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Tzintzun. Revista de estudios históricos

versión On-line ISSN 2007-963Xversión impresa ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  no.78 Michoacán jul./dic. 2023  Epub 14-Sep-2023

 

Artículos

POLÍTICOS CIVILES EN TIERRA DE GENERALES. LA COMPETENCIA POR LA GUBERNATURA EN SONORA, 1929-1943

CIVILIAN POLITICIANS IN THE LAND OF GENERALS. THE COMPETITION FOR GOVERNMENT IN SONORA, 1929-1943

LES POLITICIENS CIVILS AU PAYS DES GÉNÉRAUX. LE CONCOURS POUR LE GOUVERNEMENT À SONORA, 1929-1943

Juan Carlos Lorta Sainz1 

Ignacio Lornzo Almada Bat2 

1El Colegio de Sonora

2El Colegio de Sonora


Resumen

El objetivo de este artículo es identificar actores civiles que iniciaron sus carreras políticas entre 1929 y 1943, para dilucidar qué hizo posible la transición de gobiernos presididos por generales veteranos de la Revolución mexicana a gobiernos compuestos por civiles profesionales de la política en sintonía con el contexto nacional, estableciendo un cambio generacional cuyos miembros fueron definidos como civiles que se presentaban como "técnicos abocados a la redención nacional a través del conocimiento y la lealtad al presidente".

Palabras clave políticos civiles; políticos militares; Sonora; posrevolución

Summary

The objective of this article is to identify civil actors who began their political careers between 1929 and 1943, to elucidate what made possible the transition from governments presided over by veteran generals of the Revolution to governments made up of civilian political professionals in tune with the national context, establishing a generational change whose members were defined as civilians, who presented themselves as "technicians dedicated to national redemption through knowledge and loyalty to the president".

Keywords civil politicians; military politicians; Sonora; post-revolution

Résumé

L’objectif de cet article est d’identifier les acteurs civils qui ont commencé leur carrière politique entre 1929 et 1943, d’élucider ce qui a rendu possible le passage de gouvernements présidés par des généraux vétérans de la Révolution à des gouvernements composés de professionnels de la politique civile en phase avec la politique nationale, instaurant un changement générationnel dont les membres se définissaient comme des civils, qui se présentaient comme des "techniciens dédiés à la rédemption nationale par la connaissance et la fidélité au président".

Mots clés politiciens civils; politiciens militaires; Sonora; post-révolution

INTRODUCCIÓN

La victoria en 1920 de la facción sonorense del constitucionalismo tuvo como resultado la hegemonía de los políticos formados en la etapa armada de la revolución, reforzando el surgimiento de una nueva élite derivada del círculo de los dirigentes revolucionarios, "élite que no solo fue una clase dirigente político-militar sino que más bien de ella se formó rápidamente una nueva burguesía de origen revolucionario, ya que sus representantes, paralelamente a su carrera político-militar, por lo general también ascendían" como empresarios.1

La importancia de los militares veteranos de la revolución era estratégica en la política nacional y sobre todo en la sucesión presidencial. El ejército fue el centro del poder en las sucesiones presidenciales de 1920, 1924 y 1928, que se dirimieron en el campo de batalla o en los cuarteles. La derrota de las rebeliones militares de 1924, 1927 y 1929, así como las reformas para disciplinar al ejército, contribuyeron a que este dejara su papel de árbitro de las disputas políticas nacionales a partir de los años treinta, y abandonara su función de policía política, que impuso un clima de intimidación durante la campaña vasconcelista y la rebelión cristera.2

Los presidentes Álvaro Obregón (1920-1924) y Plutarco Elías Calles (1924-1928), dieron al estado de Sonora una estabilidad apropiada para convertirlo en un laboratorio donde ensayaron sus proyectos sin enfrentar las mediatizaciones de sus opositores ni hacer las concesiones a las que se vieron obligados a nivel nacional. Así, no ocurrió una diarquía entre el gobernador y el jefe de operaciones militares, ni se registraron los llamados "camarazos" —maniobra que consistía en el desconocimiento del gobernador en turno y su reemplazo por un miembro de la cámara de diputados local, resultando la existencia de gobiernos paralelos que hacían necesaria la intervención del gobierno federal para arbitrar la disputa—, sino que se estableció un condominio caracterizado por el nepotismo en la ocupación de la gubernatura —un concuño de Obregón en 1923-1927, un tío segundo de Calles en 1929-1931, al que sigue el hijo mayor de Calles en el periodo 1931-1935— y por promover a nivel de alcaldes y diputados locales a empresarios afines, arreglo que cesó en 1928 por la muerte de Obregón y dio paso a un predominio de los callistas durante el Maximato (1928-1934).3

La subordinación disciplinada de los agentes políticos y sociales sirvió para desarrollar la iniciativa privada, en especial la vinculada con la agricultura exportadora ubicada en la faja costera, atraer inversiones estadunidenses en la agricultura y la minería, realizar una campaña contra los yaquis rebeldes en 1926-1928 y sujetar al sindicalismo independiente.4

Así, después de la etapa armada de la revolución (1910-1920) y de la década de los años veinte, la élite política local, con un componente militar, registró bases heterogéneas en lo territorial y lo socioeconómico, élite que se define para el periodo 1929-1943 como una minoría organizada alrededor de un núcleo de militares veteranos de la revolución y sus redes de relaciones (de parentesco, amistosas y por paisanaje) entrelazadas para participar en la política y los negocios.5

Esta minoría se organizó en camarillas que compitieron para obtener la gubernatura del estado, haciendo méritos para contribuir a la mezcla de coerción y consenso con la que se ejercía el poder político y atendiendo reglas informales y formales que impuso el presidencialismo centralizador en proceso de construcción, el partido hegemónico (PNR-PRM) y adaptándose a las fluctuaciones de la política nacional expresadas en alianzas, rupturas y reconciliaciones. De este modo, desde su origen, esta élite incluyó políticos civiles como Francisco S. Elías y Rodolfo Elías Calles.

Uno de los primeros intentos que pretendieron revertir la subordinación de los civiles a los militares fue el vasconcelismo, que tomó impulso en Sonora en 1928-1929, coincidiendo en 1929 con la última rebelión armada, efectuada por los obregonistas anticallistas y cuya supresión provocó la caída del general Fausto Topete como gobernador de Sonora. El vasconcelismo, por su parte, propuso llevar por medios democráticos a civiles al poder y alentó con su campaña la participación de jóvenes no allegados a los militares y que en las décadas siguientes remodelarían la competencia política.

