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Valenciana

versión impresa ISSN 2007-2538

Valenciana vol.8 no.16 Valenciana jul./dic. 2015

 

Reseñas

Alfonso Rangel Guerra Visiones sobre Gabriela Mistral

Maritsa Isbeth Robles Chavira1 

1Universidad de Guanajuato

Rangel Guerra, Alfonso. Visiones sobre Gabriela Mistral. Un acercamiento a su vida y su obra. ., , México: UANL, 2014.

En julio de 2014, el cuerpo académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León llevó a cabo la primera edición de Visiones sobre Gabriela Mistral. Un acercamiento a su vida y su obra . Esta antología, en palabras de su compilador, Alfonso Rangel Guerra, es uno de los resultados más importantes de la Cátedra Binacional Gabriela Mistral, que se creó en la primavera de 2007, por acuerdo de la propia Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad de Concepción, y que "se concibió como un espacio para la realización de actividades diversas a favor de la cultura hispanoamericana y de las relaciones México-Chile" (7).

Integrada por nueve capítulos, la autoría de éstos corresponde, por un lado, a los mexicanos Coral Aguirre (argentina naturalizada), Víctor Barrera Enderle, Dalina Flores Hilerio, María Isabel Terán Elizondo, Elsa Leticia García Argüelles, Roberto Kaput González Santos, Alfonso Rangel Guerra y Jaime Villarreal; por otro,a los chilenos Edson Faúndez V. y Dieter Oelker. Grosso modo, en la antología se pueden identificar tres ejes temáticos que están ordenados en diadas: 1) la escritura y la muerte, 2) la educación y la condición femenina y, finalmente, 3) Gabriela Mistral como receptora y dadora de influencias.

Suscribiéndose al primer eje temático, en "Conversación, lealtad y muros", Coral Aguirre establece un paralelismo entre Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, pues, desde su punto de vista, ellas guardan dos vínculos estrechos. Uno, que se podría llamar vocacional, se da con base en la escritura misma o, mejor dicho, por medio de la redacción de cartas; tal como sucede en "Recados", última sección que integra el libro Tala (1938). A propósito, Coral Aguirre afirma: "Gabriela y Victoria nos revelan a través de su correspondencia, su capacidad intuitiva y su conciencia social" (13). Las cartas, tanto en el caso de Mistral como en el de Ocampo, sirvieron para emprender la búsqueda de un interlocutor que escuchara, observara y sintiera; se volvieron, dicho de otro modo, una suerte de canal para comunicar sentimientos, angustias y desesperaciones. El vínculo restante es más bien circunstancial y deviene en el siguiente argumento: ambas mujeres, aparte de convertirse en intelectuales y escritoras, nacieron y son parte de América.

Ahora bien, respecto a la muerte, María Isabel Terán Elizondo y Elsa Leticia García Argüelles sostienen, en un texto elaborado a cuatro manos, que Gabriela Mistral se suma a una amplia lista de escritores latinoamericanos que hicieron de ésta, en el transcurso del siglo XX, el motivo central de sus poemas: Xavier Villaurrutia, en Nostalgia de la muerte (1938); José Gorostiza, en Muerte sin fin (1939) y, posteriormente, Pablo Neruda y Jaime Sabines. Como ellas señalan: "Simultánea o sucesivamente, a lo largo del tiempo la muerte ha sido amada y deseada, aborrecida y temida, percibida con humor y cierto sentido grotesco, e incluso hasta venerada" (93).

En este tenor, Edson Faúndez, en "Canto así, vuelta tan sólo a lo venidero . Sobre humanitas mistraliana", menciona que Gabriela Mistral no solamente compuso Los sonetos de la muerte (1914) con base en esta idea, que avizora obsesivamente la conciencia literaria de México y de Chile y quizá de todo el continente, sino también Desolación (1922),Tala y Lagar (1954).

Roberto Kaput González Santos, en "El cristianismo panamericano de Gabriela Mistral", también aborda cuestiones relacionadas con la muerte, como si ésta fuera una vía de transición. La muerte y la religión, asevera, mantuvieron en vilo a la poetisa chilena. Mientras la muerte se plasmaba en su legado, la religión ocupaba gran parte de su pensamiento. Roberto Kaput González Santos sugiere que la religión, para Gabriela Mistral, cumplía con dos propósitos: el primero consistía en la purificación del alma; el segundo abogaba por la implementación de la norma democrática entre sus oficiantes.

La educación y la condición femenina se hermanan en el segundo eje temático, específicamente en "Gabriela Mistral: ecos de la condición femenina en las aulas de la escuela moderna", de Dalina Flores Hilerio, y "La aventura personal que fue mi vida", de Alfonso Rangel Guerra. Estos autores coinciden, al menos, en un punto: la importancia que tuvo el autodidactismo en la formación de Gabriela Mistral.

Dalina Flores Hilerio, por ejemplo, arguye que esta manera particular -y muchas veces discriminada- de aprender hizo posible que las ulteriores propuestas pedagógicas de Gabriela Mistral se convirtieran en el estandarte de una educación renovadora. Apunta que sus estrategias docentes tuvieron su mayor repercusión en México, y que su éxito magisterial se debió, entre otras cosas, a su esfuerzo personal y al apoyo y la confianza que José Vasconcelos le brindó. Al parecer, el Apóstol de la educación pensaba que ella había contribuido a la construcción de la identidad chilena subrayando la relevancia del conocimiento y creía, por una suerte de analogía, que ése era precisamente el camino que México debía transitar ahora que se trataba de la consecución de una reconocible autonomía y del orden social deseado después de la Revolución.

