marxista de ideología y la propuesta weberiana que argumenta que las personas necesitan razones morales poderosas para adherirse a un determinado orden social (Boltanski y Chiapello, 2002).

Estas propuestas reivindican la existencia de un soporte cultural compartido por los actores sociales, el cual explicaría la persistencia de sociedades con profundas desigualdades materiales. Asimismo, las propuestas apuntadas se enfocan en el estudio de acuerdos normativos con fuertes contenidos morales. No obstante, presentan algunas dificultades metodológicas para operacionalizar la noción de ideología, lo cual deriva de la polisemia que acompaña la historia de dicho concepto. Al respecto, mi aproximación al caso salvadoreño reivindica la importancia de reconocer la existencia de un soporte cultural referido a prácticas materiales tras las desigualdades; no obstante, considero menos útil el énfasis en esquemas normativos y valorativos que, bajo esta óptica, conlleva dificultades metodológicas.

El cuarto corpus apuntado se desarrolla a partir de los trabajos de Pierre Bourdieu. El interés por dar cuenta de la dominación social llevó al sociólogo francés a analizar la reproducción de las clases dominantes. Para este autor la problemática debe abordarse desde el estudio de prácticas cotidianas, mientras cuestiona el papel de las ideas (o ideologías) y de las elaboraciones conscientes (postulados del rational choice) en los procesos sociales (Bourdieu e Eagleton, 2003). En La distinción (2012) desarrolla esta propuesta a partir de los conceptos de habitus de clase y estilos de vida diferenciados. Bajo esta perspectiva, la clase dominante comparte gustos y estilos de vida distintivos que actúan como marcadores mientras refieren a disposiciones que definen líneas de exclusión. Así, la reproducción de las desigualdades sociales viene dada por las prácticas inscritas en los habitus de clase y expresadas en estilos de vida. La clave de esta perspectiva se centra en el estudio de prácticas que generan distancia entre clases sociales y encarnan estilos de vida. Éstas refuerzan y legitiman las desigualdades culturales y económicas. En la perspectiva de Bourdieu subyace la apuesta por estudiar prácticas sociales y estilos de vida para dar cuenta de la producción y legitimación de las desigualdades sociales. Considero valioso retomar y reformular el uso de estos referentes empíricos para el abordaje del caso salvadoreño. No obstante, la propuesta de Bourdieu podría implicar un marco interpretativo reproduccionista, lo cual puede ser problemático a la hora de estudiar un caso como el salvadoreño, atravesado por importantes transformaciones. De ahí que hay que repensar esta propuesta para el caso particular.

El planteamiento de Bourdieu abrió paso a numerosas reacciones y propuestas de trabajo por parte de diferentes corrientes sociológicas5 Al respecto, queremos destacar los trabajos sobre fronteras simbólicas y sociales vinculados a las desigualdades sociales que cobró fuerza a partir del legado del sociólogo francés. A partir de la década de los noventa emerge un conjunto de investigaciones que indagan sobre el papel que juegan las fronteras simbólicas y sociales en la producción de las desigualdades de clase, raciales y de género (Epstien, 1989; Lamont, Pachucki y Pendergrass, 2007). Se trata de un conjunto de investigaciones que plantean que existen fronteras simbólicas (líneas de exclusión) que delimitan quién pertenece a una categoría (clase social, categoría étnica o de género) y quién no. Estas fronteras pueden expresarse a través de prohibiciones normativas (tabúes), prácticas y actitudes culturales, y de forma general mediante patrones de gustos y disgustos. La clave se encuentra en las distinciones generadas entre grupos sociales, las cuales juegan un rol importante en la creación y legitimación de desigualdades sociales (Lamont, 1992; Lamont y Molnar, 2002). De tal forma, al constituir fronteras grupales, pueden dar pistas para entender cómo se generan, mantienen, cuestionan o incluso disuelven las diferencias sociales institucionalizadas. Los trabajos de Méndez (2009) y Castillo (2011) ejemplifican, para el caso chileno, estudios desde esta óptica.

