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Tzintzun. Revista de estudios históricos

versión On-line ISSN 2007-963Xversión impresa ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  no.63 Michoacán ene./jun. 2016

 

Reseñas

Sobre Bloch, Avital, y María del Rosario Rodríguez (Coordinadoras), La guerra fría y las Américas, Colima, Universidad de Colima-Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2013.

Nayar López Castellanos1 

1 Centro de Estudios Latinoamericanos. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional Autónoma de México. México.

Bloch, Avital; Rodríguez, María del Rosario. La guerra fría y las Américas. ,, Colima: Universidad de Colima-Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2013. 515p.

Tras el fin de la segunda guerra mundial, el orden internacional quedó fracturado bajo la hegemonía de las dos principales potencias victoriosas en ese conflicto. Por un lado, Estados Unidos de América, encabezando a sus aliados de Europa occidental, esto es, el núcleo central del capitalismo en el ámbito planetario, también eufemísticamente llamado "mundo libre"; y por el otro, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (urss), al frente de la región oriental de ese continente, con el conjunto de naciones que constituirían el bloque del comunismo o socialismo, calificadas como "dictaduras totalitarias" por sus detractores. La llamada guerra fría, había iniciado, con su peculiar retórica de bipolarización e imaginarios ideológicos que la caracterizaron.

El libro La guerra fría y las Américas coordinado por Avital Bloch y María del Rosario Rodríguez, aborda esta temática de gran relevancia para entender la actualidad latinoamericana, en este caso, a través del análisis histórico. En el prólogo, Ignacio Sosa señala: "la confrontación entre Estados Unidos y la urss por la hegemonía mundial en esos tiempos significó la lucha entre dos visiones del mundo, dos sistemas de valores, dos formas de entender las relaciones económicas, y dos maneras de entender la democracia y la política". (p. 12)

Con la participación de 35 autores que escriben 27 capítulos y un epílogo, se presenta una visión multifacética sobre cómo la guerra fría se vivió en el continente americano. El libro, de 515 páginas, se encuentra dividido en seis apartados centrales: i) Doctrinas, ideologías y partidos; ii) Espionaje y seguridad interna; iii) Represión y genocidio; iv) Políticas intrarregionales; v) Cine, fotografía y reportaje; y, vi) Relaciones con Europa y conflictos con Asia. En cada uno de ellos, encontramos casos que ejemplifican la división temática que se plantea la extensa obra.

La guerra fría resulta un periodo muy amplio de estudio porque no sólo refiere a la confrontación entre esos dos bloques sino a una división del mundo en múltiples órdenes, en buena medida contemplados en el libro. Haciendo hincapié en capítulos específicos, abordaremos sobre todo las consecuencias e implicaciones de la guerra fría en la vida política latinoamericana, que en realidad forma parte de un capítulo más de la historia de la hegemonía de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, desde el surgimiento de la peculiar ideología de expansión y conquista territorial que significó el llamado "destino manifiesto" y el establecimiento de la "doctrina Monroe".

La obra pone en evidencia que para América Latina y el Caribe, fue mucho más que un periodo de grandes tensiones en el contexto internacional, por la amenaza siempre latente del desencadenamiento de una guerra con armas estratégicas que terminarían con la vida en el planeta. Nuestras naciones tuvieron conflictos armados internos e intervenciones estadounidenses, guerras que sólo para ilustrar el caso de Centroamérica cobraron la vida de medio millón de personas entre 1954 y 1996, a partir del golpe de Estado planeado y puesto en práctica por la cia para derrocar al presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, como bien se encuentra explicado en dos capítulos del libro: La cia en Guatemala: su papel en el golpe de Estado de 1954 y Las Patrullas de Autodefensa Civil en Guatemala: milicias de contrainsurgencia, 1980-1982.

Cabe señalar que a pesar de ser mencionada en algunos capítulos, la revolución cubana requería un abordaje más profundo, un capítulo especial, pues finalmente constituye el acontecimiento fundamental de la etapa más cruenta de la guerra fría en el continente, no solo por su alianza con los soviéticos (y el "campo socialista" de la época), así como por su posición geoestratégica en el Caribe, sino por haberse convertido, desde la perspectiva estadounidense, en un espacio político-militar vital de la actividad guerrillera latinoamericana y, por ende, en el principal enemigo de Estados Unidos en la región.

