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Textual: análisis del medio rural latinoamericano

versão On-line ISSN 2395-9177versão impressa ISSN 0185-9439

Textual anál. medio rural latinoam.  no.72 Chapingo Jul./Dez. 2018

http://dx.doi.org/10.5154/r.textual.2018.72.002 

Escenarios latinoamericanos

Factores clave que posibilitan la persistencia del campesinado en la vereda Cabuyal en el municipio de Palmira, Valle del Cauca, Colombia

José Luis Sánchez1 

1Administrador de Empresas, Universidad Nacional de Colombia; Estudiante de Maestría en investigación en desarrollo territorial rural, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO.

Resumen:

Tomando en cuenta el proceso de transformación acelerada de las formas de producción de alimentos, este artículo discute los factores clave que permiten la persistencia de los campesinos en Cabuyal, una vereda en el municipio de Palmira, en el departamento del Valle del Cauca, Colombia. Se realizaron un total de 22 entrevistas con mujeres jóvenes y adultos mayores. Los resultados muestran diversas formas de apropiación del territorio, dependiendo de las características particulares de a) la distribución de viviendas y parcelas, b) la adopción de cultivos de alto valor comercial, c) la adopción de herramientas y tecnologías agrícolas. Además, se presentan dos formas de acceso a la tierra: primero, el propietario de la tierra proporciona al 'cosechero' una parte de la propiedad para la explotación agrícola y comparte los otros costos; en segundo lugar, existe un contrato de arrendamiento denominado "porcentaje", en el que el propietario proporciona solo la tierra, mientras que el campesino asume todos los demás costos de producción. Estos factores contribuyen al hecho de que las prácticas agrícolas prevalecen como la actividad económica principal en el hogar. La investigación integra metodologías cualitativas y cuantitativas.

Palabras clave: Desarrollo rural; campesinado; persistencia; construcción social

Introducción

Si bien desde diferentes perspectivas se ha aseverado que el campesinado y su economía tienden a desaparecer (Marx, 1963 (original 1852); Lenin, 1974), es evidente que en la actualidad aún persisten (de Janvri, 1977; Van der Ploeg, 2012, 2015). Con el propósito de comprender y analizar la configuración del campesinado en la vereda, sus continuidades, transformaciones, se evidencia que a pesar de que los contextos históricos y actuales han sido adversos a la modalidad de agricultura que practican, la agricultura a pequeña escala sigue ocupando un espacio importante en el abastecimiento de alimentos. Según la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, son 1.500 millones de personas en el mundo que se dedican a la modalidad de agricultura a pequeña escala en más de 500 millones de pequeñas explotaciones (FIDA, 2014). Adicionalmente, la agricultura campesina ha sido catalogada como una alternativa sustentable para contrarrestar la crisis ambiental y el calentamiento global (Altieri, 1986). En este contexto, resalta la discusión sobre aquellos factores clave que le han permitido al campesinado persistir conjuntamente con su economía.

Las perspectivas de desarrollo rural en América Latina, en la misma dirección de las tendencias globales, se han concentrado en el fomento de la agricultura a gran escala como motor del sistema agroalimentario, dejando de lado el fomento la pequeña producción campesina (Kay, 2007). Luego de la crisis de la deuda a finales de los años setenta y ochenta los Estados latinoamericanos optaron por reducir los estímulos para este sector (Kay, 2007). En estas circunstancias el campesinado y sus economías tuvieron que desarrollar maniobras colectivas e individuales que posibilitaron su persistencia.

Así, las transformaciones recientes en el mundo rural han conllevado a formular nuevos problemas para la sociología rural (Craviotti y Pardías, 2013). Es evidente que los encauces del desarrollo rural con el propósito de dar solución a los problemas de acceso a alimentos y la sustentabilidad han fracasado (Ramírez y de la Tejada Hernández, 2014). En efecto, la incorporación de la agricultura al comercio internacional y circuitos industriales, la creciente participación del capital financiero, el desarrollo tecnológico con una lógica de propiedad privada -especialmente en lo referente a la biotecnología- y la disminución de marcos regulatorios comerciales para el comercio internacional han profundizado el calentamiento global, la pobreza rural y el declive cultural de las comunidades rurales (Craviotti y Pardías, 2013).

Siendo así, permanece vigente la pregunta de la sociología rural sobre qué tipo de sujetos sociales están a cargo de la producción agraria (Murmis, 1994), actualizando el debate sobre la persistencia del campesinado y su economía. Para entender de forma exhaustiva esta cuestión, se hace necesario un análisis histórico que considere múltiples factores, donde tome relevancia la capacidad de acción de los sujetos.

