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Problema anuario de filosofía y teoría del derecho

versão impressa ISSN 2007-4387

Probl. anu. filos. teor. derecho  no.12 México Jan./Dez. 2018

http://dx.doi.org/10.22201/iij.24487937e.2018.12.12450 

Artículos

Educación para las diversidades; la vocación de la universidad, una plaza (cité) expuesta para la fuerza

A Cultural Education for Diversities Inclusion; University Vocation, a Siege Expose for Empowerment

Lucía Raphael* 

*Investigadora en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y coordinadora general del Laboratorio Nacional Diversidades.

Resumen

Este ensayo desarrolla el acercamiento entre las reflexiones de dos filósofos contemporáneos, Martha Nussbaum y Jaques Derrida, quienes encuentran en la educación y en la universidad las trincheras necesarias para regresar su lugar a las humanidades, comenzando por el derecho, pero no sólo su humanidad, sino su papel fundamental para la concientización y reapropiación de la dignidad que todo ser humano conlleva, y cuya realidad se está viendo menguada hasta su propia negación por el sistema político actual, reinante de manera global en el planeta, el cual lo conduce hacia su destrucción. Es una invitación a comprender la riqueza que implican las diversidades, las diferencias, las alteridades, y el compromiso que la universidad, desde su vocación primera, comprende desde la Edad Media de ser el espacio de todas las preguntas y también por qué no, de los silencios, y lo que se requiere es guardarlos. El derecho tiene la responsabilidad de reconocer en su razón de ser las aspiraciones del Siglo de las Luces, de libertad, de igualdad, de laicidad, y nos corresponde a nosotrxs como estudiantes de esta disciplina defender y entender los conceptos de un alto valor humanista, que lo exponen como defensor de la dignidad humana y como límite para el poder desmedido y a la intolerancia que lleva a la humanidad a la destrucción y al odio del otro, de los desconocido, y nunca, ojalá fuera posible, lo contrario, como suele ocurrir.

Palabras clave: Diversidades; educación; universidad; humanidades; deconstrucción; género y ética del otro

Abstract

This essay relates the ideas of two contemporary philosophers: Martha Nussbaum and Jacques Derrida in their argument that Education and Universities provide the necessary arena to bring back the place of the Humanities in education, starting with the Law and its fundamental roll to raise people’s consciousness and the reappropriation of human dignity, dignity that has been diminished up to the point of negation by contemporary political systems who govern the global world up until its destruction. It is indeed an invitation to understand the richness that diversities, alterities and differences imply and the place Universities have had since the Middle Age of being appropriate spaces to discuss all possible questions and why not -as Derrida claims- the place of silence if that is what we need or where we want to kept them. Law has the responsibility to acknowledged in its reason being the aspirations of the “Siècle des Lumiérés”: Freedom, Equality, Laicity, and how we the followers of this discipline need to defend and understand the concepts of this humanist value that makes Law a defender of human dignity and defender against unlimited power and intolerance that only annihilates humanity.

Keywords: Diversities; education; universities; humanities; deconstruction; gender; alterities

Sumario I. La ética del otro, una necesidad urgente para un futuro posible. II. Asumir la responsabilidad de los propios actos: “El conócete a ti mismo” (del Frontispicio de Delfos) implica respetar y valorar la diferencia del “otrx”. III. ¿Desde dónde reflexionar la ciudadanía para construir una sociedad más democrática? IV. Referencias bibliográficas.

I. La ética del otro, una necesidad urgente para un futuro posible

La historia del pensamiento occidental, así como los avances que desde la Ilustración y la modernidad, y posteriormente la posmodernidad, se habían logrado relativamente en favor del respeto de las alteridades,1 la valoración de las diversidades, la capacidad de los seres humanos para reconocer las diferencias como riquezas, han sufrido un cambio de dirección en el péndulo de la historia hacia el endurecimiento de una mirada provinciana, androcéntrica, ignorante; azuzada por el miedo que esta misma ignorancia provoca. De tal manera que, ante la urgencia de confrontar y sensibilizar sobre los alcances destructivos que la xenofobia, la misoginia, la homofobia/transfobia y todas las posturas discriminatorias y excluyentes provocan, así como la manera en que enceguecen a una sociedad cada vez más “narcisizada”,2 controlada por lo que la filósofa norteamericana Martha Nussbaum llama “el choque de civilizaciones dentro de cada persona”, se plantea la necesidad de buscar en la universidad, en la educación, espacios de reflexión que permitan pensar y re-pensar juntxs;3 desde las humanidades y las artes, el trabajo fundamental, cotidiano, que representa la capacidad de entender y desarrollar el respeto por los demás, por dichas “alteridades”, como una ética-estética (Michel de Montaigne) fundamentales para la sobrevivencia humana y nuestra evolución como especie, y nunca más, sólo a favor de la técnica, en detrimento de nosotrxs en tanto seres humanos, o a favor de una reinstauración de privilegios de una minoría dominante.

Esta mirada crítica encuentra su espacio natural, más que en otras disciplinas, en las humanidades, como explica el filósofo francés Jacques Derrida en su libro La universidad sin condición.4 En ellas, comenzando por el derecho, se han gestado conceptos fundamentales, como los “derechos humanos” o los “crímenes contra la humanidad”, que tienen como posición y como contraposición, en ese orden, la apertura al respeto, a la inclusión, al reconocimiento del valor y la riqueza de las diversidades, de las diferencias, que encontramos en el derecho internacional como acuerdos imprescindibles, cuyo resultado es la experiencia vivida, a lo largo de la historia humana, en la que hemos constatado nuestra insoportable y ruin “capacidad” de destruir lo mejor de nosotrxs mismxs, de destruirnos entre nosotrxs. Por eso, autores como Martha Nussbaum o Jacques Derrida -entre otros- han hecho, cada uno en su momento, un análisis fundamental de la importancia que tiene la educación y el rol de la universidad para apostar por esa otra forma de humanidad a la que el pensamiento de las “Luces aspiraba desde su conformación. Y que, como todxs sabemos, se separó de los objetivos de la modernidad, arrebatando a sus fines más elevados, dando paso a una “civilización” que, a golpe de centrarse en la razón por la razón misma, el desarrollo industrial, tecnológico, económico, con una mirada conservadora, neoliberal y capitalista, termina por acercarse dramáticamente a la reivindicación de los privilegios que, momentos culmen de la modernidad -como la Revolución francesa-, tuvieron como fin erradicar. Es desde esta perspectiva crítica que Nussbaum, desde la educación, y Derrida, desde la universidad (que son una misma cosa en un punto), encuentran en otra forma de pensar, de proponer, de “de-construir” ambos conceptos analizados, una promesa de “a-venir” (por-venir) (Derrida), haciendo de ambos espacios y conceptos no sólo las trincheras de defensa de los seres humanos que conformamos esta sociedad en franco declive, sino la apuesta de resistencia desde otra forma de pensar al individuo y a la ciudadanía para una sociedad incluyente, desde una relación con el conocimiento hacia el infinito y no hacia el totalitarismo, escribiría Emmanuel Levinas en su libro que lleva este título.5

