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Revista mexicana de ciencias agrícolas

versión impresa ISSN 2007-0934

Rev. Mex. Cienc. Agríc vol.8 no.5 Texcoco jun./ago. 2017

http://dx.doi.org/10.29312/remexca.v8i5.116 

Ensayos

MasAgro o MIAF ¿Cuál es la opción para modernizar sustentablemente la agricultura tradicional de México?

Antonio Turrent Fernández1  § 

José I. Cortés Flores2 

Alejandro Espinosa Calderón1 

Ernesto Hernández Romero4 

Robertony Camas Gómez5 

Juan Pablo Torres Zambrano6 

Andrés Zambada Martínez3 

1Campo Experimental Valle de México-INIFAP. Carretera Los Reyes-Texcoco, km 13.5, Coatlinchán, Texcoco, Estado de México. CP 56250. (espinosa.alejandro@ inifap.gob.mx; zambada.andres@inifap.gob.mx; eromero93@colpos.mx; camas.robertony@inifap.gob.mx; juanptz@colpos.mx). Tel. 01(800) 0882222, ext. 85363.

2Centro de Edafología-Colegio de Postgraduados. Carretera México-Texcoco km 36.5. Montecillo, Texcoco, Estado México. CP. 56230 (jicortes@colpos.mx).

Resumen

Las estadísticas agropecuarias oficiales de los últimos 35 años (SIAP, 2017) sugieren que el avance en el objetivo de MasAgro de incrementar la producción de maíz de temporal y su rendimiento a escala nacional es inapreciable. Los autores de este ensayo calificamos como poco probable que ese objetivo sea alcanzado en los cinco años que restan del programa. Se discute en este ensayo al sistema tecnológico milpa intercalada en árboles frutales (MIAF), como alternativa a MasAgro, para hacer más productiva y sustentable la agricultura tradicional en pequeño de México. El MIAF ha sido desarrollado por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias y el Colegio de Postgraduados en Ciencias Agrícolas en más de 30 años de colaboración. Su diseño persigue la intensificación del paradigma de la agricultura tradicional (PAT) en pequeño. Retiene ventajas clave de la milpa histórica como a) resiliencia apoyada en la biodiversidad; y b) eficiencia relativa de la tierra superior a la unidad. También aprovecha la tecnología de la terraza de muro vivo formada con árboles frutales, para la protección del suelo contra la erosión y para acrecentar el ingreso y empleo familiares. Se concluye que MIAF es la tecnología indicada para modernizar la agricultura tradicional en pequeño de México.

Palabras clave: MIAF; paradigma de la agricultura tradicional; paradigma de la agricultura de conservación; protección de la agrobiodiversidad

Introducción

La agricultura tradicional de México enfrenta retos económicos, sociales y ecológicos agudos, éstos últimos ya en camino del desastre, debido al inminente cambio climático. Pero a la vez, la agricultura tradicional es importante productora de alimentos y proporciona el servicio de mayordomía de la agro-biodiversidad del país. Su universo es el de las pequeñas unidades de producción bajo temporal (Robles, 2007) y ocurre frecuentemente en laderas (Turrent et al., 2014) típicamente desprotegidas de la erosión hídrica. Para corregir este síndrome y para incrementar significativamente la producción de maíz y de trigo, la SAGARPA y el CIMMYT iniciaron el programa MasAgro en abril de 2011 con duración de diez años (del Toro, 2012).

El programa persigue la sustitución del paradigma de la agricultura tradicional (PAT) por el paradigma de la agricultura de conservación (PAC). Esta estrategia ha sido cuestionada por varios autores en casos de África y de México (Giller et al., 2009; Turrent et al., 2014 y Martínez et al., 2016). Coinciden estos investigadores en que el PAC no es la panacea universal salvadora de la agricultura tradicional en pequeño. Citan en términos generales, alternativas que podrían ser más adecuadas. Los autores de este ensayo sugerimos que la tecnología milpa intercalada en árboles frutales (MIAF) es la alternativa viable para intensificar sustentablemente el PAT de México, en los sentidos de espacio y de tiempo y de trabajo y capital. MIAF es compatible con la agricultura tradicional y con sus recursos, particularmente con sus semillas nativas y su autoproducción.

Es una tecnología multi objetivo que persigue: 1) incrementar significativamente el ingreso neto y el empleo familiar, sin dejar de producir sus alimentos básicos, 2) proteger el suelo contra la erosión, sin eliminar su roturación excepto en condiciones especiales, 3) fomentar la interacción entre los cultivos componentes, para una mayor economía del uso de los recursos naturales y los insumos importados a la parcela, 4) incrementar la captura del carbono atmosférico. La tecnología MIAF es resultado de la colaboración entre el INIFAP y el Colegio de Postgraduados en Ciencias Agrícolas durante más de 30 años. La investigación para desarrollar MIAF ha sido dada a conocer en más de 60 publicaciones científicas, técnicas y de divulgación.

