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Valenciana

versión impresa ISSN 2007-2538

Valenciana vol.8 no.15 Valenciana ene./jun. 2015

 

Reseñas

Mito y literatura, de Eduardo Subirats: una visión de la literatura profunda de América Latina

Javier Corona Fernández1 

1Universidad de Guanajuato

Subirats, Eduardo. Mito y literatura. México: Siglo XXI, 2014.

El libro Mito y literatura, de Eduardo Subirats, nos ofrece una aventura en el mundo épico, místico y erótico de la literatura latinoamericana. El texto atraviesa el campo de la reflexión filosófica y de la crítica literaria, adentrándonos en una visión sin complacencias de la condición humana, desenmascarando la opresión violenta que desde sus inicios tuvo lugar en el proceso cultural de manipulación política y de exclusión semiótica del logos colonial. El escrito traza el fundamento mitológico de la narración literaria como hilo común en los diversos ensayos que sucesivamente tematizan la obra de Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, José María Arguedas, Mário de Andrade y João Guimarães Rosa. A partir del análisis de la escritura de estos autores, Subirats nos indica que estamos ante una experiencia literaria y una forma artística que se encuentra más allá de las fronteras epistemológicamente instauradas entre un sujeto y un objeto. El propósito de Subirats es presentar una interpretación mitológica, filosófica y política de cinco obras de la literatura latinoamericana del siglo XX, una de cada autor tratado, con el objetivo de reconstruir y revelar el universo simbólico, filosófico y cultural que toda verdadera obra de arte encierra como su más precioso tesoro. Pero cabe advertir que no se trata sólo de una referencia que dé cuenta de una lectura esmerada y diligente de los autores antes mencionados, sino que en los siete ensayos que integran su libro, Subirats busca impulsar también otra tarea: restaurar los vínculos profundos que configuran un proyecto lingüístico y civilizatorio, político y poético, que es distintivamente latinoamericano. Para ello, emprende una crítica sin contemplaciones de la complicidad establecida entre el marketing editorial y el formalismo academicista, con la consiguiente degradación comercial de la literatura.

Subirats, rechazando deliberadamente la simplificación que connota la denominación de "realismo mágico", plantea, antes bien, la pertinencia de emplear el concepto de mimesis como el término más apropiado para aludir al campo de experiencias profundas de la vida humana. Todo ello escenificado en tierras exuberantes en las que de manera natural se relaciona la magia con el trance, las concepciones chamánicas del universo y los rituales religiosos antiguos en una lengua que habla poética y mnemotécnicamente. Para el autor, tal dimensión mágica y ritual se incorpora en la estética literaria de manera magistral, sublime, pues los poetas -objeto de su reflexión- han logrado imprimir una estela creativa en la travesía del ser. Con esta realidad poética, vale la pena reconsiderar la amplia significación que comporta la mimesis, sobre todo a la vista del desenlace de la teoría estética "moderna", que se ha reducido casi completamente a una teoría lingüística, lo mismo sucede con alguna crítica literaria que ha quedado ceñida a un mero ejercicio de clasificación de estilos totalmente formalista y vacío. Subirats, partiendo del carácter irreductible de la individualidad regional, local y personal de la obra literaria, invita a releer a dichos autores como una realidad individual, a la vez que como un universo por derecho propio y como ventana abierta a una experiencia interior, profunda y ejemplar de nuestro dañado lugar en el mundo. Aquí es, justamente, donde Eduardo Subirats nos propone reconocer en la obra de los autores aludidos la presencia de un diálogo fecundo con la literatura mundial, reconociendo en la escritura de los poetas una voz propia. En los siete ensayos aquí editados podría asumirse lo que el autor afirma con respecto a la obra de Arguedas: de lo que se trata es de un acto de formación y transformación lingüísticas, y esto significa la creación de una nueva lengua hispanoamericana, la creación de una insondable literatura en el más pleno sentido mitológico y metafísico de la palabra poesía. Para Subirats, lo que está en juego es, en última instancia, la identificación y reconocimiento de una estética radical.