Nussbaum y Derrida apuestan desde sus diversas perspectivas por la recuperación de una mirada distinta de la educación, para no caer en lo que la filósofa norteamericana expone como máquinas especializadas para hacer una sola cosa; es por ello que la educación debe seguir estando impregnada y atravesada por la filosofía, la literatura, la ética, la historia, las ciencias sociales... ¡el arte! Haciendo de la educación un espacio que da la posibilidad de poner en cuestión los conceptos que le dan sustento a las humanidades, para permitir el flujo humano de una mirada, más que humanista, humana. La idea de romper con la estructura patriarcal, tradicionalista, jerarquizada, marcada por los valores viriles del honor, del poder, de la posesión, del prestigio, de la cosificación de las mujeres como trofeos o estrellas de la solapa de los miembros del establishment y excluidas de los espacios de educación superior durante muchos años. La apuesta entonces es otra forma de educación para otra forma de sociedad y de cultura De esta reflexión, que vengo trabajando desde mi tesis doctoral a través del trabajo de Virginia Woolf en su libro Tres guineas,6 sólo dejo la imagen de una hoguera en la que se quemarían los muros y ventanas de las universidades construidas para el poder y el prestigio a favor de otra forma de enseñanza que incluyera a las mujeres desde una relación con el conocimiento más libre (reflexión que tejeré en un artículo posterior, pero que en lo personal ha contribuido sustancialmente a la integración de este cruce de ideas).

Recientemente fui invitada a participar a un foro sobre la construcción de la ciudadanía, en una mesa que planteaba “¿Cómo construir mejores electores?”. Mi participación se centró en el error que, considero, consiste en reducir hoy en día a los seres humanos, ya sea a sólo “electores”, limitando la democracia al simple hecho de “tener una credencial y de votar”, o a “consumidores”, reduciendo nuestros derechos a la protección en cierto ámbito de consumo, dejando los derechos fundamentales en el éter. Estas reducciones exponen claramente el lugar que se le está dando a los seres humanos en esta sociedad neoliberal, gobernada por programas, como los actuales, que definen la educación, también en México, en el sentido de “formadora” de piezas de una cadena de producción, como la que menciona Nussbaum y que, como explica Derrida, expone a la universidad a situaciones de dependencia, dando a las empresas privadas un poder de determinación de los programas y proyectos de investigación, abriéndoles la posibilidad de “patrocinar” la educación (y la política también), lo que les da el poder de definir los objetivos, fines y valores de la universidades desde las necesidades del mercado, sin entender que la universidad debe mantenerse como espacio de resistencia frente a los totalitarismos, los intereses económicos y la “basurización de los cuerpos”,7 así como de los seres humanos. Reducirnos a máquinas especializadas en una sola capacidad conlleva encerrarnos en una mirada única, alimentada por valores conservadores, que conducen al desconocimiento del “otro como otro”, a la exclusión, a la discriminación como sistema de interrelación, a la incapacidad auto-crítica y crítica de la realidad, generando crisis que, aunadas a las económicas, agudizan la deshumanización.

Nussbaum explica el fenómeno que se da al interior de las sociedades, como al interior de las personas, y lo define como

[un] choque interno [que] se puede encontrar en todas las sociedades modernas, en diferentes formas, ya que todas contienen luchas por la inclusión y la igualdad, ya esté en el centro neurálgico de estas luchas en los debates sobre la inmigración, o en la reconciliación de las minorías religiosas, raciales y étnicas, o en la igualdad de género, o en la discriminación positiva...8

Explica cómo este “choque interno” no sólo se da al interior de las sociedades, y el encuentro entre sus diferencias, las cuales aparecen en todas la culturas, está en el origen de conceptos como la tolerancia, la laicidad, la libertad de pensamiento, de enseñanza. En el mismo sentido, desarrolla cómo al interior de cada ser humano se da un choque que se desata entre las que Nussbaum llama “fuerzas de la personalidad”, y que en el día a día de la convivencia humana, estas “fuerzas de la personalidad que se oponen a la reciprocidad democrática y al respeto, [las cuales] militan contra el reconocimiento mutuo...”, se manifiestan de manera cada vez más desenfrenada, y responden a características generales de los seres humanos que pueden llevarnos a sacar lo peor de nosotros mismos.

Para la comprensión de este análisis, la filósofa expone algunos de estos rasgos humanos que devienen disfunciones; por ejemplo, escribe la filósofa: “sabemos que la gente tiene un alto nivel de respeto por la autoridad”, hasta llegar a comportarnos como borregos ante una orden, y expone cómo se ha demostrado científicamente que los individuos, bajo ciertas condiciones, somos capaces de ir en contra de lo que nuestros propios sentidos nos gritan, cuando el resto del grupo a nuestro alrededor se comporta de una manera negativa, mostrando un “servilismo inusual de los seres humanos normales, frente a la presión de grupo”. Lo que toca de muchas maneras a aquello que la filósofa alemana Hannah Arendt refiere como “la banalización del mal” (en términos muy generales, me refiero a la explicación que hace Arendt cuando expone cómo muchos de los nazis se justificaron frente a sí mismos bajo la idea de que, al formar parte de una maquinaria que impone tareas, esto permitiera al individuo eludir la responsabilidad ética de asumir su parte, por el solo hecho de considerar “que está cumpliendo con su deber”); también comprende lo que Nussbaum refiere sobre experimentos realizados en diversos momentos del siglo XX, en los que se demostró que “personas de apariencia normal están dispuestas a involucrarse en comportamientos que humillen y estigmaticen si su situación está configurada de una manera determinada, poniéndolos en un papel dominante y mostrándoles que los otros son sus inferiores”.

