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El periplo sustentable

versión On-line ISSN 1870-9036

El periplo sustentable  no.33 Toluca jul./dic. 2017

 

Artículos

Turismo religioso en la Basílica del Cristo Negro de Esquipulas, Guatemala.

Religious tourism at the Black Christ Basilica, Esquipulas, Guatemala.

Leonardo Daniel Rosas Paz* 

Enrique Propin Frejomil** 

* Licenciado en Geografía. Universidad Nacional Autónoma de México, México. Correspondencia: leonardodaniel@outlook.com.

** Investigador titular, Departamento de Geografía Económica, Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

Resumen

Los santuarios religiosos representan, en la actualidad, espacios de atracción de turistas, creyentes o no, y de devotos; sobresalen algunos que, por su magnetismo espiritual, exhiben áreas extendidas de adherencia devocional y turística. Guatemala se inserta en el escenario anterior a través del caso de la Basílica de Esquipulas que resguarda a la venerada imagen del Cristo Negro; ubicada en la Ciudad-Santuario homónima al suroriente del país, se reconoce como la “Capital Centroamericana de la Fe”, debido al arribo cíclico de miles de turistas y peregrinos que incentivan la economía local. El contexto territorial referido motivó la realización de este trabajo que tiene como objetivo revelar características geográficas del turismo religioso en el Santuario del Cristo Negro de Esquipulas; en una primera parte, se precisan los postulados teórico-conceptuales examinados que atañen al turismo religioso; posteriormente, se describen particularidades geográficas del contexto regional y local; finalmente, se detallan los hallazgos que comprueban la importancia geográfica del turismo religioso en el Santuario a partir de la investigación en gabinete y el trabajo realizado en campo.

Palabras claves: Turismo religioso; lugar sagrado; magnetismo espiritual; Esquipulas

Abstract

At present, religious sanctuaries all over the world, attract a considerable amount of tourists, devotees or otherwise. Due to their spiritual magnetism, these places create ample devotional and tourist hinterlands. It is in this context that Guatemala stands prominently; in the south-east of the country, the Esquipulas Basilica homes the wood-carved Black Christ, a popular image which annually attracts thousands of tourists and pilgrims that endorse the local economy. Considering this situation, the city of Esquipulas is recognized as the Faith Capital of Central America. This paper aims at examining the geographical attributes of religious tourism in the Black Christ sanctuary of Esquipulas. In the first part of the text, we present the theoretical platform used to study religious tourism; then, we describe the geographical features of Esquipulas at both regional and local scales. Finally, we present our main research results; they authenticate the geographical importance of religious tourism in this Basilica.

Keywords: Religious tourism; sacred place; spiritual magnetism; Esquipulas

Introducción

Los desplazamientos humanos por motivación religiosa acompañan a la humanidad desde sus orígenes; representa un fenómeno tangible causado por lo intangible y lo divino; esta experiencia humana acontece en lugares sagrados específicos que son aprehendidos, selectivamente, por su representación de lo sobrenatural. El hecho referido, en el contexto socioeconómico actual, ha devenido en el reconocimiento de un segmento del mercado turístico que se valora por la fidelidad y la recurrencia de peregrinos y de turistas motivados por la fe, la curiosidad espiritual o la cultura. En el ámbito católico, destacan lugares sagrados con marcado magnetismo espiritual que se distinguen por su centralidad geográfica a escala internacional; entre ellos despuntan, por el alcance geográfico de los visitantes, la Basílica de Guadalupe, Tierra Santa y el Vaticano. Sin embargo, existen otros menos reconocidos a escala internacional, que también marcan improntas humanas relevantes en la dimensión local, regional y transnacional como la Basílica de Nuestro Señor de Esquipulas en Guatemala.

Esta Ciudad-Santuario, ubicada al suroriente del país, resguarda la imagen del Cristo Negro de Esquipulas, cuya importancia geográfico-espiritual se vincula con los hechos de ser reconocida como la “Capital Centroamericana de la Fe”, haber sido elegida como sede de diversos encuentros regionales de integración socioeconómica y detentar flujos recurrentes de turistas y peregrinos que incentivan la economía local y nacional. La fama del santuario, relacionada con el poder milagroso de la imagen del Cristo Negro, traspasa la frontera nacional; las manifestaciones rituales sincréticas entre cultos prehispánicas y católicos, y la religiosidad popular, típica del lugar, se han convertido en atractivos turístico tanto para los visitantes de países colindantes, que comparten similar historia, como para los turistas provenientes de otras partes del mundo; en este escenario, también los emigrantes guatemaltecos expanden el culto hacia otros lugares que forman parte de su trayecto hacia Estados Unidos.

Este trabajo se planteó como objetivo revelar atributos geográficos singulares que caracterizan al turismo religioso en la Basílica del Cristo Negro de Esquipulas. Las fuentes documentales y estadísticas, compiladas en la ciudad de Guatemala, y el trabajo directo en Esquipulas fueron relevantes en la concreción de los hallazgos investigativos.

Posturas cognoscitivas

Los orígenes del turismo religioso se remontan hasta los viajes realizados en tiempos inmemoriales rumbo a algún centro de peregrinación; en ellos, se registran características distintivas del turismo actual asociadas al establecimiento de rutas y a la construcción de infraestructura, aunque incipiente, creada para cubrir las necesidades de los viajeros (Esteve, 2002; Vielliard, 2004).

