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Cultura y representaciones sociales

versión On-line ISSN 2007-8110

Cultura representaciones soc vol.6 no.11 México sep. 2011

 

Artículos

 

Representación social de la migración en Ayoquezco, Oaxaca

 

María Elena Figueroa Díaz*

 

* Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Maestra en Filosofía por la UNAM; Maestra en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana; Licenciada en Filosofía por la UNAM. Actualmente es docente en el Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado temas vinculados a la teoría de la migración, la teoría de las representaciones sociales y la teoría de género. Correo electrónico: mariele_67@yahoo.com.mx

 

Resumen

En el presente trabajo se explora la representación social de la migración que detenta un grupo de campesinos oaxaqueños que, desde 1999, cuenta con una empresa productiva rural cuyo principal objetivo ha sido frenar la migración en la comunidad donde está establecida. La elaboración subjetiva de la migración, observada en términos de representaciones sociales, tiene una influencia decisiva en la visión que las socias y los socios tienen de sí mismos, de los otros, de su propia precariedad y de sus expectativas de éxito en la empresa productiva. Se detectaron tres ejes en torno a los cuales se estructura la representación social de la migración de este grupo de personas: 1) el riesgo del cuerpo y la vida; 2) el mandato económico; 3) el pasado idealizado; el pueblo idealizado.

Palabras clave: migración, representación social, ser proveedor, riesgo físico, apego territorial.

 

Abstract

This work explores the social representation of migration experienced by a group of Oaxacan peasants, that since 1999 hold a productive rural enterprise with the foremost intention of stopping migration in their community. The subjective analysis of migration observed in terms of social representations, has a definite influence on the vision and/or identity that female and male partners have of themselves, of others, of the deprivation they experience in their lives as well as the expectations of success in their productive enterprise. It was detected that the structure of social representation of migration spins around three main axis in this group of people: 1) the risk of the physical body and life itself; 2) the obligatory cultural sense of having to produce money for the family; 3) the idealized past; the idealized village.

Keywords: migration; social representation; being a provider; physical risk; territorial attachment.

 

Introducción

Hace poco más de diez años, algunos habitantes de Santa María Ayoquezco, pueblo ubicado en los valles centrales, formaron una empresa productora de alimentos tradicionales orgánicos, "Mujeres Envasadoras de Nopal de Ayoquezco" (MENA), con apoyo de migrantes nacidos en la localidad, de la Fundación para la productividad en el campo, A.C., y de distintas instancias gubernamentales. El objetivo de MENA ha sido abrir mercados nacionales e internacionales, activar la frágil economía del lugar y abrir fuentes de trabajo para que la gente deje de irse a Estados Unidos. La vida de los socios de MENA está configurada a partir de reordenamientos propiciados por la migración. Cuando ellos explican que MENA surge como un intento de frenar la migración, independientemente de que sea cierto o de si lo logren, dan pie para entender el estrecho vínculo de ese proyecto con la realidad migratoria y transnacional del pueblo. Dice Giménez que...

[...] la cultura realmente existente y operante es la cultura que pasa por las experiencias sociales y los "mundos de la vida" de los sujetos en interacción; es la cultura asimilada por los sujetos como "representaciones sociales" (Jodelet, 1989) o "visiones del mundo" (Gramsci, 1976[...]) en mayor o menor grado compartidas (2002:20).

Estas representaciones sociales y las prácticas vinculadas a ellas son dos caras de la misma moneda, que se influyen mutuamente, y que expresan los procesos de incorporación y procesamiento de la dimensión simbólica de la realidad social. La migración, al ser práctica social establecida, parte vital de la experiencia cotidiana de los participantes de MENA, escenario en el cual desarrollan su empresa y referente para imaginar un futuro, tomar decisiones y configurar expectativas, deseos y aspiraciones, forma parte importante de su cultura. De este modo, el objetivo de este trabajo es analizar la representación social de la migración que los socios de MENA han elaborado para comprender, asimilar y vivir la migración, y también para enfrentarse a ella desde la posibilidad de generar una alternativa económica a la salida sistemática de la población.

Se trabajó con 34 socios, 20 mujeres y 14 hombres, que constituyen la parte directiva y activa de MENA.1 Durante 2007, 2008 y 2009 se hicieron entrevistas a profundidad, observación participante, algunos grupos focales y se elaboraron mapas familiares (esquemas sencillos que daban cuenta de la composición de las familias de origen de los sujetos de investigación, y de las familias que ellos formaron, en los que se señalaba quiénes eran o habían sido migrantes temporales, permanentes, dónde vivían o habían vivido, y a qué se dedicaban). Los referentes teóricos de la investigación fueron: la teoría de la migración y de las comunidades transnacionales; la teoría de género y la teoría de las representaciones sociales en su vertiente procesual, que privilegia el uso de la entrevista. La información recabada se analizó a partir de constantes detectadas establecidas por principio de saturación, pero también tomando en cuenta diferencias, excepciones, a partir de mapas clasificatorios de los temas relevantes establecidos en las preguntas de investigación y en la realidad observada. El cotejo de lo encontrado con investigaciones similares fue de gran ayuda también.

El grupo investigado no es representativo de la localidad, ya que, aunque sean algunos de ellos migrantes potenciales, su decisión ha sido trabajar en la empresa en vez de migrar. Aun así, resulta significativo observar los elementos que constituyen su representación de la migración, sufrida directa o indirectamente por todos y cada uno de ellos.

 

Contexto

La región de los valles centrales de Oaxaca cuenta con una fuerte tradición migratoria desde hace tres décadas, aunque hay migrantes de la región desde la época del Programa Bracero (que funcionó desde la década de los cuarenta hasta los sesenta). El funcionamiento de la paraestatal Tabamex activó la vida productiva del municipio de Ayoquezco entre 1972 y 1990, y durante esos años la migración se contuvo. Hubo, sin embargo, una fuerte salida de migrantes durante los años ochenta, de los cuales muchos se establecieron en el país vecino. Ellos son los emigrados más antiguos del municipio. Un segundo movimiento masivo ocurre hacia finales de los años noventa y a principios de siglo, y ha seguido hasta nuestros días. Los dos grandes movimientos de población mencionados forman un continuo en el tiempo, que coincide con la crisis y el cierre de la empresa tabacalera, que ofreció un modo de vida y de subsistencia a más de 90% de la población del municipio. En términos generales, este éxodo se debe a la decadencia de la producción del campo mexicano, la falta de rentabilidad de la agricultura campesina y a la crisis del modelo de sustitución de importaciones, que explica movimientos de la población similares en otras latitudes de nuestro país. Hombres y mujeres, cuyos padres y abuelos trabajaron para Tabamex y obtuvieron de esta empresa la posibilidad de sobrevivir y de prosperar, se encontraron con un escenario cuya única puerta de salida era irse del pueblo, "arreglárselas" como pudieran, porque no había manera de reactivar la vida productiva local. Casi diez años después del cierre de Tabamex, aparece MENA como una opción productiva.

