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Acta de investigación psicológica

versión On-line ISSN 2007-4719versión impresa ISSN 2007-4832

Acta de investigación psicol vol.1 no.3 México dic. 2011

 

Identidades de género bajo una perspectiva multifactorial: Elementos que delimitan la percepción de autoeficacia en hombres y mujeres1

 

Multifactorial Gender Role Identity: Factors Related with Self-efficacy Perception between Men and Women

 

Tania Esmeralda Rocha Sánchez2 & Rosa María Ramírez De Garay3

 

Universidad Nacional Autónoma de México

 

2 Correspondencia:
Profesora Tiempo Completo en la Facultad de Psicología,
UNAM. Av. Universidad 3004, Col. Universidad, C.P. 04510.
Delegación Coyoacán, México, D.F.
Tel: 52 (55) 56222353.
E-mail:
tania_rocha@correo.unam.mx.

3Licenciada en Psicología, Facultad de Psicología, UNAM.
E-mail: larousy@gmail.com.

 

Resumen

El concepto de autoeficacia se reconoce en la actualidad como una de las variables predictoras del cambio conducta y del mantenimiento de comportamientos que pueden ser benéficos en la salud. En un gran número de investigaciones en torno a la autoeficacia, se ha señalado que los hombres se perciben como más autoeficaces que las mujeres (Caprara et al. 2008; Durndell, Haag & Laithwaite, 2000; Meece, Bower Glienke & Burg, 2006; Zeldin & Pajares, 2000). Al respecto, se considera que estas diferencias se derivan de factores socioculturales como la identidad de género y el proceso de socialización (Pajares & Valiante, 2001), no obstante, tal relación ha sido poco explorada. El propósito de la presente investigación fue delimitar de qué forma los componentes de la identidad de género bajo una perspectiva multifactorial impactan en la percepción de autoeficacia de adultos de la ciudad de México. Se aplicó la escala de Autoeficacia de Sherer et al., (1982) y el Inventario Multifactorial de Identidad de Género (Rocha, 2004). Los resultados sugieren patrones de relación diferenciales, bajo los cuales existen rasgos, roles, creencias y actitudes que se asocian directamente a una menor percepción de autoeficacia tanto en hombres como en mujeres. Los resultados son discutidos desde la implicación que tiene la socialización tradicional y la transición en los roles y rasgos identitarios en hombres y mujeres sobre su autoeficacia.

Palabras claves: Identidad de género, Autoeficacia, Rasgos, Estereotipos, Roles de género, Patrones de socialización de género.

 

Abstract

The concept of self-efficacy is receiving increasing recognition as a predictor of health behavior change and maintenance. Most of the research about self-efficacy and gender suggest that men are more self-confident that women (Caprara et al. 2008; Durndell, Haag & Laithwaite, 2000; Meece, Bower Glienke & Burg, 2006; Zeldin & Pajares, 2000). Some researchers have suggested that gender differences in self efficacy stem from sociocultural factors as gender identity and socialization process (Pajares & Valiante, 2001) however that relationship has not been explored. This study is aimed to investigate how gender role identity from multifactorial perspective, impacts the perception of self-efficacy between both sexes in Mexico City. We used the Self-Efficacy Scale of Sherer et al., (1982) and the Multifactorial Gender Role Inventory of Rocha (2004). The results suggest that there are some differential paths of relationship between both variables; there are some gender roles, traits, attitudes and beliefs that are more related with a high perception of self-efficacy in both sexes. The results are discussed from effects of traditional gender socialization and also from effects of transitional gender role identity in men and women's perception of self-efficacy.

Key Words: Gender role identity, Self-efficacy, Gender traits, Gender stereotypes, Gender roles, Gender socialization patterns.

 

La autoeficacia fue definida por Albert Bandura (1994) como las creencias que tienen las personas acerca de qué tan capaces y eficaces son para desempeñar tareas, dominar las situaciones y controlar los sucesos que afectan sus vidas. De acuerdo con el autor, estas creencias influyen considerablemente en el desempeño de las personas, en sus aspiraciones, toma de decisiones, perseverancia y estrés experimentado al realizar una tarea. Actualmente, se señala que la autoeficacia involucra los juicios concernientes a la habilidad personal para alcanzar un cierto nivel de funcionamiento en una actividad o situación particular, y se indica que este tipo de creencias también funcionan como mediadores para todo tipo de conductas relacionadas con el éxito, el esfuerzo y la persistencia, además de las estrategias de autorregulación (ver Meece, Bower Glienke & Burg, 2006).

De acuerdo con Bandura (1997) existen cuatro fuentes de las cuales se derivan los pensamientos de autoeficacia. En primer lugar se situarían las experiencias de éxito, las cuáles son el resultado de las tareas realizadas con anterioridad y representan la fuente de autoeficacia de mayor influencia, es decir, tener éxito fortalece las creencias sobre la propia eficacia. Las experiencias vicarias representan la segunda fuente de autoeficacia en la medida en la cual observar las experiencias de éxito o fracaso en las acciones de otros, afecta la propia percepción de eficacia de quienes observan. En tercer lugar se encuentra la persuasión social, que implica la exposición a los juicios verbales de los demás y, aunque es una fuente débil de información sobre la autoeficacia, puede jugar un rol importante en el desarrollo de las creencias de una persona sobre su propia capacidad. Finalmente, los estados emocionales y fisiológicos como la ansiedad, el estrés, la excitación y la fatiga, proporcionan a la persona una fuente importante de retroalimentación acerca de su capacidad para llevar a cabo una tarea. De manera que la autoeficacia, más que traducirse en la capacidad real que la persona tiene para hacer algo, se coloca como una percepción personal que puede variar no sólo en función de estas fuentes de retroalimentación, sino también por el efecto de otros factores tanto sociales como culturales.