Este tipo de enfoques promueve interrogantes sobre las prácticas del campesinado para su persistencia. No exclusivamente las económicas, sino de aspectos diversos (Schneider y Niederle, 2010). Es decir, nos lleva a indagar sobre múltiples cuestiones que potencialmente se pueden convertir en insumos para la formulación de políticas públicas, programas y/o proyectos de intervención que busquen afianzar la producción y economía campesina. Este tipo de investigaciones toma relevancia en el caso de Colombia debido a que por el momento el país se encuentra en un proceso de transición de un escenario de violencia, hacia un escenario de post-acuerdo de paz, en el que uno de los puntos del acuerdo tiene relación con el mundo rural, con cierto enfoque hacia la pequeña producción.

Por años, diferentes perspectivas teóricas, como el marxismo, afirmaban que el campesinado desaparecería del sistema social, sin embargo se sigue evidenciando la presencia e importancia de la economía campesina en los contextos nacionales; teniendo en cuenta lo anterior, el presente artículo pretende indagar y analizar los mecanismos o balances, implementados por los campesinos de la vereda Cabuyal, en el municipio de Palmira en Colombia, para su persistencia en el territorio. Este municipio ubicado en el departamento del Valle del Cauca, ha sido centro de profundas transformaciones demográficas. En los últimos sesenta años la población que habita en las zonas rurales ha disminuido notoriamente. Durante los años cincuenta el 33 % de la población vivía en la zona rural, posteriormente, en los años setenta esta porción disminuyó al 30 % y según el último censo poblacional realizado en el año 2005 solo el 17 % de la población permanece en el sector rural (Anuario Estadístico de Palmira, 2017).

Las dinámicas particulares de la vereda Cabuyal, han pasado por un proceso de transformación permanente que se ha visto mediado por factores como el crecimiento poblacional o el grado de proximidad de las viviendas, que ha contribuido para que exista un vínculo cercano entre los habitantes, posibilitando desarrollar mecanismos de aprendizaje colectivo sobre sus cultivos, su vínculo con el mercado y la mejor coordinación de acciones colectivas para la solución de problemáticas comunes, al igual, que medidas adoptadas por los campesinos para acceder a tierra para el desarrollo de sus actividades productivas.

Metodología de la investigación

La investigación integró metodologías cualitativa y cuantitativa. Debido a que la vereda Cabuyal, donde se realizó la investigación, no contaba con información histórica sobre su configuración, mediante el método etnográfico (Flick, 2004). Se reconstruyó la historia de poblamiento, transformaciones y continuidades en las dinámicas del territorio pues el crecimiento demográfico permite comprender, analizar o magnificar una extensa y necesaria variedad de situaciones o problemáticas sociales, económicas y políticas. Con el propósito de afianzar en rigurosidad, se integraron ejercicios grupales en los que se construyeron colectivamente líneas de tiempo que dieran cuenta de los hitos más representativos del territorio. Adicionalmente, con el fin articular los proceso locales con las dinámicas regionales, se integró en el análisis información secundaria que contribuyó a la comprensión de los fenómenos locales respeto a diferentes aspectos de la dinámica regional y nacional.

Una vez realizadas las encuestas y con el fin de procesar la información, se organizaron las historias de vida en dos grupos; el primero, incluyó los entrevistados con edades avanzadas y el segundo los más jóvenes. Luego de procesada la información de los dos grupos, se procedió a hacer un análisis diacrónico con los resultados, lo que permitió evidenciar los cambios y continuidades en las modalidades de acceso a la tierra, las viviendas campesinas, la composición y roles de las familias, las formas de organización del trabajo, los espacios de sociabilidad y los vínculos afectivos. Paralelo a la reconstrucción de la historia del territorio, se realizaron 17 encuestas cuyas preguntas se enfocaron en identificar los principales aspectos socioeconómicos, el origen de los ingresos familiares, el tipo de cultivos, los recursos utilizados en el proceso productivo, la organización del trabajo, el vínculo con el mercado y la composición de las familias, esto con el fin de profundizar en las dinámicas del campesinado que les permiten persistir en su territorio.

Resultados

Con el propósito de superar las nociones estadísticas de contar las viviendas y pobladores, el trabajo de investigación incluyó el análisis de los patrones de poblamiento, definidos desde la sociología rural como la distribución espacial de las viviendas campesinas y las parcelas en las que se practicas las actividades agropecuarias (Fals Borda, 1956).

Poblamiento

La vereda Cabuyal se encuentra ubicada en la vertiente occidental de la cordillera central, en el municipio de Palmira, departamento del Valle del Cauca, Colombia. El desarrollo de trabajo de campo permitió determinar que la vereda Cabuyal contiene dos modalidades de poblamiento: la primera es una combinación entre aldea lineal y granjas dispersas; la segunda, corresponde a la modalidad de granjas dispersas en la que las viviendas se encuentran distantes. Entre las dos modalidades de poblamiento es predominante, por su importancia en el caso particular de este estudio, el patrón de poblamiento que combina las modalidades de granja dispersa y aldea lineal.