La agricultura tradicional de México

México dedica 32 millones de hectáreas (md ha) a tierra de labor, de éstas 6.3 millones cuentan con riego y 25.7 millones se cultivan bajo temporal. El 66% de esas tierras de labor se maneja en unidades pequeñas de producción con menos de 5 ha cada una (Robles, 2007). En ellas, productores mestizos y de 62 etnias practican el paradigma de la agricultura tradicional (PAT) -también conocido como agricultura campesina o de subsistencia- que se centra en el cultivo del maíz. La semilla de maíz sembrada es casi exclusivamente nativa autoproducida, aunque también se siembra variedades “acriolladas” -producto de la interacción genética entre los maíces nativos y variedades mejoradas de diferente tipo, después de la selección apegada a criterios favorecidos por los mismos productores.

El PAT tiene dos variantes sedentarias y una itinerante: 1) el cultivo simple de maíz, frecuentemente en monocultivo; 2) la milpa histórica (cultivo de la asociación del maíz con frijol y calabaza y otras especies incluyendo arvenses); y 3) el sistema roza-tumba-quema, en sí itinerante, que se maneja como cultivo simple de maíz o como milpa histórica. Típicamente, las dos variantes sedentarias se manejan bajo roturación anual, se fertilizan y se aplica agroquímicos, si bien, de manera restringida.

El grano de maíz producido es autoconsumido como alimento humano y como forraje y el rastrojo es aprovechado como forraje o como combustible. Este paradigma agrícola se repite a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, incluyendo gran diversidad de condiciones edafoclimáticas (agro nichos) asociadas a la actividad humana. Para cada uno de estos agro nichos hay una o más razas nativas de maíz agronómicamente adaptadas, que también han sido desarrolladas organoléptica y nutricionalmente como alimento humano. En conjunto, los granos de esas razas nativas son insustituibles para la elaboración de más de 600 preparados de la cocina pluricultural mexicana. También las razas nativas de maíz son hasta ahora, agronómicamente insustituibles en los agro nichos marginales de baja calidad por su suelo y su clima.

Los pequeños productores son los mayordomos de la biodiversidad del maíz de México, expresada en 60 razas nativas y en sus variedades, que se cuentan por muchos miles. Desde la aparición del maíz hace más de 6 750 años (Matsuoka et al., 2012), 200 o más generaciones de campesinos mesoamericanos se han hecho cargo de su mejoramiento genético. Han podido manipular y conservar la amplia biodiversidad del reservorio genético de la especie tanto la heredada a través del teocintle y sus ancestros, como la que apareció desde su interacción con el habitante mesoamericano. Los elementos de este mejoramiento genético autóctono (MGA) del maíz han sido descritos por Hernández X. en varias publicaciones (Hernández X. 1985, 1987, y 1993). El MGA incluye cuatro elementos clave: 1) el conocimiento de la fenología de las variedades nativas de maíz propias y el mecanismo de cruzamiento; 2) la introducción de materiales parentales alopátricos (con los que el maíz local no se cruzaría debido a la distancia geográfica); 3) la selección de la semilla realizada por la mujer que se guía por criterios morfológicos del grano, la mazorca y el totomoxtle -brácteas que cubren la mazorca- como proxi de adaptación agronómica y de calidad para su consumo como alimento; y 4) el intercambio de semillas dentro del ámbito local (materiales parentales simpátricos), práctica que ayuda a evitar la endogamia de la variedad nativa propia.

Globalmente, los campesinos mexicanos siembran, observan y seleccionan la semilla cada año, a partir del desempeño productivo entre 1011 y 1012 (cien millardos a 1 billón) genotipos diferentes de maíz en su agro ecosistema global nacional el número de genotipos sembrados anualmente, es similar al de las semillas de maíz conservadas en todos los bancos de germoplasma del mundo. Esta actividad, que se repite desde tiempos ancestrales, puede verse también como un mega experimento putativo de mejoramiento genético “en paralelo”, donde interviene todo el reservorio genético de la especie en México. Presumimos los autores de este ensayo, que se busca desarrollar materiales más adaptados a los nichos agroclimáticos y con mayores calidades organoléptica y nutricional, sin sacrificar la biodiversidad.

Esta es una de las facetas de la agricultura tradicional de México poco valoradas, pero si aprovechadas por la comunidad científica dedicada al mejoramiento genético mendeliano y biotecnológico del maíz. No obstante, en el futuro próximo, el reservorio de biodiversidad del maíz de México y el MGA podrán ser claves para enfrentar los retos del cambio climático, para la seguridad alimentaria de México y el mundo.