Podemos afirmar que el pueblo y el gobierno de Cuba resistieron prácticamente todas las formas posibles de agresión para impedir el avance de los procesos democráticos y revolucionarios que Estados Unidos desplegó durante la guerra fría en América Latina y el Caribe: bloqueo económico, invasión militar de mercenarios, agresiones terroristas, atentados a objetivos económicos y políticos, guerra mediática y ofensiva de organismos multilaterales, entre otros. Así, a partir de 1959, la casa blanca puso en operación toda su maquinaria estatal para evitar que cualquier otra experiencia armada de izquierda tuviera éxito, aunque no pudo contener la victoria del fsln en Nicaragua el 19 de julio de 1979. El capítulo que más se acerca al caso de Cuba, "Teoría del foco de che Guevara: un arma apocalíptica contra la hegemonía de Estados Unidos", de Eitan Ginzberg, sólo explica el contexto en el cual se gesta la visión revolucionaria del che, y su teoría sobre la lucha guerrillera, criticando el sustento central, en la medida en que, de acuerdo al autor, no respondía a las condiciones reales del contexto en el que se desenvolvían los acontecimientos latinoamericanos.

La obra trata el caso de México y el impacto de la guerra fría. El capítulo "Los organismos de seguridad del Estado Mexicano, 1942-1947", de Laura Beatriz Moreno, plantea de una forma muy clara el embrión de la formación, bajo el tutelaje del fbi, de los aparatos de seguridad del Estado y su uso para enfrentar a la oposición de izquierda. Sin embargo, no se considera a México entre los países latinoamericanos en los que se desarrolla la lucha guerrillera, que incluso alcanza mayores dimensiones que en experiencias como las de Brasil, Venezuela o Argentina. El líder campesino Rubén Jaramillo, el profesor normalista Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres, Genaro Vázquez y la acnr, la Liga 23 de Septiembre, las Fuerzas de Liberación Nacional, el Movimiento de Acción Revolucionaria, entre otros, incluso algunos de ellos antecedentes de agrupamientos armados actuales, confirman la importancia que tenía esta vertiente de la izquierda mexicana durante el periodo de la guerra fría. La propia masacre de Tlatelolco en 1968, el halconazo de 1971, la guerra sucia de los setenta y la proscripción durante casi 40 años del Partido Comunista, muestran la violencia que el Estado mexicano supo ocultar con la cobertura de su política exterior, la cual por cierto queda muy bien explicada en el capítulo "El triunfo del sandinismo: la política exterior de México hacia Nicaragua, 1979-1982", de María del Rosario Rodríguez y Mireya Tinoco.

Por otro lado, resulta importante comentar el capítulo "Hay que dar golpe mortal al 'Camelot': acusaciones de espionaje a Estados Unidos en Chile, 1965", en el que se evidencia el uso de las ciencias sociales por el gobierno de Estados Unidos, tanto para la labor de detección de los sectores de izquierda o movimientos insurgentes, como herramienta de cooptación de académicos e intelectuales en la región latinoamericana. La autora Javiera Soto Hidalgo señala: "Camelot es un ejemplo y una ventana desde donde podemos comprender las diversas formas en que la lógica de la Guerra Fría global se hizo presente en los diversos países en desarrollo, y en América Latina en concreto. El patrocinio de investigaciones sociales y los puentes entre académicos estadounidenses y latinoamericanos fueron también parte fundamental del intervencionismo e influjo estadounidense de la Guerra Fría". (p. 171)

Hoy en día, continúa la utilización de programas como Camelot para encubrir la actividad intervencionista estadounidense en América Latina y en el mundo. Por ejemplo, en la obra del antropólogo mexicano Gilberto López y Rivas, Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos. Manuales, mentalidades y uso de la antropología (México, Oceano Sur, 2013), se explican los usos mercenarios que el poder militar estadounidense está haciendo de antropólogos, geógrafos y otros científicos sociales para llevar a cabo guerras asimétricas en diversas partes del mundo. El autor aborda la utilización de la antropología en las campañas contrainsurgentes y en la ocupación neocolonial de países por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos. A través del análisis del contenido de manuales y otros documentos difundidos por Wikileaks, pone en evidencia los conocimientos antropológicos y culturalmente informados de los equipos humanos en el terreno del ejército estadounidense aplicados para derrotar movimientos insurgentes. Este autor destaca la construcción de un liderazgo unipolar después de la guerra fría, señalando su principal rasgo: "la idea del 'policía mundial' que vigila el cumplimiento de su ley y protege sus intereses y seguridad 'nacionales' por encima de cualquier otro; se alimenta de los mitos de 'salvadores del mundo' propalados, reproducidos y ampliados por la propaganda cinematográfica; los incansables rambos matando comunistas, y ahora 'terroristas', en nombre de la justicia, la democracia y la libertad". (p. 51)

Otra temática relevante presente en varios capítulos, tiene que ver con instituciones multilaterales, acuerdos y mecanismos políticos, económicos y militares, como parte del andamiaje jurídico-político que Estados Unidos estableció después de la segunda guerra mundial para amparar su intervencionismo en la región latinoamericana y caribeña, buscando asegurar el control geopolítico durante el enfrentamiento con la Unión Soviética.

