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Migración y desarrollo

versión impresa ISSN 1870-7599

Migr. desarro vol.14 no.26 Zacatecas ene./jun. 2016

 

Artículos

Rescatando valores ancestrales y creando nuevos lazos: el transnacionalismo chino en América Latina

Recovering ancestral values and creating new bonds: Chinese transnationalism in Latin America

Alejandro Portes* 

Ariel C. Armony** 

*Profesor de Sociología emérito de la Universidad de Princeton y profesor-investigador de la Universidad de Miami, USA.

**Profesor de Ciencia Política y Director del Centro de Estudios Internacionales en la Universidad de Pittsburgh, USA.

Resumen:

Revisamos la evolución de las relaciones económicas y políticas de China con América Latina atendiendo especialmente al creciente poder y presencia de la República Popular China en todos los países del continente y la revitalización de las comunidades chinas y sus organizaciones en respuesta a esta presencia. Actualmente, China no sólo exporta bienes industriales y capital a América Latina, sino también empresarios, estudiantes y comerciantes. Esta doble presencia china "por encima", a través de las relaciones entre los Estados, y "por debajo" mediante la inmigración y el fortalecimiento de las organizaciones transnacionales ha tenido un creciente impacto en las sociedades receptoras que no siempre han visto esta penetración simultánea con buenos ojos. Describimos los principales resultados de los artículos en este número basados en estudios intensivos de las comunidades y organizaciones chinas en cuatro países latinoamericanos.

Palabras clave: transnacionalismo; inmigración; desarrollo; asociaciones étnicas; China; América Latina

Abstract:

This article reviews the evolution of the economic and political relationships between China and Latin America, with particular attention given to the growing power and presence of the People's Republic of China throughout all countries of the continent and the revitalization of Chinese communities and their organizations in response to this presence. Currently, China not only exports industrial goods and capital to Latin America, but also businesspeople, students and merchants. This dual Chinese presence "from above", through inter-State relations, and "from below" via migration and the strengthening of transnational organizations, has had a growing effect upon the receiving societies that have not always cast a welcoming eye upon this simultaneous incursion. We describe the key results of the articles in this issue based on intensive studies carried out on the Chinese communities and organizations in four Latin American countries.

Key words: transnationalism; migration; development; ethnic associations; China; Latin America

El transnacionalismo Chino en América Latina

Generalmente el estudio de las comunidades inmigrantes se ha caracterizado por el énfasis en individuos y familias, centrándose en sus historias y condición actual. Pocas veces se ha prestado atención a la red de organizaciones construidas por estas comunidades y su importancia tanto en facilitar la integración de los inmigrantes como en mantener sus lazos con el país de origen (Portes y Fernández-Kelly, 2015). Tal omisión es lamentable porque a través de las organizaciones los grupos de inmigrantes son capaces de erigirse en interlocutores válidos de los gobiernos, tanto del país emisor como del receptor, y de otras entidades importantes en ambos países.

Ciertos gobiernos de los países emisores han superado este atraso de la investigación académica estableciendo relaciones activas con las asociaciones creadas por sus emigrados y aun creándolas cuando no existían anteriormente. El gobierno de México, por ejemplo, ha establecido múltiples relaciones con su gran comunidad en el exterior, concentrada en Estados Unidos. A través de decenas de consulados, el gobierno mexicano ha organizado plazas comunitarias en múltiples ciudades estadounidenses, imparte clases de castellano e inglés, informa a los inmigrantes de sus derechos y organiza, junto a las asociaciones de éstos, festividades cívicas como el 5 de mayo, fecha patria mexicana. El gobierno ha ido más allá y ha establecido el programa 3x1 mediante el cual por cada dólar que aportan las asociaciones de emigrantes para el desarrollo de sus comunidades de origen es triplicado con un dólar del gobierno federal mexicano, un dólar del gobierno estatal y un dólar del municipio beneficiado. El 3x1 ha funcionado efectivamente hasta concentrarse en el vehículo preferible por el cual las comunidades en el exterior apoyan el progreso de sus pueblos y regiones oriundas (Escobar, 2007; Portes, 2015).

El gobierno de la República Popular China también ha sido muy activo en este campo estableciendo oficinas de relaciones con los chinos de ultramar (overseas Chínese) a nivel nacional, provincial y municipal, y organizando una multitud de programas y actividades para ellos. Por su parte, las comunidades de emigrantes chinos han creado, por iniciativa propia, toda una red de organizaciones -desde las tradicionales basadas en un apellido común o la misma región de origen hasta las más modernas, de profesionales y graduados de universidades en China (alumní associations) (Zhou y Lee, 2015).

