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Acta de investigación psicológica

versión On-line ISSN 2007-4719versión impresa ISSN 2007-4832

Acta de investigación psicol vol.8 no.3 Ciudad de México dic. 2018

https://doi.org/10.22201/fpsi.20074719e.2018.3.08 

Artículos

Masculinidad Juvenil, Elementos Socioculturales y Disposición a la Delincuencia de Jóvenes Mexicanos

Juvenile Masculinity, Sociocultural Elements and Disposition to Delinquency of Young Mexicans

Laura Karina Castro Saucedoa  * 

Cirilo Humberto García Cadenab 

Jesús Acevedo Alemána 

Rosa Isabel Garza Sáncheza 

a Facultad de Trabajo Social, Universidad Autónoma de Coahuila.

b Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Nuevo León.


Resumen

Esta investigación tuvo por objetivo analizar un modelo explicativo de la masculinidad juvenil y su relación con la disposición a la delincuencia, la escolaridad y el interés en actividades exctracurriculares socioculturales. La investigación de tipo cuantitativa usó un diseño no experimental, correlacional y transversal, por medio de la aplicación de escalas de medición en una muestra de 172 jóvenes en situación de riesgo delictivo entre los 14 y 25 años participantes en el programa Jovenes por la igualdad de SUPERA-USAID en Monterrey, Nuevo León, México. Se utilizó el Modelamiento de ecuaciones estructurales por medio del AMOS versón 21 para analizar la información. Los resultados incluyen en un primer momento la relación postiva entre los años de estudio (B=.25, p=.026) y el interés por actividades socioculturales (B= .29, p=.026) con expresiones de masculindad igualitaria juvenil, y posteriormente la masculinidad igualitaria juvenil impacta de manera negativa en la disposición a la delincuencia juvenil (B= -.52, p= .026), es decir entre mayores expresiones de una masculinidad tradicional juvenil mayor disposición a la delincuencia juvenil (CFI=.95, TLI=.931, RMSEA= .043, gl=. 87, Chi Cuadrada=114.3).

Palabras clave: Juventud; Masculinidad; Delincuencia; Actividades socioculturales

Abstract

The main objective of this research was to analyze an explanatory model of juvenile masculinity and its relationship with the disposition to delinquency, schooling and interest in sociocultural extracurricular activities. Quantitative research used a non-experimental, correlational and cross-sectional design, through the application of measurement scales in a sample of 172 young people at risk of crime between the ages of 14 and 25 participating in the Youth for Equality program. SUPERA-USAID in Monterrey, Nuevo León, Mexico. The modeling of structural equations was used through the AMOS version 21 to analyze the information. The results include the positive relationship between the years of study (B = .25, p = .026) and interest in sociocultural activities (B = .29, p = .026) with expressions of juvenile egalitarian masculinity, and subsequently masculinity egalitarian youth has a negative impact on the disposition to juvenile delinquency (B = -.52, p = .026), that is, between greater expressions of a traditional juvenile masculinity greater disposition to juvenile delinquency (CFI = .95, TLI = .931, RMSEA = .043, gl = .87, Square Chi = 114.3).

Keywords: Youth; Masculinity; Delinquency; Social and Cultural Activities

Tradicionalmente, las sociedades atribuyen a la masculinidad rasgos relacionados a una condición biológica y a una condición sociocultural en la cual se percibe la superioridad del hombre desde una perspectiva esencialista de las relaciones de género. Es decir, las manifestaciones de una cultura que ha permitido la supremacía masculina sobre las decisiones que definen la dirección de relaciones privadas y públicas entre los géneros (Montesino, 2013). En este sentido, se determina una dimensión normativa para la conceptualización de la masculinidad que la destaca como un conjunto de expectativas socialmente construidas o patrones que se establecen para el comportamiento masculino “apropiado” e “inapropiado”. La construcción de la masculinidad es un proceso liado en el que se conjuntan el poder, el dolor, y el gozo como expresiones de socialización, exigencia social y estereotipos dominantes sobre los hombres quienes recrean su subjetividad acorde con estas representaciones hegemónicas de lo que implica ser hombre, es un proceso que consiste en situar las acciones, pensamientos y decisiones de los hombres de acuerdo al modelo que la sociedad establece como correspondiente al género masculino (Ponce, 2004; Rogers, Delay & Lynn, 2017; Wong, Steinfeldt, Speight, & Hickman, 2010). Sin embargo la comprensión del concepto de masculinidad es aún más complejo, la masculinidad igualitaria juvenil y masculinidad tradicional de la que se discute en este texto se apoya en la diferencia y precisión de los constructos de masculinidad, masculinidad tradicional, machismo y masculinidades múltiples. En este sentido machismo y masculinidad tradicional como constructos estructurales son distintos pero como constructos operacionales pueden llegar a ser semejantes considerando el contexto cultural mexicano en el que nace el concepto de Machismo, teniendo en cuenta la existencia de influencias patriarcales que determinan ciertos tipos de masculinidades, una de cuyas manifestaciones sería el machismo según quienes proponen una escala de machismo para su medición (Montalvo & García, 2006). Revisando su etiología latinoamericana Castañeda (2002) define el machismo como: “un conjunto de creencias, actitudes y conductas que se apoyan en dos ideas básicas: por un lado, la polarización de los sexos, es decir, un contraste de masculino y femenino según el cual no solo son diferentes sino también excluyentes mutuamente; por otro lado, la superioridad masculina en las áreas consideradas importantes por los hombres “(p. 20).