Aun con la consolidación del cardenismo en Sonora, la hegemonía de los militares veteranos de la revolución no mermó. El Senado desconoció en diciembre de 1935 al ingeniero Ramón Ramos Almada como gobernador del estado, cuya carrera política estaba vinculada a Rodolfo Elías Calles. El general Jesús Gutiérrez Cázares,6 quien estaba en Sonora como jefe de las fuerzas militares en la región del Yaqui y era allegado al presidente Cárdenas, fue designado por el Congreso como gobernador substituto. El cambio anterior fue parte de la renovación de los cuadros políticos a nivel nacional y local para retirar el mando de tropa a militares identificados con el general Calles, ya que en los primeros dos años de su administración el presidente Cárdenas cambió a los jefes de operaciones militares en todo el país y el Senado desconoció a doce gobernadores de filiación callista.7

En Sonora, en el periodo presidencial del general Cárdenas, se tiene registro de una serie de gobernadores de extracción militar: los generales Jesús Gutiérrez Cázares (1935-1937), Román Yocupicio (1937-1939) y Anselmo Macías Valenzuela (1939-1943), pero todos ellos integraron civiles en la política, lo que permitió su profesionalización. Durante las tres décadas siguientes (1940-1970), tanto en Sonora como a nivel nacional se profesionalizó la élite gubernamental y se registró una estabilidad sin precedentes, en un contexto de auge económico y de crecimiento urbano que en el caso de Sonora detonaron la agricultura de riego, el sector servicios y una incipiente industrialización.

Este proceso cristalizó en un sistema político autoritario de pluralidad limitada,8 caracterizado por la presencia de políticos civiles, egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con experiencia en el servicio público y vinculados al partido gobernante. Una nueva generación de políticos se integró al gobierno hasta encabezarlo y relevar a los integrantes de la generación revolucionaria, proceso que culminó con la transferencia pacífica del poder político de los militares a los civiles, hecho excepcional en la América Latina de la época, cuando el 1 de diciembre de 1946, el general Manuel Ávila Camacho entregó la presidencia al licenciado Miguel Alemán Valdés.

La implantación de este proceso en Sonora se debió en parte al protagonismo de políticos civiles en las elecciones a la gubernatura de 1937, 1939 y 1943, algunos de los cuáles habían participado en la campaña de José Vasconcelos en 1928-1929, con el ideario civilista que esta desplegaba.

La hipótesis central es que políticos civiles, como Herminio Ahumada, Jacinto López, Ernesto Uruchurtu Peralta, Alejandro Carrillo Marcor, Fausto Acosta Romo y Luis Encinas Johnson, participaron en las campañas por la gubernatura a partir de 1929, adquiriendo experiencia que los convertiría en líderes de grupos políticos locales. Estos actores eran portadores de los valores y convicciones compartidos por la generación de políticos que se desempeñaron como operadores en la campaña y en el periodo presidencial de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) y que ocuparon posiciones destacadas a partir del sexenio de Miguel Alemán Valdez (1946-1952).

La nueva generación de políticos sonorenses compartía un perfil caracterizado por valores, convicciones y experiencias formativas, como títulos universitarios, méritos en el servicio público y en el partido gobernante, prestigio personal y conexiones con políticos de la capital nacional, de quienes obtuvieron apoyos para participar en coyunturas electorales. En 1943 estos actores habían adquirido experiencia y contactos suficientes para emprender una campaña por la gubernatura. Fue entonces cuando ocurrió el primer intento de apartar del poder local a los militares veteranos de la revolución, en una entidad que había sido un semillero de militares y considerada como "una tierra de generales"

EL PREDOMINIO DE LA ÉLITE CALLISTA EN SONORA

Entre 1929 y 1943 prevaleció en Sonora una élite política cuyos integrantes compartían una característica principal: se habían forjado en la etapa armada de la revolución, aspecto que les permitió desalojar a la élite política porfirista y apartar a los opositores maytorenistas que disputaron el poder entre 1915 y 1920.9 Con la victoria de la facción sonorense del constitucionalismo en 1920, con el Plan de Agua Prieta, se hizo del poder la camarilla del general Álvaro Obregón; el magnicidio de este en 1928, provocó el declive de los obregonistas y en 1929 se estableció el predominio de los veteranos de la revolución vinculados con la camarilla del general Plutarco Elías Calles y sus redes de parentesco.

Utilizamos el término camarilla para referirnos a la unidad básica de las élites, compuesta por grupos pequeños que interactúan cara a cara para prestarse apoyo mutuo, con el objetivo de alcanzar intereses comunes y "mejorar sus posibilidades en el ámbito político". El grupo cuenta con un líder que es a la vez mentor, árbitro y mediador. Los miembros del grupo se unen por las ventajas recíprocas que se ofrecen "como una red de amigos que se apoyan en sus carreras para impulsarlas", para ayudarse en un ámbito con escasa certidumbre como es la política. Las camarillas florecieron en la revolución y en la posrevolución y se las puede identificar en México desde el siglo XIX. 10

El ejemplo emblemático del predominio de la camarilla callista en Sonora fue Rodolfo Elías Calles, el hijo mayor del general Calles, quien fue elegido gobernador para el cuatrienio 1931-1935. El perfil de Rodolfo Elías Calles es el de un civil empresario y era ostensible que debía la gubernatura a su padre, lo que lo ubicó en el área de influencia de los veteranos de la revolución. Este respaldo le permitió tomar medidas de carácter radical que le dieron proyección nacional tanto en el campo de la relación Estado-Iglesia, por expulsar a los sacerdotes y prohibir la enseñanza confesional, como en el de una retórica nacionalista xenofóbica que desembocó en la expulsión de la población china en 1932. Asimismo, emprendió un ambicioso programa para impulsar la agricultura de riego y a las asociaciones agrícolas empresariales.

En el ámbito nacional, un destacado callista, Abelardo Rodríguez Luján, fue presidente de México entre 1932 y 1934. Rodríguez ocupó cargos importantes en la política y administró con éxito empresas durante la década de los años veinte y principios de la siguiente, pasando de ser un subordinado de Obregón a un allegado de Calles.11 Como gobernador del Distrito Norte del Territorio Federal de Baja California (1923-1930), acumuló vínculos y capital para invertir y hacer donaciones en efectivo y préstamos a los generales Obregón y Calles en la campaña contra la rebelión delahuertista y en sus respectivas campañas presidenciales.12

Una de las características de la élite callista es que sus integrantes se desempeñaron como empresarios, sin renunciar a su condición de militares veteranos de la revolución. De ahí que el éxito de sus negocios se debiera en parte a la combinación de la influencia política que poseían y la preeminencia que tenían en el ejército.13

Su lealtad a Calles, sus éxitos económicos y su red de contactos explican que, el 4 de septiembre de 1932, el Congreso haya nombrado a Rodríguez como presidente sustituto, cargo que desempeñó hasta el 1 de diciembre de 1934, día que asumió la presidencia el general Lázaro Cárdenas con carácter de presidente constitucional.14

El presidente Cárdenas se distanció del Jefe Máximo y su camarilla, prohibiendo los casinos e impulsando una corriente al interior del ejército identificada con el ala izquierda de la revolución, que trasladó al partido gobernante creando el sector militar dentro del Partido de la Revolución Mexicana (PRM).15 Con el afianzamiento del cardenismo a nivel nacional, al ser expulsado del país el 10 de abril de 1936 el general Calles y las reformas sociales que esta administración impulsaba como el reparto agrario, los políticos callistas fueron marginados. En Sonora, durante el otoño de 1935, se habían registrado tres alzamientos anticallistas,16 y el 22 de diciembre del mismo año el gobernador de filiación callista fue reemplazado por un militar allegado al presidente Cárdenas.