América Latina recibió grandes flujos de inmigrantes europeos durante el siglo XIX y principios del XX Argentina, Brasil, Chile y Cuba fueron los principales receptores. Estos movimientos disminuyeron rápidamente después de la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, la Gran Depresión (Portes y Walton, 1981). En la actualidad la migración europea a América Latina es mínima y, por el contrario, los grandes flujos ocurren en dirección contraria (Cachón, 2009; Zapata-Barrero, 2013).

Grandes contingentes de trabajadores chinos (coolies) migraron en siglo XIX y principios del XX a países como Cuba, México y Perú con el principal propósito de reemplazar la mano de obra indígena o africana que comenzaba a escasear por la implosión demográfica de los indígenas o el fin de la esclavitud (Thomas, 1971: 186-188 ; Hearn, 2015). Estos inmigrantes crearon comunidades cerradas, en parte para protegerse de la fuerte discriminación externa. Con el tiempo, sin embargo, fueron integrándose a las sociedades receptoras, aprendiendo el idioma y estableciendo empresas. En forma paralela a Estados Unidos, los inmigrantes y sus descendientes crearon áreas de concentración comercial, generalmente conocidas como "barrios chinos" en las principales ciudades de los países donde se asentaron. La proclividad de los chinos inmigrantes al autoempleo y de sus comunidades a la autosuficiencia económica es legendaria (Zhou y Lee, 2015; Hearn, 2015; Tamagno y Velázquez, 2015).

La historia de los chinos en América Latina no diferiría mucho de la de los inmigrantes europeos del siglo XIX, salvo que la inmigración china ha continuado y se ha re-energizado en tiempos recientes acompañando la creciente presencia económica y política de la Republica Popular China en nuestro continente. A diferencia de lo ocurrido con Europa, pocos latinoamericanos han emigrado a China pero un número creciente de chinos se ha hecho presente en países como Argentina, México, Panamá y Perú (Grimson et al., 2015; Rivera y Dussel, 2015).

Esta creciente presencia se debe a varios factores. Primero, compañías mul tinacionales chinas han importado su propio personal, desde ejecutivos hasta trabajadores calificados. Estas compañías tienen una presencia creciente en industrias extractivas como la minería y el petróleo y en grandes proyectos de infraestructura (Díaz y Gómez, 2015). La mayoría de esta inmigración es temporal, pero algunos deciden quedarse en el país receptor. Lo mismo ocurre con estudiantes chinos que, por miles, han venido a estudiar castellano, literatura, historia y otras materias en grandes universidades latinoamericanas como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) (Rivera y Dussel, 2015).

Otra causa de la nueva migración china a ciertos países de América Latina es el creciente desarrollo económico de la Republica Popular China y las mayores facilidades para los viajes al extranjero. Esto ha permitido a un número creciente de personas acumular ahorros y obtener créditos para su posterior inversión en otros países. Con estos fondos, nuevos inmigrantes de provincias como Fujian y Zhejiang han comprado comercios y creado restaurantes por decenas en ciudades como Buenos Aires y Ciudad de México. En Argentina, los supermercados chinos creados por esta nueva migración empresarial se han vuelto tan numerosos que varios municipios han debido restringir la creación de nuevos comercios en determinadas zonas (Grimson et al., 2015; Cachimex, 2013).

Este nuevo contingente migratorio reviste características únicas. En el pasado las migraciones internacionales ocurrían generalmente desde los países más atrasados hacia los más desarrollados o con más rápido crecimiento económico. En el presente caso, China, con uno de los crecimientos más rápidos del mundo, continúa exportando población incluyendo a países de África y América Latina. De esta manera, la creciente presencia China en estos continentes se manifiesta en forma doble: "por encima", a través de las embajadas, las grandes corporaciones, y visitas de dignatarios de alto nivel y "por debajo", mediante un flujo continuo de pequeños empresarios, estudiantes y trabajadores.

La cambiante relación sociopolítica entre América Latina y China

Desde comienzos del siglo XIX, el comercio con China y las inversiones de ese país en América Latina han crecido en forma acelerada. China es hoy en día el socio comercial más importante de varios países en la región, el segundo socio comercial de la región y ocupa el tercer lugar en la jerarquía de inversores para toda América Latina (Li, 2007: 840; Wang, 2015: 924). La presencia de China se ha enfocado principalmente en el sector extractivo y agrícola. América Latina exporta productos primarios a China e importa productos que van desde los textiles a computadores, telefonía celular y automóviles (Ellis, 2009: 220; Gallagher y Porzecanski, 2008). Muchos analistas han planteado que este modelo tiene consecuencias negativas para América Latina, ya que propicia un proceso de desindustrialización o primarización de la economía, y le impide a los países de la región desarrollar su capacidad innovadora y el desarrollo de su sector manufacturero, lo que perjudica su habilidad para competir globalmente (Jenkins y Barbosa, 2012: 59).

