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Revista mexicana de ciencias agrícolas

versión impresa ISSN 2007-0934

Rev. Mex. Cienc. Agríc vol.7 no.3 Texcoco abr./may. 2016

 

Artículos

Industrialización y transnacionalización de la agricultura mexicana

Adrián González-Estrada1  § 

1Campo Experimental Valle de México-INIFAP. Carretera Los Reyes-Texcoco, Coatlinchán, km 13.5 Texcoco, Estado de México, C. P. 56250.


Resumen

Las discusiones relacionadas con el campo mexicano se caracterizan por su diversidad, polarización y por proponer políticas agrícolas distintas e incluso opuestas. Los objetivos de esta investigación fueron: a) caracterizar la etapa actual del desarrollo de la agricultura mexicana con base en los resultados de investigaciones empíricas; b) recabar información sobre el grado de penetración del capital nacional y extranjero en esta actividad económica; y d) definir las características que debe tener una política agrícola adecuada a la naturaleza de la agricultura mexicana actual, a su problemática y, sobre todo, a sus retos presentes y futuros. El método consistió en estudiar y cuantificar las formas de producción existentes en la agricultura, así como las transformaciones que han sufrido a consecuencia de la apertura comercial y del creciente flujo de capitales. Se concluyó que la agricultura mexicana es predominantemente capitalista, está en la parte inicial de la fase II, la fase intensiva y de industrialización, y tiene un alto grado de transnacionalización en la producción, en la producción de maquinaria, insumos y bienes intermedios, en el financiamiento, en el acopio, comercialización e industrialización. En consecuencia, se requiere de una política agrícola integral, acorde con las necesidades de la agricultura mexicana en la fase II de su desarrollo y que responda eficientemente a los retos que impone el desarrollo de la economía y la sociedad de México; una política que tome en cuenta las necesidades de equidad, el cambio climático, el desarrollo sustentable, la soberanía y la independencia del país.

Palabras clave: formas de producción; fases del desarrollo agrícola; fase extensiva y fase intensiva o de industrialización

Abstract

Discussions related to the Mexican countryside are characterized by their diversity, polarization and propose different and even opposite agricultural policies. The objectives of this research were: a) to characterize the current stage of development of Mexican agriculture based on the results of empirical research; b) to obtain information about the degree of penetration of domestic and foreign capital in this economic activity; and c) define the characteristics that must have adequate agricultural policy to the nature of the current Mexican agriculture, its problems and, above all, its present and future challenges. The method was to study and quantify the existing forms of production in agriculture, as well as the transformations that have suffered as a result of trade liberalization and the increasing flow of capital. It was concluded that Mexican agriculture is predominantly capitalist, is in the initial part of phase II, intensive and industrialization phase, and has a high degree of transnationalization in production, in the production of machinery, raw materials and intermediate goods, financing, in the collection, commercialization and industrialization. Consequently, it requires a comprehensive agricultural policy, according to the needs of Mexican agriculture in phase II of development and respond successfully to the challenges posed by the development of the economy and society of Mexico; a policy that takes into account the needs of equity, climate change, sustainable development, sovereignty and independence.

Keywords: agricultural development phases; extensive and intensive phase or stage of industrialization; forms of production

Introducción

Las discusiones relacionadas con los problemas del campo mexicano se caracterizan por su diversidad y polarización. Está muy extendida la falsa idea de que los problemas han sido profusamente diagnosticados y que la discordancia se ubica solamente en la esfera ideológica y política. Por un lado, las posiciones populistas, basadas en el supuesto erróneo de que la agricultura mexicana es predominantemente campesino-minifundista, postulan instrumentos de política correspondientes a una etapa del desarrollo económico de la agricultura ya superada. En el lado opuesto, las posiciones llamadas neoliberales, convencidas de las bondades de los mercados libres, de las actividades empresariales y de la inversión extranjera directa e indirecta, defienden los instrumentos de política que promueven el desarrollo de las unidades capitalistas de producción y, justifican las políticas sociales que compensan a los millones de campesinos pobres, a través de todo género de subsidios, por ser los perdedores de un proceso capitalista cada vez liberalizado, transnacionalizado y ajeno a ellos. De las primeras se desprende una política agrícola “nacionalista”, campesinista y proteccionista; de las segundas, una política capitalista, de mercados libres, promotora de los intereses del capital nacional y transnacional y, con frecuencia, olvidada de los principios nacionales, como la independencia, la justicia, la soberanía, la biodiversidad y la sostenibilidad.