Me refiero al ensayo experimental realizado en 1963 por Stanley Milgram, psicólogo norteamericano, al que intituló “Estudio comportamental de la obediencia”;9 Nussbaum recurre a lo largo de su texto al trabajo de algunos psicólogos que muestran esta incapacidad de los seres humanos de romper con el comportamiento en masa, a pesar de ir en contra de su propia consciencia, fundiéndose en la manada. En el libro que presenta Milgram sus conclusiones, analiza el comportamiento de sujetos aleatoriamente escogidos, sometidos a situaciones en las que se les ordenaba causar daño a otra persona. Los resultados fueron escalofriantes, llegando en algunos casos un 93% de sujetos capaces de infligir el nivel máximo de dolor, aun a sabiendas de que podría causar la muerte del receptor de las descargas eléctricas. Con estos estudios ha sido posible demostrar que las atrocidades como las nazis no sólo pueden ser realizadas por psicópatas, sino que en un entorno y condiciones “propicias”, un gran porcentaje de personas ceden ante la necesidad de obediencia y autoridad. Milgram demuestra cómo todos los seres humanos expuestos a ciertas relaciones de poder y de dominación seríamos capaces de las peores atrocidades, como lo corrobora Nussbaum. Debemos comprender de qué manera deviene esencial una educación que permita a los seres humanos conectar y desarrollar su propia conciencia y asumir la responsabilidad de sus propias decisiones, para saber que de lo que la educación misma se trata, tanto en el seno familiar, en el espacio de lo privado, como en el espacio de lo público, es que cada estudiante pueda desarrollar una noción ética de la responsabilidad del otro, de cara a sí mismo; esto muestran Miligram y sus colegas, así como lo desarrolla Nussbaum en sus ensayos.

En México, hemos podido observar dos tipos de comportamientos que van en el sentido de una renuncia a la propia responsabilidad y a la ética del otro que los autores e investigadores plantean; el primero, que no es tema de estudio directo de este ensayo, es el relacionado con la exponenciación de la violencia que surge de las relaciones desiguales de poder, de la desigualdad profunda y asesina en términos sociales y económicos, y de la arraigada cultura misógina y discriminadora que vuelve a las mujeres de una sociedad el blanco y chivo expiatorio de las frustraciones y resentimientos, por el solo hecho de ser mujeres; porque los hombres “pueden hacerlo” simplemente, porque no se ha entendido cómo toda una visión de la cultura construida a partir de la idea de que el hombre es el centro del universo, implica una licencia tácita para matar a las mujeres, como objetos de uso para esos fines, y a disponer del resto de las especies que habitan el planeta.

La otra, que en mi opinión, así como de muchas estudiosas de las relaciones de género, también está al origen de estas realidades. Esta forma de violencia más velada a primera vista y que está directamente relacionada con la cultura de roles, que hoy por hoy se ha vuelto de manera dramática una bandera de la sociedad conservadora, con una fuerte tendencia regresiva hacia el racismo, a la búsqueda irracional de recuperación de privilegios relacionados en el pasado a ciertos grupos dominantes (clasismo, elitismo, supremacía blanca, etcétera), en detrimento de la mayoría; a la concentración de la riqueza ahora con dimensiones globales (neoliberalismo conservador); al desmantelamiento de los derechos humanos (totalitarismo); al rechazo a las diversidades, las diferencias; a la alteridad (discriminación y exclusión), lo que conlleva a la “construcción del enemigo”, en “el otro”, diferente o desconocidx.

Todo esto corresponde a un proyecto de nación (que comparte el sistema global económico que gobierna) que ha tendido a intentar desaparecer las humanidades, las artes, la filosofía, entre otras, de la currícula general en la educación a nivel mundial y, como lo exponen Nussbaum y Derrida, están siendo borradas de manera radical, mientras que hoy por hoy devienen espacios de reflexión fundamentales para poner el punto sobre las “íes” en el ámbito universitario, ya que la apuesta por el mercado, por encima de los seres humanos, sigue arrebatando a las personas los elementos de referencia, las pautas y el aprendizaje necesarios para un desarrollo humano ético, indispensable para la conformación de democracias estables y fluidas, posibles.

II. Asumir la responsabilidad de los propios actos: “El conócete a ti mismo” (del Frontispicio de Delfos) implica respetar y valorar la diferencia del “OTRX”

Es por eso que es crucial repensar la educación, las políticas públicas, la ética, a partir de un pensamiento crítico, con los elementos necesarios para la formación de una buena ciudadanía en una sociedad que tiene que saber luchar por el desarrollo humano, con la presencia de personas que difieren según sus sexualidades, género, identidad, etnia, religión y las múltiples y diversas divisiones políticas y diversidades todas. Como lo afirma Nussbaum:

Solo tendremos la oportunidad de un diálogo adecuado que atraviese fronteras si los ciudadanos jóvenes saben cómo participar en el diálogo y la deliberación en primer lugar. Y solo sabrán cómo hacerlo si aprenden a examinarse a sí mismos y a pensar en las razones por las que son proclives a apoyar una causa y no otra.10

Necesitamos una educación que provea a la sociedad de elementos de análisis, que nos permita valorar las diferencias de pensamiento religiosas, culturales, identitarias, sexuales, de género..., como riquezas de igual valor que las propias, a través del aprendizaje, desde la argumentación y el diálogo, en busca de puntos en común, y de la comprensión de lo que lleva al “otro”/ “la otra” a pensar como lo hace, sin sentirse descalificados por no ser ni pensar lo mismo. “El otro es la muerte, pero también, el rostro del otro es el no matarás”,11 escribe Emmanuel Levinas, lo que significa que entender la diferencia de la persona que tenemos enfrente lo humaniza frente a mi mirada, y me humaniza a mí mismx frente a esx otrx, lo que nos permite encontrar incluso los puntos comunes y las coincidencias.

Como ya dijimos, la apuesta en la educación a nivel mundial está siendo definida por proyectos nacionales marcados por el lucro de las naciones y el grave riesgo, como la filósofa indica en su discurso:

...si esta tendencia continúa, las naciones de todo el mundo pronto estarán produciendo generaciones de máquinas útiles en lugar de ciudadanos completos que puedan pensar por sí mismos, criticar la tradición y entender el significado de los sufrimientos y logros de otra persona.12

Las humanidades y las artes, como ya lo dijimos, son percibidas por los políticos neoliberales como adornos inútiles, frente a las metas de competitividad en el mercado global. Al desaparecerlas de los planes de estudio, al arrebatar el contacto de los seres humanos con estos conocimientos esenciales, también están siendo borrados de las mentes y de los corazones de los alumnos, que serán padres, y de sus hijos; es decir, de todos aquellos “que están por venir” (Jacques Derrida).

