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Cultura y representaciones sociales

versión On-line ISSN 2007-8110

Cultura representaciones soc vol.5 no.10 México sep. 2011

 

Artículos

 

"Corrías sin saber adónde ibas" Proceso migratorio de mayas yucatecos a San Francisco, California

 

Inés Cornejo Portugal* y Patricia Fortuny Loret de Mola**

 

* Profesora-investigadora de tiempo completo de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Cuajimalpa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II. Entre sus publicaciones más recientes están: Investigar la Comunicación en el México de hoy, 2010. Universidad Iberoamericana (en prensa). El lugar de los Encuentros: comunicación y cultura en un centro comercial (2007). Universidad Iberoamericana. Coordina la Línea de investigación: Comunicación Intercultural en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC).

** Profesora-investigadora titular C del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Unidad Peninsular, Sistema Nacional de Investigadores Nivel II. Ha publicado más de 70 artículos y capítulos en libros sobre minorías religiosas y migración internacional en español y en inglés.

 

Resumen

Se describe el proceso migratorio México-Estados Unidos de los mayas yucatecos hacia San Francisco California. Además, se puntualizan las distintas etapas de que dicho proceso y se da cuenta de cómo los migrantes yucatecos viven y organizan el traslado hacia el país vecino, así como el conjunto de relaciones o vínculos sociales de los que se valen para apoyarse, emprender la partida y establecerse de manera temporal, entre uno y diez años, en la sociedad receptora.

Palabras clave: etapas del proceso migratorio, migración maya yucateca, redes sociales.

 

Abstract

"You were running without knowing where you were going". Migratory process of Mayan yucatecos to San Francisco, California. In this text the migratory process Mexico - United States of the Mayan yucatecos towards San Francisco California is described. In addition, the different stages that the above mentioned process contains are depicted and an account of how the yucatecan migrants live and organize their movement towards the neighboring country is provided, as well as the set of relations or social links which are used to provide support, undertake the departure and to establish in a temporary way, between one and ten years, in the recipient society.

Key words: stages of the migratory process, Mayan yucateca migration, social networks.

 

Introducción

El propósito de este texto es describir el proceso migratorio México-Estados Unidos de los mayas yucatecos, tanto los que se van "allá lejos", como quienes permanecen en su lugar de origen. Para analizar el proceso migratorio entre los mayas yucatecos de Oxkutzcab, Muna, Peto, Dzan (ubicados al sur de Yucatán) hacia San Francisco, California, hemos puntualizado las distintas etapas que ese proceso tiene: la decisión de partir, el cruce fronterizo (generalmente indocumentado), el viaje y la inserción en Estados Unidos: la especificación refleja etapas definidas del proceso. Así, indagamos cómo los yucatecos migrantes viven y organizan el traslado hacia el país vecino, de qué conjunto de relaciones y vínculos sociales se valen (familiares, amicales, compadrazgo) para emprender la partida y de qué manera se ubican o establecen en la sociedad receptora.

La migración indígena no es nueva en la historia del país. Sin embargo, ésta ha aumentado considerablemente en los últimos años, especialmente a partir de la década de los noventa. La región sur-sureste —que concentra la mayor parte de la población indígena del territorio nacional—, ha emergido como la nueva región expulsora de emigrantes en México. Los migrantes que provienen de esta región han alcanzado, además, una importante presencia en algunas ciudades estadounidenses, como Los Angeles o San Francisco, California. Los estudios e investigaciones sobre este fenómeno socio-cultural y demográfico, confirman estas tendencias.

La información que se presenta deriva del proyecto de investigación La otra ruta maya: migración y salud (2008/2009),1 realizado entre migrantes (mayas) yucatecos y sus familias originarias de Oxkutzcab, Muna, Peto y Dzan (sur de Yucatán), hacia San Francisco, California.

Además de la introducción, este artículo contiene tres apartados: 1) antecedentes generales que incluyen una reflexión sobre la cuestión étnica de la población estudiada, información estadística actualizada sobre la migración yucateca a los Estados Unidos, una breve descripción del lugar de origen y un perfil sociodemográfico de los migrantes; 2) la descripción del proceso migratorio de los mayas yucatecos y las distintas etapas que dicho proceso contiene y 3) las conclusiones donde se formulan puntuales cuestionamientos sobre el joven indígena migrante, temática emergente e ineludible en los estudios migratorios del sur-sureste de México hacia Estados Unidos.

 