Desafortunadamente, la mayoría de las investigaciones, de un signo y del otro, son erróneas, porque parten de clasificaciones artificiales de las formas de producción en la agricultura y porque, además, se erigen sobre concepciones equivocadas del desarrollo agrícola de México. Como es obvio, esas diferencias entre las distintas concepciones se deben explicar por las contradicciones existentes base económica de la agricultura actual y por los conflictos entre los intereses que definen su dinámica. Por eso es que, con el f in de contribuir a la definición de políticas agrícolas más pertinentes, sustentables, justas y soberanas, se debe partir de un conocimiento objetivo, con sustento teórico y empírico riguroso, de las condiciones económicas y sociales que caracterizan la agricultura mexicana actual. En consecuencia, los objetivos de esta investigación fueron: a) caracterizar la etapa actual del desarrollo de la agricultura mexicana con base en los resultados de investigaciones empíricas; b) cuantificar el peso relativo de cada una de las formas de producción en el campo; c) recabar información sobre el grado de penetración del capital nacional y extranjero en esta actividad económica; y d) discutir, aunque brevemente, las características más importantes que debe tener una política agrícola adecuada a la naturaleza de la agricultura mexicana actual, a su problemática y, sobre todo, a sus retos presentes y futuros.

Materiales y métodos

En México existe una gran diversidad de formas de producción o sistemas agrícolas y de regiones agrícolas. Esa gran variación se debe a las muy disímiles condiciones económico-sociales, étnicas, culturales, ambientales y biológicas, sobre las cuales se ha llevado a cabo un proceso histórico desigual, rico en contrastes y vicisitudes (González-Estrada, 2010).

¿Cómo estudiar esa diversidad abigarrada de formas de producción en la agricultura? Escribió Marx (2010) en el Prefacio a El Capital, Tomo I: “en el análisis de las formas económicas, ni el microscopio ni los reactivos químicos son útiles. La fuerza de la abstracción debe reemplazar a unos y a otros”. Fue precisamente el método de pasar de lo abstracto a lo concreto y de este al primero, en un proceso recursivo largo y difícil, el que se siguió aquí para tratar de arribar a la reproducción de lo concreto como una totalidad concreta (Kosík, 1974). Con toda razón Hegel (1971) dijo: “la verdad es el todo”. Aquí, el problema es de qué hacer abstracción (Sweezy, 1987). Hegel (1971), en su Filosofía de la Historia, decía que en el “proceso del entendimiento científico, es de importancia distinguir y poner de relieve lo esencial en contraste con lo llamado no esencial” y según Sweezy (1987), la tarea de la abstracción es precisamente poner de relieve lo esencial y hacer posible su análisis. Así, la abstracción equivale a tomar distancia de la abigarrada diversidad agrícola, con el f in de encuadrarla en un contexto más amplio y con una mayor perspectiva del desarrollo económico actual.

De acuerdo con lo anterior, el método aquí usado tuvo como primera parte tomar en cuenta las formas de producción en el campo mexicano, su peso relativo y la etapa del desarrollo en la que se encuentra nuestra agricultura, haciendo a un lado las propiedades superfluas o fenomenológicas y concentrando la atención en los aspectos esenciales, que son la forma en que se hace y lleva a cabo el proceso de producción; es decir, en las formas de producción predominantes en la agricultura mexicana. De acuerdo con González-Estrada (2010): “lo que distingue a una formas o sistemas de producción agrícola de otros no solamente es qué se hace, esto es su especialización productiva, sino además y, sobre todo, el cómo se hace, el proceso de trabajo que se realiza, en especial, con qué medios de producción, y en qué condiciones sociales concretas se lleva a cabo dicho proceso de trabajo.”