De ficciones y esencias. El primer apartado titulado "Ficción de ficciones" inicia con una alusión a la crítica de Witold Gombrowicz, testimonio de una firme tradición intelectual europea que entendía la literatura como reflexión sobre el espíritu de la época (Zeitgeist) y sobre la historia universal, concibiendo la literatura como una experiencia enraizada en las memorias culturales de mitos y pueblos. La literatura como esclarecimiento de la condición humana y como emplazamiento excepcional para comprender las crisis de la civilización contemporánea. En esta primera parte del libro hay una interesante exposición dialéctica frente al profundo sentido de la literatura anteriormente delineado. En contrapartida, Subirats critica la deleznable conversión del escritor en productor de ficciones y del intelectual en administrador de textualidades. Aquí la recomendación es muy precisa: hay que abominar ese maloliente bocado y alejarse del platillo que se sirve en la barra de un restaurante de comida rápida aderezado con una nueva literatura de boutique. Para el autor de Mito y literatura, el objetivo consiste en "no perder el alma" y en "guardar la esencia"; el diálogo cultural y lingüístico ha de estar a favor de la reconstrucción de una memoria mitológica y de una cosmovisión filosófica a partir de la lengua hablada, recreando un mundo poético que expresa la sensibilidad y los sentimientos ligados con la memoria de tradiciones orales de pueblos y culturas ancestrales de América. No se trata de escribir desde ninguna parte, como lo hace el escritor de boutique que sólo piensa en el consumidor fast food. La postura contraria a esa literatura de publicista la representa Thomas Mann, quien respondió a semejante tendencia vacía con un programa a la vez político y poético: "Se tiene que quitar el mito de las manos del fascismo intelectual y reactivarlo en un sentido humano" (p. 26).

Pedro Páramo y los fantasmas de una realidad política. El segundo ensayo hace referencia a Pedro Páramo y la interpretación del realismo político e histórico de un pueblo espectral como escenario de la zaga finamente estructurada de una novela de fantasmas. Según expresa Subirats, la novela de Rulfo nos envuelve en una atmósfera de misterio, en una ficción nunca plenamente entendida. Tal experiencia estética de lo misterioso adopta una forma muy peculiar en la urdimbre de diversos códigos gramaticales poéticos y a la vez precisos, una fantasía exacta, como diría Theodor Adorno. Esto quiere decir que la primera impresión psicológica de lo misterioso como incomprensible adquiere paulatinamente una dimensión mitológica que es al mismo tiempo objetiva y lógica. En este viaje iniciático, constatamos el reconocimiento de una cultura muy compleja por lo misterioso que resultan ser sus valores espirituales, lo mismo que las cosmovisiones y formas de vida que se transmiten a través de la palabra a partir de gramáticas, leyes y principios escriturados para homogeneizar y excluir a la vez.

Escritura, poder y esquizofrenia, una relación paradigmática. El tercer ensayo se ocupa de Yo, el Supremo, la obra más significativa de Augusto Roa Bastos. Subirats emprende lo que él mismo llama la reconstrucción literaria de una libertad paradójica o imposible, que tiene que suprimirse a sí misma para poder realizarse. Aquí vemos los pliegues de una tensión entre esclavitud y tiranía en una narrativa extravagante, exótica y marginal, que da cuenta del "dolor de Paraguay". Yo, el Supremo relata la catástrofe humana a la que condujo la dictadura gramatológica, pues escritura y poder se presentan como eje cardinal que esclarece el trazo de Roa Bastos, pero también la profunda relación entre escritura y esquizofrenia. La escritura como sistema de un orden instrumental del ser que codifica genéticamente la vida, configura la historia y dicta el script de las guerras. Se trata de la escritura que refunde, reorganiza, redefine y re-mapea el habla y la existencia humana; la escritura como dictado y dictadura metalingüísticos; la escritura como creative writing profesionalizado por los mercados culturales de ficción industrial y del marketing editorial; la escritura muerta de cuyas cenizas emerge un mundo en ruinas. Cuando los discursos científicos se amurallan epistémica y corporativamente contra la reflexión, ésta tiene que camuflarse bajo la hojarasca ficcional, adoptar una estrategia de distanciamiento, presentarse como pantomima, deformación o sarcasmo, sátira o ironía de las epistemes y consignas escolásticamente prescritas. Pero existe un aspecto de la constelación narrativa de Roa Bastos que coincide aún más claramente con la situación esquizofrénica: la imposibilidad de conciliar sus altos ideales revolucionarios con una realidad social atrasada, miserable y desarticulada, incapaz de realizarlos. El innombrable de Samuel Beckett, al igual que Yo, el Supremo, plantean un dilema: la reducción logocéntrica de la existencia humana al orden del discurso, al universo de una palabra vacía de ser. Ambas obras revelan idéntica clarividencia de una situación terminal, la conciencia de la nada, una similar angustia frente a la muerte. Las dos novelas exponen una misma voluntad desesperada de seguir adelante, de sobrevivir, a pesar de todo, en medio del desastre.

