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Journal of behavior, health & social issues (México)

versión impresa ISSN 2007-0780

J. behav. health soc. ISSUES vol.3 no.2 Cuernavaca nov. 2011

http://dx.doi.org/10.5460/jbhsi.v3.2.29917 

Artículos conceptuales

 

Programas de intervención para mejorar los niveles de actividad física en niños de nivel educativo básico e intermedio: una revisión sistemática

 

Intervention programs to increase physical activity among elementary and highschool children: a systematic review

 

Ángel Francisco García-Pacheco*, María del Rocío Hernández-Pozo**

 

*Universidad Nacional Autónoma de México, doctorado en Psicología. Facultad de Psicología, México, D. F., México.

**Universidad Nacional Autónoma de México, proyecto de investigación en aprendizaje humano, FES Iztacala, Tlalnepantla, Estado de México, México.

 

Correspondencia

 

Recibido: Julio 17, 2011.
Revisado: Septiembre 3, 2011.
Aprobado: Septiembre 30, 2011.

 

RESUMEN

La falta de actividad física es uno de los elementos predictores de obesidad. México ocupa el segundo lugar en el mundo en obesidad infantil (24.2%), cifra que obliga a los académicos y los tomadores de decisiones gubernamentales a estudiar la manera de cambiar esa tendencia, en especial debido a la alta comorbilidad de la obesidad con otros problemas de salud pública de alto costo para el país. En esta investigación se realizó una revisión crítica de las intervenciones para aumentar la actividad física en niños y adolescentes tomando como referencia estudios empíricos publicados en los últimos 3 años y que emplearon medidas robustas adicionales al autorreporte con el fin de hacer un diagnóstico. El análisis de 11 estudios en revistas especializadas publicadas en inglés arrojó las siguientes conclusiones: en los países latinoamericanos existe escasa investigación sobre actividad física, la mayoría de los estudios no fueron aleatorizados ni exploraron la relación entre variables fisiológicas, cognitivas y conductuales, y tampoco propusieron modelos contingenciales para predecir la actividad física infantil.

Palabras clave: Programas de intervención, actividad física, medidas robustas, niños, primaria, secundaria.

 

ABSTRACT

Absence of physical activity has been singled out as one of the predictors of obesity. Mexico occupies the second place in the world for child obesity (24.2%), forcing scholars and decision makers at the government to study ways to change this tendency, given the high co-morbidity obesity plays with other public health problems of high expenditures for the country. A critical review of interventions for increasing physical activity in children and teenagers was performed based upon empirical studies published in the last three years, employing robust measures additional to self reports in order to produce a diagnosis. Analysis of 11 studies in specialized journals published in English produced the following conclusions: Latin American countries do not consider research in physical activity a priority, most of the studies were not randomized, neither explored relationships among physiological, cognitive and behavioral variables, and there was a lack of contingencial models that could predict children physical activity.

Key words: Intervention programs, physical activity, robust measurements, children, elementary school, high school.

 

INTRODUCCIÓN

El aumento acelerado de las enfermedades crónicas no transmisibles y su aparición en edades cada vez más tempranas en la población mundial ha llevado a los investigadores a estudiar los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de dicho fenómeno. La inactividad o falta de actividad física ha sido identificada como el cuarto factor de riesgo para la mortalidad a nivel mundial, atribuyéndosele el 6% de las muertes, porcentaje sólo superado por la hipertensión arterial (13%) y el consumo de tabaco (9%), y comparable al exceso de glucosa en sangre (6%).

Se estima que la inactividad física es la principal causa de aproximadamente el 21-25% de los cánceres de mama y de colon, el 27% de la diabetes y aproximadamente el 30% de las cardiopatías isquémicas. Además es un factor determinante en el desarrollo de la obesidad en niños y adultos, que constituye ya un problema de salud pública a nivel mundial (OMS, 2010).

La actividad física (AF) se define como cualquier movimiento voluntario producido por la contracción músculo esquelética que tiene como resultado un gasto energético que se añade al metabolismo basal (DHHS, 1996).

A pesar de que la OMS señala que la AF es un pilar de la prevención frente a las actuales causas de muerte, los resultados de las distintas estrategias de promoción institucional en México indican que la población general mantiene niveles subóptimos de actividad física, mientras que las estadísticas mundiales advierten que ésta desciende con la edad.

En nuestro país, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT, 2006), los adolescentes entre 10 y 19 años son 35.2% activos, 24.4% moderadamente activos y 40.4% inactivos, en tanto que el 70% de los niños en edad escolar no realizan ninguna AF.

El aumento del sedentarismo en los niños es producto del esquema de las condiciones de la vida urbana, las cuales propician, por ejemplo, un mayor tiempo dedicado a ver la televisión y a jugar videojuegos (Hernández, Gortmaker, Colditz, Peterson, Laird & Parra-Cabrera, 1999).