Se partió de un sistema clasificatorio de las formas de producción o sistemas de producción en la agricultura. Luego, consideró la identificación de cada una de las unidades de producción en cada una de las categorías clasificatorias. Después, se estudió la agrupación de todas las unidades de producción agrícola pertenecientes a cada una de las categorías del sistema clasificatorio, con el fin de cuantificar la superficie sembrada o cosechada, el valor de los medios de producción y el valor de la producción que corresponden a cada una de los sistemas o formas de producción. Posteriormente, se cuantificar con más precisión las formas de producción más específicas, con datos correspondientes a la magnitud del arrendamiento de tierras. Finalmente, se consideró la transformación de todos los sistemas o formas de producción en la agricultura causada por la apertura comercial y, sobre todo, por el creciente flujo de capitales nacionales y extranjeros a ese sector de la economía mexicana.

Los cambios observados en la agricultura mexicana y en la política agrícola fueron explicados con base en los cambios que han estado sufriendo las distintas formas de producción en el campo mexicano. Por ello, con el fin de entender científicamente los problemas de la agricultura mexicana actual, se examinaron todas sus transformaciones bajo el modo de producción capitalista. Es decir, como dijo Kautsky (2015): “se debe averiguar de qué manera el capital se ha ido apoderando de la agricultura, cómo la ha ido transformando y por qué ha hecho insostenibles las viejas formas de producción y de propiedad y cómo ha creado la necesidad de otras nuevas.”

Análisis de resultados

Las etapas del desarrollo económico de la agricultura

El desarrollo económico de la agricultura en la sociedad actual no es otra cosa que el desarrollo del capitalismo en esa actividad productiva. Ese proceso tiene dos etapas: a) la etapa I del desarrollo extensivo, caracterizada por la difusión de las relaciones y formas de producción capitalistas en el campo; y b) la etapa II del desarrollo intensivo de la agricultura, que parte del predominio de la producción empresarial capitalista y que se caracteriza por la intensificación de las inversiones sucesivas de capital por unidad de superficie y por la consecuente industrialización de la agricultura.

El desarrollo del capitalismo en la agricultura mexicana actual

González-Estrada (1990), clasificó 2.8 millones de unidades de producción agrícola distribuidas en toda la República Mexicana y con base en métodos estadísticos multivariados identificó 18 tipos de agricultura y delimitó 72 regiones agrícolas fundamentales y 187 subregiones. Concluyó que la forma de producción dominante y predominante en la agricultura mexicana es la agricultura capitalista. Posteriormente, González-Estrada (2001), después de construir un sistema clasificatorio de las formas o sistemas de producción agrícola, agrupó a 2 559 070 unidades de producción agrícola en nueve formas de producción agrícola, por zona geoeconómica, entidad federativa y municipio. Una de sus conclusiones fue que la agricultura empresarial capitalista es la forma de producción dominante y económicamente predominante en México, pues aportaba 73.3% del valor del producto interno bruto de la agricultura y concentraba el 75.9% de los medios de producción y 70.7% de la superficie cultivada.

No obstante la importancia, los resultados anteriores subestiman el peso de la producción capitalista en la agricultura, ya que en las estadísticas oficiales no se toma en cuenta el peso del arriendo capitalista de tierras. Con el fin de corregir ese sesgo, González-Estrada (2009), estudió los dos cultivos más importantes de México, el maíz y el frijol, e hizo un esfuerzo por distinguir los propietarios de los predios dedicados a la producción de maíz y frijol en México, en su mayoría minifundistas, de los arrendatarios que organizan esos cultivos. Concluyó que no obstante el predominio de predios minifundistas, el proceso de producción de esos dos cultivos es predominantemente empresarial-capitalista, pues las unidades de producción capitalista cultivan 68.6% de la superficie sembrada con maíz y 67.3% de la sembrada con frijol, y aportan el 77.7% de la producción de maíz y el 69.9% de la producción nacional de frijol.

¿Cómo se explica lo anterior, si en ambos cultivos predominan los predios minifundistas de campesinos pobres?

La explicación consiste en que una cosa es la propiedad jurídica de la tierra y otra, la apropiación económica de la misma. Según González-Estrada (2009), en el caso del maíz, aproximadamente 4 470 000 hectáreas, pertenecientes a predios propiedad de campesinos pobres no son cultivadas por sus dueños, quienes en su mayoría son asalariados en las ciudades o en el campo, dentro o fuera del país. En el caso del frijol, aproximadamente 423 890 campesinos (70% del total) no cultivan su tierra sino que la rentan para la producción de frijol y son, en su mayoría, asalariados. Todas esas tierras no son cultivadas por sus dueños, sino por arrendatarios que practican formas de producción empresarial-capitalistas y que se guían por la persecución de la máxima ganancia.

