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Revista mexicana de ciencias agrícolas

versão impressa ISSN 2007-0934

Rev. Mex. Cienc. Agríc vol.7 spe 16 Texcoco Mai./Jun. 2016

 

Artículos

El ekuaro: un sistema agroforestal tradicional michoacano

Arturo Franco-Gaona1 

Benito Ramírez-Valverde1 

Artemio Cruz-León2  * 

Dora Ma. Sangerman-Jarquín3 

José Pedro Juárez-Sánchez1 

Gustavo Ramírez-Valverde4 

1Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Carretera Federal México- Puebla km 125.5, 72760, Puebla, Puebla. México. (bramirez@colpos.mx; pjuarez@colpos.mx).

2Universidad Autónoma Chapingo. Carretera México-Texcoco, km 38.5, Chapingo, Estado de México, C. P. 56230. México. Tel: 595 952 1621. (etnoagronomia1@gmail.com).

3Campo Experimental Valle de México- Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias. Los Reyes- Texcoco, km 13.5, A. P. 10, C. P. 56250. Coatlinchán, Texcoco, Estado de México. México. Tel. 01 800 088 2222 Ext. 85353.

4Colegio de Postgraduados. Carretera México-Texcoco, km 36.5 Montecillo, Estado de México. México. Tel. 595 95 20 200. (gramirez@colpos.mx).

Resumen

El ekuaro, ecuaro o ekuarhu (ekuaɹu = patio) es un sistema etnoagroforestal tradicional complejo propio del estado de Michoacán y de los P ́urhépechas o Tarascos, que según sus cultivadores puede formar parte de la vivienda, ya que se interrelaciona con el hogar, la troje, la crianza y explotación de ganado, mayor y menor, la agricultura y algunas especies forestales; o encontrarse en las laderas de los cerros con cultivo de maíz y otras especies asociadas, sin roturación del suelo, ya que su escasa profundidad, presencia de piedras y altas pendientes lo impiden. Con el objetivo de reunir información del ekuaro como un sistema etnoagroforestal tradicional, desarrollado por los Tarascos o P ́urhépechas y heredado a sus descendientes actuales con tendencia a desaparecer, se partió de la evidencia empírica de campo del Valle Morelia- Queréndaro y de sistematización bibliográfica para construir un marco conceptual clasificatorio e identificar su importancia y problemática como espacio sociocultural tradicional. Se clasifica y caracteriza al ekuaro y su avance como huamil entre los náhuatl. Como sistema agrícola tradicional se aprecia que el ekuaro es diverso y multifuncional, por lo que se propone una clasificación con base en su ubicación y el tipo de tecnología utilizada, en: a) ekuaro tipo patio, solar, huerto o jardín y b) ekuaro de explotación agroforestal asociado al ganado; c) ekuaro tipo huamil; y d) ekuaro de terreno de cultivo intensivo. En ellos se cultiva la milpa y conserva el maíz de ekuaro o uarhuti en riesgo de desaparecer.

Palabras clave: clasificación; historia; huerto familiar; maíz; P ́urhépechas

Introducción

La aparición de la agricultura en México ocurrió hace más de ocho mil años. Esta antigüedad le permite poseer una diversidad de plantas, animales y tecnologías, resultado de las complejas condiciones ambientales que caracterizan al país y a la permanencia de más de 60 grupos étnicos en su territorio; quienes ostentan diferentes formas de hacer agricultura, basada en la experiencia social (prácticas y saberes) de la que son protagonistas, alejada de la lógica de la monocultura del saber y del rigor científico (Santos, 2009). Son pueblos autóctonos cuya población suma cerca de 10.22 millones (Comisión Nacionl para el Desrrollo de los Pueblos Indígens (CDI, 2006), quienes por siglos han construido habilidades y experiencias de desarrollo en el manejo de sus espacios habitacionales y de producción.

Estas prácticas, experiencias y saberes tecnológicos continuamente se confrontan y enriquecen, mediante procesos para la selección, cuidado, recolección y manejo de diversos cultivos; resultando una transformación antropogénica del paisaje (Caballero y Cortés, 2001). De esta forma, los pueblos y comunidades buscan recrear el ambiente natural en su vivienda, al plantar especies de importancia socio-económica y con características agroforestales en sus huertos, jardines, solares, patios frontales y en terrenos marginales, convirtiéndolos en verdaderos agrosistemas, que cuidan y al mismo tiempo obtienen algunos frutos y cosechas pequeñas de cultivos como parte de la economía familiar (Santana, 1986).