Aunque la migración ha sido la forma de subsistencia de los habitantes de Ayoquezco, es común que haya varones de todas las edades que nunca migraron y que reportan que nunca quisieron hacerlo; o bien varones que fueron migrantes temporales y que, después de una cierta cantidad de años, dejaron de viajar y se establecieron de manera definitiva en el pueblo. Muchos hombres son migrantes temporales, que van y vienen anualmente, y que trabajan en campos de cultivo de cinco a ocho meses al año. Algunos migrantes temporales se convierten en permanentes porque, según lo reportado, es difícil la pasada y prefieren quedarse temporadas más largas; pero al final se acostumbran y se quedan. Algunos se llevan a sus familias; otros las dejan y forman nuevas. De estos últimos, existen los que dejan de mandar dinero y pierden todo contacto; otros no vuelven, pero mandan dinero para el sostén de la familia que dejaron. Este hecho es importante, puesto que nos habla de un patrón migratorio complejo y diverso, y nos permite observar casos no paradigmáticos en términos de patrones tradicionales. De otro modo, al hablar de una localidad con alta intensidad migratoria, se tendería a pensar que todos los varones migran o han migrado, y éste no es el caso. En cada caso personal se juegan factores objetivos y subjetivos; los proyectos de vida responden a tendencias y necesidades sociales y económicas, pero al final cada resultado individual tiene un rasgo personal. Para nuestros fines, sin embargo, detenernos en estos casos personales y en la subjetividad que está en juego, resulta importante.

El grupo de entrevistados forma parte de un sector de la población menos transnacionalizado que otros sectores de la comunidad: ex migrantes y migrantes temporales; mujeres que tienen años de no ver a sus hijos y esposos, muchas de las cuales han perdido el vínculo con ellos, o que rara vez les hablan; mujeres sin apoyo de sus esposos migrantes, que no reciben remesas. Algunas son personas con resistencias a migrar. El conjunto de entrevistados seguramente no es representativo con respecto a la opinión generalizada de la migración. Sin embargo, al estar cada individuo inserto en una familia, en tanto sistema, a su vez inscrito en una comunidad con prácticas y representaciones compartidas, puede darnos luz acerca de cómo se vive (y se sufre) la migración. Ninguno de ellos se mostró como un partidario entusiasta de la migración, y éstos sí existen en el pueblo, toda vez que hombres y mujeres siguen emigrando, temporal o definitivamente, del pueblo. Cabe destacar que entre los sujetos entrevistados, no hay ninguna mujer que haya migrado, y no todos los hombres entrevistados han migrado. Los que sí lo han hecho han sido migrantes temporales, que reportan no querer regresar nunca a Estados Unidos, aunque hay algunos que, por su edad y situación familiar, podrían volver a hacerlo.

Como se ha mencionado, es recurrente que los socios y las socias de MENA afirmen que el objetivo de la planta es frenar la migración; algunos incluso dicen que, de ese modo, los hijos que están a punto de irse van a desistir porque van a encontrar trabajo en la planta procesadora de la empresa; otros se aventuran a decir que quienes están allá (padres, hermanos, hijos) regresarán al pueblo para formar parte de la empresa, y que se van a poder adaptar de nuevo (porque sus padres son de "acá", y porque ellos nacieron en el pueblo). No queda claro si creen en verdad que un migrante que tiene diez o quince años en Estados Unidos, que ha logrado estabilidad económica y emocional, que ha formado una familia, y que no apoya económicamente a MENA, regrese al pueblo por la empresa. Lo que sí queda claro es la proliferación de expectativas, aspiraciones, sueños, deseos que el imaginario de la empresa exitosa genera en socios y socias.

 

La migración representada

La migración, como fenómeno social (además de económico, político y cultural) es, sin duda alguna, objeto de representación social. Se trata de un rasgo más de las dinámicas de las comunidades humanas, presente en la historia de la humanidad desde sus comienzos, pero que ha generado una preocupación especial en los últimos tiempos dadas las diversas causas de los flujos (pobreza, desempleo, luchas y guerras civiles, entre otras) y las consecuencias de las mismas (despoblamiento de grandes sectores de los países, violencia, racismo, xenofobia, por mencionar algunas). Se trata, además, de un fenómeno que en los últimos tiempos ha tenido una presencia indiscutible en los medios de información masiva, en los círculos de estudiosos y en las políticas de estado en grandes regiones del planeta. Objeto de discusión, de comunicación; generador de afectos, prejuicios y creencias; sujeto a una creciente generación de información (por medio de académicos, periodistas y escritores, y de la simplificación de información que opera a través de medios difusores, conversaciones y diversos tipos de mensajes que llegan a los espectadores y escuchas), la migración genera una representación social que actualmente se encuentra en una fase de transformación.2

En México, como en otros países, muchas personas tienen una representación social de la migración, más aún si la han vivido ellos mismos, o de manera indirecta, a través de la emigración de parientes y amigos. Los crecientes flujos, la evidente ayuda que significa para el país la llegada permanente de remesas, la paradoja que significa saber que la migración es un mal necesario, que merma grandes zonas del país, pero que a la vez genera beneficios, ha dado lugar a una creciente preocupación por entender el fenómeno, por apoyar a los migrantes (más que por frenar la migración), por abrir canales de comunicación y establecer acuerdos de apoyo mutuo, entre otras cosas. Este conjunto de hechos está transformando, a nivel colectivo y nacional, la representación social de la migración. Ariza y Portes (2007: 24) detectan un...