Algunos investigadores de izquierda tienen la idea incorrecta de que la muy extendida propiedad minifundista es un obstáculo insalvable para el desarrollo de las fuerzas productivas en el campo. Al respecto, se debe aclarar que la pequeña propiedad parcelaria, primero ejidal y comunal y, luego, privada, ciertamente al inicio no es, en general, la forma más adecuada para para el desarrollo del capitalismo en la agricultura. Pero como bien lo dijo Marx (2010b): “la forma adecuada de propiedad territorial la crea el propio régimen de producción capitalista al someter la agricultura al imperio del capital, con lo que la (...) la pequeña propiedad campesina combinada con el régimen comunal se convierten también en la forma adecuada a este sistema de producción, por mucho que sus formas jurídicas puedan diferir”. Así lo muestra el caso de México, donde la pequeña propiedad minifundista de los campesinos no ha sido un obstáculo para el desarrollo del capitalismo en la agricultura, pues el arriendo capitalista de la tierra de los minifundistas la ha adecuado a las necesidades del desarrollo agrícola (González-Estrada, 2009).

Sólo concibiendo así a la agricultura mexicana es posible explicar por qué no obstante el predominio de los predios minifundistas, México es uno de los principales países exportadores de alimentos del mundo; es el octavo productor mundial de alimentos de origen agropecuario, y el principal exportador de alimentos a los EE.UU.; dispone de una red de diez acuerdos comerciales con 45 países y en el año 2012, el comercio agroalimentario con el mundo alcanzó 50 579 millones de dólares, 2.8 veces el registrado en 2000; las exportaciones sumaron 22 805 millones de dólares y las importaciones, 27 774; es el cuatro productor de carne de pollo y el quinto de huevo; es el octavo productor de carne de bovino y exporta anualmente más de un millón de becerros a los EE.UU; en cuanto a la agroindustria, ocupa el primer lugar como exportador de cerveza y el tercero, en jugo de naranja; es el cuarto productor mundial de alimentos balanceados; es uno de los tres exportadores más importantes de aguacate, cebolla, frambuesa, espárrago, pepino, tomate, calabazas, chiles y miel natural, y por último, las exportaciones agroalimentarias muestran un gran dinamismo con niveles superiores a las remesas y los ingresos por turismo (SAGARPA, 2012).

En la fase del desarrollo intensivo de la agricultura mexicana

La descampesinización de la agricultura mexicana y el dominio y predominio de la agricultura capitalista, aunadas a la existencia de más de cinco millones de jornaleros agrícolas y a la reforma al Artículo 27 constitucional, que adecúa el régimen minifundista a las necesidades del capitalismo en la agricultura, significan que la agricultura mexicana ha completado la fase extensiva de su desarrollo y que actualmente transita por la etapa II, de desarrollo intensivo del capital y de la industrialización (González-Estrada, 2002 y 2001). De acuerdo con Mandel (1987), la etapa II del desarrollo agrícola se caracteriza por: a) la conversión creciente del proceso productivo agrícola en un proceso industrial, b) la intensificación creciente de la inversión de capital, nacional y transnacional, por unidad de superficie; c) la mecanización de todas las tareas agrícolas y el uso intensivo ciencia y tecnología; d) el desarrollo acelerado de la división del trabajo; e) la reducción del tiempo de rotación del capital; y f) una productividad creciente.

Las transnacionales en la agricultura de México

A esos cambios estructurales de la agricultura mexicana se deben añadir: la liberalización del comercio exterior de México, la desregulación de la economía y la liberalización del mercado de capitales, lo cual ha propiciado importantes flujos de capitales a México en forma de inversiones de portafolio y en forma de inversión extranjera directa; se han dado inversiones nacionales y extranjeras muy significativas en una parte cada vez más importante del sistema agrícola productor de alimentos: en la producción, en los servicios alimentarios, en el sistema de comercialización y venta y en la agroindustria (FAO, 2003 y Reardon, 2002). Estos cambios representan una rápida consolidación del proceso de transnacionalización de la agricultura mexicana, del sector de comercialización y de la industrialización de los productos agropecuarios. Al mismo tiempo, también representan la creciente exclusión y empobrecimiento de la mayoría de los campesinos pobres (FAO, 2003).