Un dato consistente en la literatura que versa sobre el tema de la autoeficacia es la prevalencia de diferencias entre hombres y mujeres (Caprara et al. 2008; Durndell, Haag & Laithwaite, 2000; Meece, Bower Glienke & Burg, 2006). Aunque estas diferencias resultan estadísticamente significativas, la dirección en la que se presentan depende de variables como el tipo de tarea. Por ejemplo, algunos estudios indican que los niños reportan una mayor autoeficacia y expectativas de éxito en comparación con las niñas acerca de su desempeño en matemáticas, ciencias y tareas relacionadas con computación (Drundell & Haag, 2002; Pajares, 1996; Schunk & Pajares, 1991; Vekiri & Chronaki, 2008; Zimmerman & Martinez-Pons, 1990), a pesar de que las niñas tienen un rendimiento académico tan bueno como los niños (Betz y Hackett, 1983). Sin embargo, cuando se trata de tareas como leer o escribir, las niñas reportan una mayor autoeficacia que los niños (Pajares & Valiante, 2001a). Otras investigaciones sugieren que las diferencias entre hombres y mujeres están ligadas a la edad o el nivel escolar (Schunk & Meece, 2002).No obstante, las investigaciones sobre autoeficacia y diferencias por sexo no han encontrado un patrón consistente entre adolescentes (Pajares & Graham, 1999). Aunado a ello, el grupo social también es un factor que ha demostrado tener importancia en el tema, por ejemplo Mayo y Christenfeld (1999) encontraron que las mujeres perciben una menor autoeficacia cuando enfrentan la tarea de manera individual, pero reportan una mayor autoeficacia cuando lo hacen en forma colectiva, fenómeno que no ocurre en los hombres.

¿A qué se deben estas diferencias en autoeficacia entre hombres y mujeres? Varios autores (p. e. Bandura, 1997; Betz & Hackett, 1981; Bonnot & Croizet, 2007; Eccles, 1989) sugieren que la tendencia de las mujeres a percibir una menor autoeficacia se debe a factores como los estereotipos de género, las expectativas de los padres, la validación por parte de sus pares y las creencias relacionadas con que las mujeres son menos competentes que los hombres para muchas tareas. Al respecto, Bandura (1997) señala que mientras que los niños tienden a "inflar" su sentido de competencia, las niñas menosprecian sus capacidades, lo anterior debido a que ambos aprenden a valorar sus capacidades con base en lo que sus familias les enseñan, y esto generalmente se encuentra sesgado por los estereotipos de género. Así, las creencias que los padres y las madres mantienen acerca de las habilidades de sus hijos e hijas influyen en las creencias de éstos sobre sus propias habilidades (Jacobs & Eccles, 1992), así como en las actividades que decidirán desempeñar más adelante. Por ejemplo, los padres tienden a afirmar que la escuela es más difícil para sus hijas que para sus hijos (aun cuando no difieren en sus resultados) y tienden a subestimar la habilidad de sus hijas en matemáticas. Además, las niñas perciben que sus madres tienen menores expectativas para ellas que para sus hijos varones en el ámbito académico. Todo esto provoca que con el tiempo las niñas también subestimen sus capacidades e incluso eviten todo lo que tenga que ver con matemáticas, lo cual aumenta la brecha de género con respecto a la autoeficacia (Bandura, 1997; Schunk & Meece, 2002). Lo que estos estudios sugieren es que la percepción diferencial de autoeficacia entre hombres y mujeres no se debe a diferencias por sexo, sino a diferencias por género, ya que como sugieren Rocha y Díaz-Loving (2005), para cada persona se generan expectativas, reglas y normas creadas a partir de los significados que culturalmente se asignan al hecho de pertenecer biológicamente a un sexo. Cabe mencionar que cada persona internaliza y procesa dichos significados construyendo así una identidad de género que puede en muchos sentidos apegarse a este tipo de expectativas diferenciales sobre los sexos.

Dicha internalización de significados se traduce en que tanto hombres como mujeres tiendan a desarrollar comportamientos y características de personalidad diferentes, las cuales potencializan o no el sentido de autoeficacia en determinadas tareas. En general, a los varones se les refuerza la búsqueda de logro y la competitividad, se propician que se perciban más inteligentes, responsables, trabajadores, fuertes y audaces, en tanto, a las mujeres se les refuerza un papel menos "activo" y con baja orientación al logro, de tal suerte que son vistas a sí mismas como menos competentes y más orientadas hacia tareas de cuidado y expresión de afectos (Díaz-Loving, Rocha & Rivera, 2007; Rocha & Díaz-Loving, 2011). Es importante decir, que muchas de estas características y rasgos diferenciados han sido "naturalizados", es decir, pensadas como diferencias que surgen desde lo biológico y que por tanto, justifican el hecho no sólo de que hombres y mujeres se desempeñen en tareas diferenciales, sino incluso el que su desempeño y la percepción que tienen sobre dicho desempeño también muestre un patrón diferente, sobre todo cuando no existe una correspondencia entre lo que se espera que hagan ambos sexos y las habilidades "innatas" que se asumen en ambos. Sin embargo, ya ha sido señalado en la literatura que la idea de asumir que existen rasgos masculinos y rasgos femeninos desde una mirada biologicista no dan cuentan de la diversidad y el potencial real que las personas tienen en la ejecución de tareas, por lo que se insiste en la idea de nombrar como "instrumentalidad" a aquellas características vinculadas a la ejecución de una tarea y "expresividad" a las características que refieren a la expresión de afectos (Díaz-Loving et al., 2007), dejando de lado la idea de que dichas características sean exclusivas de un sexo. Lo anterior es relevante, en tanto debe quedar claro que cuando se habla del constructo de identidades de género, no sólo se alude al aprendizaje y posesión de rasgos ligados a las dimensiones de instrumentalidad y expresividad, sino también al conjunto de conductas, roles, creencias, actitudes, estilos y expectativas que se revisten en mayor o menor intensidad de la caracterización de dichas dimensiones, como una forma de ropaje (Spence, 1993). Por tanto, al hablar de identidad de género, no se alude a un solo factor, sino a varios, colocándose como un constructo multifactorial. Desafortunadamente, en la mayoría de los estudios en los que se explora el constructo de género y su relación con la autoeficacia se considera únicamente un solo factor y no todas las dimensiones involucradas.

