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Estudios sociológicos

versión On-line ISSN 2448-6442versión impresa ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.33 no.99 México sep./dic. 2015

 

Reseñas

Otávio Velho, Capitalismo autoritario y campesinado. Un estudio comparativo a partir de la frontera en movimiento

Rolando Silla* 

*CONICET-UNSAM, Argentina, rolandojsilla@yahoo.com.br

Velho, Otávio. Capitalismo autoritario y campesinado. Un estudio comparativo a partir de la frontera en movimiento. México: CIESAS, 2014. 263p.


La cuestión campesina ha sido un factor de innumerables controversias en las ciencias sociales y la acción política en Latinoamérica: ¿posee el campesino el mismo estatuto que el indígena? ¿Cuáles son las relaciones entre el campesinado y la encomia capitalista? ¿Es básicamente libertario o carne de cañón de movimientos reaccionarios? ¿Es el sujeto histórico de una futura revolución o puede también ser la base de un movimiento fascista? ¿El campesinado es una sociedad independiente o depende siempre de una estructura mayor que lo debe contener? Estas preguntas y muchas más se han planteado e intentado responder respecto a los campesinos sin que necesariamente se haya llegado a alguna conclusión definitiva, y los debates terminan muchas veces más por cansancio que por haber resuelto cuestiones.

El libro de Otávio Velho se enmarca dentro de estos debates de la segunda mitad del siglo XX en una pregunta central: ¿es el campesinado en Brasil un elemento atávico o la base del desarrollo de ese país?

Trabajo originalmente concebido como tesis doctoral dirigida por Peter Worsley para el Departamento de Sociología de la Universidad de Manchester (Inglaterra), la obra fue publicada por primera vez en portugués en 1976. Pero pese a que fue defendida en Manchester no deja de manifestar preocupaciones típicas del desarrollo académico brasileño de la época; por ello se evidencia simultáneamente la influencia de antropólogos como Roberto Cardoso de Oliveira y del Programa de Postgrado en Antropología Social del Museu Nacional de Rio de Janeiro; programa que se institucionalizó hacia 1968 y tuvo como foco principal el estudio de la cuestión campesina en Brasil. La investigación de Velho y la publicación de este libro se realizó entonces entre ese contradictorio momento de la historia brasileña en que la dictadura cívico-militar (con sus persecuciones, torturas y horrores) convivía con la formación y el comienzo de centros académicos de excelencia.

Respecto a la academia británica, en el libro aparecen claramente las preocupaciones de la Escuela de Manchester liderada por Max Gluckman y su interés por las paradojas y la superación de algunas dicotomías presentes en la ciencias sociales. Creo evidente que estos postulados fueron útiles a Velho para conceptualizar procesos que no tenían que ver con tipos ideales de capitalismo, campesinado o nación. Así, a través de su libro vemos posiciones tales como que “la esclavitud era incompatible con la democracia pero no necesariamente incompatible con la industria” (p. 51); que el campesinado no estaría, en ciertas formaciones sociales como la del Brasil, desfasado del desarrollo industrial y empresarial, sino que se complementarían; que no-campesinos (asalariados o mano de obra de reserva) se vuelvan campesinos si hay disponibilidad de tierras libres (p. 79), algo que en la lógica marxista, liberal o desarrollista sería percibido como un retroceso; que los cambios nunca son radicales, sino que mantienen mucho de lo anterior, a lo que el autor denomina transformación; que no necesariamente existe una oposición entre nacionalismo y cosmopolitismo (p. 175); que el imperialismo puede tener fisuras en su interior y que un Estado dependiente no es necesariamente pasivo y puede tomar ciertas medidas en un frente externo adverso (p. 181); o que el predominio de lo político en el sistema envolvente no es incompatible con el predominio regional del orden privado, especialmente porque el orden privado mismo se basa en la sujeción de la fuerza de trabajo y en un predominio político básico (p. 192). Son estas algunas de las dicotomías que Velho desarma, creando un texto que, si bien tiene una influencia considerable del debate marxista de la época (se podía discutir a Marx durante la dictadura brasileña) y el problema de cuál es la relación entre la estructura económica y la superestructura política, en ningún momento es lineal u ortodoxo con sus postulados.

