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En-claves del pensamiento

versión On-line ISSN 2594-1100versión impresa ISSN 1870-879X

En-clav. pen vol.8 no.16 México jul./dic. 2014

 

Artículos

Hacia una semiótica de la memoria

Paola Ricaurte Quijano* 

* Profesora-investigadora, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores Monterrey, Campus Ciudad de México, México, pricaurt@itesm.mx

Resumen

Este texto revisa teóricamente las aportaciones de la semiótica de la cultura para la comprensión de la memoria como un proceso semiótico-discursivo. Retoma los modelos propuestos para el análisis de la cultura como un sistema complejo, dinámico y heterogéneo en el que la memoria juega un papel constitutivo. Define la memoria como el fundamento material y simbólico que posibilita los procesos de transformación e intercambio cultural por su capacidad de conservar y crear nuevos textos culturales.

A partir de una articulación interdisciplinaria plantea la comprensión de la memoria como una práctica social y, como tal, factible de ser analizada a través de las herramientas metodológicas que ofrecen la semiótica y el análisis del discurso. La memoria debe ser comprendida en una triple dimensión: cognitiva como semiosis, como praxis social y como el producto de ese proceso.

Palabras clave: memoria colectiva; memoria cultural; memoria social; semiótica de la cultura; Escuela de Tartu-Moscú

Abstract

This study explores the theoretical contributions of Cultural Semiotics for the understanding of memory as a semiotic-discursive process. This paper will argue that culture is a complex, dynamic and heterogeneous system in which memory plays a constitutive role. Identifies memory as one of the foundations of cultural production for its ability to preserve and create new cultural texts.

This work provides a guide for categorizing memory as a social practice and as such being susceptible to analysis using various methodological tools offered by Semiotics and Discourse Analysis. Memory should be analyzed considering its threefold nature: a cognitive process of meaning production or semiosis; a social praxis, and the result of those processes.

Keywords: collective memory; cultural memory; social memory; Cultural Semiotics; Tartu-Moscow School

La investigación sobre la memoria se ha multiplicado en años recientes impulsada por el desarrollo científico, las políticas de la memoria surgidas como consecuencia del fin de algunos regímenes totalitarios y su centralidad en la construcción de la identidad y la cultura. El avance de las neurociencias ha ampliado la comprensión sobre la naturaleza y los mecanismos de la memoria en los seres humanos, posibilitando nuevas formas de interpretación de la realidad y también el diálogo interdisciplinario. Estos estudios han demostrado el dinamismo y la capacidad creativa de la memoria y su relevancia en la supervivencia de la especie.1

Desde la perspectiva de las neurociencias se distinguen tres momentos en el proceso de memoria: adquisición, retención y recuperación (es decir, generar mecanismos para codificar la información, registrarla y luego recuperarla). Los distintos tipos de memoria (por su naturaleza, duración, contenido, forma de procesamiento) muestran la indisoluble conexión entre lo individual y lo social y la manera en que los procesos cognitivos se encuentran asociados a procesos sociales.2

El estudio de la memoria en su triple capacidad de adquisición, retención y recuperación es sumamente relevante para la cultura, puesto que garantiza -al interior de una comunidad particular- la transmisión de saberes adquiridos, savoir faire, creencias y tradiciones que no constituyen una información plana, sino que a su vez son portadores de fines, valores, símbolos, significaciones.3

La memoria permite que una comunidad comparta la capacidad de construir sentido e identidad.

En este trabajo discutiremos teóricamente distintas propuestas que desde la semiótica, la historia y la antropología cultural se han planteado para reflexionar sobre el papel de la memoria colectiva. Retomaremos la semiótica de la cultura para repensar la cultura como memoria y la manera en que se transmiten, registran y conservan los textos y los códigos de la cultura en la memoria de una comunidad. Nos apoyaremos en la tesis de Maurice Halbwachs4 sobre la memoria colectiva para pensar que existe una memoria social objetivada que condensa las representaciones colectivas de los grupos culturales y que se construye, se transforma y se transmite a través de la interacción de los individuos de una comunidad ubicada en un cronotopo específico.5 También revisaremos la relectura que hace Assmann6 sobre Halbwachs a través de los conceptos de memoria cultural y memoria colectiva y las propuestas desde la antropología de la memoria de Candau. Estos tres autores pueden articularse para una mejor explicación de los mecanismos que regulan la cultura en el proceso de su desarrollo.

1. La semiótica de la cultura

A principios de los años sesenta se inicia la etapa de producción teórica de la escuela de Tartu-Moscú, que congregó alrededor de estos centros de conocimiento a filólogos y lingüistas preocupados por el estudio de las obras de la cultura rusa. Sus trabajos trascendieron la frontera de lo lingüístico y se orientaron al análisis de objetos no lingüísticos: los textos de la cultura. Sus reflexiones los condujeron paulatinamente a plantearse preguntas acerca del funcionamiento y el carácter de la cultura en general, lo que da origen a un nuevo metalenguaje y una nueva meta-teoría para explicar el carácter semiótico de los fenómenos culturales.

Los representantes de la escuela de Tartu-Moscú -Iuri Mijailovich Lotman, Boris A. Uspenski, Vladimir N. Toporov, V.V. Ivanov, Alexander M. Piatigorski, entre otros- sientan las bases de lo que hoy conocemos como semiótica de la cultura. En un principio, como heredero de la tradición estructuralista, Lotman resalta la necesidad de la creación de una teoría general de la estructura que comprenda todas las formas de organización del mundo entendido a manera de un continuum que abarca tanto las manifestaciones físico-naturales como las culturales. Para contribuir con esta tarea se plantea delinear la unidad de la descripción de la cultura y proponer un perfil de su ubicación entre las formas más amplias y generales de organización.7 Posteriormente, trasciende el estructuralismo a partir de sus planteamientos sobre la dinámica cultural.