Más allá de las relaciones comerciales, la expansión de la presencia china en América Latina ha generado preocupación en Estados Unidos, donde algunos sectores han impulsado un debate sobre las motivaciones políticas de la República Popular China y su estrategia en una región que influye en la seguridad nacional estadounidense (Li, 2007). Ciertas inversiones en el sector extractivo y proyectos de infraestructura por parte de la República Popular China se han enfocado hacia países como Venezuela y Ecuador, los cuales mantienen una relación tensa con Estados Unidos. Desde Washington, algunos comentaristas han sugerido que Estados Unidos "está perdiendo" a América Latina, enfatizando que las relaciones comerciales de China con la región pueden tener consecuencias políticas significativas para Estados Unidos y su relación con el resto del hemisferio (Hakim, 2006). Beijing también ha avanzado una política que alinea los incentivos comerciales con una estrategia de reducir los lazos diplomáticos de Taiwàn con diversos países, particularmente aquellos en la zona del Caribe (Wang, 2015: 932).

La profundización de lazos económicos con América Latina tiene también profundos efectos a nivel social. Mientras que los gobiernos latinoamericanos han dado prioridad a la expansión del comercio y las oportunidades de inversión por parte de China, la población de estos países todavía no ha mostrado un completo entusiasmo por estas políticas. El incremento de la inmigración china, la saturación de mercados con productos chinos y la competencia en el sector manufacturero han creado incertidumbre y, en ciertos casos, recelo con respecto a la relación con China. Existe un sentimiento negativo hacia China en algunos sectores de la población, lo que puede dar lugar a un incremento de actitudes contra la presencia china en la opinión pública de varios países latinoamericanos. Las críticas hacia las empresas de origen chino, por ejemplo, se centran en acusaciones de violación de regulaciones laborales, destrucción del medio ambiente y la falta de respeto hacia las comunidades locales y su cultura.

El gobierno de la República Popular China ha puesto atención al "poder suave", desarrollando una diplomacia pública que busca estrechar los vínculos entre ambas partes. En este sentido, China ha expandido los intercambios educacionales, culturales y políticos en un esfuerzo por ganar "los corazones y las mentes" de los latinoamericanos (Armony y Velásquez, 2015). Estos programas incluyen becas de estudios, pasantías, intercambios de líderes jóvenes y de líderes políticos, así como también una fuerte inver sión en los institutos "Confucio", los cuales ofrecen instrucción en la lengua, cultura e historia china (Armony y Velásquez, 2015).

La mirada de los latinoamericanos hacia China es compleja y en ciertos aspectos, contradictoria. Pese a que una mayoría reconoce la importancia de China y su presencia en la región, existen temores por una posible dominación de China en los mercados domésticos y por los efectos que una China como poder global pueda tener en la región latinoamericana. Los ciudadanos de la región también expresan desconfianza en los productos chinos que se exportan a sus países y son generalmente críticos de las prácticas de negocios por parte de las empresas y comerciantes chinos (Armony y Velásquez, 2015). Es importante destacar que países como México presentan una historia de sentimientos antichinos reflejada en ataques contra la comunidad inmigrante. Si bien estos ataques y políticas discriminatorias se han superado en la actualidad, todavía existe hostilidad y protestas, a veces violentas, contra las comunidades de origen chino (Ellis, 2011: 90). En lugar de ver a estos inmigrantes como puentes para avanzar la cooperación entre países, la diáspora china es vista como "un ejército de avanzada" de la República Popular cuyo propósito es facilitar la invasión china a los países de la región (Hearn, 2012: 126).

En el contexto de la expansión de China en América Latina, debe tenerse en cuenta que el gobierno chino entiende las relaciones con la región desde un plano estratégico, como parte de un fuerte impulso orientado a extender su presencia e influencia a nivel global. Los componentes de dicha expansión incluyen la inversión extranjera, la promoción del Renminbi como moneda de reserva global, el acceso garantizado a recursos naturales y el uso de poder económico para sumar aliados diplomáticos (Aisch et al., 2015). Esta estrategia está íntimamente ligada a las relaciones políticas de China con los países en desarrollo. Por ello, China necesita presentar una nueva imagen, mientras avanza una agenda económica muy ligada a principios neoliberales aunque articulada en función de nociones como la de "desarrollo común" ( ) (Strauss, 2012).

También se debe destacar que un desafío clave para China es construir un discurso convincente en América Latina. La narrativa de desarrollo común, basada en la noción de complementariedad es útil pero no suficiente. Los países latinoamericanos no han visto todavía los resultados que esperaban de su interacción con China. Por lo tanto, la pregunta que todavía se debate es si los resultados actuales emergen del modelo de intercambio económico o si son una consecuencia de malas políticas de los gobiernos latinoameri canos, o de una combinación de ambos. Para Beijing, uno de los desafíos más importantes es el de crear un sentido de dirección común con los países latinoamericanos.

