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Trayectorias. Revista de ciencias sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León

versión impresa ISSN 2007-1205

Trayectorias. Rev. de cienc. soc. de la Univ. Autónoma de Nuevo León vol.19 no.45 Monterrey jul./dic. 2017

 

Articles

Paternidades Divergentes en León, Guanajuato: La Experiencia Paterna de Jóvenes Varones Universitarios *

Divergent Paternities in Leon, Guanajuato: The Paternal Experience of Young Undergraduate Males

Mariana Lugo Arellano** 

** Estudiante, El Colegio de México, Maestría en Demografía. México. Correo electrónico: mlugo@colmex.mx.

Resumen

Este artículo analiza la experiencia de jóvenes universitarios que son padres. Se presenta una investigación cualitativa con 10 entrevistas semiestructuradas a jóvenes varones entre 19 y 29 años de edad, con al menos un(a) hijo(a) e inscritos en un programa de educación superior en la ciudad de León, Guanajuato. Se argumenta que algunas nociones tradicionales de paternidad interactúan con nuevas formas de experimentarla, pues los jóvenes buscan relaciones de cuidado y afectivas con sus hijos(as). No obstante, se enfrentan a diversos factores que afectan su experiencia paterna: dificultades para lograr una conciliación vida-trabajo-escuela, una residencia distinta a la de sus hijos(as), y el tipo de relación con la madre y otros miembros de la familia.

Palabras clave: Paternidad joven; Guanajuato; Jóvenes universitarios; Familia; Crianza y cuidado de los hijos

Abstract

This article analyzes the experience of young undergraduate parents. Qualitative research is presented where 10 semi-structured interviews were conducted to young men between 19 and 29 years old, who are fathers of at least one child and enrolled in a higher education program in the city of Leon, Guanajuato. It is argued that some traditional notions of fatherhood are interacting with new ways of experiencing it in the sense that young fathers are looking for care and emotional relationships with their children. Nevertheless, they are facing several factors that affect their parental experience: difficulties finding a way to balance life-work-school, living in different residence than their children, and the kind of relationship that they have with the mother and other family members.

Keywords: Young fatherhood; Guanajuato; Undergraduate young; Family; Children upbringing

Introducción

Diversos autores han advertido sobre la forma en que los estudios de fecundidad y salud reproductiva han invisibilizado a los varones, sus experiencias, perspectivas y participación en las transformaciones sociodemográficas y familiares presentes en las últimas tres décadas (Figueroa, 2014; Villa, 2007). Se ha enfatizado no sólo la importancia de entender cómo los varones afectan las transformaciones sociodemográficas, sino además cómo éstas moldean la experiencia, la identidad y la vida cotidiana de los hombres (García y Oliveira, 2006). Particularmente, existe un interés creciente por comprender cómo los varones asumen y viven su paternidad, a pesar de que la agenda académica continúe dándole prioridad al estudio de la maternidad (Filgueiras, Galvão, Perucchi, Beiras y Tagliamento, 2006). Recientemente se ha comenzado a estudiar la paternidad desde la perspectiva de género en su carácter relacional y se ha incorporado al análisis a las nuevas generaciones de jóvenes que parecen proponer nuevas alternativas de interacción entre los géneros (Filgueiras et al., 2006; Seidler, 2007). Para algunos, los padres jóvenes se encuentran insertos en un contexto que los incentiva a cuestionar los modelos autoritarios y a construir relaciones familiares más igualitarias (Seidler, 2007).

La presente investigación1 se desarrolla bajo el supuesto de que existe un cambio valorativo de la paternidad en jóvenes varones universitarios que se dirige hacia nuevas formas de ejercerla, transformando la paternidad tradicional (basada principalmente en el rol de proveedor y en la figura de autoridad) hacia nuevas prácticas encaminadas al cuidado, la cercanía y el afecto entre padres e hijos. Esta transformación es influenciada por el contexto social, económico y demográfico en el que se desenvuelven.

Nuestro estudio tiene como objetivo analizar las experiencias de los jóvenes varones universitarios que son padres y el significado que le dan a la paternidad, así como conocer los cambios y las continuidades respecto a las nociones tradicionales de la misma. Además, se suma a diversas investigaciones que señalan la transformación de una paternidad centrada en el rol de proveedor y la figura de autoridad a una paternidad que abarca el cuidado y afecto entre padres e hijos (Figueroa, Jiménez y Tena, 2006; García y Oliveira, 2006; Salguero y Pérez, 2011). Se argumenta que algunas nociones tradicionales de paternidad interactúan con nuevas formas de experimentarla, pues los jóvenes buscan llevar a cabo relaciones afectivas y de cuidado con sus hijos e hijas. No obstante, los jóvenes se enfrentan a diversos factores que afectan su experiencia paterna y funcionan como un obstáculo para el ejercicio pleno de su paternidad, tales como dificultades para lograr una conciliación vida-trabajo-escuela, una residencia distinta a la de sus hijos(as), y el tipo de relación con la madre y otros miembros de la familia.

Estrategia metodológica y participantes

Para llevar a cabo la investigación que se presenta en este artículo, se realizaron 10 entrevistas semiestructuradas entre octubre de 2014 y enero de 2015 a jóvenes varones con las siguientes características: entre 19 y 29 años de edad,2 que tuvieran por lo menos un(a) hijo(a),3 y que se encontraran inscritos en un programa de educación superior. La selección de los informantes se llevó a cabo a través de un muestreo selectivo con la técnica denominada ‘bola de nieve’; esta técnica consiste en encontrar al informante a través de conocidos o por medio de contactos que se van estableciendo en el trabajo de campo (Vasilachis, 2006). El primer acercamiento con los informantes se estableció vía llamada telefónica, por este medio se acordaba el lugar y la hora de la entrevista. La mayoría de ellas se realizaron en espacios académicos: salones de clases, bibliotecas y áreas comunes de las universidades; en promedio, duraron una hora, se grabaron con consentimiento informado y se garantizaba la confidencialidad en la identidad de los entrevistados.

