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Cultura y representaciones sociales

versión On-line ISSN 2007-8110

Cultura representaciones soc vol.1 no.1 Ciudad de México sep. 2006

 

Artículos

 

Ejidos urbanizados de Cuernavaca

 

Víctor Hugo Sánchez Reséndiz

 

* Sociólogo y profesor de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, autor del libro De rebeldes fe, México: INERM y La Rana Sabia.

 

Resumen

Se presenta un diagnostico de la situación actual de los ejidos del municipio de Cuernavaca, Morelos —la tierra donde nació Emiliano Zapata— en un contexto donde el proyecto de modernización capitalista neoliberal amenaza, una vez más, con dejar de lado los intereses locales de las poblaciones nativas.

Palabras clave: Historia contemporánea de Cuernavaca, Morelos; ejidos urbanos; libramiento poniente de Cuernavaca; daño ecológico en Morelos.

 

En la canícula, las lomas están resecas, no sopla ni una brisa que refresque o que, por lo menos, agite levemente las hojas de los cazahuates.

En la reverberación del sol, la vista se entrampa y las lomas parecen una enorme llanura.

— ¡Que va! Ese amate de allá parece cerca, pero hay que bajar una barranca muy honda y volver a subir.

— ¿Por allá va a pasar el libramiento?

— Ajá.

El hombre miraba la lontananza y sus ojos eran sombreados por un viejo sombrero. El día anterior, orgulloso, nos había platicado de su abuelo Zapatista. Y sus recuerdos, hechos de retazos de nostalgia, nos llevaron a ver con los ojos de su abuelo, cómo recibieron las tierras que habían pertenecido a la hacienda de Temixco, barbecharon la tierra y hacían fiesta cuando limpiaban los apantles, y cómo, poco a poco, se habían vendido las parcelas de riego.

Ahora estábamos en la loma donde se levantan pequeños remolinos de una tierra reseca, observando a Cuernavaca emergiendo entre cañadas, subiendo entre cerros, extendiéndose poco a poco hasta ocupar toda la tierra que se puede abarcar con la mirada.

— ¿Y va a vender?

No contestó de inmediato, siguió observando los cerros, grises de tan lejos que están, cubiertos por la luz apagada del sol de mediodía, quizá recordando la vieja foto de su abuelo con calzón de manta, huaraches y sombrero.

— Hay muchos gastos...

No, continuó su explicación, como avergonzándose de sus palabras.

— ¿Y su abuelo, su ideal? ¿Y Zapata al que él admiraba?

— Emiliano Zapata murió hace muchos años.

 

Introducción1

Es un lugar común considerar que la ciudad de Cuernavaca crece desordenadamente, sin ningún plan. Esto no es así. El crecimiento urbano se ha realizado en función de los intereses económicos de un pequeño grupo de empresarios y políticos, afincados en Morelos o en cualquier parte de México y el mundo. Siempre a costa de los ejidos de los pueblos y barrios enclavados en el municipio de Cuernavaca.

Para entender el proceso de crecimiento urbano de Cuernavaca sobre los ejidos es necesario repasar un poco la historia. En el estado de Morelos se realizó la más radical de las revoluciones sociales. Su logro fue la desaparición del sistema de haciendas y el fortalecimiento de los pueblos como espacios sociales y productivos. Sin embargo, el gobierno federal y los grandes poderes económicos, instrumentaron un manejo del territorio y de los recursos contrario a los intereses de los pueblos. Por principio no se cumplió la demanda Zapatista de restitución de las tierras de los pueblos, las cuales, en algunas ocasiones, se poseían desde antes de la Conquista y colonización española. Por el contrario se dotó a los pueblos de ejidos, donde el dueño original de la tierra es la "Nación", representada por diferentes instituciones de gobierno y sus prohombres, como gustaban ser llamados. A pesar de lo anterior, en la mentalidad de los campesinos, este ejido dotado, no se diferenciaba de sus tierras ancestrales. En dichas tierras ejidales, se reprodujo la tradición, según la cual las parcelas son individuales pero sometidas a obligaciones comunitarias. A pesar de la derrota militar y política de los ejércitos campesinos, la inmensa mayoría de los terrenos de las haciendas en Morelos fueron repartidos entre los pueblos.

Pero esta transformación radical del régimen de propiedad y de distribución del poder, no fue del agrado de los ganadores de la Revolución: el grupo ligado a Álvaro Obregón, afincado en la ciudad de México, siempre pensó en un desarrollo capitalista del campo, sustentado en empresas que impulsaran la productividad y los cultivos de exportación. En la mente de este grupo nunca se contempló la autosuficiencia y el desarrollo de una economía campesina.

De esta forma se impulsaron desarrollos turísticos, despojando de tierras y aguas a las comunidades, como en el caso de Tequesquitengo, en que se despojó a Tehuixtla, Xoxocotla, Tequesquitengo y Vistahermosa de tierras y aguas. Cuernavaca, por lo benigno de su clima, fue asiento de las élites, por lo que existió una presión inmobiliaria sobre las tierras de los pueblos y barrios, ya fuera con compras de común acuerdo (pero irregulares) o mediante despojos, como en el caso de Ahuatepec. También el despojo se dio a través del engaño, como les sucedió a los ejidatarios de Acapantzingo, a los que les permutaron La Loma del Águila por "unos terrenos en San Luis Potosí", nunca vistos, nunca usados. La resistencia a este proceso de transformación del territorio y del control de los recursos se dio de múltiples formas, ya fuera la resistencia política —como el masivo apoyo a Rubén Jaramillo, como bien lo recuerdan los de Acapantzingo—; ya fuera retomando las tierras de las que habían sido despojados —como en el caso de la "toma" de tierras encabezada por Enedino Montiel, en lo que posteriormente sería la colonia Antonio Barona—. En ocasiones, el resultado de estas luchas sociales fue trágico, como los crueles asesinatos de Rubén Jaramillo y Enedino Montiel.