El cosmos sagrado. El cuarto ensayo examina Los ríos profundos, de José María Arguedas. La vida vacía de ser y de tiempo tiene, en la novela de Arguedas, su contrario: el salto radical a la realidad primordial de esos ríos profundos y de la naturaleza sagrada que le da título. Se trata de un dilema humano derivado del colonialismo y del racismo, de una cuestión política ligada a la arrogancia que en la historia moderna se ha armado con la categoría de "universalismo" de la razón colonial. Frente a este proceso, las poéticas de Arguedas, Rulfo o Roa Bastos formulan una alternativa que no se deja reducir a las limitadas categorías institucionales y epistemológicas del indigenismo, el multiculturalismo o el hibridismo, porque constituyen una realidad enteramente original, no coercitiva entre las diferentes concepciones y formas de vida que interactúan en Latinoamérica. Según Subirats, la obra antropológica y literaria de Arguedas está marcada por dos propósitos: por una parte, la preocupación por conservar en su pureza los mitos originarios del mundo quechua y sus expresiones rituales y artísticas; por otra, la celebración de sus adaptaciones a las condiciones modernas. En Los ríos profundos se ofrece un prístino ejemplo de este hibridismo horizontal, igualitario, no mediado por un proceso vertical de dislocación simbólica, distorsión semántica y dominación escritural. El aspecto más importante de esta nueva forma lingüística no es su hibridismo o sincretismo, sino lo que el propio Arguedas definió como "guardar la esencia" y "comunicar a la lengua casi extranjera, la materia de nuestro espíritu".

El proyecto filosófico de la "antropofagia". El quinto ensayo analiza la novela Macunaíma, de Mário de Andrade. Expone la visión de una civilización moderna en sus dos extremos: las selvas tropicales y las megalópolis industriales. No descubre un secreto nacional, ni local, sino los dilemas globales y universales de nuestro tiempo histórico: los conflictos entre la civilización "occidental" y sus guerras periféricas, la disyuntiva entre el desarrollo industrial, la destrucción del ecosistema mundial y la deshumanización de un capitalismo progresivamente salvaje. En el análisis de Subirats, la obra de Andrade encierra una mirada mitológica, poética y esclarecedora sobre una naturaleza vibrante y metamórfica, increada y creadora. Esta dimensión tampoco es indigenista, ni regionalista, ni mucho menos nacionalista, sino cosmológica, metafísica y universal. Macunaíma es la visión de un irremisible proceso civilizatorio de destrucción que convierte las selvas en páramos y a sus dioses en estrellas fugaces, mientras en las megalópolis, las máquinas se apropian de los humanos que las erigen sobre los altares civilizatorios como falsos dioses.