La semiótica de la cultura presenta un modelo meta-teórico que nos permite realizar un análisis sistemático de la cultura considerada como un sistema complejo de significación. Estas propuestas toman como objeto de estudio a la cultura con sus múltiples lenguajes, es decir, sistemas semióticos heterogéneos de diverso grado de complejidad y dinamismo. Realizaremos una interpretación teórica de las propuestas de la escuela de Tartu-Moscú para ofrecer perspectivas transdisciplinarias para el análisis de la memoria como fundamento de la cultura. Para ello revisaremos las categorías de texto, cultura, traducción y memoria. Es importante recalcar que ninguna de las categorías mencionadas se mantuvo como un postulado acabado o estable a lo largo de la vasta producción teórica de la escuela. Al igual que sus postulados meta-teóricos acerca de la cultura, su pensamiento fue dinámico y dialéctico, por lo tanto intentaremos seguir la evolución de las categorías en sus distintas etapas, sus rasgos, los aspectos vigentes y los factibles de ser revisados o reelaborados.

2. La cultura como objeto de la semiótica

Las aportaciones que realiza la escuela de Tartu-Moscú para la comprensión de la cultura son numerosas. La cultura es una categoría nodal que adquiere mayor complejidad a medida que se desarrolla el trabajo de la escuela. Partimos de la reflexión de Uspenski, quien sostiene que la cultura debe ser entendida como un sistema que se encuentra entre el hombre (como unidad social) y la realidad que lo rodea (el mundo exterior), sirviéndole como regla y modelo: "La cultura en el sentido semiótico amplio es entendida como el sistema de las relaciones que se establecen entre el hombre y el mundo. Este sistema, por una parte, reglamenta la conducta del hombre; por otra, determina cómo este último modela el mundo".8

Es así que la cultura se constituye como un sistema de reglas (códigos) que le permiten al sujeto aprehender su entorno. Este sistema que le permite al hombre construir su relación con el entorno es básicamente un sistema de organización, conservación, transmisión y creación de información.9 El hombre la utiliza y la transforma en un proceso de intercambio permanente con el mundo exterior. Solamente a través de este flujo es posible la vida social.

La pregunta acerca del sentido se inscribe en estas reflexiones sobre la naturaleza de la cultura. Para explicar cómo la cultura se constituye como un entorno estructurado de relaciones e información, un sistema semiótico, Lotman utiliza la categoría de semiosfera. Como fuentes para la concepción de la semiosfera y del carácter dinámico de la cultura, Lotman se basa en la idea de biosfera de V. I. Vernadski y en la teoría de la entropía y los sistemas dinámicos que trabaja Ilya Prigogine.

La naturaleza de la cultura es, en principio, entrópica, pero la semiosfera cumple con la función de semantización del caos. La semiosfera es una matriz generadora de sentido, un espacio de significación compartido que permite la semiosis: "Solo la existencia de tal universo semiótico hace realidad el acto sígnico particular".10 La semiosfera posee un carácter delimitado y heterogéneo. Esto implica la existencia de fronteras porosas y flexibles que constituyen espacios liminales de intercambio de información con el exterior.

Hacia el interior, la semiosfera aparece como un continuum en el que interactúan sistemas semióticos diversamente estructurados. En la semiosfera se manifiestan la heterogeneidad interna del espacio semiótico y el poliglotismo semiótico de la cultura. Precisamente la intersección de estas diferentes organizaciones estructurales es la fuente de la variabilidad histórica y el dinamismo en sus distintos niveles.11 Los textos, códigos o lenguajes heterogéneos de la cultura coexisten, dialogan, interactúan, se alimentan y contraponen.

Para explicar los procesos dialógicos entre los distintos lenguajes, códigos y textos de la cultura, Lotman utiliza la categoría de traducción. La traducción se convierte en un mecanismo semiótico inherente a los procesos culturales: explica el funcionamiento, los intercambios y los procesos de reproducción del sentido cultural.12 Esta comprensión de los procesos de intercambio de información y de interpretación de lenguajes o códigos culturales es una importante aportación de la escuela.

La traducción es un proceso indispensable para el funcionamiento de la cultura. El poliglotismo cultural implica un intercambio permanente de información entre los distintos sistemas culturales. A través de un mecanismo metaforogenético13 la cultura produce textos en todos sus niveles y logra la traducción en una situación de intraducibilidad. Los textos producidos son impredecibles e irreversibles, son nuevos textos. Para Lotman14 la generación de sentido es precisamente la capacidad de la cultura para producir textos nuevos.

Los textos que se encuentran fuera del espacio semiótico, es decir, fuera de este sistema de códigos y estructuralidad compartida, son incompresibles. Para que estos adquieran realidad para una semiosfera dada, le es indispensable traducirlos a uno de los lenguajes de su espacio interno, es decir, semiotizar los hechos o textos no semióticos. En el caso de la semiosfera, la frontera realiza la función de traducción de los mensajes externos al lenguaje interno de la semiosfera y a la inversa. De esta manera la semiosfera puede entrar en contacto con los espacios no semióticos y extrasemióticos.

Lotman, al igual que Rossi-Landi,15 recalca que al interior de una comunidad semiótica van a existir ciertos códigos que se ubiquen como dominantes (los que poseen un lugar hegemónico respecto a los otros y que consiguen imponer sus principios estructurales y organizativos). Para Rossi-Landi esto es resultado de la acción de un grupo dominante que posee el control de la emisión y circulación de los mensajes verbales y no verbales constitutivos de una comunidad particular. La diferencia de poder entre los códigos es explicada por Lotman a través de la relación entre centro y periferia. Los códigos dominantes se situarían en el centro, constituirían el núcleo de una semiosfera dada, mientras que los elementos marginados, caóticos, desordenados o los traductores se ubicarían en la periferia.16

Si consideramos que la cultura es un continuum, su dinamismo no puede reducirse a una oposición simple entre elementos sin considerar la complejidad de las relaciones y su gradiencia. El dinamismo continuo de estructuras dominantes y subordinadas dentro de la semiosfera refleja los juegos de poder que, como Merrel17 apunta, deben considerar también las estrategias de seducción, la negociación, la complicidad, la subversión, además de la aceptación, la conveniencia, la contradicción. Esta lógica del poder e ideológica, sumada a los niveles de estructuralidad, explicaría por qué ciertos textos, códigos o lenguajes permanecen, son visibilizados u olvidados en la evolución e interacción de los distintos sistemas culturales.