Estas cifras son alarmantes debido al impacto en la salud de la población infantil y sus consecuencias a largo plazo. Tal es el caso del sobrepeso y la obesidad, en los que los factores de riesgo más frecuentemente asociados son la modificación en los patrones de alimentación, con dietas con un alto valor calórico, y la disminución en el grado de actividad física (Hernández, Gortmaker, Colditz, Peterson, Laird & Parra, 1999). En la población mexicana se estimó que por cada hora de televisión incrementa 12% el riesgo de obesidad en niños de 9 a 16 años (Morales, Hernández, Gómez, Shamah & Cuevas, 2009).

La obesidad es una condición que suele iniciarse en la infancia y la adolescencia, y se establece por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético (Fernández, 2005). El aumento de la obesidad infantil en la última década ha sido dramático. En 2007, aproximadamente 22 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso, y para 2010 esta cifra aumentó a 43 millones de niños; más del 75% de estos niños viven en países en vías de desarrollo (OMS, 2008).

Según la cifras más recientes (OCDE, 2011), México ocupa el segundo lugar en obesidad a nivel mundial, con un 30% de la población adulta que la padece. Asimismo, el 26% de los niños en el país y el 31% de los adolescentes padecen esta condición. De acuerdo a la ENSANUT 2006, se encontró que el incremento más alarmante fue en la prevalencia de obesidad en los niños (77%) comparado con las niñas (47%) en edad escolar (Islas, Peguero, Barquera, Carrillo, García, et al. 2006).

La obesidad tiene consecuencias negativas para la salud en la infancia, así como en el largo plazo. Esas consecuencias incluyen: dificultades respiratorias, aumento del riesgo de fracturas, hipertensión, marcadores tempranos de enfermedad cardiovascular, resistencia a la insulina, y efectos psicológicos como depresión, ansiedad, percepción negativa de la autoimagen y problemas de socialización (Strong, Malina, Blimkie, Daniels, Dishman et al. 2005; Janssen & Leblanc, 2010).

Debido a que la AF es el único componente del gasto de energía que se puede alterar de manera voluntaria, el estudio de la actividad física es un elemento crucial de la investigación en el ámbito de peso no saludable. Sin embargo, los datos respecto al beneficio de la AF señalan un impacto leve y no significativo sobre la reducción del índice de masa corporal (IMC) usando únicamente el entrenamiento en AF (Kamath, Vickers, Ehrlich, McGovern, Johnson et al. 2008).

Al respecto, Jannsen y LeBlanc (2010) realizaron una revisión sistemática para analizar los beneficios de la AF sobre algunos indicadores de salud y encontraron que en 31 estudios que emplearon autoinformes de actividad física o informes referidos por los padres, la actividad física tuvo asociaciones de débiles a moderadas, y en algunos casos un impacto no significativo en el sobrepeso y la obesidad. De esos estudios, aquellos que a partir del uso de cuestionarios registraron niveles de AF de intensidad moderada o vigorosa tuvieron una asociación mayor y más consistente con el sobrepeso y la obesidad comparados con niveles autorreportados de intensidad leve.

En esta misma revisión se identificaron 24 estudios que incluyeron alguna intervención sobre AF. Los programas de intervención tuvieron duraciones que oscilaron de un mes a dos años, con una periodicidad de 2 a 3.5 horas por semana y una duración promedio de 17 a 30 minutos de AF diaria. Alrededor del 50% de las intervenciones que emplearon ejercicio aeróbico tuvieron cambios significativos en las mediciones de IMC, grasa total y/o grasa abdominal en respuesta al entrenamiento. Sin embargo, sólo 3 de los 7 estudios que emplearon otras modalidades de entrenamiento (entrenamiento de resistencia, entrenamiento en circuitos, pilates, ejercicios de salto) reportaron mejoras significativas en dichas medidas.

Promover la actividad física es una estrategia esencial de salud pública y de promoción de la salud para mejorar la salud de los individuos y de las poblaciones (OMS, 2004). Se han publicado varias revisiones sistemáticas que resaltan los beneficios en salud de la AF en los niños (Armstrong & Simons, 1994; CDC, 1997; CDC, 1999; McMurray, Harrell, Bangdiwala, Bradley, Deng & Levine, 2002; Thakor, Kumar & Desai, 2004; Tolfrey, Jones & Campbell, 2000; Zahner, Puder, Roth, Schmid, Guldimann & Puhse, 2006).