Casi la mitad de la tierra de labor bajo temporal del país se ubica en laderas con pendientes desde moderadas de 4 a 10% hasta abruptas con más de 40% (Turrent et al., 2014). Salvo el sistema histórico roza-tumba-quema, la agricultura tradicional de ladera ha sido manejada históricamente en México con un modelo extractivista. La erosión hídrica ha sido factor central de degradación de los suelos agrícolas de ladera. Se han reportado lecturas de pérdida de suelo por erosión del orden de 40 kg de suelo por kg de maíz producido en una ladera del trópico húmedo de México (Uribe et al., 2002).

Esta ladera tiene 14.5% de pendiente, se cultiva con maíz de temporal, roturando anualmente y quemando el rastrojo; no se aplican prácticas de protección contra la erosión hídrica; la precipitación media anual es 1 633 mm. Este manejo extractivista del suelo se repite desde hace tiempo en la fracción ampliamente mayoritaria de suelos de ladera del país, colocándola en situación de fragilidad frente a las lluvias torrenciales, las temperaturas altas y las sequías de desastre que acompañarán al cambio climático (Easterling et al., 2000; Ahmed et al., 2009). El 23% de las tierras cultivadas con maíz bajo temporal son laderas con suelos profundos y 39% son laderas con suelos someros (Turrent et al., 2014).

Es de alta prioridad para el país detener la degradación de estos suelos agrícolas, como opción crítica para aspirar a la seguridad alimentaria ante el cambio climático inminente. Junto a la crisis de la degradación de los suelos por erosión, convive la crisis económica, que es igualmente apremiante para la agricultura tradicional en pequeño. Empero, cualquier opción tecnológica para modernizar este tipo de agricultura habría perseguir objetivos múltiples, respondiendo ventajosa y simultáneamente a criterios ecológicos, socio-económicos y culturales.

Agricultura de conservación-MasAgro

La SAGARPA firmó con el CIMMYT un convenio fundacional del Programa MasAgro, con duración de 10 años contados a partir de abril de 2011 (del Toro, 2012). En el proyecto se acuerda la colaboración entre ambas partes para alcanzar los siguientes objetivos en la segunda línea de acción, “estrategia internacional para incrementar el rendimiento del maíz”: 1) la modernización sustentable de la agricultura tradicional, reconvirtiéndola al paradigma de la agricultura de conservación (PAC); 2) incrementar la producción nacional de maíz bajo temporal, entre 5 y 9 millones de toneladas anuales, e incrementar su rendimiento desde 2.2 hasta 3.7 t ha-1; y 3) sustituir entre 1.5 a 3 md ha a los maíces nativos actualmente cultivados por variedades mejoradas de maíz más rendidoras, tolerantes a la sequía y resistentes al acame. Hay tres líneas de acción más que pueden consultarse en del Toro (2012). La SAGARPA aportaría $1 656 millones de pesos, durante el período del proyecto y también apoyaría con su personal técnico de campo. El CIMMYT proporcionaría el liderazgo y capacitación de campesinos y profesionistas de la SAGARPA participantes en el proyecto.

En abril del 2017 habrán transcurrido seis años de ejecución del programa MasAgro. Cada año, el CIMMYT publica los avances del programa en algunos de sus objetivos. En su cobertura operativa del ámbito nacional, MasAgro ya había incluido 592 municipios en 30 estados de la República en el año 2015, también había certificado a 294 técnicos, mientras que 36 000 personas habían visitado la bitácora electrónica de MasAgro. Se habían también obtenido 6 800 perfiles genómicos de maíces del banco de germoplasma e identificado 128 líneas de maíz tolerantes a la sequía (Martínez et al., 2016). Sin embargo, el CIMMYT no hace pública o no ha dado seguimiento a la información de tipo agregado nacional pertinente al objetivo de incrementar la producción de maíz en 5 a 9 millones de toneladas anuales en el sector agrícola tradicional bajo temporal: i.e. a) la cobertura de productores agrícolas en pequeño (menos de 5 hectáreas); y b) incrementos en los rendimientos y en la producción de maíz, tan centrales al programa MasAgro-maíz.

Alternativamente, en las Figuras 1 y 2 se muestra la serie estadística pública de la producción nacional de maíz de temporal, los rendimientos observados (SIAP, 2017) y la proyección de la tendencia positiva de los años 1980-2010 (antes de MasAgro). Esta serie estadística no refleja incrementos adicionales a esa tendencia positiva nacional en los primeros cinco años del programa MasAgro (2011 a 2015). Lo observable es que los efectos de MasAgro serían pequeños comparados con la variabilidad anual asociada al clima y a otros factores. En las mismas figuras se hacen proyecciones de los objetivos explícitos de MasAgro-maíz tal y como fue firmado con el gobierno mexicano. Sorprende la diferencia entre lo proyectado en el programa Masagro (meta baja y meta alta) y lo observado. Es obvia la disparidad entre lo ofrecido y lo logrado hasta la fecha. Tales son los resultados visibles que dependen de a) la magnitud de la superficie tratada con MasAgro; b) los rendimientos obtenidos; y c) su significancia en la escala nacional. Pudo haber ocurrido que los rendimientos de maíz de temporal alcanzados fueron los esperados o mayores, pero que la superficie tratada fuera poco significativa en la escala nacional, la superficie tratada fue significativa pero los rendimientos no superaron los valores tendenciales o bien y alguna combinación de ambas.