Estas representaciones espaciales suelen ser distintivas para cada estado, región y grupo indígena y mestizo del país, donde se han generado y explotan diferentes sistemas agrícolas, pecuarios y forestales tradicionales, desarrollados en contextos culturales y ambientales diversos. Como lo muestra Moreno-Calles et al. (2013), al describir 13 sistemas, ubicados en diferentes estados del país, dentro de los cuales se encuentra el ekuaro -en la literatura se encontraron varias formas de escribir ecuaro, ekuaro, ekuarho y ekuarhu, refiriéndose a lo mismo, en este escrito se utiliza la palabra ekuaro y se respetan las formas escritas en los textos originales tomados como referencia; ocurriendo lo mismo con la palabra purépecha o P ́urhépecha-. Cuya importancia radica en ser un sistema tradicional que se aleja de las relaciones de producción capitalista, propio del estado de Michoacán y su cultura P’urhépecha; que desde la época de la colonia, al igual que otros sistemas agrícolas tradicionales, ha sido marginado, al grado de que se está perdiendo o modificando debido a la falta de interés y políticas agrícolas que los protejan; y por la implementación del paradigma dominante de la ciencia moderna, que considera que el uso de un paquete tecnológico en la agricultura es la solución al hambre y pobreza en que se encuentran sumidos los pueblos y comunidades del país. Pero debido a las condiciones fisiográficas donde habitan es prácticamente imposible aplicarlo. Por lo que resulta que las formas tradicionales de manejo tecnológico usadas por las comunidades indígenas y mestizas para producir son más versátiles.

Ante el riesgo de perder los espacios tradicionales de cultivo, existe la necesidad de estudiarlos en profundidad, con base a la ecología de los saberes y de las productividades, que de acuerdo a Santos (2009) y la sociología de las ausencias, son lugares cargados de conocimientos que requieren conservarse, apegados a las prácticas cognitivas de las clases, los pueblos y los grupos sociales que han sido históricamente victimizados, explotados y oprimidos por el colonialismo y capitalismo globales. Que al ser invadidos por la modernidad con la implementación de la Revolución Verde y sus principios, desde los años 50 del siglo pasado, como la única opción tecnológica posible de desarrollo y buen vivir, resultó una incongruencia. Ente ello es obligatorio construir un proceso de descolonización cultural, con el fin de recuperar los saberes agrícolas tradicionales y evitar un epistemicidio.

Aquí las etnociencias o estudio sobre saberes o conocimientos de los grupos nativos pueden ser útiles, como la etnoagroforestería y la etnoagronomía. Ciencias que se proponen como alternativa a los actuales conocimientos productivos modernos, provenientes de la investigación y educación agrícola superior, donde domina la visión de la ciencia occidental y el uso excesivo de insumos (semillas y agroquímicos) que afectan en lo económico a un segmento ampliamente mayoritario de unidades de producción marginadas en México. Se considera que de 100% de los productores agrícolas del país, 66% se ubican entre los jornaleros de autoconsumo y transición, quienes explotan pequeñas propiedades y tienen una adopción precaria de elementos tecnológicos modernos; a los que se suma una falta de apoyos financieros y de investigación que permitan el desarrollo comunitario, pues al parecer estas unidades no se encuentran dentro del alcance o interes de los programas gubernamentales (Cruz et al., 2015).

El objetivo del trabajo consiste en reunir información del ekuaro o ecuaro como un sistema agroforestal tradicional, desarrollado por el pueblo tarasco o P ́urhépecha y heredado a los descendientes actuales de esta etnia, con evidencias de una tendencia a desaparecer, por ello, estudiarlo permitirá vislumbrar su funcionamiento, posibilidades de conservación y su papel para favorecer el desarrollo agrícola comunitario alternativo a la óptica capitalista y con apego al buen vivir; ya que por sus cualidades tecnológicas, económicas y sincrética ha trascendido y demostrado su efectividad para proporcionar satisfactores a sus cultivadores.