En el caso de la primera, por lo general, las viviendas se encuentran a la orilla de la vía y el río Cabuyal. En esta parte de la vereda es donde se presentan mayores grados de sociabilidad debido a que en este espacio se ubica la tienda, el centro de acopio y la escuela. La mayor parte de los pobladores del área que corresponden a esta modalidad de poblamiento cuentan con predios contiguos a sus viviendas, lo que les permite ejercer un control más efectivo de su producción. No obstante, en esta modalidad de poblamiento se presentan algunas excepciones en las que los campesinos deben hacer esfuerzos adicionales debido a que los predios donde desarrollan sus actividades agrícolas son distantes respecto a las viviendas. En el caso de las viviendas que se encuentran alejadas, los esfuerzos son mayores debido a las grandes distancias entre estas y la carretera, lo que les obliga a caminar largas distancias y valerse de un caballo como medio de transporte, tanto para desplazase como para transportar sus productos, remesa e insumos. (Figura 1)

Fuente. Sánchez, 2017; Google Maps

Figura 1.  Distribución espacial de las viviendas en la vereda Cabuyal, Palmira  

A través del análisis de las entrevistas se logró determinar que el poblamiento de la vereda fue el resultado de tres grandes olas migratorias. Estas modalidades de poblamiento fueron el resultado de un proceso migratorio dinámico. La primera correspondió a lo que algunos historiadores, como Motta (1991), han denominado como colonización antioqueña tardía, que en términos temporales, se ubicada a finales del siglo XIX y los dos primeros lustros del siglo XX. En este periodo arribaron campesinos de los departamentos de Caldas y Antioquia. Entre los años 1940 y 1970 se conoce una segunda ola migratoria, periodo en el que arribaron campesinos procedentes de los departamentos de Nariño y Cauca. Por último, entre los años 1980 y 2000 el territorio de la vereda Cabuyal fue el escenario de llegada de campesinos de municipios del norte del departamento del Valle del Cauca y de departamentos como Tolima y Nariño.

Estos procesos de migración fueron parte fundamental en la configuración del territorio, en la idea de que el territorio es el resultado de la interacción entre el componente biofísico y el sistema social. Gracias a las entrevistas se logró identificar que cada proceso migratorio tuvo una característica particular respecto a la apropiación del territorio, es decir, a la modalidad de acceso a la tierra, las prácticas agrícolas, las relaciones sociales y los vínculos con el mercado.

Acceso a tierra

En el proceso inicial, los pobladores que arribaron en este periodo lograron acceder a propiedades según su capacidad económica y de trabajo. De esta forma, se configuraron grandes propiedades que fueron empleadas en actividades de ganadería y agricultura. Luego de haber acondicionado una buena porción de tierra, los grandes propietarios extendieron sus propiedades haciendo uso de la modalidad de aparcería.

Esta modalidad consistió en un acuerdo de manera verbal, sin ningún documento que garantice su cumplimiento, entre los dueños de la tierra y los campesinos sin tierra. Los primeros cedían una porción de tierra, mientras que el campesino sin tierra se encargaba de las labores de acondicionamiento, cultivo y cosecha. Posterior a la cosecha, la producción se distribuyó en dos partes iguales, una para el dueño de la tierra y otra para el aparcero.

A pesar de que en los procesos posteriores se presentaron modificaciones en la distribución de la tierra, en la parte alta de la vereda aún prevalecen las grandes propiedades. En la segunda ola migratoria la estructura del uso y tenencia de la tierra se modificó. Para el periodo entre 1940 y 1970 se generó un proceso de fragmentación de las parcelas campesinas ubicadas el área donde hoy se evidencia patrones de poblamiento que integran la aldea lineal y granjas dispersas. Esto debido a que los primero colonos al tener familias numerosas, en promedio compuestas por nueve miembros, al heredar a sus hijos la tierra que poseían, disminuía significativamente el tamaño de las parcelas campesinas. Adicionalmente, en este contexto se presentaron transformaciones en la base productiva campesina, en el primer periodo los principales productos cultivados fueron la papa, el maíz, el trigo, entre otros. Todos estos con un carácter de subsistencia. Este tipo de producción fue remplazada por el cultivo de café, que tuvo un carácter comercial; esta transformación en el tipo de producción afianzo la relación entre el territorio de estudio y el mercado.