La agenda económica está sustentada en una agenda política que viene adquiriendo mayor importancia. China ha propuesto fortalecer su "cooperación comprehensiva" con América Latina, es decir, fortalecer la cooperación más allá de la esfera económica (Ministry of Foreign Affairs, 2008). Esta estrategia requiere vínculos políticos más fuertes, el fortalecimiento de intercambios a alto nivel y entre legislaturas, partidos políticos y gobiernos locales, y el mantenimiento de consultas regulares con los países latinoamericanos sobre temas de importancia internacional y regional. Esta agenda se complementa con un plan para intensificar la cooperación en ciencia, tecnología, educación y protección del medio ambiente. Se enfatiza la cooperación con las organizaciones regionales y subregionales. El establecimiento del Foro China-CELAC en 2014 y la primera reunión de ministros han sido importantes pasos políticos para avanzar esta agenda.

El primer foro ministerial China-CELAC, que tuvo lugar en Beijing en enero de 2015, acentuó la retórica de respeto por la soberanía y la no condicionalidad (Xinhuanet, 2015). Estas ideas encuentran eco en América Latina, particularmente porque provienen de un socio que puede reclamar que las bases morales de su relación con la región son diferentes que las de Estados Unidos. Además del interés en avanzar en asuntos de comercio, inversión y cooperación financiera, se busca incrementar intercambios de experiencias de gestión y diálogos constructivos sobre asuntos internacionales (Xinhuanet, 2015).

Para entender las implicancias políticas de la relación de América Latina con China es necesario explorar los elementos más dinámicos de su interacción. Por ello es importante mirar a los actores, entre ellos, las redes de la diáspora y la migración. La migración Sur-Sur es importante en los flujos de capital humano y laboral, y además sirve como puente entre los países en diversas dimensiones, incluyendo las conexiones de negocios y de comercio (Bodomo, 2010; Cissé, 2014). Esta mirada desde lo micro nos permite estudiar el desarrollo de redes que van más allá de los Estados y, a la vez, nos libera de un análisis que busca identificar a los ganadores y perdedores para abrir nuestra perspectiva a otros aspectos de la globalización. Los actores individuales y colectivos juegan un papel transnacional importante, actuando simultáneamente en su país y en el exterior. Si ignoramos el papel de estos actores, nos arriesgamos a construir una visión muy limitada de las relaciones bilaterales entre China y los países latinoamericanos. Por lo tanto, es fundamental examinar la diversidad de actores sociales, sus distintas agendas, percepciones y preferencias así como también sus formas de interacción, sus opciones estratégicas y las alianzas que establecen (Levy, 2015).

A partir de la apertura de China al mundo y el proceso de reformas económicas en las últimas décadas del siglo XX, el liderazgo de la República Popular China adoptó una política de promover relaciones con la diáspora china, alentando a los migrantes chinos a incorporarse a las sociedades de sus nuevos destinos. El gobierno chino pasó a proponer a sus ciudadanos en el exterior de "servir a su país desde el exterior" (weiguo fuwu ) en lugar de pedirles que "volvieran para servir al país" (huiguo fuwu ) (Yang, 2011). En las décadas de los ochenta y noventa, las asociaciones de chinos en ultramar adquieren una relevancia mayor cuando las autoridades chinas buscan atraer tanto capital de origen chino (para avanzar los objetivos de desarrollo económico) como empresarios chinos para participar en sociedades mixtas. El proceso de revitalización de las asociaciones de inmigrantes chinos y su conexión con su país de origen ofrece un ejemplo de un proceso simultáneo de globalización y "localización". Las redes de organizaciones chinas adquieren una dinámica mucho más intensa y los vínculos que desarrollan entre sí y con China impulsan una movilidad transnacional que combina una identidad "china" común a la vez que una pertenencia a las sociedades de destino (Candela, 2013).

Los trabajos que se incluyen en este número indican que las organizaciones de inmigrantes ofrecen una perspectiva sumamente rica para entender la dinámica de la relación entre China y América Latina. Además, es posible concluir que dichas organizaciones ofrecen un gran potencial para capitalizar las capacidades productivas y redes de la diáspora china en América Latina (Hearn, 2012: 117).

Organizaciones de inmigrantes, transnacionalismo e identidad

Como vimos anteriormente, el gobierno de la República Popular China ha estado a la vanguardia de las relaciones con sus comunidades en el exterior, desplegando una amplia gama de actividades e iniciativas para fortalecer estos vínculos. Esta política data del fin de la Revolución Cultural en China y de un cambio notable de actitud hacia los chinos de ultramar que pasaron de ser considerados "traidores" y enemigos del Estado a convertirse en aliados estratégicos para el desarrollo del país (Leung, 2008; Portes y Zhou, 2012). En la actualidad, el gobierno chino reconoce el papel vital que jugaron las inversiones privadas de empresarios inmigrantes en el éxito de las primeras zonas especiales de industrialización creadas bajo el mandato de Deng Xiaoping. Las inversiones y contribuciones filantrópicas de los chinos de ultramar facilitaron la entrada de las grandes multinacionales en las zonas especiales de exportación y, posteriormente, en todo el país y fortalecieron la infraestructura de las regiones de origen a través de la creación de escuelas, centros de salud y hasta universidades (Portes y Zhou, 2012; Leung, 2008).