El libramiento que circundó a Cuernavaca (de Chamilpa a Chipitlán) y construido a principios de los años sesenta, fue otro factor que generó el crecimiento desordenado de la ciudad, siempre en beneficio del capital. Por ejemplo, a los ejidatarios de Chapultepec no se les pago una indemnización por sus terrenos expropiados para la carretera y ante el temor de ser nuevamente despojados, lotificaron y urbanizaron las tierras adyacentes a la autopista (la actual colonia Satélite). Pero también el libramiento mostró la complicidad entre poder político y económico, en ocasiones, gracias a la información privilegiada: la nueva vía pasó justo a un costado del fraccionamiento Tabachines, cuyos terrenos habían sido adquiridos algunos años antes.

Sin embargo, lo que vendrá a cambiar radicalmente el paisaje será la construcción de la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (CIVAC), instalada en el vecino municipio de Jiutepec. La zona industrial atrajo a miles de migrantes pobres de los estados vecinos —principalmente Guerrero—, que buscaban un lugar donde vivir e inauguró una época de constantes invasiones y ocupaciones ilegales de terrenos ejidales y comunales de los pueblos del valle de Cuernavaca. Pero también las necesidades de vivienda de los sectores medios y altos, que vinieron a trabajar a la industria, creó un creciente mercado inmobiliario que presionó sobre las tierras agrícolas.

Otro factor importante en el retroceso de los espacios agrícolas fue la contaminación de las aguas. Ello se debió principalmente a dos factores: a) por un lado el aumento de la población asentada en la ciudad, sin que a ello correspondiera una modernización de la infraestructura urbana, lo que generó que las casas habitacionales descargaran sus residuos en barrancas, ríos y apantles, y b) la contaminación de la industria misma —principalmente la química-farmacéutica y la metalmecánica— que descargaron sus residuos altamente contaminantes en los cursos de agua. Adicionalmente la contaminación atmosférica —de

 

El valle de Cuernavaca, un espacio de vida

La región de Cuernavaca comienza al pie de la serranía del Ajusco Chichináutzin, entre bosques de pino y encino. Estas altas montañas, al bajar hacia el sur, se convierten en suaves lomeríos y llegan a pequeñas planicies: aquí la vegetación se ha convertido en selva baja caducifolia. Todo este terreno es cortado por profundas barrancas donde corren algunos ríos permanentes y aguas broncas que bajan en las épocas de temporal. En estas barrancas encontramos agrupamientos de ahuehuetes y un importante microclima para la región, ya que los vientos fríos de las montañas se desplazan por ellas en las noches y los vientos cálidos sureños, por el día. En el valle encontramos tierras llanas, cortadas por suaves lomeríos y cursos de agua.

Las partes altas son excelentes tierras porosas que retienen el agua, y gracias a la existencia de los bosques, provocan que en la región haya abundantes nacimientos de agua. El agua que fluye, brota principalmente en las partes planas. Uno de esos manantiales, el de Chapultepec, da nacimiento al río Apatlaco, que irriga las tierras bajas y permitió, durante muchos siglos, un cultivo intensivo, primero de algodón y —con la llegada de los españoles—, caña de azúcar, arroz y hortalizas.

 

La economía de los campesinos en los ejidos de Cuernavaca

Por lo anterior, en el valle de Cuernavaca, ancestralmente se asentó una población que aprovechó de manera integral los recursos naturales disponibles: la fértil tierra, la abundancia de agua y el benigno clima. Esto permitió la existencia de una rica tradición agrícola donde se sembraban productos como maíz y frijol.

Esta misma riqueza y abundancia de agua impulsó a las haciendas azucareras a instalarse en la región. Su necesidad de tener más tierras para plantar los cogollos de la caña y para agostadero donde pastara su ganado, los impulsó a apropiarse de las tierras de los pueblos circundantes. Por otra parte, el combustible usado por los ingenios azucareros era la madera, por lo que buscaron apropiarse de los bosques que se encontraban en las tierras altas. También necesitaron tener el control de las fuentes de agua, usada tanto como fuerza motriz, como en los diversos procesos productivos de elaboración de la caña, por lo que se expandieron sobre un amplio territorio. Las más importantes haciendas en torno a Cuernavaca fueron las de Atlacomulco y Temixco.

Por lo anterior, los conflictos entre pueblos y haciendas eran permanentes y cuando Emiliano Zapata se levantó en armas, los pueblos se le unieron. Relevancia tuvo el general Genovevo de la O de Santa María Ahuacatitlán.

Si bien los Zapatistas fueron derrotados militarmente, el nuevo régimen posrevolucionario tuvo que hacer una reforma agraria parcial, ya que se le dio la tierra a los campesinos, pero no la libertad política. A pesar de ello, durante algunos años hubo un renacimiento de la economía campesina.

 

Al concluir la revolución armada, se realizó la reforma agraria. Se reconocieron como tierras comunales los territorios que no habían sido absorbidos por las haciendas y se realizó su reparto. Con tierras de Temixco se dotó de ejido a los pueblos de El Salto de San Antón, Santa María, Tétela del Monte y una pequeña porción fue para Acapantzingo; solamente este último pueblo tuvo acceso a tierras de riego de Temixco. En tierras que habían pertenecido a Temixco, se erigió el nuevo centro de población de Chipitlán (con riego) y se repobló Buenavista. Con las tierras de Atlacomulco se dotó a Chapultepec y Acapantzingo, principalmente con tierras de riego.