[...] viraje en la ideología nacionalista que transforma la antigua estigmatización de los migrantes como apátridas, en héroes nacionales, en integrantes de la nación con pleno derecho aunque residen fuera de ella,

... en relación con el hecho de que durante el paso del siglo XX al XXI, la territorialidad deja de ser un criterio para que un emigrante adquiera derechos frente al país de origen; los deberes de éste ahora se extienden más allá de sus fronteras.

La reivindicación del migrante como héroe y benefactor puede parecer lejana, absurda o irónica en la visión de muchos migrantes; para otros, podrá ser una buena oportunidad de lograr beneficios concretos, por ejemplo, en el ámbito de la ciudadanía y de otros derechos. Lo que es cierto, sin duda, es que afecta progresivamente la representación que mexicanas y mexicanos en general se hacen de la migración. Las mismas comunidades transmigrantes en México se ven afectadas por estos recientes flujos de información nueva que reivindican a los migrantes; sin embargo, como veremos, dichas comunidades también generan su propia representación de la migración a través de la experiencia vivida. Huacuz (2007: 455-456), por ejemplo, afirma que...

... los medios de comunicación han construido una narrativa enfocada a destacar los efectos negativos de la migración laboral masculina, los cuales se conocen a través de la tradición oral de las comunidades expulsoras o a partir de los relatos de los hombres, quienes presentan una ficción de la experiencia vivida en el espacio transnacional.

De este modo, la migración es relacionada con la pobreza y la marginación, la construcción de redes sociales, y la búsqueda de una mejor calidad de vida como factores que propician la decisión de migrar. A la vez, las narraciones que dan cuenta de un modelo de masculinidad hegemónica que se centra en la figura del migrante transnacional, hacen que migrar sea atractivo, a pesar de las consecuencias negativas (de los riesgos, particularmente) que los medios (y la comunicación de las experiencias) difunden.

La migración es una presencia constante en la vida y el imaginario de los ayoquezcanos. Casi todos, en cierta etapa de su vida, se van. Esto hace que quien no haya ido aún, tal vez vaya pronto a cruzar la frontera. Quienes no se van, o ya dejaron de ir, de cualquier manera cuentan con parientes cercanos que van y vienen, o que se fueron y no volvieron. Son pocas las personas que no están vinculadas de una u otra manera a la migración. Sin embargo, lo que se diversifica es justo la percepción y la experiencia que se tiene de la misma. Para algunos, la migración es más central en sus vidas y es más intensamente sufrida. Para otros, es algo más lejano; por ejemplo, una socia, Margarita, tiene a sus cuatro hijos en Estados Unidos y parece que no piensan regresar, por más que ella insista en que sí lo harán; Lucía, que es una mujer de poco más de cincuenta años, soltera con tres hijos, sólo tiene una hermana migrante con la que no mantiene una relación significativa, y sus hijos viven en el pueblo y no piensan migrar. La experiencia vivida de ambas es muy distinta, aunque puedan compartir ciertas opiniones, creencias, y actitudes con respecto a la migración.

Resalta en particular un rasgo de la representación social de la migración claramente producida por una especie de deformación de la información recibida (de los medios de comunicación, de los diálogos y conversaciones), que tiene como base objetiva el hecho de que migrar, efectivamente, se ha vuelto cada vez más difícil, en tanto más riesgoso y más caro, fundamentalmente por las restricciones impuestas por el gobierno estadunidense, que generan múltiples consecuencias en ambos lados de la frontera. Esta "deformación" o simplificación propia de la representación social, a la que volveremos más adelante, consiste en pensar que como cada vez hay más migrantes, hay, por lo tanto, menos trabajo y menos dinero. Lo que sí es un hecho, que puede estar siendo percibido por los sujetos, es que a mayor oferta de mano de obra, no necesariamente escasean los empleos, pero sí disminuyen las ventajas laborales y quienes contratan a los trabajadores exigen más y tal vez paguen menos.

No obstante la diversificación de experiencias vividas, se puede afirmar que la representación social de la migración dentro de este grupo de mujeres y hombres se estructura en torno a una visión de la misma como desgastante y riesgosa; como paradójica, en tanto inevitable ("natural") y a la vez producto de la decisión "individual",3 es un mal necesario, que se impone para quien migra, pero no para quien se mantiene al margen: una vez decidida, es insalvable; es producto de la decisión y a la vez "única opción". Mary, socia fundadora de MENA, explica:

Es algo que se habla en la familia... se sientan y dicen "pues ahora a ver cómo le vamos a hacer", y más si tienen hijos chiquitos, o que están estudiando... "¿cómo le hacemos? Pues no hay de otra, ¡me voy!" Y se decide el pobre aunque no quiere, no quiere pero la obligación le obliga.

Kjeizer y Rodríguez (2007: 257) detectan también esta ambigüedad en un estudio:

... podemos advertir la enorme ambivalencia que produce dicho cambio, visto como posibilidad y prisión a la vez, como comodidad y nostalgia, como modelo, como clara posibilidad de progreso [...]

En ese sentido, no hay una representación unívoca y coherente de la migración, nunca es enteramente buena o mala; no genera sólo rechazo o seducción; siempre es una mezcla de pros y contras, de sentimientos encontrados, de presiones y de sueños por alcanzar.

Las mujeres que no migran y sufren la ausencia de sus seres queridos externan con más facilidad que los varones los sentimientos de que la migración es triste y riesgosa; además, para ellas es destino sufrido pasivamente. Por su parte, los varones hablan de sus hijos migrantes con más orgullo y naturalidad, sin caer en relatos heroicos: los héroes y heroínas no son protagonistas dentro de MENA. La migración es el mal que hay que terminar; el migrante es el que se va porque no tiene opción, pero el que se queda a luchar, también es valiente y trabajador. No es que no haya reconocimiento y valoración para el migrante (actual o pasado), sino que, frente al imaginario de MENA (de lo que MENA es y ofrece a sus miembros, y de lo que éstos han construido ahí), no es posible seguir alabando la migración. Además, el discurso heroico es de quien ha migrado y ha tenido éxito como tal, del que se fue y no volvió (y suponemos que tuvo éxito) o del que vuelve cargado de objetos o gestos que simbolizan su estatus y su nueva condición, no de quienes migraron una o muchas veces y jamás superaron el mero nivel de la supervivencia, de quienes ya no volverán a cruzar la frontera, o de quienes quizás lo hagan, pero siempre en la situación más difícil, precaria y riesgosa. En ese sentido, el prototipo del migrante exitoso es lejano, inalcanzable, tan distante como la realidad de un extraño, aún en los casos de que los migrantes sin retorno, exitosos y estables, sean familiares de los socios de MENA.

