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Revista mexicana de ciencias agrícolas

versão impressa ISSN 2007-0934

Rev. Mex. Cienc. Agríc vol.2 no.4 Texcoco Jul./Ago. 2011

 

Artículos

 

Determinación de la competitividad del sector agropecuario en México, 1980-2009*

 

Determination of the competitiveness in the Mexican agricultural sector, 1980-2009

 

Alma Velia Ayala Garay, Dora Ma. Sangerman-Jarquín1, Rita Schwentesius Rindermann2, Gustavo Almaguer Vargas2 y José Luis Jolalpa Barrera1

 

1 Campo Experimental Valle de México. INIFAP. Carretera Los Reyes-Lechería, km 18.5. Chapingo, Texcoco, Estado de México. C. P. 56230. Tel. y Fax. 01 595 9555882. (dsangerman@yahoo.com.mx), (jjolalpab@yahoo.com.mx). §Autora para correspondencia: avag72@yahoo.com.

2 Universidad Autónoma Chapingo. Carretera México-Texcoco, km 38.5. Chapingo, Texcoco, Estado de México. Tel. 01 595 9521506. (rschwent@prodigy.net.mx), (almaguervargas@hotmail.com).

 

* Recibido: agosto de 2010
Aceptado: agosto de 2011

 

Resumen

El sector agropecuario en México es cada vez menos competitivo, dado que existe una creciente importación de alimentos, lo que implica la existencia de menor capacidad de producirlos y distribuirlos en el mercado. El objetivo de la presente investigación fue analizar indicadores macroeconómicos, para cuantificar la competitividad del sector agropecuario en México y su tendencia, dentro de un marco de apertura comercial. La competitividad aditiva revelada resultó menor de cero, con una tendencia decreciente. A la vez, la autosuficiencia alimentaria, la balanza comercial, el producto interno bruto agropecuario (PIBA) en relación al PIB nacional, PIBA per capita nominal y el salario por productividad, presentaron una tendencia significativa a disminuir, con lo que la base macroeconómica no será un pilar adecuado para mejorar la competitividad agropecuaria bajo el contexto analizado. La apertura comercial no ha repercutido en un incremento en la competitividad, pero puede ser mejorada dando prioridad a la soberanía alimentaria, fortaleciendo su mercado interno e invirtiendo en bienes públicos.

Palabras clave: apertura comercial, competitividad, variables macroeconómicas.

 

Abstract

The agricultural sector in Mexico is becoming less competitive, since there is a growing food import, which implies the existence of reduced ability to produce and distribute them in the market. The aim of this paper was to analyze macroeconomic indicators to quantify the competitiveness of agriculture in Mexico and its tendency, within a framework of trade liberalization. The revealed additive competitiveness was less than zero, with a decreasing trend. At the same time, food self-sufficiency, balance of trade, gross domestic product of agriculture (GDPA) in relation to GDP, per capita nominal GDPA and productivity wages, showed a significant tendency to decrease, so that, macroeconomic fundamentals will not be an appropriate pillar to improve agricultural competitiveness in the analyzed context. Trade liberalization has not resulted in increased competitiveness, but it can be improved by giving priority to food sovereignty by strengthening its domestic market and investing in public goods.

Key words: competitiveness, macroeconomic variables, trade liberalization.

 

INTRODUCCIÓN 

En México, el sector agrícola es un pilar fundamental en la economía y el desarrollo del país. La importancia radica en las funciones que desempeña como la seguridad alimentaria, la conservación del medio ambiente, el paisaje rural y además que contribuye a la viabilidad de las áreas rurales al favorecer un desarrollo territorial más equilibrado (Ayala et al., 2009 y Crecente, 2002). En el periodo 1990-2009, la industria de alimentos y bebidas aportó 5.1% al PIB nacional, y el sector agroalimentario el 10.7%.

En 2009, el producto interno bruto agroalimentario (PIBA) contribuyó con 3.3% del PIB total. Desde 1980 a 2009 ha mostrado una tasa de crecimiento medio anual (TCMA) de 1.23% en términos nominales (Banco de México, 2010). Sin embargo, al analizar la estructura agraria mexicana, se observa que de 5.5 millones de unidades de producción que existen en México, sólo 3.7 millones han tenido actividad agrícola. Apenas 10.8% dispone de sistemas de riego; mientras 83% es de temporal y 6.2% combina áreas de riego y de temporal, causando dificultadas para la siembra como para la cosecha en 78% de las unidades de producción; 57.9% tiene una superficie de 3 ha o menos, por lo que se podría concluir que predomina el minifundio (INEGI, 2009).