Estoy convencida de que es únicamente a partir de una mirada crítica y propositiva, un cruce de miradas transdisciplinaria (como lo es la perspectiva de género), que se puede aspirar hacia un cambio posible, entendiendo que para poder revertir este proceso regresivo y mortal urge trabajar en varias pistas y, al mismo tiempo, es indispensable entender la vocación de espacios como la universidad, la importancia de recuperar su vocación formadora y social, como lo plantea Jacques Derrida:

Entendamos por “universidad moderna” aquella cuyo modelo europeo, tras una rica y compleja historia medieval, se ha tornado predominante, ...desde hace dos siglos, en unos Estados de tipo democrático. Dicha Universidad exige y se le debería reconocer en principio, además de lo que se denomina la libertad académica, una libertad incondicional de cuestionamiento y de proposición, e incluso, más aún si cabe, el derecho de decir públicamente todo lo que exigen una investigación, un saber y un pensamiento de la verdad... La universidad hace profesión de la verdad. Declara, promete un compromiso sin límite para con la verdad. 13, 14

Derrida plantea la obligación que surge de esta vocación centrándola en las humanidades; una incondicionalidad que explica en dos niveles: en una “profesión de fe” que se plantea, por un lado, la incondicionalidad frente a la verdad como posibilidad de decirlo todo “o guardar silencios, si así se quiere”; también es parte de la verdad, pero con el derecho y la libertad de elegir y poder decirlo (o callarlo), una fuerza y una “potencia”,15 que radica en esa idea de “verdad” vinculada a la Ilustración, que ha estado vinculada desde sus orígenes “con la del [ser humano]:16

...aquel [ser humano] que fundó al Humanismo y la idea histórica de las Humanidades. Hoy en día la declaración renovada y reelaborada de “Los Derechos [humanos]” (1948) y la institución del concepto jurídico de “Crimen contra la humanidad” (1945) forman el horizonte de la mundialización y del derecho internacional que, se supone, cuida de ella (Conservo -explica el filósofo- la palabra “mundialización” en lugar de “globalizatión” o “Globalisierung”, y explica su elección del término “mundo”, porque para la dicha “mundialización quiere ser, por consiguiente, una humanización”).17

Derrida le da al derecho una tarea fundamental entre las humanidades, y al mismo tiempo insiste en la necesidad de no quedar atrapadxs por nociones cerradas, contrarias a los que las humanidades proponen, y explica cómo dicho concepto [de ser humano] es indispensable, y su complejidad no permitiría discutir ni reflexionar sobre sí mismo como tal “y sin condición”, “sin presuposiciones”, más que dentro de las humanidades.

La segunda parte del doble valor de “la incondicionalidad” de la universidad como concepto ligado al ser humano radica precisamente en su intangibilidad, en su carácter de “no existencia”, asimilándola a la soberanía como concepto (únicamente en el valor abstracto que le otorgamos en tanto valor compartido, de donde viene la fuerza de ambos conceptos, me parece). “La universidad sin condición” es, por un lado, un “lugar de discusión in-condicional y sin presupuesto alguno, su espacio legítimo de trabajo y de reelaboración, en la universidad y, dentro de ella, con especial relevancia, en las Humanidades...”, cuya vocación es encontrar el mejor acceso a un nuevo espacio público transformado por unas nuevas técnicas de comunicación, de información, de archivación y de producción de saberes [es].

Es por ello que la universidad es, o debe ser, punta de lanza en la defensa de la pluralidad, como su misma vocación lo define, porque mientras más pluralidad hay en sus espacios, en sus reflexiones y en las diversas formas de generación de conocimiento y de relación con el mismo, no sólo puede asumir de mejor manera su vocación de resistencia frente a los totalitarismos, sino que le permite ser “el caldo de caldos de cultivo” necesarios para la propagación, multiplicación y posibilitación de formas más reales de democracia, de ciudadanía, en la apuesta de un país tan complejo como México, el cual se empantana todavía y cada día más, en la negación radical de dejar de lado sus mecanismos de poder y de privilegio, sin ver las posibilidades que espacios marginales y espacios de resistencia -como plantea Derrida que debe ser la universidad- ofrecen.

La belleza de una perspectiva filosófica y también literaria, como suele ser la de Derrida, nos permite entender cómo la promesa de conceptos como “verdad”, “universidad”, “resistencia”, acordes a su origen humano y humanista, no pueden ni deben ser nunca determinados de una manera concreta, absoluta, limitada, porque de su capacidad porosa e inasible, como las grandes ideas de la humanidad, depende su fuerza y su carácter, no sólo de posibilidad, de futuro, sino de diversidad. Es por ello que Derrida considera -de manera muy esperanzadora a mi parecer- que “...el horizonte de la verdad o de lo propio del [ser humano] no es, ciertamente un límite muy determinable. Pero tampoco lo es el de la universidad y las Humanidades”.18

Al inicio de su texto, Derrida aclara que su propuesta de una “universidad sin condición” no es una tesis, ni aspira a otra cosa que no sea “una profesión de fe”, y lo plantea desde una perspectiva que nos permite entender que la universidad de alguna manera es siempre un concepto aspiracional, en la mejor de las formas, como lo son los principios del derecho o la ética. Y es esperanzador porque nos damos cuenta que dentro de lo que soñamos como universidad, hoy mismo, ayer, en la época de Vasconcelos, en el 68 de la revolución sexual, social y feminista, como en los noventa, de grandes cambios conceptuales en las humanidades, hemos sido coherentes y al mismo tiempo incoherentes con su incondicionalidad; nos hemos vendido, mientras nos hemos resistido, hemos abierto las puertas a conceptos ajenos y a veces contrarios, pero eso no determina a nuestra universidad, primero que nada porque, como explica el escritor:

Esta “universidad sin condición” no existe, de hecho, como demasiado bien los sabemos. Pero, en principio y de acuerdo con su vocación declarada, en virtud de su esencia profesada, ésta debería seguir siendo un último lugar de resistencia crítica -y más que crítica- frente a todos los poderes de apropiación dogmáticos e injustos.19