Debido a lo anterior, una de las problemáticas en el estudio de la autoeficacia y la comparación entre hombres y mujeres es, como ya se mencionó previamente, el hecho de acotarlo siempre a diferencias de corte sexual y no tomar en consideración las construcciones y significados de las identidades de género. Sin embargo, existen algunos estudios en los cuales se han considerado variables como roles, rasgos y estereotipos de género de manera independiente, valorando el impacto que cada uno de estos tiene sobre la autoeficacia. Por ejemplo, en cuanto al papel de los estereotipos, se ha encontrado que conforme las niñas adoptan con mayor fuerza la identidad de género estereotípica, subestiman más sus capacidades y perciben una menor autoeficacia (Bandura, 1997). Por otro lado, Pajares y Valiante (2001b), hicieron una investigación en la cual se pretendía estudiar si las diferencias por sexo en la autoeficacia percibida para tareas de escritura se deben al sexo o a las creencias estereotípicas de género. De acuerdo a estos autores, se encontró que tanto en hombres como en mujeres, una mayor identificación con los estereotipos de género femeninos se asocia a una mayor autoeficacia percibida para la escritura, así como otras variables motivacionales (autoconcepto, aprendizaje auto-regulado, orientación al logro). Como se señaló previamente, la tarea ejecutada parece ser un factor muy importante para comprender los hallazgos reportados por investigaciones previas. Siguiendo en la línea de diferencias vinculadas al género y no al sexo, Bandura (1997) encontró que las mujeres con orientaciones femeninas estereotípicas son quienes albergan mayor inseguridad acerca de sus capacidades para realizar tareas no tradicionales. Esto es, quienes tienen una visión menos estereotipada o tradicional acerca de los roles de la mujer, tienen un mayor sentido de autoeficacia para desempeñar ocupaciones tradicionalmente masculinas y entran con mayor frecuencia en esos campos.

Por otra parte, en estudios en los que se considera el tipo de roles de género que adoptan los participantes, la "masculinidad" (entendida como el desempeño de roles sexuales tradicionalmente masculinos) se asocia positivamente con una mayor asertividad y autoeficacia, tanto para hombres como para mujeres (Adams & Sherer, 1985). Así mismo, una actitud más liberal hacia los roles de género (es decir, una actitud favorable hacia la posibilidad de desempeñar roles tanto tradicionalmente "femeninos" como "masculinos") se asocia con una mayor percepción de autoeficacia, aunque este efecto es exclusivo para las mujeres, ya que en los hombres no presenta relación alguna (Buchanan y Selmon, 2008).

En cuanto a la dimensión correspondiente a rasgos de personalidad, Matsui (1994) realizó un estudio con estudiantes hombres y mujeres japoneses para explorar su percepción de autoeficacia en 10 ocupaciones tradicionalmente masculinas [p. e. piloto(a), programador(a) ingeniero(a)] y 10 tradicionalmente femeninas [p. e. secretario(a), maestro(a), diseñador(a)], así como para conocer cómo se relaciona dicha percepción con los rasgos de identidad de género.

Encontró que un alto sentido de autoeficacia en ocupaciones tradicionalmente masculinas se asocia a rasgos de instrumentalidad, mientras que la autoeficacia en ocupaciones tradicionalmente femeninas se asocia tanto con rasgos instrumentales como expresivos. En otro estudio con 183 estudiantes estadounidenses, Christie y Segrin (1998) encontraron que los rasgos de instrumentalidad, tanto en hombres como en mujeres, se asocian a una mayor percepción de autoeficacia en dominios sociales (p. e. hablar en público) como nosociales (p. e. matemáticas).En tanto la (expresividad) no se relaciona con la autoeficacia en un dominio social, pero sí de manera negativa con la autoeficacia en tareas matemáticas.

¿Cómo se explican estas diferencias por género en cuanto a la percepción de autoeficacia? Una posibilidad tiene que ver con la exposición diferencial de niños y niñas a las distintas fuentes de autoeficacia. En un estudio con infantes, Hackett y Betz (1981) encontraron que los niños y las niñas son expuestos de distinta forma a una de las fuentes más importantes de autoeficacia: los logros anteriores. A los niños se les expone a mayores experiencias fuera del hogar y a cierto tipo de actividades como juegos en los que se compite, mientras que las experiencias de las niñas están más limitadas al hogar. En otro estudio con adultos, López y Lent (1992) encuentran que para los hombres la principal fuente de autoeficacia son los logros de ejecución anterior, mientras que para las mujeres es la experiencia vicaria y la persuasión verbal. De manera que, el primer estudio alude a la importancia que tiene la fuente de autoeficacia dada la exposición diferencial a actividades de logro, y el segundo a la importancia que adquieren las distintas fuentes de autoeficacia para cada sexo.