La importancia del ekuaro radica en que es un sistema de cultivo tradicional que contribuye a la autosuficiencia y bienestar de las familias P ́urhépechas y es clave en su seguridad alimentaria (Godínez y Casas, 2014). Es una evidencia del uso eficiente de terrenos marginales y de generación de una tecnología apropiada a las condiciones en donde se desarrolla; y un sistema vulnerable en riesgo de desaparecer por la modernización tecnológica, migración y políticas públicas que no lo consideran.

Metodología

A partir de la investigación de campo realizada en la región del valle Morelia-Queréndaro, donde se observa la presencia de estrategias productivas en terrenos marginales con pendientes elevadas y de piedras abundantes que impiden el laboreo agrícola con animales de trabajo o maquinaria, se exploró el conocimiento empírico en campo y fundamentalmente en la bibliografía para caracterizar el ekuaro. A partir de la revisión documental se hizo una sistematización de la literatura para construir un marco conceptual que permitió caracterizarlo, establecer la problemática y hacer una clasificación e identificar las diferentes acepciones del término ekuaro entre los michoacanos de hoy y ayer, y su parecido con el sistema huamil de los náhuatl.

El valle se consideró debido a que en la época prehispánica fue ocupado por la cultura P’urhépecha, donde actualmente se encuentran sus vestigios; y se practican diferentes tipos de agricultura en riego, punta de riego y temporal en terrenos planos y cerriles, siendo el maíz uno de sus principales cultivos. Presenta una topografía accidentada, con alturas cercanas a los 2 000 m, debido a que lo cruza el Eje Neovolcánico y la Sierra Madre Occidental. En el Valle se introdujo la agricultura tecnificada alrededor de 1960, desplazando lentamente los sistemas tradicionales de cultivo.

El estudio de la agricultura tradicional en México es un tema añejo estudiado por la antropología, agronomía, biología y otras áreas del conocimiento relacionadas con el hombre y la naturaleza, como la etnoagroforestería y la etnoagronomía. Ello se ha hecho para: conocerla y extraer su tecnología, materiales biológicos y genéticos para “mejorarlos” e introducirlos al mercado; conservar el conocimiento milenario, materiales biológicos, cultura y relaciones sociales que existen entre el hombre y el manejo sustentable de la naturaleza; y utilizarla como elemento explicativo del desarrollo comunitario. Lo que ha sido insuficiente, porque no se han mostrado propuestas a fondo para su recuperación y conservación.

Wilken (1987), refiriéndose a la agricultura tradicional, menciona que la esencia del término tradicional se encuentra en la forma en que se transfieren los conocimientos, de una generación a otra de manera verbal e informal y a través de intercambios individuales, vecinales y comerciales; a diferencia de como se hace con la agricultura moderna, cuya diseminación es más visible debido al extensionismo que la promueve. Un sistema agrícola tradicional es un diseño físico de cultivos anuales y perennes intercalados, con animales en el espacio y a través del tiempo, que al ser manejados por el hombre, de acuerdo a su propia cosmovisión y tecnología, se vuelve etnoagroproductivo y etnoagroforestal, donde se ha generado, desarrolla y conserva la biodiversidad cultural (Moreno-Calles et al. 2013), y se encuentran los sistemas relacionados con los huertos familiares, solares, patios y jardines como el ekuaro.

Sistemas etnoagroforestales tradicionales

La agroforestería, según Farrell y Altieri (1997): “es el nombre genérico utilizado para describir un sistema de uso de la tierra antiguo y ampliamente practicado, en el que los árboles se combinan espacial y temporalmente con animales y cultivos agrícolas”. Krishnamurthy y Ávila (1999) la definen como la ciencia que estudia los sistemas, las prácticas agroforestales, las interacciones y propiedades emergentes de los componentes de estas formas de la tierra; que al interaccionar con el hombre, ordena su manejo y obtiene un beneficio, volviéndose sistemas etnoagroforestales, con historia y cultura propia, relacionados con el hombre o etno-, prefijo que ha sido asumido con relativa facilidad para referirse a la utilización del conocimiento tradicional como fuente de saber, conformando las llamadas Etnociencias (Perdomo, 2013).

