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Cultura y representaciones sociales

versión On-line ISSN 2007-8110

Cultura representaciones soc vol.12 no.24 México mar. 2018

 

Contribuciones

La Tomatina de Buñol. Internacionalización de una fiesta popular

La Tomatina in Buñol. Internationalization of a festival

Enric Cuenca Yxeres* 

Vicent Giménez Chornet** 

*Enric Cuenca Yxeres es gestor cultural en España

**Vicent Giménez Chornet, Universidad Politécnica de Valencia, España

Resumen:

La Tomatina de Buñol, el evento popular más internacional de España, atrae a visitantes y turistas de todo el mundo. En el presente artículo se analizan sus orígenes, en el contexto de la dictadura del general Franco, así como su evolución en el gobierno democrático español. El objetivo consiste en entender de qué manera esta fiesta popular ha alcanzado el impacto mediático que tiene. Esto se explica por las mismas características de la Tomatina, donde las connotaciones lúdicas y hedonistas son relevantes.

Palabras clave: tomatina; fiesta popular; hedonismo; turismo popular; cultura popular; tomate

Abstract:

La Tomatina, from Buñol is Spain’s most international festival, it attracts visitors and tourists from around the world. This article analyses the origins of the festivity, in the context of the dictatorship of General Franco, as well as its evolution in the Spanish democratic government are analyzed. The goal is to understand how this festival has reached such great media coverage, due to the characteristics of the Tomatina, where the playful and hedonistic connotations are relevant.

Keywords: tomatina; popular festival; hedonism; popular tourism; popular culture; tomato

1. Introducción

En 1945, un grupo de jóvenes de la localidad de Buñol (España) decidieron lanzar tomates a otros jóvenes y con ello dieron origen de la Tomatina; desde entonces, ha crecido hasta convertirse en una fiesta de interés internacional. Su popularidad queda demostrada con la asistencia de turistas procedentes de todos los continentes, así como por los anuncios publicitarios y las escenas de películas que se han llegado a filmar (como Zindagi Na Milegi Dobara, de Zoya Akhtar, director de la India).

La Tomatina ha sido estudiada en diferentes trabajos científicos y desde distintos puntos de vista, principalmente como festividad gastronómica (Ortíz, 2004; Moss, 2009) y como evento cultural. La fiesta también se investiga en relación con la enseñanza de la cultura española (Deneme, Ada y Uzun, 2011) o la enseñanza de la lengua española (Cook y Calkins, 2013). Desde varios enfoques, es un tema atractivo: es comparada con el festival del barrio de Boryeong, en Corea del Sur (Oh, y Yoon, 2012); se asocia con los festejos lúdicos del Mediterráneo para el mundo asiático (Kamble, 2015); fue analizada en una tesis de licenciatura, en un estudio relacionado con la agencia de turismo finlandesa Stoke Travel (Olifirenko y Riittinen, 2011); aparece mencionada en diversos libros didácticos sobre fiestas españolas para extranjeros (Hannam y Williams, 2011: 57), en libros turísticos (Bryson, 2009), o como parte de las anécdotas de libros científicos dedicados al tomate (Heuvelink, 2005).

En este artículo se prentende analizar el origen, la evolución e identidad de este evento internacional para comprender cómo, en el contexto social y político de una dictadura, se consolidó una fiesta que alcanzó un impacto turístico mundial.

De Charlesboveserral- Trabajo propio CC BY -SA 4.0 https://commos.wikimedia.org/w/index.php?curid=42084977

2. Metodología

Con el fin de obtener los datos más fidedignos, se realizaron entrevistas personales a los vecinos de Buñol; en particular con los de mayor edad, quienes recuerdan el origen y la configuración de la fiesta. Para analizar su evolución histórica se visitaron diversas hemerotecas valencianas en las que se consultaron noticias relacionadas con su celebración. Asimismo, el gobierno local de Buñol nos facilitó información relevante, tanto económica como del modelo de gestión, al que no se hubiera podido acceder por otros medios y que ha sido determinante para entender la identidad de la Tomatina en la actualidad.

3. Recorrido histórico y caracterización de la Tomatina

3.1. Generación espontánea de una fiesta (1945)

Aunque en la actualidad es considerado un evento internacional, no debemos olvidar que la Tomatina de Buñol guarda en su historia un largo recorrido de cambios y problemáticas desde su origen accidental en 1945.

Las entrevistas llevadas a cabo con diferentes vecinos de la localidad sobre los orígenes de la Tomatina evidencian que no contamos con un testigo absoluto, único; menos aún con alguna prueba conservada en formatos como audio o vídeo, dada la espontaneidad de aquel inicio. Aun así, la gente de Buñol coincide en referirse a don Goltran Zanón como uno de los pioneros de aquel miércoles 29 de agosto de 1945. En efecto, la entrevista realizada al señor Zanón corroboró lo que podríamos señalar como la versión oficial u “oficiosa” del inicio de la Tomatina. Remarcamos este hecho porque existen, en efecto, otras versiones de su inicio, que van desde la aparición de otros protagonistas hasta el desplazamiento de aquella primera batalla de tomates en Buñol.