Todos los niveles de la semiosfera (desde el hombre, el texto aislado, hasta las unidades semióticas globales) representan semiosferas imbricadas unas con otras en un juego complejo de relaciones. Es decir, la semiosfera puede ser considerada como un sistema de sub-semiosferas, articuladas de manera heterogénea, dinámica e impredecible dentro del espacio semiótico: "La cabida intelectual de la semiosfera es determinada por el hecho de que ella se presenta ante nosotros como intersección, coincidencia, inclusión de una dentro de otra, de un enorme número de mónadas, cada una de las cuales es capaz de operaciones generadoras de sentido. Es un enorme organismo de organismos".18

La semiosfera se encuentra definida por dos movimientos que existen en mutua correlación y dependencia: por una parte existen procesos graduales de desarrollo, con relativa estabilidad y por otra, hay procesos explosivos en los que se dispara el ritmo de la evolución en direcciones impredecibles. Como se puede entrever, la dinámica de los procesos culturales no se da en forma sincrónica. El momento de la explosión es un momento de dramático crecimiento del nivel de información de todo el sistema,19 un detonante para su desarrollo y capacidad creativa, algo que se observa en las transformaciones profundas que provocan las olas migratorias o los cambios en los sistemas políticos.

3. La cultura como memoria, las memorias de la cultura

En esta compleja explicación sobre el dinamismo de los procesos culturales, Lotman resalta el papel de la memoria como un elemento constitutivo de los lenguajes y el mecanismo que posibilita la comunicación. Principalmente en tres de sus artículos, "La memoria a la luz de la culturología", "La memoria de la cultura" y "Sobre el mecanismo semiótico de la cultura" explica que "la cultura es una inteligencia colectiva y una memoria colectiva, esto es, un mecanismo supraindividual de conservación y transmisión de ciertos comunicados (textos) y de elaboración de otros nuevos".20 La cultura es concebida como una inteligencia colectiva puesto que:

a. conserva y transmite información (tiene mecanismos de comunicación y memoria): posee un lenguaje y puede formar mensajes correctos;

b. realiza operaciones de transformación correcta de esos mensajes;

c. forma nuevos mensajes.21

Como lo hemos mencionado, Lotman y Uspenski22 resaltan la capacidad semiótica de la cultura para generar dar sentido al caos y a partir de ello multiplicar su capacidad creadora: "La capacidad que la cultura tiene de transformar la entropía que la circunda en información, de crear dentro de sí misma lenguas y textos radicalmente nuevos, así como su relación con el mecanismo de la memoria colectiva, permiten considerarla como una persona colectiva que, más específicamente, llega a ser vehículo de la inteligencia colectiva". En este sentido es importante destacar el papel que juega la memoria como elemento sustantivo de la cultura en su capacidad creativa y como sistema inteligente.

La cultura como mecanismo generador de estructuralidad requiere de un conjunto de reglas (lenguajes) que articula todo un sistema de conservación y de transmisión de la experiencia de una colectividad: "Todo funcionamiento de un sistema comunicativo supone la existencia de una memoria común de la colectividad. Sin memoria común es imposible tener un lenguaje común".23 Para que la experiencia colectiva se transforme en cultura, debe ser percibida, clasificada y registrada a través de sus múltiples lenguajes, convirtiéndose así en un elemento de la memoria. La memoria entonces es el sustrato de la comunicación y la identidad, puesto que genera la percepción de la existencia ininterrumpida de la cultura. Podemos entender la memoria cultural como el continuum semiótico en el que se conservan textos y códigos (lenguajes) compartidos por una comunidad de sentido específica.

Puesto que los niveles de estructuralidad de la cultura son diversos, las diferentes comunidades semióticas y los distintos lenguajes generan memorias heterogéneas. No son equivalentes ni su volumen sincrónico ni su profundidad diacrónica: una mayor complejidad del lenguaje permitirá la producción, transmisión y acumulación de información más compleja.24 Las memorias múltiples (M1, M2, M3, M4...Mn) corresponden a sistemas semióticos distintos con sus correspondientes lenguajes o códigos (L1, L2, L3, L4..Ln) que a su vez establecen relaciones complejas y dinámicas con otros niveles de la sociedad y con el mundo exterior.

Fuente: elaboración propia.

Figura 1 La cultura como memoria, las memorias de la cultura. 

Las diversas memorias corresponden a distintas comunidades de recuerdo, establecen relaciones complejas y dinámicas entre sí en función de las relaciones de poder de cada contexto espacio-temporal y las condiciones generadas para su producción y conservación: convergentes, divergentes, incluidas, excluidas, dominantes, periféricas, paralelas, de negociación, superposición, etcétera.

Las políticas de la memoria responden a esos intereses, ideologías, valores que se imponen sobre los de otras comunidades de recuerdo en un momento determinado. Sin embargo, dado que los juegos de poder son dinámicos, en el futuro las memorias excluidas de un tiempo pueden ser recuperadas de innumerables formas. Los textos, los lenguajes, los discursos -cargados de memoria y con la capacidad de reproducir el código en que fueron construidos- se actualizarán de acuerdo con el contexto que los reciba.

"Los estados pasados de la cultura lanzan constantemente al futuro de ésta sus pedazos: textos, fragmentos, nombres y monumentos aislados. Cada uno de estos elementos tiene su volumen de 'memoria'; cada uno de los contextos en que se inserta, actualiza cierto grado de su profundidad".25

Este proceso explica por qué los productos culturales del pasado se convierten en mecanismos dinámicos y agentes del presente en el momento en que son recuperados por los sujetos en contextos espacio-temporales (cronotopos) distintos a los de su producción. Por tanto, la cultura debe ser entendida como una memoria de larga duración puesto que tiene la capacidad de aumentar su volumen de información (autoacumulación), reformular el sistema codificante, olvidar26 y volver a recordar.