Las clasificaciones y tipologías de turismo generalmente son establecidas con base en diferentes criterios, por lo que no es de extrañar su abundancia, incluso para un mismo lugar. Dentro de estas distinciones, el turismo religioso queda inmerso en aprehensiones interpretativas diversas, aunque coincidentes en lo tocante con la motivación del viaje religioso o espiritual, puesto que las peregrinaciones históricas son un antecedente directo del turismo actual (Castaño, 2005).

A pesar de que los grandes centros de peregrinación aglomeran cantidades considerables de personas a lo largo del año, especialmente en fechas específicas, el turismo religioso fue, en cierto sentido, infravalorado en algunos contextos nacionales, aunque con el transcurrir del tiempo se ha reivindicado su importancia y ha experimentado un crecimiento continuo en las inversiones que se realizan para garantizar el bienestar del visitante; ha pasado de ser de “…un turismo en gran parte nacional a un turismo en el que convergen diferentes nacionalidades e incluso, en algunos destinos, diferentes espiritualidades y religiones” (Lanquar, 2007: 1).

Tan sólo en Europa, “…alrededor de 30 millones de cristianos, sobre todo católicos, dedican sus vacaciones (o una parte de ellas) a realizar una peregrinación...” (Hakobyan y Serrallonga, 2011: 64); la misma fuente explica que estas cifras se basan en el número total de visitantes a los centros sagrados, por lo que tanto peregrinos como turistas pueden ser considerados como un solo tipo de visitante. Para algunos investigadores, el turismo religioso y el peregrinaje son dos asuntos temáticos distintos que ocupan lugares extremos de una tipología (Graburn, 1983); otros los aprehenden como formas de movilidad humana motivada por un mismo fenómeno (Vukonic, 1996).

Las investigaciones especializadas, que abordan los viajes por motivación religiosa, coinciden en apuntar las diferencias o coincidencias entre turista religioso-peregrino y viaje turístico-peregrinación. Sin embargo, ambas expresiones, que califican al fenómeno vinculante turismo-religión, comparten la misma finalidad; el arribo a un destino religioso como motivación principal o complementaria del viajero y la compartimentación de medios de transporte y de actividades comerciales y de servicios durante el viaje. Se reconoce que “los lugares considerados sagrados han sido y siguen siendo lugares de peregrinación aunque en la sociedad moderna de progreso técnico, industrial y social también se han convertido en sitios turísticos” (Hakobyan y Serrallonga, 2011: 65).

Entre los trabajos que aluden a clasificaciones de los viajes y los viajeros, descuella, por su flexibilidad interpretativa, la de Smith (1992) (Figura 1).

Fuente: elaborado con base en Smith, 1992.

Figura 1 Tipología de visitantes 

El fenómeno turístico-religioso, aprehendido en el centro de Figura 1, deriva hacia extremos contrastados: en un sentido, aumenta el carácter religioso del viaje y, con ello, la fidelidad y la recurrencia al lugar; hacia el otro, crece el carácter secular del viaje y disminuye o desaparece la posibilidad de que el viajero retorne al mismo sitio.

Aunque este tipo de clasificaciones, basadas en patrones de regularidad empírica, representa un referente investigativo relevante, en la realidad es posible hallar casos singulares que informan de la complejidad motivacional de los viajeros.

“No sólo es suficiente saber la valoración directa de las personas acerca de su condición como peregrino o turista, que sin duda ayuda, sino de profundizar en el motivo principal del viaje. En ocasiones, el motivo que facilita el viaje es distinto al religioso, aunque este último puede erigirse como el trascendente; esto puede ocurrir cuando en el lugar de destino yace un lugar sagrado de devoción singular” (Propin y Sánchez, 2012: 110).

En la movilidad y estadía de los visitantes, bien sean peregrinos o turistas motivados por la religión, la cultura o la curiosidad, concurren escenarios comunes para todos; “…la forma de peregrinación más característica se combina con el turismo, y hace referencia a un viaje en el cual se emplean medios de transporte modernos y la misma infraestructura usada en cualquier otro tipo de viaje” (Abascal, 2004: 24); asimismo, el lugar religioso puede ser o no el destino final o único del viajero (Propin y Sánchez, 2011).

Estos hechos inducen a calificar al turismo religioso como un fenómeno de movilidad humana incluyente que no sólo se circunscribe al ámbito de la fe; se afirma que:

“… comprende aquel tipo de turismo que tiene como motivación la visita de lugares sagrados (santuarios, conventos, monasterios, iglesias, ermitas, catedrales…) o participación en celebraciones religiosas (Semana Santa de Sevilla, por ejemplo…) para descubrir el genius loci, es decir, la esencia religiosa, el mensaje que transmiten, el valor histórico y la belleza artística. Esto no excluye, sino que comprende en muchas ocasiones la oración, la celebración de los sacramentos” (Parellada, 2009: 22).

Los lugares con mayor atracción turística, religiosa y cultural asociada con el patrimonio religioso, se derivan de la vivencia humana que preferencia lugares específicos que atestiguaron o donde han llegado a experimentar la cercanía de Dios. Este proceso de selectividad espacial es sucesivo y reduce la cantidad de lugares: primero opera en la diferenciación entre los espacios profanos y los sagrados; estos últimos se diferencian entre sí debido al valor simbólico atribuido por los creyentes vinculado con sus preferencias devocionales y la detección de hierofanías y teofanías (Eliade, 1957; Rosendahl, 1999); también la dicotomía sagrado-profano puede manifestarse en forma alterna de acuerdo con el calendario litúrgico, por ejemplo, en caminos y senderos (Hlúŝek, 2013).