Desde esta perspectiva la masculinidad se define como un conjunto de características, cualidades o roles que generalmente se atribuyen a los hombres por su condición de género (Hearn, 2013), en esa misma línea la masculinidad se desempeña, según López: “en tanto que otorga prestigio social a ciertos hombres constituyendo un sistema de poder y de dominación genérica” (López, 2010: 114). Es importante señalar que contrariamente a la perspectiva esencialista del género, en donde el género es visto como una característica inherente de los individuos, desde una perspectiva construccionista social, la masculinidad y la feminidad no se ven como provenientes de las mentes y cuerpos individuales de las mujeres, sino como lo que se construye socialmente (Everitt & Ratele, 2015). Desde esta corriente que se puede hablar de “masculinidades” jerárquicas múltiples, es decir, los hombres aprenden la forma en que se comportan, actúan, piensan y se relacionan en sociedad con otros hombres y mujeres en función las intersecciones de varios marcadores de identidad como “raza”, clase, religión, etnia, condición económica, escolaridad y edad (Connell, 1995; Instituto Nacional de las mujeres, 2007). El contexto se considera fundamental para determinar la forma y evaluación de las diferentes masculinidades (Carrigan, Connell, & Lee, 1985; Connell 1995; Connell & Messerschmidt 2005).

En este sentido el uso común de la “masculinidad tradicional” en singular, sin contextualización, es incongruente con la noción de masculinidades como múltiples y específicas del contexto, por ello en este texto se destaca la masculinidad igualitaria juvenil como antítesis de la tradicional desde una mirada de la construcción social y del contexto especifico dado, vinculado a la perspectiva de género que rescata una construcción social del género y no solo desde una mirada esencialista apoyados en las diversas ideas planteadas por los autores (Everitt, B. & Ratele, 2015; Hearn, 2013; Montalvo & García, 2006). Para este estudio es posible entender que la masculinidad no es una entidad fija incrustada en los rasgos del cuerpo o la personalidad de los individuos, es resultado de la práctica que se realizan en la acción social y, por lo tanto, pueden diferir según las relaciones de género en un entorno social particular. La solución a las discusiones es adoptar un enfoque sistemático y relacional del género, no en abandonar los conceptos de género o masculinidad (Connell & Messerschmidt, 2005). Messerschmidt, (2005) señala que en el caso particular de la población juvenil existen momentos determinantes de reafirmación de la masculinidad, de la virilidad, y que ante la ausencia de un trabajo o familias estables, es decir, ante la ausencia de componentes que contribuyen a representar una masculinidad adecuada, los jóvenes encuentran en el comportamiento delictivo una forma de expresión de su masculinidad. Esto sugiere que, si un hombre joven se desempeña pobremente en la escuela, trabajo o familia, es probable que busque alternativas externas para la validación de su masculinidad. En esa búsqueda de la validación de la masculinidad el vínculo con expresiones de abuso de poder y uso de la violencia, es constante. El concepto de masculinidad también tuvo influencia en la criminología. Todos los datos reflejan que hombres y niños cometen más delitos que las mujeres y las niñas. Además, los hombres tienen un virtual monopolio en la comisión de delitos sindicados y de cuello blanco. El concepto de masculinidad hegemónica ayudó a teorizar la relación entre las masculinidades y entre una variedad de delitos (Messerschmidt, 1993) y también se usó en estudios sobre delitos específicos de niños y hombres. Se habla por tanto de la masculinidad tradicional del hombre joven que desde una posición de dominación, abuso de poder y cumplimiento de estereotipos masculinos, delinque, usa la violencia y establece el apoyo a ideas relacionadas con el crimen y delincuencia como parte de su masculinidad tradicional en contexto de pobreza y marginación. Por tanto la masculinidad igualitaria juvenil como las expresiones y relaciones juveniles que priorizan la igualdad de géneros, el rompimiento con estereotipos masculinos y que establece relaciones sociales aceptables e inclusivas con el contexto social que lo rodea.