La evidencia científica disponible con respecto al grupo de edades de 5 a 17 años respalda la conclusión de que la AF produce en general beneficios fundamentales para la salud de niños y jóvenes. Esta conclusión está basada en los resultados de varios estudios que señalaron que el aumento de AF estaba asociado a unos parámetros de salud más favorables. Adicionalmente, trabajos experimentales (Janssen & LeBlanc, 2010) han evidenciado una asociación entre las intervenciones para aumentar la AF y la mejora de los indicadores de salud. Algunos de los beneficios documentados fueron: mejora de la forma física (tanto de las funciones cardiorrespiratorias, como de la fuerza muscular), reducción de la grasa corporal, disminución de los factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares y metabólicas, y mayor salud ósea. Se destaca también el potencial del mantenimiento de la salud y la reducción del riesgo de mortalidad por todas las causas (Fernández, Hernández & Arroyo, 2007).

En niños mexicanos se encontró que la práctica de AF reduce la presión arterial sistólica, los triglicéridos, el colesterol total y los lípidos (Perichart, Balas, Ortiz, Morán, Guerrero et al., 2008).

En cuanto a los beneficios psicosociales, Ramírez, Vinaccia y Suárez (2004), llevaron a cabo una revisión teórica de la literatura sobre el impacto de la AF y del deporte sobre la salud, la cognición, la socialización y el rendimiento académico. Estos autores encontraron que existe evidencia de que la actividad física aumenta la autoestima, favorece una autoimagen positiva, favorece una mejor calidad de vida, reduce la probabilidad de conductas autodestructivas y antisociales en la población joven, reduce la ansiedad, la depresión y el estrés, constituye un factor protector contra los trastornos de personalidad, el estrés escolar, la ansiedad social y la falta de habilidades sociales, y que el involucrarse en AF contribuye a la formación de hábitos de ejercicio para toda la vida.

Adicionalmente, ese estudio señala que los procesos cognitivos básicos (atención, control inhibitorio y memoria de trabajo, velocidad en el procesamiento de información) en niños que practican AF de manera sistemática son mejores que los procesos de los niños sedentarios; esto indica que dedicar un tiempo sustancial a actividades físicas puede traer beneficios en el rendimiento académico de los niños.

El proceso de modificación de conducta que supone la práctica de AF debe iniciarse en edades tempranas, cuando es más fácil desarrollar hábitos saludables. En consecuencia, dado que la infancia es el período evolutivo ideal para adoptar estilos de vida sanos, los programas dirigidos a promover comportamientos saludables en la familia, incluida la AF, deben empezar precisamente en esta etapa (Aedo & Ávila, 2009). Para asegurar el progreso sostenido hacia mejorías importantes en la prevención de las enfermedades crónicas, la OMS llamó a las organizaciones de salud pública para trabajar dentro y entre los países con ayuda de colaboradores importantes, como los organismos profesionales de la educación y la salud, las instituciones educativas, los grupos de consumidores, la comunidad de la investigación y el sector privado, para diseñar una estrategia integral dirigida a la promoción de la actividad física entre los niños y la juventud (OMS, 2004).

La OMS identificó específicamente a las escuelas como establecimientos objetivos para promover la AF en los niños y jóvenes. Las actividades de promoción incluyen colaborar en el desarrollo de programas de estudios relacionados con la salud, la política educativa y la formulación de guías, las oportunidades de desarrollo profesional de los educadores y otros participantes, además de la investigación, la evaluación y el intercambio de conocimientos para facilitar el desarrollo de políticas, programas y prácticas basadas en la evidencia.

Se tiene evidencia sobre la influencia de los ambientes físicos y sociales de la escuela sobre la práctica de AF en los niños. Las clases de educación física, por ejemplo, pueden incidir en el entrenamiento de conductas activas y destacar la importancia de un estilo de vida activo (Jennings, Nava, Bonvecchio, Safdie, González et al., 2009; Vargas & Orozco, 2005; Tercedor, Jiménez & López, 1998).

La OMS (2010), recomienda 60 minutos de AF moderada o vigorosa al día para los niños entre los 5 y los 18 años. Para los niños y jóvenes de este grupo de edad la AF consiste en juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados en el contexto de la familia, la escuela o las actividades comunitarias. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares, ayudar a la salud ósea y reducir el riesgo de enfermedades no trasmisibles, se recomienda que la AF diaria sea en su mayor parte aeróbica y que incorpore, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen los músculos y huesos.

Las pruebas actuales indican que las intervenciones escolares con AF pueden ser efectivas para desarrollar conductas relacionadas con el estilo de vida saludable entre los niños y adolescentes, que luego se traducirán en la disminución del riesgo de muchas enfermedades crónicas en la edad adulta. Según datos de la OMS (2008), la mejor estrategia primaria para mejorar la salud a largo plazo de los niños y adolescentes consiste en crear modelos de estilo de vida con AF regular. Es por esto que a nivel mundial se ponen en marcha distintas estrategias para promover la AF en ambientes escolares.