Durante el tercer periodo migratorio las transformaciones tuvieron lugar en el tipo de producción y, en menor grado, en la estructura de la tenencia de la tierra. La transformación en la base productiva de la vereda en este periodo obedece a un cambio inducido, producto de la revolución verde, en el que los campesinos adoptan cultivos de ciclo corto y de alto valor, lo que representaría un factor importante para la persistencia del campesinado. En el caso de la tenencia, los nuevos pobladores inicialmente se vincularon a las fincas como fuerza de trabajo y, además, recrearon mecanismos derivados de la modalidad de aparcería. Los diferentes mecanismos de acceso a la tierra recreados en el territorio tienen relevancia en la persistencia del campesinado debido a que la economía campesina se encuentra estrechamente relacionada a actividades agropecuarias.

En la actualidad en la vereda Cabuyal se practican dos modalidades de acceso a la tierra que son evolución de la modalidad de aparcería practicada inicialmente. En la primera, el dueño de la tierra cede al “cosechero”, campesino sin tierra, una porción de su propiedad para la explotación agrícola por el tiempo que acuerden las dos partes. El cosechero en contrapartida asume el trabajo. Los costos de semillas y agroquímicos son compartidos en partes iguales entre el dueño de la tierra y el cosechero. Luego de la cosecha lo producido se divide en partes iguales. Esta modalidad consiste en una relación de colaboración mutua, en la que los poseedores de tierra al no disponer de fuerza de trabajo suficiente, recurren a esta modalidad para el aprovechamiento de la tierra y en el caso de los campesinos sin tierra esta modalidad les brinda la posibilidad de acceder a mejores ingresos que los que recibirían como jornaleros o trabajadores rurales.

La segunda modalidad consiste en una especie de arrendamiento denominado “porcentaje”. En la que el dueño de la tierra solo aporta la tierra y el campesino sin tierra asume los demás costos de producción, trabajo, semillas e insumos. Luego de la venta de la producción el dueño de la tierra recibe, por lo general, el 15 % del total de la producción. Este porcentaje no es fijo, según las entrevistas el porcentaje que recibe el dueño de la tierra depende del tipo de cultivo, si el tipo de cultivo demanda costos elevados el porcentaje se puede reducir hasta un 12 % y en el caso de que los costos de producción sean bajo el canon, asciende hasta el 20 %. En esta modalidad el dueño de la tierra tiene una ventaja respecto a los campesinos sin tierra al asumir menos riesgos, debido a que él únicamente aporta la tierra y el campesino los costos de producción, en una eventual mala cosecha quien asume mayores pérdidas sería el segundo.

Ahora bien, estos procesos de carácter histórico contribuyen para explicar la configuración del territorio en términos espaciales y productivos como resultado de la interacción hombre-naturaleza, a lo que Van del Ploeg (2010) definiría como la formas de coproducción. Los diferentes procesos por los que ha pasado la vereda le conceden algunas características particulares, entre ellas, las modalidades de acceso a la tierra, la distribución espacial de las viviendas y las características productivas que sustentan la economía local. En esta medida las modalidades de distribución de las viviendas y parcelas campesinas toman relevancia en la persistencia de esta comunidad en su territorio, debido a que a menor distancia entre las viviendas campesinas se generan proceso se cohesión, fortaleciendo los lazos sociales que facilitan la coordinación de acciones colectivas y, a la vez, permitiendo crear espacios para la construcción colectiva de conocimiento. Además, la distancia reducida entre algunas viviendas ha permitido que las modalidades de organización colectiva del campesinado de la vereda Cabuyal se mantengan. En la vereda existen dos organizaciones en las que convergen las comunidades campesinas, la junta de acción comunal y la asociación campesina, estas ejercen acciones colectivas que buscan mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la vereda, aunque los beneficios alcanzados por efecto de acciones emprendidas no han logrado superar la totalidad de las problemáticas del territorio, la institucionalidad gubernamental y no gubernamental las reconoce como interlocutores válidos, permitiendo la generación de espacios de diálogo y concertación respecto a temas productivos y ambientales. Uno de los aspectos importantes que ha logrado cohesión entre los habitantes de la vereda, es que las reuniones asamblearias de las organizaciones campesinas se realizan puntualmente cada mes, donde además de tratar temas relacionados con los objetivos de la organización, se fortalecen los vínculos afectivos entre vecinos, lo que ha contribuido a que el campesinado de la vereda Cabuyal tenga un arraigo territorial más sólido.

La construcción colectiva de conocimiento se hizo evidente en la producción agrícola debido a que las parcelas campesinas comparten características similares en términos de la composición de los suelos, el clima y la topografía cuando se presentan problemas en la producción, los campesinos logran superarlos mediante mecanismos de experimentación colectiva. Es decir, que en el momento que se presente un problema en la producción de manera generalizada en la vereda, cada familia campesina experimenta en su finca, los resultados al ser transmitidos por su tradición oral se convierten en conocimiento generalizado.