A partir de la revisión de la producción de la escuela de Tartu-Moscú proponemos la siguiente definición operativa de cultura:

  1. La cultura es un sistema semiótico dinámico y complejo.

  2. La cultura es sistema generador de estructuralidad, organizador, modelizante.

  3. La cultura es el resultado del movimiento continuo entre ectropía (la tendencia a la organización y estructuralidad) y entropía (la tendencia al caos).

  4. Los lenguajes, códigos y textos de la cultura pueden articularse en cualquier nivel tanto hacia el interior como hacia el exterior. Por lo tanto, las transformaciones de la cultura poseen un carácter impredecible: no es posible determinar cuáles serán las vías que seguirá su desarrollo dinámico.

  5. La cultura es un mecanismo de conservación (autoacumulación), transmisión y generación de nueva información (capacidad creativa). Por lo tanto funciona como un complejo sistema de comunicación gracias a la interacción de sus diversos lenguajes.

  6. La cultura es un sistema sujeto a la autoevaluación y selección no natural de textos (memoria) a través de las diversas relaciones de poder y coyuntura entre los distintos niveles y elementos que la conforman.

  7. La selección de textos implica la condensación de un corpus de contenidos que implica un corpus de recuerdos (conjunto de memorias entretejidas, imbricadas, coincidentes, paralelas o contrapuestas, convergentes, divergentes) que le permiten construir la idea del carácter ininterrumpido de su existencia.

  8. El poliglotismo de la cultura (la coexistencia de múltiples lenguajes-códigos) la conduce a un proceso de traducción e intercambio permanente. La relación con otros lenguajes fuera del espacio semiótico conduce a un momento de aceleración (explosión) de los procesos internos.

  9. Los múltiples lenguajes, códigos o textos de la cultura poseen profundidad variable de memoria, estructuración y organización. Esta condición de la cultura marca el carácter mnemónico de los diversos lenguajes propios de cada sistema semiótico, cargados cada uno de su propia memoria e interrelacionándose entre sí de diversas formas y en cualquiera de sus niveles.

El estudio de la memoria como práctica semiótico-discursiva no puede ser aislado de sus condiciones sociales de producción, circulación y recepción. Como en toda producción simbólica, es necesario el reconocimiento de la posición discursiva y social de los sujetos que producen la memoria y los sujetos que la reproducen. En el caso de la memoria social, a diferencia de la memoria personal, el papel de las instituciones que potencian o restringen la construcción o reproducción de la memoria cumple un papel eminentemente ideológico.

4. Los mecanismos de transmisión de la memoria

Uno de los problemas principales para el estudio de la memoria como representación compartida de un grupo es analizar las formas en que se transmite. Si consideramos a la cultura como un sistema de significación, entonces la transmisión al interior del sistema debe proceder de acuerdo con las reglas que rigen los lenguajes: un código que permita articular signos para ser transmitidos. El código debe ser compartido socialmente para que tenga la posibilidad de ser identificado, registrado y transmitido. "La memoria se encuentra inscrita en quienes la poseen y es transferida sólo a los miembros del grupo",27 es decir, a los miembros que se encuentran conformando una comunidad.

Cada cultura crea sus propios códigos y mecanismos de registro en función de lo que considere pertinente recordar. Como hemos visto, existen numerosas posibilidades de registro de la memoria: diversas necesidades de recuerdo desarrollarán memorias variadas y, por lo tanto, formas de registro alternativas. Una visión glotocéntrica, centrada en la lengua, defenderá los registros textuales como los registros de excelencia, sin embargo, es fácil demostrar que en la práctica los sujetos diversifican los sistemas de registro de la memoria de acuerdo con la multiplicidad de sus recuerdos (visuales, sonoros, gustativos, espaciales, etc.).

En el contexto del mundo contemporáneo, las posibilidades de transmisión y conservación de la memoria se han ampliado gracias a la tecnología. Para una persona con acceso a un dispositivo electrónico resulta relativamente sencillo conservar un volumen considerable de archivos de texto, imágenes o música que luego puede compartir con sus familiares y amigos. Por otra parte, la televisión por cable e Internet permiten el acceso a un corpus casi infinito de información.28 Sin embargo, precisamente el fenómeno del incremento en el volumen de información a niveles inimaginables vuelve, en la práctica, mucho más complejo su proceso de selección y transmisión.

Para Candau29 los contactos interpersonales (la familia, la escuela, el grupo de amigos, la colectividad) que antes representaban la modalidad principal de transmisión de la memoria colectiva, constituyen actualmente una opción con menor alcance e impacto. Según este autor, la memoria mediática, a la que hoy se suma Internet, inunda los espacios de representación simbólica de la sociedad y resulta difícil sustraerse a su influencia.

La transmisión de la memoria no es una simple operación de traslado de contenidos: conlleva un momento de creación por parte del receptor, quien adopta la información y consiguientemente la transforma (la corrige, la interpreta, la incrementa, la reduce), lo que garantiza su posibilidad de innovación y de reproducción.

"Toda la especie humana, sin excepción, se caracteriza por una adquisición acumulativa y adaptativa del saber. El capital memorial transmitido por las generaciones anteriores nunca se fosiliza: es objeto de adiciones, supresiones y actualizaciones que lo enriquecen de manera permanente".30

No es casual que la sociedad escoja uno u otro medio para la transmisión y el registro de su memoria. Cada medio tiene sus propias características, sus ventajas y desventajas; pero además, cada tipo de recuerdo prefiere un cierto medio; cada medio es favorable para un determinado tipo de memoria y tiene sus propias reglas de construcción y de lectura. Lo que ocurra con los recuerdos va a depender también del medio escogido para su transmisión y su registro. Para Burke31 los recuerdos se ven afectados por la organización social de la transmisión y por los medios empleados para la misma.