Esto fue una coyuntura que debilitó al callismo y abrió espacios para que actores civiles en las márgenes del Partido Nacional Revolucionario (PNR) ocuparan su lugar. Estos actores civiles provenían de dos ámbitos, el sindical de base obrera-campesina y el profesional identificado con la clase media urbana. Los sindicalistas despuntaron al abrigo de las políticas cardenistas y nuevos liderazgos emanados de los sectores obrero y campesino accedieron a puestos en los poderes Ejecutivo y Legislativo y a posiciones dentro del PNR, primero, y en 1938 en el partido gobernante reconstituido como PRM. La transformación del PNR en PRM trajo consigo una sectorización del partido por la incorporación de las organizaciones obreras y campesinas al mismo, así como de cuadros del ejército.17

Un ejemplo de los políticos de formación sindical fue Jacinto López, nacido en Banámichi, Sonora, el 3 de marzo de 1906. De origen rural, ejerció el oficio zapatero, para después convertirse en un sindicalista destacado, fundador en 1928 del sindicato de la Cervecería de Sonora y en 1933 de la Federación de Trabajadores del Sur de Sonora (FTSS). ‘Jacinto’, como se le conocía, fue diputado federal en los trienios 1940-1943 y 1964-1967, el primer secretario general de la FTSS, primer secretario de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Sonora y en 1949 candidato a la gubernatura de Sonora por el Partido Popular (PP).18

A la par del florecimiento de organizaciones obreras y campesinas, en la década de los años treinta se observa cómo un nuevo actor colectivo irrumpió en la escena de la política sonorense: la clase media urbana. Esta resultó de la expansión de la burocracia, de los servicios prestados por profesionistas y de los productores agropecuarios medianos y pequeños. Como actor colectivo buscó la participación y la representación política que contribuyeron a la creación del sector popular del Partido Revolucionario Institucional (PRI) establecido en 1946 y su incorporación a este.

El protagonismo de miembros de la clase media urbana en el contexto nacional, favoreció el desplazamiento del sector militar y la concentración de este en el campo de su especialidad. En el discurso, los civiles profesionistas se pronunciaban con un enfoque moderado en las materias agraria y laboral, lo que los posicionaba como políticos de centro, conciliadores y negociadores, un perfil favorecido por la política de "unidad nacional" impulsada por la nueva relación con Estados Unidos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.19

Hijos de la clase media urbana de Sonora, al igual que la de otros estados, se formaron en el centro del país estudiando profesiones "liberales", como derecho, ingeniería y medicina. Durante su estancia en la Ciudad de México fueron influidos por el contexto político y cultural de la posrevolución y muchos volvieron a sus estados para trabajar en la administración pública con ideas de transformarla con un enfoque técnico.

LA CAMPAÑA VASCONCELISTA Y EL PRIMER INTENTO DE LOS POLÍTICOS CIVILES DE COMPETIR POR LA GUBERNATURA

En 1928-1929, la campaña vasconcelista giró en torno al planteamiento de contar con un gobierno civil en México, diferente del que habían establecido los generales revolucionarios,20 lo cual motivó a estudiantes, principalmente de clase media urbana, a participar en política. El exsecretario de Educación Pública (1921-1923) durante el gobierno de Obregón se presentaba como un político civil, antecedido por la prédica y el ejemplo de Madero, que buscaba una alianza con la ciudadanía para poner fin a los gobiernos de hombres fuertes. A fines de la década de 1920, "la gente estaba cansada de la violencia con la que los generales en el poder gobernaban y los licenciados gozaban de popularidad".21

La clase media urbana fue el principal sector que apoyó las aspiraciones presidenciales de José Vasconcelos, con los estudiantes y las mujeres como los protagonistas más destacados. El 5 de julio de 1929, Vasconcelos fue nombrado candidato a la presidencia de México por el Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA) en su IV Convención Nacional, celebrada en la Ciudad de México, a partir de la cual jóvenes, mujeres y viejos maderistas se dedicaron a tareas de propaganda y organización en la campaña electoral, hartos de la corrupción y la represión que vivía el país. La plataforma acordada en la convención proponía un servicio civil que contratara de manera imparcial a los empleados federales, derecho a la iniciativa legislativa y al referéndum, destitución de funcionarios deshonestos o ineptos, y la reducción del ejército. También se debatió acaloradamente sobre el sufragio femenino, aprobándose por votación.22

A estos jóvenes les unió una experiencia infantil que se volvió una convicción generacional. Recordaban el hambre y el desamparo provocados por las batallas. Estuvieron al margen de los combates pero padecieron sus estragos y secuelas, por lo que pensaban que el ímpetu revolucionario debía canalizarse a la reconstrucción social y ética.23

Un actor destacado del vasconcelismo en Sonora fue Herminio Ahumada Ortiz, nacido en Soyopa el 7 de octubre de 1899, quien participó en las olimpiadas de 1924 en París en atletismo, antes de recibirse como abogado en la Universidad Nacional, en la que luego fue profesor. Casó con Carmen Vasconcelos e intervino en la fundación del PNA en 1929, coincidiendo con Miguel Alemán Valdez.24

Ahumada Ortiz había participado en febrero de 1927 en la fundación del Centro Nacional de Estudiantes Antirreeleccionistas en la Ciudad de México. La primera mesa directiva incluyó a Alejandro Gómez Arias, al propio Ahumada y a Miguel Alemán, futuro presidente de México.25 Esta agrupación era un grupo civilista y proponía que los veteranos de la revolución no se reeligieran, como pretendía en 1928 el general Obregón, y dejaran el campo libre a los civiles.26

Para Vasconcelos, Sonora era importante por su peso simbólico. Esta entidad era el semillero de decenas de los generales y funcionarios que gobernaban el país.27 Con miras en la contienda política, desde Los Ángeles, Vasconcelos decidió que Nogales, la misma población donde Obregón inició sus dos campañas presidenciales en 1919 y 1927, fuera el lugar para arrancar la suya. Ahí llegó Vasconcelos el 10 de noviembre de 1928.