El diálogo con la literatura expuesta me ha brindado elementos para estudiar el caso salvadoreño. De forma precisa planteo abordarlo a partir de la noción de justificación de las desigualdades, la cual bosquejaré a continuación. Previo a ello, me gustaría subrayar que mi abordaje del caso se inspira en elementos desarrollados por Thompson, Boltanski, Bourdieu y Lamont, previamente anotadas. Del trabajo de Thompson retomo el planteamiento de que los esquemas culturales compartidos que tienen correlato en la práctica cotidiana y en la posición social de los actores. De la propuesta ensayada por Boltanski considero útil el énfasis en mecanismos de justificación y crítica que operan tras las explicaciones sobre las desigualdades. El trabajo de Bourdieu brinda muchas herramientas para el estudio de las prácticas sociales vinculadas a la producción de la diferencia y la reproducción de clase. Finalmente, del aporte de Lamont considero que la noción de fronteras simbólicas constituye una herramienta con gran poder heurístico en tanto abre la posibilidad de redefinición de las líneas de exclusión entre grupos sociales. Veamos ahora el andamiaje teórico que orienta mi tesis.

La noción de justificaciones orienta el abordaje de mi investigación. Ésta refiere a elementos de corte cultural que permiten que los actores sociales generen explicaciones sobre su posición de clase, las diferencias entre las clases sociales y la desigual distribución de recursos en una sociedad. Estos elementos aluden a un set de prácticas y representaciones que giran en torno a la producción de diferencias sociales. Esta definición contempla dos implicaciones de primer orden: a) el análisis de las justificaciones no implica la existencia de un consenso normativo a nivel societal y; b) la clave se encuentra en el estudio de las prácticas y representaciones grupales sobre las diferencias sociales.

En primer lugar, la investigación no presupone la existencia de un acuerdo normativo tendiente a legitimar las desigualdades a nivel societal en El Salvador. En otra parte de esta nota se apuntó que el caso salvadoreño dista de ser un buen ejemplo de estabilidad política y social, incluso durante la década de 1980 se asistió a una gran ruptura del orden social encarnada en una dura guerra civil. De tal forma, en lugar de poner el acento en normas, valores o sistemas de creencias, mi trabajo se enfoca en las prácticas y representaciones vinculadas a experiencias de clase. Es decir, las justificaciones aluden a prácticas sociales más que a elementos normativos.

En segundo lugar, las justificaciones están atadas a prácticas y representaciones que explican y reproducen diferencias sociales. Acá resulta conveniente precisar qué entiendo por diferencias sociales. Para ello retomo la propuesta de un conjunto de autores que sostienen que la persistencia de las desigualdades se relaciona con la tendencia que tenemos a construir categorías dicotómicas para clasificarnos y clasificar a otras personas. Esas categorías suelen ser usadas por los grupos dominantes para excluir o marginalizar a otros grupos en el acceso a recursos (Epstein, 1989; Quijano, 2000; Tilly, 2000; Anthias, 2001; Yodanis, 2002; Sherman, 2007). La propuesta de pares categóricos trazada por Tilly (2000) clarifica esta cuestión. Para dicho autor las desigualdades sociales implican la existencia de pares categóricos -tales como mujer/varón, negro/blanco, aristócrata/plebeyo, ciudadano/extranjero, etc.- las cuales clasifican grupos y definen quiénes acceden a recursos valiosos y quiénes no. Siguiendo esta lógica, Anthias (2001: 844) plantea que las diferencias sociales se construyen en términos de categorías binarias que discriminan a aquellos que están adentro de los que están afuera de una frontera. Es decir, estas diferencias construyen desigualdades al asignar quién accede a los recursos societales y permite aproximar cómo se justifica esta asignación.

Concretamente, en mi investigación analizo las justificaciones a partir del estudio de prácticas y representaciones que generan diferencia en el caso salvadoreño. Frente a la multiplicidad de posibles prácticas que pudieran ser estudiadas, en el diseño metodológico original me enfoqué en indagar aquellas que estaban relacionadas con la sociabilidad y los estilos de vida6 Siguiendo a Bourdieu y Lamont, elegí estas pues constituyen prácticas sistemáticas que encarnan la diferenciación social. Acá parto del supuesto de que las prácticas organizadas encarnan los patrones de exclusión entre diferentes clases sociales. De forma complementaria inquirí en las representaciones de los actores sobre las prácticas referidas, su posición de clase y la desigual distribución de recursos en la sociedad salvadoreña.

Aproximación metodológica: justificaciones y clases medias “elitizadas”

En esta sección expongo las líneas generales de la aproximación metodológica que han orientado mi tesis doctoral. Para ello organizo el apartado en diferentes partes. Primero sitúo mi problema de investigación, así, anoto la pregunta y objetivos de la tesis, mientras defino y describo el grupo en estudio: las clases medias “elitizadas” salvadoreñas. A continuación, presento las herramientas utilizadas para la recolección de datos de campo. Por último, y a modo de cierre, presento una breve reflexión de carácter metodológico.

