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Migración y desarrollo

Print version ISSN 1870-7599

Migr. desarro vol.16 n.31 Zacatecas Jul./Dec. 2018

 

Memorias

Memories

François Soulard

Nosotros, migrantes y organizaciones de migrantes involucradas en las migraciones de diversas partes del planeta, estamos transitando actualmente un mundo en pleno tumulto hacia un destino tan nuevo como amenazante e incierto.

Desde los albores de los tiempos, hemos hecho de la movilidad una posibilidad de ser protagonistas de nuestros destinos en pos de alcanzar mayores grados de seguridad y solidaridad individual y colectiva. La migración siempre ha sido y seguirá siendo consustancial a las realidades internacionales, a la humanidad y al ser humano. Si ayer nos desplazábamos por necesidad y en búsqueda de esperanza, muchas veces en función de las corrientes religiosas, de las guerras y de las promesas del comercio, hoy nos seguimos desplazando por los mismos motivos, pero también por las desigualdades, las crisis ambientales, el productivismo desarrollista, el trabajo y los nuevos conflictos globalizados.

Hoy, una de cada siete personas en el planeta es migrante y experimenta las múltiples formas de movilidad humana. Hoy, por primera vez después de las mayores conflagraciones mundiales del siglo pasado, llegamos a ser aproximadamente 65 millones de desplazados forzados y refugiados, dentro de los cuales buena parte proviene de la incapacidad del sistema internacional en abordar la inestabilidad del Medio Oriente. Contra viento y marea, con esperanzas y contradicciones, hemos abrazado y amplificado el inédito movimiento de mundialización que une irreversiblemente a cada rincón del planeta en un nuevo destino común planetario. Somos 250 millones de migrantes que cruzamos fronteras y nos convertimos en migrantes «transnacionales» (3.3 por ciento de la población mundial).

Somos 750 millones de migrantes que desarrollamos una movilidad interna dentro de un mismo país, y que llegamos a vivir, la mayoría de las veces, en grandes ciudades. De esa forma, hemos sido vectores de riqueza (constituimos aproximadamente 30 por ciento de la fuerza laboral del planeta), de nuevas ciudadanías y de luchas sociales. Hemos generado nuevos mundos intersociales e interculturales y hemos perturbado en numerosas ocasiones el orden establecido. Nuestro Norte se ha vuelto el Sur, por así decirlo, ya que la balanza demográfica global se inclinó ineludiblemente hacia el Sur global, y seguiremos migrando hacia los países occidentales. Hoy, somos testigos directos de que los muros, las identidades nacionalistas exacerbadas, la erosión del derecho a la movilidad, los conceptos de «migración regular y segura» y la negación migratoria, todas ellas señales características de un mundo atrapado en sus disputas y su pasado, nos envuelven, nos apartan o nos matan.

Se afirma una tendencia a la degradación de la movilidad humana, espejo de la degradación de las relaciones dentro de la comunidad transnacional. En las últimas décadas, percibimos que la gran transición de la arquitectura de poder, que hemos acompañado como migrantes y que acontece bajo las fuerzas de la mundialización, está generando nuevos niveles de contradicciones y desafíos para los pueblos y la comunidad global. Más allá de la disputa de poderes, vemos que nuevos mundos emergen y pujan para existir, mientras nuestras bases institucionales siguen arraigadas en otras épocas y otros momentos históricos. Este imán del pasado tiende a fomentar la represión migratoria como un «daño colateral» o un «mal necesario» para extirpar tales contradicciones, por encima de las buenas voluntades y de las normativas multilaterales que ya existen en el ámbito transnacional.

Rechazamos esta perspectiva destructiva que, al igual que otros temas de la agenda internacional, no contempla la raíz sistémica y compleja de los problemas. De algún modo, nuestros movimientos como refugiados son directamente un medidor proporcional al grado de inestabilidad del tablero internacional. Nuestra lucha migrante se sitúa con claridad en esa encrucijada. En el fondo se trata de una lucha por disputar una sociedad y una matriz de mundialización positiva, legítima, democrática, no excluyente, por una visión integradora de los pueblos y la diversidad del mundo en el que quepan todos los mundos. Es, en efecto, una lucha solidaria y transversal a otras luchas éticas, económicas, políticas, ambientales, civilizatorias, locales y globales.

Por lo tanto, sentimos que nos encontramos en el umbral de una nueva etapa migratoria. Si con anterioridad se trataba de disputar un cambio de concepción del fenómeno migratorio y de expandir el pleno reconocimiento de la movilidad humana apoyándose en una relativa apertura multilateral, ahora se trata además de argumentar nuevos modelos de estabilidad global y de globalización capaces de responder a las exigencias de un mundo radicalmente interdependiente y, por lo tanto, en ruptura con sus lenguajes previos.

A partir del momento en que ciertos polos de poder responden de modo creciente con proteccionismo, autoritarismo o segregación, y habilitan a las sociedades a instrumentar la migración como una moneda de intercambio a favor del fascismo social, del oportunismo político, de la militarización y de la fabricación de enemigos. Entonces, es necesario expandir los esfuerzos de lucha, desde las resistencias territoriales hasta la búsqueda de los fundamentos mismos de un mundo intersolidario, interconectado, socialmente más justo e igualitario. Este desafío nos supera como migrantes y no hemos logrado unirnos lo suficiente. Por eso nos sentimos llamados a construir nuevas alianzas e imaginarios.