La guerra mítica. El sexto ensayo se ocupa de Grande sertão: veredas, de João Guimarães Rosa. Crónica de una guerra del fin del mundo con el brillo literario que el autor brasileño confiere a esa bestialidad humana y su inefable primitivismo. La guerra entraña un significado filosófico: lo que nos atrae de esos hombres y mujeres es la finalidad intangible de su lucha, la resistencia de un ideal imposible y una convicción mística que nunca llegamos a captar ni comprender en toda su envergadura, pero que encarna en seres con los que lentamente llegamos a identificarnos en mayor o menor medida. El relato de las aventuras de Riobaldo es el medio que Guimarães Rosa utiliza para introducirnos en una reflexión sobre el significado de la existencia humana. Grande sertão no puede clasificarse sólo como ficción épica, pues es una novela ética y metafísica, pero no en el sentido de dar expresión a una corriente de pensamiento en particular, ni a una cosmovisión conceptualmente sistemática. Antes bien, transforma aquella fuerza misteriosa y visionaria que encarnan los rebeldes y sus profecías revolucionarias en la visión metafísica de un ser substancial capaz de destruirse y renovarse en un movimiento perpetuo de dimensiones infinitas. Grande sertão es una autobiografía monologal que establece las pautas y los vértices de una dialéctica del reconocimiento mutuo entre oyente y narrador. El mundo natural y humano que describe Guimarães Rosa está atravesado por una colorida vitalidad y un sólido equilibrio ético y metafísico. Es un mundo eróticamente animado que permea tanto los encuentros amorosos de su protagonista como las cosas de la naturaleza. La indiferencia, la transformación de la realidad en delirio, el sentimiento del absurdo, la gratuidad de nuestra existencia, la deshumanización..., motivos centrales de la estética y la moral existencialistas, están radicalmente ausentes en la narración de Guimarães Rosa. Por el contrario, la vida errante y el conocimiento del destino son dos grandes fuerzas que confluyen y coinciden en un concepto radical de libertad que se desplaza por caminos y veredas. Se trata de aquella libertad estoica como concordancia entre la necesidad de las cosas y el conocimiento del orden que comprende la existencia humana en una perfecta unidad.

Mito y mimesis. Finalmente, el séptimo ensayo expone la proximidad semántica entre mythos y logos, que se ha transformado, a lo largo de la historia de la filosofía occidental, en una enconada oposición. Mythos es la palabra pronunciada o cantada ritualmente, logos designa el discurso sistemático y calculado. Como palabra de los orígenes o palabra arcaica, el mito se distingue del discurso lógico. Dos momentos históricos ponen de manifiesto esta relación conflictiva: la condena de los mitos griegos por los padres fundadores del cristianismo y el rechazo de sus dioses y relatos por la epistemología moderna. En la perspectiva unilateralmente racionalista, miles de cosas se aducen contra el mito, la memoria mitológica, la síntesis de literatura y mito, y contra la reflexión filosófica, artística y literaria en y a través de la mitología. Todo ello se ha invocado en favor de la racionalidad formal, de la reducción y control gramatológicos de las memorias mitológicas y de las formas de vida ligadas a estas memorias. La cruzada contra la mimesis no puede comprenderse en toda su eficacia y profundidad si no es a partir de su relación íntima con un principio de abstracción que define el arte civilizatoriamente investido de moderno. Contra la mimesis -degradada a función reproductora-, las vanguardias modernas invocaron programáticamente el postulado absoluto de la abstracción como forma inmaterial y lenguaje por derecho propio. La definición común de mimesis como imitación de la realidad ignora la complejidad que envuelve el concepto realismo en la historia de la filosofía occidental. El concepto mimesis comprende una experiencia al mismo tiempo sensible y suprasensible, material y espiritual. Según Subirats, la captación intelectual de formas, ritmos y equilibrios tonales, y la configuración de un orden geométrico y musical, no pueden separarse de su percepción mimética; de igual modo, la mimesis de colores, ritmos y formas, está indisolublemente vinculada con una comprensión abstracta y metafísica de nuestra experiencia. Mimesis define este vínculo fundamental entre los seres, a partir de los cuales es posible establecer y comprender la relación mágica, el fenómeno del trance y otras expresiones religiosas del espíritu humano. Para João Guimarães Rosa, mimesis es experiencia sensible del paisaje: una realidad tangible, audible y visible. El sujeto y el objeto de esta experiencia intercambian entre sí diferentes intensidades emocionales y ontológicas. La experiencia de esta unidad mimética del ser es mágica porque nos comunica con una realidad primordial que abarca a todos los seres; una realidad que percibimos como interior, substancial y misteriosa.

De esta forma Eduardo Subirats define la literatura profunda de América Latina en este excelente libro, por demás recomendado, titulado Mito y literatura.

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