A lo largo de esta nota he reiterado que mi interés general radica en explorar como se elaboran justificaciones en torno a las desigualdades en El Salvador, una sociedad con altos niveles de exclusión social. De forma específica me interesa estudiar el periodo actual, que está marcado por las profundas transformaciones económicas y políticas que decantaron en la década de 1990. Se trata de un país fundamentado en una economía periférica de servicios y con un nuevo andamiaje institucional, ahora vinculado a la democracia formal. En este escenario, decidí estudiar un grupo social en particular: la clase media “elitizada”. Así, la investigación constituye un estudio de caso sobre un grupo social particular.

En este marco emerge la pregunta que guía mi tesis: ¿Cómo justifican los actores de clase media “elitizada” su posición social y el acceso a privilegios socioeconómicos, en el marco de una sociedad profundamente empobrecida? Con esta interrogante como eje rector, el objetivo de la investigación residiría en estudiar las prácticas y representaciones que la clase media “elitizada” producen alrededor de los privilegios y las desigualdades en la sociedad salvadoreña. Esto permitirá aproximar a las justificaciones sobre las desigualdades y sobre su posición social dentro de una sociedad marcada por altos niveles de exclusión social.

Ahora bien, ¿a quiénes me refiero con clases medias “elitizadas”? Se trata de las clases medias que se han visto beneficiadas con las transformaciones que emanaron del cambio del modelo económico y la democratización política en El Salvador. Es decir, se encuentran vinculadas favorablemente a la expansión del sector terciario, al cambio tecnológico, a la apertura del sistema político y al auge de la tecnocracia. En otras palabras, no me enfoco en las clases medias tradicionales que se consolidaron a mediados del siglo pasado con el proceso de expansión del estado, si no más bien en las clases medias que emergen y se posicionan favorablemente en el capitalismo global. Los actores que componen este segmento compartirían al menos dos características: a) han tenido una inserción exitosa en el mercado laboral o como empresarios y; b) se encuentran estrechamente relacionados con las transformaciones globales: sus trabajos o actividades empresariales están directamente vinculados con las transformaciones en el modelo económico y la democratización política.

La decisión de estudiar a la clase media “elitizada” como referente empírico se origina en una serie de supuestos y de hallazgos empíricos. Por una parte, la elección responde a los siguientes supuestos: a) constituyen una generación que permitiría dar cuenta de la sociabilidad posconflicto (democrática) y de las distancias sociales forjadas bajo un nuevo modelo de acumulación; b) son actores que acceden a recursos valiosos disputados en la sociedad salvadoreña, esto se traduce objetivamente en condiciones de vida privilegiadas y en posiciones de poder y; c) forman parte de las clases medias, las cuales han tenido un papel activo en los procesos de transformación social en la historia salvadoreña reciente7 Por otra parte, existen diversas investigaciones recientes sobre clases medias y estratificación en El Salvador que dan cuenta de la emergencia de un segmento privilegiado en las últimas décadas (Santacruz, 2003; Andrade, 2004; Pérez Sáinz y Mora, 2008). Estos trabajos argumentan que, en el marco de las transformaciones estructurales, las clases medias han experimentado un proceso de diferenciación interna que permite distinguir con claridad dos segmentos: uno alto y otro bajo. Asimismo, sugieren que la profesionalización constituye la clave fundamental de la diferenciación interna.

De manera puntual, abordé a una generación de empresarios y profesionales insertos en distintos espacios laborales de “élite” que surgieron con el nuevo modelo de acumulación y con la reforma política en El Salvador. Entre agosto y diciembre de 2014 realicé mi estancia de trabajo de campo en la ciudad de San Salvador. Durante esta fase entrevisté a 25 hombres y 16 mujeres, los cuales se encuentran en un rango de edad entre 25 y 40 años. No obstante, la gran mayoría de las personas entrevistadas, 83%, tenían entre 28 y 38 años de edad, mientras las dos terceras partes del conjunto se encontraban, al momento de la entrevista, en el rango de edad entre 30 y 36 años. Es decir, se trata de un grupo que, mayoritariamente, se encuentra en etapa media de sus trayectorias laborales y fase temprana de reproducción familiar. Por otra parte, se trata de un grupo con alta escolaridad. Todas las personas abordadas en la investigación son profesionales y dos terceras partes han cursado estudios de posgrado. Esta característica constituye una cualidad escasa dentro del contexto salvadoreño, donde el promedio de escolaridad en la población entre 28 y 38 años es de 7.33 años para el año 2012 (EHPM, 2012). Sobresale además que se trata de un conjunto de personas con acceso a redes de poder empresarial y/o político. A lo largo de las entrevistas, treinta personas expusieron sus conexiones y relaciones, en distintos niveles, con las principales redes de poder del país. Concretamente señalaron sus vínculos con líderes de los principales partidos políticos, miembros de las gremiales empresariales, grandes empresarios y altos funcionarios públicos, entre otros. Entre la diversidad de actores de las clases medias “elitizadas” destacan emprendedores exitosos, empresarios medianos, gerentes de compañías transnacionales, publicistas, fotógrafos, diseñadores, tecnócratas del estado y funcionarios de organismos multilaterales, entre otros.