Los estudios académicos dedicados a la Tomatina de Buñol son muy escasos, por no decir nulos. La investigación sobre el origen de la fiesta es limitada y prácticamente acotada a la recopilación de testimonios orales, como el caso del señor Zanón. Es posible asegurar que será muy complicado -casi imposible- establecer un origen más preciso que el que existe actualmente por convención, además del que han realizado los que la han investigado a lo largo de los años (Masmano y Ruíz, 2014). Son numerosas las causas de este parcial desconocimiento, tanto de parte de los vecinos de Buñol como de quienes viven fuera del municipio. Sin embargo, sobresale un motivo: ninguno de los presentes en la plaza del pueblo de Buñol, aquel miércoles 29 de agosto de 1945, pudo haber imaginado cuál sería la repercusión futura de aquella batalla incruenta de tomates, y por tanto, no se documentó. De hecho, la trascendencia estatal e internacional de esta fiesta no llegaría hasta bien entrada la década de los ochenta.

De acuerdo con esta versión oficial del inicio de la Tomatina, el último miércoles de agosto del 45 -en el marco de la celebración de las fiestas patronales de Buñol- era un día de jornada laborable en el que se tenía la costumbre de realizar diversas actividades como la rotura de cucañas, el llamado “palo jabón”, o un desfile de gigantes y cabezudos. Podemos considerar este desfile como el auténtico catalizador que desembocó en la primera batalla de los tomates. En efecto, los gigantes y cabezudos eran llevados cada año por un grupo distinto de jóvenes del pueblo, previa autorización al ayuntamiento. Ese año, el gobierno local le negó a un grupo de jóvenes el permiso de llevar los gigantes y cabezudos en beneficio de otra pandilla -una actividad que le reportaba a los grupos un pequeño ingreso económico- y con ello creó el magma necesario para caldear el ambiente de aquel día.

Así, cuando entraron los gigantes y cabezudos por la plaza del pueblo -junto con la comitiva formada por la corporación municipal, clavarios y músicos-, uno de los jóvenes rechazados por el ayuntamiento se dirigió a uno de los cabezudos, increpándolo, sacudiéndolo y, finalmente, lo hizo caer al suelo. Esta fue la chispa que detonó el inicio de una pelea entre los dos grupos, con las autoridades municipales como testigos de excepción. En ese momento, uno de los jóvenes -del cual se desconoce la identidad y que en entrevista con el señor Zanón aseguró no haber sido él- cogió un tomate del cajón de un establecimiento abierto y lo lanzó a uno de los cabezudos; inmediatamente, otro joven tomó otro tomate y lo lanzó, comenzando así una pelea de tomates entre los protagonistas de la trifulca. En un tiempo indeterminado -pero no excesivamente largo-, se pasó de la discordia original con tomates como proyectiles, a un sentimiento generalizado de extraña diversión entre los jóvenes. De este modo, sin que ninguno de los presentes se diera cuenta de la trascendencia de aquella pelea, la Tomatina acababa de darse por iniciada, o si se prefiere la expresión, fundada.

La duración de esta primera Tomatina no fue especialmente larga. Al poco tiempo de iniciarse la batalla de los tomates, las autoridades y la fuerza de orden público -es decir, la Guardia Civil- tomaron cartas en el asunto, disolvieron la pelea -ya convertida prácticamente en festival- e incluso arrestaron a algunos participantes, entre los cuales no se encontraba don Goltrán.

Esta primera fecha es tan importante como la del último miércoles de agosto de 1946, que fue clave para la consolidación de la incipiente festividad. Bajo el temor de volver a revivir la experiencia del último año, el ayuntamiento no programó dentro de las fiestas patronales el desfile de gigantes y cabezudos. Sin embargo, los jóvenes protagonistas de la pelea de tomates no estaban dispuestos a olvidar aquella experiencia, en la que habían podido disfrutar de cierta libertad durante un breve lapso de tiempo. Hay que recordar que el inicio de la Tomatina se inscribe en el contexto de la posguerra, durante la dictadura del general Francisco Franco, y por lo tanto, en un entorno de represión de cualquier libertad. Sin lugar a dudas, aquella batalla de tomates había ofrecido a los jóvenes de la localidad una válvula de escape en un ambiente sociopolítico oscuro y asfixiante, incluso fue una oportunidad de desafío al orden establecido. En consecuencia, aquellos jóvenes no estaban dispuestos a dejarlo perder.

El miércoles 28 de agosto de 1946, a pesar de que no se llevó a cabo el desfile de gigantes y cabezudos, el programa oficial de las fiestas patronales sí conservó actividades como las cucañas o el “palo jabón”, aunque con novedades como la elevación de pequeños globos aerostáticos de papel. Como se puede deducir, estos globos fueron la excusa perfecta para desencadenar una nueva batalla de tomates entre los jóvenes del pueblo, que además, iban abastecidos con tomates traídos de sus domicilios o huertos particulares. Aunque la segunda Tomatina de la historia terminó de modo similar a la primera, es decir, con la intervención de las fuerzas del orden, resulta especialmente importante destacar la relevancia de la segunda celebración, ya que con la de 1946 comenzó a surgir una primera mentalidad de tradición ante la naciente fiesta.