¿Cuál ha sido la penetración del capital foráneo y de las corporaciones transnacionales en la agricultura mexicana?

Las corporaciones transnacionales participan en todas las etapas de la producción distribución y consumo de los productos agrícolas. Participan en: la producción de semillas, la producción y venta de agroquímicos, el financiamiento, la compra, almacenamiento y venta de productos agrícolas, en la producción y venta de maquinaria e implementos agrícolas, en la importación y en la exportación y en la industrialización de los productos del campo. De acuerdo con González (2009), de la United Nations Conference on Trade and Development (UNCTAD), las empresas trasnacionales extranjeras y mexicanas tienen el control sobre 10% de la producción de alimentos, producidos bajo un esquema de agricultura capitalista por contrato. Los cultivos en los que tiene una mayor incidencia la inversión extranjera directa de los EE.UU. son: jitomate, pasta de jitomate, cebollas, lechugas, espárragos, brócolis, coliflor, melón cantaloupe, fresas (Bolling y Valdez, 2004). Según la SAGARPA, (2013), en el año 2012 existían en el país cinco mil hectáreas plantadas con frutillas: fresa, frambuesa, zarzamora y arándanos, localizadas en Michoacán, Jalisco, Baja California y Colima.

Con cien mil empleados, se produjeron 464 977 toneladas, con un valor de 550 millones de dólares. Esa Secretaría tiene planes para llegar a las 10 mil hectáreas en cinco años y duplicar las ganancias. Las principales empresas productoras de frutillas son: Driscoll’s, M. Steta, Aldo Mares y Berrymex. En la producción e industrialización de la fresa participan, entre otras: Ocean Garden, Pet Co. (Pet Milk), Imperial Frozen Foods, Del Mar y Rarnsay Laboratories, Bimbo, Marbrand, Betters Foods Sales e Intermex, Griffin y Holder. La importancia de México como exportador de frutillas se muestra con los siguientes dos datos: México es el principal exportador frambuesas y zarzamoras a los EE.UU, ya que representa 96% de todas sus importaciones (Muratalla, et al., 2013), y toda la zarzamora que se consume en Europa proviene de México (SAGARPA, 2013). Quizá por esto decía Feder (1981) que la agricultura, el sector agroindustrial y las corporaciones transnacionales de los EE.UU. se mueven cada vez más hacia México.

Las transnacionales en producción y venta de maquinaria, semillas e insumos

El mercado mundial de semillas representa 27,000 millones de dólares en ventas, de las cuales Monsanto, DuPont (Pioneer) y Syngenta, participan con el 53% del total mundial (ETC Group, 2012). En el año 2009, el mercado mundial de agroquímicos registró ventas por 39 468 millones de dólares, de los cuales Syngenta (19%), Bayer CropScience (17%), BASF (11%), Monsanto (10%), Dow AgroSciences (9%) y DuPont (5%), participaron con 71% del total mundial (ETC Group, 2012) Estas corporaciones dominan también el mercado de agroquímicos de México. Las siguientes corporaciones transnacionales dominan la producción de maquinaria agrícola en el mundo y en México: New Holland (60%), John Deere (26%), Massey Ferguson (13%), International Harvester, Ford Motor Company, Caterpillar, y Ford (ETC Group, 2012).

Las transnacionales en agroindustria y en el acopio de productos agrícolas

Las compañías transnacionales también tienen una participación creciente en las industria agropecuaria, principalmente a través de la agricultura de contrato y de la integración vertical de actividades (Byeong-Seon, 2006). El dominio del mercado se ha convertido en una necesidad de sobrevivencia para los grandes negocios. Las actividades agroindustriales, de acopio y de comercio al menudeo a nivel mundial tuvieron en 2009 un ingreso de 7 billones de dólares, en unidades del sistema métrico decimal, de los cuales, a Wal-Mart le correspondió el 25.5% y a Carefour el 13.9% (ETC Group, 2012).