De acuerdo con lo que hemos mencionado, podemos proponer un esquema que sintetice los principales aspectos de la transmisión de la memoria. Por una parte, el hecho de que se transmita a través de un contacto interpersonal directo o indirectamente a través de algún medio (libros, imágenes, etc.). En un segundo momento habría que considerar el mecanismo por el cual es transmitida la memoria, esto es, visual (lectura de textos, percepción de imágenes), sonoro (historias, mitos, canciones, música, ruidos), olfativo (olores, aromas), performativo (aprendizaje de técnicas, oficios, prácticas, formas de uso de los objetos) y el espacial (a través del recorrido de un espacio, de su uso, etc.). Por último, tenemos a los responsables de la transmisión de la memoria, el sujeto y todas las instituciones sociales en las que se inserta: el grupo social (familia, religión, clase social, grupo político, género, profesión, filiación deportiva), la escuela, el Estado y los medios de comunicación. Otro aspecto fundamental en el proceso de transmisión es la coyuntura, entendida como contexto (histórico, social, económico y político del momento) y también como sistema de relaciones en la esfera social.32

Las formas de registro pueden aparecer de manera independiente, pero frecuentemente encontramos que el registro es una mezcla heterogénea de recursos: por ejemplo, los videos poseen texto, imágenes, diferentes movimientos de cámara, música; las canciones texto y música; la danza, coreografía, vestuario, música, expresión corporal, etc. En casos como estos en que nos encontramos ante textos semióticos complejos, es necesario considerar cómo se articulan los diferentes lenguajes involucrados y cómo interactúan para la construcción del registro.

Para hacer referencia a la coexistencia de lenguajes, Assmann33 menciona que el saber (la memoria) puede aparecer representado y transmitirse a través de una forma de performance multimedial (texto, voz, cuerpo, mímica, gestualidad, danza, ritmo y acción ritual).

Consideramos necesario contemplar el fenómeno de la memoria como un proceso complejo y dinámico en el que no se produce una simple transmisión de información, sino una cadena de significaciones que posibilitan la vida de los sujetos en colectividad. La memoria se registra concretamente y es una manera de observar objetivamente la relación de un grupo con respecto a la información, las técnicas, los valores, los gustos, es decir, con respecto al sistema de significaciones válido para el grupo en un contexto y tiempo dado.

Para Candau, transmitir una memoria es también heredar "una manera de estar en el mundo".34 Podríamos añadir que se hereda también una manera de "ser en el mundo", es decir, que en el nivel más profundo, la memoria puede dar cuenta de los procesos ideológicos e identitarios que se manifiestan concretamente en el registro de la memoria colectiva de una cultura.

En el proceso de transmisión de la memoria es necesario considerar que ésta posee tanto una dimensión retrospectiva como una prospectiva.35 La memoria no solo reconstruye el pasado, proporciona elementos para consolidar la unidad y la permanencia, sino que además, se proyecta hacia adelante en el tiempo y reorganiza la experiencia del presente y del futuro.

5. La dimensión semiótico-discursiva de la memoria

A partir de la revisión de las principales categorías planteadas por la Escuela de Tartu-Moscú, proponemos la necesidad de considerar la memoria como un proceso semiótico y discursivo para alcanzar una mayor operatividad analítica.

Las tipologías existentes caracterizan la memoria a partir de sus rasgos. Haremos una revisión de estas tipologías y luego propondremos una aproximación semiótica al fenómeno de la memoria. En un primer nivel, se clasifica a la memoria en función del papel del sujeto en su selección y registro como memoria voluntaria (consciente) o memoria involuntaria (inconsciente); por los sujetos participantes: memoria individual, memoria colectiva;36 por la posición que ocupa la memoria con relación al poder dentro de la esfera social: memoria oficial, memoria periférica, contramemoria37 por su forma de organización y transmisión: ritualizada, institucionalizada o espontánea; por las características de su producción: memoria mecánica (repetitiva), memoria creativa (generativa, interpretativa, imaginativa);38 por su configuración emocional o intelectual: memoria afectiva, memoria cognitiva; por su orientación temporal: retrospectiva y prospectiva; por el medio de transmisión: interpersonal o mediatizada; por sus contenidos: memoria histórica, memoria cultural.39

En cualquiera de los casos es importante recordar que estas tipologías se realizan únicamente con fines heurísticos, puesto que en la práctica, la memoria se constituye como continuum40 (v. Tabla 1) y resulta inapropiado considerar a diversas "memorias" como fragmentadas, olvidando que todos los aspectos o posibilidades de la memoria se encuentran presentes al mismo tiempo y que la relación entre ellas es una dinámica permanente de cruces y entretejidos, no siempre simples o armónicos. Para el sujeto, la memoria es una construcción integral que se desdobla, pero en la que todos sus aspectos se encuentran imbricados.

Tabla 1 Dimensiones de la memoria.  

Fuente: Elaboración propia.

En el caso de los detentadores de la memoria, podemos ampliar aún más las posibilidades de la memoria por su adscripción a un grupo social determinado, es decir, por la fuente de producción, conservación y transmisión de la memoria. En este caso se habla de memoria biográfica, familiar, generacional, profesional, etc.41 Es una de las referencias más frecuentes. En este sentido sería importante recordar que la memoria, como herramienta ideológica, va a estar entretejida con todo el sistema institucional de aparatos ideológicos42 que entran en juego en el sistema social en todos sus niveles.

Candau43 propone además hacer una distinción entre la memoria explícita (objetos, animales), la memoria semántica (formas, abstracciones, símbolos) y la memoria icónica (multimedios, televisión, cine). En este caso se considera memoria explícita a la memoria originada en el mundo físico, material, mientras que la memoria semántica sería producto de la abstracción de la mente humana y la icónica el resultado de la articulación de varios sistemas semióticos. En relación con estos criterios, sostenemos que la memoria es un proceso cognitivo (el resultado de la semiosis) en todos los casos, que se materializa a través de los productos objetivos. Es decir, lo que denomina Candau como memoria material, no es sino el resultado de esos procesos de codificación, registro y luego materialización que el sujeto realiza.

Otros autores proponen clasificaciones de la memoria según su registro sensorial. Mientras que Burke44 propone la tradición oral, la historia escrita, la imagen, las acciones, los rituales y el espacio, Connerton45 plantea como base el registro sensorial: memoria espacial, visual, olfativa, performativa. Las tipologías construidas en función de los sentidos pueden resultar operativas, aunque presentan cierta dificultad en su aplicación, puesto que en la práctica se encuentran simultáneamente presentes en un mismo registro. La Tabla 2 ilustra el fenómeno de la memoria como un proceso de producción de sentido que se manifiesta a través de la multiplicidad de sistemas semiótico-discursivos.