Frente a la naturaleza de pregunta de investigación planteé un diseño metodológico de carácter primordialmente cualitativo. La generación de información empírica se basa primordialmente en entrevistas semiestructuradas que perseguían generar información sobre los principales nodos de la investigación: a) el origen y trayectorias familiares, laborales y educativas de los sujetos a investigar; b) caracterización de sus privilegios socioeconómicos; c) prácticas culturales de diferenciación y; d) representaciones en torno a los privilegios socioeconómicos, desigualdades sociales y redistribución. Para complementar y la información obtenida en las entrevistas se realizaron dos ejercicios. De un lado, con el fin de situar a mi grupo de estudio dentro de la estructura social salvadoreña, dibujé mapas de posiciones de clase para 1999 y 2012 con base en encuestas de hogares. Esto me permitió caracterizar la estructura social salvadoreña y aproximar transformaciones en las clases medias durante los años abordados. De otro lado, con el objeto de profundizar el análisis sobre las prácticas de diferenciación, realicé observación directa en los espacios de socialización del grupo en estudio (cafés, restaurantes, centros comerciales), poniendo atención en el uso y apropiación del espacio y las dinámicas de interacción social.

Es importante apuntar que a todos los integrantes del grupo en estudio se les aplicó la misma pauta de entrevista. Ésta contemplaba tres bloques. La primera parte buscaba reconstruir minuciosamente la trayectoria profesional, educativa y familiar de cada entrevistado; esto permitiría identificar origen social de cada uno de ellos, su posición social actual y explorar en detalle sus privilegios socioeconómicos. El segundo bloque de preguntas se centró en inquirir en torno a las principales prácticas de diferenciación social; así se indagó en sus estilos de vida y prácticas de consumo, sus redes de sociabilidad y sus espacios de encuentro. Finalmente, se solicitó la opinión a los entrevistados sobre temas vinculados a su posición social y a las desigualdades en El Salvador: la pobreza, la seguridad, clases medias, políticas distributivas y papel del estado, entre otros. Esto buscaba generar información para reconstruir los universos simbólicos de los entrevistados con referencia a las desigualdades, las exclusiones y sus privilegios. A partir de la información arrojada por las entrevistas se contempla realizar comparaciones entre los distintos miembros del grupo en estudio. Esto busca determinar si existen prácticas y representaciones compartidos por los distintos actores abordados. De forma precisa, las dimensiones sometidas al análisis comparativo han sido: a) las diferentes posiciones que ocupan los entrevistados en los mercados de trabajo; b) el efecto de los orígenes sociales y; c) el efecto generacional y del momento del curso de vida.

Me gustaría cerrar esta nota apuntando una reflexión de carácter metodológico. Durante la estancia de campo en las entrevistas surgieron una serie de nudos temáticos que no tenía contempladas en mi proyecto original y que actualmente constituyen una parte sustantiva de mi tesis. Quisiera destacar uno en particular: la magnitud de la violencia criminal en El Salvador y su relación con la segmentación espacial en el gran San Salvador. Durante las entrevistas encontré que la violencia criminal tiene un alto impacto en la vida cotidiana del grupo de entrevistados, mientras se convierte en un fenómeno que profundiza las distancias entre clases sociales y las estigmatizaciones hacia las clases populares. Destaca que aproximadamente la mitad de mi grupo en estudio ha sido víctima directa de la violencia criminal, mientras las estrategias frente a ella (encierro, renuncia al espacio público, sistemas de seguridad, etc.) se convierten en una justificación de primer orden para fortalecer diversas prácticas de segmentación social y en un nuevo marcador de un estilo de vida. Por otra parte, este fenómeno guarda relación con la profundización de los procesos de segregación y segmentación espacial que tienen lugar en El Salvador. La relación de estos dos fenómenos, en el marco del interés por las prácticas y representaciones sobre las diferencias sociales, se ha convertido en un nudo problemático de primer orden en mi investigación.