Con una respuesta favorable por sonorenses de clase popular y clase media que acudieron a las estaciones del ferrocarril y a las plazas, Vasconcelos salió rumbo a Sinaloa. El poder de convocatoria manifiesto en la organización de 14 clubes en diez localidades, permite observar que en Sonora una porción de la población prefería a Vasconcelos sobre el continuismo callista.28 Para enfrentar al vasconcelismo, el gobernador interino, Francisco S. Elías, encabezó personalmente la campaña en apoyo al candidato Ortiz Rubio, la que fue sostenida por consejos municipales establecidos en mayo de 1929 por la desaparición de los poderes locales.29

El 17 de noviembre de 1929 se celebraron las elecciones presidenciales. El PNR controló la mayoría de las casillas y movilizó a votar a burócratas, agraristas y soldados vestidos de civiles. Vasconcelos y sus partidarios denunciaron irregularidades y realizaron protestas por la manipulación de las urnas y la militarización de las casillas. El 2 de diciembre Vasconcelos cruzó la frontera por Nogales y el 10 de diciembre publicó el Plan de Guaymas, declarándose presidente electo de México y llamando a las armas para imponer el respeto al voto.30

Pasadas las elecciones, la represión prevaleció. Las aspiraciones presidenciales de Vasconcelos se disiparon, pero el interés de una nueva generación por participar en política, escarmentada por la derrota del vasconcelismo perduró, pues algunos de sus partidarios formaron parte de la élite que destacó en años posteriores. Este primer ensayo en política no produjo un radicalismo, por el contrario, los exvasconcelistas se adaptaron convirtiéndose en hombres de negocios y profesionistas liberales que trabajaron por su cuenta o al servicio del gobierno.31

Después de la campaña vasconcelista, una parte de los profesionales jóvenes interesados en la política ingresaron al partido gobernante, encarrilándose en las vías disponibles de participación para avanzar en sus proyectos políticos. Algunos colaboraron en gobiernos municipales y estatales, oportunidad que los llevó a ocupar magistraturas en el poder judicial, diputaciones, otros arribaron al senado y varios llegaron a desempeñarse como titulares de secretarías de gabinetes presidenciales. Esta incorporación fue importante para el caso de Sonora porque permitió que políticos civiles adquirieran experiencia en el servicio público.

LA CRISIS DEL CALLISMO Y LA GUBERNATURA DEL GENERAL ROMÁN YOCUPICIO

Durante su gubernatura, Rodolfo Elías Calles (1931-1934) impulsó políticas radicales en contra de los "recalcitrantes", como se refería a los integrantes de las franjas de la población que rechazaban la campaña "desfanatizadora" que impuso mediante la quema de los santos venerados en las iglesias, el cierre de escuelas parroquiales, la expulsión de los sacerdotes y la persecución del obispo. Lo anterior fue acompañado de campañas alfabetizadoras, previa purga de las maestras que se negaron a disciplinarse y que optaron por el desempleo en una época de crisis económica.32 Los agravios que provocaron estas políticas mantuvieron el descontento de las clases medias y populares de la entidad y dieron paso a un extendido rechazo.33

En agosto de 1934, con un año de anticipación a las elecciones locales, se anunció al ingeniero Ramón Ramos Almada como candidato a la gubernatura por el PNR. Ramos Almada había sido senador (1930-1934) y secretario de Gobierno del 1 de septiembre de 1931 a mayo de 1933. Este "madruguete" fue percibido como una maniobra a favor de la continuidad del callismo, iniciada en la entidad en mayo de 1929 con la gestión de Francisco S. Elías y que al final del periodo de Ramos la facción callista hubiera sumado diez años en el gobierno (1929-1939), lo que estimuló a la oposición por los agravios causados por las campañas desfanatizadora, antialcohólica, antiabigeato y antifayuca.34

En junio de 1935 se desató una crisis entre el presidente Cárdenas y el Jefe Máximo. El presidente pidió la renuncia a los integrantes de su gabinete, incluido Rodolfo Elías Calles, quien había dejado la gubernatura de Sonora para ocupar la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, colocando a Emiliano M. Corella como gobernador interino desde el 19 de noviembre de 1934.35

En Sonora, los inconformes con el callismo denunciaron agravios en cartas al presidente Cárdenas con la esperanza de contribuir a la caída del callismo local, mientras que los vasconcelistas de 1929 volvieron a la actividad política abierta. En el otoño de 1935 se registraron tres levantamientos anticallistas. Pablo Rebeil se levantó con una guerrilla contra los poderes locales en el Distrito de Altar, mientras que en el de Magdalena surgió una guerrilla "vasconcelista" en oposición al gobierno de Ramos, encabezada por Jesús María Suárez Arvizu, al mismo tiempo que en el Distrito de Moctezuma el general cristero Luis Ibarra se levantó con 200 hombres.36

En diciembre de 1935, ocurrió la segunda crisis entre el presidente Cárdenas y el general Calles, al regresar este de Los Ángeles a la Ciudad de México el día 13 de aquel mes y hacer declaraciones tronantes en contra de las políticas del presidente. En respuesta, al día siguiente el Senado desaforó a cinco senadores y la Cámara a varios diputados ligados al callismo, y el día 16 desconoció los poderes de los estados de Sonora, Sinaloa, Durango y Guanajuato.37

El general Jesús Gutiérrez Cázares, entonces jefe de las fuerzas federales en el valle del Yaqui y cercano al presidente Cárdenas, tomó posesión como gobernador substituto el 22 de diciembre de 1935, con la encomienda de convocar a elecciones. Días antes, el 16 de diciembre, con motivo de la desaparición de poderes en el estado, se encomendó al licenciado Horacio Sobarzo la renovación del Supremo Tribunal de Justicia, el cual quedó constituido de la siguiente forma: Primera Sala, el mismo Sobarzo; Segunda Sala, Luis Encinas Johnson; y Tercera Sala, Alfonso López Cerrato.38

Desalojados los callistas de cargos en la política nacional y estatal, se renovaron los cuadros políticos en Sonora. Uno de los civiles profesionistas que participó de este cambio fue el licenciado Ernesto Uruchurtu Peralta, nacido en Hermosillo en 1906 y quien ocuparía puestos políticos importantes como el de secretario general (1945-1946) del Comité Ejecutivo Nacional del PRI39 y el de subsecretario de Gobernación en el gobierno de Miguel Alemán (1946-1952). Posteriormente, entre 1952 y 1966, se desempeñó como regente del Departamento del Distrito Federal (DDF).40

El desplazamiento de los callistas provocó cambios en la élite política que contribuyeron a la profesionalización de la administración pública y a la estabilidad general del Estado con el final de la diarquía. El gobernador Gutiérrez Cázares convocó a elecciones en 1936. En la prensa se anunció la participación del licenciado Alfonso Romandía Ferreira como candidato "civilista", frente al general Ignacio Otero Pablos que contaba con el apoyo de las bases de la CTM en el sur del estado, el coronel Leobardo Tellechea impulsado por el Partido Socialista de las Izquierdas que animaba el general Adalberto Tejeda, y el general Román Yocupicio al frente de una coalición anticallista.41

A Yocupicio le manifestaron su apoyo actores civiles entrenados en la campaña vasconcelista, como Armando Chávez Camacho —exlíder vasconcelista a nivel nacional y cercano al rector de la UNAM, el doctor Fernando Ocaranza—, Pablo Rebeil y los hermanos Suárez Arvizu —que se habían levantado en 1935 empuñando la bandera vasconcelista—, así como los periodistas Israel González y José Luis Pérez, y Carlos Maldonado, presidente de la primera asociación ganadera local organizada en la entidad, e Ignacio Soto, industrial, comerciante y futuro gobernador en 1949-1955, que apoyaron la "revolución renovadora" de 1929.42 Estos actores encabezaron la coalición anticallista aglutinada en torno de Yocupicio.