Las corporaciones agroindustriales y del acopio de productos agrícolas juegan un papel muy importante en México. En el país existen 130 empresas transnacionales en la industria de alimentos, 33 de ellas tienen alcance mundial y poseen algo más de 300 establecimientos. Poco más de 80% de las mismas son de origen estadounidense, las demás son suizas, italianas, japonesas y francesas (Soto-Mora, 2001). Según Ramírez (2012), el Programa de Prevención y Manejo de Riesgos, operado por Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria, en lista entre sus beneficiarios a: Cargill, Gamesa, Bimbo, Bunge, Sukarne, Maizoro, Bachoco, entre otras. Muestra de ello, son los 386 millones 884 mil 829 pesos entregados. Bachoco obtuvo 120 millones 803 mil 870; Cargill, 111 millones 665 mil 351; Gamesa, 102 millones 526 mil; Minsa, 42 millones 765 mil 525, y Sabritas, 9 millones 124 mil 80 pesos en subsidios al maíz y trigo.

Aproximadamente 60% del mercado interno de granos está en manos de unas cuantas corporaciones: Maseca, Cargill,Archer Daniel’s Midland, Bimbo, Minsa, Molinos de México, Gamesa Altex, Bachoco, Lala y Malta de México. Estas compañías importan, compran de las cosechas del país, las almacenan, las transportan a los lugares de consumo, las distribuyen y una parte importante la industrializan Juárez-Sánchez (2012). Corporaciones extranjeras pecuarias instaladas en el país son: a) Smithfield -líder mundial en la producción de puercos; b) Tyson, Pilgrims Pride y Cargill -líderes mundiales en la producción de pollos; y c) IBP y Tyson -líderes mundiales en la producción de carne de res. Todas ellas tienen en México grandes unidades de producción, tecnificadas e intensivas para abastecer el mercado interno y exportar a los mercados asiáticos (De Ita, 2013). Representan una demanda muy cuantiosa por importaciones de maíz amarillo de los EE.UU.

Las transnacionales y la compra de tierras

Los gobiernos más ricos y algunas grandes corporaciones transnacionales han estado comprando y rentando tierras en todo el mundo, principalmente en los países africanos al sur del Sahara, lo cual acelera el proceso de concentración de los medios de producción agrícola a escala planetaria. Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Corea del Sur y Jarch Capital de EE.UU. rentaron o compraron 30 millones de hectáreas en Sudán; Sud África y China, 12.8 millones de hectáreas en el Congo; China, 2 millones de hectáreas en Zambia; Arabia Saudita, 2.1 millones de hectáreas en Indonesia; Guernsey y Global Farming, 1.23 millones de hectáreas en Argentina, Paraguay y Uruguay; Suecia y Arabia Saudita, 900 000 hectáreas en Tanzania; Egipto 840 000 ha en Uganda; China, 700 000 ha en Laos, y los Emiratos Árabes Unidos, 324 000 ha en Paquistán (ETC Group, 2012; The Economist, 2009a). Alpcot Agro compró en 2008; 128 000 ha en Rusia y el Banco Morgan Stanley compró 40 000 ha en Ucrania (The Economist, 2009b). En Madagascar, la mitad de la tierra cultivable (1.3 millones de hectáreas) fue ofrecida en alquiler a la empresa coreana Daewoo, lo cual provocó una rebelión popular y el derrocamiento del gobierno (Pérez- Zamorano, 2009). En México la compra de tierras por parte de las corporaciones transnacionales no está permitida, razón por la cual acuden a la renta de tierras y a la agricultura por contrato.

Piketty (2014) menciona que en el año 2010 los activos extranjeros netos propiedad de Japón equivalían a 70% de su ingreso nacional, y los de Alemania, a 50%. Con base en esto, se pregunta: “¿en qué medida algunos países llegarán a ser propiedad de otros a lo largo del siglo XXI?”

Las transnacionales en la exportación e importación de productos agrícolas

La rápida expansión de las exportaciones del sector agropecuario incrementó la rentabilidad de las actividades agroexportadoras y atrajo la inversión extranjera directa a esos sectores, lo cual tuvo dos consecuencias: a) aumento de la escala de las empresas agroexportadoras; y b) transnacionalización creciente de las actividades productoras y agroexportadoras del campo mexicano. En el caso de Brasil, por ejemplo, el sector agroexportador está sumamente concentrado: 17 empresas más grandes controlan el 43% de las exportaciones; 42 empresas más grandes controlan 60%; 156 controlan el 80%. Por el contrario, 4 000 empresas contribuyen con 1% de las exportaciones del sector (Jank et al., 1999).