Al analizar la representación social de la migración que poseen los socios activos de MENA, encontramos tres ejes alrededor de los cuales se construye la representación mencionada: 1) el riesgo del cuerpo y la vida; 2) el mandato económico; 3) el pasado idealizado; el pueblo idealizado. Veamos cada uno de ellos.

 

El riesgo del cuerpo y la vida

"Ya no va a ir, ya su cuerpo no se lo permite", cuenta María, la esposa de Aureliano, un hombre de más de cuarenta años, que cruzó la frontera en varias ocasiones para ir a trabajar. Aparte del duro trabajo, en una de las cruzadas se lastimó severamente un pie. Cruzar la frontera sin papeles hace vulnerable, en primer término, al cuerpo. Es el que se somete al cansancio, a la sed, al hambre, al frío; es el que se arriesga a ser agredido por animales, o por los agentes de migración. Cuenta Flora, respecto de su esposo Manuel, un joven de poco más de treinta años, que

... estuvo como quince días en la frontera, pasaban y los sacaba la migra, estuvo muy difícil y ya no se esperó más, porque pensaba que podía quedarse a morirse, estaba muy difícil, y arriesgado, se arriesga la vida. Está muy feo.

Tanto en el cruce como en los trabajos, el maltrato es básicamente (aunque no solamente) físico, y resulta evidente en los relatos de los migrantes.4 Incluso con respecto a las muertes registradas de migrantes ayoquezcanos, no en el cruce, sino en lugares de trabajo o de habitación, se reporta un elemento de violencia infligido al organismo. El trabajo en el otro lado acaba con el cuerpo. Se trata de lo que Keijzer y Rodríguez (2007: 254) llaman "envejecimiento prematuro o desgaste producto de una historia laboral que se inició en la infancia". Lo mismo sucede con los trabajadores agrícolas varones que con las mujeres embarazadas que no pueden dejar de trabajar largas jornadas a pleno sol. La poca comida que se recibe en los campos de cultivo, las pocas horas que se duermen, todo ello hace vulnerables a los migrantes, principalmente en el nivel del cuerpo. Ese hecho quizás contribuya a la categorización diversa de trabajos: lo peor (y lo más común) es trabajar en el campo; es mejor ser jardinero, albañil o chofer; mucho mejor ser comerciante. Sebastián, de 51 años, afirma que

[...] cuando ya se despierta, ya todo pasó, ya la juventud se acabó y ya no se pudo, no es cuando uno'ta joven que aprovecha uno toda su juventud, hace y no hace, pero ya viejitos ya no, ya no se puede.

Ese riesgo en principio corporal hace que las experiencias emocionales de la lejanía y el abandono se vuelvan más intensas y más desgarradoras, pues no se trata, por ejemplo, de extrañar a un hijo que se fue, sino además de saber que su integridad corre peligro. Al escuchar que algunos migrantes temporales (que finalmente dejaron de ir al norte) pasaron la frontera ocho, diez, doce, y hasta diecinueve veces, todas con peligros, gastos, incertidumbres, cansancios y enfermedades, podemos imaginar lo duro que puede ser. Javier, que es relativamente joven (tiene entre treinta y treinta y cinco años), cuenta:

... yo fui ocho años, cuatro años seguidos, y otros cuatro, y después ya no. La pasada es difícil, la mayor parte del sufrimiento que hay es en la pasada porque unos sufren de hambre, de sed, de maltratos, de todo.

Con respecto al trabajo agrícola, que es el que predomina entre los migrantes temporales de Ayoquezco, el énfasis en el desgaste es enorme. Aureliano relata:

Pues lo pesado, digamos no es pesado, lo doble es que es agachado, puro doblado de la espalda; pero para cargar pesado, no es pesado, sino que es el aguante; no dura uno así, en eso. Y el que tiene aguante de cintura ése hace más billetes porque es por contrato, por hora, o por lo que sea, pero tiene que bajar la cintura... había días que trabajaba seis horas, ocho horas, diez horas, hasta doce horas a veces...

Siguiendo esta línea, pero con una dolorosa insistencia en la pérdida de la juventud y de la fuerza asociada, Sebastián explica:

Ya llevo mis años, 51, ya ahorita para un trabajo pesado, pues ya no y ahora los patrones están negando, si uno rinde en el trabajo, pues sí, si no, pues un día y ya. Entonces a una edad así pues ya no. Los jóvenes de 14, 15, 16 años, con la cintura blanda, se doblan de un lado y llegando lejos, pues ya se paran, y de 30, 35, pues ya caminan así (doblados), ahí se mata uno, se queda la juventud, es más pesado que acá, es puro contrato, aquí uno puede descansar, ir lento, y nadie dice nada, allá uno se para tantito y dice, "hey órale", es duro, es duro.

La edad es una severa restricción para el migrante temporal que, después de cierto número de años de esfuerzos extenuantes, se encuentra con el hecho de que ya no es candidato para conseguir trabajo. Jerónimo, un hombre de más de sesenta años, explica, con un malestar que se agudiza por el hecho de ya no cuenta con ingresos propios ni con actividades independientes del trabajo de Margarita, su esposa:

... y como ahora ya estoy macizo, esos cabrones ya no quieren a los viejos, quieren puros chamacos, tiernos, para que rinda el trabajo; mejor aquí voy a quedarme, ya estoy bien aquí, con mi esposa, ya nos hallamos.

La capacidad de trabajar y, por lo tanto, de ser útil, reconocido, proveedor, va disminuyendo. Tanto Jerónimo como Sebastián, que migraron muchas veces y ya no volvieron, trabajan actualmente ayudando a sus esposas, en trabajos temporales, o dentro de las parcelas de traspatio. Difícilmente pueden considerarse "independientes" económicamente.