Tabla 2 La memoria como proceso semiótico-discursivo.  

Fuente: Elaboración propia.

6. El análisis de la memoria en los lenguajes

Las formas en que se materializa la memoria en los lenguajes y las posibles opciones de análisis desde una perspectiva semiótico-discursiva pueden ser esquematizadas a partir de la determinación del nivel de análisis, las unidades y las posibles categorías analíticas. Planteamos que para el estudio de la memoria en las lenguas naturales es necesario recurrir a las herramientas metodológicas de la lingüística (nivel léxico-semántico) y del análisis del discurso (nivel discursivo). A cada nivel le correspondería una unidad de análisis: la palabra en el nivel léxico-semántico, a partir de la cual se pueden determinar los rasgos semánticos, y las relaciones de homonimia/sinonimia, intensión/ extensión, entre otras posibilidades. En el nivel discursivo la unidad mínima puede ser variable, dependiendo del enfoque: desde el objeto discursivo, el enunciado, los discursos o las formaciones discursivas. En este nivel se abren muchas líneas de análisis en términos de las condiciones de producción, circulación y recepción de los discursos, las relaciones interdiscursivas, intertextuales, intersemióticas; el análisis de los marcadores discursivos, los procesos de enunciación, modalización, implícitos (presupuestos y sobreentendidos), etcétera.

Cuando estudiamos la memoria en los lenguajes no verbales (espacial, audiovisual, gestual, etc.) es necesario utilizar los modelos de la semiótica para el análisis de las semiosis o los sistemas semióticos. La decisión sobre las unidades de análisis y los modelos analíticos dependerá de la postura teórico-metodológica del investigador, ya sea desde la semiótica estructural, cognitiva o desde la semiótica de la cultura. Los modelos para comprender los fenómenos socioculturales como fenómenos de producción de sentido deben articular de manera congruente las propuestas disciplinarias, los niveles de análisis, las unidades de análisis y las categorías analíticas. Para el caso de la memoria, lo sintetizamos en la siguiente tabla (V. Tabla 3 en página siguiente):

Tabla 3 El estudio de la memoria en los diversos lenguajes.  

Fuente: Elaboración propia.

A partir de estos planteamientos es importante hacer la distinción sobre el hecho de que el estudio de la memoria en el campo de las ciencias del lenguaje puede abordarse desde la concepción de la memoria como un fenómeno que no se manifiesta únicamente en la lengua natural, sino también en todos los lenguajes de la cultura. Un acercamiento distinto es estudiar la memoria no como fenómeno que se inscribe en el lenguaje, sino como un elemento, un término de la lengua natural, un lexema, que posee rasgos que lo distinguen y lo ubican en un campo semántico específico. Otra aproximación sería el análisis de los discursos que constituyen la memoria -de una cultura, de un sujeto, independientemente de la manera en que se materialicen- y en los que se aborda la memoria objetivada como producto o como praxis. En este caso, los discursos que naturalmente genera la memoria serían la evidencia -parte y resultado- de un proceso tanto cognitivo como social. Es decir, un proceso que se manifiesta a través de distintas expresiones materiales y prácticas formas culturales.

Puesto que consideramos la memoria como una práctica y un proceso semiótico-discursivo, nuestra definición de memoria reproduce las características de las semiosis/discursos sociales.46 En este sentido nuestro planteamiento es que su análisis -como práctica de producción de sentido- debe realizarse siguiendo las propuestas teórico-metodológicas de la semiótica y del análisis del discurso. A partir de estas consideraciones proponemos la siguiente definición operativa de memoria:

  1. La memoria es una práctica sociocultural e histórica.

  2. La memoria debe ser entendida como una práctica semiótico-discursiva y como fundamento de la producción y reproducción del sentido.

  3. La memoria, como práctica semiótico-discursiva, debe ser analizada en sus condiciones de producción, circulación y recepción.

  4. La memoria debe ser comprendida en una triple dimensión: como proceso cognitivo (semiosis) que involucra por una parte la codificación, el procesamiento y el registro de información y por otra su decodificación (recuperación e interpretación de esos registros); como el conjunto de prácticas semióticodiscursivas que permiten su reproducción; y como los productos de ese proceso.

  5. La memoria es uno de los principales fundamentos de la producción y reproducción cultural.

7. Latinos en Estados Unidos: expresiones multidimensionales de la memoria

Estudiar los diferentes mecanismos a través de los cuales se registra y se transmite la memoria colectiva, los principios de selección y transmisión de los recuerdos, sus variaciones espacio-temporales y las diferencias de acuerdo con las distintas comunidades de latinos inmigrantes en Estados Unidos nos puede proporcionar información para explicar cómo operan los mecanismos de transmisión cultural considerando las múltiples variables que entran en juego y sus consecuencias en la manera de concebirse a sí mismos y a los demás.

En las imágenes presentadas a continuación revisaremos ejemplos de estas materializaciones de la memoria en la praxis cotidiana. En primer lugar, una pareja bicultural, el padre de familia cubano-americano de segunda generación, la madre de familia dominicana de primera generación. Esta familia, a través de la preparación y consumo del ajiaco (potaje de viandas y carnes) reproduce las prácticas alimentarias de la cultura de origen de la primera generación (Cuba) y las mantiene en los Estados Unidos: es un caso de memoria culinaria, considerada performativa como práctica cultural, pero a la vez es una memoria material, porque el guiso es un producto cultural tangible como resultado de esa praxis.

Es importante recalcar el papel fundamental de la mujer en el caso de la reproducción de la memoria performativa: la abuela cubana es quien cocina, convoca y por tanto contribuye a la reproducción y conservación de la memoria. Si la abuela -el sujeto que resulta ser el eje de la memoria familiar, por ser el único vínculo vigente con la isla- no consigue transmitir el savoir-faire a la siguientes generaciones, solamente se mantendrá la memoria gustativa-olfativa como recuerdo, pero sus descendientes serán incapaces de reproducir este guiso, es decir, se perderá la memoria performativa.