La etnoagroforestería es un área científica de reciente creación que se encarga del estudio de los sistemas agroforestales tradicionales, creados, desarrollados y manejados por comunidades indígenas, campesinas y rancheras (Moreno-Calles et al., 2014). La etnoagronomía es la que ciencia recoge las visiones y aspiraciones de los productores y se alinea en la construcción de alternativas al desarrollo rural; y se define como la Etnociencia que se encarga del estudio de los saberes que los campesinos indígenas y mestizos ponen en práctica durante los proceso de aprovechamiento de los recursos naturales, por medio de las actividades agrícolas, pecuarias, forestales y de la fauna para obtener los satisfactores antropocéntricos necesarios para su subsistencia, reproducción social y desarrollo (Cruz et al., 2015).

Los sistemas etnoagroforestales tradicionales, como formas tecnológicas que interactúan entre el hombre, la tierra, los cultivos y ciertas especies de animales domésticos, son importantes porque están integrados a estrategias múltiples de uso, proveen diversos beneficios a los seres humanos a escala local, regional y global; conservan especies endémicas y de importancia cultural e integran, recrean las cosmovisiones, conocimientos, prácticas y reglas de uso tradicionales (Moreno-Calles et al., 2013) y tienen un mínimo uso o nulo de insumos provenientes de la agricultura moderna.

Con el paso del tiempo estos sistemas han sufrido modificaciones socio-económicas y ambientales, inducidas por cambios en el paisaje rural, que tiende a ser cada vez más urbano dentro de las comunidades, debido a la necesidad de repartición de la tierra, que al ser heredada a los hijos, se fraccionan y tienden a cambiar su uso; pero sobre todo por el modelo totalitario de racionalidad que preside la ciencia moderna, que niega el carácter racional a todas las formas de conocimiento que no se pauten por sus principios epistemológicos y por sus reglas metodológicas; situación que origina pérdida y transformación de la cosmovisión generacional y de un conocimiento del sentido común, práctico o vulgar, producto de la experiencia ordenada (Santos, 2009); que debido a la falta de interés en su conservación, concluyen en el abandono, desaparición y alejamiento de la naturaleza. Ante ello no es posible perder en tan poco tiempo algo que ha tardado cientos de años en construirse de manera selectiva en lo biológico y productivo.

La importancia de estos sistemas radica en que: 1) son puntos de conservación de especies y germoplasma; 2) son centros de generación de conocimientos que cuentan con reglas de uso y apego a diversos factores socio-ecológicos; 3) son espacios de apoyo a la economía y a la disminución del hambre y pobreza; 4) su explotación permite un aprovechamiento íntegro de las tierras marginales, que de no hacerse, permanecerían baldías e improductivas, y de los excedentes de mano de obra local y familiar; 5) mantienen una continuidad de elementos prehispánicos con los modernos, de cuyo estudio es factible realizar comparaciones tecnológicas, ecológicas, culturales y más (Palerm, 1997; Moreno-Calles et al., 2013); y 6) mantiene un equilibrio entre la naturaleza y las necesidades y derechos de los seres humanos con apego al principio del buen vivir, cuya visión asume otros saberes y prácticas, al cuestionar el concepto occidental de bienestar y colonialidad del poder, la erosión de la biodiversidad agrícola y silvestre, y la sobre explotación de la naturaleza; considerada como “capital natural” y no como componente equitativo de vida y desarrollo ajeno al de los países industrializados (Acosta, 2010).

Caracterización del ekuaro

El ekuaro es una conformación fisiográfica del terreno que puede ser plano o presentar una pendiente pronunciada. Se caracteriza por formar parte del patio de la casa, según lo muestra su traducción del P ́urhépecha o tarasco al español ekuarhu [ekuaɹu], equivale a “patio” (Lathrop, 2007), que al contextualizarlo se puede entender como “el lugar donde se ve ámpliamente”, o sea el todo. Es una prolongación de la habitación purépecha, donde se encuentra la troje, la crianza de ganado mayor y menor y practica la asociación de cultivos de diferentes estratos alrededor de la casa, cuya delimitación está dada por medio de vegetación y el acomodo de piedras. Es rico en saberes tradicionales, ya que se encuentra ampliamente relacionado con la vida cotidiana, la naturaleza y al manejo que de ella se hace en su interior. Por ejemplo, Barrera-Bassols (2003) describe, de manera temporal, las actividades culturales que se realizan a 17 especies de plantas comestibles estratif icadas ubicadas en un ekuaro, en Pichátaro, Michoacán, donde incluye arvensis, la milpa y frutales.