La experiencia de la rudeza del trabajo muchas veces va acompañada del enojo y el resentimiento, producto de la desigualdad observada y vivida, de la explotación, de la precariedad de las condiciones de vida, y de la frustración de no poder hacer nada, porque si hay algún reclamo por parte del migrante, se queda sin trabajo. Y el trabajo es lo más importante, para eso se está allá y se sufre y se aguanta. El relato de Jerónimo al respecto es largo, pero vale la pena transcribirlo por la riqueza de su expresión:

... el trabajo allá es más pesado, porque ahí sí lo van arreando a uno como animalito, "órale, órale Oaxaca,5 échale, norte querías, aquí está el norte", le dicen a uno los mayordomos, le hablan medio pesado a uno, y uno pues no dice nada porque pues no, puro trabajar, y si uno se iguala con ellos, pues esos cabrones se vengan, nos dicen que ya no hay trabajo, mejor no hay que decirles nada, el trabajo luego quitan, y entonces no decimos nada y seguimos trabajando, duro y duro. Yo cortaba lechuga, mucho calor, puro bochorno, no pega el aire, y se mete en las bandas para que se vayan, por Gilroy, cerca de Salinas, ahí nomás estuve. Estuve cuatro años sin venir para acá, y luego tres, iba y regresaba. Es difícil la pasada porque nos quitan a veces el dinero, los ladrones, los rateros, de regreso ya es más fácil porque nos venimos en avión, ya venimos bien armados, mochilas, cajas, hasta una bicicleta me traje. Y si pesa la carga mucho, si pasa de peso, uno paga más, son cabrones también, son bárbaros ahí.

Para algunos migrantes,

[...] se desdibuja el ideal del "sueño americano"[...] la mayoría de los trabajos requieren considerables desgastes de energía y en ocasiones su salud puede decaer, sin embargo, el mito del "hombre proveedor" o "ganador de pan" los mantiene en la esperanza de "hacer algo para salvar a su familia de la pobreza" (Rosas, 2007: 464).

De ese modo, el riesgo es asumido por un mandato arraigado en las expectativas culturales de lo que un hombre debe ser y hacer.

 

El mandato económico

Si bien en Ayoquezco migran hombres y mujeres, la gran mayoría de los migrantes temporales siguen siendo varones, y la representación social de la migración en gran medida sigue asociada a la socialización de los mismos. Así, la construcción de la masculinidad ligada al imaginario de la migración surge de la búsqueda de mejorar las condiciones de vida de las familias, que le toca al proveedor (Huacuz, 2007). En Ayoquezco muchos hombres hacen grandes esfuerzos por mantener su identidad de género sin migrar, trabajando en el pueblo, pero eso a veces no es fácil, dada la situación económica de la comunidad. Por supuesto esto es posible porque en Ayoquezco, a diferencia de otras comunidades, si bien migrar tiene que ver con el paso hacia la adultez y a consumarse como hombre proveedor, no es la única manera de lograrlo. Además, muchas mujeres migran (o desean hacerlo) también para buscar trabajo, ganar más dinero, ahorrar, salir de las premuras económicas.

Si bien hay personas que deciden migrar más por seguir la tradición (junto con la casi siempre presente necesidad económica) y por la adquisición de estatus frente a los pares, muchos se ven compelidos a migrar por causas de fuerza mayor. María, de más de cuarenta años, afirma acerca de Aureliano, su esposo:

Cuando empezó a ir ya teníamos como cuatro hijos, porque antes él no iba, pues estábamos acá, viviendo nada más y él no iba, y a causa de que mi niña sufrió un accidente, que se le quebró el huesito de su mano, ¿con qué dinero vamos a pagar que se operó, a que se pagó el doctor? El doctor Víctor la operó, y le dijo que de todos modos la operaba, "y vaya usted al norte para que me pague", le dijo, y era por eso. Por eso se animó, "me voy", dijo. Y empezó a ir.

Rosas (2007) reporta en su investigación que la migración por causas asociadas a la salud de los hijos es una de las más valoradas y legitimadas socialmente. En este caso, se trata de una razón de enorme peso, y además justificada por la autoridad del médico.

Rosas (2007) afirma que la migración puede ser concebida como expresión de una crisis económica y de una crisis de la masculinidad asociada a la primera. Se observa que los migrantes —en su investigación y en ésta también— fueron socializados para proveer mediante la labor rural, es decir, mediante el desempeño de alguna actividad agrícola; al no poderlo hacer, la migración permite cumplir para muchos este mandato. La inactividad, el desempleo, la falta de recursos somete, sobre todo a los varones, a una situación dolorosa e insegura. Y frente a esa vulnerabilidad, se ven obligados a enfrentar otra situación igualmente vulnerable, o más, cuya diferencia estriba en que garantiza satisfacer el mandato económico con más certeza, aunque con mayor peligro.

Efectivamente, la migración resuelve los problemas económicos más urgentes, la falta de empleo, los obstáculos para sobrevivir mediante la actividad agrícola, y si bien los migrantes entrevistados afirman que se gana más dinero allá y que rinde más acá (en el pueblo, no en Estados Unidos), y permite la adquisición de un mejor nivel de vida, ninguno muestra orgullo de ser migrante, ni tampoco afirma que ir a Estados Unidos dé estatus, o que efectivamente se logre llegar al "sueño americano". Nadie se va porque quiera; no hay elementos superfluos en la decisión de irse, aún cuando pudiera parecerlo entre los más jóvenes, aquellos que dicen irse por la aventura. Manuel afirma contundente, casi molesto, que

... hubiendo trabajo, uno no sale fuera; la gente no se va porque quiera vivir en Estados Unidos, sino por lo que gana. También allá se va a trabajar. Si uno pudiera ganar como allá, pues cuándo... arriesgar la vida... pues... pues mejor me quedo acá y estoy viendo a mi familia. No pago renta, digamos...

Por su parte, Sofía relata, con enojo y resentimiento, que una de sus hermanas vive en California y que, con una hija pequeña y un embarazo avanzando, tiene que seguir trabajando en el campo.