El gobierno chino posteriormente institucionalizó estas relaciones con la creación de oficinas especializadas en los expatriados (Qiao-ban) a nivel nacional, provincial y local. El Partido Comunista creó una estructura para lela de atención a los inmigrantes (Qiao-lian) a los mismos niveles. Todo ese andamiaje se centra en fortalecer y perpetuar las relaciones con los aproximadamente 50 millones de chinos y sus hijos en el exterior. Como señalan Zhou y Lee para el caso de Estados Unidos, estas actividades persiguen menos generar nuevas remesas y contribuciones filantrópicas que estimular la transferencia de conocimiento científico y tecnológico y preservar la "buena imagen" de China en el exterior (Zhou y Lee, 2015).

En el caso de América Latina, las actividades de las embajadas con respecto a las comunidades de inmigrantes establecidas buscan menos la transferencia tecnológica que la facilitación de relaciones con los respectivos gobiernos y sociedades. Como no se trata de emigraciones profesionales o de grandes empresarios, los chinos de América Latina tienen poca o nula capacidad de transferir tecnología y sus actividades organizacionales son generalmente limitadas al entorno puramente doméstico (Grimson et al., 2015). Por otra parte, sus muchos años de residencia en el país receptor, a menudo abarcando varias generaciones, dota a las comunidades chinas de un amplio conocimiento de la lengua y costumbres de cada país. Esta información resulta de gran valor para el personal diplomático, a menudo poco conocedor del país en el que ha sido acreditado. De la misma manera, la capacidad de las organizaciones chinas locales para organizar recepciones y actos de bienvenida a dignitarios visitantes resulta ser un valioso recurso del que carecen otras representaciones diplomáticas en el mismo país (Díaz y Gómez, 2015; Tamagno y Velázquez, 2015).

Como en Estados Unidos, la preservación de la "buena imagen" de la Republica Popular China resulta ser de gran prioridad para las embajadas. Tal fin no siempre es fácil de alcanzar porque, si bien de una parte las comunidades chinas pueden organizar eventos de apoyo a las actividades de sus diplomáticos, por otra la presencia de organizaciones de chinos taiwaneses, históricamente contrarios al gobierno comunista, y de organizaciones tradicionales también opuestas a la misma ideología, han llegado a crear situaciones conflictivas con perjuicio de los planes y actividades oficialistas (Grimson et al., 2015). Por ello, uno de los propósitos claves de las embajadas es neutralizar actividades opositoras por parte de las comunidades inmigrantes establecidas en cada país, las que hacen peligrar la "buena imagen" que diplomáticos y dignatarios visitantes chinos tratan de proyectar.

Para combatir este peligro, el personal diplomático no puede obviamente recurrir a la coerción, como podría ser el caso si los opositores viviesen en China. En vez de ello, recurre a premios y recompensas, administradas juiciosamente para compensar a los colaboradores de las iniciativas oficiales y excluir a los opositores. Las recompensas incluyen invitaciones a cenas y banquetes oficiales, placas y premios económicos, viajes a China y becas para los hijos para estudiar o participar en campos de verano en China. En Perú, el país latinoamericano con la comunidad china más numerosa, estas políticas parecen haber surtido efecto llevando a una alianza de facto entre la embajada y las principales organizaciones comunitarias (Tamagno y Velázquez, 2015). En Argentina, en cambio, persisten las diferencias y posibles enfrentamientos con la comunidad taiwanesa residente opuesta a la creciente influencia y poder de los representantes de la República Popular China (Grimson et al., 2015).

Estas actividades, más la creciente presencia política y económica de China en América Latina, han tenido un doble efecto notable. Primero, han fortalecido los vínculos transnacionales de las organizaciones étnicas chinas, anteriormente limitadas a proyectos y actividades puramente domésticos dentro de cada país. En forma contraria a lo ocurrido en Estados Unidos, el transnacionalismo inmigrante, en este caso, no surge por iniciativa de las organizaciones de inmigrantes o las de sus descendientes, sino a partir de la reactivación de lazos con la sociedad y regiones de origen por iniciativa gubernamental (Portes y Zhou, 2012; Zhou y Lee, 2015). Puede afirmarse que el transnacionalismo inmigrante chino a partir de America Latina es, en gran medida, fruto de iniciativas "desde arriba", o sea, por parte del Estado emisor más que por la dinámica interna de las comunidades inmigrantes.