Podríamos señalar que los siguientes años de la Tomatina fueron de consolidación, dentro de los límites de la localidad, sin oficialidad ni repercusión alguna más allá de Buñol. Al mismo tiempo, es muy importante remarcar que la consolidación a la que nos referimos no se corresponde con la aceptación e inclusión del ayuntamiento de Buñol en la oficialidad del programa de fiestas del municipio. Por el contrario, a lo largo de la primera mitad de la década de los cincuenta, las sucesivas celebraciones se resolvieron con detenciones de jóvenes por parte de la Guardia Civil. Fue una actividad no oficial dentro la programación, pero que contó con el silencio y la complicidad del consistorio para su celebración; no se deniega, pero sí se hace. Los vecinos más jóvenes se saltaron la prohibición sin ninguna represalia en ese momento. Las primeras Tomatinas deben entenderse como un desafío generacional entre jóvenes con anhelos de libertad (de acción, e individual) y los mayores, que observaban con antipatía y recelo unas acciones que se salían del orden establecido.

3.2. Entierro del Tomate (1957) y consolidación de la Tomatina

Estas celebraciones se llevaron a cabo de manera consecutiva hasta 1956, año en que el ayuntamiento prohibió la Tomatina debido a un incidente con un miembro del partido único del régimen (Masmano y Ruíz, 2014). Era previsible que esta decisión causaría una importante decepción y contrariedad entre los jóvenes protagonistas de la fiesta. Además, la prohibición venía acompañada de medidas disuasorias por parte de las autoridades del régimen dictatorial. Los jóvenes -entre los cuales se encontraba el señor Zanón- insistieron al ayuntamiento que reestablecieran su autorización. Ante la consecuente negativa, resolvieron realizar una festividad diferente a la celebración libre y tradicional, conocida como el “Entierro del Tomate”, que supone una formula autorizada por el ayuntamiento en 1957 como sustituto de la batalla tradicional de los tomates.

A través de los testimonios obtenidos, escritos y orales -una vez más don Goltrán Zanón figura como el verdadero protagonista de la historia y evolución de la Tomatina en estos años-, el “Entierro del Tomate” supuso una auténtica parodia de la prohibición de la fiesta de Buñol, así como una reivindicación en regla para conseguir de nuevo su celebración. Así pues, se formó una auténtica comitiva fúnebre constituida por los portadores de un anda con un tomate gigante en lo alto, los acompañantes en el duelo (García, 2001) y, entre otros personajes, la banda de música interpretando marchas fúnebres. Según los testigos del evento (Masmano y Ruíz, 2014), este particular enterramiento conformó una solidaridad, no sólo entre los jóvenes que vivieron la prohibición de la Tomatina, sino también de otras capas de la sociedad buñolera que -como se ha señalado en líneas anteriores- la habían visto con buenos ojos, aunque también la habían rechazado, como sinónimo y muestra de desorden público y moral.

Por lo tanto, el “Entierro del Tomate” marcó un nuevo hito, clave para el desarrollo y la consolidación de la Tomatina. El éxito de esta parodia, que reivindicó y dotó de sentido de comunidad a los vecinos de la localidad, dificultó la posición del ayuntamiento para prohibir el cortejo. Así pues, el consistorio se vio obligado a permitir de nuevo la celebración aunque, a partir de esta nueva época, se realizaría bajo condiciones estrictas. Entre ellas se incluía su duración, que sería de una hora, entre las doce y la una; es decir, entre el disparo de las carcasas, una marcando el inicio y la otra su fin. Además, la limpieza del espacio público de la celebración (que es la actual plaza del Pueblo) sería responsabilidad, por partes iguales, del ayuntamiento, los participantes y los vecinos implicados. De este modo, se celebró nuevamente en 1959.

Como han señalado algunos autores (Argente, 2013), desde este momento es posible decir que comenzó a gestarse una forma de domesticación del carácter subversivo de la Tomatina, por el simple hecho de haber establecido unas condiciones a un festejo que hasta entonces se había basado fundamentalmente en la espontaneidad de los participantes. También hay que señalar que, desde ese momento -del final de los años cincuenta hasta la definitiva asunción de la gestión de esta fiesta por parte de los ayuntamientos democráticos de Buñol- la carga económica la llevaron los Clavarios de San Luis.

La gestión de la Tomatina evolucionó y, en 1972, ocurrió lo que ha sido señalado como un nuevo agente transformador (Argente, 2013). En relación con la asunción de la fiesta por parte de los Clavarios, en aquel año se llevó a cabo la entrada del primer camión cargado con tomates: alrededor de cuatro mil kilogramos en 1972, dieciséis mil en 1978 y veinte mil en 1983 (Masmano y Ruiz, 2014). Sin duda, es un elemento identificador del evento, incluso en la actualidad. Además, en estos años y hasta la fecha también se introdujo el agua en la celebración como otro elemento básico. La suma de estos elementos implicó una mayor cantidad de tomates empleados como munición, lo que a su vez provocó que esta festividad empezara a ser conocida más allá de la municipalidad de Buñol. De esta manera, el año de 1972 marcó un cambio en la Tomatina a nivel cuantitativo y cualitativo, así como en el aumento de participantes provenientes de localidades vecinas, incluso desde la ciudad de Valencia.