En el contexto de la migración temporal, ser indocumentado y tener documentos implican dos realidades muy distintas. Los papeles, antes que nada, sirven para no tener miedo, para poder trabajar; en un segundo momento sirven para tener un mayor estatus, para conseguir mejores trabajos, para poder llevar consigo a la propia familia y ofrecerles un mejor nivel de vida. Es un primer paso para el establecimiento definitivo en el país vecino. Sin embargo, el migrante temporal, que cruza sin papeles y con grandes riesgos, mientras no esté en proceso de adquirir permisos y documentos, vive al margen de esas posibilidades que puede sacarlos del riesgo y la precariedad.

Existe una conciencia acerca de las dificultades que se viven como migrante. Son pocas las personas que hablan del estatus que adquieren sus parientes al vivir allá de manera definitiva, y sus alusiones sobre los logros y éxitos son siempre comparados con la situación del pueblo. Esto es muy patente en la cuestión de la comida. Por ejemplo, Ernesto, un socio de alrededor de sesenta años, cuenta, con cierto orgullo, que sus nietos que nacieron en Estados Unidos y que viven allá, siempre comen en Mac Donald's y que cuando han ido al pueblo, no se acostumbran a la comida sencilla que se come ahí, que es muy mala. Margarita, madre de cuatro hijos radicados en Estados Unidos, y Matilde, de más de cuarenta años y madre de una hija y un hijo emigrados, afirman que cuando sus hijos regresen al pueblo no van a querer comer tan mal, porque ya están acostumbrados a comida buena.

En el caso de MENA, lo interesante es que el mandato económico, que impele a migrar, se ve de algún modo trastocado por la presencia y el desarrollo de la empresa, porque ésta tiene como finalidad la generación de recursos, cuya carencia conduce a la migración. El imaginario de MENA como frenadora potencial de la migración en Ayoquezco, que está presente en todos los discursos, como lema oficial, como introyección plenamente incorporada en lo que los socios y las socias dicen y actúan, necesariamente transforma la representación de la migración, porque trata de quitarle el carácter de fatalidad y de necesidad que suele tener, así como de ser fuente de salvación. Inclusive, resulta interesante la manera en que el socio o la socia juegan con ese imaginario para resignificar su visión de sus propios migrantes. El siguiente discurso de Margarita es muy claro al respecto:

... al platicar [con mi hijos] me dan una esperanza, de que ellos me dicen que sólo se van unos años, con el fin de ayudarme para que yo haga mis trabajos aquí, "lo poquito que pueda, y cuando me enfade, me vengo, y si llega a realizarse [el éxito de la empresa], ¿para qué me vuelvo a ir, si con que tenga qué comer y una casita para dormir, a qué me voy?, no tengo que salir, me quedo aquí con ustedes".

En este caso hay que tomar en cuenta que los hijos de esta mujer tienen muchos años en Estados Unidos, tienen familia, hijos nacidos allá, y son relativamente exitosos. No podemos saber si en efecto los hijos de Margarita piensan de ese modo, si es un discurso dirigido a la madre para acallarla, o si este discurso es producto de la subjetividad de ella. Lo interesante aquí es que, en cualquiera de tales posibilidades, juega en Margarita el imaginario del migrante simple, sencillo, acorde con el mandato económico, por más exitoso que sea; es decir, el migrante, en esta representación, tiene que seguir buscando únicamente la supervivencia, y su aspiración a un mejor nivel de vida, a estatus y éxito económico, incluso su estabilidad residencial y familiar, se tienen que subordinar necesariamente al deseo irremediable de regresar al pueblo. MENA simboliza la posibilidad "única" de poder vivir bien en el pueblo, sin pobreza ni carencias, una posibilidad que no permite alternativa alguna. Digamos que la nostalgia por el pueblo es la otra cara del deseo de frenar la migración, y en esa lógica no es posible (no es políticamente correcto) afirmar que es preferible estar lejos del pueblo, migrar y romper con el mandato económico6 al buscar más que la mera supervivencia. Este hecho se liga con el tercer elemento de la representación social de la migración que hemos detectado, a saber, el pasado idealizado, el pueblo idealizado.

 

El pasado idealizado; el pueblo idealizado

El tercer elemento de la representación social de la migración tiene dos variantes que se ligan entre sí, una de carácter temporal (la nostalgia por el pasado, tan común en muchos seres humanos) y otra de carácter espacial: el apego por la casa, el hogar, el terruño. En ambos casos, hay una idealización que no corresponde del todo con la realidad. No obstante, no van de la mano. Resulta curioso que en lo que respecta al pueblo, si bien éste se ve idealizado ("no hay como vivir aquí, en el pueblo"), todos coinciden en que su historia ha sido terrible y precaria, salvo en el breve periodo en que Tabamex generó trabajo y recursos para amplios sectores de la población. Por otra parte, en lo que respecta a la migración, el pasado sí se ve idealizado, y el lugar de residencia en Estados Unidos, a diferencia del pueblo, se vive con pesar. Como veremos a continuación, esta combinación da lugar al pensamiento, rígido en su lógica, de que si bien antes era fácil y bien remunerado migrar (en un tiempo en que realmente no había opciones en el pueblo), ahora que migrar ya no es tan productivo y es cada vez más difícil, resulta que existen alternativas productivas en el pueblo que responden y resuelven el problema de migrar. Se da entonces una extraña combinación entre un pasado migratorio idealizado frente a un pueblo actual, presente, idealizado tanto por ser el origen y el hogar, como por ser la sede de una empresa que resolverá todos los males que han impulsado a la gente a migrar. Esta combinación dificulta la migración de los miembros de MENA.

En cuanto al pasado migratorio idealizado, es común escuchar entre los socios de MENA que "antes era mejor, antes se ganaba más" del otro lado. Para muchos, "ya no es como antes, ya no es negocio". Rocío, una joven de poco más de veinte años, madre de un niño y esposa de un migrante, es explícita al respecto:

Migrar es cada vez más difícil, la pasada es cada día más dura. Además, como cada día hay más migrantes, hay menos trabajos y más mal pagados. Casi la mayoría se van para allá, casi todos, y antes eran más pocas personas y había más trabajo, y ahora hasta las mujeres, toda la familia, y es donde el trabajo disminuye.