El domingo 20 de septiembre de 1936, tuvo lugar un plebiscito interno del PNR para integrar las Juntas Computadoras de las Convenciones Municipales, a realizarse el siguiente domingo, 27 de septiembre, por la candidatura a gobernador. Ernesto Uruchurtu, presidente del comité estatal, definió que para participar en el plebiscito bastaba que todo elemento perteneciente a las "agrupaciones sindicales o políticas de ideología revolucionaria" y se comprometiera a regularizar posteriormente su situación dentro del partido. Lo anterior le costó a Uruchurtu su cargo al ser cesado por el licenciado Esteban García de Alba, secretario general del Comité Ejecutivo Nacional del PNR, como parte de una disputa con el "oterismo", siendo relevado por Adrián Morales, un líder de esta corriente.43 Así, se abrieron las puertas a los actores políticos marginados por el callismo, mismos que votaron por Yocupicio, quien ganó el plebiscito para integrar las Juntas Computadoras y los tres siguientes que organizó el PNR.

El candidato de la coalición anticallista, con el membrete "Partido Democrático Sonorense pro-Román Yocupicio adherido al PNR", ganó los plebiscitos municipales, distritales y el estatal del PNR, y luego las elecciones constitucionales del 22 de noviembre de 1936, para concluir el periodo iniciado por el ingeniero Ramón Ramos Almada. En diciembre, pasadas las elecciones, los heterogéneos aliados de Yocupicio mantuvieron abierto el conflicto con los grupos oteristas y callistas, y de cara a los siguientes comicios para la renovación del Congreso estatal, el PNR local no aceptó a los candidatos propuestos por el "Partido Democrático Sonorense proRomán Yocupicio adherido al PNR", lo que los llevó a tomar el camino independiente en la contienda.

Por su parte, los sindicalistas del sur del estado, organizados en la CTM, que habían sido beneficiados por el reparto agrario cardenista y habían apoyado a Otero Pablos en su precampaña, lanzaron sus propios candidatos y se trabaron en una lucha con el gobernador Yocupicio, percibido como adversario de los ejidos colectivos.44 Una tirante división prevaleció en la política local, formándose cuatro grupos: los obregonistas anticallistas que se rebelaron en 1929, los vasconcelistas, los cetemistas y los callistas.

Aunque la gubernatura seguía en manos de un hombre con trayectoria militar, Yocupicio había perdido el grado por haber participado en la rebelión "renovadora de 1929" en contra de Calles y Portes Gil; lo recobraría después de entregar la gubernatura. Además, Yocupicio no era el jefe de una camarilla, como sí lo fue Rodolfo Elías Calles en su periodo de gobierno, por lo que al tomar Yocupicio posesión como gobernador, el 4 enero de 1937, no lo rodeaba una camarilla compacta sino una coalición heterogénea.

Durante el gobierno de Yocupicio tomó forma una nueva correlación de fuerzas entre los políticos militares y los políticos civiles, con un predominio de los civiles que se reflejó en pugnas de grupos por el control de espacios en el Congreso, en el Tribunal Superior de Justicia y en el poder ejecutivo estatal.

Uno de los primeros conflictos de la nueva administración se presentó en el Supremo Tribunal de Justicia, bajo la presidencia del licenciado Ernesto P. Uruchurtu. El conflicto inició por diferencias del magistrado presidente Uruchurtu con el secretario de Gobierno, Carlos Maldonado, líder de los ganaderos de Sonora, resultando un enfrentamiento entre esos dos poderes locales. Los otros dos magistrados, los licenciados Francisco Duarte Porchas y Luis Encinas Johnson, apoyaron a su presidente, pero el gobernador se inclinó por Maldonado. El conflicto provocó la renuncia de Uruchurtu en mayo de 1937 y su autoexilio en la Ciudad de México,45 situación que con el tiempo le hizo adquirir relevancia en la política nacional por su cercanía con los próximos tres presidentes de la República, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos.

Como se puede observar, el Supremo Tribunal de Justicia del Estado era un espacio importante para los civilistas sonorenses, ya que fue un baluarte que facilitó la creación de grupos políticos civiles al ser un terreno con acceso limitado a los profesionales del derecho y vetado para los militares. En este espacio trabajaron civilistas como Herminio Ahumada, Gilberto Suárez Arvizu,46 Ernesto Uruchurtu, Horacio Sobarzo, futuro secretario de Gobierno y gobernador substituto (1948-1949) y Luis Encinas, gobernador constitucional 1961-1967.

A los dos años de la elección de Yocupicio, el 16 de noviembre de 1938, el Congreso local promulgó la Ley Número 92 que creaba la Universidad de Sonora, institución que resultó trascendente para la política local porque ha sido un espacio de formación de políticos civiles y en sus aulas han estudiado algunos de los gobernadores del estado.

El presidente Cárdenas había resuelto que un firme anticallista gobernara la entidad de donde procedía Calles. Yocupicio mantuvo a raya a los callistas durante los dos años y ocho meses de su gestión, si bien hubo tramos en los que pareció caminar sobre la cuerda floja. El general oriundo de Masiaca tuvo desacuerdos con sus aliados vasconcelistas y disputas con los líderes de la CTM, respaldados por Vicente Lombardo Toledano, el líder nacional de esta central,47 y quienes apoyaron de nuevo en 1939 las aspiraciones del general Ignacio Otero Pablos a la gubernatura.

Uno de los actores políticos civiles que participaba con los sindicalistas fue Alejandro Carrillo Marcor,48 quien buscó la candidatura por el IV Distrito, correspondiente al valle del Mayo, en las elecciones federales de 1937. Dicha candidatura finalmente fue bloqueada por el gobernador Yocupicio, lo que obligó a Carrillo a volver a la Ciudad de México49 donde, a partir de febrero de 1938, se desempeñaría como secretario particular de Vicente Lombardo Toledano.50

Ambos grupos de políticos civiles, vasconcelistas y sindicalistas cetemistas, aportaron actores importantes para la política local, si bien los conflictos en este ámbito forzarían a varios de ellos a desplazarse a la Ciudad de México, como en los casos de Uruchurtu, Ahumada y Carrillo, donde harían méritos y cultivarían vínculos para competir en otro momento por la gubernatura.

En el plano nacional, el fracaso de la rebelión cedillista —mayo de 1938-enero de 1939— puso de manifiesto la resistencia de los cacicazgos regionales a los procesos de centralización impulsados por el gobierno del general Cárdenas.51 Este proceso de erosión del poder de los hombres fuertes locales fue otro motor del civilismo, ya que algunos de los generales veteranos de la etapa armada tenían intereses como los de Saturnino Cedillo, de San Luis Potosí.52

La combinación de estas circunstancias es lo que explica que Román Yocupicio compitiera por la gubernatura de Sonora en 1936 y que su triunfo fuera reconocido. Al presidente Cárdenas le convenía colocar como gobernador a alguien que tuviera sus mismos enemigos, que no mostrara flaqueza al ser aborrecido por los callistas y también por carecer de una base social propia, lo que limitaría la autonomía de su juego político, al hacerlo dependiente del presidente.