La comprensión de la delincuencia juvenil ha llevado a diversas discusiones en torno a la claridad de sus planteamientos y características, inicialmente se le define como una situación asocial de la conducta humana, un fenómeno específico y agudo de desviación e inadaptación, es decir, la conducta resultante del fracaso del individuo en adaptarse a las demandas de la sociedad en que vive, por lo que reside en una profunda incapacidad de adaptación e integración social familiar, escolar o social (Izquierdo, 1999; Jiménez, 2005). La delincuencia juvenil se caracteriza también por la crisis de la adolescencia y puede traducirse en un acto “iniciático”, en una forma en que los jóvenes reflejan que son independientes del mundo adulto (Lunecke & Vanderschueren, 2004). En este sentido la definición para este artículo se apega a los componentes de la delincuencia como una forma de inadaptación social que al producirse desafía a la sociedad y a su normativa de convivencia (Negrón & Serrano, 2016). La necesidad de establecer una medida del riesgo juvenil a predisponer su conducta al delito en relación a la manera de percibir su realidad establece el panorama para detectar elementos sustanciales para la comprensión de la disposición a la delincuencia juvenil la cual es multicausal y poliforme, es decir con múltiples y muy diferentes caminos para su comprensión (Negrón & Serrano, 2016).

En diversas investigaciones se ha mostrado que los factores de nivel micro (es decir, edad, género, autocontrol, relación padre-hijo, influencia de compañeros y apego escolar), factores de nivel medio (es decir, interacciones entre el autocontrol, la familia y la escuela) , los factores de nivel exo (es decir, el nivel socioeconómico y la comunidad) y los factores de nivel macro (es decir, los estereotipos y la cultura) están asociados con una mayor participación y disposición a la delincuencia juvenil (Lee, Rhee, & Villagrana, 2018; Sanders, Munford, & Boden, 2018; Sooknanan & Comissiong, 2017; Weng, Ran, & Chui, 2016). Estos datos muestran que por tanto el grupo de edad, las características de integración institucional a la escuela u la escolaridad, los estereotipos masculinos y la cultura patriarcal son algunos elementos que incrementan la disposición a la delincuencia juvenil. Sin embargo en consideración a lo que señalan Savolainen, Eisman, Mason, Schwartz, Miettunen, y Järvelin (2018), la desventaja socioeconómica y los déficits psicológicos contribuyen a la disposición a delinquir de manera independiente y con una magnitud aproximadamente igual. En la actualidad algunas investigaciones señalan que la gran mayoría de los ofensores juveniles, aún cuando hayan cometido infracciones graves, abandonan las actividades delictivas en la transición hacia la adultez en la medida en que logran completar su proceso de maduración cerebral, por lo que los comportamientos delictivos desde esta postura disminuyen con la edad (Evans, Gordon & Simons, 2016; Monahan, Steinberg, Cauffman, & Mulvey, 2009; Steinberg, Cauffman, & Monahan, 2015; Sweeten et al., 2013). Sin embargo para los delincuentes de mayor edad (mayores de 18 años), las responsabilidades del trabajo y/o la escuela comienzan a tener prioridad sobre las actividades delincuenciales y la mayoría comienza a darse cuenta de que estas actividades pueden amenazar su éxito futuro o por el contrario pueden comenzar una trayectoria delincuencial en este punto álgido (Evans, Gordon & Simons, 2016).

En esa misma línea Roberson (2016) señala que el comportamiento delictivo juvenil puede ser parte de un proceso normal de maduración y crecimiento, la gran mayoría de los jóvenes comete algún tipo de ofensas menores en algún punto durante su adolescencia, sin que ello los haga adoptar una carrera delictiva en el largo plazo. Es además un problema de conducta persistente el cual ha sido vinculado el bajo nivel educativo y el alto desempleo o empleo precario para participar en conductas criminales (Bradshaw, Schaeffer, Petras & Lalongo, 2009). Esto responde a la curva edad-delito por los criminólogos modernos, esto es, el comportamiento criminal aumenta de manera sustancial durante la adolescencia, alcanza un pico en la adultez temprana para luego decaer hacia la vejez. Según Chioda (2016) en un reporte realizado para el Banco Mundial, la tasa de homicidios en América Latina entre adolescentes de 10 a 14 años es de alrededor de 2,8 (por cada 100.000), aumentando más de diez veces (a 31,1 por cada 100.000 en 2008) entre adolescentes de 15 a 19 años. El riesgo de victimización por homicidio llega a su máximo de 48,2 por cada 100.000 entre personas de 20 a 24 años, la incidencia de victimización por delitos violentos en América Latina esta mayormente representada en la población joven de 20 a 29 años de edad (25% de los delitos violentos). Un reporte reciente de UNICEF en el 2014 (Hidden in Plain Sight: A Statistical Analysis of Violence Against Children) muestra que la tasa de homicidios de niñas, niños y adolescentes en México es equiparable a las que tienen Myanmar, Botsuana, Mozambique y Togo. Asimismo, el reporte revela que, de 195 países, sólo 23 superan la tasa de homicidios de menores de 20 años de edad que tiene México. De hecho, más de la mitad de los homicidios de niños, niñas y adolescentes, se registran en sólo diez países del mundo y México ocupa, en números absolutos, el 5° lugar después de Nigeria, Brasil, India y República del Congo. El reporte concluye que el patrón de violencia letal es atribuible a las actividades ilícitas de grupos delictivos organizados, la presencia de pandillas calleras y la accesibilidad que se tiene a las armas de fuego (UNICEF, 2014). Las diferencias entre géneros es evidente, la violencia es ejercida por y afecta desproporcionadamente a los hombres jóvenes: en casi todas las edades, los jóvenes son al menos 10 veces más propensos que las mujeres de su edad a ser asesinados. Las tasas de homicidio entre hombres jóvenes (cohortes de 10-14, 15-19 y 20-24) son el doble que entre la población en general (4,2, 56,0 y 92,4 por cada 100,000, para sus respectivos grupos etarios) (Chioda, 2016).