Con la reforma agraria, los pueblos recuperaron sus tierras y hubo un auténtico renacimiento de los mismos. Esto permitía una autosuficiencia alimentaria de la familia. Los excedentes de las huertas y la producción comercial de las tierras de labor, se comerciaban en los mercados cercanos. Este acceso al mercado le permitía a los habitantes de los pueblos obtener los recursos monetarios necesarios para acceder a ciertos bienes, como ropa, útiles escolares o de labranza y alimentos no producidos familiarmente. Esta relativa autosuficiencia, sumada a los recuerdos de la gesta Zapatista y la rica tradición cultural de la región, le daba a los pueblerinos una identidad positiva, la vida "campesina" era altamente valorada.

Por ejemplo, sí los habitantes de los pueblos cercanos a Cuernavaca comparaban sus grandes y sombreados solares, con las vecindades de la ciudad, lugar de vivienda de los pobres urbanos, la comparación era favorable a los pueblerinos. Aun se podían comparar con la clase media, siempre en apuros, manirrota y presuntuosa. La comparación era más favorable sí se contrasta el hábitat de las dos zonas, rural y urbana, donde en los pueblos —cruzados por apantles y donde existía una densa red social de intercambio y apoyo mutuo— salían fortalecidos comparándolos con las ciudades, decadentes y donde las "buenas costumbres" se perdían.

Lo anterior aparece expresado en un corrido escrito por Leopoldo Valle (1900-1961), que vivió en todo el periodo "campesino" de Morelos, es decir cuando los pueblos, gracias a la dotación ejidal y la política agraria cardenista, vivían una relativa prosperidad. En esta época la gesta heroica del zapatismo se encontraba fresca en la memoria y era recordada de manera altamente positiva:

Ya me retacho me voy pal' rancho2

Ya me retacho, me voy pa'l rancho
no he de ponerme nunca el balón
mejor huarache con calzón blanco
no he de ser roto, de pretensión.

Sombrero ancho puro Morelos
gabán al hombro blanco "gazné"
morral colgado con mi cañero
que aquí es la tierra donde me crié.

Y al cinto un cuete
treinta y dos veinte
con carrillera hasta reventar
y juega el gallo que contra el rico
no como quiera me he de rajar.

Aquí los rotos bufan y gritan
vomitan lumbre y apagan el sol
pero si salen al sol se agüitan
les pica el mosco sienten calor.

Sí son las "rotas" ven a un fuereño
lo creen mendigo, dicen pos no hay
muy agringadas fuman "casinos"
cruzan la pierna y dicen good bye.

Por eso yo ya estoy fastidiado
prefiero el rancho que estar aquí
y aunque yo nunca sea diputado
voy pa'mi tierra donde nací.

En este corrido se expresan de manera condensada los valores de los pueblerinos de Morelos, y los pertenecientes al municipio de Cuernavaca, de la época posrevolucionaria, donde se mezclaban con un culto a las armas, producto de la larga guerra. La Revolución le dotó a los habitantes de los pueblos una conciencia social que expresaba una clara diferenciación social con los ricos y los citadinos —"los rotos"— llegando a la confrontación. También existía una valorización del territorio —"puro Morelos"— y de la cultura campesina frente a la urbana, la de "los rotos".

Es de este periodo de auge de la cultura campesina de donde se nutre la nostalgia de un tiempo pasado mejor, narrado por los viejos ejidatarios. Ellos, con gran emoción y con un dejo de tristeza, recuerdan la riqueza y frescura de las huertas, y cómo iban caminando o en burro a Cuernavaca, donde comerciaban el producto de sus huertas, en el viejo mercado de la calle Guerrero. En aquella época, en Chapultepec y Acapantzingo, se sembraba caña de azúcar y arroz; los de Santa María, Tétela y Buenavista comerciaban con madera o fabricaban carbón. Esa época es recordada con nostalgia.

Así aparece en los testimonios de los habitantes de los antiguos pueblos, como el del señor Alberto Gómez3 que nos contó:

... todavía hace 25-30 años Acapantzingo era un pueblo con muchos árboles frutales como el guayabo, ciruelo, árbol de granada, zapote, mango, durazno, guanábana.

El señor Antonio Bello4 nos dijo sobre San Antón que

... era considerado el lugar de los guayaberas, ya que habían bastantes huertas de guayabas y era uno de los sostenimiento económicos de la mayoría de los nativos. En la temporada de corte de la guayaba venían bastantes camiones a comprarla y era un ingreso que se tenía.

En Chapultepec, don Félix Peña platica que

... en la huertas se encontraban ciruelas, zapote, membrillos, lima, durazno, café, zapote negro y blanco, cuajinicuiles, mangos.5

Herculano Montes del mismo Chapultepec, ante la exuberancia de las huertas nos dijo con una sonrisa

Antes no se sufría como ahora, si quería uno llegaba a la casa y agarraba una fruta para comer.6

El sostenimiento de esta riqueza agrícola se daba por el acceso a la tierra y al agua. El riego se realizaba por medio de canales a cielo abierto, los llamados apantles. Había dos sistemas de riego, uno que regaba las huertas y otro, los campos. Don Alberto Gómez nos comentaba que en Acapantzingo,

... el agua corría por apantles por las calles, por cada casa pasaba un apantle en el cual la gente se podía bañar y aun beber, ya que era pura y porque en esa época no había agua potable entubada.

En el caso de Chapultepec se tenía mucha agua, como relata Herculano Montes, y el líquido

... llegaba de El Túnel, salía de allí, pasaba por Amatitlán, por las actuales calles de Jacarandas y Potrero Verde. Teníamos el riego medido, a Chapultepec le tocaba su agua rodante.