Rocío expresa una percepción de la migración como cada vez menos rentable y más riesgosa. Por su parte, Matilde, esposa y madre de migrantes que le mandan remesas, explica que, como cada vez se van más personas, hay menos trabajo:

Ya no hay harto porque en el norte pues ya no es, ya no es como para hacer harto dinero, algo grande, ya no está tan fácil, lo que llega es una poquitez, y hay que guardar un poco, y lo demás para el gasto. Antes era mejor, las personas mayores dicen que ganaban más, porque había más comunidades, los trataban más mejor, y hay una esclavitud por parte de ellos también.

Resulta interesante detectar la idea incorporada subjetivamente de que no hay suficiente para todos. En realidad, migrar a Estados Unidos es cada vez más difícil y más caro; hay más control; los trabajadores mexicanos son de los peor pagados, y esa realidad se traduce en términos de si hay más gente, hay menos que repartir.

Según Elaine Levin,7 esta percepción se debe a que, en California, a diferencia de otros estados de la Unión Americana, el mercado de trabajo está saturado porque hay mucha demanda (que genera la percepción de que hay cada vez menos oferta de trabajo); al haber muchos aspirantes a conseguir un empleo, las condiciones de trabajo pueden ser más duras, y los jefes y capataces, más exigentes. Además, los trabajadores agrícolas son fácilmente sustituidos por personas más fuertes o más jóvenes. También dicha percepción puede ser producto de una racionalización frente al hecho de que los parientes migrantes dejan de enviar dinero, no porque no lo ganen, sino porque lo gastan en otras cosas, por ejemplo, en hacerse de una propiedad, en alcohol y fiestas, o en otra familia.

Por su parte, en la representación social de la migración está presente el imaginario del pueblo como la tierra que no se desea dejar, como la tierra añorada por el migrante, a la que siempre se quiere regresar; el apego territorial juega un papel central en la configuración imaginaria de la empresa productiva. Sin embargo, aunque algunos migrantes establecidos en Estados Unidos desde hace ya muchos años reiteran el discurso de querer regresar al pueblo ("para eso construyo mi casa"; "hacemos todo esto del proyecto porque vamos a regresar"), el deseo es más producto de la nostalgia, hábilmente fomentada por diversas instancias sociales y políticas, aquí y allá, y no forma parte de un plan de acción. Ante la pobreza y la marginación, las opciones desarrolladas en Estados Unidos, una vez pasados los momentos más críticos, son tierra conquistada que difícilmente se abandona.

La planta productiva, en el imaginario de socios y socias, hace las veces de sustituto y solución de la migración. Los deseos de mejorar las condiciones de vida de la familia, de que sus hijos e hijas tengan mejores oportunidades, o al menos no pasen lo que ellos vivieron, que en otras investigaciones se han encontrado asociados a la migración (Rosas, 2007), aquí se ligan a la planta productiva, y no a la migración, al menos no en primer lugar. Así como de la producción agrícola local se pasó a la migración como opción para proveer y para sobrevivir, ahora hay un segundo movimiento, en el que se intenta transitar de la migración al trabajo rural-empresarial como opción para proveer y sobrevivir.

Aunque la migración forma parte de la cotidianidad de la gente, las resistencias para asumirla a veces son fuertes, ya sea por el dolor que significa que la pareja, o el hijo o la hija se vayan en condiciones de riesgo y sin fecha de regreso, o bien porque hay una ambivalencia al respecto. Es la salida a una situación precaria, la fuente de ingresos, pero también la causa de la desintegración familiar, de posibles infidelidades y abandonos, de mayor trabajo y desgaste. Como dice D'Aubeterre (citada en Suárez y Zapata, 2004: 35):

[...] los espacios del "aquí" y el "allá" tienen para los indocumentados significados de una zona plagada de peligros y ambigüedades: umbral de la tierra de promisión, zona de tránsito febril, viajes de ida y vuelta o a veces de partidas sin retorno.

Muchos y muchas afirman que no han ido a Estados Unidos y que no irían, porque no dejarían el pueblo, porque allá no hay espacio en los departamentos y la gente se enferma de no caminar, porque allá se trabaja más duro en el campo (aunque se gana más). Blanca dice orgullosa:

... al darle estudios a mis hijos, aunque sea con limitaciones, logré que no se fueran al otro lado, y que pudieran hacer una vida valiosa y lograr desarrollarse. Ahora están en Oaxaca, están fuera pero no están lejos, y no corren peligro.

La migración añorada y valorada es la que existió, no la que actualmente prevalece. Frente a ese hecho, el pueblo, pobre y precario durante muchas décadas, promete ser el lugar que nutra, provea y permita la abundancia y la prosperidad, gracias a los esfuerzos de MENA. De este modo, los socios apelan al apego territorial propio de quienes nacieron en el pueblo, para convencer a quienes no se han ido aún, que no se vayan; a quienes ya se fueron, que regresen, y a quienes viven en Estados Unidos desde hace muchos años, que sigan ayudando al pueblo, su origen.

 

Conclusiones

La intención de este trabajo ha sido analizar los elementos centrales de la representación social de la migración detectados en los discursos y las prácticas de un grupo de mujeres y de hombres que, a través de la constitución de una empresa productiva rural, se enfrentan a la migración y tratan de resignificarla. En ellos se gesta, así, una representación social de la migración, ya no como la posibilidad de la tierra prometida, sino como un mal necesario que hay que erradicar. Observamos que se vive como una paradoja, al ser (en el nivel de la subjetividad) producto de la decisión voluntaria y a la vez opción irremediable, deber absoluto.

Se detectaron tres ejes en torno a los cuales dicha representación se configura: 1) el riesgo del cuerpo y la vida; 2) el mandato económico, y 3) el pasado idealizado (de la migración) y el pueblo idealizado (por ser el terruño y el hogar, así como por ser sede de MENA, cuya empresa acabará con la pobreza y, por lo tanto, con la migración). En estos tres ejes está presente la configuración de la masculinidad ligada al papel de ser proveedor, y al modelo masculino vinculado al riesgo y el peligro, que sigue estando muy arraigada tanto en los procesos migratorios como en la representación de la migración, aun cuando cada vez más mujeres migren. Amuchástegui y Szasz (2007: 25) afirman que...

... la posibilidad de migrar a Estados Unidos representa el acceso a un trabajo remunerado que permite responder a la familia, pero también morir y faltarle a la familia como proveedor y protector.