Una segunda consecuencia es el resurgimiento o reafirmación de la identidad étnica en un número significativo de miembros de estas comunidades. En particular, descendientes de chinos ya asimilados a la lengua y costumbres de las sociedades receptoras han experimentado, en grado creciente, un proceso de "re-sinificación", buscando aprender un idioma ya olvidado e identificándose como chinos, con o sin guión nacional (chinos-peruanos, etcétera). El creciente poder y prestigio de la República Popular China claramente influyen en este resurgir del orgullo étnico, pero también se asocia con las notables ventajas, materiales y sociales, que los vínculos con el personal de las embajadas y con ejecutivos de compañías chinas pueden acarrear (Tamagno y Velázquez, 2015).

Aparte de los aportes económicos y la distribución de premios y becas, un elemento importante que motoriza este transnacionalismo resurgente a partir del país de origen, es la creciente importancia otorgada por el gobierno chino a la filosofía confucionista y la difusión de sus valores. Los institutos "Confucio" creados por iniciativa gubernamental en casi todos los países latinoamericanos no sólo tienen la misión de enseñar el idioma, sino también difundir los valores culturales chinos. Las agencias gubernamentales encargadas de las relaciones con los chinos de ultramar han abandonado por completo la ideología marxista en favor de la confucionista. Así vemos cómo la oficina de Asuntos Chinos de Ultramar (Qiao-ban) del Consejo de Estado publicó en 2001 el libro Common Knowledge About Chinese Culture dirigido a estrechar lazos transnacionales a través de la difusión de ocho valores clave rescatados del pensamiento confucionista (Tamagno y Velázquez, 2015).

Tales valores incluyen los sentimientos patrióticos, la diligencia, la frugalidad y la honestidad. Difundidos por las embajadas, los institutos "Confucio" y otros medios a disposición de la poderosa maquinaria publicitaria oficial forman parte esencial del "poder suave" con el que China busca reafirmar su importancia en el mundo (Díaz y Gómez, 2015). La "re-sinificación" de segundas y terceras generaciones en países como Perú y México refleja, en gran medida, el nuevo orgullo étnico basado en la reafirmación de estos valores tradicionales. De esta forma, podemos decir que estamos frente a un fenómeno nuevo en el campo de la transnacionalidad inmigrante. La dinámica social surgida a partir de la creciente presencia de China en América Latina no encuentra precedente en estudios realizados en otros países. Esta presencia no sólo ha re-energizado los lazos de las comunidades inmigrantes con sus pueblos y regiones de origen, sino que ha despertado identidades étnicas, usos lingüísticos y tradiciones culturales relegadas u olvidadas anteriormente con el paso del tiempo y de las generaciones.

Contenidos del volumen

En su estudio sobre las asociaciones chinas en México, Sergio Martínez Rivera y Enrique Dussel Peters identifican cuatro tipos de organizaciones que se distinguen por la variación en las condiciones históricas que marcan su nacimiento y desarrollo, los cambios domésticos e internacionales que definen los flujos migratorios, y la naturaleza de las relaciones entre gobiernos a nivel estatal y nacional. Las asociaciones de inmigrantes chinos creadas en la primera mitad del siglo XX encuentran dificultades en renovarse generacionalmente y tienden a perder relevancia ante un escenario político muy distinto al que enmarcó su emergencia. Descendientes de inmigrantes chinos, muchos de ellos llegados a México hace varias generaciones, han formado organizaciones como respuesta al reciente "descubrimiento" de sus raíces chinas y su interés en desarrollar y profundizar el vínculo con la República Popular China, precisamente en el contexto de su ascenso como poder global.

Existen también asociaciones de inmigrantes chinos recientes cuyo propósito es avanzar una agenda de carácter comercial, especialmente en colaboración con organismos vinculados a la Embajada de la República Popular China. El cuarto grupo de organizaciones incluye a los inmigrantes chinos llegados a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Se trata de funcionarios vinculados a instituciones chinas, ejecutivos y empleados de empresas chinas, estudiantes, profesores y otros.

Entre otras conclusiones, Martínez Rivera y Dussel Peters explican que el origen y las características de la migración china a México han cambiado notablemente, lo que define el tipo de organizaciones que prevalecen hoy en día. La heterogeneidad de la comunidad china conspira contra una mayor cohesión entre los distintos grupos. La "nueva inmigración" en esta década, vinculada a las corporaciones chinas y a una clase empresarial y de comerciantes en crecimiento, apunta a un nuevo tipo de interacción con la República Popular China. También se destaca un tipo de intercambio más profundo con distintos actores del sector público chino. En general, existe una variación significativa en el tipo de vínculos internacionales y transnacionales que mantienen las distintas asociaciones de inmigrantes.