En este ámbito, destaca el capítulo "La Alianza para el Progreso: el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social en los sesenta", escrito por Eliana Gabay, Juan Jesús Morales y Juan José Navarro, en el que explican cómo después del triunfo de la revolución cubana en 1959, "Estados Unidos otorgó, entonces, toda la prioridad a la asistencia económica y técnica para la región. Bajo esas circunstancias se entiende el ambicioso programa hemisférico de cooperación al desarrollo, lanzado por el presidente John F. Kennedy, en 1961, con la Alianza para el Progreso". (p. 289)

El Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ilpes) pretendió impulsar el crecimiento industrial de América Latina, aunque bajo la supervisión de Washington. Sin embargo, tras el asesinato de Kennedy, el aumento de la ola guerrillera y el triunfo de Salvador Allende en Chile, Estados Unidos opta por el impulso y apoyo de dictaduras militares. Organismos como la oea, el tiar, el bid y el ilpes, entre otros, cumplieron una función específica durante la guerra fría, siempre al servicio de Estados Unidos. En este capítulo también se expone de forma puntual el debate sobre la teoría del desarrollo y la teoría de la dependencia, incluyendo las contradicciones entre ambas corrientes del pensamiento latinoamericano.

Resulta muy interesante el apartado cultural en el que se incluyen cinco capítulos, relacionados sobre todo con el cine y la fotografía, en los que se muestra el poder de los medios de comunicación y los mitos como arma sicológica. En el texto Sitiados: una mirada hollywoodense al bloqueo de Berlín en 1948, Leandro Gustavo Lacquaniti destaca lo siguiente: "Sitiados ofrece una imagen de la Unión Soviética como un gobierno tiránico, despótico y totalitario que coarta la libertad del pueblo alemán y le impide gozar del derecho de la libre determinación. En ella se resalta la generosidad, el socorro y la asistencia brindada por Estados Unidos a una Berlín acosada y oprimida por la Unión Soviética, para garantizar un futuro de bienestar y democracia en Alemania". (p. 345)

Llama igualmente la atención el capítulo "Imágenes del Caribe: representaciones de la región en la revista National Geographic", de Laura Muñoz, en el que la revista estadounidense describe a la región, en el contexto de la guerra fría, como un espacio tranquilo, apacible, bajo la seguridad de Estados Unidos, en el que la belleza de los paisajes y el exotismo de sus pobladores, hacían de este paraíso un lugar ideal para el turismo y el relajamiento frente a los conflictos mundiales. Contrario a esta visión idílica, justo en el Caribe la guerra fría se deja sentir dramáticamente en la dictadura de Trujillo, en República Dominicana; los Duvalier, en Haití; el asedio político, económico y militar a la Cuba socialista; y la invasión militar de Granada en 1983, que incluyó el asesinato de su primer ministro Maurice Bishop. La autora describe un número de la revista dedicado a este último país, publicada en noviembre de 1984; sobre una de las fotografías, señala: "al final, el retrato de una joven sonriente expresa lo que la revista quiere subrayar: el agradecimiento de la población a la ayuda estadounidense. El texto en su camiseta, debajo de las banderas de Granada y de Estados Unidos, dice 'América, gracias por liberar a Granada'". (pp. 380-381)

La guerra fría y las Américas constituye un laborioso trabajo colectivo que permite entender nuestro presente siglo XXI, valora las graves consecuencias, sobre todo humanas, que América Latina sufrió durante esta etapa del intervencionismo imperialista y ubica las dimensiones de lo que Estados Unidos ha querido ser después del fin de la guerra fría.