Por otra parte, la Tomatina no fue completamente ajena a los cambios políticos de España en aquel momento. La muerte del general Franco, en 1975, y el inicio de la transición democrática trajeron, entre sus puntos culminantes, el retorno de los ayuntamientos democráticos al Estado. Para Buñol, además del cambio político al que hemos hecho referencia, la transición política supuso para el caso que nos ocupa, la progresiva responsabilidad de la gestión de la festividad al primer ayuntamiento democrático de la localidad. Los motivos de este proceso son eminentemente económicos: el aumento del volumen de participantes y, en consecuencia, los kilos de tomate requeridos para realizar un festejo adecuado, escapaban a la capacidad adquisitiva de los Clavarios de San Luis, a pesar de sus intentos para financiarla.

3.3. 1983, un importante punto de inflexión

Efectivamente, podemos afirmar que, junto al 2002 (año de la declaración de la Tomatina como Fiesta de Interés Turístico Internacional), el año de 1983 fue un punto sin retorno para su evolución, analizada en términos de su expansión mediática y en la asistencia. La razón de este salto cualitativo lo encontramos en el reportaje sobre la fiesta para el programa de televisión nacional Informe Semanal, de Radiotelevisión Española (RTVE), a cargo del periodista Javier Basilio (Basilio, 1983). El reportaje -breve, pero concreto, y con la información esencial sobre la fiesta y lo que significaba para sus participantes- tuvo como consecuenca la expansión mediática del evento, a nivel nacional e internacional. Esta expansión fue propiciada por los medios de comunicación que, a partir del reportaje de Informe Semanal, comenzaron a cubrirlo en los noticieros de televisión. Destacamos que además de la difusión en los medios de comunicación estatales, la cobertura internacional fue decisiva para darla a conocer alrededor del mundo, y por lo tanto, para la llegada de turistas extranjeros a Buñol, que modificaron la fisonomía de la fiesta, al menos como hasta entonces se conocía.

De esta manera, el impacto del reportaje de Javier Basilio, sumado al conocimiento de la fiesta a partir de ese momento, tuvieron implicaciones para el año siguiente. En efecto, el ayuntamiento de Buñol duplicó la provisión de tomates en 1984 y pasó de adquirir veinte mil kilos a cuarenta mil. A pesar de las previsiones, la cifra de gente estimada para participar de la Tomatina en Buñol no fue suficiente, pues la asistencia se triplicó. Según los datos consultados (Masmano y Ruíz 2014), mientras que en 1983 los cálculos del ayuntamiento de Buñol preveían la participación de tres mil personas aproximadamente, para el año siguiente se contabilizaron cerca de diez mil. En esta sentido, el contraste en la acción de los medios de comunicación entre los años anteriores y posteriores a 1983 es contundente: pasaron de una Tomatina prácticamente invisible, a llenar dobles páginas en los diarios de tiraje provincial o autonómico (como Levante-EMV y Las Provincias).

3.4. La definitiva expansión de la Tomatina (1984 - 2014)

A partir de los reportajes periodísticos consultados, fue posible comprobar que a lo largo de las décadas de los ochenta y noventa, la Tomatina de Buñol se expandió, fruto de su reconocimiento nacional e internacional, convirtiéndose en un evento muy diferente de lo que fue en sus inicios. En efecto, en un periodo de tiempo relativamente corto, pasó de ser una fiesta local -conocida dentro de los límites de la provincia de Valencia- a un evento que trasciendía los límites de la Comunidad Valenciana y de las fronteras españolas. Si observamos los datos con los que trabajan el ayuntamiento de Buñol y los medios de comunicación, más que hablar de cambios sustanciales en el contenido -la esencia de la cual sigue siendo el lanzamiento de tomates-, lo que interesa aquí resaltar es el importante cambio cuantitativo y cualitativo que experimentó la fiesta en los últimos treinta años. Cuantitativo en relación con el número de asistentes, que se han incrementado año con año y cualitativo, por la procedencia de los visitantes, donde los extranjeros han ganado una presencia destacada, básica para comprenderla en la actualidad.

En los últimos treinta años analizados, es necesario destacar dos hitos clave que modificaron la concepción y el rostro de la fiesta. El primero es la Declaración de la Tomatina como Fiesta de Interés Turístico Internacional en el 2002, a través de la Secretaría General de Turismo, perteneciente al entonces Ministerio de Economía (España, 2002). Sin duda, esta Declaración -junto a la indudable y decisiva influencia de las comunicaciones a través de Internet- marca un antes y un después en el recorrido histórico de la Tomatina de Buñol; esto es, la llegada masiva a Buñol de un perfil de turista extranjero, con voluntad de experimentar una fiesta radicalmente diferente a la que está acostumbrado y que genera ingresos por turismo.