En el caso de las tierras altas se tenía —como en Tétela— un riego limitado a las huertas que permitía la cosecha de café en abundancia y frutos de clima templado frío —como guayabos, duraznos y cuajinucuries, entre otros—. En Buenavista del Monte, si bien no se tenía acceso al riego, lo benigno del clima permitía florecer las huertas, incluyendo diversas plantas medicinales como el llamado actualmente "vaporu" útil para descongestionar las vías respiratorias.

 

La dinámica de la economía campesina en los ejidos de Cuernavaca

La economía campesina implica el manejo, a lo largo del año o ciclo agrícola, de diferentes momentos, de acuerdo al tipo de tierra que se tiene: sea de riego o temporal; así se expresa Santos Toledo de Chipitlán:

Me platicaba mi abuelo que sembraba de riego allá en el Polvorín y cuando ya era el temporal se venía a sembrar acá [a la Loma del Carril].

Además el sistema campesino de producción incluía la recolección de diversos productos que crecían "espontáneamente" asociados a la milpa, como verdolagas, quelites y quintoniles.7 Dependiendo del acceso a los recursos, se recurría a otras formas de recolección, como recuerda Don Félix:

... por lo regular, si no teníamos qué comer, nos decían 'vamos al arenal'; allí pasaba un caño que venía del Aguazul y allí había atocolocates (ranas), con un ayate se juntaban y ya mi mamá las cocía, las asaba.

En Buenavista del Monte era importante la producción de pulque, el cual era apreciado regionalmente por su calidad, gracias a la habilidad técnica de los artesanos, pero también porque el aguamiel era recolectado de la variedad "blanca" del maguey, la cual está hoy en peligro de extinción.

Un ejemplo de la economía campesina diversificada lo encontramos en San Antón,

... muchos se dedicaban a la alfarería y muchos otros también a la agricultura, nuestro pueblo tenía ejido,8 ... mi papá se dedicaba a vender carbón, lo traía de Buenavista, Acuatenco, Mexicapa, esos pueblos. Cuando murió mi padre, mi mamá siguió vendiéndolo.9

En donde existían las condiciones, se destinaban tierras de agostadero, de uso común, a la cría de ganado, que se insertaba en una economía campesina diversificada, como en Chipitlán:

... en Loma del Carril era la parte que se usaba como tierras de temporal, en la parte oriente era la tierra usada como agostadero. Chipitlán producía mucha leche, queso, crema, carne. Tenía borregos, vacas, caballos, mulas.10

El ganado servía también como productor de abono y para el trabajo; al ser engarzados los bueyes a las yuntas también se fortalecían los lazos de solidaridad con los pueblos vecinos, mediante su préstamo durante las fiestas. De esta forma el ganado criollo —tan poco llamativo y productivo desde el punto de vista de un zootecnista—, cumplía un importante papel en la vida social y en la economía campesina.

La producción, tanto de "los campos" como "de las huertas", así como lo obtenido por la recolección y la crianza de ganado (y de ciertos productos artesanales), se comercializaba en diversos lugares, como lo refiere el señor Meneses de Chipitlán:

... el arroz llegaba a la hacienda de Temixco, allí había un asoleadero. La de caña, que se sembró en algunas ocasiones, al ingenio de Zacatepec. Los demás [productos] pues llegaba al Mercado del Reloj, así le llamaban al mercado viejo.

De esta forma, Cuernavaca era un importante punto para la comercialización de la producción campesina regional. Primero en la Plazuela del Zacate, y posteriormente, en "el Mercado del Reloj" que se encontraba ubicado, hasta principios de los años sesenta, donde hoy se encuentra la plaza Lido, es decir, entre las calles de Guerrero y Clavijero, llegando los puestos casi hasta el Palacio de Cortés. La plaza se realizaba los días lunes y jueves, y a ella acudían los pueblos circundantes a ofrecer los productos de sus huertas o a vender sus excedentes de frijol y maíz. Don Herculano recuerda:

... yo empecé a trabajar en el campo desde los 12 años. En el 45 llevaba todo eso al mercado. En el [año de mil novecientos] cincuenta yo era mayor de edad y era llevar todo lo que producía la tierra, se llevaban cajas.

En el mercado, los habitantes de los pueblos compraban los productos que cubrían sus necesidades y que ellos no producían, como ropa o tela para vestir, alimentos complementarios de su dieta, productos para el ritual cotidiano.

La relación entre producción y lugares de comercialización, permitía a los campesinos establecer estrategias económicas que fortalecieran sus espacios de reproducción social. De esta forma, lo que se llevaba a Cuernavaca era la producción de las huertas y productos, que por su ciclo corto, permitían planear su producción a fin de fortalecer la economía familiar, como lo señala el señor Peña:

Sembrábamos bastantes cosas, todo en pequeñas cantidades; lo que se sembraba en grandes cantidades era maíz, frijol y luego arroz. Todo lo vendíamos [lo de las huertas] en el mercado que estaba allá arriba, donde estaba un corralón circundado con laminas viejas. Llegaban de todos los pueblos, Ocotepec, Amatitlán, Cantarranas, Acapantzingo: todos iban a vender. Yo con mi papá, nos íbamos a juntar calabaza, donde ahora esta la Satélite, además juntábamos mucha calabaza, calabacita. Teníamos una burrita y un caballo y eso llevábamos. No había otro lugar para vender. Luego vendíamos, luego no vendíamos. Ya a la una o dos de la tarde la gente empezaba el cambalache, el trueque, maíz o frijol por gorditas. Por ejemplo un ciento de ciruelas por un ciento de guayabas. Lo que sembraban le alcanzaba a una familia.