Sobre el ekuaro exísten varias aseveraciones, todas relacionadas con su ubicación, clima, fisiografía, tecnología, cultivos e intensidad de uso del suelo. Sánchez (2002); Moreno-Calles et al. (2013) mencionan que el ekuaro es un huerto que se encuentra cerca o al lado de la casa, con múltiples especies de plantas perennes y anuales (maíz, frijol, vegetales, frutales y otras plantas cultivadas de manera intensiva) asociadas con silvestres y en ocasiones con animales, manejado princialmente por mujeres y niños; y que se encuentra en los climas templados y cálido humedos de Michoacán.

Para Barrera-Bassols (2003) el ekuaro es un “homegarden system”, un sofisticado sistema agro-silvocultural, de explotación intensivo, que integra árboles, arbustos, herbaceas; cuya arquitectura semeja a los bosques y funciona como sistema ecológico; son pequeñas parcelas experimentales, cercanas a la media hectárea, donde es posible encontrar más de 50 plantas domesticadas, semi- domesticadas, toleradas e incluso salvajes; utilizadas con fines alimenticios, medicinales, aromáticas y religiosos. En él no hay uso de fertilizantes químicos ni herbicidas y la tierra es trabajada y cultiva principalmente con la azada.

Santana (1986) menciona que el “ecuaro” se concibe como un espacio siempre adyacente a la vivienda, que es ante todo el dominio de los animales (grandes y menores), una suerte de establo al aire libre; el cual ha evolucionado de manera “frustrada” hacia el antiguo solar de filiación española, debido a la adopción de algunas especies vegetales, de expresiones jardineras y de cultivos. Sobre el solar Aguilar y Prieto (2002) dicen que “el solar familiar, limitado por una cerca de piedra, está constituido por la troje que a través de un pórtico abre hacia el patio interior, donde los habitantes realizan la mayor parte de sus actividades, cuenta con huerto y a veces con aves de corral”. Definiciones que lo muestran como un espacio multifuncional, productivo, recreativo, habitable y resguardador de alimentos.

El General Lázaro Cárdenas recuerda al “ecuaro” como un terreno de cultivo con pendiente, situado en las faldas del cerro, que su abuelo rentaba para sembrar maíz, frijol y calabaza con el azadón. Que el arado no se utilizaba por lo pedregoso del terreno, lo cual volvía muy arduo trabajarlo (Cárdenas del Río, 2003).

Como se puede apreciar, existen varios tipos de ekuaro y cada uno de ellos posee características particulares, a las cuales se suma que es un espacio de convivencia familiar y de relaciones sociales; cuyo uso persiste en prácticamente toda la región ocupada por el Imperio Tarasco o P ́urhépecha en el mundo prehispánico, el cual abarcaba más de 75 000 km2 en las tierras altas de la región centro-occidente de México. Quienes debido a su conducta militar-expansionista intentaron ocupar el territorio de los Aztecas, quienes respondieron penetrando hasta el corazón territorial de los tarascos a la altura de Charo donde posiblemente, o conocieron el sistema del ekuaro en los cerros y casas o trajeron el huamil e implementaron se práctica. Lo cual sería muy interesante elucidar desde el punto etnohistórico qué sistema surgió primero. Por ejemplo en Cortazar, Guanajuato, los habitantes de mayor edad reconocen la presencia del ekuaro en las faldas de los cerros donde sembraban maíz y frijol, principalmente.

Ekuaro y tecnología

A pesar de existir información sobre el tipo de tierras y lugar donde se cultiva el ekuaro, se desconoce el tipo de sistema de tenencia o categoría a que pertenecía en el imperio tarasco; es decir: si a las tierras patrimoniales de la dinastía real (uacúsecha), a las tierras asignadas a los señores locales o a la tierras de la gente común. En época de la colonia eran pedazos de tierra marginal que se asignaban a los campesinos para su propia explotación. En la actualidad pueden encontrarse en cualquier tipo de tenencia.