El segundo hito que marcó la trayectoria de la Tomatina se produjo en los meses posteriores a la celebración del 2012. Ante los problemas y riesgos de la masificación de gente que asistió a la celebración -de acuerdo con los cálculos del ayuntamiento de Buñol, se contabilizaron más de cincuenta mil participantes ese año, un verdadero peligro para la integridad de los participantes-, unida a la necesidad de hacer la fiesta viable económicamente, la corporación municipal decidió introducir un sistema de cobro de entradas para el acceso al recinto a partir del 2013 (Sapena, 2013; EFE, 2013). Resaltamos la influencia que la decisión del cobro de entradas ha tenido o puede tener en el futuro. Después de dos celebraciones realizadas con este sistema (la de 2013 marcada por la lluvia), el cobro de entradas ha tenido una influencia decisiva en el recorrido histórico de la fiesta.

En esta evolución de la Tomatina es interesante observar cómo, aunque ha conservado sus características esenciales a lo largo de casi setenta años (básicamente el lanzamiento de tomates), el contexto, “el envoltorio” que la rodea ha cambiado con el paso de las décadas debido a fenómenos internos y externos de la fiesta.

4. Secuenciación y caracterización de la Tomatina

Desde 1945, la Tomatina se celebra el último miércoles de agosto de cada año. Aunque su secuenciación es sencilla dada la elementalidad del propio festejo, hay que tener en cuenta que en la actualidad es parte del programa oficial de las fiestas patronales de Buñol, en el que encontraremos otras actividades y eventos relacionados, incluída la noche del martes. Efectivamente, muchos de los participantes ya se encuentran presentes en Buñol desde la noche del martes, prolongando su estancia en el municipio hasta el fin de la batalla de tomates.

De esta manera, el programa oficial de las fiestas de Buñol determina que a las diez de la mañana del último miércoles de agosto tendrá lugar el “palo jabón”. La actividad consiste en enjabonar un poste de nueve metros de altura y colocar, en el extremo más elevado del mismo, un jamón; los participantes intentan conseguir la preciada recompensa. Mientras tanto, los asistentes esperan el pistoletazo de salida de la Tomatina, con el tradicional vino y bollería que reparte el ayuntamiento, costumbre asentada en la localidad, como nos comentó el señor Zanón. En las horas previas al festejo, el sitio en el que se encuentran los camiones repletos de tomates se llena progresivamente. Este dato es todavía más significativo desde 2013, cuando el recinto de la fiesta quedó completamente delimitado y cerrado, y fue necesario disponer de una entrada para acceder al mismo.

Así, el disparo de una carcasa desde el ayuntamiento señala la entrada de los camiones a las once de la mañana, llenos de tomates en el recinto del cortejo -desde la calle San Luís en dirección a la calle Cid-; es el inicio de la Tomatina. Según el año, desfilan cinco o seis camiones cargados con más de cien mil kilos de tomates (en 2014 fueron 146 mil), abriéndose paso entre los participantes.

Es necesario mencionar también la importancia del agua en esta fiesta del tomate (prácticamente convertida en jugo a medida que avanza el evento), como se puede comprobar en las imágenes que todo el mundo conserva sobre la Tomatina, que son de fácil acceso en la red o los medios de comunicación. Hacia el final de la década de los setenta se instaló una bomba de agua en la plaza del pueblo, aprovechando el paso de la acequia de San Luis por ese punto. Desde entonces, ha habido cambios sustanciales entre los primeros años y la actual plataforma desde la que se dispara el agua (en cuanto al tiempo y la seguridad de los operarios).

Del mismo modo, desde la regulación del ayuntamiento a finales de los años cincuenta, a las doce del mediodía se escucha el disparo de la carcasa que anuncia el fin de la Tomatina. A partir de ese momento, y como marcan las normas de participación, los asistentes cesan en el lanzamiento de tomates y abandonan el recinto de la celebración, convertido en una marea roja de tomate y de gente impregnada con el fruto. Algunos participantes optan por quitarse los restos de tomate sumergiéndose en el río de Buñol o aprovechando las acequias y balsas que rodean a la localidad.

5. La Tomatina de Buñol en el contexto de la patrimonialización etnológica y de la cultura popular

5.1. Fiesta y cultura popular

Ha sido un reto incluir a la Tomatina de Buñol como parte de las estructuras de lo que se denomina patrimonio cultural o etnológico, debido a la complejidad y los matices implícitos en el término y su uso. De acuerdo con la definición de la profesora Santamarina (2005), entenderemos por patrimonio cultural un objeto, material o inmaterial, que...

... se construye en los procesos culturales a través de diversas técnicas, instituciones, prácticas y discursos como un campo de disputa y un espacio de poder; representa una forma y modo de concebir y vivir el mundo a partir de la selección y construcción simbólica (subjetiva y reflexiva, y fundamentalmente política) de ciertos recursos o bagajes culturales a través de procesos de negociación, conflicto y mediación (donde participan tanto distintas lógicas como distintos agentes sociales) con el fin de legarlos para el futuro; [el patrimonio cultural] encapsula una pretendida forma de identidad socio-histórica (idealizada, reinventada y interpretada como esencia fundamental) de una comunidad (2005).