Respecto a las viviendas campesinas, mediante la triangulación entre información estudios previos sobre la vivienda campesina a nivel regional (Motta 1991) y a nivel nacional (Fals Borda, 1956), los resultados de las entrevistas a profundidad y observación participante se logró determinar que las viviendas campesinas de la vereda Cabuyal están pasado por un proceso de transformación en el que han adoptado características de la vivienda urbana. Estas transformaciones en las viviendas campesinas han sido positivas para mejorar las condiciones de vida del campesinado de la vereda, convirtiéndose en un elemento que ha posibilitado la permanencia de los campesinos en la vereda.

Para el análisis de la vivienda campesina es preciso entenderla como la porción de terreno al lado de la estructura física, el jardín o huerto y el patio (Fals Borda, 1956). En estos espacios se llevan a cabo prácticas económicas, de producción de alimentos y espacios de sociabilidad.

En el caso de la vereda Cabuyal las transformaciones en las viviendas han mejorado la calidad de vida de los campesinos, por lo tanto, se consideran como un aspecto clave para su persistencia. En primera medida los materiales con los que están construidas han pasado de ser predominantes la tabla y el bahareque, a que en la actualidad la mayoría de las viviendas estén construidas en ladrillo (45 %), seguidas de las construidas en bahareque (30 %) y en menor medida las que se encuentran construidas en tabla (25 %). Estos cambios han permitido reforzar las funciones de defensa y abrigo. A pesar de los avances, es de señalar que existen necesidades cuantitativas y cualitativas, ocho familias no cuentan con casa propia y 12 casas necesitan mejoramiento.

Por otro lado se encuentra el acceso a servicios públicos. En el municipio de Palmira, al igual que el resto del país, el sector rural se encuentra rezagado en el acceso a servicios públicos en comparación con la zona urbana. Según el Censo Nacional Agropecuario del 2014 el 82 % de las viviendas rurales del país tiene conexión al servicio de energía, el 42,6 % cuenta con acueducto y solo el 6 % con alcantarillado. Según el POT (2012) en el caso de Palmira el 97 % de las viviendas rurales tienen conexión eléctrica, 58 % agua y solo el 10%, alcantarillado.

En el caso de la vereda Cabuyal, según las encuestas realizadas en el trabajo de campo, el 98 % cuentan con energía eléctrica, sin embargo ninguna cuenta con servicios de acueducto y alcantarillado. Para superar la restricción de acceso a agua para el consumo, los campesinos de Cabuyal haciendo uso de su pericia se abastecen de agua del río Cabuyal y en menor medida de nacimientos de agua ubicados en la parte alta. Para lograrlo han construido sistemas de abastecimiento para cada vivienda, exceptuando algunos casos en los que se han hecho de manera colectiva. Este tipo de acciones, donde los actores sociales superan situaciones adversas por cuenta propia hace parte de lo que Van der Ploeg (2010) denominaría capacidad de adaptación del campesinado.

Asimismo, las cocinas de las viviendas campesinas se han transformado, representando un factor positivo para la persistencia del campesinado en la vereda. Entre los cambios evidenciados, se encontró que la madera como combustible tradicionalmente utilizado para preparar los alimentos se ha remplazado, casi en su totalidad, por el uso de gas. Este cambio ha repercutido en dos aspectos: la reducción del tiempo que dedican las mujeres en la preparación de alimentos les ha permitido ocuparse de labores como el trabajo agrícola y ocupar cargos directivos en las organizaciones comunitarias. Según las entrevistas realizadas en el trabajo de campo, en el 98 % de los hogares de la vereda las mujeres ejercen trabajos agrícolas, esto ha favorecido para que el déficit de mano de obra en la vereda no sea un obstáculo para mantener la producción agrícola local y además ha permitido fortalecer las economías familiares. En segundo lugar, este cambio ha disminuido el riesgo de contraer enfermedades respiratorias para las familias campesinas, debido a que estudiosos como Guzmán y de la Oz Restrepo (2008) han demostrado el riesgo que existe de contraer enfermedades respiratorias por la explosión al humo de biomasa.

Si bien las recientes interpretaciones sobre el mundo rural, como la perspectiva de la nueva ruralidad, han evidenciado que las actividades agrícolas están siendo complementadas o sustituidas por otras actividades económicas, en el caso de Cabuyal, las actividades agrícolas aún tienen un carácter primordial. No obstante, estas prácticas no han sido estáticas, por el contrario, han sido sujeto de constantes cambios que les han permitido a los campesinos de la vereda generar recursos que satisfagan sus necesidades básicas y, así, lograr persistir en su territorio.

Las decisiones tomadas por los campesinos en referencia al tipo de cultivo, insumos, herramientas, tecnología y relaciones con el mercado incluyen ejercicios de reflexión empíricos, que los lleva a hacer una serie de valoraciones y, con base en ellas, efectuar los cambios necesarios que les permitan mejorar sus vidas, cambios que han sido denominados por Ploeg (2010) como balances. Las decisiones tomadas por los campesinos buscan superar aspectos adversos como las condiciones naturales, la composición del suelo, el tiempo que tarda el ciclo productivo de los cultivos o el grado de precipitaciones y factores socioeconómicos, entre otros.