Figura 1 Producción nacional de maíz de temporal en el período 1980-2015 (SIAP, 2017) y proyecciones al año 2020. 

Figura 2 Rendimiento nacional de maíz de temporal en el período 1980-2015 y proyecciones al año 2020. 

Tabién es de anotarse que las publicaciones de CIMMYT minimizan la demanda tecnológica de los cultivos rotantes con el maíz, que son requisito obligado del PAC. Para que tal requisito se cumpliera sería necesario hacer explícita aquella tecnología, ya que los cultivos rotantes tendrían que ser tan exitosos financieramente como el maíz, para que el PAC resultara adoptable. En su defecto, más que PAC, MasAgro estaría impulsando en la práctica al paradigma de labranza de conservación, fuera de lo comprometido.

Milpa intercalada en árboles frutales (MIAF)

El desarrollo de la tecnología MIAF es producto de la colaboración de más de 30 años entre el INIFAP y el Colegio de Postgraduados en Ciencias Agrícolas. Hay más de 60 publicaciones científicas, técnicas y de difusión sobre MIAF, en las que se detalla su tecnología y avances (Cortés et al., 2005; Cortés et al., 2007; Francisco et al., 2010; Cortés et al., 2012a, b; Camas et al., 2012; Santiago, 2014; Salinas, 2015; Albino et al., 2016; Torres, 2016). La tecnología MIAF tiene dos precursores, uno es el modelo de intensificación de la milpa histórica (MH) desarrollado por productores tradicionales de la región de San Martín Texmelucan- Huejotzingo en el estado de Puebla, que introduce el cultivo de árboles frutales en interacción con la milpa (Cortés y Turrent, 2012a); el segundo es la tecnología de la terraza de muro vivo para laderas (Turrent et al., 1995a, b, c). MIAF es una tecnología multi objetivo que persigue intensificar el PAT para: 1) incrementar significativamente el ingreso neto y el empleo familiar, sin dejar de producir sus alimentos básicos; 2) proteger el suelo contra la erosión, sin eliminar su roturación, excepto en condiciones especiales; 3) fomentar la interacción entre los cultivos componentes, para una mayor economía del uso de los recursos naturales y los insumos importados a la parcela; y 4) incrementar la captura del carbono atmosférico.

Examinaremos el conjunto de hipótesis y supuestos en que se basa MIAF, por su pertinencia al tema de la intensificación del PAT, particularmente en lo que compete a los tres primeros objetivos. En MIAF se adopta algunas propiedades de la milpa histórica: i) su eficiencia relativa de la tierra (ERT) (Mead and Wiley, 1980) superior a la unidad; ii) su biodiversidad como factor de resiliencia cultural y agroclimática; y iii) el cultivo de semillas nativas como fuente del alimento básico familiar.

Eficiencia relativa de la tierra (ERT) mayor a la unidad. En comparación con un cultivo simple, la estructura del dosel vegetal de la MH es compleja, consistiendo en varios estratos foliares ocupados por especies interactuantes, adaptadas a cada uno de aquellos y con densidades de población adecuadas para lograr un alto provecho conjunto de la radiación fotosintéticamente activa (RFA) incidente. También se logra un espacio de exploración del suelo más amplio. Este sistema confiere a la MH una eficiencia relativa de la tierra mayor a la unidad. En MIAF, se aproxima el mismo efecto con una estructura del dosel foliar de tres estratos interactuantes: un epicultivo (frutal), un meso cultivo (maíz) y un soto cultivo (frijol arbustivo u otra especie de porte bajo). Las densidades de población han de ser optimizadas para este sistema. Con el objetivo de cotejar la hipótesis que se puede lograr valores de ERT superiores a la unidad con un arreglo topológico ad hoc diferente al de la MH, se condujo dos experimentos sobre MIAF en el Campo Experimental Valle de México, uno bajo temporal y otro bajo riego, en el período 2002 a 2005.

El espacio total de un módulo MIAF fue asignado en tercios de seis surcos cada uno, al durazno, maíz y frijol arbustivo. El tercio central fue asignado a una hilera de durazno y dos tercios flanqueantes al maíz y frijol, éstos en seis tiras alternantes de dos surcos de maíz y dos de frijol. En la Figura 3 se muestra el arreglo topológico de MIAF y la penetración de la RFA en el maíz, propiciado por las tiras flanqueantes de frijol arbustivo.

Figura 3 Módulo MIAF- duraznero con arreglo topológico de dos surcos alternantes de maíz y frijol e hilera de duraznero bajo riego. CEVAMEX, 2004. 