Como podemos observar, es prácticamente imposible aplicar en su totalidad la definición de patrimonio cultural formulada por la profesora Santamarina a la fiesta de Buñol. Sin embargo, consideramos que algunos elementos son aplicables, en particular aquellos que se refieren al potencial conflictivo y de campo de disputa, presentes en la celebración -al menos en sus primeros años-; conflicto entendido como la forma de resistencia a ciertas estructuras sociales y políticas establecidas. En efecto, la Tomatina podría haber sido interpretada en sus inicios como una construcción política, canalizada a través del conflicto, en este caso en oposición a las estructuras sociopolíticas del franquismo.

Esta es la vertiente de la definición que se recupera para el caso de la Tomatina. Sería más forzado, por ejemplo, utilizar la parte de la definición que se refiere al simbolismo. Es posible aplicar numerosos símbolos al cortejo que aquí analizamos, pero aplicar un símbolo identitario -entendido en sentido histórico u organicista- y al uso que le han dado los habitantes de Buñol es discutible. Es mucho más viable aplicar el término de fiesta popular, ya que así será posible interpretar este evento, como observaremos a continuación.

En primer lugar, al abordar la noción de fiesta y en el marco en el que se desea delimitar teóricamente a la Tomatina es necesario preguntarse ¿qué es una fiesta? En relación con esta en particular, motivo del presente trabajo, cuál es su finalidad, es decir, cuáles son sus causas últimas. Por lo tanto, aquí se sugiere utilizar la definición de los profesores Ariño y Gómez sobre la fiesta, entendida como una...

... práctica colectiva consistente en un conjunto de actos, que se desarrollan en un tiempo/espacio específico, mediante los que celebran alguna cosa [...] La fiesta es una institución social, un fenómeno específicamente humano (Ariño y Gómez, 2012).

En efecto, la fiesta es inherente al ser humano, presente desde los ritos asociados al proceso de hominización (Gil Calvo, 2012). El comportamiento festivo se crea a partir de la interacción entre seres humanos -es aceptado que una condición básica para el surgimiento de la fiesta es la presencia de más de dos personas, es decir, un grupo- congregados en un espacio y un tiempo determinados. Estos elementos dan origen a una serie de prácticas -diferentes según la tipología de la fiesta-, todas ellas tienen en común la retroalimentación de los participantes los cuales, a su vez, generan lo que el profesor E. Gil Calvo ha definido, a partir del concepto del sociólogo Émile Durkheim, como la efervescencia colectiva.

De este modo, se establecen mecanismos de solidaridad en torno a un “objeto sagrado” que varía de acuerdo con la fiesta en específico y que refuerza decisivamente esta “supraindividualidad”: puede tratarse del fuego de las Fallas, los toros en los festejos de verano, o de algún instrumento material, como por ejemplo frutos u hortalizas. En consecuencia, se genera una nostridad -termino acuñado por el filósofo José Ortega y Gasset y que implica cercanía, proximidad y posibilidad de intimidad- creada por los ingredientes del rito, es decir, una “redefinición de cada uno de sus participantes [de la fiesta] para reconstruirlo como parte de un nosotros ‘supraindividual’ ” (Gil Calvo, 2012). A partir de estos elementos es posible afirmar que la Tomatina se inserta plenamente en esta definición y caracterización de fiesta, en tanto que, como ha podido observarse, el logro de la nostridad está presente, año con año, desde su primera aparición en 1945.

Bajo las premisas señaladas, hay que destacar que un evento lúdico-festivo se hace visible a través de varios resortes -de orden social y de la vida cotidiana-, siempre dentro de estructuras temporales, marcadas y definidas. También es necesario apuntar que la fiesta puede actuar como legitimadora del poder (social, político, económico) o, por el contrario, desafiarlo a través de múltiples medios, por ejemplo, el cuestionamiento de las estructuras sociales imperantes, como se observa en el proceso de creación de la Tomatina: una celebración de libertad -individual y colectiva-, a pesar de originarse y desarrollarse en un tiempo acotado y establecido por el poder (dura una hora exacta).

Precisamente, como hecho social que es, la fiesta difumina a menudo las fronteras entre lo público y privado -o mejor dicho, lo íntimo- y trata de evocar una realidad inaccesible, muchas veces imaginaria. Lo que aquí interesa resaltar es su capacidad suspensiva. No cabe duda que durante su hora de celebración, la Tomatina representa una transgresión o, mejor dicho, una suspensión del orden social y de la vida cotidiana a través de un vehículo tan potente como es el hedonismo. Se entiende el hedonismo como la búsqueda de una satisfacción inmediata, opuesta al puritanismo que se asocia con antipatía a todos los placeres de la carne (O’Shaughnessy y Jackson, 2002).

Llegados a este punto, es momento de presentar el concepto que mejor se ajusta a la definición, caracterización e interpretación de la fiesta que aquí se analiza. En efecto, la Tomatina de Buñol debe ser considerada como una “ludomaquia promiscua”. Esta expresión, sugerida por el profesor Antonio Ariño en numerosos estudios y centrada en el ámbito festivo (1996, 1998, 2012), se basa en...

... un acto consistente en un combate inofensivo (de ahí el término «ludomáquia») en el que impera la lucha cuerpo a cuerpo y la mezcla confusa (ni siquiera existen bandos definidos, sino que se trata de un combate generalizado). Los participantes se encuentran envueltos y mojados en las humedades / olores / chispas del producto que se emplea como arma (tomates, agua, espuma, o fuego y pólvora), (Ariño y Gómez, 2012).