Un segundo factor explicativo de estas diferencias es el peso de las expectativas sociales. Una muestra de ello es el estudio de Ancis y Phillips (1996) donde se exploró el efecto que tiene en las mujeres desarrollarse en un ámbito académico en el cual existe una visión sesgada sobre su género (específicamente aludiendo a aspectos negativos del grupo al que se pertenece). De manera que aquellas mujeres que percibieron un mayor sesgo de género en sus profesores (expectativas negativas), reportaron una menor autoeficacia en sus estudios.

Finalmente, también puede aludirse al hecho de que la autoeficacia tiene un significado distinto para hombres y mujeres, como lo muestra el estudio de Thompson y Keith (2001). Esta investigación fue llevada a cabo con hombres y mujeres afroamericanas para analizar la relación entre la intensidad del tono de piel, la autoestima y la autoeficacia. De acuerdo con sus hallazgos, el color de piel en términos de que tan oscura es, resultó un factor de predicción importante exclusivamente para la autoeficacia en el caso de los hombres (un tono de piel más obscuro se relacionó con una menor percepción de autoeficacia).Sin embargo, para las mujeres, el área de su autoconcepto que más afectada se veía conforme tenían un tono de piel más obscuro era la de la autoestima. Según la explicación de los autores, esto se debe a que las definiciones tradicionales de masculinidad y feminidad demandan distintas cosas para hombres y mujeres. Para los primeros, la demanda tiene que ver con aspectos que se relacionan con la autoeficacia como lograr éxito en el espacio público, ser competitivo, ganar, ser dominante, etc. Mientras que, en las mujeres, se espera que se encarguen del cuidado de los otros, que sean cálidas, maternales, y que busquen afirmación en los otros, aspectos relacionados con la autoestima. Así pues, los autores concluyen que el género construye socialmente la importancia de las autoevaluaciones de autoeficacia y autoestima en función del tono de piel. Dicho de otra forma, se encontró que el significado y la evaluación de estas dos áreas del autoconcepto se ven afectadas por la intersección de las variables de raza y género.

Partiendo de que las aproximaciones teóricas y empíricas en el abordaje de las diferencias entre hombres y mujeres con respeto a la variable de autoeficacia, se han caracterizado por su parcialidad y por no considerar que más allá de lo biológico, existen elementos de corte sociocultural en la delimitación de estas diferencias, se hace necesario tener un abordaje multifactorial del género como variable que puede explicar las diferencias reportadas. Es evidente en la literatura revisada, la falta de unanimidad en cuanto a las dimensiones del constructo identidad de género que se consideran en los estudios de autoeficacia y, segundo, la falta de un estudio que considere como variable la identidad de género en cada una de sus múltiples dimensiones. También es importante considerar la naturaleza dinámica de una variable como identidad de género. En este sentido, continuamente hay cambios que permean el contenido y significados de las identidades de hombres y mujeres (ver Rocha & Díaz-Loving, 2011), lo cual puede llevar también a nuevos patrones o tendencias en cuanto a la percepción de autoeficacia. Así mismo, como se mencionó anteriormente la identidad de género está estrechamente relacionada con la construcción social del género, es decir, con los significados que socialmente de atribuyen al hecho de ser hombre o mujer. Evidentemente, dichos significados varían de acuerdo a la cultura de cada región. De ahí la importancia de llevar a cabo un estudio que ofrezca un panorama más claro acerca de cómo se está llevando a cabo esta interacción entre identidad de género y autoeficacia en una población mexicana.

Por otra parte, dado el impacto que el proceso de socialización puede tener en la manera en la que se perciben hombres y mujeres y la forma en la que valoran sus propias capacidades para lograr lo que se proponen, fue de interés explorar la autoeficacia no vinculada a una tarea o dominio específico, sino aquella que alude a la percepción global de eficacia en general. Cabe destacar que las creencias de autoeficacia son fundamentales para el funcionamiento humano (Pajares, Britner & Valiante, 2000). Es por ello que en este estudio se explorará cuál es el efecto de la adopción de diversos rasgos, roles, estereotipos, actitudes y pautas de socialización asociadas al género –componentes todos de la identidad de género-sobre la percepción de autoeficacia general en hombres y mujeres mexicanos.

 

Método

Participantes

El tipo de muestreo fue no probabilístico. Participaron 553 habitantes de la Ciudad de México; 53.5% fueron mujeres, y 45.6% hombres. La media de edad fue de 35.2 años (DT= 10.24). El 40% de los participantes tenía una escolaridad mayor o igual a licenciatura y el resto tenía una escolaridad equivalente a preparatoria y carrera técnica.