En este escenario, los lugares-santuarios sagrados con magnetismo espiritual son los más concurridos y los de mayor centralidad geográfica de acuerdo con la procedencia geográfica de los visitantes; entre éstos, despuntan aquellos donde se registran milagros fundacionales como las apariciones sobrenaturales de Jesucristo, la Virgen María o algún santo y las curas con aguas milagrosas, que también pueden estar relacionadas con hierofanías y teofanías (Eliade, 1957; Preston, 1992; Propin y Sánchez, 2015; Romo, 2000; Taylor, 2006; Vukonic, 1996).

La importancia que tienen los santuarios es tal que, en ocasiones, propician la creación de localidades a su alrededor denominadas hierópolis o ciudades-santuario; son espacios caracterizados por poseer una lógica espacial asociada a un santuario religioso como lugar central, los cuales de forma habitual son sitios de peregrinación y tienen un papel político trascendente. En ellas, lo sagrado tiene un valor preponderante sobre otros componentes del sistema, resultado de las distintas actividades relacionadas con la religiosidad; ello se manifiesta con marcadas diferencias entre los tiempos sagrado y ordinario (Rosendalh, 2009).

Situación del turismo y de la religión en Guatemala

Guatemala, al igual que los demás países de América Central, se ha erigido como un destino turístico emergente con una oferta turística diversa asociada a sus potencialidades geográficas; su territorio cuenta con una gran cantidad de recursos que posibilitan, por una parte, desarrollar el turismo de sol-playa y cultural y, por la otra, explorar nuevos escenarios de acuerdo con las demandas del turismo en el siglo XXI (Machado y Hernández, 2008). Pese a la diversidad que posee en su oferta, existe una amplia competencia por parte de otros países con mayor tradición turística en la región centroamericana que todavía sufre de una falta de identidad en el mercado turístico internacional, agravado, en cierto modo, por el imaginario mundial.

Aún existe una idea generalizada de peligro causada por las guerras civiles, gobiernos militares anteriores, confrontaciones post-electorales, que entre otros factores como la escasa infraestructura, la falta de mano de obra calificada y la escasa oferta y calidad de los servicios, ponen a la región, y a algunos países como Guatemala, en desventaja (Sánchez y Propin, 2010).

Guatemala no se distingue como un destino turístico preferencial en América Central (Sánchez, Mollinedo y Propin, 2012). Con base en cifras de la Organización Mundial del Turismo (2014), Costa Rica es el país que posee el primer lugar en la región en cuanto a número de visitas con casi dos millones y medio, seguido de Panamá y de Guatemala con aproximadamente millón y medio cada uno. Por cantidad de ingresos, Panamá es el país más favorecido con una recaudación de casi tres mil millones y medio de dólares, seguido por Costa Rica, aunque con una cantidad mucho menor, y, posteriormente, Guatemala (Figura 2); a nivel regional, Guatemala se encuentra en una posición intermedia. Costa Rica centra sus esfuerzos en el ecoturismo, incluso ha implementado una serie de legislaciones para proteger sus recursos desde la década de 1980 (Castro, 2014), mientras que el éxito de Panamá se relaciona con el turismo de sol y playa, pero también con las relaciones comerciales y libertades fiscales que surgen de la posesión del Canal de Panamá (Hernández, 2015). En Guatemala, el turismo ocupa un lugar preponderante en las estadísticas de ingreso de divisas, inclusive aún mayores que otras actividades, por ejemplo, la exportación de productos reconocidos a nivel internacional por su calidad como la caña de azúcar o el café (INGUAT, 2014).

Fuente: elaborado con base en OMT, 2014.

Figura 2 Turismo en América Central, 2013 

Guatemala, como en los demás países de América Central, las características naturales aún son parte importante de su promoción turística, sin embargo, existe un interés por aproximarse y observar las manifestaciones culturales y la herencia histórica producto del sincretismo en cada nación. De acuerdo con la tipología de núcleos turísticos primarios propuesta por Sánchez y Propin (2010.), en Guatemala existen cuatro tipos vinculados a los factores culturales y naturales prevalecientes en la zona. En el país, se promocionan destinos como el lago Izabal o los volcanes de Agua y el de Pacaya como recursos de índole natural y lugares como el mercado de Chichicastenango, Antigua o Esquipulas como turismo de corte cultural; algunos poseen en menor o mayor medida la presencia de la dualidad naturaleza-cultura como el lago Atitlán y sus asentamientos humanos y Tikal como zona arqueológica ubicada en un área protegida (Sánchez y Propin, 2010).

Para facilitar la promoción turística, el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT) y el gobierno de Guatemala dividieron al país en ocho regiones turísticas que en las cuales se aglomeran departamentos con ofertas más o menos similares (ver Figura 3).

Fuente: elaborado con base en INGUAT, 2014; Sánchez-Crispín y Propin, 2010; Rosas, 2016.

Figura 3 Regiones turísticas en Guatemala 

Dentro de la regionalización, hay destinos que se convierten en íconos representativos, como es el caso de Esquipulas, en la región denominada “Oriente: místico y natural”. En general, los destinos de turismo religioso no poseen una promoción institucional fuerte como ocurre en Tikal o Antigua; su difusión informativa yace esencialmente en la transmisión de las vivencias de fe experimentadas por peregrinos y creyentes.