Las herramientas que utilizaban los P ́urhépechas para cultivar sus ekuaros eran de tipo lítico y algunas de metal. Siendo esto importante porque fueron los únicos que tuvieron una industria metalúrgica más avanzada que la de los otros pueblos mesoamericanos, quienes trabajaban el oro y la plata principalmente. Los P’urhépecha trabajaron particularmente el cobre y su aleación el bronce. Con él fabricaron pinzas, punzones, hachas, azadas y otras herramientas para labrar la tierra (Uribe, 1996; Roskamp, 2003).

Si el ekuaro hablara, nos contaría historias de sobrevivencia y economía. Iniciaría con los embates que ha sufrido desde la conquista, de los cambios tecnológicos de la agricultura moderna y del crecimiento urbano; que han sido hechos con el afán de introducirlo en un “desarrollo tecnológico más productivo” o desaparecerlo lentamente. Situación que puede producir efectos contraproducentes, pues se sabe que el objetivo de aumentar la producción y la productividad es crear poder económico, social y político (Urquidi, 1981); más dependencia económica y contaminación, debido al uso intensivo de insumos y la falta de una autodeterminación tecnológica con capacidad para decidir el rumbo tecnológico de un país, o la utilización de los recursos humanos y materiales para lograr encausar la tecnología hasta ciertos objetivos (Urquidi, 1981). Cuando éstos no se alcanzan, los cambios iniciados suelen modificar estructuras tradicionales funcionales y meter en coyuntura a sus usuarios, por las nuevas técnicas y productos, quienes suelen poner resistencia a su difusión y apropiación.

El ekuaro y el maíz

Como Michoacán forma parte del centro de origen del maíz, domesticación y ruta de migración de grupos étnicos, ha favorecido que exista una amplia variedad de Zea mayz L. y de sus parientes silvestres. Dentro de esta especie se encuentran variedades como el mushito y el maíz de ekuaro. Desde tiempos del imperio P’urhépecha en las sementeras se sembraban diferentes variedades de maíz en la milpa (tarheta) las cuales son mencionadas en las Relaciones de Michoacán, escritas por Fray Jerónimo deAlcalá a mediados del siglo XVI; y por Gilberti (1901), quienes describen la presencia de ocho variedades, cuya clasificación se basa en la consistencia y al color del grano en: seco en mazorcas, blanco, negro, amarillo, colorado, pintado de colores, leonado, y maíz que se hace en cincuenta días. Variedades que se han ido modificando a través del tiempo por la tecnología tradicional y moderna, y la presencia de la revolución verde en el estado. Asimismo Moreno-Calles et al. (2013); Alarcón-Chaires (2009) mencionan que en el ekuaro se cultivan maíces nativos de color rojo, azul y el de solar o ecuaro de color morado (uarhuti), en asociación con el frijol (kókok). Los cuales se están en riesgo de desaparecer.

Propuesta clasificatoria del ekuaros

De acuerdo a su descripción, el ekuaro puede ser un sistema de producción que situado dentro del bosque que se combinaba con el aprovechamiento de una diversidad de plantas cultivadas, silvestres y animales. Encontrarse en el cerro y trabajarse “a mano”. O ubicarse dentro de la casa como huerto, patio u otro. Lo real es que el ekuaro es un sistema multifuncional y megadiverso, que cubre todas las expectativas de los autores y productores, que puede clasificarse de acuerdo a su ubicación y tecnología en cuatro tipos.

Ekuaro de solar

a) Tipo patio, solar, huertos o jardín

Forma parte de la casa, como patio, traspatio o huerto. Su tamaño suele ser pequeño. Muchos de ellos tienen origen mesoamericano, los cuales, además de cumplir con las necesidades alimentarias y económicas inmediatas de sus propietarios, son sistemas etnoagroforestales tradicionales, cuyo origen es previo a la llegada de los europeos en el siglo XVI; que al confrontarse ocurrió un choque de ecosistemas primordiales entre el viejo y el nuevo mundo (Crosby, 2013). Actualmente actúa como repositorios de biodiversidad local, por la existencia de una mezcla dinámica de especies nativas útiles. La función principal de este ekuaro es el de proveer una fuente básica de alimento y productos comercializables para la familia, lo que es extremadamente importantes dadas las condiciones socioeconómicas que prevalecen hoy en México y Mesoamérica; pues en su interior existe una mezcla de especies nativas y exóticas, perennes y anuales, distribuidas en diferentes estratos que satisfacen las necesidades de los agricultores (Montagnini y Metzel, 2015; Cahuich-Campos et al., 2014).