Instrumentos

Autoeficacia global: la autoeficacia global se midió con la Escala de Autoeficacia de Sherer et al., (1982) que consta de 30 ítems, siete de los cuales sirvieron como distractores. La escala mide las percepciones individuales de las personas acerca de su capacidad para completar tareas. El formato de respuesta es tipo Likert de cinco opciones que van de 1 (totalmente en desacuerdo) a 5 (totalmente de acuerdo). Para obtener la puntuación se suman los reactivos y se dividen entre el número total de los mismos. Un puntaje mayor indica una mayor percepción de autoeficacia. La escala original se acomoda en dos factores: a) autoeficacia general (α=.86), compuesto por 17 reactivos, y b) autoeficacia social (α =.71), compuesto por 6 reactivos. Al realizar un análisis factorial de rotación varimax con la población estudiada se detectó que los reactivos se acomodaron de manera similar en dos factores, empero, uno de ellos aludía a la falta de autoeficacia (14 reactivos, α = .856, ejemplo: "Me rindo antes de terminar una tarea"), en tanto en el segundo factor se agruparon aquellos reactivos que aludía a la percepción de autoeficacia (9 reactivos, α = .714, ejemplo, "El fracaso sólo ocasiona que me esfuerce más"). Dada la congruencia teórica y la consistencia detectatada en ambos factores, se decidió trabajar con estas dimensiones (falta de autoeficacia y autoeficacia).

Identidad de género: la variable de identidad de género se midió con el Inventario Multifactorial de Identidad de Género, de Rocha (2004). Este inventario cuenta con 5 escalas independientes que miden: rasgos de personalidad, pautas de socialización, roles de género, actitudes y estereotipos.

La escala de rasgos consta de 66 adjetivos característicos de la instrumentalidad y la expresividad tanto en aspectos positivos (p.e. ser trabajador, responsable, competitivo, capaz –aspectos instrumentales-así como tierno, expresivo, amoroso, cariñoso –aspectos expresivos-) y negativos (p.e. agresivo, orgulloso, machista, aprovechado-aspectos instrumentales-, así como llorón, miedoso, débil, quejumbroso, -aspectos expresivos-). La tarea del participante consiste en responder qué tanto considera que lo describe dicho adjetivo, en una escala Likert de 1 a 5, donde 1 significa poco y 5 significa mucho. La escala se compone de 8 dimensiones, a saber: expresividad afiliativa (p. e. amoroso, cariñoso), expresividad no pasiva (p. e. curioso, comprensivo), vulnerabilidad emocional (p. e. indeciso, penoso), expresividad egocéntrica (p. e. chismoso, metiche), orientación al logro (p. e. arriesgado, tenaz), instrumentalidad cooperativa (p. e. organizado, cumplidor), machismo (p. e. problemático, agresivo) y autoritarismo (p. e. terco, arrojado). La escala tiene una confiabilidad total de α =0.89.

La escala de roles de género es una escala tipo Likert de 6 puntos, donde 1 significa nunca y 6 significa siempre. Está compuesta por dos áreas; la primera de ellas contiene 20 reactivos que hacen referencia a conductas estereotipadas para ambos géneros que se realizan en el contexto de la pareja, dando lugar a una dimensión que alude al rol tradicionalmente masculino (p.e. "Controlo las cosas que mi pareja hace", "Establezco las reglas de nuestra relación") y una dimensión que alude al rol tradicionalmente vinculado con las mujeres (p.e. "Busco satisfacer los gustos y necesidades de mi pareja antes que los míos" ó "Soy afectuoso con mi pareja"). La segunda área reúne reactivos que indican actividades específicas que se realizan en el hogar y actividades que involucran el cuidado de los hijos. De acuerdo a ello, surgen tres dimensiones, la primera que hace referencia a un rol instrumental en el hogar, asociado generalmente al rol masculino (p.e. "Pagar las cuentas de la casa" ó "Tomar las decisiones más importantes dentro de la familia"), una segunda dimensión que se vincula con un rol doméstico, generalmente asociado al rol femenino (p.e. "Lavar la ropa" ó "limpiar y sacudir muebles") y actividades que se vinculan directamente con el cuidado de los hijos y se traducen en un rol afiliativo y de cuidado, con frecuencia vinculado más a un rol femenino que masculino (p.e. "Hacer la tarea con los hijos" ó "cuidarlos cuando están enfermos"). La escala tiene índices de confiabilidad en cada una de las subdimensiones entre .90 y .95.

La escala de actitudes hacia la equidad en los roles de género evalúa qué tanta aceptación existe hacia el cambio de roles tradicionales en hombres y en mujeres. Consta de 16 afirmaciones sobre los hombres y las mujeres que responden a la pregunta qué tanto me gusta, por ejemplo "que el hombre se encargue del cuidado de los hijos" o "que la mujer sea autosuficiente" a lo que el participante indica su agrado, en una escala Likert de 5 puntos, donde 1 significa me gusta mucho y 5 significa me disgusta mucho. La confiabilidad de la escala es de .92

La escala de estereotipos evalúa el grado de aceptación hacia la ejecución de roles convencionales y características tradicionales en hombres y mujeres. Se conforma por 20 afirmaciones acerca de las actividades típicas y las características que se consideran poseen hombres y mujeres. Está elaborada en formato Likert de 1 a 5 opciones, que va de "totalmente de acuerdo" a "totalmente en desacuerdo". En esta escala se distinguen tres factores: aceptación del machismo (p. e. un hombre es más inteligente que una mujer), aceptación de roles y rasgos masculinos convencionales (p. e. una familia funciona mejor si es el hombre quien establece las reglas del hogar) y aceptación de roles femeninos convencionales (p.e. emocionalmente la mujer posee mayor fortaleza que un hombre). La consistencia global de la escala es de .84