Guatemala tiene una historia asociada al catolicismo en donde la herencia colonial se sincretiza con las costumbres de los grupos indígenas existentes (Latinobárometro, 2014). La fe católica se consolidó como la dominante en el país; ello se testifica de maneras diversas cuando se visualiza la cantidad de templos, monumentos y festividades anuales asociadas con el santoral católico. No obstante, las estadísticas indican una reducción en la cantidad de los católicos y un aumento de ateos y de adeptos a otras denominaciones cristianas y otras religiones (Figura 4). En Honduras, Nicaragua y Guatemala, el porcentaje de católicos no rebasa el 50%, aunque los cristianos predominan al considerar la proporción de evangélicos; Uruguay se comporta en forma desigual debido a la importancia relativa de personas que no se identifican con religión alguna.

Fuente: elaborado con base en Latinobárometro, 2014.

Figura 4 Latinoamérica: creencias manifestadas por las personas, 2013 

En Guatemala, católicos y evangélicos están ampliamente distribuidos por el país, inclusive se encuentran inmersos dentro de los grupos indígenas que, en muchos casos, practican cultos prehispánicos. La constitución guatemalteca posee leyes y normas que protegen la libertad de culto en el país y los derechos de los grupos indígenas de practicar sus tradiciones y sus formas de expresión cultural, como los ritos religiosos. Lo señalado indica la inexistencia de una religión oficial, sin embargo, la plataforma constitucional reconoce explícitamente la personería jurídica individual de la Iglesia Católica (Departamento de Estado de los Estados Unidos, 2013).

Aunque actualmente la religión católica concentra una proporción menor de adeptos, ciertamente los santuarios y las figuras religiosas existentes aún tienen un peso significativo en la sociedad y detonan anualmente movimientos cuantiosos de visitantes hasta sus recintos; la práctica devocional cotidiana en torno a imágenes de veneración popular como Maximón, cercano a las creencias indígenas, o el Cristo Negro de Esquipulas, expresión del sincretismo religioso entre el catolicismo y las creencias indígenas, fortalece la identidad nacional; se afirma que el Cristo de Esquipulas es un producto económico, psicológico y social, reflejo de la dualidad entre lo natural y lo sobrenatural de diferentes cosmovisiones (López, 2003).

Esquipulas, significado como “lugar o paraje donde abundan las flores” (Ministerio de Cultura y Deportes: 2013), es una ciudad ubicada en un punto de confluencia de caminos, en el llamado Trifinio entre Guatemala, Honduras y el Salvador; esta posición geográfico-estratégica ha propiciado históricamente el movimiento socioeconómico interregional en torno a Esquipulas.

Contexto geohistórico de Esquipulas

La historia del territorio, sobre el que se asienta la Basílica, es por demás muy rica en eventos, los cuales pueden generalizarse, con base en Rosas (2016), en las etapas temáticas siguientes:

I. Origen del culto (1525 - finales del siglo XVI).

Antes de ser un lugar de peregrinaje católico, el territorio esquipulteco ya era un centro ceremonial donde se rendía culto al dios maya Ek Chuaj, Dios del cacao, de la guerra y benefactor de los mercaderes. En 1525, inició la conquista del territorio y, por ende, el cambio en los patrones de culto en la región (Juarros y Montúfar, 2000); como tal, la Villa de Esquipulas se establece alrededor de los años de 1560 y 1570.

Debido a la lejanía con respecto a las principales poblaciones y a las escasas vías de comunicación que conectaban a la comunidad con el resto del país, las únicas personas que pasaban por ese territorio eran los militares y evangelizadores que iban en misión a Honduras y españoles en busca de tierras para sus feudos, por lo cual Esquipulas no figuró en el plano socioeconómico del Reino de Guatemala hasta 1594. Ese año, la comunidad indígena pidió que se les mandase una imagen del Señor Crucificado; para obtenerla, trabajaron en la siembra de un algodonal que costeó la imagen. La misma fue mandada a esculpir en la capital, Antigua, por Fray Cristoval de Morales, quien concertó el encargo el 29 de agosto de 1594 con el escultor portugués Quirino Cataño, llegado a Guatemala en 1580; éste se comprometió a realizar una escultura de vara y media de tamaño por la suma de 100 tostones de a cuatro reales para el día de San Francisco Quetzaltepeque, a cuya jurisdicción pertenecía Esquipulas (García, 1954).

La imagen tallada en madera de cedro fue entregada el 4 de octubre de ese mismo año en presencia de vecinos de Esquipulas (Figura 5) y del Obispo Fray Gómez Fernández de Córdoba quien, maravillado ante la belleza de la sagrada imagen, decidió que el comienzo de la devoción en Esquipulas fuera el 9 de marzo del año siguiente, fecha que coincidía con su nombramiento como obispo de Guatemala. Además, estipuló que la fiesta anual del pueblo de Esquipulas se celebrara el 15 de enero de cada año. La vuelta a Esquipulas para llevar la imagen fue en una caravana y trazó la ruta que más tarde sería usada por los peregrinos.

Fuente: trabajo de campo, 2014.

Figura 5 El Cristo Negro de Esquipulas 

La imagen llegó a Esquipulas el jueves 9 de marzo de 1595 y fue colocada en una pequeña ermita construida con paja. Fue ese mismo día cuando comenzó oficialmente la devoción al milagroso Señor de Esquipulas (López, 2010). El color del Cristo es motivo de controversia: algunos relatos refieren hechos milagrosos que aluden a la intervención misma de Cristo, quien se tiñó de color negro para mostrar su descontento con el comportamiento de las personas; otras explican que fue el escultor Quirio Cataño el que pintó la escultura de color negro para mostrar su empatía con los indígenas en detrimento del color blanco de los conquistadores españoles que tantas penas les habían traído; otros estudios refieren que las condiciones a las que estaba expuesto el Cristo (el humo de las velas y el incienso) son las que, con el trascurrir del tiempo, obscurecieron la imagen (Navarrete, 1999).