Por medio de las entrevistas e información secundaria se logró determinar que el tipo de agricultura que se instauró en el territorio inicialmente fue de autoconsumo. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (2014) la agricultura practicada en ese momento fue poco tecnificada y de baja productividad, impidiendo la generación de excedentes para la comercialización. Situación que limitó el vínculo con el mercado. La baja productividad se debió a que los campesinos debieron dedicar gran parte de su trabajo para consolidar y acondicionar sus parcelas en terreno cultivable.

Inicialmente esta modalidad de agricultura conservó características de los territorios de donde provinieron los primeros colonos, este tipo de agricultura incluyó cultivos de papa, cebolla de tallo, maíz, frijol, racacha, zapallo, café, entre otros. Sobre este aspecto uno de los entrevistados señala

La papa, hubo gente que venía de Manizales, ellos traían la semilla, como en ese tiempo no se necesitaba fumigar ni abonar, solo usted la sembraba, a los tres meses la aporcaba y se iba, luego de diez meses volvía, o menos, por allí a los siete meses, ya la mata estaba seca, ya llegaba uno a arrancar, una mata le podía dar una arroba de papa (Entrevista 006_2017).

Vemos entonces cómo las particularidades territoriales son el resultado de la interacción entre las características geofísicas con las características culturales del grupo social, en este caso particular de la vereda como porción de tierra y los campesinos que arribaron a ella.

Luego del proceso de instauración de la agricultura de subsistencia esta dio un salto hacia la producción de café. En el caso de la producción de café en la vereda, esta tuvo relación con la apuesta económica nacional de exportación. Para inicios del siglo XX Colombia le apuesta a la expansión de cultivo del café. En esta perspectiva la producción de agrícola tienen un auge durante los primeros dos lustros del siglo XX (Kalmanovich, 2013). Los precios altos del café hicieron que este cultivo se propagara a lo largo de la cordillera central en el departamento del Valle del Cauca incluido Palmira (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2014). Si bien el cultivo de café ofreció ventajas en términos económicos, la producción campesina paralelamente cultivo alimentos para su sustento.

Si bien la producción de café en la vereda generó un vínculo más estrecho con el mercado hasta los años ochenta, este cultivo paulatinamente fue remplazado por cultivos transitorios. El declive del cultivo de café obedeció a factores como la disolución de pacto internacional del café y a la propagación de broca y roya, además del cambio inducido por el estado a través de la revolución verde. Al dejar de ser un producto rentable paulatinamente fue remplazado. En la actualidad el repollo, conjuntamente con el cilantro y la cebolla son los cultivos que practican los campesinos de la vereda Cabuyal en Palmira.

Las características fértiles de la vereda reprodujeron la base productiva de los territorios de origen de los primeros colonos, instaurando de esta manera una agricultura de subsistencia. Las transformaciones en la producción agrícola de la vereda han acarreado consigo cambios en los estilos de producción.

En el caso del trabajo al estar relacionas directamente con el tipo de cultivo, las características culturales y la disponibilidad de recursos se ha transformado continuamente. Los tipos de transformaciones en el trabajo incluyen cambios en la intensidad, el tipo de labores, la utilización de herramientas y tecnología, que en conjunto han hecho que el trabajo agrícola sea menos extenuante. Sin embargo, según los pobladores, en la vereda, por el momento se presenta un déficit de disponibilidad de mano de obra.

En la instauración inicial de la agricultura en la vereda, los pobladores necesitaron de esfuerzos dobles debido a que al arribo de los primeros pobladores al territorio, contó con abundante vegetación, por lo que necesitaron dedicar parte del tiempo de trabajo para acondicionar los predios para la producción. Respecto a este tipo de labores uno de los campesinos señaló “Después venia otra repica, uno repicaba más o menos a un metro, luego repicaba la madera gruesa y la dejaba tres meses y volvía a quemar lo que había, luego se sembraba” (Entrevista 0010_2017). Este tipo de labores incrementaron la intensidad y el tiempo empleado por los campesinos, haciendo más ardua la vida campesina.

En la actualidad la intensidad del trabajo y el tiempo dedicado por los campesinos a sus cultivos son más reducidos. La introducción del arado a la producción de la vereda obedece en términos temporales a la segunda ola migratoria. Según las entrevistas este instrumento llegó conjuntamente con los campesinos que arribaron desde el departamento de Nariño, como lo menciona una de las fuentes:

Cuando yo llegue, a finales de los 60, todavía no había arado acá, el arado yo creo que llego en los años 75, yo varias veces fui a Ipiales a traer arados para venderlos por aquí, esos eran metálicos, uno los traía desarmados y acá los arma; En ese tiempo valían unos 60 o 70 mil pesos ahora no deja de valer 500 o 600 mil pesos. Ahora se consiguen arados en Palmira (Entrevista 0011_2017).