Sin embargo, es necesario señalar que algunos autores pretenden ubicar, desde una visión reduccionista, el problema de la guerra fría como un acontecimiento en el que las dos partes en pugna, y sus protagonistas regionales, actuaron de la misma forma, la idea de que todos fueron igualmente malos. Luis Roniger comienza su capítulo Represión y prácticas genocidas: el sustrato ideológico y discursivo de la violencia generalizada, con la siguiente afirmación: "durante la guerra fría, la mayoría de los países latinoamericanos vivió olas de violencia, represión masiva y prácticas genocidas [...] tanto sectores militares como civiles contribuyeron a polarizar la política y las esferas públicas. Presos de imaginarios colectivos polarizados predicaron la opción de eliminar al adversario en forma tan violenta como deseable y factible. La violencia política fue sustentada ideológicamente tanto desde la derecha como desde la izquierda radical, justificando en ambos casos el uso de métodos represivos, generando legados de violaciones masivas a los derechos humanos". (p. 197)

Desde esta visión, pareciera entonces que tanto dictadores como guerrilleros y movimientos populares tuvieron la misma responsabilidad en las prácticas de la tortura, desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales de decenas de miles de latinoamericanos durante la guerra fría; que masacres como las del 68 en México y el Mozote en El Salvador en 1981, los vuelos de la muerte en Chile y México, la operación cóndor en el Cono Sur, los kaibiles en Guatemala, los tonton macoutes en Haití y los escuadrones de la muerte en El Salvador, fueron producto de ese irrazonable y exagerado enfrentamiento ideológico. El autor concluye: "debemos atribuir igual responsabilidad a quienes adoptaron metodologías represivas a través del aparato estatal y a sectores de la sociedad civil que asumieron la violencia. Aun así, el uso generalizado de la violencia por parte de unos en aras del cambio y por los otros a favor de la preservación del orden social existente, lleva a comprender que el problema radicaba en las tendencias autoritarias que prevalecían ampliamente, sin ser privativas de la derecha o de la izquierda". (p. 215)

Paradójicamente, a lo largo de su capítulo, Roniger documenta responsables, fechas y cifras de la violencia desde el aparato estatal, entiéndase desde la derecha, y en el terreno de la izquierda se limita a hacer referencia a unas palabras de Fidel Castro pronunciadas en los momentos más intensos de la agresión estadounidense, en 1961, con relación al papel de los intelectuales, "con la revolución todo; fuera de la revolución, nada", como si esta frase tomada completamente fuera de contexto, pudiera equipararse con las atrocidades realizadas por los militares latinoamericanos educados en la Escuela de las Américas. Los aparatos estatales de las dictaduras miliares y las democracias tuteladas por el hegemón estadounidense, siempre han sido los responsables directos de la violación masiva de los derechos humanos.

En el epílogo, con el nombre Globocop: la guerra fría de Norteamérica: pasado, futuro y presente, Peter Swirski tiende un documentado puente con la realidad actual del mundo, pasadas más de dos décadas del final de la guerra fría. Este autor describe el nivel actual de la carrera armamentista estadounidense, la sofisticación tecnológica de las armas y sus multimillonarios costos, así como el siguiente paso en el terreno de las guerras: "los sistemas armamentísticos se encogerán hasta parecer insectos, convirtiéndose en virtualmente indestructibles entre la multitud o masa dispersa de insectossoldados equipados con armas mortales, y abastecidos de fuentes gratuitas de energía solar. Los soldados mecánicos se reducirán al tamaño del polen y serán igualmente cuantiosos, miles de ellos elevados a la potencia de seis; una especie de nanobots que flotarán alrededor de cada zona de batalla o cada pulgada de tierra de labranza, preparados para volverse letales con el clic de un ratón". (p. 505)

Por último, es importante destacar la calidad de los textos y sus contenidos, con todo y las discrepancias señaladas. Dado lo extenso que resulta analizar el tema de la guerra fría en la región latinoamericana y caribeña, se sugiere considerar, para un eventual segundo tomo, temas como la lucha armada de la época; casos específicos como Granada, Haití, El Salvador y Panamá; procesos represivos como la operación cóndor; el papel de las altas jerarquías de la Iglesia católica, Juan Pablo ii en particular, y la teología de la liberación; pero sobre todo un tema fundamental para tener un panorama completo sobre este proceso que marca la segunda mitad del siglo XX: el grado de incidencia y las repercusiones que tuvo en América Latina y el Caribe el otro gran protagonista de esta historia: la Unión Soviética.

Así, recomiendo ampliamente el libro La guerra fría y las Américas como una lectura indispensable para comprender la historia contemporánea de América Latina y el Caribe, reiterando su principal aportación: estudiar el pasado para comprender el presente, sin olvidar que no obstante que la guerra fría terminó, el gobierno de Estados Unidos continúa actuando como si nada hubiera cambiado, tratando de mantener su política de injerencia hegemónica sobre nuestra América.

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