En el Cuadro 1 se muestra que se puede lograr valores de ERT superiores a la unidad en el MIAF. En el componente de cultivos anuales de MIAF bajo riego, la ERT promedió 1.494 -suma de las eficiencias relativas parciales 0.875 en maíz y 0.619 en frijol- y en temporal fue igual a 1.539 -suma de 0.906 y 0.632 (Cuadro 1). La implicación para el caso de temporal es que se requeriría cultivar 0.906 ha del cultivo simple de maíz, más 0.632 ha del cultivo simple de frijol arbustivo, para igualar la cosecha de grano de maíz y de frijol de una hectárea cultivada con el componente de cultivos anuales de MIAF. Varios autores han reportado valores de ERT superiores a la unidad en MIAF en diferentes condiciones: Cortés y Turrent (2012a) bajo temporal en Puebla, Albino et al. (2016) bajo riego en CEVAMEX, Camas et al. (2012) en Chiapas bajo temporal y Torres (2016) bajo temporal en Oaxaca.

Cuadro 1 Rendimientos promedio de grano de maíz, frijol y eficiencia relativa de la tierra: MIAF en relación a los cultivos simples de maíz y de frijol, bajo riego y temporal en 2002-2005. Campo Experimental Valle de México. INIFAP† . 

† = cálculos a partir de datos de los Cuadros 2 y 3 de Turrent (2005); ERT= calculó ignorando al epicultivo, debido a que entró en producción hasta el último año; ‡ = los rendimientos de MIAF se expresan sobre la base de media hectárea: t (0.5 ha)-1 que es el área efectiva ocupada por cada uno de los dos cultivos en el arreglo topológico de tiras de dos surcos de maíz, alternando con tiras de dos surcos de frijol arbustivo; § = cultivo simple, los rendimientos de cultivo simple se expresan en t ha-1, que es el área ocupada por cada especie. §§= eficiencia relativa parcial del cultivo, dividiendo el rendimiento en MIAF en media hectárea entre el rendimiento del cultivo simple en una hectárea; ERT= eficiencia relativa de la tierra que es la suma de las ERP de ambos cultivos.

MIAF con maíz nativo. Torres (2016) condujo un experimento de investigación MIAF bajo temporal durante seis años en la Sierra Mixe de Oaxaca. El sitio experimental es una ladera con pendiente de 29.8%. El orden de suelo es Acrisol, con pH menor a 5, con contenido muy bajo de materia orgánica y trazas de fósforo asimilable. Se cultivó la raza de maíz Olotón, adaptada a esta condición edáfica. No se encaló para corregir el pH del suelo. El arreglo topológico del maíz y frijol fue de un surco de maíz alternando con un surco de frijol. El maíz ocupó 30% del espacio del módulo MIAF, el frijol 30% y el duraznero 40%. El experimento incluyó cinco densidades de población de maíz, desde 13 333 hasta 26 700 plantas totales por hectárea, ocupando sólo 30% del espacio. El autor no reportó problemas de acame. Los rendimientos óptimos fluctuaron según la calidad del temporal y la posición relativa del surco en la terraza, desde 1.48 (0. 3) t ha-1 hasta 3.02 (0.3) t ha-1.

Protección contra la erosión. También se adopta en MIAF los elementos de la tecnología terraza de muro vivo, para proteger el suelo contra la erosión: i) árboles plantados en contorno a 1 m entre sí, como sostén de las terrazas; ii) el filtro de escurrimientos para reducir la velocidad del agua de escurrimiento y propiciar el depósito de sedimentos; y iii) la roturación “vertiendo hacia abajo”, para propiciar el desarrollo gradual de terrazas. Uribe- Gómez et al. (2002) -en una investigación experimental sobre terrazas de muro vivo- y Camas et al. (2012) -en un experimento sobre MIAF- compararon las dinámicas del agua de escurrimiento y de los sedimentos bajo labranza tradicional (LT), terrazas de muro vivo (TMV) y labranza de conservación (LC), o bajo MIAF en laderas del trópico subhúmedo de México. Uribe- Gómez et al. (2002) reportan coeficientes de escurrimiento (CE) de 31%, 15% y 17% respectivamente para LT, TMV y LC en un Entisol con pendiente de 14.5%. Las pérdidas de sedimentos fueron 199 t ha-1 año-1, 3 y 1, respectivamente.

En un estudio de 3 años, Camas et al. (2012) compararon MIAF, con barreras vivas y con LC en microcuencas de 50 o más metros de longitud y pendientes mayores a 30%, bajo condiciones de no roturación. Reportan CE de 12.4%, 13.15% y 18.6% respectivamente para MIAF, barreras vivas y LC, y pérdidas por erosión de 5.8 t ha-1 año-1, 6.3 y 16.8. La eficiencia de MIAF para detener la erosión hídrica no es afectada por la longitud de la pendiente. Esto no es así con la agricultura de conservación (Liu et al., 2000; Roose y Barthes, 2001). En la Figura 4 se muestran vistas de un experimento permanente sobre MIAF bajo temporal, establecida en el año 2004 en un Vertisol con pendiente de 18%. Las dimensiones y el arreglo topológico de maíz y frijol nativo de semiguía en el ciclo primavera verano son las mismas que las del experimento descrito en CEVAMEX (Figura 3). En el ciclo otoño-invierno se cultiva maíz nativo precoz bajo cultivo simple.