Pero dentro de esta conciencia de la incoherencia de un proyecto que termina siempre aspirando a devenir aquello para lo que fue pensado desde los más altos ideales, Derrida plantea desde su “deconstrucción”20 una apuesta por las “Nuevas humanidades”, que se conecta con los puntos que Nussbaum propone para una educación pensada para alcanzar una democracia posible, y cuyas coincidencias y similitudes hacen más apasionante la apuesta. Uno de los puntos que desde mi lectura dan pauta para otras formas distintas de pensar la educación, desde esta transdisciplina con perspectiva de género que planteo desde el principio, es que esto que él llama “principio de resistencia incondicional” es realmente un derecho que la universidad misma “debe reflejar, inventar y plantear, -y él habla curiosamente de las facultades de derecho, y yo sumaría necesariamente en el contexto que hablo, a los institutos de jurídicas-. Luego, da un salto: “a las Humanidades, capaces de hacerse cargo de las tareas de deconstrucción comenzando por la historia de sus propios axiomas”.21 En el mismo texto en donde expone la importancia de las humanidades para esta mirada de la educación, en donde subraya la importancia del derecho para éstas y para la apuesta de una educación distinta, plantea dos conceptos que el derecho dio a las humanidades desde el ámbito internacional y que hoy son fundamentales para definir la defensa de las diversidades; la comprensión de su existencia, de su origen, la vinculación que tienen las humanidades con esa búsqueda -espero que eternamente incansable- por rescatar los derechos humanos de los intereses y visiones del poder, de sus discursos huecos, de la reapropiación de conceptos como éste y, como menciono anteriormente, el fundamental concepto de los “Crímenes contra la humanidad”; conceptos de una importancia social y ética fundamentales que desgraciadamente, sobre todo el primero (los derechos humanos), han sido desvinculados de sus nociones fundadoras y desvirtuados hasta tergiversarlos o adelgazar las instancias que los protegen. Un ejemplo es lo que ha pasado con las derechas católicas, que no recuerdan que en el origen de los derechos humanos (como en el origen de los estudios feministas y de género) los satanizaron, los rechazaron e intentaron desvirtuarlos, y ahora invocan el concepto sin entender cuál es la profundidad y vocación de un pensamiento, que entiende que la exclusión y la negación de la libertad y la autonomía de “la/el otrx” es un pensamiento asesino, es un pensamiento suicida. Es nuestra obligación, como estudiosxs de estos derechos, hacer que sea un concepto cada vez menos aspiracional o limitado, a quienes tenemos el privilegio de vivirlos como posibles, pero cuyo valor no tiene un sentido real, mientras sea una falacia para la mayoría de las poblaciones diversas (comenzando por los 50 millones de mexicanxs que viven en pobreza absoluta), porque mientras estas realidades sean así de extremas, los derechos humanos no cumplen con su vocación de “humanidad”.

Pero la sola idea de contar con un espacio de resistencia, comenzando e incluyendo al derecho, me regresa a la convicción de este “otro derecho” “un nuevo derecho” que si propone “unas nuevas humanidades...”. “Un nuevo derecho” atravesado por la transdisciplina y, como lo he expuesto en otros artículos,22 atravesado por las artes, para que, como parte de su vocación de escena de teatro, cumpla con su creatividad ficcional, con el compromiso con nuevas narrativas (como las glosas romanas en su origen) y estrategias para evitar siempre, a toda costa, el advenimiento de tantos crímenes contra la humanidad que, en nuestro país, comienzan a ser escenario cotidiano y que no podemos permitir. El derecho, como parte de la universidad, debería, como escribe Derrida, “ser también el lugar en que nada está resguardado de ser cuestionado, ni siquiera la figura actual y determinada de la democracia: ni siquiera tampoco la idea tradicional de crítica, como crítica teórica, ni siquiera la autoridad de la forma «cuestión», del pensamiento como «cuestionamiento»...”.23

La invitación queda en el derecho, pero regresa por vocación e historia a las humanidades, y por lo tanto tiene las herramientas necesarias para poder sumarse a esa universidad sin condición, en la que, afirma el filósofo francés, podemos apelar a ella, apelando al “derecho primordial a decirlo todo, aunque sea como ficción y experimentación del saber, y el derecho a decirlo públicamente, a publicarlo. Esta referencia al espacio público seguirá siendo el vínculo de filiación de las nuevas Humanidades con la época de las «Luces»”.

Y vuelvo a repetirlo porque me parece fundamental, incluso para aquellxs que de un momento a otro dejan de creer en la “potencia”24 de la universidad frente a la decepción o las jerarquías que se rigen en su interior; Derrida lo dice de manera clara y sin lugar a dudas:

...la fuerza invencible de la universidad, aquella nunca ha sido, de hecho, efectiva. Debido a esa invencibilidad abstracta e hiperbólica, debido a su imposibilidad misma, esta incondicionalidad muestra asimismo una debilidad o una vulnerabilidad. Exhibe la impotencia de la universidad, la fragilidad de sus defensas frente a todos los poderes que la rigen, la sitian y ratan de apropiársela. Porque es ajena al poder, porque es heterogénea al principio de poder, la universidad carece también de poder propio. Por eso, hablamos aquí de la universidad sin condición.25

La mirada de Derrida nos permite entender la manera en que es desde la comunidad misma que se construye y se consolida la fuerza de la universidad; no es través de rejas, cámaras de seguridad, fuerzas interiores armadas, que requerirían entender para comenzar dicha vocación de incondicionalidad de tal institución; también tendrán que comprender la manera en que debilitan a la universidad cuando piensan en armarse. Esa “invencibilidad abstracta e hiperbólica”, cuya fuerza radica precisamente en la vulnerabilidad de su abstracción. Es por ello que tal universidad debe mantenerse ajena al poder. Recordemos que la heterogeneidad desde la perspectiva de la filosofía continental, a cuya tradición pertenece Derrida, plantea una idea de no pertenencia, de ser ajena, de existir gracias al hecho de “estar afuera de...” y que eso es parte de la riqueza de un concepto tan “potente”; es esa heterogeneidad la que le permite mantenerse fuera de la apropiación, de la compra; libre de los poderes que la rigen, entiéndase bien, incluso de los poderes que la sitian o la atraviesan, y sobre todo de aquellos que tratan de apropiársela. Y una de las paradojas de su fuerza, es que la universidad carece de poder propio, y entre libertad de cátedra, principio de pluralidad como principio rector y carencia de poder propio, se define para Derrida, y yo no puedo dejar de pensar en cada paso de su lectura en la UNAM, como se define a veces a pesar nuestro, o de quienes intentan convertirla en terreno apropiable; la UNAM es en muchos niveles y dimensiones esa universidad sin condición de la que habla Derrida.