Uno de los retos que se hizo presente a nivel metodológico fue encontrar disponibilidad de tiempo para realizar las entrevistas, pues en la mayoría de los casos los jóvenes tenían saturada su jornada diaria entre la escuela y el trabajo. Dado que únicamente se solicitó que los informantes tuvieran las tres características antes mencionadas, fue posible obtener distintos contextos que enriquecieron el análisis, pues éstos impactan de manera significativa en la experiencia de los jóvenes que son padres y estudiantes. Como se aprecia en la Tabla 1, las diez entrevistas presentaron características particulares.

Tabla 1 Características sociodemográficas, educativas, y condición de paternidad de los entrevistados. 

Entrevistado ‘Condición’ de padre Situación conyugal Tipo de escuela Edad Edad a la que tuvo a su hijo
Ernesto Solteroa Soltero (sin pareja) Escuela pública 24 20
Miguel No reconocido legalmente Soltero (sin pareja) Escuela pública 25 20
Iván Viviendo proceso de embarazo (su novia tiene 8 meses y medio) Soltero (en una relación con la madre de su hijo) Escuela privada 22 22
Leonardo Casado Casado Escuela privada 24 23
Alberto Con dos hijos de diferente madre Soltero (en una relación con la madre de su primer hijo) Escuela privada 22 17 y 19
Édgar Viviendo en una ciudad diferente a la de su hija Soltero (sin pareja) Escuela privada 22 18
Francisco Viviendo proceso de embarazo (su novia tiene 5 meses) Unión libre Escuela pública 22 22
Rogelio Viviendo en una ciudad diferente a la de su hija Unión libre Escuela pública 24 23
Carlos Con negocio propio Unión libre Escuela privada 22 20
Alejandro Viviendo proceso de embarazo (su novia tiene 8 meses) Soltero (sin ninguna relación sentimental con la madre de su hijo) Escuela pública 20 20

a Con padre soltero nos referimos a aquellos varones que viven con su hijo sin la madre, ya sea por una cuestión de separación, divorcio, viudez o decisión consensuada de los padres.

Fuente: Elaboración propia.

El tipo de universidad también es importante, ya que permite identificar el parámetro económico y dar un acercamiento al sector social de pertenencia, e identifica el impacto de los costos y horarios de las universidades en el ejercicio de la paternidad de los jóvenes. Se seleccionaron universidades públicas y privadas; de las universidades privadas se consideraron dos que tuvieran costos distintos. La Tabla 2 muestra los horarios y costos mensuales de dichas universidades.

Tabla 2 Horarios y costo escolar mensual según tipo de universidad. 

Tipo de universidad Horarios Costo mensual
Escuela pública Varía. Estudiantes de tiempo completo. $250.00
Escuela privada 3 horas diarias de lunes a viernes $2,700.00
Escuela privada Matutino o vespertino. De lunes a viernes. $5,600.00

Fuente: Elaboración propia.

Las entrevistas se llevaron a cabo en la ciudad de León, Guanajuato. Actualmente, Guanajuato presenta un escenario sociodemográfico pertinente para realizar estudios de género y de juventud. Es uno de los estados con mayor cantidad de jóvenes de 15 a 24 años; ocupa el sexto lugar a nivel nacional, con 1.0 millones de jóvenes (ENOE, segundo trimestre de 2015). Este grupo de edad representa el 26% de la población total del estado y es clave para el crecimiento económico del mismo. El 51.3% de los jóvenes guanajuatenses de 15 a 24 años son económicamente activos y 6 de cada 10 son varones (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo [ENOE], 2015).

Las condiciones económicas inestables y precarias han posicionado a los jóvenes entre la disyuntiva del mundo educativo y el laboral. De la población joven económicamente activa de 15 a 24 años en Guanajuato, sólo el 19% asiste a la escuela (ENOE, 2015). Este porcentaje coloca a Guanajuato por debajo de la media nacional (23.0%). Además, el estado presenta uno de los promedios más bajos de escolaridad, con 8.3 años (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [ INEGI], 2015), y reporta tasas de abandono escolar de 19% en el nivel medio superior y de 10% en el superior (Secretaría de Educación de Guanajuato [SEG], 2014). Finalmente, Guanajuato sobresale por registrar uno de los mayores porcentajes de uso de métodos anticonceptivos tradicionales,4 con 11.5% (mientras que el promedio nacional es de 6.4%); este porcentaje posiciona al estado en segundo lugar a nivel nacional, después de Yucatán (Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica [Enadid], 2009).

Ante tal escenario, este trabajo busca contribuir a la comprensión de los varones que son padres, bajo la particularidad de que éstos son jóvenes y estudiantes de educación superior en una ciudad que se encuentra en un proceso de modernización y de cambios sociodemográficos. Esta muestra no pretende ser representativa de todos los padres jóvenes; sin embargo, permite analizar a profundidad algunas de las realidades sociales que experimentan los padres jóvenes universitarios.

Paternidad joven: cambios y continuidades

Existe un consenso académico sobre el carácter cultural del género (Connell, 2003; Lamas, 2002): se plantea que éste no puede ser explicado naturalizando las actividades que se le atribuyen a cada sexo; es decir, no se puede aceptar que las mujeres y los hombres sean ‘por naturaleza’ lo que la cultura designa como ‘femenino’ o ‘masculino’ (Lamas, 2002). En ese sentido, las representaciones sociales, a través de los discursos institucionales, conforman normas y valores respecto a lo que significa ‘ser hombre y mujer’, ‘ser padre y madre’.

De acuerdo con Connell (2003), “el conocimiento sobre la masculinidad surge del proyecto de conocer las relaciones de género” (p. 71); para el autor, la masculinidad puede ser definida como “un lugar en las relaciones de género, en las prácticas a través de las cuales los hombres y las mujeres ocupan ese espacio en el género, y en los efectos de dichas prácticas en la experiencia corporal, la personalidad y la cultura” (Connell, 2003, p. 109). La paternidad tiene una estrecha relación con la construcción de la masculinidad; es por ello que resulta importante problematizar la masculinidad y la paternidad tomando en cuenta factores como las jerarquías sociales, la clase social, la historicidad, la generación y la raza/etnia. Tanto el ámbito social, como la historia particular de cada actor y el ciclo de vida en el que se encuentre, le dan significados múltiples y heterogéneos a la paternidad (Filgueiras et al., 2006).