1. Antecedentes generales

1.1. La cuestión étnica en Yucatán

En la Península de Yucatán, no se utiliza el vocablo indígena, aunque los habitantes hablen una lengua indígena. La terminología etnolingüística en esta región por razones históricas es muy compleja, pero sobre todo, distinta al resto del país. En el estado de Quintana Roo, a los campesinos de origen maya, descendientes de los "mayas" rebeldes de la Guerra de Castas (1847/1902), se les denomina macehuales. En Yucatán y Campeche, la gente mayor de edad (más allá de los 40 o 50 años), que habla en lengua maya yucateca, se auto identifica como mayeros. Se llaman mestizos o mestizas a los adultos, más bien del sexo femenino que todavía visten con el huipil tradicional, para distinguirlos de los catrines que visten a la usanza occidental. Aunque el maya yucateco se considera una lengua indígena más de la familia mayence y en consecuencia se cuenta la población que la habla como indígena, los campesinos, gente del campo y/o de comunidades rurales, no se reconocen ni definen como indígenas, ni tampoco como mayas.2 En los pueblos de Yucatán, la gente dice que los "mayas" son los hombres y mujeres que construyeron los templos prehispánicos y que vivieron en las grandes ciudades como Uxmal, Chichén Itzá, Mayapán, entre otros. El vocablo maya es asignado e impuesto desde otras clases sociales, en forma particular desde el Estado a través de las agencias de gobierno que en los últimos años han incorporado el gentilicio con el objetivo de politizar sus programas asistencialistas y populistas. El más fuerte referente de identidad lo encontramos en la localidad de origen, sea ésta una Comisaría o una Cabecera municipal. Así lo expresan la mayoría de los inmigrantes con los que conversamos, como aparece en el siguiente diálogo que sostuvimos en San Francisco:

— ¿Roberto, cuándo te preguntan qué eres, qué dices?

— Yo digo, soy de Yucatán, vengo de tal lugar así, de Ox [abreviatura de Oxkutzcab], de Yaxhachén, tengo varios chavos que me conocen aquí.

Los inmigrantes (mayas) yucatecos que llevan dos décadas o más, sobre todo en el estado de California y que por consiguiente, ya tienen cierta estabilidad laboral, económica y social, constituyen el blanco de agencias de los gobiernos estatales en los consulados o embajadas, pues son la población que está en condición de enviar remesas colectivas a sus lugares de origen.3 Los inmigrantes que establecieron relaciones con estas instancias gubernamentales, han comenzado a reactivar una identidad indígena cultural, más no una identidad étnica en el sentido estricto del concepto,

"... identidad indígena es básicamente una identidad cultural adscrita a pueblos indígenas por pueblos no indígenas, la etnicidad es una forma de auto identificación que surge de la oposición, el conflicto y la autodefensa" Es importante recordar la distinción entre comunidades indígenas y culturas, tal y como se les identifica oficialmente, versus comunidades constituidas a partir de la etnicidad... (Kearney, 1994: 61,62 énfasis nuestro).

1.2. Los números de la migración yucateca

Los yucatecos comenzaron a salir con el Programa Bracero (1942 a 1964). Sin embargo, no fue sino hasta la década de los noventa cuando la migración se hizo más visible no sólo a nivel internacional sino también interestatal. En el año 2000, partieron a los Estados Unidos 5,839 yucatecos, cuando el promedio de expulsión nacional era de 1.6%, en Yucatán era de 0.4%. La emigración hacia la Unión Americana entre los años 2000 y 2005 se incrementó en un 450% al pasar de 0.4% a 1.8% del total de la población. En 2007, había 160 mil yucatecos en Estados Unidos; en 2008 aumentaron a 170,000 y en 2009 disminuyeron 5,000. Los estados de la Costa Oeste de la Unión Americana han sido un destino tradicional cuentan con más de 150,000 migrantes. En el área de Los Ángeles se agrupan más 50,000 yucatecos, San Francisco es el segundo destino en importancia después de Los Ángeles. Portland en Oregón y Denver en Colorado concentran el mayor número de yucatecos después del estado de California (INDEMAYA, 2010).

Siguiendo la misma línea, es probable que el primer trabajo sobre el tema fue elaborado por el antropólogo Ojeda Cerón en 1998. Posteriormente, Rachel H. Adler (2004), estudia la ruta migratoria entre Kaal, Yucatán, y la ciudad de Dallas, Texas. Fortuny (2004; 2009), traza los flujos migratorios entre Oxkutzcab y San Francisco de 1970 a 2000, y explica la formación de redes sociales que enlazan a las comunidades de origen y destino utilizando la metáfora del Hetzmek y el vínculo con una iglesia evangélica (Presbiteriana). Burke (2004) se centra en el estudio de mayas de origen yucateco y chiapaneco en el Distrito de la Misión de San Francisco, California. Solís Lizama (2005) se concentra en la cabecera municipal de Cenotillo y reflexiona sobre la re-configuración de la identidad entre los emigrantes. En 2008, la misma autora realiza como tesis de maestría, el primer trabajo etnográfico sobre la dimensión cultural de las remesas yucatecas. Cornelius, Fitzgerald y Lewin Fisher (2007; 2008) coordinan un volumen sobre la migración de Tunkás, Yucatán a Estados Unidos. Cantón y Gómez (2009) mediante un estudio de economía y antropología social, confrontan los hogares pobres que reciben remesas con aquellos que no lo hacen. En 2007, Solís Lizama y Fortuny comparan las organizaciones de migrantes maya/ yucatecos con las del grupo étnico otomí del estado de Hidalgo.

1.3. De la información empírica

La información empírica se elaboró con una muestra no probabilística por cuotas (Padua, 2002) de sesenta entrevistados residentes en los municipios de Oxkutzcab, Muna, Peto, Dzan (Yucatán), y en la ciudad de San Francisco, California. Los entrevistados, presentan una escolaridad que no rebasa el nivel primario, tienen entre diecinueve y más de sesenta años, son originarios del sur de Yucatán, con experiencia directa o indirecta de migración. De los sesenta consultados, veintiséis habían emigrado a San Francisco o a San Rafael, California, y en Oregón, a Portland y Estacada. Los migrantes (dieciocho hombres y ocho mujeres) han vivido por los menos un año en Estados Unidos (de uno a diez años), donde desempeñaron ocupaciones poco especializadas y de baja remuneración. Prácticamente todos eran indocumentados y estaban empleados, salvo excepciones, en servicios de baja calificación (lavaplatos, ayudantes de meseros, meseros). Por su parte, treinta y cuatro de los entrevistados (18 mujeres y 16 hombres) habitan en el sur de Yucatán, en los municipios señalados.