Una vez expuesta una probadita de la propuesta de la “profesión de fe” de Jacques Derrida sobre la “universidad sin condición”, que propone en sus conclusiones una serie de posibilidades desde la deconstrucción a partir de lo que él llama “Las nuevas humanidades”, regreso al análisis de Martha Nussbaum, con quien se suma en la apuesta de “otra forma de relación con el conocimiento”, que vincula inseparablemente esta “universidad sin condición” -desde mi humilde opinión- con los postulados que la filósofa norteamericana expone en su texto sobre la educación para una democracia posible (que no se llama así). Como lo explica claramente en su controvertido discurso en la Universidad de Antioquia:

Solo tendremos la oportunidad de un diálogo adecuado que atraviese fronteras si los ciudadanos jóvenes saben cómo participar en el diálogo y la deliberación en primer lugar. Y sólo sabrán cómo hacerlo si aprenden a examinarse a sí mismos y a pensar en las razones por las que son proclives a apoyar una causa y no otra.26

Para ello necesitamos una educación que provea a la sociedad de elementos de análisis, que nos permita valorar las diferencias de pensamiento, religiosas, culturales, identitarias, sexuales, de género, etcétera Como Nussbaum infiere, no hay estrategias, ni pedagogías posibles para la pluralidad si no se entiende la propia riqueza; cuando se entiende, desde el famoso “Conócete a ti mismo”, somos capaces al abrirnos a las diferencias, de valorar la riqueza de ese otro que tenemos enfrente y comprender que su subjetividad es tan válida como la propia.

Lo que necesita la ciudadanía para conformar una sociedad democrática y plural es la formación de una capacidad reflexiva y de reconocimiento y respeto de la alteridad; necesitamos hacernos responsables de nosotrxs mismxs y de nuestras propias decisiones, y eso se construye, como nos explica otra filósofa norteamericana, la especialista en género Judith Butler, a través de las normas:

Creo que el trabajo sobre el género [tiene] por objeto determinar la forma en la que estamos constituidos por normas y convenciones que nos preceden y que nos sobrepasan, y también tiene por objeto estudiar qué posibilidades tenemos de desarrollar una capacidad para reaccionar, de devenir géneros diferentes o de devenir diferentemente géneros, considerando la forma en la que estamos constituidos. Siempre he tenido la preocupación por comprender la “fuerza” de reaccionar subjetiva, es decir la “fuerza” de reaccionar de la cual disponemos en tanto que personas, al mismo tiempo determinadas por un cierto tipo de fuerzas culturales, pero no determinadas por ellas, en tanto que estamos abiertos a la improvisación, la maleabilidad, la repetición y el cambio...27

En eso consiste la posibilidad de entender la pluralidad a la que aspiramos en una sociedad incluyente y diversa. Primero, entender que estamos constituidos por normas y convenciones que, efectivamente, nos sobrepasan, pero que otra característica común a los seres humanos es la multiplicidad de posibilidades que tenemos para reaccionar frente a ellas y en tanto formados por ellas, para devenir y ser de “tantos géneros como personas existen”, de maneras tan diferentes. Y un tercer aspecto que nos caracteriza, como explico más arriba, es comprender la fuerza de reacción subjetiva con la que contamos. Sí, afirma Butler, estamos determinadas por fuerzas y normas culturales, pero no pueden determinarnos del todo, ni definirnos del todo, porque la mayor riqueza que poseemos los seres humanos es la capacidad creativa, esa capacidad de improvisación que nos permite ser flexibles, que nos permite ser incluso resilientes, que nos permite en la repetición, lograr siempre un pequeño cambio, porque nunca repetimos las cosas ni los pensamientos ni las acciones, por más fuerza de costumbre que signifiquen para nosotras, de la misma manera.

Se parte de la comprensión de lo que Nietzsche expone en términos de la construcción de sí mismo cuando afirma: “«yo» comienza solamente a pensar en sí mismo como objeto, cuando el yo; yo mismx, soy considerada responsable de lo que hago: para el filósofo alemán la cuestión de la responsabilidad inaugura la reflexión (en tanto trabajo reflexivo)”.28

III. ¿Desde dónde reflexionar la ciudadanía para construir una sociedad más democrática?

Desde poner un espejo frente a cada persona, y hacerle entender que es “el otro de alguien más”, quien sea, incluso el individuo que se encuentre más al centro del paradigma masculino, ese “hombre blanco, alfabetizado, propietario, católico...”, sabe que en esta estructura de relaciones de dominio siempre será el outsider de alguien o de algo más. Como le explica Virginia Woolf (en Tres Guineas) al lord inglés que le pide ayuda a su país, cuando están a punto de ser invadidos por los nazis, y que creo hoy nos va como anillo al dedo:

El enemigo no está afuera... Ustedes viven en carne propia aquello que sus madres sentían cuando eran excluidas y encerradas por ser mujeres. Hoy es a ustedes a quienes excluyen, a ustedes a quienes encierran, en tanto judíos, demócratas, por su raza, por su religión. No es ya una simple fotografía la que contemplan; ahora siguen la misma procesión. Y esto hace una diferencia. Toda la iniquidad de la dictadura, ya tenga lugar en Oxford o en Cambridge, esté dirigida a judíos como a mujeres, en Inglaterra, Alemania, Italia, España (México), les hace frente, pero hoy, todos luchamos juntos... 29

La única manera de hacer entender a quienes se empeñan en mantener la invisibilidad, las discriminaciones por conservar el privilegio, es conectarlos con su propia fragilidad y mostrar todo lo que sí hemos construido hacia otra forma de cultura de la inclusión, trabajando por los que están por venir.

Así que lo que yo puedo decir, en materia de pedagogías para las diversidades y la diferencia, es que no hay cambio posible en las políticas de la igualdad; así, el Plan Nacional de Desarrollo y el Proigualdad 2013-2018 contemplen la perspectiva de género como uno de los ejes transversales de la propuesta. Aunque tengamos las mejores leyes, y el 50%-50% y la paridad en papel, mientras no logremos incidir en el pensamiento, en la idiosincrasia, en la mirada de aquellos a quienes aspiramos a formar en tanto ciudadanos con una cultura democrática suficiente.