De acuerdo con Figueroa (2014), los varones que son padres frecuentemente se exponen a situaciones críticas al intentar cumplir con las expectativas de la paternidad; algunos ejemplos son las tensiones por cumplir con su rol de proveedor, el estrés por el desempleo, la precariedad laboral o la falta de ingresos suficientes, el cansancio laboral, la falta de contacto con sus hijos y la imposibilidad de manifestar sus emociones. La condición económica es un elemento que impacta considerablemente en las relaciones de género; por ejemplo, Saleh y Hilton (2011) encuentran que los padres de bajos recursos pueden tener condicionado el acceso a sus hijos de acuerdo a su estabilidad financiera.

Diversos estudios señalan que existe una tendencia entre los jóvenes a cuestionar la forma distante y autoritaria en la que sus progenitores ejercieron la paternidad. A partir de esto, parece existir un deseo por modificar las nociones tradicionales sobre paternidad, incorporando actividades, emociones y quehaceres que incluyen relaciones más afectivas y de cuidados (Salguero y Pérez, 2011). No obstante, al buscar no repetir el ejemplo de sus propios padres, los jóvenes se encuentran sin modelos sólidos que les sirvan de apoyo; dicha situación genera ansiedad, pues no se sienten seguros de la legitimidad de lo que están construyendo como nuevas formas de paternidad (Figueroa et al., 2006). El quiebre de las tradiciones implica conflictos y tensiones, ya que se sustituyen referentes conocidos por otros nuevos que apenas se encuentran en proceso de construcción (Salles y Tuirán, 1998). La tradición se ve fragmentada por diversos procesos que han influido en su transformación, misma que se presenta en la realidad mediante diversas prácticas y manifestaciones.

La literatura sobre paternidad que comienza a discutirse en los años ochenta indica el surgimiento de una ‘nueva paternidad’ que abarca una mayor participación de los varones en el cuidado de sus hijos y que involucra relaciones de afecto y de crianza (ver Eerola y Mykkänen, 2013; Filgueiras et al., 2006; Villa, 2007). Se encuentra que diversos jóvenes relatan la paternidad como una responsabilidad que implica proveer económicamente, pero además como una relación de cuidados. Este nuevo énfasis en los cuidados y el afecto simboliza la nueva expectativa social de la paternidad.

Sin embargo, Villa (2007) cuestiona hasta dónde es posible separar el modelo tradicional de paternidad y el ‘nuevo’ modelo. Por ejemplo, Eerola y Mykkänen (2013) señalan que, a pesar de los constantes discursos que hablan del cuidado compartido, los hombres continúan teniendo mayor libertad para elegir sobre el tiempo que dedican al cuidado del hogar y de los hijos. Se ha encontrado que las transformaciones en los ámbitos de la vida familiar son más resistentes al cambio, ya que interactúan factores como la edad, la condición urbana o rural y la posición socioeconómica.

De acuerdo con García y Oliveira (2006), los cambios familiares adquieren relevancia en un escenario de profundas transformaciones demográficas, sociales y económicas, como el aumento de divorcios, las estructuras familiares diferentes a la nuclear, hogares con jefaturas femeninas y la desocupación masculina (Villa, 2007). Dichas transformaciones han impactado, no sólo en las estructuras familiares, sino también en las prácticas sociales de la maternidad y la paternidad. Se considera que las expresiones de las ‘nuevas’ formas de maternidad que compatibilizan el trabajo remunerado y la vida familiar también han impactado en las ‘nuevas’ formas de paternidad, pues las madres reclaman corresponsabilidad de la pareja en el trabajo reproductivo y medidas de flexibilización en el mercado laboral (Solé y Parella, 2004). Es decir, la forma en la que la mujer asume la maternidad influye en la práctica social de la paternidad y viceversa.

El contexto social, político y económico de cada generación moldea las prácticas y construye una expectativa de ser padre con nuevos discursos, roles, aspiraciones y exigencias; a través de las generaciones se distingue un proceso paulatino de destradicionalización con respecto a la paternidad (Núñez, 2013). Las transformaciones implican un proceso lento, lleno de resistencias y ambivalencias, pues existe una compleja redefinición entre lo que significa ser padre hoy en día. Como muestra la siguiente sección, la experiencia de los jóvenes que son padres se entrecruza con patrones del modelo tradicional y nuevas expectativas del ejercicio de la paternidad, que algunas veces son aceptadas y otras veces rechazadas.

El propio padre como punto de partida y la nueva expectativa de la paternidad

El varón tiene su primer contacto con la masculinidad y la paternidad a través de la relación con su padre (Torres, 2004); incluso, para los varones que no han tenido un padre o no lo conocen, esa figura suele incorporarse a través de algún familiar, como puede ser el abuelo o un tío (Olavarría, 2001). El rol de proveedor representa para la mayoría de los jóvenes entrevistados un factor esencial en la construcción de su masculinidad y en el ejercicio de su paternidad; mismo rol que, en la mayoría de los casos, aprendieron de sus propios padres. De acuerdo con Olavarría (2001), el trabajo significa para los varones responsabilidad, autonomía y la posibilidad de formar una familia, proveerla, protegerla y ser jefes de hogar. En ese sentido, Leonardo relata que le gustaría que nunca ‘faltara nada en la casa’, pues ése fue el ejemplo que recibió de su padre:

Quisiera ser como mi papá en que nunca faltó nada en mi casa, o sea no sé cómo le hacía, o sea ahora me pregunto cómo le hacía, tenía cinco y a todos les pagaba la colegiatura y todo, entonces dices no manches y él nada más trabajando porque mi mamá no trabajaba […] entonces tú dices ‘¿cómo le hacía para pagar la colegiatura, comida, todos los servicios de la casa?’, y aparte si llegaba ahí que te enfermaras o algo, ‘¿dónde sacaba?’, entonces de esas cosas yo le admiro mucho a mi papá y yo quisiera ser así de que nunca falte nada en la casa. O sea mi papá puede tener miles de defectos, pero eso es una cosa que le admiro mucho, que siempre estuvo al pendiente de su familia y que nunca les faltó nada. (Leonardo, 24 años, padre de un niño de 3 meses.)