De acuerdo con la Encuesta de Victimización y Percepción de la Seguridad Nacional Urbana 2000, las principales causas generadoras de delincuencia son: la desintegración familiar con 22.5%, en segundo lugar crisis económica y pobreza con 20.5% y por último drogas y alcohol con 18.5% (Jiménez, 2005, p. 241). Según datos proporcionados por la Procuraduría General de Justicia, en el año 2016, en el Estado de Nuevo León, se registraron 2777 delitos de hombres de 12 a 17 años de edad. Por otro lado en el año 2017 se registraron 2690 delitos de hombres jóvenes de 12 a 17 años. Los delitos cometidos por hombres jóvenes menores de edad que se presentan con mayor proporción son: daño a propiedad ajena (468 casos en 2016, 351 casos en 2017), lesiones que no ponen en peligro la vida (418 en 2016, 428 en 2017), narcomenudeo (248 en 2016, y 268 en 2017), robo a casa habitación (197 en 2016, y 215 en 2017), robo a negocio ( 262 en 2016 y 239 en 2017), robo a persona ( 240 en 2016 y 196 en 2017). En el caso de homicidio se presentaron 21 casos en el 2016 y 19 casos en 2017 perpetrados por hombres jóvenes menores de edad.

Otros estudios señalan que la toma de riesgo de los jóvenes depende de las circunstancias en las que se produce el comportamiento riesgoso (Zhang, Zhang, & Shang, 2016), el contexto donde se desarrolla el menor, las características del vecindario, la peligrosidad y la desconfianza (Wilson et al., 2016). Por otro lado Kessler (2007) establece una relación entre la escuela y el delito juvenil, desde la experiencia educativa, contrarrestando la hipótesis de que los jóvenes excluidos o con fracaso escolar, deserción escolar, estaban mayormente involucrados en la delincuencia juvenil, él establece el consenso de que la institución escolar no tiene importancia en la génesis de conductas delictivas pero su accionar favorece o contrarresta tendencias gestadas por fuera de ella. La deserción en la escuela sin embargo continúa siendo una característica de los jóvenes que presentan antecedentes delictivos según señala el mismo autor. Por otro lado la relación entre las actividades extracurriculares y el desarrollo juvenil ha sido también analizado Guest y McRee, (2009) quienes usando una muestra nacional que incluye a 13,466 jóvenes en los grados 7-12 en 120 escuelas, llevaron a cabo un análisis a nivel escolar de la asociación entre actividades extracurriculares, delincuencia y depresión. Los resultados sugieren que las relaciones entre las actividades extracurriculares, la conducta delictiva y los síntomas depresivos entre los jóvenes en última instancia dependen más de factores contextuales a nivel micro que del tipo o contenido de las actividades mismas. Otro estudio de referencia investigó las relaciones entre la intensidad de la participación en actividades extracurriculares no deportivas y el comportamiento de riesgo. La eficacia del afrontamiento de los adolescentes se evaluó como un moderador entre la participación en actividades extracurriculares y la toma de riesgos entre adolescentes en diferentes niveles de riesgo contextual. Se encuestó a adolescentes (N = 1,599) en Australia Occidental. Los resultados para los jóvenes en riesgo moderado indicaron una interacción significativa, de modo que una mayor intensidad de actividad se asoció con una menor toma de riesgo para los adolescentes con mayor eficacia de afrontamiento. Sin embargo, la participación de mayor intensidad en la actividad predijo una mayor toma de riesgos para los adolescentes con una baja eficacia de afrontamiento (Heaslip & Barber, 2017). Ante esto surge la pregunta ¿Cual es la relación entre las expresiones de la masculinidad juvenil y de componentes socioculturales como la escolaridad y la participacion en actividades extracurriculares con la disposición a delinquir? La hipótesis de investigación establece que (H1) “La masculinidad tradicional juvenil esta directamente relacionada con la disposición a la delincuencia, con los años de estudio, y con el interés por actividades socioculturales”.