Parece que los más jóvenes, más aptos y más saludables son los que migran. Los entrevistados provienen de estructuras parentales extensas (padre y madre, hermanos, cuñadas, sobrinos) que comparten generalmente el mismo solar familiar, con creencias y prácticas religiosas —católicas o cristianas (pentecostal, presbiteriana, evangélica) definidas—; la mayoría acude de manera regular a la iglesia o al templo, expresa metas claras de superación, progreso e intenciones de emancipación personal, y justifica la autoexigencia del traslado para mejorar las condiciones de precariedad económica en la que viven en el lugar de origen: Oxcutzcab, Peto, Muna o Dzan. El resto de los integrantes de la familia que se queda, a pesar del proyecto compartido de progreso o futuro bienestar, padece tanto el dolor y la tristeza de la separación, así como el compromiso de la deuda económica adquirida por el migrante.4 En algunos casos, se vive la ausencia del cabeza de familia; en otros, la separación de los hijos o del esposo.

Cabe señalar que las entrevistas se realizaron en el lugar de origen (sur de Yucatán) y en el de destino (San Francisco, California), así, la reelaboración de los hechos puede entenderse como una unidad construída tanto desde la voz de los que se van allá lejos, como de los que se quedan. Con fines descriptivos, para el presente texto, se trata de manera separada a los primeros (experiencia directa de migración de los que "se van allá lejos") de los segundos (experiencia indirecta de migracion de los "que se quedan"), pese a que ambas narrativas comparten el mismo nivel de interlocución sobre la práctica y la vivencia migrante.

1.4. Lugar de origen. Sur de Yucatán: Oxkutzcab, Peto, Muna y Dzan

De manera esquemática se da cuenta de algunos de los datos básicos más relevantes de los municipios donde habitan los entrevistados en términos de: población total, población hablante de lengua maya y población económicamente activa.

Oxkutzcab o "tierra o lugar de los tres pavos monteses", cuenta con 29 localidades, las principales son Oxkutzcab (cabecera municipal), Yaxhachen, Yohuayan, Emiliano Zapata y Xul. Asimismo, de acuerdo con los resultados que presenta el II Conteo de Población y Vivienda (2005), hay un total de 27,084 habitantes, de los cuales 16,263 hablan maya; de éstos, 7,639 son hombres y 8,633 son mujeres.

En relación a la población económicamente activa del municipio, dicha población asciende a 8,139 personas: 39.50% en el sector primario (agricultura, ganadería, caza y pesca); 16.27% en el secundario (minería, petróleo, industria manufacturera, construcción y electricidad); 43.26% en el terciario (comercio, turismo y servicios) y en otros, 0.97% (INEGI, 2000).

Por su parte, el municipio de Peto o "Corona de Luna", contiene 74 localidades, las más importantes son Peto (cabecera municipal), Xoy, Yaxcopil, Tixhualatun y Progresito. Asimismo, de acuerdo con los resultados que presenta el II Conteo de Población y Vivienda (2005), el municipio tiene un total de 22,386 habitantes de los cuales 13,205 que hablan la lengua maya, de éstos 6,624 son hombres y 6,581 mujeres.

De acuerdo con cifras al año 2000 presentadas por el INEGI, la población económicamente activa del municipio asciende a 6,268 personas, éstas laboran en el sector primario 42.55%; secundario 22.33%; terciario 34.21% y otros 0.91%.

El municipio de Muna o "lugar de agua suave o tierna", posee 18 localidades entre las cuales destacan: Muna (cabecera municipal), San José Tipceh, Yaxha, Choyob y Lazaro Cárdenas. Asimismo, el XII Censo General de Población y Vivienda (INEGI, 2000), señala que la población total del municipio es de 11,449 habitantes, 5,741 hombres y 5,708 mujeres. En cuanto a la población maya, ésta asciende a 5,379 habitantes, 2,681 hombres y 2,698 mujeres. Prácticamente el 50% de la población de este municipio es maya hablante. La población económicamente activa asciende a 4,074 personas, quienes se encuentran ocupadas en el sector primario 42.66%; secundario 21.20%, terciario 34.91% y otros 1.3%.

Por último, se menciona al municipio de Dzan o "Aquí se sume, sumerge, remoja o hunde", el cual tiene cuatro localidades, la más sobresaliente es Dzan, cabecera municipal. Según los resultados del II Conteo de Población y Vivienda del 2005, el municipio presenta un total de 4,587 habitantes; el INEGI (2005) señala que la población indígena maya es de 3,241 habitantes, de los cuales 1,567 son hombres y 1,674 mujeres. Cuenta con una unidad médica de primer nivel (INEGI, 2000). La población económicamente activa asciende a 1,335 personas (INEGI, 2000), éstas se ocupan en los sectores siguientes: primario 67.14%, secundario 12.83 %, terciario 19.43 % y otros 0.60 %.