Las más importantes entidades operantes en el mercado mundial de productos alimenticios son las corporaciones transnacionales (FAO, 2003). Es por ello, que la investigación de los precios de los alimentos basad solamente en el estudio de los mercados internos de los productos agrícolas es incompleta, insuficiente y distorsionadora de la realidad. El dominio y predominio de unas cuantas gigantescas corporaciones nacionales y transnacionales en los más importantes mercados de productos agropecuarios ha cambiado la economía del sector agropecuario de México.

De acuerdo con la FAO (2003), las grandes corporaciones que participan en la producción de harinas, en la engorda de cientos de miles de becerros, en la agroindustria y en las modernas cadenas comerciales, tienden a presionar a la baja los precios de los granos y de los productos agrícolas en general. Las grandes corporaciones que participan en los mercados de futuros de commodities se benefician de la volatilidad de los precios, porque ellos participan especulan en esos mercados, por lo que la incertidumbre puede incrementar más aún sus ganancias. Los agricultores y consumidores, por el contrario, tienen un fuerte interés en la estabilidad de los precios.

Estas grandes corporaciones tienen un gran poder de mercado que les permite influir para su beneficio en los precios, beneficiarse de la liberalización comercial y de su influencia en la política agrícola del país (Redfern, 2002). De acuerdo con Redfern (2002), el Banco Mundial estimó que para el período 1975-1993, el poder de mercado de las grandes corporaciones multinacionales les permitió establecer precios artificialmente bajos, que significaron una pérdida de 96 000 millones de dólares para los productores de siete commodities en todo el mundo. En 1993 el valor de la producción mundial de café a precios de mercado fue de 30 000 millones de dólares, de los cuales los cafeticultores recibieron tan sólo 40%; en el año 2002, fue de 50 000 y los cafeticultores sólo recibieron 16%.

El gran capital transnacional y nacional en los mercados al menudeo

De acuerdo con Friedland (1991), las corporaciones transnacionales que participan en el comercio al menudeo son ahora el principal vínculo entre los productores agrícolas y los consumidores, por lo que se han convertido en la fuerza dominante de las actividades comerciales relacionadas con la producción del campo. Byeong-Seon (2006) cita el caso de Cargill, cuyas actividades son verdaderamente globales y tienen que ver con todas las áreas de la producción agrícola y pecuaria.

México, por su parte, ha vivido desde 1990 un rápido crecimiento de los supermercados. En el año 1980, los supermercados servían al 20% de los mexicanos (Biles, 2008); En el año 2000, los supermercados contribuyeron con el 45% al total de ventas al menudeo (Reardon y Berdegue, 2002). Hoy, se estima que las cadenas de supermercados: Wall-Mart, Comercial Mexicana, Soriana, Chedraui, Cotsco, Sams Club y Care Foods, entre otras, representan el 60% del total de ventas de alimentos al menudeo (Reardon et al., 2003). En el año 2006, Wal-Mart contaba con 593 establecimientos en el país y registró 18 500 millones de dólares en ventas; Soriana, con 234 establecimientos tuvo ventas por 5 400 millones de dólares; Comercial Mexicana con 205 tiendas vendió mercancías por un monto de 4 200 millones de dólares; Gigante, con 278 establecimientos tuvo ventas que sumaron 3 100 millones de dólares, y Chedraui, con 96 establecimientos, reportó ventas por 2 400 millones de dólares (Biles, 2008). Ese crecimiento vertiginoso ha cambiado radicalmente no sólo al sector de ventas al menudeo en México, sino también a todas las cadenas agroalimentarias y agroindustriales que los abastecen, de las siguientes maneras (FAO, 2003): a) imposición de estándares de calidad y de seguridad para el consumo; b) desarrollo de actividades productivas por contrato; c) desarrollo centros de acopio y venta al mayoreo, lo cual les da mayor poder de mercado; d) sus compras y ventas al mayores los ha ido transformando también en exportadores.

Las grandes cadenas de restaurantes representan también una importante demanda de productos del campo. En México existen más de 500 establecimientos de Kentucky Fried Chiken y Pizza Hut; McDonal’s tiene 380 restaurantes; Burger King, 427.