También importaba que Yocupicio no obstruccionara las dos sucesiones sobre las que estaba montado su periodo de gobierno, la estatal de 1939 y la presidencial de 1940, y que tampoco contara con un perfil que hiciera factible que él compitiera por esta última. Su presencia, además, bloqueaba la llegada a la gubernatura de personajes "presidenciables", como se mencionó entonces a Adolfo de la Huerta y Gilberto Valenzuela, que desde ese puesto podrían volverse contrincantes del candidato que favoreciera el presidente Cárdenas en la sucesión de 1939-1940.53

Estas circunstancias hicieron que el presidente aceptara que Yocupicio contendiera por la candidatura del PNR primero, y que luego reconociera su triunfo en las urnas. Así, el gobierno de Yocupicio fue la última gubernatura que "el centro" negoció con actores locales: quienes podían vetar a Yocupicio, ya habían sido vetados por el presidente Cárdenas. En adelante, el "bueno" para la gubernatura sería seleccionado desde el centro.

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, EL AUGE EMPRESARIAL SONORENSE Y EL REAGRUPAMIENTO DE LA CAMARILLA DE CALLES EN TORNO A RODRÍGUEZ

El primero de septiembre de 1939 tomó posesión de la gubernatura el penúltimo militar que ha sido gobernador del estado, el general Anselmo Macías Valenzuela.54 Por coincidencia, ese día inició la Segunda Guerra Mundial, hito histórico que modificó al siglo XX. Macías Valenzuela era un hombre de la confianza del presidente Cárdenas. Bajo su administración se consolidó en Sonora el predominio de la federación y se impusieron las políticas del gobierno del general Manuel Ávila Camacho: la unidad nacional, la conciliación de clases y la industrialización.55

La llegada de Macías a la gubernatura no se dio sin roces y tensiones. Los cetemistas se dividieron: una parte volvió a respaldar al general Otero como precandidato a la gubernatura por el PRM y otra propuso al general Francisco Bórquez. A pesar de lo anterior, desde abril de 1938 el comité pro-Macías realizaba mítines proselitistas,56 y para junio la división cetemista fue aprovechada por Macías, a quien apoyaban los opositores de Otero, quien por su parte continuó en campaña.57 Celebradas las elecciones, se reconoció el triunfo del general Anselmo Macías Valenzuela.

En cuanto al ámbito nacional, en julio de 1940 periódicos en Sonora daban como favorito al general Manuel Ávila Camacho para el periodo presidencial que iniciaba el primero de diciembre de 1940.58 Una vez asumido el cargo, Ávila Camacho buscó la moderación de las políticas radicales y evitar la polarización social, proceso que se había iniciado desde el segundo semestre de 1938 para reconciliar las distintas facciones revolucionarias ante la retirada del Ebro del ejército republicano en noviembre como punto de inflexión que anuncia la derrota de la República española —México no podía quedarse solo con la Unión Soviética en el mundo—, los pródromos de la Segunda Guerra Mundial —la anexión de Austria en marzo de 1938, los acuerdos de Múnich en septiembre, la crisis de Checoeslovaquia en octubre—, la inflación interna y la sucesión presidencial.59

La participación de México con los aliados abrió el mercado externo para las materias primas y de consumo directo, susceptibles de ser exportados para el esfuerzo bélico,60 lo que benefició a los sectores minero y agropecuario, en particular a los productores agrícolas asentados en los valles costeros, cuyo éxito generó nuevos núcleos empresariales. En el discurso político de la época, este impulso se veía como estratégico para fomentar un desarrollo industrial que aprovechara los recursos naturales de Sonora y su cercanía con Estados Unidos.61

Aunque los actores civiles predominaban ya en la política local, algún tiempo pasó para que desplazaran a los generales veteranos de la revolución. En 1942, en preparación para las elecciones del año siguiente, la arena política fue dominada por el expresidente, el general Abelardo L. Rodríguez, pero provocó la oposición de grupos políticos formados por civiles, principalmente profesionistas.

Como ya se señaló, durante el periodo presidencial cardenista, los callistas fueron desalojados de los cargos públicos y marginados por las reformas sociales impulsadas entonces. Aunado a esto, el surgimiento de nuevos liderazgos emanados de los sectores obrero y campesino que ocuparon posiciones en el PRM y en el gobierno federal, disminuyeron la influencia de la camarilla callista. Sin embargo, Rodríguez supo borrar su imagen pública como político prominente en el maximato, proyectándose como empresario exitoso. Desde su hacienda El Sauzal, en el noroeste de la República, conservó una posición de factor en la política de Baja California, basado en una amplia red de relaciones y en su capacidad económica, distanciado de los líderes nacionales más radicales como Vicente Lombardo Toledano, sin romper con el presidente Cárdenas ni cortar con el general Calles.62

Así, por ejemplo, Harry Chandler, ejecutivo de la Colorado River Land Company (CRLC), solicitó el 22 de abril de 1937 a su amigo, el general Rodríguez, intercediera ante el presidente Cárdenas para que retrasara el proceso de expropiación en el valle de Mexicali, posponiendo la firma de las resoluciones presidenciales mientras se renegociaba el acuerdo de colonización de 1936 y, de ser posible, se regresaran las tierras ya expropiadas. Chandler sustentaba su solicitud en el apoyo que había dado a los presidentes Obregón y Calles para obtener del gobierno estadounidense armas y aeroplanos durante las rebeliones delahuertista de 1924 y renovadora de 1929, y para estimular el desarrollo del delta del Colorado involucrando al gobierno federal mexicano y a la CRLC.

Rodríguez pidió a Cárdenas recibiera a los ejecutivos de la CRLC, y así lo hizo en el mes de mayo, aunque solo para decirles que su gobierno no devolvería las tierras de la compañía, en un contexto de inestabilidad política en la entidad y de movilización y polarización sociales en el valle de Mexicali en torno al reparto agrario realizado en abril de 1937.63

Con el gobierno de Ávila Camacho y la distensión lograda por la política de conciliación de clases y unidad nacional, que incluyó a los callistas, se puede observar cómo en Sonora la balanza se inclinó hacia un personaje de extracción callista que supo leer el momento político de moderación política e innovación económica. En Sonora, a la par de la política conciliadora entre facciones revolucionarias, el auge económico generado por la Segunda Guerra Mundial permitió reintentar el relevo de los militares por los civiles.

El general Abelardo Rodríguez aprovechó su imagen de empresario para que los núcleos de agricultores, ganaderos, comerciantes e industriales organizados se convirtieran en aliados convencidos de que, al apoyarlo en su búsqueda de la gubernatura, favorecerían sus inversiones y patrimonios en el corto y mediano plazo. De este modo, empresarios y futuros gobernadores, como Ignacio Soto, industrial del cemento, y Álvaro Obregón Tapia, agricultor en el valle del Yaqui, organizaron grupos políticos que apoyaron a Rodríguez a su regreso a Sonora.64

LAS ELECCIONES DE 1943

Con más de un año de anticipación a las elecciones de 1943, los nuevos cuadros iniciaron actividades de proselitismo para perfilarse como prospectos y proyectarse en la opinión pública para competir por los distintos cargos de elección popular en disputa, que iban desde las diputaciones locales y federales y las alcaldías, hasta la gubernatura. El más adelantado fue Herminio Ahumada, quien desde mayo de 1942 lanzó su campaña en el periódico El Pueblo para promocionarse como precandidato a la gubernatura del estado.