La narrativa de Leonardo refleja el reconocimiento y la admiración que le tiene a su padre por asumir la responsabilidad del sustento económico en su familia; para él, encontrar un trabajo fue prioridad al momento de saber que iba a ser padre. Asumir la responsabilidad de la manutención económica, como mandato social para los varones que se convierten en padres, no es cuestionado por sus parejas, familias, ni por ellos mismos. Es decir, “proveer es sentido como una exigencia que nace con el hecho de ser varón, y que debe asumir al comenzar a convivir y tener un hijo, sin que nadie se lo tenga que decir o recordar” (Olavarría, 2001, p. 51).

Lo anterior conduce a que muchos varones sientan culpa al no cumplir con su rol de proveedor, lo que los lleva a autocastigarse, relacionando el cumplimiento de sus responsabilidades económicas con el derecho de convivir con sus hijos (Figueroa, 2014). El caso de Miguel ejemplifica la culpa que pueden llegar a sentir los varones al no cumplir satisfactoriamente con el rol de proveedor, pues a pesar de considerar que también existen necesidades afectivas, el hecho de no contar con los recursos económicos y cumplir con las demandas le genera conflicto personal:

es que también no solamente es el dinero, sino también muchísimas cuestiones, como del tiempo, de tiempo, de atención, hay muchas cosas que están orbitando, el dinero solamente es uno, pero es importantísimo y más a esa edad; y luego uno siempre se imagina que por la condición económica de la familia, yo siempre fui muy requerido y yo limitándome en mi aporte, pues eso desencadenó o dificultó más mi relación con la niña […] Fue porque era mi límite de dinero, porque tampoco podía llevar mucho ciertamente, tampoco tenía un capital para hacerlo; eso me representó mucho problema, mucho conflicto personal. Yo sabía que había mucha demanda y poco abastecimiento, poca satisfacción, eso me causó mucho conflicto, y ciertamente en la carrera siempre me la pasé con esa piedrita en el zapato. (Miguel, 25 años, padre de una niña de 4 años.)

La experiencia de Miguel refleja el conflicto que se genera al no cumplir con el aporte económico que se espera de él. Miguel reconoce que hay muchas necesidades que orbitan alrededor de su hija y manifiesta una gran presión al saber que hay muchas cosas que cubrir y sus recursos no son suficientes. Un estudio realizado a familias mexicanas transnacionales en Estados Unidos ejemplifica el sentimiento de culpa que se genera en los varones al no cumplir con su rol de proveedor; en dicho estudio se encontró que los padres migrantes mantenían un contacto emocional con sus hijos en México a través de cartas o llamadas telefónicas; sin embargo, cuando se quedaban sin trabajo o no podían enviar dinero se distanciaban de ellos, pues condicionaban la relación con sus hijos a su aporte económico. Por el contrario, las madres migrantes mantenían el contacto emocional con sus hijos independientemente de su situación laboral o económica (Dreby, 2006). En el caso de Miguel, no sólo el hecho de decidir estudiar en lugar de trabajar le generó inquietud a nivel personal; esta situación también afectó la relación con su hija, pues él expresa que el hecho de no trabajar ha restringido su derecho de convivir con ella:

los primeros meses, pues prácticamente casi me la pasaba diario ahí, para ese momento yo ya estaba cursando la universidad, el primer semestre; entonces eso también fue una decisión de ruptura respecto a la relación, porque yo decidí estudiar y entonces ésa fue una decisión que tuvo muchas consecuencias, por ejemplo no trabajar; entonces, como las necesidades económicas son apremiantes, pues, y yo no podía aportarle así el suficiente dinero a veces, insumos como para la niña; digamos que eso fue obstaculizando el que yo pudiera tener una relación con la niña, si no estoy aportando chido, pues tampoco tengo como los derechos, es como una inversión que se tiene. (Miguel, 25 años, padre de una niña de 4 años.)

La situación de Miguel ejemplifica la experiencia de los padres que ven condicionada la convivencia con sus hijos de acuerdo al aporte económico que realicen; es decir, a través del dinero que aporten se tendrá o no una ganancia de tipo emocional. El modelo prototípico paterno, que posiciona a los varones que son padres con el estandarte del rol de proveedor, ha orillado a que jóvenes como Miguel se distancien del contacto emocional con sus hijos por no cumplir con dicho rol; es decir, no se sienten merecedores de dicho contacto. De acuerdo con Burin (2007), la división sexual del trabajo que se desarrolla a partir del siglo XVIII con la Revolución Industrial ha colocado al varón en el ámbito productivo; el contexto económico y social actual ha trastocado dicha división y su reconfiguración puede llegar a provocar tanto sufrimiento y dolor en los varones, como reflexión y crítica sobre su nuevo papel. La expectativa generada en la última década, denominada ‘nueva paternidad’, representa ese espacio de crítica y reconfiguración de la paternidad tradicional. De acuerdo con Figueroa y Franzoni (2011), la paternidad representa para los varones una posibilidad de expresar emociones, afecto y comunicación.

El cuestionamiento de la paternidad tradicional se ha presentado desde la generación de los años sesenta y setenta, lo que refleja un proceso paulatino de cambio con respecto a las concepciones y prácticas paternas. Un estudio realizado a tres generaciones de varones en una región de Sonora (Núnez, 2013) encuentra que la generación adulta (45 a 55 años) y la joven (20 a 25 años) muestran contrastes significativos con respecto a la generación de adultos mayores (73 a 83 años). Es la generación intermedia la que comienza a cuestionar la ausencia afectiva de sus padres y a proponer nuevas posibilidades de relación con sus hijos; no obstante, el grupo de jóvenes presenta mayor participación en la crianza y la expresión pública de las prácticas de cuidado. Resulta difícil establecer una línea divisoria entre una paternidad y otra, pues cada generación presenta cambios y continuidades con respecto a la anterior (Núñez, 2013).