En síntesis, los municipios señalados presentan mayoría de población indígena y gran parte de los habitantes habla lengua maya o la comprende y, en algunos casos, con un limitado uso de español. En los hogares indígenas la madre se identifica como "mestiza", es decir, hablante de maya y portadora del hipil (vestido tradicional blanco, suelto, cosido lateralmente y donde la parte inferior y superior del mismo está decorado con coloridos motivos bordados). Es importante subrayar que de acuerdo con la Comisión para la Atención de los Pueblos Indígenas (CDI),5 estos municipios han sido clasificados como de alta marginalidad donde un grupo importante de varones en edad productiva se ve obligado a dejar su lugar de origen, por lo cual detentan un mayor número de población maya migrante.

 

2. El proceso migratorio: decisión de partir, cruce fronterizo indocumentado, viaje e inserción en Estados Unidos

Para analizar el proceso migratorio entre los mayas yucatecos de Oxkutzcab, Muna, Peto, Dzan (ubicados al sur de Yucatán) hacia San Francisco, California, hemos puntualizado las distintas etapas que ese proceso tiene: la decisión de partir, el cruce fronterizo (generalmente indocumentado), el viaje y la inserción en Estados Unidos, la especificación refleja etapas definidas del proceso.

Quienes migraron a San Francisco dijeron tener familiares que les prometieron algún tipo de ayuda o que les facilitaron los recursos económicos para emprender el viaje (pago del boleto de avión y del coyote).6 Todos tenían conocimiento de la existencia de oportunidades de empleo en San Francisco.

Trabajan o están en busca de trabajo en el sector de servicios, ya sea como meseros, cocineros, ayudantes de cocineros, ayudantes de meseros, lavaplatos o en la limpieza de los restaurantes. En general vivían, antes de emigrar de su lugar de origen, en hogares paternos. La mayoría no tenía hijos, su ocupación principal era la parcela familiar (cultivo de cítricos, como naranja, limón, mandarina, toronja) o la milpa (maíz). Los hogares de los emigrantes están conformados por la pareja de hablantes de lengua maya, en la que la madre suele ser monolingüe maya, mientras que el padre habla, además, español.

En el caso de los entrevistados más jóvenes, el padre fue mencionado como el jefe de la familia. Asimismo, practicaban la religión católica y la cristiana (evangélica, presbiteriana, pentecostal). Algunos de los entrevistados se separaron de la religión católica para profesar, por ejemplo, la presbiteriana ("Dios es el que cambia al hombre, porque te saca de lo malo y te pone en el lugar en donde debes de estar, en donde puedes tener comunicación con él... entonces, pues... grande y maravilloso es el Señor").

Por su parte, las mujeres entrevistadas emprendieron el viaje a la Unión Americana entre los veinte y los treinta años de edad; la mayoría estaba casada y tenía un hijo; sólo una de las consultadas mencionó tener cuatro. Dos de las entrevistadas señalaron que los niños vivían con ellas en San Francisco; las otras los dejaron con su respectiva abuela para poder emprender el viaje. Asimismo, trabajan o buscan empleo, ya sea como meseras, ayudantes de cocina o preparando comida yucateca para vender. Sin embargo, dos de ellas laboran en una cafetería de reconocido prestigio como cajera y subgerente, respectivamente.

En la mayoría de los casos, antes de partir, realizaban principalmente tareas del hogar, además de costurar o dedicarse al comercio; únicamente dos entrevistadas eran profesionistas: una maestra de escuela y la otra terminó una licenciatura en empresas turísticas. Las consultadas son tanto presbiterianas como católicas.

A diferencia de los varones, quienes por decisión propia emprenden el recorrido, ellas generalmente lo hacen porque el marido vive en Estados Unidos. Pese a los peligros que significa el cruce, la idea de acompañar al esposo, reencontrarse con él o buscarlo para que se haga responsable de los hijos, parecen las motivaciones principales para la migración de las consultadas. El tiempo de permanencia en Estados Unidos es de casi una década; en su mayoría no han regresado al lugar de origen desde que partieron.

Las entrevistadas confirman uno de los saberes más reiterados en los estudios de migración, es decir, que el varón adulto joven es quien emigra, debido a la falta de trabajo, donde haya mayor atracción laboral, lo cual no implica negar la contribución económica de la mujer para la pareja y, además, es causa de ciertos cambios en las relaciones de género en las familias hispanas. Como recientemente han señalado varios autores, es pertinente rescatar la importancia de factores como la edad y el género en el proceso migratorio (Rogler, 1994; Poggio, 2000).

2.1. La decisión de partir: "Me obligué a ir"

Los motivos para migrar más mencionados fueron tanto de índole económica como la necesidad de autonomizarse e independizarse de parte de los jóvenes varones ("ahorita ya tengo mi casa, pero le dije a mi papá y a mi mamá, tengo que ir allá lejos, a buscar mi dinero y salir aparte también", Antonio, monolingüe maya, 25 años).