Método

Las características del planteamiento del problema de este estudio permitieron implementar un diseño cuantitativo, no experimental, correlacional-expost facto por medio del cual se elaboró un modelo de ecuaciones estructurales explicativo de la masculinidad juvenil y su vinculación con la disposición a la delincuencia.

Participantes

La muestra por conveniencia estuvo conformada por 172 jóvenes entre los 14 y 25 años de edad participantes en talleres socioculturales de música, futbol, pintura mural y formativo sobre nuevas masculinidades. Los participantesw pertenecian a tres poligonos de pobreza determinados por instancias gubernamentales representativas del Estado, con indices altos de bajos ingresos, marginación social, rezago social y alta incidencia delictiva juvenil. Las situaciones de riesgo social se consideran en función de las caracteristicas del polígono y que representa o puede representar una amenaza a las condiciones vitales y de desarrollo social juvenil. Por lo que se consideran factores de riesgo aquellos factores que están asociados con una mayor probabilidad de que un joven cometa actos ilegales (Hoge, 2001). La consideración de joven en situación de riesgo delictivo que delimitó la muestra de este estudio depende del contexto donde se desarrolla el joven, las características del vecindario, la peligrosidad, la desconfianza, y los tipos de violencia (Secor-Turner, Garwick, Sieving, & Seppelt, 2014). Los experimentos se hicieron con el conocimiento y el consentimiento escrito de cada uno de los participantes.

Tabla 1 Proporción de jóvenes participantes por grupo de edad, escolaridad y condición de actividad. 

Escolaridad/Condición
de actividad
14 a 17
años
18 a 21
años
22 a 25
años
*Total
%
Primaria Incompleta 6 1 1 4.9%
Primaria Completa 3 0 1 2.5%
Secundaria Incompleta 13 3 2 11.0%
Secundaria Completa 50 12 6 41.7%
Preparatoria Incompleta 32 7 2 25.2%
Preparatoria Completa 5 5 5 9.2%
Universidad Incompleta 2 1 2 3.1%
Carrera Técnica 0 4 0 2.4%
Estudia 67 3 0 45.2%
Estudia y Trabaja 15 8 3 16.8%
Ni Estudia ni Trabaja 14 6 4 15.5%
Trabaja 11 15 9 22.6%

Instrumentos

1) Instrumento de Autopercepción de la Masculinidad Juvenil Igualitaria: Para identificar el constructo de Masculinidad Igualitaria Juvenil se utilizó la escala de Machismo de Montalvo y García (2006), la cual ha obtenido buenos niveles de validez y confiabilidad (α>.70). La Escala de Machismo de Montalvo en su versión original consta de 52 ítems los cuales se distribuyen en las siguientes áreas: Relaciones de Pareja (7 ítems), Educación (6 ítems), Trabajo (15 ítems), Relaciones Sexuales (13 ítems), Relaciones Familiares (5 ítems), Violencia (6 ítems).La Escala de Machismo Montalvo tiene una confiabilidad considerada como buena, en donde el coeficiente más bajo es α.74 y el más alto α.87. Para el estudio se utilizó una versión corta de la escala de Machismo de Montalvo y García (2006) tomando en cuenta sólo 9 ítems a partir de la revisión y validez con una muestra de población regia de Monterrey, Nuevo León. Una segunda escala utilizada fue la Escala de Creencias acerca de la Masculinidad (eCaM). Desarrollada por Gómez y Carrillo (2007) para medir las creencias que tienen las personas con respecto a la masculinidad, es una escala tipo likert con cinco opciones de respuesta que van de totalmente de acuerdo a totalmente en desacuerdo. Se encuentra conformada por 32 reactivos divididos en seis factores. la consistencia interna total de la escala fue de α .90 con un 57.86% de varianza total explicada. De esta escala solo se consideraron 9 reactivos de una dimensión por ser los reactivos de mayor contraste con las necesidades del estudio.

2) Instrumento de Disposición a la Delincuencia Juvenil: este instrumento fue diseñado teniendo como guía de referencia el apartado de Delitos y medidas judiciales del Inventario de Gestión e Intervención para Jóvenes de Garrido, López y Silva (2004). Se trabajo con cuatro grupos focales de jóvenes y trece entrevistas en profundidad realizadas en un polígono de pobreza de Monterrey, Nuevo León, México sobre el tema de exclusión social juvenil siendo la inclusión al crimen organizado uno de los temas recurrentes en la población juvenil de contextos marginales (Castro, 2018). A partir de los resultados cualitativos se elaboraron 14 reactivos provenientes de las categorías teóricas del estudio.

3) Instrumento Interés por Actividades Socioculturales: Se elaboraron 17 reactivos a manera de escala tipo likert que mostraban el interés por las diferentes actividades extracurricules, culturales, deportivas, musicales y formativas que conformaban el programa social en el que participaban los jóvenes que integraron la muestra de esta investigación, con la intención degenerar un indice de esta variable extracurricular o de intereses por actividades socioculturales. Esta subescala fue validada y obtuvo un coeficiente de confiabilidad de Alpha de Crobach mayor a .70 (α=75).