Dobbins, Corby, Robeson, Husson y Tirilis (2009), llevaron a cabo un revisión sistemática para recopilar la evidencia científica respecto a la utilidad de los programas escolares para promover la AF y el buen estado físico en niños y adolescentes de entre seis y 18 años de edad; en términos generales, hay algunas pruebas convincentes de que las intervenciones escolares con actividades físicas son efectivas para promover la AF y el buen estado físico en niños y adolescentes; los datos indican que las intervenciones escolares con actividades físicas tuvieron una repercusión positiva sobre conductas relacionadas con el estilo de vida, como la duración de la actividad física y el tiempo utilizado para ver la televisión. Dobbins et al., (2009) encontraron también que las intervenciones escolares con actividades físicas no son efectivas para aumentar las tasas de actividad física durante el tiempo libre en los niños y adolescentes.

En las medidas del estado de salud físico, los datos señalan que las intervenciones escolares para incrementar la AF son efectivas para disminuir la media del colesterol en sangre y para mejorar el estado físico al mejorar el VO2 máx en los niños y adolescentes, pero no para disminuir la presión arterial media sistólica y diastólica, el IMC y la frecuencia del pulso.

El propósito de esta investigación documental crítica fue elucidar cuáles han sido los programas de intervención que han reportado mayor éxito para el aumento de la AF en niños y adolescentes, para lo cual se optó por revisar la literatura en el período comprendido entre 2008 y 2011 en algunas fuentes bibliométricas seleccionadas.

 

METODOLOGÍA

Las bases de datos consultadas fueron OVID y PubMed. Se buscaron los artículos relativos a programas de intervención para aumentar la actividad física que tuvieran en su título algunas de las palabras clave asociadas al tema. Las palabras descriptoras seleccionadas fueron: "physical activity", "school", "intervention", "training", "program", "promotion", "children", "fitness", "evaluation", pero en las búsquedas se excluyó el término "obesity". Esta última medida se tomó con el fin de excluir aquellos estudios que usaran los efectos de una intervención para disminuir marcadores de riesgo para obesidad, y así aislar solamente los programas focalizados al aumento de la actividad física per se.

Como criterios de inclusión se emplearon artículos que cumplieran con cinco requisitos: 1) que reportaran estudios sobre programas de intervención, o que exploraran factores relacionadas con el incremento en el nivel de la AF. Respecto al programa de intervención, se incluyeron aquellos artículos referentes a investigaciones con una o varias de las siguientes características: una estrategia psicológica y/o intervención lúdica o didáctica o de AF con un formato estructurado o informativo; 2) las investigaciones deberían estar dirigidas a niños en edad escolar que participaran en entrenamiento formal de primaria y/o secundaria en escuelas públicas o privadas de cualquier parte del mundo, etnia o nivel socioeconómico; 3) los artículos seleccionados debían abordar variables de estudio que estuvieran directamente asociadas con el tema de AF; 4) los estudios debían haber sido publicados en los 3 últimos años, entre mayo de 2008 y mayo de 2011, y 5) adicionalmente se hizo énfasis en estudios empíricos que emplearan medidas adicionales al autorreporte.

Con el fin de dar cuenta de una mayor variedad de estudios que compartieran los criterios estipulados, no se emplearon restricciones de diseño ni de orientación teórica de los estudios.

En cuanto a los criterios de exclusión, el único que se empleó fue que los programas de intervención tuvieran el objetivo de disminuir los marcadores de riesgo o los indicadores relacionados con la obesidad, ya que con frecuencia se combinan las intervenciones relacionadas con AF y obesidad. 

Procedimiento

La búsqueda inicial se hizo en dos fases. En la primera fase se realizó una búsqueda en dos bases bibliométricas, OVID y PubMed, así como en el sitio oficial de revistas relevantes de este campo de estudio. Esa primera selección se realizó a partir de la presencia de términos clave en el título de los artículos. En la segunda fase del procedimiento de selección se revisaron a detalle los resúmenes de los estudios para verificar que se cumplieran todos los criterios estipulados.

Primer filtro

La consulta de la base OVID arrojó 151 artículos para el período de 1986 a 2011 al emplear los siguientes descriptores: "physical activity" and "intervention" and "children" and "program"; al agregar el descriptor "school", los títulos que cumplieron con el criterio fueron 75, conteo que se redujo a 41 al excluir de la búsqueda los artículos que incluyeran "obesity" en su título. Finalmente, el número de los artículos bajó a 17 al circunscribir el período a los tres últimos años: de 2008 a 2011.

En la base PubMed se realizó una búsqueda con los mismos descriptores que arrojó 185 artículos entre 1980 y 2011, cifra que se redujo a 74 para el período de interés: de 2008 a 2011.