En la actualidad esta herramienta no conserva las mismas características que cuando arribó al territorio. Inicialmente este instrumento se construyó de madera y paulatinamente fue remplazado por el arado metálico. Esta transformación en el material del que estuvo compuesto se debe a que los campesinos que arribaron en la segunda ola migratoria conservaron vínculos con Nariño, departamento donde ya se habían presentado adelantos en este tipo de herramientas. Este hecho es paradójico, debido a que el municipio de Palmira se caracteriza por sus avances en agricultura. La dificultad para adquirir este tipo de herramientas en el mercado local se debió a que las herramientas fabricadas localmente fueron para la agricultura empresarial de la caña de azúcar.

El acceso a esta herramienta de trabajo facilitó el acondicionamiento de las tierras para los cultivos, debido a que el suelo que compone los predios de los campesinos en la vereda es altamente pedregoso, incluso ha demandado que una porción de tiempo de mano de obra se dedique a extraer de los predios las piedras de mayor tamaño. Aunque el uso del arado disminuyo el esfuerzo y el tiempo de trabajo no todas las familias campesinas cuentan con esta herramienta, en los casos en los que no cuentan con él, debe ser alquilado, el precio de un día de trabajo, en promedio, es de cincuenta mil pesos (17 USD) (Entrevista 0008_2017).

El uso de herbicidas ha sido otro de los elementos que han contribuido para la transformación de la organización del trabajo en las familias campesinas. El uso de herbicidas está remplazando a algunas prácticas de cultivo como el aporque y, con ello, se ha reducido el uso de herramientas como el azadón; ha disminuido la cantidad de mano de obra necesaria para los cultivos, haciendo que la demanda de trabajo se reduzca. Lo que ha ocasionado efectos negativos para las familias que dependen de ingresos como jornaleros en las parcelas de sus vecinos. Respecto al tema uno de los entrevistados comentó:

Ese cambio más o menos unos cuatro años, que se empezó a remplazas al azadón, en el repollo también, por ejemplo el aporque, antes se sembraba y luego se aporcaba para que este fortalecido, ahora por ejemplo si se deshierba se daña, se pudre. Por eso ahora ya no se puede ni tocarlo, que no le toque uno la tierra, son cosas que se van modificando, ¿no? Antes se aporcaba el frijol, el maíz, ahora ya no se aporcan, el repollo tampoco, ahora ya es puro matamalezas (Entrevista 008_2017).

Vemos entonces, cómo el uso de los herbicidas desplaza herramientas, al igual que la mano de obra necesaria para el trabajo agrícola. Además, según las observaciones hechas por los propios campesinos, el uso de productos agroquímico está causando una notoria reducción en la productividad:

El paisaje siempre ha dado un cambio bastante, en ese tiempo era tierra cafetera, cultivaban plátano, arracacha, cultivaban yuca, en ese tiempo también se sacaba cabuya, eso más o menos fue en los años 70, en ese tiempo no se utilizaban tanto herbicidas como se utilizan hoy, el trabajo era con azadón, machete, con arado, no es como hoy en día, que todo con herbicidas, entonces eso afecta mucho el suelo y baja la producción (Entrevista, 0010_2017).

En efecto, vemos cómo se ha modificado la intensidad y el tiempo de trabajo. Es preciso aclarar que estas transformaciones en la intensidad y formas de organizar el trabajo no solo son el producto de la introducción de nuevas herramientas y técnicas. También en la vereda se están presentando procesos sociales que inciden en el trabajo. Entre ellos, el campesinado de Cabuyal está pasando por un proceso de envejecimiento, debido a que las generaciones más jóvenes han optado por migrar, bien sea a otros territorios rurales o a grandes urbes, dentro o fuera del país.

Un elemento adicional respecto a la organización del trabajo de las familias campesinas es la mayor vinculación de la mujer a los trabajos agrícolas. Según los resultados de las encuestas, del total de las familias campesinas, en el 92 % las mujeres ejercen actividades agrícolas. El trabajo agrícola femenino principalmente se ejerce en los cultivos propiedad del núcleo familiar y, en menor medida, como trabajo agrícola en parecerlas de vecinos. Vemos entonces como el campesinado mediante sus fuerzas internas (Hernández, 1993) busca incrementar la base productiva para poder cubrir las necesidades familiares, la participación de la mujer en el trabajo agrícola tiene relación la reorganización de la base de recursos controlada a la que hace referencia Van der Ploeg (2010) , donde la participación de la mujer en el trabajo agrícola contribuye para que el nivel de producción se incremente y, a la vez, no se generen egresos por el pago de mano de obra externa.