El 96% de las unidades productivas carecen de crédito o seguro, 33% resalta altos costos de insumos, problemas en la comercialización y escasa capacitación; lo anterior, se ve reflejado en problemas de competitividad de la agricultura mexicana. De acuerdo a Gómez-Oliver (2008), las políticas públicas emprendidas a partir de la década de los 80, no han podido impulsar la competitividad agrícola de manera sostenible, por lo que México ha tenido que recurrir a importaciones de alimentos que carecen. Por ejemplo, en 2009 las importaciones agroalimentarias globales ascendieron a 18 943 millones de dólares, en 2008 había sido de 23 923 y 2007 de 19 380 millones de dólares (SIAP, SAGARPA, 2010).

Las importaciones de granos básicos representaron 30.9% del consumo nacional aparente entre 2005 y 2007; oleaginosas, 93.2%; carnes de cerdo y res, 26.6%. (SIAP, SAGARPA, 2009). Esta creciente importación implica que México cada vez tiene menor capacidad de producir alimentos; si se considera que la competitividad es la habilidad para crear, producir y distribuir productos o servicios en el contexto internacional, manteniendo ganancias crecientes de los recursos, defendiendo su propio mercado doméstico respecto a una excesiva penetración de importaciones (Rojas, 1999), se deduce que el sector agrícola en México cada vez es menos competitivo. El objetivo del presente estudio fue analizar indicadores macroeconómicos relacionados con el sector agroalimentario de México, para cuantificar su competitividad y la tendencia de la misma, dentro de un marco de apertura comercial.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

Antecedentes metodológicos

Cuando los representantes de Canadá, Estados Unidos de América y México firmaron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1993, lo declararon no solamente como un acuerdo para quitar las barreras al comercio y para aumentar los flujos comerciales, sino también como un instrumento político-económico capaz de estimular el crecimiento económico y la competitividad. Desde antes del TLCAN el tema de la competitividad del sector agropecuario ha sido objeto de múltiples estudios, analizado con metodologías que han cambiado a lo largo de los años. Mientras que antes de la entrada en vigor del tratado las investigaciones se basaron en la metodología de comparación de costos de producción y comercialización (Cook, 1991), ahora predominan procedimientos econométricos que permiten la precisión de un conjunto mayor de productos agropecuarios así como la proyección hacia el futuro.

De Janvry y Sadoulet (1995) abrieron esta brecha con su ponencia "El TLCAN y la agricultura: evaluación inicial" en 1995 en San Antonio Texas (Schwentesius, 1998a), que ahora encuentran aportaciones relevantes también en México. El estudio de la competitividad a través de los costos de producción permitió llegar a resultados de comparación muy puntuales; por ejemplo, el caso de las hortalizas para las regiones de Sinaloa y Florida (Schwentesius, 1998b), los resultados lograron concluir que los costos de comercialización rebasan a los de producción. Además, se evidenció para varios productos (hortalizas, trigo, etc.) el papel que juegan variables macroeconómicas, ajenas al ámbito manejable por los productores, como el tipo de campo, en la competitividad.

A partir de 1999 gana terreno la medición con el índice de la competitividad revelada, basada en la teoría de Bela Balassa (Cámara de Diputados. Comisión de Agricultura, 2000) y desarrollada por Vollrath del USDA (Vollrath, 1987). La presente investigación continúa con esa tradición y avanza con el cálculo del índice de competitividad revelada aditiva (ICRA), que todavía no se ha aprovechado en investigaciones de México y que permite resultados más precisos, además de la comparación de los sectores agroalimentarios en su conjunto, en su evolución histórica entre México y Estados Unidos de América.

Para caracterizar el comportamiento macroeconómico de la competitividad del sector agropecuario mexicano, se utilizan los siguientes cinco indicadores:

Ventaja competitividad revelada aditiva (VCRA).

Propuesta por Hoen y Oosterhaven (2006), esta ventaja competitiva puede ser estimada mediante la fórmula: VCRAia = (Xia/Xin) - (Xra/Xrn); donde: X= valor de las exportaciones agroalimentarias; a= cualquier producto en lo particular; i= país de origen; r= resto del mundo; n= bienes comercializados menos el producto a. Este índice arroja valores entre 1 (competitivo) y -1 (no competitivo) y tiene mejores propiedades estadísticas que la ventaja competitiva. La VCRA debe ser utilizada preferentemente para el análisis de grandes sectores de la economía como es el sector agropecuario (Hoen y Oosterhaven, 2006).

El valor del producto interno bruto agropecuario (PIBA). Conjuntamente con el porcentaje de participación en el producto interno bruto nacional (IICA, 2008).