 

El fin de paraíso

Como vimos, el estado de Morelos, siempre ha sido un lugar de descanso para las élites que han gobernado el centro del país —por ejemplo Moctezuma tuvo sus baños en Oaxtepec—. Cuernavaca, con su clima excepcional, fue privilegiado por ello. Recordemos que aquí tuvo su casa el destacado minero de la Nueva España, Joseph Borda y el efímero emperador Maximiliano. En el periodo posrevolucionario instalaron sus casas aquí los generales victoriosos como Plutarco Elias Calles, Álvaro Obregón, Francisco Serrano y Arnulfo Gómez, entre otros. Tras ellos llegó la naciente burguesía enriquecida por los contratos gubernamentales. Todos demandaban recursos, agua y lugares de diversión. Se construyó un Club de Golf y fraccionamientos a su alrededor.

Los ejidos empezaron a resentir el impacto de una creciente urbanización; un claro ejemplo fue el fraccionamiento Tabachines que impactó al ejido de Acapantzingo. También las huertas en los antiguos pueblos fueron adquiridas por "los fuereños", mientras los pueblerinos originarios se desplazaron a zonas ejidales de cultivo, transformándolas en zonas habitacionales.

La modernidad que se impulsa a partir del régimen alemanista marcará una nueva forma de crecimiento en Cuernavaca. La construcción de la autopistas a principios de la década de los cincuenta, acercó a las ciudades de México y Cuernavaca así como al nuevo centro vacacional de moda: Acapulco. Aparejado a lo anterior, con la difusión de la cultura del automóvil, la clase media se volcó hacia Morelos y Cuernavaca... aunque fuera de paso. Posteriormente la construcción y modernización de balnearios en los años sesenta (Oaxtepec, Aguahedionda, Palo Bolero) junto con la masificación del transporte de autobuses, atrajo un turismo popular.

Este crecimiento urbano, este proceso de metropolitización, provocó que los intereses locales de la élite, se emparejaran con los proyectos federales. De esta forma, la especulación inmobiliaria asentó sus raíces, en concordancia con los proyectos de industrialización del Estado, como producto de la descentralización de la ciudad de México.

Como parte de un ambicioso proyecto federal se constuyó el libramiento oriente de Cuernavaca (hoy parte de la autopista a Acapulco que bordea la ciudad). Su paso se trazó sobre las tierras ejidales de Chamilpa, Ocotepec, Ahuatepec, Chapultepec y Acapantzingo, y afectó parcelas productivas. Este fue un ejemplo más del uso privilegiado de la información por parte de las élites, ya que la nueva vía bordeó, a un costado de la zona residencial de Tabachines. A partir de la construcción de este libramiento se generaría la urbanización del oriente del ejido de Chapultepec, en la actual colonia Satélite.

Simultáneamente, se construía el actual mercado Adolfo López Mateos. Para su construcción se realizó un despojo a la familia Salinas, que era poseedora de los ranchos Colorado y Bassoco, y que por su cercanía a la ciudad de Cuernavaca, planeaba realizar una urbanización aprovechando la belleza natural del terreno (barranquillas, ríos, apantles, y hasta un lago), de una manera ordenada. El despojo se realizó con elementos del ejército nacional y el pago se realizó, años después, a un bajo precio. El diseño y construcción del Centro Comercial Adolfo López Mateos fue obra de Mario Pañi, arquitecto oficioso del régimen priísta y su construcción la realizaron empresas constructoras vinculadas a él. El gobernador era Norberto López Avelar y el presidente municipal Valentín López González.

Para obligar a los comerciantes a trasladarse al nuevo Centro Comercial, se destruyó el mercado antiguo, edificación de gran belleza. De esta forma, pobladores de una amplia zona recibieron un impacto urbano negativo, ya que los propietarios privados, aledaños al mercado, tuvieron que vender a precio de remate sus propiedades. Los apantles y ríos que llegaban a la barranca de Amanalco, pasando por Gualupita, fueron cegados. El pulmón verde de Cuernavaca, el llamado bosque de Amanalco, fue talado. Se abrió la actual Avenida Plan de Ayala para comunicar el mercado con la carretera a Cuautla y el libramiento, entrando al mercado inmobiliario una amplio territorio hasta entonces dedicado a la producción agrícola. Se creó la colonia Jardines de Cuernavaca en terrenos de Chapultepec, los apantles que salían del parque Melchor Ocampo fueron convertidos en drenajes y se echó pavimento sobre ellos. Con el libramiento y el mercado se abría la zona poniente de Cuernavaca a la especulación urbana. En este caso vemos cómo los intereses locales, de políticos y de empresarios de bienes raíces, convergieron con los de algunos funcionarios federales.

La posterior construcción de CIVAC (Ciudad Industrial Valle de Cuernavaca, en el municipio de Jiutepec) desencadenó un aceleramiento explosivo y descontrolado del proceso de urbanización de Cuernavaca ya que atrajo una gran emigración que se avecindó en toda la región. Los obreros de la construcción se asentaron inicialmente en las vecindades del Centro de la ciudad, sobrepoblándolas y constituyéndose posteriormente en un factor de ocupación, legal o ilegal, de espacios como las colonias Antonio Barona, Rubén Jaramillo, Lagunilla, etc. Los altos directivos buscaron vivir en las nuevas zonas residenciales de Cuernavaca (Jardines de Cuernavaca, Tabachines y se fomentará el crecimiento de Vista Hermosa); los obreros, por su parte, se ubicaron en las crecientes unidades habitaciones y colonias populares. La industrialización atrajo más población de la que podía obtener un empleo formal. Esta población migrante se asentó en terrenos ejidales o comunales, creando constantes conflictos sociales.

Este crecimiento continuo de la ciudad se reflejó en el aumento de la población del municipio y los pueblos de Chapultepec y Chipitlán fueron engullidos en la mancha urbana.