Después de estas reflexiones, es posible nombrar algunos elementos fundamentales para transmitir; no sólo transmitir, sino sensibilizar; lograr tocar, aunque sea por media hora, más allá de los cursos; mover el piso, para comenzar, de las personas que se ocupan de diseñar estas estrategias de educación para la pluralidad, y si logramos que ellas y ellos se pongan las lentes de género, en toda su diversidad, con convicción, saber que una vez puestas -si están bien interiorizadas- ya no se las pueden quitar, y entonces pensar en el diseño de los programas. Tres elementos que no dejan duda ante la profunda desigualdad estructural de nuestra cultura tradicional y patriarcal, que pueden abrir la mirada a tanta invisibilización son:

1) Construir los programas pedagógicos desde la filosofía, el género, la estadística y la historia como ejes transversales fundamentales.

2) Nombrar las cosas por su nombre; nombrar puede crear realidades, pero también puede borrarlas, y este borrarlas es el problema central de quienes aplican la perspectiva de género pensando que se trata de un tema de sentido común, sin entender que es un método de análisis que requiere un nivel de formación tan sofisticado y amplio como la que necesita un ingeniero para construir un puente y que no se caiga.

3) Recurrir al arte; las artes; me refiero al cine, a la literatura, a la pintura, al teatro... porque el arte, decía, tiene la capacidad de hacer entender en 10 o 15 minutos más que lo que podemos absorber en 10 tomos de convenciones o tratados de derecho o de política.

Necesitamos, como explica Nussbaum, “Ciudadanos con capacidad de pensamiento crítico”; en esta comprensión sobre la importancia de integrar aspectos humanísticos y artísticos en las ciencias todas, comenzando por las ciencias sociales, ser capaces de transmitir en los diversos niveles del trabajo universitario la convicción de que un ser humano para sobrevivir, para evolucionar, necesita vitalmente de la creatividad, de la imaginación y de un pensamiento crítico riguroso que sólo se adquiere con la confrontación de otras culturas, con la compenetración con las artes, con el cultivo del ocio y el aprendizaje de otras lenguas, no para ser eficaces, sino para discernir lo que la percepción o forma de llamar las cosas o entender el mundo en el universo de las otras lenguas aporta a la riqueza y comprensión del mundo mismo. Abrir espacios claros y definidos para la interacción de todas las diferencias para aprender a valorarlas y a comprender las propias. “Habilidades sociales -que explica Nussbaum- son igualmente cruciales para la salud interna de cualquier democracia y para la creación cultural mundial decente capaz de abordar de manera constructiva los problemas más apremiantes del mundo”.30

Agradecimientos

Agradezco el apoyo del LND UNAM CONACYT proyecto 282035.

IV. Referencias bibliográficas

Arendt, Hannah, Eichmann en Jerusalén, Barcelona, 1999. [ Links ]

Butler, Judith, Humain, inhumain, Le travail critique des normes, entretienes, París, Éditions Amsterdam, 2005. [ Links ]

Derrida, Jacques, Universidad sin condición, París, Editions Galilee, 2001; Madrid, Trotta, 2002. [ Links ]

Hurni, Maurice y Stoll, Giovanna, L’’Haine de l’amour; la perversión du lien, L’Harmattan, 1996. [ Links ]

Levinas, Emmanuel, Totalité et infini, essai sur l’extériorité, París, Biblos Essai, Livre de Poche,1961. [ Links ]

Milgram, Stanley, “Behavioral study of obedience”, J. Abnormal Soc. Psychol. Yale University, New Haven, CT., 1963. [ Links ]

Nussbaum, Martha, “El duro discurso de MN sobre el futuro de la educación mundial”, El Heraldo, Colombia, 13 de diciembre de 2015. [ Links ]

Raphael, Lucía y Priego, María Teresa (coords.), Arte, justicia y género, México, Suprema Corte de Justicia de la Nación-Fontamara, 2015. [ Links ]

Woolf, Virginia, Tres guineas, Barcelona, Ed. Lumen, 1999. [ Links ]

1“Alteridad y Diferencia. Se dice de una condición que marca la relación con los otros (saberes, grupos o individuos, humanos o animales, cosas y estados de cosas), y que precisa lo considerado como diferente. Toma también la forma de un trabajo de la diferencia que interviniendo en la constitución de subjetividades, en la formación de las identidades histórico-sociales abre la conformación identitaria a los avatares del tiempo y de las circunstancias (materiales, pasionales y políticas). Además se hace uso frecuente de la noción de alteridad en la instancia de los devenires al interior de los saberes, los argumentos y el intercambio verbal en los espacios públicos mostrando su carácter provisional a través de sus empleos en el debate, la controversia, la decisión colectiva, la demanda. En ambas instancias la alteridad opera sobre las formas de exclusión que son constitutivas de los grupos, individuos y subjetividades visibilizando las relaciones de dominio que las estructuran y les dan sentido, transformando la reproducción mecánica de la subordinación en nuevas relaciones no dirigida al dominio”; Martínez de la Escalera, Ana María, en Martínez de la Escalera, Ana María y Lindig Cisneros, Erika (coords.), Alteridad y exclusiones, lenguaje para el debate social y político, Ciudad de México, UNAM, Facultad de Filosofía, 2013, pp. 8 y 9, consultado en: http://ru.ffyl.unam.mx/bitstream/handle/10391/4224/Mart%C3%ADnez_de_la_Escalera_Lindig_Alteridad_y_Exc_2013.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

2 Hurni, Maurice y Stoll, Giovanna, L’’Haine de l’amour; la perversión du lien, L’Harmattan, 1996.

3En coherencia con el lenguaje incluyente, que pide que desde la lengua se genere una forma de nombrar en la que las diversidades no se sientan excluidas, elijo la “x” en los momentos que el género se marca, para mencionar a ambos géneros al mismo tiempo.