Familia cubano/americano-salvadoreña cenando ajiaco

Primera, 1.5 y segunda generación

College Park, Maryland.

Figura 1 Memoria performativa  

En la siguiente imagen observamos un altar para la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, en la residencia de una inmigrante cubana de primera generación, que lleva en Estados Unidos 44 años de inmigrada. Otra vez, observamos en este caso cómo es la mujer quien construye el altar (memoria material) en un espacio significativo del hogar y reproduce la memoria religiosa-ritual a través de la oración (memoria performativa). De esta manera se objetivan las prácticas culturales, se refuerza la identidad, se mantienen los referentes culturales, la conexión con la isla y el sentido de pertenencia a la comunidad, a pesar de la distancia y el tiempo.

Altar de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba

Residencia de una inmigrante cubana de primera generación

College Park, Maryland.

Figura 2 Memoria material 

En la última imagen, tomada en el barrio latino de Langley Park, se muestra el tipo de comercios que abundan en la zona y que permiten la conservación de la memoria entre los inmigrantes que lo habitan: venta de música, productos étnicos, restaurantes étnicos, envío de dinero a Latinoamérica, etc. El barrio étnico en Estados Unidos recrea a su manera la atmósfera urbana de las comunidades de origen: el ruido, la música, la gente en la calle, la familiaridad, las conversaciones.

Langley Park es un típico ejemplo de cómo funciona la economía del enclave étnico:47 ofrece todos los servicios que los inmigrantes necesitan. Lo que nos interesa resaltar aquí es que el enclave étnico satisface necesidades básicas de los inmigrantes explotando la memoria étnica, creando lo que podríamos llamar una economía de la nostalgia, es decir, satisface las necesidades materiales de los migrantes, pero con una dimensión emocional. El barrio se convierte de esta manera en una fuente permanente de alimentación de la memoria colectiva del grupo étnico: un lugar-memoria.48

Tienda de música latina y envío de dinero

Langley Park, Maryland.

Figura 3 Memoria sonora 

Estos tres ejemplos ilustran las formas en que los inmigrantes latinos en Estados Unidos poseen y generan recursos para la conservación de la memoria a través de sus prácticas cotidianas. Sin embargo, es necesario recordar que las condiciones para la producción y reproducción de la memoria son variables según el contexto. En el caso de la lengua, a menos que existan condiciones formales para que los niños de segunda generación la aprendan (como es el caso de la Escuela Argentina en Washington D. C.), la probabilidad de ser menos competentes en español que la primera generación y, por tanto, perder la memoria lingüística, es sumamente alta.

8. Conclusiones

En este trabajo hemos sintetizado las principales aportaciones de la semiótica de la cultura para la comprensión de los procesos culturales como procesos semióticos. La escuela de Tartu-Moscú nos ofrece una propuesta valiosa para el análisis y la comprensión de la cultura como un sistema complejo, dinámico y heterogéneo con la capacidad de generar estructuralidad entre los diferentes elementos y lenguajes que la componen.

La base del dinamismo de la cultura -su capacidad de conservación y creación de nuevos textos- se debe a la heterogeneidad entre sus distintos niveles estructurales y la condición del poliglotismo es un rasgo fundamental para explicar los procesos de transformación e intercambio cultural. La memoria es el sustrato que permite esos intercambios y que garantiza la capacidad creadora, dinámica y comunicativa que caracteriza a los sistemas culturales. A partir de la propuesta lotmaniana la cultura se comprende como un sistema semiótico complejo y dinámico que condensa y genera información a través de un conjunto de memorias heterogéneas.

Revisamos las propuestas existentes para el estudio de la memoria y hemos planteado la comprensión de la memoria como una práctica social y simbólica y como tal factible de ser analizada a través de las herramientas metodológicas que ofrecen la semiótica y el análisis del discurso. Podemos resumir que el problema de la memoria desde una perspectiva semiótico-discursiva debe ser abordado en tres distintos niveles:

  1. Como proceso cognitivo dinámico que involucra la construcción simbólica de sentido, la semiosis, y que implica la articulación significativa y permanente de la memorización, la rememoración y el olvido.

  2. Como praxis social, el conjunto de prácticas significativas cotidianas en que los sujetos reproducen performativamente las diversas memorias de la cultura.

  3. Como el producto de ese proceso cognitivo y esa praxis social: el registro de la memoria en cualquier tipo de soporte, es decir, los textos y discursos de la memoria (historia oral, documentos, imágenes, objetos, etc.) y su gramática (códigos, lenguajes).

En el primer nivel, como proceso cognitivo, los distintos momentos de la memoria (memorización, rememoración y olvido) pueden explicarse como resultado de una semiosis individual enmarcada en un contexto sociocultural. En el segundo nivel, la memoria es una práctica significativa cotidiana en la que los sujetos reproducen la memoria social. En el tercer nivel, como producto de ese proceso, entendemos los textos, discursos, lenguajes de la memoria como construcciones significantes con gramáticas particulares. Cada uno de estos momentos implica una opción metodológica distinta:

  1. el estudio de la semiosis de la memoria: los procesos cognitivos que permiten la producción de sentido y la generación de memoria;

  2. el estudio de la praxis de la memoria: los procesos cotidianos de producción y reproducción de la memoria colectiva; y

  3. el estudio de los productos y las gramáticas de la memoria: los textos, discursos, códigos, lenguajes de la memoria.

Por eso es necesario asumir los procesos cognitivos, las prácticas semiótico-discursivas y los productos semiótico-discursivos como una construcción integral y compleja de la memoria, un proceso ininterrumpido en el que se articulan distintos niveles de producción y reproducción cultural.

Acercarnos a la memoria como fenómeno semiótico-discursivo nos permite identificar cuáles son las repercusiones en el sistema social derivadas de los procesos de construcción de sentido tanto de naturaleza individual como colectiva. Las estrategias de construcción de sentido de los sujetos, efectuadas como producto de la relación compleja entre lo cognitivo y lo emotivo, se plasman en el sistema social a través de prácticas, relaciones, objetos, en las que lo microsocial puede explicar lo macro-social. El estudio de las memorias de la cultura en sus múltiples manifestaciones a través de sus códigos o lenguajes (visual, textual, performativo, multimodal) nos puede permitir comprender sus mecanismos y sus implicaciones para la vida social.