Por último está la escala de pautas de género internalizadas (Rocha & Ramírez, manuscrito no publicado) que evalúa el grado en el que las personas utilizan mandatos de género para autodefinirse. Es una escala en formato tipo Likert de 5 opciones, compuesta por 71 proposiciones que responden a la pregunta "¿qué tanto me define...?". El participante indica qué tanto cada reactivo lo define, en donde 1 significa poco y 5 significa mucho para cada una de las proposiciones. Los reactivos de esta escala se distribuyen en tres factores. En el primero de ellos se conjugan mandatos de género que corresponden tanto a hombres como a mujeres por lo que refieren una autodefinición más andrógina (consistencia interna de .98), incluye reactivos como: "Mi capacidad para resolver problemas", "mi capacidad para cuidar de otros", "la importancia que doy a las relaciones afectivas", "mi fuerza física", etc. El segundo, hace referencia a pautas de socialización tradicionalmente femeninas (consistencia interna de .97), incluye reactivos como "Sentirme inferior al sexo opuesto", "Obedecer a otras personas", "Miedo a no poder defenderme de otros", "No darle demasiada importancia al éxito". Por último, está el factor que alude a pautas de socialización tradicionalmente masculinas y que sólo recoge la parte más rígida de la masculinidad "hegemónica" (consistencia interna de .90), como "El deseo de dominar a otras personas", "imponerme siempre a los demás", "una búsqueda imperante de riesgos", "buscar ganar a toda costa", etc. La consistencia global de la escala es de .90

Procedimiento

Se invitó a los participantes a que contestaran el cuestionario, para ello se asistió a sus casas, centros de trabajo y en lugares públicos. La participación fue voluntaria y se garantizó la confidencialidad de la información. Se agradeció su participación y se les invitó a recibir retroalimentación de los hallazgos de la investigación. Tras obtener las aplicaciones, se hizo la captura correspondiente en un paquete estadístico y se llevó a cabo el análisis de resultados.

 

Resultados

Comparación de los factores de identidad de género y autoeficacia percibida entre hombres y mujeres.

Primeramente los datos de cada una las variables del instrumento de identidad y autoeficacia se analizaron con la prueba t de Student para muestras independientes, con la finalidad de encontrar si existían diferencias en la percepción de autoeficacia y en la configuración de las identidades de hombres y mujeres como se muestra en la Tabla 1. De acuerdo con los resultados, se encontraron diferencias significativas entre ambos sexos en todos los factores de identidad de género excepto en el rol expresivo en la pareja, en los estereotipos acerca de las mujeres y en los rasgos vinculados a la orientación al logro. No obstante, en la variable de autoeficacia no se detectaron diferencias estadísticamente significativas. De manera general, los hombres obtuvieron puntajes significativamente mayores que las mujeres en los tres factores de pautas de socialización y en el rol instrumental, esto es, en el desempeño de tareas relacionadas con la ejecución de una tarea. En cambio, las mujeres obtuvieron puntajes más altos en los factores relacionados con el cuidado de los demás y el desempeño de tareas dentro del hogar (rol doméstico). Además, de acuerdo con los resultados las mujeres presentan una actitud más flexible en comparación con los hombres hacia el desempeño de actividades o roles que no son convencionales según el estereotipo de género tradicional.

Aunado a lo anterior, las mujeres también obtuvieron puntajes mayores para todos los rasgos de expresividad (tradicionalmente femeninos) en comparación con los hombres, excepto en expresividad egocéntrica, que se considera un rasgo negativo en tanto tiene que ver con características como ser chismosa o latosa. En cuanto a los factores de instrumentalidad (tradicionalmente asociados a lo masculino) los hombres obtuvieron puntajes más altos que las mujeres en casi todos excepto en la orientación al logro, donde no se encontraron diferencias por sexo.

Relación entre la identidad y la autoeficacia percibida

Con el fin de conocer la relación entre la identidad de género y la autoeficacia, y considerando que hubo diferencias estadísticamente significativas entre hombres y mujeres en los factores de identidad, se realizó un análisis de correlación entre las dos variables de manera separada para el grupo de hombres y el de mujeres. Los resultados se muestran en la Tabla 2.

En primer lugar se detectó que en términos de las pautas de género internalizadas, el factor que alude a la autodefinición andrógina (p. e. mi capacidad para resolver problemas, mi capacidad para cuidar de otros) tienen una correlación positiva con la autoeficacia tanto en mujeres como hombres, mientras que las pautas de socialización femeninas y masculinas se relacionan con la falta de autoeficacia en ambos sexos. En cuanto a los roles, los únicos factores que se relacionaron con autoeficacia fueron los que tienen que ver con el papel que se juega en la pareja (expresivo e instrumental). Sin embargo, los resultados sugieren que la forma en la que se relacionan estos dos aspectos de la identidad de género con autoeficacia es distinta para hombres y para mujeres. Las diferencias son especialmente notorias en el caso del rol instrumental caracterizado por conductas como llevar el control de la relación, que para las mujeres se relaciona con la presencia autoeficacia, mientras que para los hombres se relaciona con la falta de autoeficacia. Por el contrario, el rol expresivo se relaciona con autoeficacia tanto en hombres como en mujeres.

En lo que a actitudes y estereotipos hacia el rol de género compete, se observó que en la medida en la cual los hombres y las mujeres tienen una mayor disposición hacia el cambio o transición en los roles coincide de manera positiva con la autoeficacia. Y de manera paralela, en la medida en la cual poseen una visión más estereotipada, se observó que ambos sexos manifiestan una percepción de falta de autoeficacia, incluso se hace evidente la relación inversa que guarda la mirada estereotipada con la percepción de autoeficacia para hombres y mujeres.