En ese sentido, tener la referencia de su propio padre no sólo les permite a los jóvenes entrevistados incorporar en la construcción de su paternidad el rol de proveedor económico, sino que también les ha permitido reflexionar sobre lo que no desean repetir de ellos en la relación con sus hijos. Williams (2008) encuentra que los varones se quejan de las deficiencias de sus padres, del poco tiempo que pasaban con ellos y el trato que tenían con sus parejas. Por ejemplo, Rogelio expresa el deseo de convivir más tiempo con su hija y tener una relación de comunicación y cercanía con ella, pues su experiencia como hijo lo hace reflexionar acerca del tipo de padre que quiere ser:

cuando estábamos más chicos no lo veíamos casi, porque él se iba muy temprano a trabajar y regresaba muy tarde, entonces sí, es algo como que quiero cambiar; también la forma de llevarme con mi niña, de cómo hablarle, de cómo llevarla […], pues abierta, que ella tenga la confianza conmigo de platicarme algún problema, yo igual platicar con ella, o sea que no sea cada quien un mundo, sino que nos llevemos bien, que cualquier cosa que ella tenga, en la escuela, la calle, sus amigos, que tengamos la confianza de que me platique, porque yo siento que eso fue algo que no hicimos con mi papá, así de expresarnos abiertamente, de decirle si teníamos algún problema. (Rogelio, 24 años, padre de un niña de 1 año.)

Lo anterior refleja el deseo de muchos de los jóvenes entrevistados de tener una comunicación abierta con su hija(o) y una relación basada en la empatía y en la confianza; además de que se identifica el esfuerzo que hacen algunos padres jóvenes al cuestionar y distanciarse de la paternidad tradicional. Para Torres (2004), los padres se enfrentan a una paternidad que demanda democracia, respeto y comunicación. Se argumenta que la nueva relación paterna tiende a ser una figura de amigo más que un padre estricto y regañón (Rojas, 2006; Torres, 2004). En este sentido, la mayoría de los entrevistados expresan que no les gustaría que sus hijos los vieran como figura de autoridad, sino más bien como un compañero al que le tengan confianza y con quien puedan tener comunicación. De acuerdo con Rojas (2006), el reajuste de las funciones paternas va acompañado de un respeto a la personalidad de los niños y sus elecciones; para la autora, existe un incremento de apoyo por parte de los padres jóvenes en la realización de las tareas escolares y en las actividades de recreación. Por ejemplo, Alberto expresa con satisfacción el tiempo que le dedica a su hijo en la realización de la tarea, pues le representa un espacio para convivir con él y apoyarlo en sus actividades y desarrollo:

me gusta apoyarlo en sus tareas, todos los días que llego de trabajar está haciendo su tarea o apenas va a empezarla y me gusta ponerme a hacer con él la tarea […] porque siento que recibe un apoyo de mi parte y sabe que estoy atento a lo que él hace, […] es que aparte son momentos en que yo puedo estar con él conviviendo a gusto, verlo hacer sus tareas, verlo crecer escolarmente porque son cosas que digo ‘wow, qué padre’, […] a veces está haciendo que bolitas y le digo ‘mira, ésta está mal’, y ya se la borro o me dice ‘¿cómo me quedó?’, y le digo ‘te quedó muy padre’. (Alberto, 22 años, padre de un niño de 5 años y una niña de 4 años.)

Alberto ejemplifica uno de los espacios que los padres han encontrado para convivir con sus hijos; en su caso, sentarse a hacer la tarea con su hijo le representa un momento para apoyarlo y colaborar con su crecimiento. El nuevo modelo de paternidad ha dado pauta a los jóvenes que son padres para disfrutar más de su experiencia paterna. Las narrativas analizadas en esta sección permiten ver a jóvenes que se configuran en un nuevo modelo en donde se entremezcla lo tradicional y lo moderno, pero que también les brinda la oportunidad de expresarse emocionalmente y tener relaciones lúdicas y afectivas con sus hijos. Sin embargo, como analiza la siguiente sección, existen diversos factores que los jóvenes enfrentan y que afectan su experiencia paterna. Algunos de ellos son la residencia, el estado civil, la relación con la familia y la madre de su hijo(a), así como la conciliación escuela-trabajo-familia.

Paternidades divergentes: los padres jóvenes entre la agencia y la estructura

Existe un creciente interés por el estudio de la paternidad y los contextos que impactan en las experiencias de los padres. Uno de los contextos que se hizo presente en algunos de los jóvenes entrevistados fue la falta de reconocimiento legal. De acuerdo con Doherty, Kouneski y Erickson (1998), el reconocimiento legal desencadena beneficios económicos y sociales para los hijos, y cierto grado de protección a los derechos del padre. Para estos autores, cuando el padre no vive con el niño, su presencia es a menudo marginal y tiende a ser frágil con el tiempo. El caso de Miguel ejemplifica dicho contexto, en el que se desconoce e invisibiliza la experiencia de la paternidad. La decisión de no casarse con la madre de su hija provocó que se le negara el contacto con ésta, privándolo de todos los derechos legales que le pudieran permitir convivir con ella:

Sí, [le pregunto] que si le gustaría ir a mi casa, ¿no?, que conozca a sus primas y todo eso, y ella me manifiesta que sí, se le hace chido, le da alegría, pero su mamá dice que no, entonces yo le he dicho por mensaje que no se oponga, o sea sus restricciones repercuten en nuestra relación, entonces que no se oponga, que no controle su vida, ¿no?, que la deje ser, y sus respuestas siempre han sido de adueñarse, ¿no?, en este caso de [mi hija] […] esta chica siempre me está marginando […] ha habido hechos […] de los que puedo tomar para decir que yo estoy marginado por ella, cómo puede ser que no deja que yo vea a [mi hija] los fines de semana o que la lleve a mi casa para que la conozca mi papá, porque mi papá ni siquiera la conoce. (Miguel, 25 años, padre de una niña de 4 años.)