El estudio de Diana Andrea Gómez y Luz Díaz sobre las asociaciones chinas en Colombia identifica asociaciones propias de la comunidad inmigrante china, organizaciones creadas por el gobierno de la República Popular China, organizaciones de chinos y colombianos en el campo cultural y académico, entidades creadas por colombianos y enfocadas en el fomento de amistad con China, y cámaras de comercio binacionales que promueven los vínculos comerciales y de inversión entre ambos países. Este universo asociativo es, en gran medida, el resultado de un flujo migratorio limitado en comparación con otros países latinoamericanos, a consecuencia de una política inmigratoria excluyente y de corte racista hasta bien entrado el siglo XX, una política exterior que no ayudó a atraer una población inmigrante por su carácter fragmentario y contradictorio, y un extenso periodo marcado por conflictos armados -más de 70 años- que obviamente conspiró contra la creación de la condiciones de seguridad necesarias para el establecimiento de una comunidad inmigrante en Colombia.

En forma similar al caso mexicano, Colombia ha experimentado un cambio en el perfil de los migrantes chinos que llegan al país, pasando de un grupo de migrantes de bajo nivel educativo y socioeconómico (mayormente pequeños comerciantes) a un tipo de migrante vinculado a las empresas chinas transnacionales (funcionarios y altos ejecutivos) y caracterizado por un mayor nivel educativo y mayor entrenamiento profesional. Pese a estas diferencias, el estudio revela que la relación entre la comunidad china tradicional y los nuevos inmigrantes es cercana y se asienta en la confianza y un sentido de comunidad.

En Colombia, las autoras indican, el transnacionalismo está particularmente presente en el sector empresarial y se expresa de diversas formas, entre ellas los vínculos con oficinas gubernamentales en distintas ciudades chinas enfocados en la promoción comercial y de inversión. La presencia más importante de inmigrantes chinos calificados se encuentra en el sector de los hidrocarburos y las telecomunicaciones, con una presencia menos influyente en la construcción y otros sectores con presencia china. Las organizaciones de última generación tienden a promover una agenda que busca integrar lo político, económico, comercial y cultural. Estas organizaciones muestran un alto grado de cooperación y enfatizan la interacción con la comunidad local con el objetivo de profundizar la relación bilateral Colombia-China.

El estudio de Alejandro Grimson, Gustavo Ng y Luciana Denardi sobre organizaciones chinas en Argentina explica que la inmigración china en Argentina se caracteriza por una presencia importante de inmigrantes llegados de Taiwán, un transnacionalismo incipiente y una dispersión geográfica en la ciudad de Buenos Aires, así también como una presencia en segundas ciudades del país. La oleada más reciente de inmigrantes de la República Popular China se compone de grupos relativamente pobres que se orientan hacia la actividad comercial de pequeña escala, tales como supermercados, y un grupo muy limitado de empleados y ejecutivos de empresas chinas radicadas en Argentina y empresas locales adquiridas por inversores chinos. Grimson, Ng y Denardi identifican asociaciones compuestas por inmigrantes chinos, taiwaneses, chino-taiwaneses, chino-argentinos y taiwaneses-argentinos. En términos de sus objetivos, las organizaciones que forman parte del estudio se orientan a la actividad comercial, la celebración de fiestas y tradiciones étnicas, el desarrollo de actividades culturales y la enseñanza del idioma chino.

Las asociaciones de inmigrantes tienen vínculos de distinto tipo con representantes tanto de la República Popular China como de Taiwán. Estos vínculos incluyen relaciones con la Embajada de la República Popular China y la Oficina Comercial y Cultural de Taiwán. En el caso de la República Popular China, el énfasis está puesto en el impulso del comercio, las inversiones y la relación política con Argentina, centrada en asuntos como las Islas Malvinas o los países de los BRICS. Las organizaciones chinas se limitan a participar facilitando visitas de posibles inversores y otros visitantes. Por otra parte, las organizaciones religiosas mantienen relaciones con China, lo que también ocurre con las cámaras comerciales y empresariales.

De acuerdo con los autores, las asociaciones chinas mantienen relaciones transnacionales relativamente modestas y definitivamente incipientes cuando se las compara con países como Australia, Canadá y Estados Unidos. Sin embargo, el tipo de vínculo que establecen es similar al de estos países en cuanto a su alineamiento con el plan de expansión económica global impulsado por China. Una diferencia importante es que las remesas hacia China no parecen tener ningún tipo de relevancia en la relación con el país de origen.