En cuanto a los rasgos instrumentales y expresivos, tanto en hombres como en mujeres los factores de expresividad que se podrían denominar socialmente deseables como ser afectuosos, compresivos, cariñosos, curiosos, etc., (expresividad positiva y expresividad no pasiva) se relacionan positivamente con la autoeficacia, mientras que los rasgos de expresividad negativa se relacionan de forma significativa con la falta de autoeficacia. Sin embargo, cabe mencionar que específicamente el factor de expresividad egocéntrica (ser chismoso, metiche y latoso) se vincula con falta de autoeficacia exclusivamente en el caso de los hombres. En lo que a los rasgos instrumentales compete, se hizo evidente un patrón similar al anterior, en donde los rasgos vinculados a la instrumentalidad positiva (tanto la orientación al logro como la cooperatividad) se vinculan de manera positiva con la percepción de autoeficacia en ambos sexos, en tanto, los rasgos negativos de esta dimensión (machismo y autoritarismo) se asocian con la percepción de falta de autoeficacia en los hombres. Interesantemente, la posesión de rasgos asociados al machismo (p.e. ser agresivas, dominantes, tosca o violentas) en las mujeres se asoció con la percepción de autoeficacia.

 

Discusión

Las diferencias por sexo en cuanto a autoeficacia no resultaron significativas, lo cual es incongruente con lo que se ha encontrado en otras investigaciones (p.e. Bandura, 1997; Eccles, 1989; Betz & Hackett, 1981). Sin embargo, esto se puede deber al tipo de autoeficacia que se midió en el presente estudio, a saber, autoeficacia global, a diferencia de la mayoría de las investigaciones mencionadas anteriormente en las que se midió autoeficacia hacia alguna tarea específica como matemáticas o expresión verbal. Lo anterior podría sugerir que la tarea puede colocarse como un detonador de las diferencias que perciben hombres y mujeres en cuanto a sus capacidades, resultado del proceso de socialización y los lineamientos culturales que delimitan qué tarea corresponde a cada quien. Esto puede ser similar a lo que sucede en el fenómeno de la "amenaza ante el estereotipo", en la cual es precisamente ante el hecho de hacer explícito que algún género se desempeña mejor que otro en una tarea, cuando las personas se ven afectadas en su desempeño (Brooke, Seery, Blascovich & Weisbuch, 2007).

En cuanto a la forma en la que el género se involucra con la autoeficacia, los datos permiten vislumbrar varios patrones diferenciales en función de las características, conductas, creencias y rasgos que se poseen. Por ejemplo, el rol instrumental se relaciona con autoeficacia en el caso de las mujeres, pero en los hombres esto se relaciona con la falta de autoeficacia. El machismo como rasgo tiene un patrón similar. Esto hace pensar en lo sugerido por Thompson y Keith (2001) en cuanto al significado diferencial que tiene la autoeficacia para hombres y mujeres, a colación precisamente de las expectativas y normas que son asociadas a los roles masculinos y femeninos. De manera que, así como en su estudio, la autoeficacia era más relevante para los hombres en tanto la autoestima para las mujeres dado el significado que se le otorga, en el caso de nuestros resultados es factible suponer una situación similar. Básicamente ha habido cambios significativos en la identidad de hombres y mujeres que llevan a que se traslapen actividades o se adopten rasgos no asociados tradicionalmente a un sexo (ver Rocha & Díaz-Loving, 2011), sin embargo, estos cambios no siempre van acompañados de transformaciones estructurales; de forma que en lo social y lo cultural siguen prevaleciendo estereotipos en cuanto a qué actividades son para hombres y para mujeres. En tal proceso, las personas pueden otorgar -dado el espacio o circunstancia en la que se encuentren-un valor diferente a la posesión de ciertos rasgos o la ejecución de determinadas conductas. Por ejemplo en las mujeres, el poseer rasgos como ser arrojadas, tercas, mandonas, etc., puede otorgarles un mayor sentido de autoeficacia (como demuestran los resultados) en tanto les permite tener una mayor sensación de dominio y competencia en ámbitos tradicionalmente masculinos, y además, son parte de los rasgos que se espera posean en cierto entorno o bien los que les permiten ser "aceptadas". Esta hipótesis podría apoyarse por el hecho de que la mayoría de los y las participantes eran empleados o profesionistas, aunque hacia el futuro será necesario explorar el impacto que este tipo de variables puede tener. En el caso del rol instrumental en la pareja algo parecido ocurre, ya que se asoció positivamente con la autoeficacia para las mujeres, pero negativamente en el caso de los hombres. Al parecer para las mujeres el tener un rol más autoafirmativo en su relación es un indicativo de una mayor percepción de autoeficacia. En el caso de los hombres, la posible explicación radica en que si este tipo de rasgos y roles más instrumentales están ligados a su identidad masculina, el hecho de que hoy también las mujeres puedan tener características parecidas afecta el valor que se les da, pues entre otras cosas pierden su exclusividad y dicho sea de paso, el poder que esa exclusividad otorga.