El primer punto de interés que Velho coloca es que su análisis sobre los frentes de expansión campesina en la Amazonia no refiere a un estudio “de la frontera”, sino “a partir de la frontera”. Entonces el espació físico de frontera sería una posición privilegiada para enfocar el desarrollo brasileño. El otro punto de interés es metodológico: es un texto heteróclito que muestra situaciones de frontera y diferentes formas en que el capitalismo se ha desarrollado, sin partir de un modelo ideal de desarrollo capitalista. Así analiza los frentes de expansión en Estados Unidos (país del cual en general olvidamos que fue una colonia, al igual que los nuestros) y Rusia (en donde el debate sobre el papel que el campesinado tendría en el desarrollo capitalista o en un nuevo socialismo fue muy importante), además de ciertos debates sobre el papel que el campesinado debería desempeñar en el desarrollo del Brasil. Por último, ofrece una serie de datos de su propio trabajo de campo en el frente de expansión amazónica que, como el mismo autor dice: “no pretende demostrar las tesis de trabajo más generales, aunque ciertamente es más importante de lo que parece como detonador de reflexión”. Así, los análisis de sus datos no son un caso que confirma una tesis mayor, sino que alimenta por otro camino una reflexión más general.

La idea central de Velho es que, por un lado, no existe un solo tipo de capitalismo, sino que -y al menos- además de un capitalismo burgués tal cual se habría dado en Estados Unidos y Europa occidental, también se ha desarrollado al menos otro tipo de capitalismo, que Velho denomina “autoritario”. Tesis que hace a partir de una reformulación de lo que Marx denominó Modo de Producción Asiático y del cual se desprenderían formas de capitalismo como las que se desarrollaron en Rusia y Brasil. Si en el capitalismo burgués existe una preponderancia de lo económico por sobre lo político, en el autoritario lo político predomina sobre lo económico; así también, si en el primero prima el cambio y las modificaciones son radicales, en el segundo primarían las transformaciones, cambios controlados buscando que el capitalismo avance sin modificar de fondo estructuras económicas y sociales anteriores. Este sería el caso de Brasil. Pero un punto central es que Velho no concibe el capitalismo autoritario ni como un momento de transición, en donde finalmente se llegaría a un “capitalismo verdadero y puro”; ni una anomalía que hay que corregir: el capitalismo autoritario sería completo en sí mismo, con sus propias lógicas y objetivos, y aparecería en donde no se vivió una revolución política encabezada por una burguesía y por ende el desarrollo capitalista está impulsado por el Estado; por ello prima la política y determinado tipo de articulación entre ésta y la economía. En este tipo de sistema la burguesía es económicamente dominante, pero no hegemónica. Rompe así con un principio del marxismo más ortodoxo que afirmaría que el Estado capitalista siempre es un agente directo de la burguesía.

Siguiendo esta línea, Velho no concebirá al campesinado ni como un modo de producción ni como una clase social, sino como una clase política, pues está subordinado, pero a un grupo de otro nivel diferente al suyo (p. 82); por ello constituye un modo de producción específico y al mismo tiempo una clase política que puede contener los gérmenes no desarrollados de una burguesía, aunque de un tipo distinto si se le compara con la gran burguesía que se alía al Estado autoritario (p. 115). En este contexto, el Estado no aparece frente a los campesinos en tanto garante de los derechos individuales de las personas como ciudadanas, sino como un “super-patrón”, en que los beneficios que los campesinos van adquiriendo a partir de la llegada de los agentes gubernamentales no son tomados como derechos sino como dádivas del mismo tipo que las que antes daba el patrón de la hacienda o la plantación (p. 194).