Como hemos visto, la comunidad conformada por los socios y las socias de MENA (y sus familias), insertada en la localidad de Ayoquezco, sede de múltiples vínculos transnacionales, es un mosaico sumamente variado en lo que a la migración se refiere. El proyecto productivo es transnacional desde sus inicios, aun cuando el apoyo de los migrantes no sea el esperado por los socios. A diferencia de mucha gente en el pueblo, los miembros de MENA han decidido no atenerse a la migración como fuente única de ingresos o como sustento de un proyecto de vida ligado a imaginarios de éxito y de prestigio. La gente de MENA está subvirtiendo el orden "normal" en el pueblo. Sin embargo, la empresa también responde a políticas y a estrategias de Estado que buscan promover proyectos productivos apoyados por mexicanos que viven en el exterior. No podemos saber, en rigor, hasta qué punto sus respuestas y decisiones están condicionadas por factores externos, calculados por otros actores del escenario nacional, ni tampoco cuál es la dimensión y la fuerza de sus capacidades creativas de respuesta ante esa realidad. Lo que sí podemos ver es que esta capacidad existe, se arraiga en su sentido de comunidad y que, como en muchos otros casos de proyectos que surgen como respuesta ante la creciente crisis del campo y de la migración mexicana a Estados Unidos, dentro de la necesidad de sobrevivir y de responder a las ofertas y a las imposiciones de instituciones y dependencias, siempre existe creatividad y transformación.

Observamos, por un lado, que en una comunidad con tradición migratoria, el proceso migratorio es complejo y variado, y que la experiencia de migrar puede vivirse de distintas maneras. Más aún, una persona puede tener sentimientos e ideas contradictorias, opuestas, puesto que migrar (o tener parientes que migran) es siempre una experiencia difícil, desgarradora y complicada. La consolidación de un proyecto productivo en una zona rural puede desencadenar cambios sustanciales en la representación social de la migración, enfatizando aquellos elementos dolorosos o negativos que la constituyen y que, de otro modo, sin una opción frente a la migración (una alternativa productiva), se tendrían que negar o minimizar para apoyar la decisión de migrar.

 

Bibliografía

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Notas

1 Existen cerca de 180 socios, pero la mayoría sólo vende su producto a la empresa.

2 Según Moliner (2002), las representaciones sociales se encuentran siempre en alguna de tres fases: emergencia, que es cuando aparecen; estabilidad, cuando se consolidan, y transformación, cuando deja de funcionar cabalmente y empiezan a surgir elementos novedosos que cambian la representación. Del mismo modo que las representaciones sociales de ser hombre y de ser mujer se encuentran en fase de transformación en la comunidad estudiada, también lo está la representación social de la migración, debido a los intensos cambios que se están viviendo tanto en la localidad como en el resto del país.

3 Sabemos bien que la migración no es decisión individual, y que obedece a causas complejas y multidimensionales, como bien señala Herrera Carassou (2006), entre las que destacan causas económicas, estructurales y no sólo circunstanciales, y las que atañen a las dinámicas sociales y culturales, incluyendo las familiares, que se reflejan en la decisión de un individuo de migrar. Asimismo, es imposible dejar de lado aspectos personales y psicológicos que son determinantes también, a nivel individual. Lo que se enfatiza aquí es de qué manera es percibida y experimentada por las personas directa o indirectamente involucradas con la experiencia de migrar.

4 Aunque nosotros estamos centrando nuestra atención en la vulnerabilidad del cuerpo del migrante, sobre todo del varón, esta fragilidad y exposición a peligros y riesgos es común en casi todos los varones de sociedades occidentales u occidentalizadas, y de sociedades pobres. Connell (2003: 81) afirma que "una de las pocas cosas apremiantes que resultaron de la bibliografía del rol masculino [...] fue la catalogación de los problemas a los cuales se enfrentan los cuerpos de los hombres: desde la impotencia y el envejecimiento hasta los peligros a la salud relacionados con el trabajo que realizaban, las lesiones violentas, la pérdida de orgullo deportivo y la muerte prematura".

5 Llamarle "Oaxaca" a un trabajador del campo californiano supone, por un lado, que los migrantes originarios de esa entidad mexicana tienen una fuerte identidad colectiva que hace que sean conocidos como tales, más allá de su adscripción étnica, parroquial o personal. En California, los migrantes oaxaqueños se distinguen, entre otras cosas, por su capacidad de organización, y también por cubrir amplios nichos laborales, por ejemplo, en el campo. Por otra parte, el apelativo "Oaxaca" tiene una fuerte carga discriminadora y racista, remite a lo indígena, y se usa para dirigirse a alguien a quien no vale la pena llamarle por su nombre. Además, el uso de tal término evidencia la poca información sobre las etnias y las diversas identidades sociales que existen en México, que un capataz agrícola en Estados Unidos, aunque sea mexicano, puede tener. Algo similar también sucede en México. En Baja California y en Baja California Sur, los pizcadores de algodón suelen ser mixtecos, pero los habitantes locales les llaman "oaxaquitas": vienen de lejos, son morenos y chaparros, son pobres, son distintos; además, no se incorporan a la sociedad local. Es como si no existieran.

6 Asumimos que el mandato económico tiene que ver con una situación de desempleo, pobreza, precariedad y urgencia de conseguir recursos económicos; por supuesto que el éxito económico no tendría por qué ser contradictorio con ese mandato que obliga en un inicio a migrar. Aquí insistimos en que al abandonar el pueblo para siempre, en pos de una vida diferente, el migrante rompe con la motivación inicial cimentada en la supervivencia; entran otros factores de por medio. Muchos migrantes exitosos (no temporales) siguen ayudando al pueblo, pero esta ayuda se hace sin sufrir ya la condiciones en la que viven quienes están en el pueblo, y probablemente en muchas ocasiones haya en su ayuda un elemento de culpa.

7 En la ponencia "Inserción laboral con marginación social en Estados Unidos", presentada el 20 de octubre de 2008, dentro del Coloquio "Entre lo nuevo y lo viejo, entre el aquí y el allá. Enfoques e impactos múltiples del fenómeno de la migración", que se llevó a cabo del 20 al 24 de octubre de 2008, en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

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