Por lo tanto, el total de artículos que cumplieron con los criterios especificados y que fueron publicados en los últimos tres años en ambas bases fue de 91 (336 de 1980-2011).

Como se señaló anteriormente, además de las dos bases bibliométricas consultadas, se usó otra estrategia que consistió en consultar las páginas electrónicas oficiales de algunas revistas de prestigio en el área de estudio, para el período estipulado, empleándose una combinación de los mismos descriptores señalados previamente que aparecieran en el título de las investigaciones. De ese modo se revisaron cuatro revistas adicionales. En todos los casos, si el artículo que cumplía con los criterios de búsqueda inicial ya había sido identificado mediante la búsqueda en las dos bases bibliométricas, el artículo se contaba a favor de la revista y se eliminaba del conteo previo. Las cuatro revistas consultadas fueron las siguientes:

1. Journal of Pediatrics. Para el lapso de 2008 a 2011, a partir de la revisión de los resúmenes de esa muestra, sólo 8 artículos cumplieron con los criterios iniciales.

2. American Journal of Public Health. Se encontraron 9 artículos que cumplieron con los criterios, distribuidos de la siguiente manera: 3 para 2008, 2 para 2009, 3 para 2010 y 1 para 2011.

3. International Journal of Medicine and Science of Physical Activity and Sport. Durante el lapso bajo estudio esta revista publicó 3 artículos relacionados con el incremento de AF en niños.

4. Medicine and Science in Sports and Exercise. De 2008 a 2011 se encontraron 35 artículos que cumplieron con los criterios.

En las revistas consultadas directamente en sus páginas oficiales se encontraron un total de 55 investigaciones empíricas que cumplieron con los criterios iniciales de búsqueda.

Fueron así 16 revistas publicadas en lengua inglesa que se consultaron en las bases de datos y/o directamente en sus páginas oficiales y que arrojaron artículos que cumplieron con los criterios de selección establecidos: American Journal of Epidemiology, European Journal of Public Health, Health Education & Behavior, Health Education Research, Health Psychology, International Journal of Obesity, International Journal of Sports Medicine, Journal of Nutrition Education and Behavior, Journal of Sports Medicine and Physical Fitness, Journal of School Health, Pediatric Exercise Science, Physical Educator, Preventive Medicine, Public Health, Obesity, Research Quarterly for Exercise & Sport.

Sumados los artículos provenientes de las bases bibliométricas y de la consulta de las páginas oficiales, 91 y 55 respectivamente, la muestra inicial ascendió a 146 artículos.

Segundo filtro

Posterior a la selección a partir del título, se revisaron a detalle los resúmenes y se estableció el listado que cumpliera de manera más refinada con los criterios de edad, nivel escolar y que la tesis principal fuera proponer un programa de intervención o que explicaran variables relacionadas con la AF.

La cuenta producto del primer filtro con 146 artículos se redujo a 38 estudios que abordaron el tema de la AF en esta fase de la selección documental. En la tabla 1 se presenta la relación de estudios identificados por su primer autor y por el año de publicación, organizados por el énfasis central de cada investigación.

Todos los artículos que aparecen en esta tabla y en las subsecuentes están identificados en la sección de referencias con un asterisco, siguiendo las prácticas usadas por el sistema APA para las referencias.

Los estudios de la tabla 1, se organizaron en siete subcategorías o líneas de trabajo alrededor de la actividad física. Diecisiete estudios tuvieron como enfoque principal el incremento de la AF. Seis investigaciones fueron de meta-análisis, nueve se centraron en la reducción de obesidad infantil, tres estudios abordaron la discusión teórica, conceptual y crítica, e igualmente representados por un artículo cada uno se registraron los temas de políticas públicas, consideraciones metodológicas e investigación genética, ésta última en ausencia de variables de tipo psicológico.

En general, las variables exploradas asociadas al incremento de los niveles de AF, fueron: frecuencia, intensidad, duración, actividad vigorosa, moderada, y otros predictores como el contexto social, escolar, el papel de los profesores, de los padres, de los amigos y de las políticas públicas con respecto al tema. Los métodos usados como parte de los programas para aumentar los niveles de AF oscilaron desde los estructurados en las políticas públicas hasta tácticas creativas que incluyeron analogías con animales, roles específicos, creación de escenarios artificiales, estudios de los escenarios reales y planes organizados para después de clase.

Aun después de descartar los estudios que en el título contenían la palabra "obesidad", se identificaron artículos cuyo énfasis principal fue reducir los marcadores de riesgo para la incidencia de ese problema de salud. Esos estudios tuvieron como denominador común el empleo de medidas antropométricas y fisiológicas (presión arterial, índice de masa corporal, lípidos en sangre, grasa corporal, frecuencia respiratoria y frecuencia cardiaca) para valorar el efecto de las intervenciones.