4) La escala general contenía un apartado de datos sociodemográficos, con el cual se recopiló información referente a los años de estudio como variables que se utilizó para coadyuvar en el análisis.

Procedimiento

Para la recolección de la información de este estudio fue importante la vinculación con el programa “Jóvenes por la Equidad” implementado por la organización de la sociedad civil SUPERA, (Pro superación familiar Asociación Civil ) que consistía en talleres culturales (pintura mural, fotobiografía juvenil y Música Rap), un taller deportivo de fútbol y un taller formativo de Masculinidad Juvenil dirigidos a jóvenes con riesgo delictivo determiando por la Asociación Civil y las instancias municipales y estatales pertinentes. Para el análisis se utilizó el paquete estadístico para las ciencias sociales (SPSS), para realizar un Análisis factorial exploratorio (AFE), y posteriormente se evaluó el modelo estructural explicativo de la masculinidad igualitaria juvenil y la disposición a la delincuencia juvenil. El modelamiento de ecuaciones estructurales involucró dos importantes aspectos en el procedimiento: a) que los procesos causales debajo del estudio son representados por una serie de ecuaciones estructurales (regresión) y que esas relaciones estructurales pueden ser modeladas para clarificar la conceptualización de la teoría del estudio (Byrne, 2012).

Resultados

Dentro de las características sociodemográficas de la población de jóvenes participantes en la invetigación (172 jóvenes) 44.9% se encuentran solo estudiando, seguidos del 23.1% que se encontraban solo trabajando y 16.7% se encontraba estudiando y trabajando y 15.4% no se encontraba ni estudiando ni trabajando. Una de las preguntas realizadas a los jóvenes tenía que ver con su principal ocupación, 37.9% señaló estar estudiando, 21.7% trabajaba como ayudante o en la obra, 17.7% mencionó no tener ninguna ocupación y 6.4% de los jovenes se identificaban como desempleados, 4% de los jóvenes encuestados mencionan hacer deporte como principal ocupación, 2.4% vender droga y drogarse. El análisis factorial exploratorio inicial permitió revisar la validez y confiabilidad de las diversas escalas para posteriormente conformar el modelo mediante modelamiento de ecuaciones estructurales. La escala de Masculinidad Igualitaria Juvenil, conformada en su fase inicial por 33 reactivos, obtuvo un buen nivel de validez y confiabilidad (33.44% de varianza explicada; α=.74), se conservaron solo 9 reactivos bajo el estándar de carga factorial determinada (> .40), siendo esta la medida más rigurosa (Tabachnick y Fidell, 2007). La escala obtuvo un adecuado nivel de confiabilidad siguiendo el requisito establecido por algunos autores (α ≥ 0.70) para determinar una adecuada confiabilidad del instrumento (Nunnally, 1978). Estos mismos criterios se siguieron con la escala de Disposición a la delincuencia (varianza explicada= 46.13% y α=.79), y la escala de Interés por actividades socioculturales (varianza explicada= 41% y α=.80) (vease Tabla 2).

Tabla 2 Cargas factoriales de las escalas de Masculinidad Igualitaria Juvenil, Disposición a la delincuencia e interés por actividades socioculturales 

Coeficiente de estructura % de varianza explicada Método de extracción
M14. Los hombres son más honrados que las mujeres porque son hombres .692 33.44% Componentes principales
M9. Los hombres jóvenes tienen derecho de agredir a personas cuando se enojan .640
M15. Los jóvenes deben ser machistas .626
M8. Para ingresar a la Universidad las mujeres deben hacer un examen más sencillo que el de los hombres .587
M16. Un joven tiene que ser violento .570
M4. Los hombres jóvenes son quienes deben iniciar las relaciones sexuales .553
M2. Los hombres saben pelear por ser hombre .545
M7. Los hijos tienen derecho a llegar más tarde a la casa que las hijas .524
M5. Los jóvenes deben tener sexo con varias mujeres .427
C24. Pertenecer a la delincuencia organizada es poder y respeto de la sociedad .815 46.13% Componentes principales
C22. La delincuencia organizada es una opción de trabajo para los jóvenes .713
C21. La delincuencia organizada organiza la sociedad .697
C25. Ser criminal es la salida fácil a los problemas .679
C23. En ocasiones la oportunidad solo se encuentra en la ilegalidad .643
C19. En alguna ocasión pensé que me gustaría ser parte de la delincuencia organizada .603
C20. Los jóvenes piensan que para salir adelante hacer cosas ilegales sería la solución .578
R36. La música me relaja y me da bienestar .761 41% Componentes principales
R31. El deporte es la mejor forma de pasar el tiempo libre .711
R28. Cuando practico algún deporte me olvido de mis problemas .673
R34. La pintura mural es una buena forma de expresión juvenil .651
R40. El deporte es bienestar para el cuerpo y la mente .635
R35. Escribir música ayuda a expresar la realidad .625
R32. La música me hace olvidarme de mis problemas .603
R41. La pintura mural es divertida para los jóvenes como yo .560
R42. El futbol ayuda a los jóvenes a alejarse del crimen organizado .510

Nota: para asegurar el rigor de la validez por reactivo fueron considerados solamente los coeficientes de estructura mayores a .4 en cada reactivo.