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1Friedhelm Schmidt-Welle (coord.), Culturas de la memoria: teoría, historia y praxis simbólica, Siglo XXI, México.

2Hans Markowitsch, "Tras la huella de la memoria. La neurofisiología de la memoria autoritaria", en Friedhelm Schmidt-Welle (coord.), Culturas de la memoria: teoría, historia y praxis simbólica, Siglo XXI, México, 2012).

3Joel Candau, Anthropologie de la mémoire, Presses Universitaires de France, París, 1996.

4Maurice Halbwachs, On Collective Memory, The University of Chicago Press, Chicago and London, 1992.

5Peter Torop. Total'nyj Perevod, Tartu University Press, Tartu, 1994.

6Jan Assmann, La memoria culturale. Scrittura, ricordo e identità politica nelle grandi civiltà antiche, Einaudi, Torino, 1997.

7Iuri Lotman, La semiosfera I. Semiótica de la cultura y el texto, Cátedra, Madrid, 1996, p.28.

8Boris Uspenski, "Sobre el problema de la génesis de la Escuela Semiótica de Tartu-Moscú", en Escritos, Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje, núm. 9, enero-diciembre, 1993, pp. 199-212.

9Uspenski, "Sobre el problema de la genesis...,op.cit., p.210; Vyacheslav Ivanov et al.,Tesi sullo studio semiotico della cultura, Pratiche Editrice, Parma, 1980, p. 35.

10Iuri Lotman. La semiosfera I. Semiótica de la cultura y el texto, Cátedra, Madrid, 1996, p.24.

11Iuri Lotman, "La semiótica de la cultura y el concepto de texto", en Escritos, Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje, núm. 9, enero-diciembre, 1993, p. 16; Iuri Lotman, La semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio, Cátedra, Madrid, 1998, p. 152.

12Paola Ricaurte, "Diálogos interculturales: la migración como traducción", Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura, núms. 17-18, 2011.

13Es decir, un dispositivo generador de metáforas, puesto que la metáfora, según lo deja entrever Lotman y según lo que sostenemos aquí, es uno de los mecanismos eficaces para salvar la inconmensurabilidad e intraducibilidad de los lenguajes.

14Lotman, La Semiosfera II, op. cit., pp. 142 y ss.

15Feruccio Rossi-Landi, Semiotica e ideologia. Applicazioni della teoria del linguaggio come lavoro e come mercato. Indagini sulla alienazione linguística, Bompiani, Milano, 1994.

16Lotman, La semiosfera I, op. cit., pp. 27 y 42.

17Floyd Merrell, "Lotman's Semiosphere, Peirce's Categories, and Cultural Forms of Life",en Sign System Studies 29, núm. 2, 2001, p. 407.

18Lotman, La Semiosfera II..., op. cit., p. 147.

19Lotman, 1992, pp. 26-8.

20Lotman, La Semiosfera I..., op. cit., p. 157.

21Lotman, La Semiosfera II..., op. cit., p. 25.

22Iuri Lotmany Boris Uspenski, "Sobre el mecanismo semiótico de la cultura",en La semiosfera III. Semiótica de las artes y de la cultura, Cátedra, Madrid, 2000, pp. 168-193.

23Lotman, La Semiosfera II..., op. cit., p. 155.

24Idem.

25Ibid., p. 162.

26Lotman y Uspenski, La Semiosfera III..., op. cit., pp. 174 y 191.

27Jan Assmann, La memoria culturale. Scrittura, ricordo e identità politica nelle grandi civiltà antiche, Einaudi, Torino, 1997, p. 15.

28Según datos de Internet Live Stats, a fines de 2014 Internet alcanzará la cifra de mil millones de sitios, http://www.internetlivestats.com/total-number-of-websites/

29Joel Candau, Anthropologie de la mémoire, Presses Universitaires de France, París, 1996.

30"Toutel' espèce humaine sans exception se caractérise parune acquisition du savoir cumulative et adaptatif. Le capital mémoriel transmis par les générations précédentes n'est jamais fossilisé: il fait l'objet d'ajouts, de suppressions et d'actualisations qui l'enrichissent en permanence". Mi traducción. Candau, Anthropologie de la mémoire..., op. cit., p. 114.

31Peter Burke, Formas de historia cultural, Alianza, Madrid, 2000, p. 70.

32Regine Robin, "Discours politique et conjoncture",en L'Analise du Discours, Centre Educatif et Culturel, Montreal, 1976.

33Assmann, La memoria culturale..., op. cit., pp. 30 y 31.

34Candau, Anthropologie de la mémoire..., op. cit., p. 113.

35Assmann, La memoria culturale..., op. cit., p. 10.

36Halbwachs, On Collective Memory.

37Candau, Anthropologie de la mémoire..., op. cit., p. 75.

38Ibid., 49.

39Assmann, La memoria culturale.

40Agradezco a la Dra. Julieta Haidar su insistencia en este aspecto tan relevante para la comprensión del fenómeno de la memoria.

41Candau, Anthropologie de la mémoire..., op. cit., p. 52.

42Louis Althusser. Aparatos ideológicos del Estado, Nuevo Sol, México, 1971.

43Candau, Anthropologie de la mémoire..., op. cit., pp. 44-48.

44Peter Burke. Formas de historia cultural, Alianza Editorial, Madrid, 2000.

45Paul Connerton, How Societes Remember, Cambridge University Press, Cambridge, 1989, p. 22.

46Julieta Haidar, Debate CEU-Rectoría. Torbellino pasional de los argumentos, UNAM, México, 2006.

47Alejandro Portes y Rubén Rumbaut, Immigrant America: A Portrait, University of California Press, Berkeley & Los Angeles, 1990.

48Pierre Nora, "Les lieux de la memoire", en Representations, núm. 26, Primavera, 1989, pp. 7-24.

Recibido: 04 de Septiembre de 2012; Aprobado: 26 de Agosto de 2013

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