 

Cambios en los estilos de vida

La creciente monetarización de la vida campesina, el impacto de los medios de comunicación pero sobre todo los cambios en la expectativa de vida (consumo, trabajo, estudios, etc.) impulsaron un proceso de modificación de la formas de vida de los pueblerinos. Aunado a ello el intercambio desigual entre los productos de la ciudad y campo —y la descapitalización que sufrió este último—, provocaron un creciente empobrecimiento y un radical cambio negativo en las condiciones de vida de los pueblos.

La comparación entre pobres de la ciudad y pobres del campo fue cada vez menos favorable para los segundos; la distancia entre clases medias y campesinos se volvió un abismo. La identidad de los pobladores locales se fue deteriorando en la medida en que se perdía autosuficiencia alimentaria y económica, y se veían forzados a recurrir cada vez más a los trabajos asalariados, mal remunerados y poco valorados (albañiles, choferes, etc.) La distancia subjetiva con sus hijos se ahondó, ya que éstos buscaron "mejorar" su estilo de vida, ante la desvalorización del mundo cultural campesino.

Un mecanismo para obtener recursos monetarios lo fue el desprendimiento de la tierra, primeramente en forma de renta y más tarde mediante su venta, lo que le permitió al campesino tener recursos inmediatos para reorientar la economía familiar y hacer frente a las dificultades económicas.

De esta forma las modificaciones al artículo 27 tan sólo vinieron a romper los diques legales que impedían la venta de la tierra y, quizá más importante, a romper, debilitar o hasta a desaparecer a esa comunidad imaginaria que era el ejido. La venta de la tierra, mediante diversas argucias "legales" siempre se había realizado, pero existía aún el dique imaginario de la Asamblea Ejidal, como estructura de poder y sanción social.

 

La región poniente de Cuernavaca y el libramiento

La construcción del libramiento poniente de Cuernavaca prevé el paso por una amplia zona que algunas personas nombran solamente como "la Zona de Barrancas" y que, para la mayoría de la gente de la ciudad, es una zona desconocida.

El libramiento planea pasar por zonas de bosque de pino y encino, por selva baja, pastizales inducidos, zonas de cultivo de temporal y algunas porciones regadas por pozos artesianos. En la zona de las lomas, existen zonas arqueológicas inexploradas: los ejidatarios mencionan la existencia de una gran cantidad de "mogotes", posibles basamentos prehispánicos.

El bosque de pino y encino, localizado en el municipio de Cuernavaca, se encuentra en tierras bajo el régimen comunal y ejidal de Santa María Ahuacatitlán, Buenavista del Monte y Tétela del Monte. Estos bosques se localizan entre los valles morelenses, el valle de Toluca y la antigua cuenca de México, espacios densamente poblados desde la época prehispánica. Por las veredas del bosque siempre han transitado comerciantes, agricultores, guerreros y sobre todo peregrinos. En el extremo poniente de este bosque se localiza uno de los principales santuarios del país: el de Chalma. Los peregrinos de los Altos de Morelos y de la región poblana-tlaxcalteca, han atravesado continuamente estos bosques, por lo cual se encuentran cruzados de veredas y rodeados de misteriosas leyendas.

La tenencia de la tierra en la región poniente es compleja. A partir de la reforma agraria se crearon dos nuevos centros de población con solicitantes de tierras. Uno de ellos se asentó en al antiguo rancho de Buenavista, constituyendo el poblado del mismo nombre; al sur se fundó Chipitlán; a los dos nuevos asentamientos se les dotó de ejido en las antiguas tierras de temporal de la hacienda; a Chipitlán se le dotó —en los años treinta— de agua para sus huertas y de las tierras en donde actualmente de asienta la colonia Lázaro Cárdenas. A Tétela y Santa María se les reconoció como tierras comunales la parte norte de su territorio, donde se encontraba una mayor densidad boscosa. Aquellas regiones que habían pertenecido a la hacienda les fueron entregadas como ejido. Se le dotaron siete lomas al Salto de San Antón, que debido a su vocación alfarera y la riqueza de sus huertas, poco cultivaron. A pesar de ello, en los años cuarenta hicieron una solicitud de ampliación para que se les otorgara tierras temporaleras.

Las lomas de Chipitlán, tierras temporaleras, antiguamente aprovechadas simplemente como agostadero o para siembra de maíz y frijol, se han convertido en el único espacio donde se preservan las labores agropecuarias de los ejidatarios de Chipitlán.

Tanto en El Salto como en Chipitlán se siembra sorgo, siendo éste el cultivo principal, debido a que es un producto que se encuentra inserto en el circuito comercial y es utilizado como forraje para el ganado. También se siembran pequeñas parcelas de maíz, frijol y algunas hortalizas. En algunas parcelas se han perforado pozos, lo que ha permitido introducir cultivos comerciales de alta rentabilidad, como las hortalizas exóticas de exportación. Sin embargo, por no existir una decisiva política de apoyo hacia los productores mexicanos de parte de los gobiernos estatal y federal —como cuando Estados Unidos aseguró sus fronteras, dificultando el paso de los productos agropecuarios—, cesó la exportación de las hortalizas exóticas producidas en Chipitlán.

En las lomas, desde Buenavista a Santa María y hasta el Salto, se están fabricando aguajes recubiertos de plástico que retendrán el agua de las fuertes precipitaciones pluviales de veranos y otoño, lo que permitirá tener agua e impulsar siembras comerciales, como ya se está realizando en Buenavista con el aguacate Hass.

 

Las barrancas y el crecimiento urbano

Un factor que se debe considerar en la urbanización de las barrancas, es la presencia creciente de población. De norte a sur, de Cuernavaca al Estado de México, se encuentran desperdigados núcleos nuevos de población: son de tamaño variable y con intereses diversos.

Estas poblaciones se afianzan y crean sus propios e incipientes espacios de sociabilidad, como sucede en el levantamiento de diversos altares en la zona y de, al menos, dos capillas (una dedicada a la Santa Cruz en el ejido de Chipitlán y otra en honor de San Isidro Labrador en la loma del Carril de Santa María). En ambos casos se organizan fiestas, el tres y 15 de mayo respectivamente.