Los comités proahumadistas lo promocionaron pidiendo al "pueblo sonorense sostener la candidatura del joven Lic. Herminio Ahumada Jr. para Gobernador del Estado", aclarando: "Esta candidatura no es del PRM, ES DEMOCRATICA [sic]". Ahumada reunía varias de las características que anunciaban una renovación de los perfiles políticos, acordes con la política nacional. Los comités proahumadistas resaltaron la juventud de su candidato, un atributo en contraste con la edad avanzada de los veteranos de la revolución, cuyos puntos de vista podían percibirse como anacrónicos para solucionar los problemas locales. Otro elemento subrayado fue su título de licenciado, que remite a la educación del candidato y se coteja favorablemente con el perfil de los militares.65

Al mismo tiempo, otros políticos se decidieron a actuar. En octubre de 1942, Ernesto P. Uruchurtu escribió una carta a Israel C. González, director de El Pueblo, en Hermosillo, exponiéndole su opinión acerca de la situación del estado, en especial de la competencia por la gubernatura, donde Gustavo, hermano de Ernesto, tenía la intención de participar.66 Meses antes, en su periódico, González había introducido el nombre del doctor Gustavo A. Uruchurtu como precandidato a la gubernatura por el PRM:

Los Sonorenses de esta capital creen que esta ocasión, como en los tiempos de Don Porfirio y de la Revolución, no habrá elecciones libres, ni candidatos libres […] entre los presuntos, por que como siempre están esperando el bien del presidente, que en estos casos es casi el bien de dios. […] la fantasía se ha desbordado en los centros politiqueros de la tierra y han mencionado al Lic. Gilberto Valenzuela como posible candidato a gobernador. Ya han mencionado al Lic. Herminio Ahumada y hoy me desayuné con la nueva que un coterráneo me dio a la vuelta de la esquina, de que también es posible que juegue el Dr. Gustavo A. Uruchurtu, ahora con elevado cargo en Salubridad (sic).67

El 27 de octubre de 1942, al definirse la candidatura del PRM por la gubernatura en favor de Rodríguez, Uruchurtu pidió a Israel González suspender los trabajos que realizaba en favor de su hermano. Con descontento, Uruchurtu narró que en un primer momento se planteó que el gobierno federal no apoyaría a ningún militar, declarando abiertamente su deseo de que la gubernatura del estado recayera en manos civiles ante las malas administraciones anteriores. Pero en un segundo momento, decidieron los hermanos Uruchurtu apoyar la candidatura de Rodríguez, cancelando sus movimientos.68

Un nombre que aparece en el intercambio epistolar entre Uruchurtu e Israel González es el de Fausto Acosta Romo. Nacido en Hermosillo en 1915, licenciado en Derecho por la UNAM en 1937. Acosta inició su carrera dentro del Departamento Jurídico de Petróleos Mexicanos, espacio que le permitió posicionarse en la política nacional y local; fue secretario de Gobierno de Ignacio Soto de 1949 a 1952 y precandidato a la gubernatura en 1961 y 1967. Inicialmente había tomado partido por los Uruchurtu, pero conforme la balanza se inclinó del lado de Rodríguez, cambió de bando, lo que no cayó en gracia a Ernesto P. Uruchurtu.69

Lo anterior muestra que en la coyuntura de las elecciones de 1943 existió un interés de varios grupos políticos por impedir que los militares continuaran ocupando la gubernatura de Sonora, específicamente que recayera en el general Rodríguez, con miras a lograr un relevo generacional y reemplazar con civiles a los militares. Sin embargo, la influencia del general Rodríguez en la política era aún fuerte. El 6 de febrero de 1943, Herminio Ahumada publicó una carta donde exponía las razones de su retiro de la contienda por la precandidatura a la gubernatura, y para el 20 de febrero ya se exhibía publicidad del PRM en apoyo a su candidatura por la diputación federal del Segundo Distrito de Sonora, llevando como suplente a José María Suárez, quien había sido partidario de Vasconcelos en 1928-1929 y en 1935 se había levantado en armas contra el callismo en Sonora, para luego ser diputado local y secretario de Gobierno con el gobernador Yocupicio entre 1937 y 1939.70

Esto sugiere una negociación entre Ahumada y el general Rodríguez, quien de este modo neutralizó a uno de sus contrincantes, pero también era un guiño para las franjas anticallistas locales, frente a las cuales la imagen pública de Rodríguez, identificada con Calles, causaba desconfianza o rechazo. La campaña de Rodríguez avanzó sin contratiempos hasta ser aprobada por una convención estatal el 8 de junio de 1943, para luego tomar posesión de la gubernatura el 1 de septiembre.

Herminio Ahumada, mientras tanto, fue electo diputado para el Congreso de la Unión en la XXXIX Legislatura (1943-1946). En 1944 respondió el cuarto informe de gobierno del presidente Ávila Camacho y propuso cambios a la estructura de la organización de las elecciones, algo insólito en esos años, lo que causó estupor en el recinto y generó un alud de críticas en la prensa oficialista; puede suponerse que contribuyó al debate que culminó con la reforma electoral de 1946, en la que se creó la Comisión Federal de Vigilancia Electoral.71

CONCLUSIONES

La finalidad de este trabajo es responder a la pregunta sobre qué hizo posible el tránsito de una élite mayormente integrada por militares veteranos de la revolución a una compuesta en su mayoría por civiles profesionales de la política. Podemos responder, a la luz de estas evidencias, que en el periodo 1929-1943, el estado de Sonora fue gobernado por militares-empresarios-políticos, como Rodolfo Elías Calles y Abelardo L. Rodríguez. También podemos señalar que existió una competencia limitada por la gubernatura, donde rivalizaron varios grupos políticos que promovieron a civiles que finalmente dominaron la escena política local y que confirmaron la existencia de espacios y vías de participación política en el periodo.

Amistades, lealtades y compromisos se trabaron y se rompieron en la lucha por la gubernatura en 1943. En el fondo, podemos observar una élite local en tránsito hacia una transformación. A partir de estas elecciones se puede percibir cómo disminuye la participación de los generales veteranos de la revolución y aumenta la participación de civiles profesionistas. Observamos también una tendencia a la centralización del poder en torno del presidente de la República, en la que el partido gobernante se convierte en una correa de trasmisión para controlar la política local.