Por otro lado, los resultados indican que una visión más estereotipada acerca de hombres y mujeres se relaciona en ambos casos con falta de autoeficacia. Esto es congruente con la teoría de Bem (1974) acerca de que las personas más estereotipadas son más rígidas cognitivamente hablando y experimentan un mayor malestar psicológico al desempeñar tareas no tradicionales, lo cual tiene implicaciones en su salud en el sentido de que les causa mayor estrés tener que enfrentarse a situaciones nuevas o situaciones que no sean congruentes con sus estereotipos. La autoeficacia es un factor de salud psicosocial que permite afrontar de manera saludable el estrés provocado por factores externos (Stein, 1997). A partir de la presente investigación es posible considerar que una mayor rigidez en cuanto a los estereotipos de género, implica una mayor rigidez cognitiva que influye en la percepción que las personas tienen de su eficacia para llevar a cabo tareas que, tradicionalmente, no sean congruentes con su género. Así mismo, es factible que esta falta de autoeficacia tenga implicaciones directas en la salud, en tanto restringe las posibilidades de las personas de enfrentarse a las demandas de su medio.

El comportamiento de los factores de pautas de socialización y rasgos de personalidad sugiere que, en general, la androginia se relaciona positivamente con la salud. Esto es congruente con la propuesta de Bem (1974) acerca del impacto favorable de la androginia (entendida como la incorporación de características expresivas e instrumentales) sobre la salud, dado que permite una mayor adaptabilidad a través de diversas situaciones. Específicamente en cuanto a pautas de socialización, se encontró una clara relación de la androginia con una mayor percepción de autoeficacia, mientras que las pautas exclusivamente masculinas o femeninas, se asociaron a una menor autoeficacia. En el caso de los rasgos de instrumentalidad y expresividad, el patrón general fue que los factores de instrumentalidad y expresividad positiva se asociaron a una mayor percepción de autoeficacia, mientras que la instrumentalidad y expresividad negativa se asociaron a una menor autoeficacia, aunque, como ya se mencionó anteriormente, hubo algunas excepciones a este patrón. Sin embargo, es posible inferir a partir de los resultados de este estudio que la androginia se relaciona con una mayor autoeficacia (y por lo tanto, una mejor salud) sólo cuando reúne las características positivas de la instrumentalidad y expresividad, lo que se podría llamar una "androginia positiva" tal como la han sugerido otros autores (Díaz-Loving, Rocha & Rivera, 2007).

Finalmente, puede decirse que ante el hecho de que la percepción de una mayor autoeficacia global sí se vincule con aspectos de la identidad de género, sugiere dos posibilidades importantes, por una parte desde lo que culturalmente se adjudica a los géneros y es socializado, es factible que se fomente en general una cosmovisión más "positiva" y "orientada al logro" de los hombres que de las mujeres, lo que se traduce en estereotipos más negativos hacia lo femenino que lo masculino. Y por otra parte, dada esa cosmovisión, también implica que en lo cotidiano las experiencias y las actividades desempeñadas por hombres y por mujeres sí generen una posibilidad diferente de sentirse eficaces, en el sentido de que salir a trabajar, desempeñarse como profesional o en el ámbito público, se favorece una mayor percepción de competencia y autoeficacia porque la tarea en sí misma exige un reto, porque está sometida a una evaluación y porque genera retroalimentación de una u otra forma en torno a las capacidades para ejecutarla. En cambio, en el escenario doméstico en el que tradicionalmente se desempeñan las mujeres, hay una visión devaluada de la actividad en sí misma y por tanto no se coloca como una fuente de retroalimentación y además no tiene las cualidades de evaluación y orientación al logro que las actividades asociadas a los hombres.

De ahí surge la posibilidad de que cuando hombres y mujeres incursionan en uno u otro escenario no asociado tradicionalmente a su género, se manifiesten efectos diferentes en variables relacionadas con su autoconcepto. Así, el resultado es que en la mayoría de los casos haya una percepción de mayor autoeficacia en las mujeres cuando se involucran en tareas tradicionalmente del sexo opuesto (p.e. si la mujer juega un rol más instrumental en su pareja, en su hogar, si tiene una actitud más equitativa, etc.) y de menor autoeficacia en los hombres justo cuando comienzan a participar en actividades que siguen siendo socialmente devaluadas (p.e. el que desempeñe actividades en el hogar) o en la adopción de rasgos tradicionalmente femeninos y negativos.

En este sentido, aunque en diferentes formas, existe una mayor apertura hacia lo que pueden hacer hombres y mujeres en cuanto a posibilidades y transiciones en sus identidades, existen o prevalecen mecanismos de control y de exigencia social que limitan y coartan las posibilidades de desarrollo personal, de forma que se siguen sobrevalorando las actividades relacionadas con la producción (masculinas) y devaluando aquellas que competen al ámbito de lo doméstico y el cuidado de los hijos. Por lo tanto, aún con los cambios y las posibilidades de compartir roles, ambos géneros siguen enfrentando obstáculos que pueden impactar no sólo en su autoconcepto, sino en sus habilidades y la percepción que tienen sobre sí mismos, derivando en serias implicaciones para la salud emocional, mental y social. Es necesario entonces seguir investigando de qué forma pueden promoverse nuevos patrones de socialización que favorezcan la posibilidad de que ambos géneros desarrollen un sentido de autoeficacia general que promueva su salud y bienestar.

 

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Nota

1 Proyecto PAPIIT No IN309708 "Identidades de género y su relación con indicadores de salud psicosocial, bienestar subjetivo y bienestar en la relación con indicadores de salud psicosocial, bienestar subjetivo y bienestar en la relación de pareja en mexicanos que viven en la Ciudad de México y mexicanos migrantes que viven en Texas".

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