Dentro de un contexto de redefinición del rito que podríamos señalar como tradicional y con características -incluso podríamos hablar de merma- de desafío a la modernidad, este “ludismo omnipresente” (Ariño y Gómez, 2012) ha empezado a destacar en las últimas décadas, dirigiendo programas de fiestas en diversas localidades, al tiempo que convive e interactúa con el rito. Este proceso puede observarse tanto en la Tomatina de Buñol como en numerosas festividades de las diferentes comunidades autónomas del Estado español.

De regreso al concepto de ludomaquia promiscua, cabe señalar que un catalizador -es decir, un elemento en común a todas las fiestas- es el hedonismo que, como se vio, es la doctrina según la cual el placer es el único o el principal objetivo de la vida. Enmarcado en estas “ludomaquias”, el hedonismo juega un papel esencial, aunque comprendido y delimitado en tiempo y espacio. Así, el hedonismo se establece en esta tipología de fiestas como una suspensión de las estructuras de la modernidad, comprobables en las imágenes que nos proporcionan los medios de comunicación de masas cada vez que se celebra una festividad de estas características.

Ahora bien, las ludomaquias que caracterizamos no deben verse únicamente como un enfrentamiento con la modernidad, que la niega. Por el contrario, cabe señalar que las ludomaquias promiscuas son hijas de la modernidad y, por lo tanto, con el hedonismo como vehículo y parte formativa de la modernidad, conviven con ella, no la niegan. Al mismo tiempo -como se señalaba en la definición formulada por los profesores Ariño y Gómez (2012)-, las ludomaquias promiscuas requieren de un producto, un objeto sagrado para interactuar y desarrollar las condiciones necesarias para realizar estos actos (normalmente batallas incruentas). La tipología de estos objetos y productos es tan ancha como la diversidad de ludomaquias que nos podemos encontrar. En Valencia existen numerosos ejemplos, como los festejos de polvora en Paterna, la zurra con vino en Requena, los enharinados de Ibi, entre otras.

5.2. La Tomatina, una ludomaquia promiscua

La Tomatina no es un evento aislado, es parte del calendario y programa de actividades y de fiestas patronales de la localidad; la “Feria y Fiestas de Buñol”, dedicadas a San Luis Bertrán y la Virgen de los Desamparados, patrones del municipio. Sin embargo, representa una ruptura. En efecto, en la celebración se encuentran dos características que la distinguen: por una parte, la invención de la fiesta; por otra, la parcial sustitución de una parte a cambio de su totalidad, con matices que resaltan la importancia de su aparición. En esta festividad destaca la importancia que tienen la diversión y el deseo de fiesta; es decir, el hedonismo -o su búsqueda- en la decisión de participar. Si se observa la evolución histórica de la Tomatina, es necesario señalar la importancia que ha adquirido el hedonismo a medida que se avanza en el tiempo. En otras palabras, se ha instalado progresivamente como el sentimiento imperante.

Pero, ¿como se manifiesta este hedonismo imperante en la celebración de la Tomatina? Es necesario recordar que esta fiesta se celebra en un recinto relativamente pequeño, donde se congregan aproximadamente veintidós mil personas, con una temperatura propia del verano mediterráneo. De este modo, las sensaciones que experimentan los participantes durante la batalla de tomates están determinadas por los olores, el contacto físico entre los participantes -a menudo desconocidos-, el agua lanzada por los vecinos de Buñol, etcétera. Como se puede prever, el hedonismo se materializa a través de todos estos elementos en juego y disputa, rayando incluso en el erotismo.

En relación con el hedonismo, es necesario establecer una distinción entre las primeras tomatinas y las que se celebraron después de la prohibición de 1957, sobre todo a partir de la transición democrática. Nuevamente, hay que reafirmar el componente transgresor y desafiante de las primeras en el plano sociopolítico, en tanto que cuestionaban los roles y, especialmente, las estructuras de la arquitectura fascista del franquismo.

No obstante, a partir de la oficialización de la Tomatina a finales de la década de los cincuenta puede determinarse que este carácter desafiante al orden sociopolítico no desaparece por completo, aunque se ve fagocitado y domesticado. Nos encontramos ante un caso de apropiación de la fiesta por parte del poder. A pesar de esta situación, lo que podríamos definir como el ADN transgresor de la Tomatina, dentro de las coordenadas señaladas, ha sido la búsqueda de la diversión, del placer a través del combate incruento con tomates. El hedonismo no sólo permanece inalterable sino que se desarrolla y consolida con el transcurso de los años hasta ocupar una centralidad que había compartido con el cuestionamiento de la autoridad social y política.