Figura 4 Sitio de investigación-demostración con MIAFchicozapote en el año 2013, plantado en 2003, en un Vertisol en ladera con pendiente de 18% en la región de Los Tuxtlas, Veracruz.  

Incremento del ingreso familiar. La inclusión del cultivo de árboles frutales a MIAF enriquece a la milpa en tres ámbitos: el incremento significativo del ingreso neto familiar, la protección del suelo contra la erosión y el incremento localizado del contenido de materia orgánica del suelo -este último asociado con la instalación anual del filtro de escurrimientos. Por diseño, los árboles frutales ocupan un tercio de una hectárea de MIAF en pendientes someras, en el que se ubica una población de 695 árboles frutales. En los dos tercios restantes de la hectárea MIAF se ubica a 30 000 plantas de maíz y 80 000 plantas de frijol. Las poblaciones totales del epicultivo, mesocultivo y sotocultivo, aproximan a las poblaciones totales de dos hectáreas manejadas de manera convencional, una con frutales y otra con milpa. Con esta intensificación se logra ventaja de la interacción entre especies botánicamente distintas y complementarias entre sí, en el uso del espacio y el tiempo.

La inclusión de árboles frutales incrementa de manera sustantiva el valor de la producción como lo explican Cortés y Turrent (2012a). Se ha publicado un análisis económico y financiero ex ante de la aplicación de MIAF en la sierra norte de Oaxaca, cubriendo un periodo de 15 años (Jiménez et al., 2016). Estos autores reportan los siguientes parámetros del análisis financiero de MIAF por hectárea, en una microcuenca de la Sierra Mazateca, Oaxaca: VAN (valor actual neto) igual a $53 714 (pesos constantes de 2004), TIR (tasa interna de retorno) igual a 20.68% y R(B/C) (relación beneficio/costo) igual a 1.49. Los parámetros del análisis financiero fueron calculados a partir de costos e ingresos de MIAF adicionales a los de la milpa tradicional. La partida más costosa de MIAF fue la compra de 1 000 plántulas injertadas de durazno, igual a $30 000.00. Sin embargo, esta inversión pudo ser sustituida en gran parte, por mano de obra propia y tiempo. El costo de las mismas 1 000 plántulas fue de $5 080.00, auto produciéndolas en minicepellones e injertándolas un año después en el campo.

Estrategia de transferencia de la tecnología MIAF. Esta tecnología está diseñada para intensificar el paradigma de la agricultura tradicional con énfasis simultáneo en la sustentabilidad, en el ingreso y empleo familiar, en la biodiversidad y en la interacción con los recursos tecnológicos campesinos. Su dominio tecnológico es el de las pequeñas unidades de producción. La tecnología es intensa en conocimiento y su transferencia es compleja y de plazo largo. Aun así, la respuesta de los pequeños productores ha sido típicamente entusiasta, cuando han tenido acceso a observar la unidad MIAF en funcionamiento. El componente de fruticultura de MIAF y a la vez, el énfasis en producir sus cultivos nativos en la misma parcela ha sido el elemento de intensificación que más les ha atraído.

También opera a favor de la adopción de MIAF, a) su compatibilidad con el paradigma de la agricultura tradicional; y b) el prometer no sólo sustentabilidad de los recursos sino también incrementos sustantivos en el ingreso y en el empleo familiar. Como todo conocimiento tecnológico en proceso de desarrollo y escalamiento, es preciso acompañarlo con investigación adaptativa de tipos agronómica, social y de desempeño, como se deriva de la experiencia del Plan Puebla (CIMMYT, 1974). Hay varios retos formidables para la transferencia de la tecnología MIAF, pero que no son insalvables, i.e. a) la intensidad de conocimiento tecnológico, b) la inversión en plántulas frutales al inicio, y fuentes consistentes y adecuadas de financiamiento y de asistencia técnica, y c) el acceso al mercado de fruta fresca. Se puede consultar sobre experiencias de transferencia de MIAF en Ruiz- Mendoza et al. (2012); Zambada-Martínez et al. (2013). Estos son casos en los que la investigación sobre MIAF estuvo asociada con su transferencia.

Hay también casos de adopción espontánea de MIAF por parte de organizaciones de productores que ya contaban con experiencia en el financiamiento y el mercadeo, y que buscaban intensificar su producción o bien, cambiar el giro de su actividad agrícola. En el Cuadro 2 se presenta información pertinente de tres casos de adopción espontánea de MIAF en el estado de Chiapas, México. Estas adopciones han ocurrido como resultado de visitas de productores y directivos de sus organizaciones a los sitios de investigación-demostración MIAF.