La experiencia de Miguel ejemplifica la marginación que experimentan los padres que no cuentan con nada que les permita ejercer su derecho. Las circunstancias legales y la mala relación que tiene con la madre de su hija le han dificultado la convivencia que desea con ella y lo han posicionado simplemente como proveedor. De acuerdo con Miller (2011), los papás buscan involucrarse en el cuidado de sus hijos después de su nacimiento; sin embargo, existen diversas circunstancias que alimentan formas tradicionales de ejercer la paternidad, como es el convertirse sólo en proveedor económico. Por ejemplo, Miguel expresa que la dinámica que se ha construido lo ha posicionado únicamente en una relación económica; sin embargo, él ha encontrado en ese rol, no sólo un espacio para cumplir ante las expectativas paternas, sino también una oportunidad de contribuir en su educación y bienestar:

Sí, por ejemplo, los días de los reyes yo le compro las cosas, yo le suelo llevar cosas, […] lo último que me acuerdo que le llevé fueron unos cuentos, un pupitre, como que yo tengo mucho la idea de que yo le quiero llevar cosas que le hagan más como adentrarse hacia el estudio. […] Pues se me hace chido, a la vez se me hace chido pero a la vez no, pues será porque, por la situación en la que vivo, ¿no?, porque […] es como el obsequio de un tío lejano que va, que llega así por casualidad y le regala algo, pero a partir de ahí, o sea termina como eso y nunca más va a estar ahí, entonces sí me siento a veces [mal], bueno casi siempre, pero de ahí en más se me hace chido y más cuando son cosas útiles que le pueden servir, se me hace muy chido. (Miguel, 25 años, padre de una niña de 4 años.)

Para Miguel, comprarle cosas que él elige le permite cierto grado de intervención en la vida de su hija. A pesar de que le desagrada el hecho de que su hija lo vea como alguien que le lleva obsequios, Miguel ha encontrado en los regalos un espacio para contribuir en su formación y desarrollo. Christiansen y Palkovitz (2001) argumentan que pocas veces se reflexiona sobre las consecuencias positivas de ser proveedor; de acuerdo con los autores hay una imagen negativa hacia ese rol, pues al ejercerse fuera del hogar se considera que existe lejanía emocional con los hijos. No obstante, tener interés en cubrir sus necesidades también puede ser una forma de involucrarse con ellos.

Para la mayoría de los entrevistados, el rol económico representa una gran presión, pues tienen que llevar a cabo jornadas pesadas de trabajo para cubrir con diversos gastos, generándoles cansancio y menos tiempo con sus hijos. De acuerdo con Figueroa (2014), al tratar de cumplir con la expectativa social de la paternidad, los varones se enfrentan a situaciones críticas y a fuertes tensiones que pueden poner en riesgo su salud física y emocional. Las exigencias en los trabajos, las horas extras y los horarios de fines de semana, así como las distancias y el tiempo que implica recorrerlas son algunas de las limitaciones que privan a los varones de llevar a cabo sus propias expectativas de la paternidad (Olavarría, 2001). Leonardo expresa lo difícil que es llevar a cabo sus distintos roles y cumplir en cada uno de ellos. Además, manifiesta la forma en la que encuentra espacios para convivir con su hijo a pesar de sus diversas actividades:

Se me ha hecho ya muy pesado, este último cuatrimestre se me hizo pesado porque llegas a la casa y no llegas a hacer tarea luego, luego; llegas a ver a tu familia, a tu niño; ‘ah, que vamos a bañarlo’, va, lo bañamos; ‘ah, que vamos a cenar’, ‘ayúdame a cambiarlo’, o ‘arrúllalo’, o estar al pendiente, entonces llegas de la universidad a la casa y es hacer esas cosas, tu papel de papá, dejas el de estudiante aquí para hacer el de papá, luego retomas el de estudiante a hacer tarea […] no me puedo escudar en el aspecto de ‘no, pues yo estoy estudiando, tú hazte cargo’, porque no, no es buena onda ser así, entonces también tengo que llegar a cumplir allá, y ya una vez que haya cumplido, ya retomo mi papel acá [en la escuela], pero igual en el horario de comida a veces aprovecho para aventajarle a la tarea o cosas así. (Leonardo, 24 años, padre de un niño de 3 meses.)

Experiencias como la anterior permiten mostrar que a pesar de las largas y pesadas jornadas a las que se someten la mayoría de los jóvenes entrevistados, muchos de ellos manifiestan que su hijo o hija representa una motivación para su desarrollo personal y profesional. Sin embargo, es poco lo que se reflexiona sobre el equilibrio entre la vida laboral y personal de los jóvenes que combinan el empleo con la educación (Fagan, Lyonette, Smith y Saldaña-Tejeda, 2012); en especial de aquellos que son padres, pues las condiciones críticas a las que se enfrentan pueden afectar su rendimiento y propiciar la deserción escolar. Salguero y Marco (2014) señalan que el poco apoyo que existe en las instituciones educativas complica más la situación de los jóvenes que son padres, pues además de ser estudiantes, buscan incorporarse a la vida laboral para cumplir con el rol de proveedor.

Los jóvenes se encuentran envueltos entre diversos roles que cumplir y el deseo de convivir con su hijo o hija, y a pesar de que muchos buscan los espacios y el tiempo para estar con ellos, algunos jóvenes encuentran más dificultades cuando no comparten la residencia con sus hijos. De acuerdo con Nelson (2004), el grado y la profundidad de la relación entre padres e hijos está fuertemente ligado con el estatus de residencia; es decir, los padres que viven con sus hijos se encuentran en condiciones más favorables de tener una relación afectiva más profunda. Rogelio, por ejemplo, expresa lo difícil que ha sido para él estar en una ciudad distinta a la de su hija y no vivir con ella, pues la distancia ha hecho que se pierda de momentos que él desea experimentar:

Pues es difícil, porque yo siento que me estoy perdiendo de muchas cosas, porque la niña empezó a caminar y era de yo nada más hablar por teléfono, como yo casi le hablo diario, y era de ‘ay, ya caminó la niña, ya dijo esto’, y yo acá, entonces, ahora sí que sí es difícil. (Rogelio, 24 años, padre de una niña de 1 año.)