Estos espacios, dependiendo del lugar donde se encuentren y tiempo de permanencia, adquieren nombres particulares. Por ejemplo, Guzmán (2005) menciona que en el estado de Morelos, las personas grandes platican que al patio le llamaban “callmil” y aclara que esta asignación se refiere más al cultivo de hortalizas en una cama formada con tierra y estiércol descompuesto y hojarasca, lo cual ya no se practica; y “calmill” (hortalizas en los solares), que es un pequeño lote o solar donde se siembran semillas y diversas variedades de maíz, calabaza, frijol, chile y flores. De manera similar se le denominan a los pequeños huertos que se ubican junto a la casa de los labradores (Palerm, 1997), y al pequeño ekuaro ubicado a un costado de la casa, donde se cultivan diversas estratos vegetacionales para usos particulares.

b) Ekuaro de explotación agroforestal continua asociado al ganado

Es un espacio de aproximadamente una hectárea, circundado por una barda perimetral de piedra, en cuyo interior se encuentra ubicada la casa, el corral o establo del ganado mayor y los gallineros. En algunos puntos, circundando, dividiendo o fuera del terreno, se encuentran plantas cultivadas de nopal y magueyes pulqueros. Pegado a las bardas de piedra se ubican árboles maderables, frutales y de sombra. En su interior, rodeando a la casa y patio, se encuentra el ekuaro como terreno de cultivo, donde se siembra el maíz, asociado con frijol y haba, el cual se trabaja con la yunta o el tronco, pues ha sido despedrado.

El cultivo de maíz que se siembra en su interior es para comer elotes y masticar las tiernas cañas dulces de maíz, cuyas variedades suelen ser: blanco, amarillo, de color, morado y rojo. El primero es utilizado para elaborar las tortillas y los otros para preparar ciertos confites y alimentos festivos como: pinole (polvo de maíz tostado, endulzado con piloncillo y saborizado con canela, que puede comerse solo o en atole) y “tempoduro” (maíz de color tostado y confitado con piloncillo), “uchepos” (tamales de elote o de maíz tierno con piloncillo y carbonato) y corundas (tamal de ceniza), tamales michoacanos en cuya elaboración el maíz se cuece con ceniza de mezquite, manteca y sal, y se envuelven en hojas de maíz verde. Los elotes se cuecen solos o acompañados con calabaza y piloncillo. Este ekuaro es de explotación intensiva.

Ekuaros en tierras marginales o cerriles

a) Ekuaro tipo huamil

Palerm (1997) menciona que el huamil (coa-milpa: plantío de maíz labrado con palo afilado) es de reciente introducción y difusión en el estado de Guanajuato, México, pero muy antiguo en Michoacán. De él menciona lo siguiente: implica trabajar sobre tierras hasta cierto momento incultas, yermas y marginales; ubicadas en los viejos agostaderos de las haciendas, en las empinadas y rocosas pendientes de los cerros, y en las tierras pedregosas y de tepetate. Lugares inaccesibles no solo a las modernas máquinas de tracción sino también al arado, de cuya producción muchas familias campesinas no lograrían reunir los elementos indispensables para satisfacer sus necesidades de subsistencia básica. El sistema del huamil se tomó prestado de los vecinos indios tarascos quienes lo practican desde tiempos inmemoriales sobre el montañoso y difícil paisaje michoacano, donde es conocido bajo el nombre tarasco de ecuaro.

En el valle Morelia-Queréndaro, a este sistema de cultivo tradicional también se le llama “de a mano”, debido a la forma de trabajarlo, ya que son terrenos muy pedregosos, cuyo método de cultivo según (Franco-Gaona et al. (2012), inicia con “la limpia y acomodo de las piedras en líneas perpendiculares a la pendiente, cuando el terreno lo permite o realizando hoyos en el suelo pedregoso para colocar la semilla, realizar labores de limpia, cosecha y recolección de los residuos orgánicos, en el caso de que sea posible su extracción, de lo contrario, el rastrojo se dejaba para enriquecer el suelo”. El trabajo que se realiza en este sistema se mide en “tareas”. Una tarea equivale a sembrar maíz, frijol y calabaza en un espacio de 18 por 18 hoyos; es decir: excavar el suelo o hacer un hoyo con el azadón y colocar tres o cuatro semillas de maíz, intercalando frijol y calabaza. De éste sistema se recogió el comentario de que “lo continúo sembrando por gusto al azadón, a pesar de que tengo tierras de riego y trabajo con la máquina”.