La transición política española marcó un hito clave en el hedonismo que impera en la Tomatina. Efectivamente, la coincidencia de la llegada del primer ayuntamiento democrático en Buñol con la expansión mediática de la fiesta (debido al reportaje del programa Informe Semanal) provocó una avalancha de participantes cuyo principal motivo para acudir a la localidad era la búsqueda de placer y diversión. Quedó atrás el desafío a un sistema político, ahora democrático, al que ya no se le pide libertad. De igual manera, quedó atrás el desafío al orden social -a las generaciones anteriores de Buñol- que, para la década de los ochenta, ya había aceptado en su mayoría los parámetros de diversión del evento. Se trata del triunfo de la transgresión (momentánea) de las estructuras sociales de la modernidad, y por lo tanto, de la ludomaquia promiscua, asentada e interiorizada plenamente a lo largo de estas décadas. Además, así es reconocida por la oficialidad -es decir, las estructuras del Estado-, con la declaración de 2002 de la Tomatina de Buñol como Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Una vez más, hay que remarcar que esta transgresión de la modernidad debe ser entendida dentro de las coordenadas señaladas, como una transgresión relativa y breve en espacio y tiempo. Al igual que en el caso de otros carnavales, no se la debe considerar como una fiesta que niega la modernidad, sino como hija de la misma. Es decir, la transgresión -o la suspensión de las normas y roles sociales que propone la celebración- es temporal, limitada en tiempo (una hora de duración) y espacio (el recinto cerrado del cortejo). Por lo tanto, transgresión y modernidad se retroalimentan y constituyen dos caras de una la misma moneda. Otro factor más que refuerza la idea de la Tomatina como hija de la modernidad y no como su detractora, se encuentra en la propia burocratización del cortejo.

5.3. Identidad

A continuación se abordará el grado de identificación que los habitantes de Buñol asumen ante la fiesta. A través de los testimonios obtenidos por medio de entrevistas es posible señalar una identificación que podría denominarse ambivalente. El paso del tiempo y los procesos de glocalización, turistificación y mediatización a los que se ha visto sometida la Tomatina, ocurridos desde la década de los ochenta han provocado que varios habitantes sientan una desafección progresiva hacia el evento (que consideran desnaturalizado). Este sentimiento se debe, en parte, a que ha dejado de ser -al menos de modo absoluto- una celebración exclusiva de la comunidad, en beneficio de la llegada masiva de participantes extranjeros. Este es un hecho que no ha pasado inadvertido para uno de los principales actores implicados en la organización del festejo, el ayuntamiento, que en los últimos años ha promovido una serie de actividades paralelas en un intento por devolver el cortejo a los ciudadanos de Buñol, siempre dentro de los límites que plantean el mediatismo y la llegada de turistas, con quienes se lleva acabo este evento lúdico. Sin embargo, esto no implica la ausencia de los vecinos, ya que éstos están presentes desde su participación en la ludomaquia hasta en la limpieza de las calles, incluyendo su actuación en los camiones, desde los cuales arrojan tomates al público. Es decir, se trata de una participación activa en el desarrollo y la realización de la fiesta con estos importantes condicionantes.

Por lo tanto, ¿cuál es la consecuencia de esta ambivalencia? El regreso a las actividades dentro del programa de fiestas de la localidad. Por los motivos que se han señalado a lo largo de estas líneas, podría parecer que desde los años ochenta la Tomatina inició un camino de sustitución y reemplazo frente a la programación de la localidad. Sin embargo, el paso del tiempo ha demostrado que, por el contrario, este proceso no ha sido tal, al menos no en su totalidad.

De este modo, la Tomatina es la actividad que lleva el nombre de Buñol a todo el mundo y por el que la localidad es conocida. Al mismo tiempo, la otra parte del programa de actividades de las fiestas patronales permanece como el elemento más definitorio de la identidad de los vecinos del municipio, que participan activamente en ferias, traslado de los santos patrones, pasacalles, competiciones tradicionales, carreras, conciertos o el “mano a mano” entre las dos sociedades musicales del municipio. Como podemos observar, la interacción entre lo lúdico y lo profano es la nota predominante y este no es sólo un rasgo de las fiestas de Buñol, sino de la mayoría de fiestas populares.

Los aspectos menciondos quizá sean la muestra más explícita de la ambivalencia con la que muchos vecinos de Buñol conviven e interactúan con la Tomatina. Por otra parte, la glocalización, a la se hizo mención, también queda demostrada a partir de la realidad: se trata de defender las particularidades locales -la identidad cultural del pueblo- dentro de un proceso y un contexto de globalización, del que la festividad -entendida en los parámetros actuales de mediatismo y turistificación- debe ser considerada un exponente nítido.

6. Conclusión

Formulamos de nuevo la pregunta señalada anteriormente: ¿por qué la Tomatina de Buñol ha alcanzado tal grado de popularidad? La respuesta hay que encontrarla en las propias causas que explican la celebración de las ludomaquias promiscuas. Efectivamente, aunque el impacto mediático y los procesos de glocalización, turistificación y mediatización a los que se ha visto sometida la han condicionado y determinado decisivamente -es imposible entender esta fiesta en la actualidad sin la influencia de dichos procesos- la causa profunda de su éxito es su simplicidad en la búsqueda del placer, el igualitarismo alcanzado entre los participantes y su carácter catártico, a través del hedonismo descrito. Así, encontramos una comunidad participante, heterogénea, que en el transcurso de una hora, a través del placer y la fiesta, desdibuja y suspende momentáneamente las normas y roles sociales de la modernidad, a la vez que es su deudora e hija.

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