Lo anterior ejemplifica la forma en la que la distancia física afecta la experiencia paterna de muchos jóvenes, pero también se puede identificar la forma en la que los padres buscan contacto con sus hijos a través de otras formas, como lo son las llamadas telefónicas. De acuerdo con Miller (2011), la falta de tiempo a causa de los horarios de trabajo es un ejemplo de la incompatibilidad entre los deseos de los padres y las posibilidades reales de su estilo de vida.

Otro factor importante que impacta en la experiencia paterna de los jóvenes entrevistados es la reacción de sus familias ante su embarazo. Las reacciones familiares ante un embarazo no planeado no son necesariamente favorables, dependen muchas veces de las expectativas y deseos que tienen los padres sobre el proyecto de vida de su hijo. De acuerdo con Olavarría (2001), en los sectores medio-alto el embarazo puede ser considerado como una traición y decepción por parte del hijo hacia los esfuerzos y sacrificios de los padres. Ernesto ejemplifica lo argumentado por Olavarría, pues sus padres se mostraron molestos y decepcionados ante el hecho de que cambiara su rumbo de vida respecto a sus estudios. Su padre consideraba que ‘él le daba todo’ y que con el embarazo defraudó ese sacrificio:

Mi mamá me regañó, me dijo ‘ay, es que tus estudios, es que fíjate’, bla, bla, bla; y por otra parte estaba contenta porque ya sabes cómo son las mamás; y mi papá pues equis, ni estaba contento, y me dijo así literal ‘eres un pendejo’, me dice ‘yo te daba todo, no te lo voy a quitar, pero lo de tu colegiatura ahora va a ser para tu hijo, ya tú das lo básico, la leche, los pañales, pues comida no les falta’, bla, bla, bla; y me dice ‘y ya olvídate de ropa, de cosas para ti, de caprichos tuyos’; le dije ‘sí, papá. No te preocupes’. (Ernesto, 24 años, padre de un niño de 3 años.)

Lo anterior ejemplifica la percepción que se tiene ante un futuro que se considera limitado o arruinado a partir de la paternidad no planeada y fuera de los eventos normativos esperados, independientemente de las propias expectativas que tengan los jóvenes respecto a su futuro y paternidad. De acuerdo con Hoyos, Martínez y Székely (2010), “la educación se considera generalmente como uno de los mecanismos más poderosos para propiciar una mayor movilidad social” (p. 138). En ese sentido, se refleja el deseo de los padres de que sus hijos terminen su carrera profesional, pues consideran que eso garantizará un mejor futuro económico y con ello un canal de movilidad social o de conservación de su posición social.

De acuerdo con Brown, Brady y Letherby (2011), es poca la investigación que explora la experiencia de control, poder y violencia que se ejerce sobre los padres y madres jóvenes dentro de las relaciones familiares. Carlos relata diversas situaciones en la que el tío de su pareja tomó decisiones importantes sin consultar su opinión, mismas que afectaron fuertemente su experiencia paterna. Puesto que el tío es ginecólogo, fue el doctor que atendió todo el proceso de embarazo; sin embargo, el tío hizo uso de su posición en la familia y de su poder como doctor para tomar decisiones que les correspondían a los padres, pues no sólo les negó su derecho de saber el sexo de su hijo, sino que también intentó negarle a Carlos la entrada a la sala de parto para que pudiera vivir esa experiencia, tal y como lo deseaba:

Fue cesárea […], a las 8 de la mañana nos levantamos y empecé a grabar desde ahí, que ‘¡vámonos al hospital!’, sí, desde ese momento empecé a grabar, yo quería tener todo, y llegamos al hospital y así de volada le dicen, pásate a quirófano […] y ya me meto al hospital y su tío, te digo que me tiene idea […], yo me quería pasar al quirófano a ver la operación, yo quería pasarme y no me dejaba, me decía ‘¿para qué te pasas?, si te vas a desmayar, yo no sé, si te desmayas yo te voy a pisar […], no, ahí quédate, ahí quédate, mejor quédate afuera’, ‘no, es que yo quiero grabar’, ‘no, quédate afuera’; pues me dejó afuera, yo estaba pero bien enojado, y es que como él mandaba ahí, es el ginecólogo […], no, pues la enfermera vio y ella sí dijo ‘este señor es muy payaso’, y me dice ‘¿quién es el papá?’, ‘no, pues yo’, ‘¿te vas a pasar o no?’, ‘pues cómo no’; el chiste es que me metí sin cámara, la dejé afuera, se me olvidó la cámara. (Carlos, 22 años, padre de un niño de 2 años.)

La experiencia de Carlos permite ejemplificar cómo dentro de las relaciones familiares los jóvenes se someten a fuertes situaciones de control, violencia y poder que les impiden ejercer su paternidad plenamente. En un estudio realizado a adolescentes embarazadas y madres jóvenes del Reino Unido, Brown et al. (2011) encontraron que las jóvenes percibían el ‘apoyo’ que recibían de sus familias como una forma de controlar la educación y crianza de sus hijos. Es decir, las jóvenes detectaban una pérdida de autoridad5 sobre sus hijos. A pesar de la poca investigación que hay sobre el control ejercido hacia las madres y padres jóvenes (en especial para el caso de los varones), en las entrevistas se detectaron algunas experiencias de los jóvenes donde se manifestaba esa pérdida de autoridad sobre los hijos. Por ejemplo, Édgar relata el control que ejercían los abuelos de su hija en cuanto a la forma de alimentarla y vestirla:

con sus abuelos, no podíamos darle de comer nada raro ni nada, pero ya cuando estábamos ella y yo sí […], me acuerdo que cuando estaba bien chiquita, no me acuerdo cuántos meses, le hice un taquito de este tamaño y se lo comió, sus papás se hubieran muerto, pero pues no pasa nada […]; por ejemplo, siempre la querían traer súper abrigada, aunque estuviera sudando, y yo así de ‘está sudando, porque la tiene súper abrigada’, y decía ‘no, es normal’. (Édgar, 22 años, padre de una niña de 4 años.)