Otro punto interesante que hallo en esta obra de Velho es que vio algo que, por ejemplo, los ruralistas argentinos en su mayoría no vislumbraron, y es que el campesino no se opone necesariamente al desarrollo capitalista, sino que puede ser un buen complemento de éste, por ello ni siquiera sería bueno que desapareciera. Su permanencia no sería atraso respecto a los países considerados centrales y modelo de desarrollo. Al ser el campesino un gran productor de alimentos y abastecedor del mercado interno, y al estar un poco al margen del desarrollo capitalista, la agricultura y la ganadería de tipo industrial, puede a veces ser más competitivo en el mercado interno y a su vez estar más preparado para resistir crisis y ofrecer productos más baratos. Un dato interesante, y que considero tiene interés histórico, es que los citadinos en la década de 1970 consideraban de baja calidad los alimentos producidos por el campesino y por ende eran consumidos sólo por los estratos urbanos más bajos (p. 210). Se estaba todavía un poco lejos de ver al campesino como productor de alimentos sanos y de alta calidad nutricional, protector de la soberanía alimentaria frente a las grandes multinacionales productoras de semillas transgénicas. Se hace clara también la inversión de gustos y valores, pues lo producido por el campesino hoy es muchas veces consumido por los estratos más altos, y por ende suele ser más caro que los alimentos industriales, que son destinados a los sectores con menor poder adquisitivo.

Un aspecto que en la lógica desarrollista de las décadas de los sesenta y setenta no se tomó en cuenta es que en este estudio se ve como algo positivo el traslado de población desde el noreste del Brasil a la Amazonia. Convertir la selva en campo cultivable era percibido como un progreso y no como la destrucción de uno de los reservorios de biodiversidad (y cultura) más importantes del planeta.

Se acostumbra considerar a Velho como uno de esos cientistas sociales que, al caer el socialismo real y derrumbarse el marxismo en la academia, buscaron -sin caer en el nihilismo posmoderno- una salida no-marxista. Creo que podríamos colocar para su obra la misma terminología que utiliza en su libro: no nos encontramos frente a un cambio sino a una transformación. Velho no se durmió en sus laureles y no siguió defendiendo a rajatabla lo que dijo hace casi 50 años, sino que siguió explorando los caminos del saber a través de lo que Pablo Semán -quien hizo la introducción a la edición española que estamos reseñando- denomina “libertad”: “una libertad que surge en las aperturas del deseo que es, siempre, una incomodidad que permite y da lugar al placer de ‘ir para adelante’ (no el objeto de una queja o un reproche). Una libertad que es así la voluntad de exploración inagotable y nutrida en rumbos y giros” (p. 16). En vez de seguir preocupado por quién es el sujeto histórico o qué es lo que determina en última instancia el funcionamiento de las sociedades, optó por seguir otras líneas de trabajo, de entre las cuales podemos encontrar algunas en su obra de los años setenta. Si bien fenómenos como el cativerio o Besta Fera fueron transformados en sus posteriores análisis, y dejaron de ser vistos como meros reflejos de la economía o del autoritarismo estatal, para prestar mayor atención al mundo vivido y sentido por esas poblaciones; también podríamos ya ver en esta obra su posterior interés por analizar las posibilidades de la existencia de múltiples capitalismos y múltiples modernidades (que implican simultáneamente posibilidades de múltiples formas de desarrollo), y que podrían ser análisis predecesores del actual debate poscolonial. Pero creo que ante todo Velho siempre mantuvo esa preocupación por no mantenerse en dicotomías estancas, por no pensar que una opción necesariamente clausura a otras, por saber que la vida está llena de paradojas, algunas de las cuales podemos superar y otras sólo transitarlas aceptando sus contradicciones. O tal vez únicamente sea que lo constante en la obra de Velho son sus transformaciones.

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