Medición del ingreso promedio del producto interno bruto (PIB) per cápita nominal. Se calculó como el PIBA total dividido entre el número de habitantes (N) (IICA, 2008).

Productividad laboral agrícola [PIBA/población económicamente activa (PEA)]. Se estimó para indicar el valor de la producción de cada trabajador en el sector agrícola.

Salario por productividad. Muestra la evolución del salario en relación a la productividad media del trabajo (PMeL) (IICA, 2008): salario/productividad laboral agrícola.

Para medir la apertura comercial se calcularon los siguientes tres indicadores:

Autosuficiencia alimentaria. Se utilizó para definir la competitividad que tiene un país con relación a la dependencia alimentaria, y fue calculada con la siguiente expresión: autosuficiencia= [producción/(producción + importaciones - exportaciones)]*100.

Balanza comercial. Esta se relacionó con la política cambiaria existente. Los efectos normales de una sobrevaluación [sobre o subvaluación, es la diferencia porcentual entre el tipo de cambio nominal y el tipo de cambio teórico; año base 1996, el signo negativo (-) indica subvaluación y (+) sobrevaluación del peso mexicano, respecto al dólar americano] de la moneda ocasionan que las importaciones sean más baratas, los precios de las importaciones disminuyen y las empresas nacionales pierdan posición en el mercado (Dornbusch y Fischer, 1996).

Índice de apertura comercial total y agrícola. El indicador de apertura comercial se obtuvo de la suma de las importaciones más exportaciones como porcentaje del PIBA, (exportaciones + importaciones)/PIBA.

 

RESULTADOS

México es el país más abierto del mundo y presenta un índice de apertura comercial al exterior de 70% (Villarreal y Villarreal, 2002), pero paradójicamente es uno de los países menos competitivo, al ocupar el lugar número 60 (Sala-i-Martin et al., 2009); en el reporte global de competitividad 2009, ha retrocedido 29 posiciones con respecto a 1999, cuando ocupaba la posición número 31; esto indica que los pilares que soportan el crecimiento a mediano plazo han perdido solidez y sustentabilidad con respecto a otros países.

En la Figura 1 se muestra la evolución del índice de competitividad revelada aditiva del sector agropecuario en México. De acuerdo con los cálculos realizados, México no tiene ventajas competitivas reveladas ni está especializado, ya que los índices resultaron menores que cero; por lo que se tiene una competitividad negativa. México se ha caracterizado por un comportamiento muy irregular, cabe resaltar que aunque el comportamiento es negativo, a partir de 1985 el índice es cercano a cero. México tiene una competitividad que hasta antes de 1979 era positiva y a partir de este año ha sido negativa y continua con una tendencia decreciente.

La tendencia negativa de la competitividad es resultado del PIBA mexicano que ha tenido una tasa de crecimiento media anual (TCMA) sostenida de 1.23% (1980-2009); sin embargo, en los últimos años la contribución del sector agropecuario al PIBN se ha reducido sistemáticamente.

El PIBA como porcentaje del PIB ha decrecido (Figura 2). Las cifras que se muestran son significativas, a pesar que en México existe un potencial inmenso de producir mayores excedentes de alimentos, tanto para consumo interno como para exportación, en forma sostenible a largo plazo. En 2009 la agricultura representó tan sólo 3.4% del PIB, mientras que en 1988 era 8.2%.

Ingreso promedio del producto interno bruto (PIB) per capita real. El PIBA per capita ha tenido una tasa de crecimiento medio anual negativa (TCMA) de -0.3%, entre 1980 y 2009 (Figura 3). Este indicador en 2009 resultó ser 7.67% menor al de 1980. Sin duda la tendencia al descenso continuo no es una señal favorable para el sector, pues el crecimiento presenta estancamientos por la política macroeconómica, el tamaño del PIB agropecuario per capita ha decrecido aun cuando el PIBA aumentó (TCMA, 1.23%), ya que la población creció a un ritmo mayor (TCMA, 1.49%).

El valor productividad laboral agrícola, es el producto medio del factor trabajo en el sector. En México existe una tendencia positiva de la productividad laboral agrícola, con una tasa de crecimiento media anual de 1.55%, entre 2003 y 2009 (Figura 4). Como ya se mencionó el PIBA tiene una tendencia creciente, mientras que la PEA agrícola se ha reducido 11% en el periodo 2003-2009. La relación entre éstas dos variables repercute directamente en la tendencia creciente de la productividad laboral agrícola, lo que significa que con un menor número de trabajadores en el sector agrícola, se obtiene mayor producción, consecuencia de una mayor tecnificación de los procesos productivos, ya que el progreso tecnológico produce dos efectos sucesivos: aumento de la productividad y expulsión de mano de obra.