Grimson, Ng y Denardi observan que los miembros de las asociaciones utilizan la categoría identitaria "chino" para señalar, principalmente, una pertenencia cultural. Los autores plantean una distinción entre "ser chino en sentido amplio", lo que significa una pertenencia a la cultura china -independientemente del lugar de nacimiento- y "ser chino en sentido estrecho", que se refiere exclusivamente al origen ligado a la República Popular China. Las categorías identitarias se expresan en la pertenencia a organizaciones, es decir, existen asociaciones exclusivas para inmigrantes chinos provenientes de China continental, otras que nuclean solamente a taiwaneses, y asociaciones en las que chinos y taiwaneses comparten la membresía sin diferencias o divisiones profundas.

Carla Tamagno y Norma Velásquez distinguen tres grupos de asociaciones chinas en Perú: aquellas creadas por inmigrantes de primera generación y que abarcan un abanico de actividades incluyendo la asistencia mutua, lo deportivo, lo religioso y lo empresarial; las asociaciones Tusan (aquellos nacidos en Perú) que se dedican a actividades de integración y difusión sociocultural; y las asociaciones peruano-chinas cuyo propósito es facilitar las relaciones entre Perú y la República Popular China, promoviendo actividades culturales, sociales y económicas. En su estudio, Tamagno y Velásquez identifican una gran variedad de vínculos entre las asociaciones étnicas y empresariales en Perú y la Embajada China, así como también un notable entramado de relaciones con diversos ministerios chinos y cámaras de co mercio provinciales en China (Zhou y Lee, 2015).

Tamagno y Velásquez concluyen que las redes familiares tuvieron un papel fundamental en la integración de los inmigrantes chinos y sus descendientes a la sociedad peruana, e hicieron posible el posicionamiento que tienen en la actualidad. En el contexto de la expansión de las empresas chinas en el exterior, las relaciones transnacionales de las asociaciones chinas en Perú se han desarrollado notablemente y tejen redes que facilitan el comercio y la inversión. En este proceso, organizaciones gubernamentales como el Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional y la Asociación para el Desarrollo de China en el Exterior mantienen relaciones fluidas con las asociaciones peruanas, creando una base fértil para la expansión de vínculos de negocios y el apoyo a las inversiones en Perú. Estas relaciones, tanto entre las asociaciones de inmigrantes como con la República Popular China, tienen un fuerte carácter de camaradería al mismo tiempo que se consideran estratégicas para ambos países. Las organizaciones de inmigrantes chinos en Perú son vistas por la República Popular China como un puente clave para la cooperación; en este sentido, se enfatiza un constante reconocimiento al papel que cumplen en la relación bilateral, promoviendo y reforzando sentimientos de lealtad y patriotismo hacia China.

Los estudios sobre organizaciones de inmigrantes chinos en México, Colombia, Argentina y Perú representan una mirada a un conjunto de actores que no habían sido incluidos, hasta el momento, en el análisis de la nueva relación entre China y Latinoamérica. Estas asociaciones nos permiten comprender la dinámica de los vínculos de China con la región a partir de una "globalización desde abajo", que abre una ventana a una serie compleja de interacciones que van más allá de los estados, las corporaciones o los individuos mismos (Cissé, 2014). Al mismo tiempo, los resultados de los estudios de caso presentados en este volumen muestran, como lo señalábamos anteriormente, un transnacionalismo diferente que refleja un proceso de reafirmación identitaria y, simultáneamente, una dinámica particular en la que las iniciativas gubernamentales se valen de organizaciones de la comunidad inmigrante para avanzar sus objetivos comerciales y políticos.

Agradecimientos

Agradecemos el financiamiento para este proyecto de las Iniciativas Arsht en Ética, parte de los programas en ética de la Universidad de Miami, y de la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Miami.

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Alejandro Portes nació en la Habana, Cuba. Es profesor de Sociología emérito de la Universidad de Princeton y profesor-investigador de la Universidad de Miami. Cursó estudios en la Universidad Católica Argentina, Universidad de Creighton, y Universidad de Wisconsin donde recibió su maestría y doctorado en Sociología. Fue director fundador del Centro de Migraciones y Desarrollo de la Universidad de Princeton. Sus últimos libros en castellano incluyen, Sociología económica: una investigación sistemática (Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 2013); Crecer en España: la Integración de los hijos de inmigrantes (Barcelona, La Caixa, 2014); y Las instituciones en el desarrollo latinoamericano (México, Siglo XXI, 2009).

Artel Armony nació en Buenos Aires, Argentina. Es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Pittsburgh y Director del Centro de Estudios Internacionales de esa Universidad. Sus publicaciones recientes incluyen: Beyond Raw Materials: Who are the Actors in the Latin America and Caribbean-China Relationship, Buenos Aires, Nueva Sociedad y Fundación Friedrich Ebert, 2015, con E. Dussel Peters, y "Anti-Chinese Sentiment in Latin America: An Analysis of Online Discourse", Journal of Chinese Political Science, (septiembre 2015, con N. Velásquez).

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