Algo común en las imágenes de Cristos Negros, es la empatía que generan en la sociedad; la mayoría de ellos surgieron después de la Conquista y desempeñaron un papel significativo en el proceso de colonización y aceptación del culto católico: son los casos del Cristo de Esquipulas en Guatemala y el de Otatitlan y el de Chalma en México, los cuales, dentro del ideario de la sociedad, están hermanados (Navarrete, 2013); además, existen otros como el Señor de los Temblores en Cuzco, Perú, o el de Portobelo en Panamá que también tienen un lugar importante en el imaginario-devocional de sus sociedades.

II. Construcción de la Basílica y consagración del culto (siglo XVII-finales del siglo XVIII).

Con el transcurrir de los años, la ermita que resguardó al Cristo en su llegada a Esquipulas se volvió insuficiente para albergar a la creciente cantidad de fieles que se daban cita para adorar a la imagen. El culto se había extendido a través de la “Ruta Real de Tierra Adentro” o “Camino de Santa Fe” hacia las provincias del norte de la Nueva España (Navarrete, 2013) que, sumadas a las peregrinaciones, desde Chiapas, Oaxaca y el resto de Centroamérica, motivaron la construcción de un nuevo recinto.

Por lo anterior, Esquipulas inició la edificación de su propia iglesia parroquial con lo cual se deja atrás la Parroquia de San Francisco de Asís en Quetzaltepeque. La parroquia, construida entre los años 1600 y 1620, fue la de Santiago de los Caballeros, que albergó al Señor de Esquipulas durante más de un siglo. Durante esos años, comenzó a crecer el magnetismo espiritual asociado a los milagros concedidos los cuales más tarde provocarían la construcción de un nuevo recinto (García, 1954; López, 2010).

En 1701, una réplica del Señor de Esquipulas es llevada a la Ciudad de Santiago de Guatemala en procesión y colocada en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen debido a que constantemente sufría los embates de terremotos. En la misma ciudad, se imprime la primera Novena al Cristo Negro que ayudó a promover el culto. Lo anterior llamó la atención de Fray Pedro Pardo de Figueroa en 1735 quien, al curarse de una enfermedad gracias al Señor de Esquipulas y al recibir su cargo como Obispo de Guatemala, ordena la construcción de un Santuario entre los años 1740 y 1741 sobre la planicie algodonera que hizo posible la creación del Cristo Crucificado (Navarrete, 2013).

El Santuario fue inaugurado el 6 de enero de 1759 y resguarda al Cristo Negro de Esquipulas hasta la fecha; es una obra barroca del siglo XVIII, consta de tres naves y 10 pilastras. La Basílica del Santo Cristo de Esquipulas es considerada el templo católico más grande de todo Centroamérica y el único en el continente con cuatro torres de campanario lo que le otorga singularidad geográfica; se consolidó como el más importante centro regional de peregrinación y, con ello, incentivó el crecimiento poblacional de la Ciudad (López, 2010).

III. Expansión del culto al Señor de Esquipulas (siglo XIX - mediados del siglo XX).

Hubo hechos trascendentales que marcaron la vida litúrgica y política no sólo de Esquipulas, sino de Guatemala en general. En primera instancia, acontecen reestructuraciones dentro de la Ciudad durante el siglo XIX debido a afectaciones ocurridas por fenómenos naturales. A comienzos del siglo XX y en las décadas consecuentes, el Cristo Negro fue muy importante en las relaciones al interior de Guatemala; la prueba máxima fue cuando se utilizó como estandarte en una peregrinación nacional que comenzó el 25 de enero de 1953 y concluyó a principios de 1954 con la finalidad de evitar la entrada del comunismo en Guatemala (López, 2010: 108). Durante esos años, el país vivió una crisis social muy grande que desencadenó la aprobación de un sector de la población y el descontento de otro; en este escenario, el Cristo, manipulado con fines socio-políticos, sirvió para apaciguar el conflicto.

IV. Nacimiento de la Capital Centroamericana de la Fe (segunda mitad del siglo XX - actualidad)

El Santuario fue elevado a la Dignidad de Basílica Menor por el Papa Juan XXIII el 27 de enero de 1961; se convirtió en el primer Santuario de Centroamérica con esa simbolización. En años siguientes, Esquipulas fue visitado por la Madre Teresa de Calcuta (1980) y el Papa Juan Pablo II (1996), además de ser sede de encuentros de integración regional como los tratados de Esquipulas I y Esquipulas II (CUNORI, 2014).

Durante años recientes, Esquipulas se ha consolidado como un destino nacional destacado; el 21 de julio de 2012 fueron declaradas las Fiestas Patronales Esquipultecas, celebradas en honor a Santiago Apóstol, como “Patrimonio Cultural Intangible de Guatemala” por el Consejo Municipal Esquipulteco. Por otra parte, la Organización Mundial de Turismo (OMT), junto con otras organizaciones internacionales, declararon a Esquipulas formalmente como “la capital centroamericana de la fe” en septiembre de 2014 (Esquipulas, 2014).