Dentro del análisis descriptivo en las correlaciones establecidas entre las diferentes variables analizadas fue posible determinar una correlación bivariada negativa entre la disposición a la delincuencia (M= 13.36, SD=5.4) y la masculinidad igualitaria (M= 28.49, SD=5.29 ) de los jóvenes participantes (-.453**, p=.01), es decir existe una relación entre las expresiones de una masculinidad igualitaria juvenil y una menor disposición a la delincuencia juvenil, por lo que los comportamientos de una masculinidad tradicional de los jóvenes están relacionados directamente con una disposición a la delincuencia juvenil. Por otro lado los intereses por actividades socioculturales (.158*, p=.05; M= 32.09, SD=4.75) están relacionados con las expresiones de una masculinidad más igualitaria. Finalmente los años de estudio (M= 9.05, SD=1.89) están correlacionados con la masculinidad igualitaria juvenil (-.248**, p=.01). Estos elementos se ampliaron en su comprensión por medio del modelo de ecuaciones estructurales donde se depuraron nuevamente otros reactivos y ha sido denominado modelo de masculinidad igualitaria juvenil, disposición a la delincuencia y elementos socioculturales, el cual muestra en un primer momento una relación positiva entre el interés por actividades socioculturales y la expresión de una masculinidad igualitaria, con una fuerza de relación del .29 (B=.29), en este sentido en la población de jóvenes participantes principalmente el deporte y la música son elementos socioculturales que promueven una expresión de la masculinidad igualitaria (véase Figura 1). Esta relación positiva permite interpretar que el interés por esas actividades tienen un impacto en la percepción de una masculinidad igualitaria juvenil, lo que hace conjeturar que entre más interés existe hacia el deporte y la música mayores expresiones en los jóvenes de una masculinidad igualitaria. En relación a la variable de escolaridad medida en años de estudio, establece también una relación positiva con la variable de masculinidad igualitaria (B= .25), la cual determina que el incremento en los años de estudio influye en establecer una masculinidad igualitaria juvenil. Los tres elementos anidados (masculinidad igualitaria juvenil, interés en actividades extracurriculares socioculturales y años de estudio), tienen una relación negativamente establecida con la disposición a la delincuencia analizada (B=-.52), es decir, su relación es adversa, por lo que la existencia de una masculinidad igualitaria juvenil contribuye a disminuir una disposición a la delincuencia desde las percepciones revisadas en la muestra juvenil (B=.51, p=.05, CFI= .95, RMSEA=.054), por lo que a mayor existencia de expresiones de masculinidad igualitaria, menor será la disposición a la delincuencia. En este sentido la percepción juvenil sobre la delincuencia organizada como opción de trabajo juvenil, como oportunidades laborales establecidas desde la ilegalidad, como fuente de poder y respeto de la sociedad establecen una actitud de predisposición delictiva fuertemente relacionada con la masculinidad tradicional juvenil. Por lo que la percepción de la figura masculina como más honrado, más agresivo, más violento, y más machista, que el género opuesto está relacionado con esas conductas de mayor disposición a la delincuencia. Los índices de ajuste que permiten valorar el modelo como aceptable para la realidad social que se analiza destacan la significancia con un puntaje menor al .05 (p=.026), el valor de CFI, como índice de ajuste cuyo requisito establece que este debe ser mayor a .95 (CFI= .95) y el índice de ajuste de mayor importancia para validar el modelo es el valor de RMSEA el cual los autores coinciden que su valor tiene que ser menor a .060 (RMSEA=.043) (Hu & Bentler, 1999), además de otros índices que también avalaron la bondad del modelo (TLI=.931; IFI=.953).