En la totalidad de los casos, los varones señalaron la imposibilidad de encontrar otra opción de trabajo que no fuera emigrar para afrontar las exigencias personales de independencia, progreso, mejora y además superar la condición de privación de la familia. Los consultados declararon haber tomado la decisión de migrar por cuenta propia ("llegó un tiempo en donde la parcela no daba, llegó un tiempo donde la lluvia no caía y las ayudas de gobierno no se daban, se daban pero muy poco. Me sentí obligado ir y trabajar, tal vez me obligué a ir", Imer, bilingüe, 24 años).

La imposibilidad de conseguir mejores ingresos ("no gana uno para hacer una casa"), los llevó a recurrir a las redes amicales o familiares para solventar la decisión de migrar, la mayoría tenía hermanos, parientes o amigos viviendo ya en Estados Unidos.

Para algunos de los entrevistados, la educación es vista como una pérdida de tiempo, no les convence continuar estudiando si al final su destino será irse a Estados Unidos, como lo hicieron sus hermanos, tíos o parientes más cercanos.

Los entrevistados jóvenes y solteros piensan en una migración temporal o temporaria para recabar dinero y construir una casa de material o concreto, comprar la parcela o la milpa y después regresar; otros señalaron que viajando les sería posible reunir dinero para afrontar el préstamo para el recorrido y posteriormente ayudar a los miembros de la familia. En este sentido, son tres las prioridades para emprender el éxodo y permanecer en Estados Unidos: pagar la deuda adquirida por el traslado, comprar una o varias parcelas y, a diferencia de la morada de paredes rústicas de madera y techos de guano con la que suelen contar, construir otra vivienda aparte generalmente en el solar compartido por la familia, con todas las comodidades y servicios (agua potable, drenaje, cocina, baño, habitaciones e instalaciones eléctricas), esto es, "una casa de dos pisos o imitación de las de Estados Unidos".

La estrategia femenina para emprender el recorrido está basada en el apoyo del marido, el hermano o el pariente cercano. Las mujeres entrevistadas tomaron la decisión de partir por "un tercero", el marido o un hijo representan el impulso y la razón más fuertes para emigrar a Estados Unidos ("me dijo mi marido que yo voy a ir, y le dije que sí. Agarramos el avión de Mérida a México, y de México a Hermosillo, y ya agarramos algo para ir a Nogales, y de Nogales una señora me cruzó." Lucila, bilingüe, 28 años). Entre los motivos más mencionados para migrar, además del económico, se encuentran precisamente la reunificación familiar y la búsqueda del esposo ausente, que no cumplía con el sostenimiento de la familia desde allá lejos.

En contraste con lo observado en otros trabajos (Poggio-Woo: 2000) las mujeres consultadas acuden a la ayuda de sus relaciones parentales directas (esposo, hermanos, sobrinos) para sostener y financiar el traslado hacia Estados Unidos. Parece que el proceso de migración se emprende en general con la colaboración de estos otros. Los datos también reflejan que, cuando las consultadas salen de su pueblo o comunidad, es porque tienen algún tipo de relación de pareja (matrimonio, convivencia o novio); a diferencia de los varones, quienes parten muy jóvenes, entre 15 y 17 años, y en su mayoría parten siendo solteros y sin haber adquirido compromiso de matrimonio.

2.2. Las redes sociales (parentales o amicales)

La mayoría de quienes decidieron emigrar, lo hicieron sobre la base de sus propias conexiones familiares o de amistades que ya radicaban en Estados Unidos; en muchos casos son aquéllos quienes facilitaron el dinero para pagar el desplazamiento, además de alojamiento y ayuda económica inicial para la instalación en el vecino país del norte. También algunos de los migrantes "empeñan el documento", "el papel", es decir, entregan al agiotista la escritura de compra-venta de su propiedad en el ejido, a cambio de un préstamo monetario para realizar el viaje. No obstante, el apoyo y la cobertura de las redes sociales familiares o de amistades es requisito indispensable para emprender el recorrido, sin éstas prácticamente están perdidos.

2.3. El cruce fronterizo: "Corrías sin saber adónde ibas, corrías a ciegas"

Al cruce fronterizo algunos antrópologos lo denominan el "rito de paso"7 con el que, después de dicha experiencia, saldrán como hombres y mujeres fortalecidos. ¿Qué significa saber cruzar? ¿cómo se transmite tal experiencia a los novatos? ¿qué significa burlar a la Migra?, ¿cómo se vive abatir la valla, el alambrado, el enrejado, el muro, la lámina?

La mayoría de los consultados realizó el trayecto con etapas claramente definidas, hasta llegar a su destino final. Así, los petuleños van a San Rafael, mientras que los de Oxkutzcab y de otras comisarías viajan tanto a San Francisco, como a Portland, Oregón.

La típica ruta migratoria comprende Oxkutzcab (donde arriban de Yotholin, Muna, Yaxhachén, comisarías municipales de Xul y Emiliano Zapata, conocida también como Cooperativa), Mérida (capital de Yucatán), Hermosillo, Nogales, Agua Prieta, Naco y Phoenix, Arizona; Los Ángeles y San Francisco, California; ese trayecto se realiza por intermediación directa de un coyote, quien "compra a los migrantes", pues, como ellos mismos expresan: "Todo, todo mojado migrante es una mercancía al ir allá".