Dimensión geográfica del turismo motivado por visitar al Señor de Esquipulas

La estrategia metodológica seguida incluyó la revisión de diferentes fuentes escritas y audiovisuales y un trabajo de campo que incluyó un sondeo exploratorio a los residentes para conocer la dinámica religioso-cultural del lugar, un levantamiento de uso de suelo en torno a la Basílica, una entrevista semi-estructurada a 70 visitantes para conocer su perfil demográfico, motivaciones de viaje y procedencia geográfica y observación participante en una de las peregrinaciones que salen desde Juchitán, Oaxaca, durante los días previos a la fiesta patronal del 15 de enero de 2014.

De acuerdo con cifras del Instituto Guatemalteco de Turismo (2015), el Santuario del Cristo Negro recibe anualmente a no menos de millón y medio de visitantes al año; asimismo, la Ciudad de Esquipulas es visitada por aproximadamente cuatro millones de personas. Los visitantes vienen de diferentes partes del mundo, especialmente de México y América Central. Gran parte de las personas que viajan al templo lo hace de acuerdo con las festividades que se marcan en el calendario litúrgico esquipulteco, que considera, además de los tiempos y fechas sagrados reconocidos por la Iglesia Católica, las particulares relacionadas con las celebraciones locales o regionales que se distinguen dentro del denominado tiempo ordinario.

Aunque Semana Santa y Navidad son fechas importantes para la Ciudad, son los días asociados a celebraciones esquipultecas los que aglomeran la mayor cantidad de visitantes (Figura 6). Dentro de las festividades más importantes, se encuentran la fiesta patronal en honor a Nuestro Señor de Esquipulas cada 15 de enero desde 1595; el 9 de marzo, día en que llegó la imagen a la población y en que se conmemora el traslado del Cristo Negro de la Iglesia de Santiago de los Caballeros al recinto que lo alberga hoy en día, y las fiestas patronales en honor al Apóstol Santiago celebradas cada año entre el 21 y 28 de julio.

Fuente: elaborado con base en INGUAT Esquipulas, 2015; Rosas, 2016.

Figura 6 Esquipulas: calendario litúrgico 

Aunque hay concurrencia importante durante todo el año, no es posible conocer con exactitud una cifra de visitantes al Santuario; tan sólo durante la celebración del 15 de enero, y de acuerdo con conteos del propio INGUAT, al menos entre 150 000 y 200 000 peregrinos se dan cita en el recinto. Durante el resto del año, en los fines de semana y días de fiesta menores, hay una asistencia de por lo menos 6 000 personas, mientras que entre semana suelen asistir alrededor de 700 visitantes por día.1

En Esquipulas, convergen personas de distintos estratos sociales y culturales con creencias heterogéneas que llegan a la Ciudad a través de diferentes medios; con base en ello, se puede apreciar, en el lugar, comportamientos humanos disímiles tanto en el fervor religioso, como en el accionar con otras personas, sean residentes, comerciantes y otros visitantes (Rosas, 2016). Una de las formas en las que suelen llegar las personas es en peregrinación mediante formatos de viajes turístico-religiosos: representan grupos que contratan ómnibus y gestionan pernoctas en el lugar, todas animadas por la fe y el magnetismo espiritual de la imagen; la motivación comunitaria yace en tener contacto tangible con la divinidad mediante la experiencia religiosa de la oración personal con el Señor de Esquipulas.

Las peregrinaciones detectadas, en el lugar, son de tipo normativo (Morinis, 1992) por su recurrencia en la vida litúrgica esquipulteca; algunas tienen características singulares debido a los ritos que en cada una se manifiestan. Durante algunas celebraciones trascendentales, como la del 15 de enero, varias peregrinaciones llegan de forma constante desde el 8 al 16 del mismo mes como las que salen de Juchitán en el Estado de Oaxaca; la cual tiene una tradición arraigada con orígenes remotos, de acuerdo con lo señalado por algunos de los peregrinos; éstos refieren que sus antepasados, en sus viajes comerciales a Guatemala, adoptaron la fe al Señor de Esquipulas que después llevaron a su lugar de origen. En estas festividades, además, son importantes las aportaciones de los migrantes que pasan por la localidad en su trayecto a Estados Unidos, quienes también promueven el culto. La experiencia obtenida en la peregrinación desde Juchitán permitió precisar las características del viaje siguientes:

  • Medios de transporte: generalmente autobuses en los cuales viajan entre 30 y 40 personas; no sólo sale uno, pueden ser más; el autobús contratado en la peregrinación investigada provenía de Veracruz.

  • Itinerario: cada una de las peregrinaciones tiene como objetivo llegar a Esquipulas, sin embargo, en el trayecto de ida y de regreso pueden visitar otros lugares; algunos de los participantes señalaron que con anterioridad habían viajado por su cuenta porque ello les resultaba más práctico.

  • Composición de la peregrinación: personas en su mayoría de la tercera edad, acompañadas, provenientes de las comunidades cercanas a Juchitán y, en menor medida, desde lugares más distantes como la Ciudad de México, Tlaxcala y Puebla.

  • Equipaje: artículos de primera necesidad, sillas de ruedas, muletas y objetos para organizar la celebración en Esquipulas, como recipientes, artículos para comerciar, entre otros.

  • Motivaciones: cumplimiento de mandas o encomiendas, dar gracias por favores recibidos, pedir por la salud de sus familiares o cumplir con la mayordomía de la fiesta durante la celebración del Señor de Esquipulas.

Los peregrinos tienen que sortear varias barreras en su trayecto a la Basílica, entre las que destaca el cruce fronterizo por cualquiera de las aduanas entre México y Guatemala; esta situación es, en buena parte, solventada por permisos que se conceden por parte del gobierno de Guatemala para que los peregrinos puedan ingresar durante los quince días cercanos a la fiesta patronal.