El general Abelardo L. Rodríguez, a la postre, el último militar veterano de la revolución en ser gobernador de Sonora, no completó su periodo, arguyendo razones de salud en 1948 —cuando tenía 58 años de edad—, dejando, con su respaldo, como gobernador substituto a Horacio Sobarzo, abogado que participó en la segunda parte del gobierno de Rodríguez como secretario de Gobierno y con experiencia previa en el Supremo Tribunal de Justicia.72

Pero la transformación política ya estaba en marcha. En 1945 se presentaron los candidatos por el PRI a la senaduría por Sonora, Antonio Canale73 y Gustavo Uruchurtu, políticos civiles y profesionistas, el primero abogado y el segundo médico, y que había buscado en 1943 ser candidato a la gubernatura. El declive de los generales se hizo más evidente en diciembre de 1945. El presidente Ávila Camacho envió entonces una iniciativa de ley para prohibir la participación de los militares en activo en las elecciones, lo que obligaba a renunciar con antelación a aquellos militares que buscaran algún puesto en cargos de elección federales o estatales.74 Miguel Alemán, abogado, confirmó esta tendencia a nivel nacional, al ser postulado como candidato a la presidencia de la República por el PRI, la que obtuvo en 1946.

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Notas

6Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional (en adelante AHSDNc), Jesús Gutiérrez Cázares, de 1917 a 1919, jefe del estado mayor de la Columna Expedicionaria de Sonora en Chihuahua al mando del general Lázaro Cárdenas, f. 669; desde agosto de 1931 a diciembre de 1935, jefe de las fuerzas federales en las colonias yaquis.

12Para los primeros nexos entre Calles y Rodríguez, que incluyen inversiones mancomunadas en negocios y pago de favores en el ámbito militar, lo que era un patrón que practicaban Obregón y Calles con sus subordinados, véase GÓMEZ, Lealtades divididas, pp. 70-76. La oportunidad de Rodríguez para ser enviado en julio de 1920 al Distrito Norte de la Baja California para forzar al coronel Esteban Cantú a dejar el gobierno y encontrarse con una proliferación de cantinas, burdeles y casas de juego, dando un salto económico notable en 1921, en GÓMEZ, Lealtades divididas, pp. 79-85. Las donaciones y préstamos a Obregón y Calles, en GÓMEZ, Lealtades divididas, pp. 91-96 y 183-184.

27Para la nómina de sonorenses en cargos del Poder Ejecutivo y del Ejército, ver: AHSDNc, Juan Carrasco, manifiesto del 22 de junio de 1922 que proclamaba como jefe supremo del levantamiento al general Francisco Murguía, f. 20.

46Gilberto Suárez Arvizu estudió en la Escuela Normal del Estado y Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante el gobierno de Yocupicio, se desempeñó como secretario general de Gobierno, director general de Educación Pública, magistrado y presidente del Supremo Tribunal de Justicia. YESCAS FERRAT, Poder Judicial, p. 70 y ALMADA BAY, Ignacio, Biografías de legisladores del Congreso del Estado de Sonora, 1822-2018. Selección de 153 diputados. Volumen II. De la violencia endémica a la paz orgánica, 1883-1939, Hermosillo, El Colegio de Sonora, Congreso del Estado de Sonora, 2017, p. 251.

48Alejandro Carrillo Marcor estudió en el Colegio de Sonora, cursó estudios secundarios en Texas, se tituló como abogado en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1934. Se desempeñó como diputado federal de 1940 a 1943. En 1946 dirigió la publicidad de la campaña de Miguel Alemán a la presidencia y fungió como secretario general del Departamento del Distrito Federal entre 1946 y 1951. En 1948 fue uno de los fundadores del Partido Popular Socialista (PPS), así como miembro del Consejo Nacional del PRI en 1972, senador por Sonora en el periodo 1970-1975 y gobernador interino de la entidad de 1975 a 1979. CAMP, Roderic Ai, Mexican Political Biographies, 1935-1981, Tucson, The University of Arizona Press, 1982, p. 1953.

49ALMADA BAY, La conexión Yocupicio, p. 301.

52"Deben desaparecer todos los cacicazgos", El Pueblo, 20 de junio de 1938.

54Anselmo Macías Valenzuela, nacido en Agiabampo en 1896, ingresó al ejército constitucionalista en 1914 al unirse al Décimo Batallón de Sonora a las órdenes de Álvaro Obregón, participando en las batallas del Bajío. En 1929 combatió a la rebelión escobarista o "renovadora"; el 1 de septiembre ascendió a general de brigada. Ejerció la jefatura de varias zonas militares, como la de Tampico, donde socorrió a los damnificados por el huracán que azotó esta región en septiembre de 1933. Fue subinspector general del ejército durante la presidencia del general Rodríguez. AHSDNc, Anselmo Macías Valenzuela, f. 144; CAMP, Mexican Political, p. 181 y PÉREZ ESQUIVEL, Ivonne (coord.), "Sonora", en Begoña HERNÁNDEZ Y LAZO y Rubén RODRÍGUEZ GARCÍA (coord.), Diccionario Histórico y Biográfico de la Revolución mexicana, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1992, t. VI, pp. 552-553.

56"Como engañan a la C.T.M. sus delegados en Sonora", El Imparcial, 23 de abril de 1938.

57"El candidato general Otero se halla en Cananea actualmente", El Imparcial, 22 de junio de 1938.

58"Sonora votará por Ávila Camacho", El Imparcial, 7 julio de 1940.

63En los dos años que siguieron a la salida de Rodríguez hubo cinco gobernadores; entre 1920 y 1936 fueron designados 14 gobernadores en el Distrito Norte del Territorio de la Baja California; ver DWYER, John J., The Agrarian Dispute. The Expropriation of American-Owned Rural Land in Postrevolutionary Mexico, Durham, Duke University Press, 2008, pp. 56-57, 71-75 y 296.

65"Los Comités Ahumadistas del Estado invitan", El Pueblo, 18 de mayo de 1942.

66Gustavo A. Uruchurtu nació en Hermosillo el 9 de marzo de 1889. Obtuvo el título de médico cirujano con especialidad en urología en la Universidad Nacional en 1918. Fue diputado federal por el estado de Sonora en el periodo 1928-1930, aunque no lo concluyó pues, desaforado en 1929, se exilió en Los Ángeles, California. A su regreso, fue senador por Sonora en el periodo 1946-1952. ALMADA, Francisco R., Diccionario de historia, geografía y biografía sonorenses, Hermosillo, Instituto Sonorense de Cultura, 2009, p. 716 y CAMP, Mexican Political, p. 305.

67GONZÁLEZ, Israel, "México bello y chismográfico", El Pueblo, 21 de abril de 1942.

68Colección Particular, Correspondencia de Israel González, carta de Ernesto P. Uruchurtu a Israel González, Ciudad de México, 27 de octubre de 1942.

72"Símbolo de los tiempos", El Imparcial, ed. especial, 16 de septiembre de 1945.

73"Candidato a Senador", El Imparcial, 20 de octubre de 1945.

74"Prohibición a los militares de inmiscuirse en la política", El Imparcial, 5 de diciembre de 1945.

Recibido: 23 de Agosto de 2021; Aprobado: 27 de Diciembre de 2021

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