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Cultura y representaciones sociales

versión On-line ISSN 2007-8110

Cultura representaciones soc vol.9 no.17 Ciudad de México sep. 2014

 

Contribuciones

 

La sociología etnográfica de Sudhir Venkatesh

 

Hugo José Suárez*

 

* Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.

 

Sudhir Venkatesh es un sociólogo creativo y elegante. Hijo de una familia india que emigró a Estados Unidos, estudió primero matemáticas en la perspectiva de encontrar trabajo más fácilmente, pues como familia foránea no tenía conexiones que pudieran asegurarle bienestar. Pero la sociología lo sedujo y quedó atrapado en sus redes corriendo el riesgo de que la vida le pasara la factura años más tarde cuando no encontrara un empleador. Continuó con un posgrado en la Universidad de Chicago, donde se doctoró conducido por William Julius Wilson, profesor especialista en pobreza urbana.

Venkatesh asume la tarea de escribir bien. Sus libros son una invitación a pensar y una presentación de datos tejidos en una narrativa seductora que atrapa al lector. No da la impresión de estar leyendo a un sociólogo que comparte su investigación científica, sino a un contador de historias. De hecho el formato de presentación es distinto: tanto Líder de una pandilla por un día (Gang Leaderfor a Day, The Penguin Press, NY, 2008), como Ciudadflotante (Floating City, The Penguin Press, NY, 2013) contienen ocho capítulos de 20 a 30 páginas, sin introducción ni conclusiones. Cada capítulo tiene solamente el título principal, no hay subtítulos ni otras divisiones internas. Las páginas no están atiborradas de referencias a sociólogos, salvo puntuales menciones a sus profesores consentidos; en la Ciudad flotante evoca una vez a Pierre Bourdieu y una a Clifford Geertz. La casa editorial no es ninguna reconocida universidad —que son las encargadas de arbitrar y legitimar lo que se considera ciencia social en Estados Unidos— sino una prestigiosa editora comercial. No presenta formalmente un problema ni desarrolla una hipótesis explícitamente; cuenta experiencias, y en ellas entreteje el problema, la hipótesis, la pregunta. No hay ni un solo cuadro o gráfico estadístico, ni un pie de página, ni una nota, un anexo metodológico. Vaya, ni siquiera bibliografía. ¿Puede ese considerarse un producto científico o se trata de un académico haciendo maromas en el pantanoso terreno de la literatura?

Sin duda esa será una de las polémicas que este autor sugiere. En la segunda obra, Venkatesh advierte que "la mayor parte de este libro no es apropiado para las publicaciones académicas de ciencias sociales" (Venkatesh, 2013: 278), y deriva a sus lectores a encontrar los resultados de la "investigación formal" en otras publicaciones (por ejemplo en el texto American Project, del 2002 donde se deja ver a un estudiante de doctorado tratando de convencer a su comisión y respetando todas las formalidades universitarias). Pero cualquier lector sensible entiende bien el juego. No se trata de escribir una novela, está haciendo sociología de otra manera.

En su esfuerzo por escribir bien, Venkatesh no oculta debilidad en sus datos o análisis. Asume la etnografía como su estrategia metodológica y todo lo que presenta es el resultado de una profunda y prolongada inserción en el terreno. Su trabajo de campo es minucioso, extensivo y sistemático. Lo interesante es que, como buen etnógrafo, se esfuerza en reconstruir una narración posterior a su observación donde ingrese su historia personal, sus experiencias, sus hallazgos, sus dilemas, sus dudas. Habla en primera persona, pone su nombre "Sudhir" en múltiples ocasiones. Al leerlo, uno puede tanto comprender más y mejor el tema específico que está tratando, como ver al investigador en su propia búsqueda con errores, aciertos y decisiones que tomar en pleno camino.

El autor reconoce su vocación como "etnógrafo",

... que es una palabra elegante para un sociólogo que pasa gran parte de su tiempo mirando a la gente en su vida cotidiana, pasando el rato, para ser precisos, en oposición al uso de una encuesta o poniendo preguntas como periodista (Venkatesh, 2013: 1).

Por ello advierte que lo que presenta es una "memoria de sus experiencias" (Venkatesh, 2013: 278) basadas en notas de campo, diario personal, periódicos o simplemente en la memoria. Reconstruye todo, cambia nombres y lugares —para proteger a los protagonistas—, pero todo, "personas, lugares e instituciones son reales; no son composiciones, no son ficción" (Venkatesh, 2008:285). Retoma el principio testimonial de la etnografía: él estuvo ahí, vio y vivió —desde su experiencia subjetiva pero con intención analítica— lo que está escribiendo. Y con eso devuelve el debate —lamentablemente abandonado en algunos contextos académicos— entre literatura y antropología, entre crónica y sociología, entre memoria e historia.

Y de fondo queda la pregunta, ¿para quién escribimos? ¿Cuál es el público que debe leer a los académicos? ¿Las comisiones evaluadoras y los tribunales de distribución de prestigio y posiciones profesionales? ¿Las editoras comerciales? ¿El "gran público" (o lo que ello signifique)? Verkatech retoma el dilema clásico: "si mucha gente puede leer tu trabajo, no debe ser muy bueno", lo que puesto en términos de carrera, significa que si no se convence a una comisión, por más de tener centenas de lectores, no se obtendrá un puesto. Su salida es seguir su propia ruta consciente de que "sólo a través de una observación sistemática y cuidadosa se puede aprender lo que sucede en el mundo" (Venkatesh, 2013: 28). A la vez, aprende de su profesor William Wilson que la rigurosidad científica no está peleada con la estrategia de comunicación al público más amplio: "tienes que escribir bien, tienes que contar una historia" (Venkatesh, 2013:29). Su intención entonces es que su libro llegue tanto al operador del metro como a un funcionario de gobierno.