El salario por productividad, es el indicador que muestra la evolución del salario en relación al producto medio del trabajo. Este valor se ve afectado por el deterioro de los salarios en el sector agrícola, que entre marzo de 2003 y diciembre de 2009, se redujeron 15% y en general son menores que los prevalecientes en otros sectores. La Figura 5 representa el comportamiento del indicador, con un crecimiento negativo determinado por la tendencia decreciente del salario agropecuario, a pesar que la productividad laboral aumenta.

Los indicadores anteriores muestran que en México es necesario fortalecer al sector agropecuario, impulsando la producción y los ingresos de los trabajadores agrícolas, con el fin de lograr una mayor competitividad, ya que lo óptimo sería que los trabajadores tuvieran ingresos de acuerdo con una productividad creciente, pues todo aumento de la productividad debe producir un alza correlativa de salarios.

Indicadores de la apertura comercial y el comercio internacional

La autosuficiencia alimentaria refleja la competitividad del sector, aunque este concepto deja de tener importancia cuando las economías se abren y permiten el comercio internacional. Las exportaciones de un sector podrían cubrir las importaciones de otro sector dentro del contexto macroeconómico abierto, lo cual haría menos probables las situaciones de emergencia. Sin embargo, la pérdida de la autosuficiencia alimentaria magnifica el impacto de la competencia internacional. En la Figura 6 se muestra el cálculo de este factor, donde la autosuficiencia del sector tiende claramente a disminuir, a pesar de la recuperación que se observa de 1998 a 2000. La pérdida de la autosuficiencia alimentaria es resultado del incremento de las importaciones agroalimentarias y la disminución de las exportaciones; por tal motivo, México ha tenido que depender de las compras en el exterior.

La balanza comercial en México durante los últimos años ha sido negativa, las exportaciones se han mantenido bajas y prácticamente sin diversificación, con respecto a las importaciones, estas tienen su origen en su mayor parte en Estados Unidos de América, quien en promedio ha aportado cerca de 80% de las compras en el mercado externo (Delgadillo y Cortez, 2003). Las condiciones de una balanza comercial deficitaria, sin especialización, diversificación y tampoco producción agropecuaria, ocasionan que México sea más dependiente de la oferta externa para satisfacer las demandas alimentarias, situación que hace a México cada vez más vulnerable (Delgadillo y Cortez, 2003).

El problema no es una balanza comercial deficitaria, sino la pérdida de competitividad que conlleva a que en México no exista un bienestar social que garantice condiciones de vida óptimas para el desarrollo de los individuos (Figura 7). La competitividad y el bienestar social deben mantener una importante interacción, para lograr un nivel de bienestar social determinado; es decir, alcanzar un mínimo de alimentación de calidad. Como parte de esto, la recurrente sobrevaluación del peso ha favorecido el aumento de las importaciones de alimentos en general, con excepción de 1995, debido a la fuerte devaluación y la balanza agroalimentaria ha sido negativa.

La política de un peso fuerte que utiliza el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria, repercute en sobrevaluaciones crecientes del peso, que ha provocado conjuntamente con la eliminación de los precios de garantía, que los precios reales al productor tiendan a disminuir. Además, el tipo de cambio real competitivo, por ser clave para la competitividad, es sin duda una variable individual determinante de la competitividad macroeconómica que afecta a la economía la balanza comercial (Calva, 2003; Ayala et al., 2008); lo recomendable sería mantener un régimen de libre flotación, pues la sobrevaluación de la moneda causa una pérdida de competitividad y una disminución de la demanda de los bienes nacionales (Dornbusch y Fischer, 1996).

Un tipo de cambio real permitiría el aumento de la demanda por los bienes nacionales, una mejora de la competitividad y de la balanza comercial. Otro factor que afecta la competitividad, es la política instrumentada desde los años ochenta en México, que se ha orientado a acrecentar el papel del mercado como mecanismo de asignación óptima de los recursos, transfiriendo al mercado las funciones económicas anteriormente asignadas al Estado (Calva, 2003), lo que significó que las exportaciones hayan crecido a un ritmo menor que las importaciones, llevando a un déficit crónico al sector.

El incremento de las importaciones y exportaciones en México ocasiona que el índice de apertura comercial esté creciendo a ritmos acelerados (Figura 8), esto como consecuencia porque México entró en una etapa de inserción más intensa al mercado mundial, que conllevó un incremento considerable del intercambio comercial del país con el resto del mundo.