Dalina Flores Hilerio expone, además, que el papel que la mujer desempeñaba en la sociedad fue un asunto que, desde muy temprana edad, preocupó a Gabriela Mistral. Comenta que, contraviniendo los preceptos de una época todavía dominada por el machismo, la maestra de Vicuña estaba convencida de que las mujeres, al igual que los hombres, podían ser candidatas al aprendizaje y, por qué no, a la enseñanza de las reglas de la lengua; más aún: educadoras en etapa formativa, una vez adquiridos los conocimientos necesarios, estarían preparadas para inculcarles a los niños valores y el uso correcto de la palabra.

Por su parte, Alfonso Rangel Guerra, remitiéndose al trabajo recopilatorio de Jaime Quezada, Bendita mi lengua sea: Diario íntimo de Gabriela Mistral (2002), dice que éste "es un libro que nos presenta a una Gabriela que habla no sólo de sus intimidades y situaciones cotidianas, sino de su visión de la literatura, la actualidad cultural, la educación y los procesos políticos e institucionales de Chile y, por supuesto, habla también de personajes múltiples" (150).

A la luz de las cartas, esquelas y notas que se incluyen en tal volumen, asegura Alfonso Rangel Guerra, el lector encuentra que lo que se dice acerca de Gabriela Mistral suele ser el corolario de un largo proceso de búsqueda y, asimismo, de selección. Éstas, según parece, se refieren en buena medida al tópico recurrente de la educación, pero Alfonso Rangel Guerra no se circunscribe únicamente a él, sino que extiende su campo de análisis y va directo a otro de los derroteros que marcaron fuertemente la personalidad de la poetisa chilena: la soledad. Así pues, dedica varias de sus líneas a este sentimiento (que también definiría la primera fase ensayística de Octavio Paz), el cual debería, tratándose de Gabriela Mistral, que viajó como pocas de sus coetáneas y casi siempre lo hizo sola, considerarse más ampliamente.

En "Gabriela Mistral y la revolución intelectual mexicana", Víctor Barrera Enderle desarrolla más detenidamente los elementos que definen a Gabriela Mistral como una de las primeras mujeres viajeras en el siglo XX. Refiriéndose a su trayectoria geográfica y artística, expresa: "[Gabriela Mistral] cruza, así, diversos territorios y pone a prueba las teorías más en boga, y no sólo eso: las corrige con la práctica" (50).

El último eje temático se concentra en el carácter de Gabriela Mistral como receptora y dadora de influencias. Ella, se dice consensualmente, construyó su pensamiento con base en ciertas influencias intelectuales y académicas de personajes de la literatura mexicana y universal y, transformándolas en el crisol de su creatividad, las traspasó a generaciones posteriores. Un claro ejemplo de sus influencias recibidas lo constituye Alfonso Reyes. Dieter Oelker, en "Presencia de Alfonso Reyes en los escritos de Gabriela Mistral", muestra cómo en sus cartas, en sus poemas dedicados y hasta en sus recados se localizan, ora velada, ora explícitamente, ciertos efectos impresos por la figura de Alfonso Reyes.

Dieter Oelker hace hincapié en la experiencia de Gabriela Mistral en tierras mexicanas. Enfatiza que gracias a la relación profesional que sostuvo con José Vasconcelos, entonces Secretario de Instrucción Pública, conoció a Alfonso Reyes. Durante los dos años que vivió en México surgieron textos en los que se puede apreciar el influjo del Regiomontano Universal; Dieter Oelker rememora los títulos de algunos de ellos: "Mis raíces mexicanas", "Estoy donde no estoy", etcétera. Por lo demás, rescata un ilustrativo fragmento de una carta dirigida donde Gabriela Mistral reconoce a Alfonso Reyes como una especie de mentor, de maestro: "usted tuvo sobre mí, Reyes, una influencia que no le dije y que le digo sin vanidad tonta de querérmele hacer su pariente" (137).

Jaime Villarreal, por último, explora la influencia literaria de Gabriela Mistral en sucesivas escritoras latinoamericanas. Retomando a Rosario Castellanos, menciona que tanto ella como la poetisa chilena lograron incursionarexitosamente en distintos géneros literarios. Jaime Villarreal propone, pues, una semejanza entre ellas dos. En su opinión, este parecido estriba en que, córam pópulo , ambas tuvieron que enfrentarse a las dificultades que suponía un mundo cultural ideado y regido por hombres. A partir de esta premisa, establece una serie de interrogantes que funcionan como hilo conductor: ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué las incitó?¿A qué renunciaron?

Para Jaime Villarreal, Gabriela Mistral y Rosario Castellanos se distinguieron, a pesar de la adversidad del panorama, por una audacia inherente que las impulsó a encarar al patriarcado. Amén de una compartida preocupación por los indígenas chilenos y mexicanos, las dos colaboraron en el servicio exterior de sus respectivos países, medio que les permitió conocer tierras lejanas y remotas.

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