4 Derrida, Jacques, Universidad sin condición, París, Editions Galilee, 2001; Madrid, Trotta, 2002.

5 Levinas, Emmanuel, Totalité et infini, essai sur l’extériorité, París, Biblos Essai, Livre de Poche, 1961.

6 Woolf, Virginia, Tres guineas, Barcelona, Ed. Lumen, 1999.

7Adyani Martínez, Laksmi y Monroy Álvarez, Roberto, “La basurización de los cuerpos, nuevas maneras de violencia en Morelos”, en Peña González, Rodrigo y Ramírez Pérez, Ariel, Atlas de la seguridad y violencia en Morelos, versión 2015, pp. 120-130. El concepto de basurización de los cuerpos se utiliza de manera reiterada en el análisis de la realidad de los seres humanos en situaciones de violencia y desaparición en el territorio nacional, y su origen es identificable en el trabajo que se realiza con el seminario “Figuras de la exclusión en el discurso político y filosófico”, perteneciente a la Facultad de Humanidades de la UAEM, el cual parte, según explican los autores, de lo que Rodrigo Mier analiza en su trabajo de investigación “Los desechables de la tierra”. El argumento del que parte este trabajo es que en la más reciente modernidad se ha producido un discurso que confunde el tratamiento del cadáver humano con los desechos sólidos, y de esta manera el cuerpo humano ha pasado a ser un elemento que se dispone junto a la basura. Las preguntas sobre este tratamiento pueden plantearse de la siguiente manera: ¿qué sucede al disponer los cuerpos como si fueran los desechos de nuestra sociedad?, ¿de quienes son los cuerpos a los que se les da este tratamiento?, ¿qué se lee al mirar las imágenes que reproducen este discurso o al mirar los cuerpos convertidos en restos de lo humano? Monroy y Adyani exponen las reflexiones sobre la violencia, los cadáveres, la basura y la imagen en distintos campos (periodísticos, artísticos, políticos y literarios), y que tiene como objetivo analizar como se produce la idea del cuerpo como un desecho. Pero en los estudios de las ciencias sociales este concepto se ha extendido a un reacomodo discursivo que ha producido la idea de que el humano es considerado como desechable, como basura. Podremos entender esta idea de dos maneras: por un lado, están todos los que son prescindibles, borrables, eliminables, marginales a partir de la reconfiguración económica del actual sistema político: los migrantes, los pobres, los viejos, las mujeres, los indígenas, los desempleados, estos seres humanos que no consumen, que no son sujetos de crédito, y por lo tanto prescindibles para el denominado progreso.

8 Nussbaum, Martha, “El duro discurso de MN sobre el futuro de la educación mundial”, El Heraldo, Colombia, 13 de diciembre del 2015, p. 8.

9 Milgram Stanley, “Behavioral study of obedience”, J. Abnormal Soc. Psychol. Yale University, New Haven, CT., 1963, 67:371-8.

10Nussbaum, op. cit., p. 8.

11Levinas, Emmanuel, op. cit., p. III.

12Nussbaum, op. cit., p. 8.

13Derrida Jacques, Universidad sin condición, cit., pp. 9 y 10.

14Me refiero a la misma nota que alude al pie de página anterior a esta y me permito hacer una segunda consecutiva porque considero importante acotar que aunque coincido con la postura crítica de la “decolonialidad”, en el sentido de dar el lugar que merece a la investigación, la reflexión y el pensamiento latinoamericano, este texto de Derrida muestra cómo es imposible entender los alcances y la riqueza de las propuestas y nuevos conceptos que vienen de la “decolonialidad”, sin entender la riqueza que nos aporta y nos ha aportado el pensamiento occidental. La invitación de Derrida a una “universidad sin condición”, el análisis de lo que significa la universidad desde su creación en una época europea y medieval, el rescate de las humanidades y a la ilustración de lo que hoy se plantea como parámetro a seguir de la mayoría de las universidades en el mundo, sería perfectamente aceptado y aplaudido por los estudiosos de la “decolonialidad” si no tuviera ese contexto europeo. Es por ello que no entro en la discusión crítica que quitaría comprensión y fuerza a la propuesta del escritor franco-argelino, de la deconstrucción hacia unas “Nuevas humanidades”. Pienso que todo pensamiento que excluye, aunque sea desde los márgenes, termina por caer en lo mismo que denuncia.

15Así traduce el término de empowerment del inglés, la escritora Isabel Vericat, dando toda su dimensión al término que en español se ha mal traducido como empoderamiento.

16En el texto original, Derrida habla del hombre; yo me permitiré a lo largo de esta reflexión cambiarlo a “ser humano”.

17Derrida, op. cit., p. 12.

18Idem.

19Idem.

20La “Teoría de la Deconstrucción” se enmarca en el posestructuralismo y toca a la tradición misma, y con ella se lleva a cabo también una deconstrucción del pensamiento y de nuestra historia. Se trata de analizar y repensar los grandes textos de la tradición occidental, permitiendo otra mirada sobre el mundo y sobre la vida misma. A partir de ella surge una análisis sobre el mundo y sobre la vida misma tomando como referente una triple temporalidad: el pasado, el presente y el “a-venir”, éste entendido como aquello que todavía “está por venir”. Con esta distinción, Derrida opone la noción de “futuro” frente a lo que puede ser previsible o calculable. Hablamos de la memoria de esta tradición, a la que Derrida prefiere referirse como “una discusión apasionada con la memoria misma”; Derrida parte de “falocentrismo”, o hablando desde la perspectiva de símbolos y de ideologías: “falogocentrismo” para explicar la cultura patriarcal, así como el pensamiento occidental: Una marca estructural del discurso filosófico que ha prevalecido en la tradición. La Deconstrucción pasa ante todo por ahí. Todo tiene que ver con ello. Dely, Carol y Derrida, Jacques, “Le peut-être d’une venue de l’autre-femme, la déconstruction du phallogocentrisme du duel au duo”, Revue électronique internationale, International Web Journal, París, www.sens-public.org. ublication de l’article en ligne : 2006/06 - 2007/10 (réédition), p. 4.

21Ibidem, p. 13.

22 Raphael, Lucía, Género y literatura hacia una perspectiva otra del derecho, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2015; Raphael, Lucía y Priego, María Teresa (coords.), Arte, justicia y género, México, Suprema Corte de Justicia de la Nación-Fontamara, 2015.

23Derrida, op. cit.

24Empowerment, Vericat dixtit.

25Derrida, op. cit.

26Derrida, op. cit.

27 Butler, Judith, Humain, inhumain, Le travail critique des normes, entretienes, París, Éditions Amsterdam, 2005, pp. 90 y 91.

28Ibidem, p. 93.

29Woolf, Virginia, Trois Guinées, op. cit., pp. 171 y 172.

30Ibidem, pp. 3 y 4.

Recebido: 09 de Janeiro de 2017; Aceito: 28 de Julho de 2017

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