Tercer filtro

Un escrutinio más a fondo eliminó los artículos centrados en el tema de la obesidad, los artículos con un interés primario de corte biológico, así como aquellos estudios que solamente descansaban en cuestionarios de autorreporte. Después de ese filtro final, quedaron 11 investigaciones empíricas enfocadas al incremento de la AF durante el período de publicación antes especificado. Vale la pena señalar que a pesar de que el período cubrió del 2008 al 2011, ninguna publicación de enero a mayo del 2011 cumplió con todos los criterios de inclusión descritos.

Estudios de intervención

Los estudios bajo ese rubro se presentan en la tabla 2, organizados en dos subcategorías: estudios descriptivos de las variables predictoras de la AF y estudios diseñados para incrementar la AF. La primera parte de la tabla muestra los estudios descriptivos y la continuación concentra los estudios de intervención.

No obstante que las 4 intervenciones se diseñaron con el mismo objetivo general, éstas se distinguieron por propiedades particulares; algunas de las intervenciones fueron a largo plazo, otras estuvieron divididas en módulos y taxonomías, algunas usaron información más entrenamiento y otras descansaron en el apoyo de personas cercanas e importantes para los infantes.

Las investigaciones también difirieron en cuanto al peso asignado a las variables estudiadas, en un intento por dilucidar los elementos que presentan más sustento teórico y los mejores predictores en el establecimiento del hábito en la AF.

Los estudios asignaron un peso determinado a las variables por separado, sea por el tipo de estudio, por el tipo de instrumentos o por el uso de una metodología como la regresión que anticipa el peso teórico de las variables.

Las relaciones funcionales entre variables denotaron una relación de dependencia entre ellas, sea para mantener o probabilizar que la conducta de interés fuera aprendida por el niño.

De los once estudios que correspondieron a la selección final, se realizó un análisis más detallado por secciones que se presenta en la siguiente sección.

 

RESULTADOS

Se presenta el análisis por sección exponiendo las propiedades y características de las mismas. La información muestra cómo los investigadores explican la conducta saludable relacionándola con la ocurrencia de diferentes niveles de la AF, las variables involucradas y los instrumentos varios que utilizan para medirla.

Resulta difícil separar los términos actividad física y conductas sedentarias, como si fueran fenómenos que compartieran una dependencia lineal. Los procesos comparten propiedades causales entre sí, pero no necesariamente el incremento en la AF disminuye las conductas sedentarias o el decremento de las conductas sedentarias aumenta el nivel de actividad física significativamente. Puede ser que un niño aumente el número de pasos que da al día, pero es probable que ese cambio no tenga repercusión directa y duradera en el repertorio de conductas necesarias para funcionar de manera óptima o gozar de bienestar físico.

Los estudios se dividen en dos vertientes que a simple vista parecen traslapadas. Por un lado están los estudios que incrementan la AF; en este tipo de estudio la propuesta consiste en cuantificar el tiempo en que los niños realizan algún ejercicio a partir de la manipulación de alguna variable y/o en diseñar estrategias de corte físico, social e inclusive psicológico para ese fin.

Por otro lado están los estudios que reducen los marcadores de obesidad; en este tipo de estudios la AF es la variable independiente, ya que los investigadores la usan como una estrategia para medir el cambio fisiológico en los niños que tienen algún riesgo hacia el sobrepeso o la obesidad, pero en ese tipo de estudios la AF no es un fin, sino un medio.

Los estudios de reducción de indicadores de obesidad difieren de los que incrementan los niveles de AF dado que en los primeros lo primordial es que los niveles antropométricos disminuyan para que el peso, el índice de masa corporal y la densidad ósea se vea mejorada; en este sentido, lo que entendemos como conducta o aprendizaje pasa a un segundo plano.

Cuantificar los patrones de la AF posibilita explicar las relaciones existentes entre las creencias, la frecuencia, la intensidad, la duración, así como los contextos en los que se desarrolla tal actividad.

En la tabla 3 se presentan los objetivos centrales de los once estudios seleccionados para incrementar la actividad física. Los estudios de AF se organizaron en tres categorías en función de sus objetivos. La primera fue desarrollar el hábito del ejercicio mediante la evaluación del impacto que tienen las intervenciones propuestas para ese fin, la segunda fue de diagnóstico, esto es, contabilizar la cantidad de actividad que tuvieron los niños, y la tercera fue estudiar la asociación entre variables que los autores consideraron relevantes para su investigación.

tabla 4

Todos los estudios cumplieron con las recomendaciones del tamaño de la muestra. No se pudo hacer una comparación entre ellas debido a las diferentes variables exploradas, así como por la diferencia tan grande entre los tamaños de muestras, pero ningún estudio tuvo menos de 50 sujetos y en general estuvieron balanceados por género y distribución en los grupos experimental y de control a los que fueron asignados.