b) Ekuaro de terreno de cultivo intensivo

Comúnmente se encuentra ubicado en terrenos marginales de temporal, de mayor tamaño que el utilizado para el huamil y mayormente tecnificado, donde se cultiva la milpa utilizando la yunta o el tronco y su forma de trabajo es de tipo familiar. En su periferia se observan cercas divisorias de piedra con árboles de sombra y maderables, “nopales del cerro” una especie de Opuntia comestible, y plantas arvenses, de donde se extrae leña y otros productos para consumo del hogar y comercio. Suelen cultivarse de manera continua o en año y vez. Por lo común este ekuaro se encuentra asociado al de la casa vía ganado.

Linck (1982 y 1987) menciona que el hecho de poseer un solar propio con su casa tradicional, su pequeña huerta, su ecuaro o su corral, con sus respectivas implicaciones económicas, refuerza la membresía de cada grupo doméstico a la colectividad. Contar con este espacio favorece la actividad laboral y la multiplica, debido a que es un espacio de índole familiar, atendido fuera de las actividades cotidianas relacionadas con la agricultura, que como principal actividad, se desarrolla fuera o alejada de la casa; y que la tecnología tradicional no ha desaparecido, porque la integración de la agricultura en la economía nacional es aún demasiado reciente como para que sus huellas se hayan borrado del todo.

Conclusiones

El ekuaro es un sistema etnoagroforestal tradicional multifuncional, rico en conocimientos agrícolas y biodiversidad que ha persistido por más de 500 años, formando parte de la economía familiar indígena y mestiza michoacana. Es polisémico ya que se encuentra dentro de la casa como huerto familiar, patio, traspatio y/o parcela en la casa y fuera de ella y en los cerros pedregosos con terrenos marginales donde se cultiva “a mano”, con uso del azadón, de donde se considera que emigró hacia estados vecinos, adquiriendo nombres propios, como en Guanajuato, conocido como huamil.

Como extensión de la vivienda el ekuaro se conserva, mantiene y resiste a la amenaza del crecimiento poblacional y las políticas públicas basadas en el paradigma de la modernización agrícola, y a los intentos de mostrarlo como un espacio improductivo, porque no hace uso de sus paquetes tecnológicos, ni de sus conocimientos proveniente de los centros de investigación públicos y privados. Por su ubicación, tamaño y marginalidad solamente pude ser manejado y explotado con conocimientos y tecnologías tradicionales provenientes de los campesinos indígenas y mestizos con apego al buen vivir.

El ekuaro es un sistema etnoagroforestal tradicional, debido a la presencia de vegetación con diferentes estratos, que se maneja y aprovecha, particularmente, por mujeres y niños. Debido a su antigüedad y evolución, en su interior se han desarrollado variedades de maíz propias, siendo el caso del maíz de ekuaro o uarhuti, el cual se encuentra en riesgo de desaparecer. Su condición espacial y tecnológica permitió clasificarlo en: a) ekuaro tipo patio, solar, huerto o jardín; y b) ekuaro de explotación agroforestal asociado al ganado; c) ekuaro tipo huamil; y d) ekuaro de terreno de cultivo intensivo; que por sus cualidades tecnológicas, económicas y sincrética ha trascendido y demostrado su efectividad para proporcionar satisfactores a sus cultivadores; cuyo estudio in situ es necesario para rescatar sus saberes y proponer alternativas de conservación apegadas a la cosmovisión indígena.

Literatura citada

Acosta, A. 2010. El buen vivir en el camino del post-desarrollo a la lectura desde la Constitución de Montecristi. Fundación Friedrich Ebert, FES-ILDIS. Ecuador. 43 p. [ Links ]

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Recibido: Diciembre de 2015; Aprobado: Marzo de 2016

Autor para correspondencia: fagamex@yahoo.com.mx.*

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