Las exportaciones totales de México en las últimas décadas del siglo pasado, mantuvieron un crecimiento promedio anual superior respecto al PIBA nacional (Cuadro 1). A pesar del incremento en valor de las exportaciones, el intercambio comercial de México con el resto del mundo es en general desfavorable, porque las importaciones han mantenido tendencias más elevadas, de tal manera que para la segunda mitad de 1996 a 2000, la tasa de crecimiento porcentual anual promedio de las importaciones es superior al de las exportaciones. Desde 2000 a 2005, la tasa de crecimiento de las exportaciones ha sido cada vez menor, a diferencia de las importaciones, esta tasa crece rápidamente, que permite concluir que las importaciones son cada vez mayores. El incremento elevado de las importaciones repercute en mayor o menor medida en todos los sectores económicos, los cuales se ven arrastrados por la dinámica de las exportaciones como de las importaciones.

 

DISCUSIÓN

A pesar que México ha suscrito tratados de libre comercio con más de 42 países, las exportaciones sólo se han incrementado a una TCMA de 1994 a 2007 de 7.1% (SAGARPA-SIAP, 2009). Los cambios en la producción agropecuaria son resultado de factores asociados a las condiciones internas del sector como: la tecnología, el incremento en la productividad, las condiciones laborales (Taylor, 1997) y a los movimientos cíclicos de la demanda relacionadas con las políticas económicas expansionistas o de estabilización. Aunque debe recalcarse que para que exista competitividad en el sector agropecuario, es necesario un "entorno macroeconómico estable" condición indispensable, aunque insuficiente para fomentar la competitividad.

De acuerdo a Ruiz-Funes (2005) el objetivo fundamental de la política agropecuaria debe ser incrementar la competitividad del agro mexicano. Sólo así será posible impulsar el desarrollo y el bienestar de la población rural.

La falta de inversión y apoyo al campo mexicano, sumando a la crisis que este sector arrastra desde hace varios años, provoca que no cuente con la capacidad de producción de alimentos acorde al tamaño y al crecimiento de la población mexicana, lo que implica pérdida de competitividad. El déficit de alimentos conduce a un aumento considerable en las importaciones de estos bienes necesarios para satisfacer la demanda interna, acentúa la fragilidad de la seguridad alimentaria (Torres y Arroyo, 2003).

Debe reconocerse que en la competitividad intervienen e interactúan múltiples y complejos factores políticos, macroeconómicos, del entorno externo, productivos, financieros, comerciales, de preferencias del consumidor, patrones de consumo, etc. Gómez-Oliver (2008) afirma que en los instrumentos de la estrategia de desarrollo agropecuario y en los programas de gasto público rural no se plantearon programas que pudieran acompañar la apertura comercial, apoyando la competitividad de la producción nacional y el desarrollo de cadenas agroalimentarias eficientes, para que las importaciones disminuyeran paulatinamente.

México necesita modificar la composición de sus instrumentos de política hacía este rubro, con la finalidad de impulsar de manera sólida el crecimiento del campo mexicano. De acuerdo a Schwentesius et al., 2011, el gobierno mexicano debe instrumentar una política integral de desarrollo en competitividad. Estas políticas de gobierno deben apoyar a los productores nacionales y a los intereses de seguridad y soberanía agroalimentaria, considerando que uno de los factores más importantes para mejorar la competitividad es el desarrollo de capacidades de gestión, organización, administración e innovación tecnológica de los productores.

 

CONCLUSIONES

México no tiene la suficiente capacidad para enfrentar la competencia a nivel mundial y no ha sido eficiente para exportar y vender en los mercados externos de una manera constante y creciente, a diferencia de sus importaciones que han crecido a una tasa mayor. La habilidad para crear, producir y distribuir productos agropecuarios en el mercado internacional no ha llegado a las expectativas esperadas, las importaciones han sido mayores a las exportaciones, por lo que México pierde cada día una mayor competitividad en el contexto internacional.

La competitividad aditiva revelada del sector agropecuario mexicano es menor de cero y con tendencia a disminuir, ya que indicadores macroeconómicos como la autosuficiencia alimentaria, la balanza comercial, el PIBA en relación al PIB nacional, PIBA per capita nominal, población económicamente activa agrícola y el salario por productividad, presentaron una tendencia significativa a disminuir, porque no se cuenta con una base macroeconómica que sea un sostén adecuado para mejorar la competitividad. La apertura comercial no ha repercutido en un incremento en la competitividad; por lo tanto, es necesario fortalecer su productividad, rentabilidad, procesos de producción, organización y distribución; así como su debida articulación en la economía global, y capitalizar la incorporación de tecnologías y procesos de innovación.

 

LITERATURA CITADA

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