La población asentada en las lomas es diversa. Encontramos ejidatarios que viven de manera permanente en la zona, buscando un enclave nostálgico y reproduciendo un pasado contado, recordado y mitificado. Otros son ejidatarios o personas que han rentado pequeños ranchos como propiedad privada; en este caso sus ocupantes viven inmersos en la ciudad y mantienen sus posesiones en el campo para no perder contacto con la naturaleza o desarrollar proyectos productivos; o tienen en mente perspectivas inmobiliarias, o simplemente buscan tener un espacio para el descanso de fin de semana. En algunos casos se puede observar la invención de un discurso medioambientalista, mezclado con el agrario. También podemos encontrar trabajadores agrícolas a los que se les ha prestado un lote para vivir cerca de su lugar de trabajo, algo común en el mundo agrario morelense.

Estos tres sectores tienen como objetivo primario el conservar en mayor o menor medida el status quo; su interés es preservar el campo, ya sea por nostalgia o un frío calculo financiero. Su población, al estar ligada al campo, no crece espectacularmente.

Pero existen otros sectores que se han instalado en las lomas poniente de Cuernavaca. Son los asentamientos que debemos considerar propiamente urbanos, ya que los ocupantes buscan asentarse en la ciudad, pero debido a sus bajos recursos económicos se deben trasladar a lugares donde el precio de la tierra es más bajo. Estos asentamientos que tienen a la ciudad como referente son, ya sean de carácter ilegal11 o producto de ventas realizadas con la aceptación de los ejidatarios (es difícil hablar de legalidad). Estos asentamientos se encuentran aislados, es decir no forman un continuum con la ciudad.

Encontramos un gran número la zona; también existen concentraciones mayores, como el caso de la colonia Santa Úrsula. Las ventas de tierra se han realizado, ya sea como un seguro de vejez o porque el ejidatario es anciano y sus hijos no quieren trabajar la tierra. También pueden darse como una forma de obtener un ingreso extra para resolver un compromiso o problema inmediato, buscando preservar la mayoría de la parcela.

De cualquier forma, se crean sinergias que refuerzan la urbanización de la zona. Ello se debe a que los asentamientos más cercanos a la zona urbana, como la colonia 28 de enero, crecen rápidamente y se unen a la conurbación, algo que no ha sucedido en la actualidad con la Santa Úrsula, pero bastará que se construya un puente para que llegue allí el transporte público y se fomente el crecimiento. El puente es necesario para unir caminos de "saca" —es decir para trasladarse a las parcelas—, ya que en la loma hay una creciente producción que requiere salida. Además se aprovecharía para construir una barrera sobre la barranca, que permitiría que las aguas de lluvia fueran atrapadas y aprovechadas para el riego pero, como hemos dicho, el puente también permitiría que Santa Úrsula crezca.

Por otra parte, el sector marginal urbano, al no sentirse vinculado a la dinámica agrícola de la zona y no mantener relaciones sociales sólidas con la población nativa, es un factor más de inestabilidad. Ello se debe a que los emigrados roban las cosechas, asaltan a los ejidatarios y arrojan basura en las parcelas. Existe un factor de la invasión urbana no considerado, la existencia de jaurías de perros callejeros, provenientes de la cercana ciudad y que se han "asilvestrado", atacando al ganado y en ocasiones a las personas. Todos estos factores inciden en la inseguridad de los ejidatarios y aumentan las dificultades para seguir sembrando.

Estos crecientes núcleos urbanos son una presión constante sobre la vida agrícola, son un factor complementario a los factores estructurales (políticas públicas, tipo de desarrollo económico, formas de organización social, representación política, etc.) que presionan e incrementan la urbanización de las tierras ejidales.

De esta forma con libramiento o sin libramiento, existen múltiples intereses que buscan integrar al mercado inmobiliario las tierras de la barranca poniente; lo mismo una empresa canadiense que busca comprar todo el ejido de Chipitlán, que el Comisario Ejidal que seduce, amenaza, emborracha, se alia o se asocia con sus compañeros ejidatarios, hasta lograr que el 90% esté de acuerdo con la venta —pero eso sí ¡sin que quede un sólo ejidatario en la tierra! ya que los empresarios canadienses quieren tierras "limpias" de campesinos—.

Debemos considerar que el libramiento poniente no se plantea construir únicamente en el municipio de Cuernavaca ni en una zona aislada, sino que atravesará los municipios de Temixco y Xochitepec (los dos gobernados durante dos trienios por el Partido Acción Nacional, PAN). Estos municipios tienen una alta tasa de crecimiento poblacional —provocado principalmente por la inmigración—, teniendo Xochitepec durante el decenio de 1990 una tasa de crecimiento del 5.42 por ciento, aunado al crecimiento de los últimos tres años, como el conglomerado de casas de interés social construido junto al estadio Mariano Matamoros y junto al río Apatlaco, lo mismo que al oriente de la autopista, tanto en Temixco, como en Xochitepec. Papel importante lo jugará en el detonante del crecimiento urbano la construcción del nuevo campus del Tecnológico de Monterrey en Xochitepec; mismo papel lo juega la construcción de un "centro de convenciones" y edificios de oficinas por parte del gobierno estatal en medio de áreas de cultivo, pero a la vera de la autopista Cuernvaca—Acapulco. Todo esto lo prevé el estudio de impacto ambiental que recibió la SCT:

... de continuar el patrón actual de crecimiento demográfico, se tendría que la fuerza centrípeta en torno a un radio que abarcaría a toda la región (CAXCAN, 2004: 56).