En términos de contenido, Venkatesh está interesado en las comunidades urbanas marginales, las pandillas, la pobreza, la drogadicción, la prostitución, el narcomenudeo. Toca las fronteras más crudas de la sociedad norteamericana actual y las coloca en la agenda de discusión pública, pero no lo hace desde la estadística o desde las proyecciones macroeconómicas, sino más bien concentrándose en los individuos inmersos en el proceso: cómo viven diariamente su vida, cómo pertenecen o dejan de pertenecer a una banda que vende droga, cómo y cuánto ganan, en qué invierten. Cuál es su mundo y su sentido de existencia.

El primer acercamiento con su tema de estudio en un barrio popular en Chicago es particularmente revelador de su opción metodológica. Tenía que aplicar un cuestionario que buscaba entender la autopercepción, y la pregunta era "¿Cómo se siente ser negro y pobre?" Las respuestas estaban dadas: "Muy mal, algo mal, ni bien ni mal, algo bien, muy bien". Cuando luego de atravesar peligrosos pasillos en un edificio de departamentos encuentra a alguien a quien aplicar la encuesta, al escuchar la interrogante, la reacción es: "Fuck you!", "¿es una jodida broma?" (Venkatesh, 2008: 14). En esa ocasión salvar la encuesta no fue tan importante como salvar el pellejo. La pandilla entera lo amenazó y estuvo a punto de terminar no sólo con su carrera sino con su vida. Era claro que la investigación iba a requerir un serio ajuste. Es así que construye una red de amistad directa con el grupo y las personas del barrio, tanto que, en algún momento, deviene el líder de la pandilla por un día, lo que da el título a un capítulo y al libro del 2008. Sólo este acercamiento le permitiría dar cuenta de lo que otros no percibieron del negocio de las bandas, seguir siendo un outsider pero que "mira la vida del grupo desde el interior" (Venkatesh, 2008: xiv).

Su estudio en Chicago lo lleva a cabo especialmente estableciendo una profunda amistad con J.T., el líder de una pandilla con quien comparte desde lazos familiares hasta la cotidianidad del negocio ilegal. La cercanía le permite explicar el rol que juega la pandilla en el barrio, estas microempresas que administran dinero, prestigio, ilusiones, necesidades y poder, y que asumen uno de los rostros que el capitalismo actual oculta, aunque sean su producto y, en cierto sentido, su base. Cierto, como lo subraya su profesor Wilson, el análisis de Venkatesh, a pesar de centrarse en un barrio de Chicago y en él en una persona (el líder de la pandilla), no queda atrapado en sus especificidades, sino que "inextricablemente se vincula con las transformaciones económicas y sociales de la sociedad en su conjunto" (Wilson, 2002: xi).

El libro sobre la Ciudadflotante tiene otras características. Venkatesh se traslada a Nueva York porque es contratado en el departamento de sociología de la Universidad de Columbia, lo que es un ascenso en su trayectoria profesional. Pero el desafío ahora es consolidar su posición académica consiguiendo lo que en México llamamos "definitividad". En buena medida, el texto es el resultado de esa investigación, y muestra, con la transparencia que lo caracteriza, las tensiones y exigencias institucionales en las que está inserto. Pero nuevamente no se deja atrapar por ellas, sino que más bien saca casi lúdico provecho.

Como siempre, empieza su primer capítulo contando la impactante e intensa vida de una traficante de "crack" en Harlem. Rápidamente una de sus primeras revelaciones es que, si quiere estudiar el mundo de la economía subterránea neoyorquina, debe abandonar el esquema analítico de Chicago que se concentraba en la observación del barrio y las segregaciones de raza y clase que operan en él. El desafío sociológico es doble: se requiere otro esquema conceptual que piense el problema más allá del barrio, y un nuevo método de inmersión no anclado territorialmente (Venkatesh, 2013: 24). La gente en Nueva York, reflexiona el autor,

... está en movimiento, eso los define, su verdadera comunidad es la suma de todas las relaciones que han ido forjando, los muchos lazos sociales que cruzan el territorio de la ciudad"

... lo que lleva, claro está, a dejar de lado las áreas geográficas como "unidades urbanas primordiales de la socialización" (Venkatesh, 2013: 24).

Salir de la sociología del barrio como unidad analítica lo lleva a pensar en las "redes de significación", citando —por única vez, como lo dije— el concepto de Geertz. Confiesa el autor que esta idea, todavía abstracta, que era un poco más que una intuición, lo llevó a pensar mejor en la pregunta que lo iría acompañando en el futuro. Su estudio entonces termina mostrando la manera como la economía subterránea —en su forma de prostitución, drogas, migración, comercio ilegal, etc.— es administrada y llevada a cabo por una serie individuos que, con base en sus relaciones transterritoriales —incluso más allá de la clase social y de la raza—, circulan en una ciudad y economía flotante que toca fronteras, reconstruye conceptos y límites. Eso lo lleva a proponer una nueva sociología del movimiento, de las redes y nuevas formas de la economía y el trabajo en una ciudad como Nueva York.

Como decía, Sudhir es un sociólogo elegante en su presentación y creativo en su análisis, y su ruta de lo que podríamos denominar una sociología etnográfica es especialmente sugerente.

 

Bibliografía

Venkatesh, Sudhir, 2013, Floating City, The Penguin Press, New York.         [ Links ]

----------, 2008, Gang Leader for a Day, The Penguin Press, New York.         [ Links ]

----------, 2002, American Project, Ed. Harvard University Press, Harvard.         [ Links ]

Wilson, William, 2002, "Foreword", in Venkatesh, American Project, Ed. Harvard University Press, Harvard.         [ Links ]

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