En el caso de la vereda Cabuyal según las encuestas realizadas en el trabajo de campo, la mayoría de los miembros de la familia participan de las labores agrícolas, a excepción de dos. Aparte de ello, del total de las familias campesinas, en el 100 % de los casos quien organiza el trabajo agrícola es el hombre jefe de hogar. En términos de la significación que le dan los campesinos a sus actividades agrícolas, tenemos que la mayoría (61 %) significa sus labores como orgullo y otra parte (39 %) como alimentos. Como se puede apreciar, la producción campesina no tiene una lógica netamente mercantil, asumen sus labores desde el arraigo cultural y para suplir sus requerimientos alimentario, que en esencia, es lo que constituye al campesino.

Discusión y conclusiones

El propósito de este artículo estuvo centrado en indagar y analizar los elementos desarrollados por los campesinos de la vereda Cabuyal, que les han posibilitado persistir en su territorio. El acercamiento a este tema se realizó con el fin de analizar las dinámicas particulares del territorio desde una perspectiva histórica, que permitiera poner en evidencias las transformaciones de las dinámicas rurales particulares y, en especial, identificar aquellos elementos que hayan contribuido para que las actividades agrícolas prevalecieran como actividad económica principal en el territorio, debido a que una de las características principales de la vida campesina es su estrecho vínculo con la tierra.

En el desarrollo de la investigación se emplearon categorías de análisis de desarrollo recientes que han buscado explicar la realidad contemporánea de las sociedades rurales. En esta medida, de manera novedosa, se incluyó en el análisis el factor espacial. Lo que permitió concluir que los procesos identitarios y de arraigo territorial, se encuentran estrechamente relacionados con la distribución espacial de las viviendas y sus parcelas. Es decir, que a menor distancia entre las viviendas campesinas se generan procesos de colaboración, en el caso particular, vinculados a procesos de construcción de conocimiento colectivo en las prácticas agrícolas, procesos colaborativos y de mejor coordinación de acciones colectivas.

Los estilos agrarios permiten entender cómo el campesinado en su carrera por superar las condiciones particulares a las que se encuentra sujeto, combina de forma diversa la utilización de los elementos que dispone. En el proceso de investigación se pudo identificar que a través del tiempo la base productiva de la vereda se ha transformado. Pasando de una producción para la subsistencia, hacia una producción con una relación más estrecha con el mercado. Dentro de esta transformación se incluyen aspectos como el tipo de cultivo, la organización del trabajo y herramientas. Aunque estos cambios no se pueden asumir como fruto de una acción netamente local, es de resaltar la capacidad del campesinado para adoptar acciones que constantemente buscan mejorar su forma de vida, lo que se denominaría como su capacidad de adaptación. Entre ellas adoptar en sus prácticas agrícolas cultivos de alto valor y de ciclo corto, este tipo acciones demuestran, que de manera empírica, el campesinado de la vereda goza de cierta lógica económica.

Como lo han demostrado diversos estudios, una de las restricciones para que el campesinado tenga la posibilidad de desarrollar sus actividades económicas es el limitado acceso a tierra y capital. En la vereda Cabuyal se evidenció que el campesinado ha desarrollado dos mecanismos, evolución de la modalidad de aparcería, que le han permitido relaciones de colaboración recíproca entre los poseedores de tierra y los que no cuentan con ella. Estas dos modalidades de acceso a tierra y producción han permitido que las familias que no poseen tierra tengan la posibilidad de desarrollar actividades agrícolas que les generen ingreso para sus familias y, por otro lado, en el caso de los dueños de las tierra, les ha permitido aprovechar la tierra que no lograban explotar por falta de mano de obra. Estas modalidades colaborativas se encuentran sustentadas en la confianza recíproca ya que no cuentan con documentos legales que los soporten.

Ahora bien, estas posibilidades han hecho que las actividades agrícolas generen ingresos para las familias, que les ha permitido mejorar su calidad de vida, aunque no se debe negar que existen necesidades por resolver. En consecuencia, se logró evidenciar que las viviendas campesinas se encuentran atravesando por un proceso de transformación el cual ha sido favorable para la salud y el cuidado de las familias que habitan en la vereda. Es de destacar que las funciones que cumplen las viviendas campesinas no se suplen únicamente por la estructura física, hacen parte del ella, el espacio aledaño que se utiliza para la cría de animales, bien sea para el consumo o para generar ingresos adicionales, además otras actividades como el cultivo de especies para el consumo de la familia, como jardín o como espacio de descanso. Esta noción tiene la potencialidad de convertirse en un insumo para la formulación de programas de vivienda rural que busquen preservar la cultura campesina.

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Recibido: 19 de Febrero de 2018; Aprobado: 09 de Mayo de 2018

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