Abandonar la comunidad, compartir el transporte con quienes se trasladan de diversos lugares hacia Mérida, llegar a un sitio lejano, no comprender lo que sucede alrededor, tener miedo, percibir imágenes desconocidas, son experiencias y sentimientos que producen desasosiego y los orillan, de una u otra manera, a vivir y compartir esa vivencia con los otros, los "conocidos" ("señores de Akil", "coyotes de Oxkutzcab", "los de otros pueblos") ellos son, durante el traslado, referencia de territorios cercanos o formas de extender el territorio propio. El cruce, el encierro y el viaje mismo producen sentimientos encontrados en los migrantes, el primero y el más mencionado es el miedo, el temor a ser descubiertos por La Migra.8 Asocian en sus relatos "migra", "cruce", "coyote", "migración", con expresiones de peligro e incertidumbre: "Corrías sin saber adónde ibas".

¿Qué significa saber cruzar? Estar dispuesto a ser considerado como una mercancía "humana", "objeto de compra y venta" entre coyotes y guías ("los coyotes sí tienen papeles, pero ellos no son guías. Él saca un dinero por cada cabeza. Él te contacta un guía que ellos conocen, dice 'dame doscientos dólares por cabeza', si son diez personas, son dos mil dólares sólo el trayecto. Así es como se venden a las personas allá"); estar decidido a sufrir sucesos o incidentes violentos que ponen en peligro la integridad personal ("dos años de cárcel o regresar a México"; "me detuvieron siete veces, me tomaron las huellas").

Los testimonios expresan que la salida de la comunidad de origen abre un sinnúmero de experiencias inéditas. El "entrar" aparece como el episodio más agresivo y violento (física, emocional y culturalmente) en la práctica migrante de los consultados. Ahora bien, independientemente de que sean varones o mujeres, muy jóvenes o de mediana edad, la mayoría llegó a la Frontera sin ninguna experiencia previa de cruce fronterizo, es decir, "entraron" a Estados Unidos por primera vez. Asimismo, la ciudad de México no era un factor de atracción laboral: ninguno mencionó haberla visitado en búsqueda de trabajo.

¿Cómo se transmite la experiencia a los novatos? Los entrevistados señalan los "consejos de las personas que ya fueron (a Estados Unidos) alguna vez":

— Poner en la mochila sueros, sueros que dan de diferentes sabores.

— Tener en nuestra mano la credencial, la identificación: uno la muestra y ya.

— Dar el dinero (al coyote) cuando se entrega (al migrante) con la familia.

— Generalmente no se paga antes, se paga cuando se entrega la mercancía humana.

— No dar (al coyote) el número telefónico de la familia.

— En Nogales buscar a la persona que nos pasará.

Éstas son las recomendaciones básicas para el momento de emprender el cruce y evitar caer en la trampa de los coyotes so pena de perder la fuerte inversión económica del traslado. Cabe hablar de la mención de la identificación, la cual se relaciona con demostrar la nacionalidad mexicana, como ellos mismos señalan: "los salvadoreños brincan como tres fronteras, dicen. Por eso lo van a checar esos papeles, nosotros somos mexicanos: una frontera nomás". Es decir, al acreditar la ciudadanía mexicana, la migra los deposita en su propia frontera.

¿Cómo se vive abatir la valla, el alambrado, el enrejado, el muro, la lámina? Los varones expresan afirmaciones que revelan la culminación del selectivo, difícil y duro proceso de cruce, que representa, de una u otra manera, haber vencido un desafío exigente y autoimpuesto: "Nunca me rajé, a mí nunca me regresaron". Para otros consultados, una vez radicados en Estados Unidos, la experiencia de abatir la valla aparece como la obligación compulsiva de adquirir artículos y objetos de consumo gastando todos sus ingresos:

Los primeros tres años no me importaba nada. Me compraba ropa, celular o sea cuando vas viendo dinero que nunca has tenido en tu billetera, a veces a uno se le sube demasiado, cuando me di cuenta, digo: ¿dónde está todo lo que ya trabajé? (Refiere Santos, quien "entró" a la edad de quince años a Estados Unidos).

A diferencia de los varones, las mujeres atravesaron la frontera con expectativas y razones que no tienen que ver directamente con el desafío masculino: ellas buscan reencontrarse con su pareja, o, en todo caso, si la pareja no las "reconoce" ("tú no eres mi esposa, yo no te mandé traer") persisten, encuentran trabajo y se establecen para enviarle dinero a sus hijos. Aunque para muchas "las cosas no salen como una las planea" ...

... es muy díficil emplearse en un restaurante porque generalmente se le da preferencia al varón para esos puestos; más bien se debe tener amistad con un mánager o un empleado de confianza para estar recomendada, de lo contrario, es muy dificíl entrar a trabajar... (señala Mary de 40 años).

El traslado y arribo al nuevo lugar genera dificultades económicas, emocionales y sociales, por ello la existencia de redes sociales facilita y permite, en la medida de lo posible, la adaptación. También, el apoyo de algún grupo religioso o iglesia constituye un factor de cobertura y apego frente a la incertidumbre que se vive en el lugar de llegada. Tanto las redes familiares como la presencia de creencias y prácticas religiosas cristianas (pentescostal, evangélica, presbiteriana y católica) les permiten desarrollar estrategias de ajuste y ubicación en su nueva realidad.