Este análisis documental pone en claro que los estudios empíricos de intervención sobre AF infantil en los últimos tres años no se realizan en forma prioritaria en países de América Latina o en vías de desarrollo. En la revisión encontramos por orden de frecuencia y/o del tamaño de la muestra a Estados Unidos, España, Holanda, Inglaterra, Australia, Canadá y México. Esa distribución está parcialmente justificada por las estadísticas mundiales antes descritas por la OMS (2008) y en la ENSANUT (2006) con respecto a los problemas de salud pública asociados a la inactividad física.

Cabe mencionar que las comparaciones más comunes fueron entre género (niños y niñas), entre grupo étnico (afroamericanos, anglosajones, hispanos y otros), y entre ciudades.

Para los estudios de AF se tomaron en cuenta variables de tres categorías que parecen diferentes pero relacionadas; éstas fueron de tipo fisiológico, cognitivo y conductual.

Las principales variables cognitivas fueron el automonitoreo, el autoconcepto, la autopercepción, la identidad, la norma subjetiva y la planeación de la conducta.

Entre las variables conductuales estuvieron: tiempo de ver TV, tiempo del uso de la computadora, tiempo de estudio, número de pasos al día, ejercicios, coordinación, frecuencia e intensidad.

Las variables fisiológicas más usadas fueron el índice de masa corporal, la altura, el peso y la grasa corporal. Cabe mencionar que estas variables fueron utilizadas como indicadores de cambio en la intervención, pero su peso específico estuvo asociado al entrenamiento al que se expuso a los niños.

Los estudios no relacionaron variables de diferentes categorías, sino que se usaron como indicadores independientes. A partir de esto se derivan algunas preguntas: ¿Las variables cognitivas y las conductuales están relacionadas? ¿Esta relación explicaría más claramente la contingencia entre variables de categorías diferentes? ¿Explicar esta relación facilitaría la producción de estrategias efectivas para implantar el hábito de la actividad física?

Los dos tipos de estudios que presentaron un diseño claro y preciso con la finalidad de controlar sus estudios fueron los estudios aleatorizados y los cuasi-experimentales; sin embargo, no se cuestiona si fueron los más aptos para sus propósitos. Esos estudios tuvieron en común un principio metodológico básico, que fue la asignación aleatoria de los participantes. Algunos de los estudios no fueron comparables, ya que usaron la estrategia transversal, bajo el sistema de una sola medida; otros estudios usaron la estrategia longitudinal, las medidas repetidas y el seguimiento.

Además de las variables estudiadas, se considera importante especificar el tipo de marcadores usados en las investigaciones para incrementar la AF, ya que no es lo mismo basar los hallazgos en medidas antropométricas autorreportadas que en medidas fieles tomaras in situ, por ejemplo. Las mediciones antropométricas en los estudios seleccionados fueron las más precisas por sus características, y sin lugar a dudas las más confiables, tomadas con monitores o muestras que tienen un nivel de error muy bajo.

Para las conductas observables, el uso de los acelerómetros redujo el nivel de error, ya que los usados en los estudios tuvieron un margen de tres o cuatro marcas.

tabla 5

tabla6

tabla 7

tabla 8

Desafortunadamente los instrumentos de medida para la mayoría de las variables psicológicas y para algunas de las medidas conductuales, en su mayoría fueron de autorreporte (cuestionarios, escalas, tests), agregándose a eso que en los estudios no se mencionan las características psicométricas de los instrumentos empleados.

Por otro lado, una característica común en este tipo de estudios fue el uso de la observación como medida directa de la AF, usando niveles altos de contabilidad entre observadores.

Se usaron también instrumentos de medida electrónicos como monitores, podómetros, acelerómetros y marcadores sanguíneos.

Los estudios ofrecen evidencia de que la AF fue una conducta incompatible con algunos comportamientos sedentarios como ver la TV y usar videojuegos.

La mayoría de los estudios mencionaron la diferencia entre hombres y mujeres, pero no explicaron cuáles variables se relacionaron de manera diferencial con la AF para cada género en el establecimiento de los repertorios. Tal parece que la diferencia entre hombres y mujeres no se debe únicamente al género y las características genéticas asociadas.

Los estudios argumentaron que dos de las variables relacionadas principalmente fueron la autoeficacia y el autocontrol, las cuales deben ser base para investigaciones subsecuentes.

Los niños en general no cumplieron con la recomendación internacional de AF, lo cual implicaría que los contextos no fueron claros ni contingentes, no se planeó en ese sentido y las políticas públicas solamente apostaron a que el hábito de la actividad física sea aprendería por repetición.