Al arribar a la localidad, es necesario cambiar pesos/lempiras/dólares a quetzales, si es que no se había hecho antes en la aduana, en los diferentes centros bancarios de Esquipulas o, lo que es más común, dirigirse a alguna de las personas que se encuentran preferentemente en las esquinas cercanas a la Basílica, aunque también es posible hacer transacciones sin necesidad de cambiar a moneda nacional.

Otro de los asuntos a resolver es la búsqueda de alojamiento, ya sea en hoteles, hostales o casas acondicionadas para recibir visitantes. En el caso de la peregrinación de Juchitán y en algunas otras, se hacen paquetes especiales entre los hoteles y los organizadores para ofrecer alojamiento; en la experiencia de investigativa, se pagó 1200 quetzales (unos 2 200 pesos mexicanos) por cinco noches (Rosas, 2016). Algunos peregrinos que deciden quedarse en la localidad hasta el término de la fiesta optan por alojarse en las inmediaciones del templo, al aire libre, ya sea por falta de recursos o por alguna razón devocional, lo cual es permitido por las autoridades de la Basílica sólo durante el tiempo de las celebraciones esenciales.

Puesto que el objetivo del viaje y la visita es ver al Cristo, las personas acuden a la Basílica; dentro del recinto, se desenvuelven de diferentes formas para rendir respeto, adorar a la imagen o conocerla. De acuerdo con lo anterior, algunas de las impresiones de los visitantes señalan al Cristo Negro como:2

  • Un ser que genera leyendas a su alrededor

  • Un ente milagroso, ancestral, mágico

  • Una deidad que ayuda a la gente

  • Tiene poder de sanación

  • Tiene un gran peso económico (la gente deja dinero y flores en su Santuario)

Los protestantes, y otros no cristianos, aunque no creen en el carácter milagroso de la imagen, reconocen su poder atractivo-devocional; señalan la movilidad humana que acontece en torno a ella, la concurrencia regular de devotos y las festividades vistosas que en su honor se realizan.

Esa información permite aseverar la convergencia de dos modalidades de turismo religioso (Esteve, 2002) en Esquipulas: la espiritual, relacionada con el íntimo vínculo e identificación entre los devotos y la imagen mediante la oración y adoración, y la de espectáculo-cultural, tocante con las expresiones festivas asociadas a las religiosidad popular de residentes y visitantes devotos.

En este escenario, excepto la recurrencia de los viajes acompañados y en grupos de peregrinos, no se detectó un patrón demográfico que permitiera afirmar comportamientos de exclusión social y ausencia de estratos sociales: no existen diferencias notables entre los sexos, están representados todos los grupos de edades y el nivel de instrucción incluye a personas analfabetas y con estudios universitarios. La información señalada permite inferir la presencia del fenómeno de la sucesión generacional de las devociones que representa un asunto crucial explicativo de la pervivencia en el tiempo del turismo religioso; esto se revela en la presencia importante de niños que acuden a rendir culto a la imagen junto a sus familiares.

Por otra parte, la detección de personas con estudios superiores se asocia con el tipo de visitantes de acuerdo con su motivación y procedencia geográfica; los de origen guatemalteco pueden explicarse a través de la sucesión generacional en la que el culto pervive con independencia de la escolaridad; por su parte, los extranjeros creyentes son atraídos por el magnetismo que irradia de la conjunción entre la imagen y el fervor de los devotos locales o, en el caso de los recurrentes, la experimentación de algún milagro; los foráneos no creyentes responden al tipo de turismo religioso-espectáculo y a la motivación cultural.

Aunque la mayoría de los visitantes son católicos, también acuden a la Basílica y a la ciudad personas con credos distintos, cada uno con un itinerario disímil; existen desde los que se califican como peregrinos que acuden de manera recurrente al Santuario, hasta los visitantes seculares que, aunque no participan de forma activa en actividades eclesiásticas, representan un segmento social consumidor que deja ingresos para la localidad.

La indagación informativa y las evidencias empíricas permiten aseverarse que Esquipulas constituye una Hierópolis (Figura 7); su estructuración histórico-fundacional yace en torno a la función religiosa y cultural de la Basílica. En este sentido, la dimensión económica del turismo religioso es relevante. Ya que los visitantes al Santuario desempeñan un papel esencial en el movimiento de la economía local. Alrededor de la Basílica, coexisten lugares de venta de artesanías, de alimentos, servicios de hospedaje, comercio informal y medios de transporte que cubren las necesidades básicas y suntuarias de los visitantes. La dinámica comercial, formal e informal, se realiza en las inmediaciones de la Basílica (ver Figura 7); la presencia del sector informal muestra una marcada estacionalidad, ya que depende de la fecha de las festividades cuando aumenta la presencia de visitantes. También se localizan servicios de diversa índole en las rutas de peregrinación como la Tercera Avenida, la más importante en la Ciudad, que alterna su papel como espacio sagrado o profano de acuerdo con la fecha debido a que por ahí la Basílica se conecta con la Iglesia de Santiago de los Caballeros, un lugar que también ejerce magnetismo espiritual por estar directamente relacionado con la historia del Cristo Negro.

Fuente: elaborado con base en INGUAT Esquipulas, 2015; trabajo de campo, 2014; Rosas, 2016.