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1Dentro de la tradición sociológica se pueden identificar un sinnúmero de abordajes analíticos y empíricos, entre los que destacan los análisis de clases sociales, los estudios sobre movilidad social, el análisis del vínculo entre educación y desigualdades, el papel de las políticas pública en la redistribución de recursos o la construcción de ciudadanía; trabajos sobre identidades de clase, especialmente sobre todo referidas a clases obreras; y más recientemente destacan los estudios interseccionales que pretenden establecer la relación interdependiente entre desigualdades de género, de clase y de raza, entre otros. Se trata de una diversidad de abordajes con diversas nociones sobre la naturaleza de las desigualdades o sobre sus causas y manifestaciones en las sociedades contemporáneas

2Jasso (1980) formaliza esta perspectiva elaborando un modelo que busca explicar la distribución de los sentimientos de justicia que experimentan los miembros de una sociedad en contraste con la distribución real de los bienes en la misma. Por su parte, Zelditch (2001) expone un buen estado del arte sobre el abordaje de las percepciones en torno a las desigualdades económicas, sobre todo en la tradición anglosajona.

3Schwalbe y coautores (2000) sistematizan esta tradición y apuntan tres preguntas centrales que se han abordado desde este enfoque: a) ¿Qué pasa en las interacciones cara a cara, a partir de las cuales adquieren su forma las desigualdades?; b) ¿Cómo son creados y usados los símbolos y significados para mantener patrones de interacción orientados a mantener la desigualdad? y; c) ¿Cómo es percibida, experimentada la desigualdad, qué reacciones genera, de tal forma que esta es reproducida o resistida? En base a estas preguntas sintetizo los aportes subrayando en cuatro procesos genéricos de las desigualdades: otredad, la adaptación subordinada, el mantenimiento de fronteras y gestión de las emociones.

4Esta perspectiva ha sido replanteada por Scott (1977), que estudia dos casos del sudeste asiático en los cuales hubo rebeliones campesinas: Burna y Vietnam. Así desarrolla una propuesta que interpreta a la economía moral como el trasfondo que permite la legitimación de las relaciones de clase, la cual se vincula a una suerte de “ética de la subsistencia”. Por su parte, Sachwehm (2011) se inspira en la noción de economía moral postulada por Thompson para estudiar la percepción y legitimación de las desigualdades económicas en Alemania en un momento de incremento de las desigualdades en el ingreso.

5Exponer acá todas las reacciones que desató la propuesta de Pierre Bourdieu excede con creces los objetivos de este recorrido de propuestas teóricas. De ahí que solo recuperamos aquellas vinculadas con la investigación.

6Al final de esta nota, señalo cómo mi investigación extendió la mirada hacia otras prácticas que emergieron del trabajo de campo y que son fundamentales en la producción de desigualdades sociales en El Salvador.

7Distintos actores pertenecientes a los sectores medios urbanos han jugado un papel esencial en los procesos de transformación política salvadoreña a lo largo del siglo XX. A lo largo del siglo XX se movilizaron frente a un sistema política autoritario y excluyente; han constituido los principales partidos políticos alternativos de la historia reciente: El Partido Comunista en los años treinta, el Partido Demócrata Cristiano en los años sesenta y el FMLN en los años noventa. Esto se encuentra a tono con las hipótesis de Torres Rivas sobre las clases medias como sectores claves en la modernización y democratización de las sociedades centroamericanas (Torres Rivas, 2008).

Recibido: Diciembre de 2015; Revisado: Diciembre de 2015

**Correspondencia: Dr. Vértiz 1085/int. 404/col. Vértiz Narvarte/Delegación Benito Juárez/Ciudad de México/correo electrónico: ilungo@colmex.mx

Irene Lungo Rodríguez.

Es candidata a doctora en ciencia social con especialidad en sociología por el Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Sus áreas de interés son procesos culturales y políticos vinculados a la estratificación y desigualdad social. Dos publicaciones suyas son “O paga o se muere: el conflicto en contra de la privatización de la salud en El Salvador. Una lectura desde las desigualdades sociales”, en Mayarí Castillo y Claudia Maldonado (comps.), Desigualdades, tolerancia, legitimación y conflicto en las sociedades latinoamericanas, Santiago, RIL Editores, 2015; y “De la hegemonía conservadora al debut de la izquierda: implicaciones y retos para una sociedad más igualitaria en El Salvador”, en Esteban De Gori et al. (comps.), 2014 año de elecciones. El Salvador y Costa Rica: miradas sobre el orden político, Buenos Aires, UBA y Ediciones San Soleil, 2014.

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