El próximo año 2018 será sin duda emblemático de la movilidad humana en el acontecer mundial

En términos de agenda de movilización y de debate multilateral, ya en septiembre de 2016 recordamos que la Asamblea General de las Naciones Unidas organizó una Cumbre de Alto Nivel sobre los Refugiados y los Migrantes. En esa ocasión, 193 Estados miembros firmaron la Declaración de Nueva York (NYD), un plan común para dirigirse a los movimientos a gran escala de refugiados y migrantes. Los días 3 y 4 de diciembre de 2017, se llevó a cabo la consulta con los jefes de Estado de 193 países en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, cuyos moderadores fueron México y Suiza. Se espera que a finales de 2018 la Asamblea de la ONU discutirá y aprobará el plan recomendado por la consulta mundial realizada para sellar un pacto con una Plataforma Global sobre refugiados y migrantes.

Rumbo a este proceso, en Tiquipaya, Bolivia, se realizó en junio de 2017 la Conferencia Mundial de los Pueblos por un Mundo sin Muros hacia la Ciudadanía Universal, del que resultó un decálogo de propuestas para derribar los muros y construir una ciudadanía universal. Por otro lado, organizaciones civiles y religiosas se reunieron en Berlín en el marco del Foro Global de Migración y Desarrollo (FGMD), con posicionamientos similares a los de Bolivia. Posteriormente, el papa Francisco dio a conocer veinte puntos de acción sobre los pactos globales de la ONU. En todos los comunicados de las reuniones anteriores observamos que coinciden en el eje siguiente: superar la perspectiva hegemónica de política migratoria que plantea una gestión de las migraciones de manera «regular, ordenada y segura», por una visión humanista que permita «acoger, proteger, promover e integrar» a las personas migrantes, reafirmando la movilidad humana como un derecho arraigado en la igualdad esencial del ser humano.

Si bien defendemos plenamente dicho eje, tenemos que admitir que los contrastes entre los marcos normativos y el «descarte migratorio» que opera de facto el sistema internacional actual no pararán de crecer mientras no tengamos otros esquemas de equilibrio global y nuevos niveles de movilización social.

Promover la movilización popular a escala mundial para derribar bloqueos-muros (decálogo)

En 2018, paralelamente al desarrollo de los planes de la NYD, México será la sede para organizar el 8º Foro Social Mundial de las Migraciones. Celebramos que un comité organizador nacional haya quedado conformado. Dos de los debates centrales de las reuniones entre académicos, profesionistas, técnicos y activistas del tema migratorio son: 1. Si al 8º FSMM se le concibe como un evento o como un proceso y cuál sería el producto de su realización. 2. Qué se espera de la NYD en la Asamblea General de la ONU en 2018.

Sabemos que muchas organizaciones, incluyendo técnicos, especialistas, profesionistas, académicos y trabajadores sociales con orientación institucional, aportaran sus conocimientos del tema a través de las distintas instancias de consulta celebradas dentro del NYD sobre el Pacto Global. No cabe duda que en los resolutivos de la Asamblea General de la ONU vendrán en un lenguaje extraordinario con perspectiva de derechos humanos universales, que serán como poesía a los oídos de toda la comunidad.

Pero en la línea de las contradicciones ya aludidas, sabemos también que los Estados nacionales ya están negociando con los países receptores pactos globales de seguridad y desarrollo. La seguridad nacional es hoy la prioridad inmediata en Europa y América Latina; muestra de ello es la frontera de México con Guatemala, donde en cuestión de meses el Comando Sur ha operado con el respaldo de los gobiernos en turno y en espera de capitales e inversiones.

Por lo anterior, la secretaría técnica del 8º FSMM México 2018 convoca en la Ciudad de México, los días 2, 3 y 4 de noviembre del 2018 para que se den cita representantes, académicos y activistas de organizaciones y movimientos de resistencia en el mundo entero, con reuniones presenciales o virtuales, y se sumen para coordinar las acciones que se llevarán a cabo en sus regiones, países y lugares determinados y que así sean convenidos entre los participantes. Todo ello dentro de un «Compromiso Migrante Global», cada quien según sus capacidades, para dar inicio en el contexto de la movilidad activa y combativa, producto de las luchas de la resistencia existentes, a la Jornada Mundial de la Movilidad Global. Movámonos todos, movamos todo, es tiempo de migrar hacia otro mundo posible.

François Soulard, licenciado en Ciencias de la Tierra por la Universidad de Rennes 1, Francia, es activista, comunicador social e integrante del Foro Mundial de Medios Libres, creado en el marco del Foro Social Mundial 2016. En 2003 fundó la asociación Traversées. Sus trabajos se articulan en torno de transformaciones personales y colectivas, comunicación política, sustentabilidad y sistemas de gobernanza. Desde 2012 coordina una plataforma digital de apoyo a redes e iniciativas ciudadanas que propone herramientas de publicación on line, colaboración a distancia, debates e inteligencia colectiva.

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