Los diversos tipos de intervención tuvieron un efecto importante en las habilidades sociales, los indicadores fisiológicos y sobre el bienestar psicológico.

Algunos estudios sugieren que los espacios o las variables contextuales probabilizaron y predijeron la ocurrencia de AF.

Existe evidencia de que el contexto probabiliza que una conducta aparezca o se modifique. Algunos estudios tomaron en cuenta esos factores, pero no cabe duda de que se requieren investigaciones adicionales en ese sentido.

 

CONCLUSIONES Y DISCUSIÓN

Los estudios dirigidos a incrementar la AF tuvieron un efecto benéfico en la calidad de vida de los niños, así como sobre algunos indicadores psicológicos y fisiológicos. Los cambios fueron significativos en la mayoría de los casos.

Pocos estudios del período analizado se interesaron por el seguimiento de los efectos a corto, mediano y largo plazo.

No hubo un patrón claro, específico, que permitiera determinar las propiedades específicas del contexto donde se desarrolla el infante como elementos de predicción de la AF.

Los investigadores usaron indiscriminadamente los términos referidos al peso, al sedentarismo y a la actividad física, como si existiera una relación directa entre ellos. Desafortunadamente, las variables fisiológicas, cognitivas y conductuales se estudiaron de manera unidimensional, esto es, no se combinaron variables de diferentes categorías dentro de un mismo estudio, estrategia que se considera que podría haber sido muy productiva al conjugar simultáneamente tres niveles de variables para comprender el fenómeno de una manera más integral.

Una de los aspectos más criticables de estos estudios no fue tanto que fuesen estudios de dimensiones múltiples o diversas, sino que al final del estudio no se propusiera un sistema o modelo de interacción de variables de diferentes órdenes.

Todas las variables estudiadas tuvieron peso en el mantenimiento de la conducta deportiva, pero no se describió la relación funcional directa, indirecta, causal o contingente entre ellas.

Proponer un modelo de explicación contingencial facilitaría usar las variables relacionadas para explicar la conducta saludable, el estilo de vida funcional y el bienestar psicológico.

El modelo explicaría cómo la conducta de una persona puede estar regulada por el ambiente dependiendo de la valencia (positiva o negativa) que tenga la consecuencia de sus actos, sea esta cognitiva o contextual. Esta es un área que requiere de mayor investigación, además, se considera que sería un derrotero fructífero incluir este tipo de aproximación para entender el éxito o fracaso de los programas de intervención para aumentar la AF en niños y adolescentes.

 

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Nota

Esta investigación fue realizada durante un seminario del programa de doctorado en Psicología que tomó el primer autor bajo la supervisión de la segunda autora. Agradecemos el financiamiento parcial proporcionado por el programa PAPIME PE304710 de la UNAM otorgado a la segunda autora.

 

Dirección para correspondencia
Ángel Francisco García Pacheco al correo: kari_3097@hotmail.com
María del Rocío Hernández Pozo al correo: rochpoz@co-educa.org

 

Información sobre los autores:

Ángel Francisco García Pacheco. Grado: Estudiante del doctorado en Psicología, UNAM. Maestro en Psicología, UNAM, obtención de grado 2011. Licenciado en psicología, UNAM, obtención de grado 2004. Adscripción: Universidad Nacional Autónoma de México, Profesor de asignatura "A". Línea de investigación: Medicina conductual, promoción de la actividad física, el manejo de las enfermedades crónicas en pacientes hospitalizados. Dirección postal: Tulipán Núm. 4, Col. Loma Linda. C.P. 53618, Naucalpan Estado de México, México. Correos: afgarcia@iztacala.unam.mx, angel496@hotmail.com

María del Rocío Hernández Pozo. Grado: Doctora en Psicología General Experimental. Adscripción: Profesora titular UNAM, FES Iztacala y tutora del Doctorado en Psicología, UNAM. Línea de investigación: Diseño de software para medir tendencias conductuales. Distinciones: a) Dos medallas "Gabino Barreda" por la UNAM, en 1988 por estudios de maestría y en 1990 por estudios de Doctorado, b) Premio Nacional de Investigación Científica 1992 en Ciencias Sociales, por la Academia de la Investigación Científica, c) Premio Aida Weiss 1994, por PUIS-UNAM, d) Miembro del Sistema Nacional de Investigación. Dirección postal: FES Iztacala, Proyecto de Investigación en Aprendizaje Humano, UIICSE, piso 2, cubículo 5, Av. de los Barrios 1, Col. Los Reyes Iztacala, Tlalnepantla, Estado de México, C.P. 54090, México. Correo: herpoz@unam.mx

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