2.4. Morar en Estados Unidos: ¿Qué hago acá?

Roberto, de 19 años, expresa el desasosiego de vivir en San Francisco:

Cuando vine acá no me había acostumbrado, yo quería ir a México otra vez. Quince días que llegué aquí no me gustaba, quería irme otra vez. No trabajaba, sólo dormir hacía en mi casa, sólo en casa de dos cuartos, cuatro paredes, no puedes salir como en tu pueblo. La vida aquí está difícil, pero cuando dio seis meses, siete meses, se acostumbra uno al clima acá.

Gran parte de los entrevistados se establecieron en La Misión, barrio de San Francisco —cuya población latina está compuesta por centroamericanos, sudamericanos y personas de origen mexicano—, morada donde habitan la mayoría de los yucatecos. Misión Dolores, Potrero Hill, Valencia, Van Ness, Guerrero, las calles 13, 14, 15, 16, 18, 20, 24, entre otras, son los espacios más frecuentados por los originarios de Oxkutzcab, Yaxhachén, Xul, Yotholin o Dzan. Asimismo, estos vecinos se movilizan principalmente en los autobuses Muni, así como en el sistema ferroviario Bart, con estaciones en Mission Street en las calles 16 y 24, donde al atardecer se observa, sentados a la salida del Bart, a gran cantidad de jovenes varones portando cachuchas de variados colores —predominantemente blancas—, pantalones anchos de tonos oscuros que reposan sobre tenis ampulosos, pero blanquecinos, y playeras amplias, sonriendo y hablando en maya yucateco; otros, apostados, simplemente observan el paso de los transeúntes.

En palabras de los entrevistados, Mission Street a media noche cobra otro aspecto, aparecen las pandillas de los norteños (se caracterizan por usar cachuchas de color rojo) y los sureños (las portan de color azul). Los sureños generalmente se ubican en la calle 16, mientras que los norteños en la calle 24: ambos llevan navajas, pistolas, asaltan y roban. Dice Roberto: "No debes cruzar ni a media cuadra de los sureños y norteños, matan y roban si no les das dinero. Por allá puro autobús, sí, te matan allá. De todo hay a las 12 de la noche".

De acuerdo con diversos autores, entre los años cuarenta y sesenta, un gran número de mexicanos se instaló en esta zona, pero fue hasta los años ochenta y noventa cuando se le dio un carácter fundamentalmente yucateco. No obstante, algunos eligen establecerse en el centro de San Francisco ("nunca he vivido en ese barrio de la Misión porque ese lugar está sucio, no me gusta, hay droga, cerveza; yo preferí vivir en el centro, ahí no te roban, te cuidan").

Los consultados mencionaron que comparten la vivienda entre cinco y ocho personas, generalmente varones, la mayoría familiares o paisanos: "Vivimos entre seis chavos, son dos cuartos, nos toca 250 a cada uno". A diferencia de lo que ocurría en sus lugares de origen, en San Francisco, los varones realizan tareas domésticas: preparan los alimentos, realizan la limpieza de la habitación o departamento que comparten, acuden a lavar la ropa en el día de descanso. De una u otra manera, su vida se ha transformado al convertirse en proveedores principales de su propia subsistencia y de quienes se quedaron en sus comunidades. Desarrollan competencias suficientes para movilizarse, encontrar empleo, organizar sus ingresos iniciales para, además de pagar los biles (teléfono, agua, luz, renta, lavandería, alimentación y "lo que vas a usar en los baños"), enviar la remesa a la familia ("entre 200 o 400 dólares para hacer la casa, me cuesta como 150 o 160 mil pesos"). Muchos de ellos trabajan los siete días de la semana, ganando entre 10.50 o 12.00 dólares la hora, obteniendo un ingreso quincenal de 1,100 o 1,200 dólares, cantidad que dificilmente hubieran alcanzado en su lugar de origen con las actividades propias en su medio laboral.

Como se observa, para los entrevistados la experiencia de residir en Estados Unidos promueve cambios importantes en diversos aspectos de sus vidas: particularmente, percibirse como más valiosos, relacionarse con personas de diferentes realidades (asiáticos, afroamericanos, sudamericanos, centroamericanos), fortalecer su capacidad de adaptación, valerse por sí mismos, acceder a aprendizajes tecnológicos (celulares, computadoras y otros gadgets), desarrollar nuevas habilidades, conducirse en otros códigos culturales, procurar a los otros (familiares directos), mejorar su nivel de vida, valorar y reconocer las relaciones parentales que dejaron en México.

En síntesis, la migración parece motivar, en hombres y mujeres, transformaciones personales y sociales que se traducen en "auto-valoración y autoestima", producto de la inserción laboral y la mejora económica que experimentan durante su estancia en Estados Unidos. Empero, que acontece ¿si se enferman, accidentan o tienen algún padecimiento?9 Parece que con estos malestares la estancia en el vecino pais del norte sufre un serio revés.

 

Conclusiones

Los consultados salieron muy jóvenes de sus municipios o localidades yucatecas y el periodo de permanencia en Estados Unidos es más largo para los de menor edad. Cabe anotar que la prolongada permanencia tiene que ver con los peligros y el precio de la "pasada"; a mayor vigilancia fronteriza mayor costo del coyote. Ciertamente, gran parte de los migrantes son varones muy jóvenes, procedentes de comisarias (agencias municipales) donde se concentra la mayor cantidad de maya hablantes y con una escolaridad que no rebasa el nivel primario.