Figura 7 Hierópolis de Esquipulas: características territoriales de su espacio central 

El espacio sagrado se identifica principalmente a partir de la separación. Del resto de la localidad, que establecen los muros, entre los jardines y el terreno sobre el que se asienta el Templo (Figura 7). Por su parte, la dinámica comercial, asociada espacialmente con la Basílica, genera eslabonamientos económicos mediante el comercio de artículos religiosos (imágenes, veladoras, palmas y cruces) y de artesanías (de distinta factura elaboradas en la región). Al unísono, se aprecia que el recinto religioso representa el espacio central donde convergen el transporte masivo, el comercio y los servicios de hospedaje, de alimentación y de transporte local (ver Figura 8).

Fuente: elaborado con base en INGUAT, 2015; trabajo de campo, 2014; Rosas, 2016.

Figura 8 . Esquipulas: recursos turísticos complementarios 

La visita a la Basílica se ramifica hacia otros sitios que exhiben atractivos turísticos locales como la Piedra de los Compadres, el más significativo por las relaciones entre la religión católica y las creencias prehispánicas que ahí coexisten (Figura 8); es un parador turístico de origen natural ubicado a 3 km del casco urbano. Las historias sobre su origen varían en sus argumentos; dentro del imaginario local, se narra lo sucedido a dos compadres que en tiempos ancestrales mantuvieron contacto carnal antes de llegar a ver al Cristo Negro y, víctimas de ese acto, fueron convertidos en roca. Actualmente, el origen de esta geoforma se desconoce, aunque para los locales esa explicación seguirá como parte de su cosmovisión.

Frente a la Piedra, cientos de personas acuden a hacerse limpias que representan rituales de matices “paganos”; sin embargo, los entrevistados no consideran negativa la mezcla de sus creencias. Otra de las experiencias apegadas a las raíces ancestrales que viven los visitantes, es el hecho de formar, con las rocas sueltas en los alrededores, algún bien material como una casa, un automóvil, un juguete y con ello tratan de buscar que se materialice su deseo o necesidad; aquí se adiciona también elementos de la “Magia Simpática” (Navarrete, 2013).

El magnetismo espiritual de la imagen, conjuntamente con el carácter sagrado que transfiere al Santuario, y los escenarios de cultos sincréticos referidos representan los referentes esenciales que atraen a visitantes no sólo de la región, sino del extranjero (Figura 9).

Fuente: elaborado con base en trabajo de campo, 2014 y 2015; Rosas, 2016.

Figura 9 Esquipulas: alcance regional del turismo religioso 

El alcance regional del turismo motivado por la visita a la Basílica de Nuestro Señor de Esquipulas abarca gran parte del Sur de México, Guatemala, Honduras, el Salvador y parte de Nicaragua y Costa Rica; su atracción devocional y religioso-cultural traspasa fronteras cercanas y se expande también hacia Norteamérica, Europa y Asia. En este contexto, intervienen referentes que median en la elección de Esquipulas como destino preferencial o complementario en los itinerarios de los visitantes: entre estos, se reconocen la importancia regional de la Basílica asociada a la empatía con el Cristo Negro; el sincretismo prevaleciente en el lugar entre creencias ancestrales y el catolicismo; el pasado colonial y el aprecio del patrimonio cultural-religioso del país y la difusión geográfica del culto a través de los migrantes que se desplazan regularmente en una franja que enlaza el reconocido Camino Real de Tierra Adentro y la ciudad de Santa Fe, Nuevo México, en Estados Unidos.

Conclusiones

El turismo religioso es una de las prácticas más antiguas del ser humano en su asociación con el peregrinaje; las personas visitan preferencialmente lugares sagrados de orden natural o cultural donde haya acontecido un milagro fundacional; son los que detentan mayor afluencia de visitantes.

El turismo con motivación religiosa desarrolla actividades comunes a la de otros tipos de turistas en el destino donde concurren; similar circunstancia media en el uso de la infraestructura hotelera, servicios y comercios ofertados por el destino turístico.

La Ciudad de Esquipulas, localizada en el Trifinio entre Guatemala, Honduras y El Salvador, posee ventajas de acceso terrestre debido a la cercanía de fronteras internacionales; en este escenario regional, despunta la Basílica de Esquipulas como un referente religioso esencial para personas de estratos sociales y culturales diversos.

El tipo de visitante que llega a la Basílica no es homogéneo; se revelaron tanto peregrinos per se, como turistas seculares eventuales; en general, predomina un patrón de fieles que viajan en forma recurrente y cíclica a la Ciudad; aunque el gasto unitario de los visitantes no es elevado, la derrama económica es significativa debido a la afluencia frecuente de personas que acuden al Santuario de Esquipulas.

Además del Cristo Negro y la Basílica, la localidad promociona diversos atractivos turísticos; entre los de orden espiritual, destacan aquellos que manifiestan las costumbres sincréticas de la sociedad como la Piedra de los Compadres como pervivencia de las tradiciones y creencias indígenas.

El alcance regional y supranacional del turismo motivado por visitar la Hierópolis de Esquipulas, configurada en torno a la Basílica del Cristo Negro, se relaciona con el magnetismo espiritual de la imagen y el santuario; este escenario geográfico-singular se potencia mediante el simbolismo asociado con el color de la efigie, los hechos milagrosos que se le atribuyen, la presencia complementaria de atractivos turísticos y culturales y la difusión del culto por parte de los migrantes devotos.

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1Información proporcionada en entrevista con el presbítero Juan Antonio Posadas en 2015.

2Trabajo de campo y entrevista realizada a peregrinos durante el 2015.

Recibido: 29 de Abril de 2016; Aprobado: 01 de Febrero de 2017

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