Transformación de la política agrícola

Las necesidades del capitalismo en la agricultura en esta etapa II, de intensificación e industrialización, aunadas a las necesidades del capital transnacional en México, han cambiado la política agrícola de México. Feder (1981) dijo que la capacidad del gobierno mexicano para definir su política agrícola y su posición con respecto a los intereses transnacionales es cada vez más limitada. Burbach y Flynn (1980) destacan la estrecha relación, cada vez más fuerte, entre las corporaciones transnacionales y el gobierno. Byeong-Seon (2006) cita el caso del Grupo de trabajo para la política agrícola Agricultural Policy Working Group (APWG), que fue creado únicamente para manejar las actividades de lobby de las corporaciones agrícolas como: Cargill, Monsanto y Nabisco.

De acuerdo con Woodrow Wilson: “un país es poseído y dominado por el capital que en él se ha invertido” Galeano (2014) y según Bennett y Sharpe (1985), la política económica de México en los últimos 150 años ha estado definida por su relación de dependencia con respecto al sistema capitalista mundial, principalmente con respecto al de los EE.UU. Por analogía, se puede conjeturar que de 1990 a la fecha, el capital nacional y las corporaciones transnacionales han tenido una influencia creciente en la definición de las políticas agrícola, pues no obstante que predomina la propiedad minifundista en el campo y que la mayoría de los campesinos son pobres o miserables, las unidades de producción con el capital nacional y las grandes corporaciones internacionales, con gran poder de mercado, dominan la producción agrícola, el abasto de insumos, la compra y comercialización interna y externa, el financiamiento y la industrialización de productos agrícolas, todo lo cual debe tener importante implicaciones políticas.

Siguiendo a González-Estrada (2002) se puede afirmar que los mercados en México, ahora libres, han crecido considerablemente, tanto en magnitud de sus operaciones como en diversidad y complejidad y, sin embargo, no son eficientes ni han traído con su desarrollo un mejoramiento significativo del bienestar de los mexicanos. La integración vertical y la transnacionalización creciente del sector agrícola y, en general del sector productor de alimentos, requiere de la atención del gobierno de México. De acuerdo con la FAO (2003), esta es un área de regulación que debe recibir más atención por parte de las autoridades, debido a los efectos de los mercados de terceros países y debido a los efectos en los precios que tiene el poder de mercado de las grandes corporaciones y a su injerencia en la producción nacional de alimentos.

La política agrícola de México no está teniendo los impactos esperados y requeridos. El entonces presidente de México, Felipe Calderón, señaló que el gobierno federal gasta mucho en la agricultura y que, no obstante, los resultados son pobres. Una de las explicaciones de ello, es que los beneficios potenciales de los instrumentos de la política agrícola se ven mediados y modificados por la dinámica de los intereses de los capitales nacionales y de las corporaciones transnacionales que participan en el campo mexicano en las actividades de: producción, acopio, transporte, comercialización, financiamiento, importación y exportación. La otra causa es la no correspondencia de la política agrícola con los cambios estructurales observados en la agricultura mexicana durante el período 1970-2015.

Conclusiones

La agricultura mexicana es predominantemente capitalista, está en la fase II, la fase intensiva y de industrialización, y exhibe un alto grado de transnacionalización en la producción, en la producción de maquinaria, insumos y bienes intermedios, en el financiamiento, en el acopio y comercialización, en los mercados al mayoreo y al menudeo y en el comercio exterior de productos agrícolas. Es una actividad económica predominantemente empresarial y cada vez más dependiente del capital extranjero y de las corporaciones transnacionales.

La creciente participación de las corporaciones transnacionales en todas las etapas de la producción agrícola de México necesariamente implica que las imperfecciones de las estructuras de mercado de los productos e insumos agrícolas son también crecientes, las cuales son fuente de ineficiencias económicas y sociales también crecientes, procesos, todos ellos, que requieren de la participación del gobierno, como instancia reguladora, para introducir racionalidad en el sector agrícola y producir con ello significativas ganancias de bienestar.

En síntesis, se requiere de una política agrícola integral, acorde con las necesidades de la agricultura mexicana en la fase II de su desarrollo, que responda eficientemente a los retos que impone el desarrollo de la economía y la sociedad de México, especialmente a las necesidades de equidad, del cambio climático, del desarrollo sustentable, de la soberanía y de la independencia del país.

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Recibido: Febrero de 2016; Aprobado: Mayo de 2016

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