Cuadro 2 Casos de adopción espontánea de MIAF por organizaciones pre-existentes de productores del estado de Chiapas. 

§ = Colectivo ISITAME, A. C. Transformando realidades. www.isitame.org. MC. Yolanda Romero Alvarado. Tel. (01) 961 1470630. Prolongación de la 2d ª Poniente Norte 1804. Col. Penipak Norte, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. CP. 29039. §§= Ramal Santa Cruz, S. P. R. de R. I. Gerente Rigoberto Velasco. Av. Julián Grajales Núm. 430, Chiapas de Corzo, Chiapas. CP. 29160. † = Proasus S. A. de R. L. Lic. Adolfo Ocampo Guzmán. Tel. (044) 9671141667. Cerrada Jovel núm. 3-1, Col Fstse 2000. San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Posteriormente, en respuesta a solicitudes, el programa cooperativo INIFAP-COLPOS les ha proporcionado asesoría técnica sobre MIAF. Este camino de adopción se basa en el mérito de la tecnología y en su afinidad con el paradigma de la agricultura tradicional. El programa colaborativo del INIFAP y el COLPOS ha establecido 12 sitios de investigación- demostración MIAF en varias regiones del país, en colaboración con productores y en dos casos, en terrenos del INIFAP. El período de conducción de estos sitios ha sido en su mayoría de 4 a 8 años. Sólo dos de ellos han permanecido por más de 10 años. El sitio permanente de Los Tuxtlas (Figura 4) inspiró el proyecto Isitame en Chiapas, mientras que el sitio experimental de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca inspiró a los dos proyectos Ramal Santa Cuz y Proasus, Chiapas (Cuadro 2). Hay lecciones de este caso de adopción, que podrían apoyar el diseño de un programa ambicioso del Estado para intensificar el PAT en el nivel nacional.

Discusiones

Es fácil concordar con los autores del programa MasAgro, en que la agricultura tradicional de México requiere cambios profundos, particularmente en las prácticas de producción de laderas manejadas como sedentarias. Aquí es necesario cancelar el modelo extractivista que produce la erosión hídrica del suelo y que desquicia el ciclo del agua del agroecosistema. También hace falta realizar cambios para incrementar el ingreso familiar y el empleo de manera significativa y para acercar el nivel de producción de la tierra a su potencialidad edafoclimática y a los intereses del productor. Sin embargo, es cuestionable que para lograr esos cambios sea necesario y hasta útil para el pequeño productor tradicional sustituir el paradigma de la agricultura tradicional por el de la agricultura de conservación (Turrent et al., 2014; Martínez et al., 2016). Estos últimos autores cuestionan que la sustitución del PAT por PAC sea equivalente a la “modernización” de la agricultura tradicional de México. Señalan, con razón, que se trata más bien de una forma de imponer el paradigma de la agricultura industrial al paradigma de la agricultura tradicional.

El dominio tecnológico del PAC incluye claramente al paradigma de la agricultura Industrial (PAI) de gran escala, caracterizado por la escasez de mano de obra y abundancia de capital y de tierra de labor de alta calidad -con riego o con muy buen temporal, terrenos planos o con pendientes someras. Un cambio tecnológico deseable en el PAI funciona aún con relaciones beneficio costo modestas, porque la escala y la intensidad del capital la potencian en su efecto agregado en la gran unidad de producción. La región noroeste de México bajo riego y también una parte de El Bajío bajo temporal que se maneja con el PAI aproximan esa condición.

Es en ésta región y tipología agrícola empresarial donde un programa como MasAgro podría ser funcional. Las reconocidas y bien sustentadas virtudes del PAC en la protección del suelo y biota le aplican plenamente. En cambio, la agricultura tradicional en pequeño carece de aquella potenciación. Se caracteriza por la escasez de tierra y de capital y por la abundancia relativa de mano de obra. Requiere un sistema tecnológico que incremente significativamente el ingreso neto familiar y el empleo -un incremento en el ingreso neto familiar de 20% aplicado a 5 ha tiene una implicación muy diferente para la familia a que si ese incremento se potencia en una unidad de producción de 500 ha.

Un sistema tecnológico afín a la pequeña unidad de producción habría de intensificar el aprovechamiento de la tierra en las dimensiones de espacio y de tiempo y no tanto en la de capital (agroquímicos, combustibles, maquinaria, etc). La eficiencia relativa de la tierra (ERT) habría de ser superior a la unidad. Como analizan Turrent et al. (2014) el incremento en el ingreso familiar esperable por la adopción del PAC en la agricultura tradicional es modesto e insuficiente para estimular el cambio permanente de paradigma. Es de esperarse, como ha ocurrido en África (Giller et al., 2009) que la adopción del PAC sea transitoria y dependiente de los estímulos externos, como los que ofrece MasAgro. Sin embargo, tales estímulos habrán de concluir con MasAgro en cuatro años más.