De esta forma —sin un espíritu nostálgico por una vida rural, siempre mitificada, (tampoco nos anima la xenofobia o el miedo a la metropolitización)—, la pregunta sería ¿cómo se piensan garantizar los niveles de vida de los futuros metropolitanos que vivirán en la zona de las lomas y barrancas del poniente de la ciudad? Sí en aras de la "modernidad" neoliberal y en rechazo al "populismo" ha desaparecido toda política social, ¿cómo se piensa desarrollar una sociedad justa y equitativa sí los primeros que recibirán el impacto de la carretera, los ejidatarios, no son invitados de manera prioritaria al banquete? A lo sumo, son invitados a vender sus tierras, y con ellas, su historia y su dignidad socavada. Por otra parte ¿cómo dotar de servicios y una vida digna a esa inmensa población que llegará?; ¿dejarlo todo al mercado? ¿O habrá riqueza para unos cuántos y precariedad para una inmensa mayoría?

¿Cómo crear en este país los empleos para esa masa de migrantes, si el crecimiento económico en los últimos años se ha basado en el petróleo, las remesas de los migrantes y la construcción de casas? La construcción de casas es un negocio posible ya que la tierra se paga a bajo precio, se pagan bajos salarios a los albañiles y los servicios públicos los pagan los ayuntamientos, además se venden a altísimos precios a los cautivos solicitantes. ¿Crecer así?

 

Fuentes consultadas

Entrevistas de historia oral

Aristaco, Raymundo (Ejido de El Salto). Entrevista realizada por Pablo Gleason y Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, 16 de julio del 2005.

Bello, Antonio (San Antón), entrevista realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, abril de 1992.

Díaz Mariaca, Esperanza (San Antón), entrevista realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, mayo de 1992.

Escorcia, Teresa (San Antón), entrevista realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, abril de 1992.

Gómez Cervantes, Alberto (Acapantzingo), entrevista realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, diciembre de 1991.

Gutiérrez Gómez, Alejandro (Tétela del Monte), entrevista realizada por Armando Villegas Contreras, Pablo Gleason González y Victor Hugo Sánchez Reséndiz, 25 de febrero del 2005.

Meneses Zaragoza, Felipe, 55 años (Chipitlán). Entrevista realizada por Victor Hugo Sánchez Reséndiz y Pablo Gleason González, sábado 26 de marzo del 2005.

Montes García, Herculano, 80 años (Chapultepec). Entrevista por Pablo Gleason, Armando Villegas y Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, 15 de marzo del 2005.

Nájera Delgado, Sacramento, 50 años, (Ejido de El Salto). Entrevista realizada por Pablo Gleason y Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, 16 de julio del 2005.

Peña, Félix (Chapultepec). Entrevista realizada por Armando Villegas, Pablo Gleason y Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, 10 de marzo del 2005.

Rivera Salgado, Antonio (Ejido de El Salto). Entrevista realizada por Pablo Gleason y Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, 16 de julio del 2005.

Toledo López, Santos, 59 años, (Chipitlán). Entrevista realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz y Pablo Gleason González, sábado 26 de marzo del 2005.

 

Bibliografía

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Notas

1 El texto presentado fue realizado como parte de un "paquete" que realizó El Colectivo Civil "La Neta" para la Regiduría de Desarrollo Agropecuario del Ayuntamiento de Cuernavaca (2003-2006). El "paquete" incluía un diagnostico sobre la situación actual de los ejidos del municipio de Cuernavaca, un video-documental y un cuadernillo de difusión. Estos dos últimos materiales se presentarían en los núcleos agrarios del municipio, a los ejidatarios, para incentivar el debate y la participación en torno a la problemática abordada. Los materiales serían publicados, en forma de libro y en un cuadernillo ilustrado. Estas experiencias El Colectivo "La Neta" ya las había realizado con otros materiales, como el cuadernillo y el video documental "Tierra de Maíz", que fue presentado en diversos pueblos del oriente del estado de Morelos, en asambleas comunitarias. Sin embargo por razones presupuestarias los materiales escritos de ejidos urbanizados se encuentran inéditos. EL Colectivo Civil "La Neta" estaba conformado por Pablo Gleason (director y productor del video), Armando Villegas (realizador del guión) y Victor Hugo Sánchez Reséndiz (investigación y redacción de los textos). La mayoría de las entrevistas, al ser realizadas ante cámara, fueron hechas colectivamente. Al final se anexa el listado con el nombre de los entrevistados y la bibliografía utilizada para la realización del diagnóstico.

2 Corrido interpretado por Isaías Alanís.

3 Entrevista con Alberto Gómez Cervantes (Acapantzingo), realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, diciembre de 1991.

4 Entrevista con Antonio Bello (San Antón), realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, abril de 1992.

5 Entrevista con Félix Peña (San Juan Chapultepec) , realizada por Armando Villegas Contreras, Víctor Hugo Sánchez Reséndiz y Pablo Gleason González, 10 de marzo del 2005.

6 Entrevista con Herculano Montes (San Juan Chapultepec), realizada por Armando Villegas Contreras, Victor Hugo Sánchez Reséndiz y Pablo Gleason González, 15 de marzo del 2005.

7 Con la generalización del monocultivo y el consecuente uso generalizado de fumigantes químicos, estos productos han sido expulsados de los terrenos de cultivo. Para adquirirlos se tienen que comprar a quienes los

8 Ibíd.

9 Entrevista con Teresa Escorcia (San Antón), realizada por Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, abril de 1992.

10 Felipe Meneses Zaragoza, 55 años (Chipitlán). Entrevista realizada por Pablo Gleasson y el autor el sábado 26 de marzo del 2005.

11 "Invasiones", como la Colonia 28 de enero, que ocupa ilegalmente y por la fuerza, tierras del ejido de El Salto.

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