De acuerdo con Rozas (2004), “así como son reconocidas las dificultades que ha tenido la mujer para el acceso al mundo de los poderes económicos y políticos, también los varones experimentan enormes dificultades para el acceso al mundo íntimo de la familia, de los hijos” (p. 133). Las situaciones desarrolladas en esta sección permiten identificar que los jóvenes entrevistados se enfrentan a diversos contextos y situaciones que impactan en su experiencia paterna. Sin embargo, a pesar de las limitaciones a las que se enfrentan, los jóvenes buscan convivir con sus hijos y establecer relaciones donde se involucre el afecto.

Consideraciones finales

A lo largo de este trabajo se identificó un proceso de cambio generacional respecto al ejercicio de la paternidad. Los jóvenes se encuentran insertos en un contexto de transformación ideológica que los conduce, no sólo a un proceso reflexivo en el que construyen sus propias nociones de paternidad, sino también a una nueva expectativa que demanda más presencia de los varones en el cuidado y convivencia con sus hijos. Sin embargo, los componentes de la paternidad tradicional no han desaparecido por completo; a pesar de encontrar en los jóvenes entrevistados una fuerte negación hacia el rol de autoridad, no sucedió así con el rol de proveedor, pues éste sigue siendo una característica fundamental en el ejercicio y construcción de su paternidad. Tener un trabajo y aportar económicamente representa para los jóvenes la posibilidad de contar con algo para ofrecer a su hijo(a); incluso se hace presente el castigo social cuando los jóvenes no cumplen con ese rol, condicionando la convivencia a través del aporte económico.

Los varones tienen su primer contacto con la masculinidad y la paternidad a través de la relación con su padre o con alguna otra figura masculina que lo represente. Los padres jóvenes buscan que sus hijos no vivan el distanciamiento físico y emocional que ellos experimentaron. Los jóvenes manifiestan su deseo de estar presentes cuando sus hijos los necesiten, de cuidarlos, apoyarlos, y de que sus hijos los vean como sus amigos; además muestran un deseo de ayudar a sus hijos e hijas con su tarea, pues les representa un espacio de convivencia, apoyo, y una forma de contribuir con su desarrollo. No obstante, resulta necesario continuar problematizando la paternidad, tomando en cuenta factores como la edad, la clase social y el contexto particular de cada actor, para identificar los cambios y continuidades generacionales, así como la concordancia entre el discurso y la práctica.

Los distintos contextos de los jóvenes son esenciales para comprender la forma en la que los padres ejercen su paternidad, pues dichos contextos afectan significativamente su experiencia. Uno de los factores que se hace presente en los jóvenes es la falta de reconocimiento legal, que los coloca en una posición marginal. Las largas y pesadas jornadas a las que se someten los jóvenes ponen de manifiesto que hay una gran presión para los varones por tratar de cumplir con el rol de proveedor, misma que puede desencadenar depresión, consecuencias en su salud y dificultades que les impidan el balance vida-trabajo-escuela. Sin embargo, los jóvenes pueden llegar a resistir ante aquellas circunstancias que los colocan como malos padres, resignificando su papel. Los jóvenes entrevistados buscaron espacios para interferir en la vida de sus hijos y convivir con ellos. Además, se identificó que encuentran en sus hijos una fuerte motivación personal y profesional.

La familia también es un factor fundamental que impacta en la experiencia paterna de los jóvenes, pues tienen que enfrentar a sus padres para comunicar la noticia del embarazo, experimentar la forma en la que se percibe su futuro limitado, afrontar las reacciones negativas ante su decisión de casarse o no y sufrir situaciones de poder dentro de sus dinámicas familiares. Es decir, los padres entrevistados, en su condición de jóvenes, quedan vulnerados ante diversas situaciones que impactan en su experiencia paterna. No obstante, la familia también representa un gran apoyo que contribuye a que los jóvenes no deserten. Las reflexiones y análisis presentados en este trabajo ponen de manifiesto la necesidad de apoyar escolar y laboralmente a los jóvenes que son padres a través de reglamentos o políticas que permitan la flexibilización de horarios y actividades que contribuyan tanto al equilibrio de su vida laboral, educativa y personal, como a que los jóvenes tengan la posibilidad de involucrarse más en la crianza y cuidado de sus hijos.

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* Agradezco a la Dra. Abril Saldaña por su apoyo para la elaboración de este artículo y por todos sus comentarios, que enriquecieron el proyecto; al Dr. Luis Fernando Macías por su apoyo para la realización de mi estancia de investigación, y a todos los jóvenes padres que compartieron sus experiencias.

1Los resultados y análisis de este artículo forman parte de mi proyecto de tesis de licenciatura.

2De acuerdo con el Instituto Mexicano de Juventud (2013), la edad de los jóvenes comprende entre los 12 y 29 años. Para la investigación se tomó la edad de inicio de la educación superior, que es de 19 años, y el último año considerado por dicho instituto.

3Se incluyó en el análisis a dos jóvenes cuyas parejas estaban embarazadas, debido a que en la búsqueda de los informantes fue frecuente esta circunstancia.

4Los métodos tradicionales son el método del calendario o ritmo, el método de la temperatura corporal basal, el método de Billings, el coito interrumpido, el método sintotérmico, así como el método de la lactancia y amenorrea (MELA).

5Las autoras definen esa pérdida de poder como ‘ownership’.

Recibido: 27 de Abril de 2016; Aprobado: 08 de Diciembre de 2016

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