A los autores de este ensayo les parece válido cuestionar la eficacia y eficiencia en el uso de los recursos escasos humanos y de capital invertidos por el Gobierno Federal y por el CIMMYT en la aventura MasAgro. Los logros en los objetivos de MasAgro adicionales al incremento en el rendimiento de maíz de temporal son de dudosa transcendencia para el país y hasta negativos, si es que entre ellos se cuenta la reducción de la biodiversidad del maíz nativo. Pírrico sería el servicio rendido al país si la agricultura tradicional se cambiara al paradigma de la agricultura de conservación (agricultura industrial) dependiente del uso de agroquímicos. Para quienes no sería pírrico el resultado serían los abastecedores del gran mercado de agroquímicos y de semillas que habría abierto MasAgro, mayormente con fondos públicos.

La sustentabilidad misma, reconocidamente asociada al PAC es de dudosa eficacia en las laderas largas y empinadas, frecuentes en la agricultura tradicional de ladera de México. El PAC es incapaz de detener la erosión hídrica en esas condiciones, a menos que fuera reforzado, por ejemplo, con la técnica de las barreras vivas. Sin embargo, los costos adicionales quedarían sin retribución en efectivo al productor y restringirían más, el modesto incremento en ingreso neto familiar asociado al PAC. Si además de las anteriores limitaciones de MasAgro, el efecto sobre la producción de maíz bajo temporal fuera nula o pobre, como lo sugiere hasta ahora la serie estadística pública (Figura 1 y 2), la pérdida para el país sería mayúscula. Sin duda, la mayor pérdida sería el atraso de diez años en construir otros caminos para su seguridad alimentaria dado el inminente cambio climático.

Como se ha mostrado en páginas anteriores, el dominio tecnológico de MIAF es compatible con el objetivo de intensificar sustentablemente el aprovechamiento de los recursos naturales manejados con el paradigma de la agricultura tradicional en México. La compatibilidad también apoya los objetivos de seguridad alimentaria nacional sustentable y de bienestar del pequeño productor tradicional. MIAF como tecnología, ya está siendo adoptado y ya está intensificando la agricultura tradicional de México en base a sus propios méritos. Empero, su escalamiento es muy limitado para alcanzar el impacto significativo requerido al nivel nacional, porque en lo que compete a la agricultura tradicional, el gobierno mexicano parece haber apostado, casi exclusivamente a MasAgro.

Conclusiones

El MIAF es una tecnología para la intensificación del manejo sustentable de la tierra, que es compatible con el paradigma de la agricultura tradicional de México. La intensificación se da en los sentidos del espacio y el tiempo con varios objetivos: a) incrementar significativamente el ingreso, el empleo y la seguridad alimentaria familiar aprovechando los saberes campesinos y sus semillas nativas; b) proteger y acrecentar la calidad de los recursos suelo, agua y biodiversidad; c) incrementar la eficiencia relativa de la tierra de labor. También es compatible tanto con la agronomía convencional como con la agronomía orgánica.

El paradigma de la agricultura de conservación no es compatible con el paradigma de la agricultura tradicional o sus recursos, entre estos, sus semillas nativas y la agrobiodiversidad. Su adopción requiere un cambio de paradigma que sustituye radicalmente a los saberes campesinos. Ya iniciada la segunda mitad del período de MasAgro, la serie estadística pública sugiere un nulo o reducido efecto sobre la producción nacional de maíz de temporal y su rendimiento. Le restan cuatro años al programa MasAgro para cumplir los objetivos de incrementar entre 5 y 9 millones de toneladas anuales, la producción de maíz de temporal en la agricultura tradicional, y que los rendimientos lleguen a ser de 3.7 a 4.5 t ha-1. Esta meta es una misión de éxito aparentemente improbable.

La agricultura de conservación no es la panacea salvadora para rescatar a la agricultura tradicional mexicana del atraso y de la fragilidad ecológica. Con MasAgro, la agricultura tradicional se encamina más bien, hacia la apertura del mercado de herbicidas y otros agroquímicos. En vez de certificar profesionistas mexicanos en formas más eficientes de dosificar agroquímicos para una agricultura “moderna industrial” con fondos públicos, esos profesionistas habrían de ser capacitados para asesorar a los pequeños productores tradicionales sobre MIAF, inter alia: 1) la autoproducción de plántulas frutales, manejo de árboles frutales y de la fruta, acceso al mercado y formas de agregación de valor; 2) trazo de curvas de nivel, filtros de escurrimiento y dinámicas del agua de escurrimiento y de los sedimentos; y 3) concepto de eficiencia relativa de la tierra (ERT) en cultivos compuestos y formas de lograr valores de ERT lo más altos posibles.

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Recibido: Abril de 2017; Aprobado: Junio de 2017

§Autor para correspondencia: turrent.antonio@inifap.gob.mx.

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