Figura 1 Modelo explicativo de las expresiones de una Masculinidad igualitaria Juvenil (MI)y su relación con el interés por actividades socioculturales (IAS) y Disposición a la delincuencia Juvenil (DDJ). Nota: Modelo de análisis factorial confirmatorio de dos variables dependientes y un método de correlación. Estimación de los parámetros de máxima verosimilitud completamente estandarizados. Los componentes de varianza residual (varianza de error) indican la cantidad de varianza no explicada. De este modo por cada variable observada se registra (1 - varianza error) dos variables dependientes: Masculinidad igualitaria Juvenil (MI) y Disposición a la delincuencia Juvenil (DDJ) y dos independientes: interés por actividades socioculturales (IAS) y Años de estudio. Dentro de la figura expresan la relación de la variable dependiente 1 (d1) con la variable dependiente 2(d2) en función del valor de las betas el cual se refleja en las diferentes relaciones de una variable a otra 

Discusión

El modelo explicativo de la masculinidad juvenil de este estudio establece una relación entre el interés de los jóvenes por actividades extracurriculares socioculturales y la variable de escolaridad (años de estudio) con la variable de masculinidad juvenil igualitaria y posteriormente con la disposición a la delincuencia juvenil. Esto confirma la hipótesis de estudio en un modelo anidado de dos variables independientes y coincide con el abordaje de algunos autores como Messerschmidt (2005), Heaslip y Barber (2017), Kessler, (2007), Guest y McRee, (2009). En este sentido como ha señalado Connell y Messerschmidt (2005) y otros autores, la masculinidad en la práctica difiere según las relaciones de género en un entorno social particular. El entorno particular de estos grupos juveniles en situaciones de riesgo determina la necesidad de buscar espacios de ejercicio de una masculinidad más igualitaria, por lo que la oportunidad de integrarse a ciertas actividades socioculturales fuera del entorno escolar establece un ambiente aceptable para expresar una masculinidad más sensible a la inclusión de género y viceversa, por lo que la vinculación con el interés por actividades musicales y deportiva al percibirlas como de agrado, bienestar, relajación, uso adecuado del tiempo y salud mental mejora las condiciones en que se presenta la masculinidad igualitaria juvenil esto coincide con la postura de Everitt, & Ratele (2015), sobre una masculinidad que se construye desde lo social y vinculado a la perspectiva de género.

Por otro lado los años de estudio o escolaridad como lo han establecido algunos autores no solo tiene que ver con la inclusión juvenil en el espacio escolar (Castro, 2018) sino también con otros componentes de expresión de una masculinidad múltiple donde la escolaridad brinda un marcador de identidad particular, por lo que estar fuera de ella distorsiona esa identidad masculina de un grupo particular, en este sentido los jóvenes en riesgo participantes en este estudio identifican en la escuela un componente que beneficia su identidad masculina igualitaria (Castro, 2018; Connell, 1995; Messerscgmidt, 2005). En esta investigación no se estableció la relación directa de la escolaridad con la delincuencia juvenil, sino en una relación anidada en la masculinidad en un papel intermedio entre la escolaridad y la delincuencia juvenil.

En un segundo momento la hipótesis del estudio se confirma al determinar que la masculinidad igualitaria juvenil impacta como una variable relacionada con la disposición a la delincuencia juvenil, es decir, los estereotipos de género, los componentes de la cultura patriarcal y los procesos de construcción social de la masculinidad, desde la posición de los hombres en la sociedad están influyendo en la determinación de actitudes a favor de la delincuencia juvenil representadas en la percepción de la misma como organizada, de donde se obtiene poder, respeto, y oportunidades laborales coincidiendo con el abordaje de Weng, Ran, y Chui (2016), Sooknanan y Comissiong (2017), Sanders, Munford, y Boden (2018), Lee, Rhee, y Villagrana, (2018). Es importante destacar que los autores coinciden fuertemente en la conexión entre las responsabilidades escolares o los mayores niveles de escolaridad con la disminución en los niveles de delincuencia juvenil (Bradshaw, Schaeffer, Petras, y Lalongo, 2009; Castro, 2018; Evans, Gordon & Simons, 2016) sin embargo este estudio destaca la posición de la percepción juvenil de masculinidad igualitaria como intermediaria entre los mayores nivel de escolaridad y la menor disposición a la delincuencia juvenil o por el contrario los menores niveles de escolaridad que se relacionan con una mayor masculinidad tradicional y por ende en una mayor disposición a la delincuencia juvenil. En este sentido el constructo de mastulinidad igualitaria juvenil es un intermediario entre el desarrollo de una disposición a la delincuencia juvenil y su relación con otras variables socioculturales. El énfasis en la delincuencia juvenil como multicausal como señala Negrón y Serrano (2016), determina la necesidad de especificar en diferentes componentes su comprensión, por lo que la construcción de una masculinidad tradicional donde los jóvenes en riesgo social perciben un derecho de agredir, de ser machistas, de ser violentos, de tener privilegios escolares o de honra, promueve percepciones de disposición a la delincuencia donde la ilegalidad, y el delito ofrecen poder, respeto y opciones de trabajo.

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Recibido: 02 de Abril de 2018; Aprobado: 07 de Noviembre de 2018

*Contacto: Dra. Laura Karina Castro Saucedo. Facultad de Trabajo Social, Universidad Autónoma de Coahuila. Dirección: Avenida Dra. Cuquita Cepeda de Dávila s/n, Col. Adolfo López Mateos, C.P. 25125.

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