Los estudios sobre la problemática de la migración generalmente han abordado a los varones mestizos y adultos desatendiendo a los indígenas; es hasta fechas recientes cuando se elaboran preguntas específicas sobre los migrantes del sur-sureste de México. Pareciera que se ha asociado migración con adulto, masculino y mestizo, pero qué acontece cuando los que se desplazan a la Unión Americana son precisamente jóvenes varones (entre 15 y 19 años) hablantes de lengua indígena. Algunos investigadores han inquirido si la migración tiene sexo,10 complementaríamos tal interrogante cuestionando sobre a qué segmento cultural etario principalmente pertenece dicha migración. Cuáles serían entonces aquellas preguntas y retos analíticos que darían respuesta a la problemática del joven indígena migrante, pues como ellos mismos expresan: "toda mi juventud la perdí allá" (en Estados Unidos).

En el análisis de las corrientes migratorias mexicanas, los jóvenes hablantes de alguna lengua originaria han pasado prácticamente desapercibidos o, en todo caso, existe un limitado conocimiento sobre esta población en particular. Si bien, hay exhaustivos y númerosos trabajos sobre migración mexicana (la más antigua en Estados Unidos), los jovenes indígenas migrantes son todavía una problemática desatendida. ¿Cómo abordar al joven indígena? y más aún, ¿al joven indígena migrante o al joven indígena —monolingüe de alguna lengua originaria— migrante?

En consecuencia, el concepto de juventud indígena (Urteaga, 2008 y Pérez, 2008) aparece como sustantivo para explicar y entender esta dinámica migratoria (toma de decisiones, redes de solidaridad, ocupación de nuevos espacios, crisis, desorientación, afecciones) y sus peculiaridades a nivel individual y familiar.

Se abren así puntuales retos analíticos para exploraciones posteriores; primero, enfocar la reflexión desde la construcción socio-cultural del joven indígena migrante (hombre o mujer). Segundo, estudiar de qué manera el joven migrante utiliza en forma consciente o inconsciente los recursos que tiene a la mano como son los vínculos fraternales, filiales, amicales, religiosos y de paisano. Y tercero, abordar la negociación cultural (Simich, Maiter y Ochocka, 2009) de los migrantes como una forma de vivir entre dos o más culturas y responder de manera positiva frente a los desafíos de lo nuevo, lo ajeno y lo desconocido.

 

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Notas

*** Se autoriza la copia, distribución y comunicación pública de la obra, reconociendo la autoría, sin fines comerciales y sin autorización para alterar, transformar o generar una obra derivada. Bajo licencia creative commons 2.5 México http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/mx/

1 Las autoras fueron codirectoras del proyecto junto con la psicóloga, Yvette Flores de la Universidad Davis, California. En dicho proyecto también participaron: Elizabeth Bellon (Universidad Autónoma de la Ciudad de México), Rosario Blas (Family Service, Pomona, CA) y Marcos Chi (Dzan, Yucatán). El Programa de Investigación sobre Migración y Salud (PIMSA), financió la pesquisa

2 Durante la Guerra de Castas, el gobierno yucateco en alianza con la Federación, ofreció la hidalguía a los mayas del norte de Yucatán que se unieran al Ejército federal para acabar con los rebeldes mayas, sus hermanos. A partir de este momento, los indígenas se llamaron mestizos para distinguirlos de los blancos dominantes y de las clases sociales que se encontraban en posición económica, política y social superior a los indígenas. La voz de indígena o indio comenzó a caer en desuso mientras que la de mestizo se hizo más popular.

3 Las agencias estatales de atención a migrantes, INDEMAYA en el caso del estado de Yucatán, contactan a los líderes naturales de la comunidad inmigrante para formar organizaciones y reorientar las remesas colectivas hacia el programa 3x1, con la intención de llevar a la práctica algún proyecto con recursos de migrantes y de los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal). Aunque los objetivos del 3x1, son supuestamente beneficiar a la población residente en el lugar de origen, el factor político y la magnificación de la imagen del partido en el poder, resultan ser los factores determinantes del programa (ver Solís, 2008).

4 Véase el apartado "La decisión de partir".

5 Informe sobre Desarrollo Humano de los pueblos indígenas de México, 2006. Consulta en página electrónica www.cdi.gob.mx

6 Actualmente, los precios pagados al coyote varían, oscilan entre los 45 o 50 mil pesos mexicanos (cuatro mil dólares por persona).

7 Rodríguez, 2005; Velasco, 2005, entre otros autores.

8 "... término utilizado para referirse a los empleados del Gobierno de los Estados Unidos que son responsables de la aplicación de (las leyes de) inmigración y las patrullas fronterizas. Organismos tales como los Estados Unidos de Inmigración y Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza son mencionados como La Migra. El término no se limita a solicitar a la policía en la frontera, también es usado para referirse a los funcionarios de inmigración que hacen las inspecciones de las empresas en el marco de la búsqueda de inmigrantes ilegales". http://www.patofa.com/spanish/2733/191que-es-la-migra (N.E).

9 Problemática por demás importante pero no se aborda en este trabajo. Año 5, núm. 10, marzo 2011.

10 La presencia de las mujeres en el proceso de migración ha sido documentada hasta fechas recientes según mencionan autoras como Poggio y Woo (2000).

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