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Península

versión impresa ISSN 1870-5766

Península vol.14 no.1 Mérida ene./jun. 2019

 

Artículos

Del milagro mexicano a la globalización neoliberal y su materialización en la ciudad de Mérida, México1

From the Mexican Miracle to Neoliberal Globalization and its Materialization in the City of Merida, Mexico

Flora Cabranes Méndez2 

Mauricio Domínguez Aguilar3 

Rafael Ortiz Pech4 

2 Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales (UCS-CIR) de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), flora.cabranes@correo.uady.mx.

3 UCS-CIR, UADY, mauricio.dominguez@correo.uady.mx.

4 Facultad de Economía, UADY, rafael.ortiz@correo.uady.mx.

Resumen

Mucho se ha escrito sobre el neoliberalismo y la globalización en general, y algo, sobre la presencia de estos fenómenos en Yucatán. Lo novedoso de este trabajo es que construye una narrativa que engarza importantes hitos de los planos internacional, nacional y local, para dar cuenta de la forma concreta en que estos fenómenos se materializaron en la ciudad de Mérida, mostrando la interrelación entre dichos ámbitos. Se abordan tres periodos, partiendo del ascenso y la decadencia del "milagro mexicano", que favoreció la llegada de la globalización neoliberal en México. Los siguientes dos periodos (1982-1986 y 1987-1993) dan cuenta de la transición al modelo globalizado neoliberal en México y su materialización en Mérida. Se trata de una época convulsa de grandes cambios: en México, reformas, privatizaciones, retroceso del Estado y, en Mérida, el paso de la economía henequenera a la maquila y un crecimiento urbano desordenado.

Palabras clave: Yucatán; Mérida; neoliberalismo; globalización; urbanización

Abstract

A lot has been written about neoliberalism and globalization in general and, some, about the presence of these phenomena in Yucatan. The novelty of this work is that it constructs a narrative that links important milestones at the international, national and local levels, to explain the concrete form in which they took place in the city of Merida, showing the interactions between these ambits. Three periods are addressed, starting with the ascent and fall of the "Mexican miracle", stimulating the arrival of neoliberal globalization in Mexico. The two next periods (1982-1986 and 1987-1993) give an account of the transition to the neoliberal globalized model in Mexico and its materiali zation in Merida. It was a convulsed time of huge changes: reforms, privatizations, retrenchment of the State in Mexico and, in Merida, the transition of the henequen economy to the maquila, and disorderly urban growth.

Keywords: Yucatan; Merida; neoliberalism; globalization; urbanization

Introducción

El neoliberalismo y la globalización son dos fenómenos que han tenido una fuerte influencia en la vida mundial en las últimas décadas, especialmente a partir de la de 1980, si bien en cada territorio se han materializado de forma diferente. México es uno de los países en donde ambos fenómenos se han experimentado de manera más intensa. Las formas concretas en que estos fenómenos se cristalizaron en el país, a la par de su interacción con hechos de índole político, dieron lugar a una historia económica particular que incluye crisis económicas, importantes procesos inflacionarios, fuertes pérdidas de valor del peso mexicano y ciertas etapas de recuperación. Si bien estos eventos se han venido desarrollando a lo largo de los últimos 35 años, algunos de sus momentos más agudos se dieron durante el periodo 1982-1993, el cual caracterizamos como el de transición del modelo económico estatista a otro de corte globalizado neoliberal.

En este contexto se puede identificar una interrelación cada vez mayor entre los ámbitos o escalas internacional, nacional y local, ocasionando que sucesos que ocurren en las escalas superiores generen fácilmente efectos en lo local. Teniendo esto en consideración, este trabajo tiene por objetivo narrar cómo diversos hechos y procesos socioeconómicos y políticos que tuvieron sus orígenes en los ámbitos internacional y nacional entre 1982 y 1993, interactuaron con otros fenómenos locales, contribuyendo así a la materialización de la globalización neoliberal en la ciudad de Mérida, la cual conllevó profundos cambios que repercuten hasta nuestros días en, por ejemplo, las actividades económicas, el empleo y la urbanización. El caso de Mérida es interesante ya que, siendo una ciudad intermedia, es el polo económico más importante y poblado del sureste mexicano. Este trabajo se desarrolló a partir de una revisión bibliográfica y hemerográfica. Toda la información obtenida fue sistematizada y posteriormente se elaboró la mencionada narrativa. Se identificaron dos momentos clave durante el periodo analizado (1982 y 1987), los cuales se utilizan como eje del trabajo mismo.

Neoliberalismo y globalización económica. Una breve revisión conceptual

La literatura sobre el neoliberalismo y la globalización es sumamente abundante. No se pretende aquí hacer una revisión exhaustiva, sino más bien presentar un esbozo sobre a qué se referirá este trabajo con cada uno de estos conceptos y cuáles podrían considerarse sus rasgos principales, así como dar una breve pincelada acerca del debate existente sobre sus efectos. No existe un consenso acerca de ambos conceptos, aunque en las últimas décadas han cobrado una importancia cada vez mayor como categorías de análisis. La Real Academia Española (RAE) (2015) define al neoliberalismo como una "teoría política y económica que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado". Diversos autores ubican sus orígenes intelectuales en la década de los cuarenta con Hayek, señalado por Cardoso Vargas (2006, 185) como el "gran creador, promotor e instrumentador del modelo neoliberal". Sin embargo, no sería hasta mediados de la penúltima década del siglo XX que, según Sebastián (2004, 60), su triunfo como teoría y como práctica se habría vuelto casi total.

Se caracteriza, en lo teórico, por su exaltación de la lógica del mercado y por la desregulación "para casi todas las cosas", con una gran excepción: el movimiento de personas. Propugna una gran libertad de los agentes económicos individuales, critica la intervención pública que busca incidir directamente en su comportamiento y aboga por un desmantelamiento del Estado en cuanto a interventor directo de la economía (Martínez González-Tablas 2007, 205-07). La forma en que esta teoría se materializó en la práctica fue a través de políticas de equilibrio presupuestario, combate a la inflación, privatización de empresas estatales y, en general, reducción de la intervención estatal en la economía (210). Destacan, entre sus exponentes más conocidos y paradigmáticos, las políticas de Ronald Reagan, en Estados Unidos, las de Margaret Thatcher, en Inglaterra, y el conocido como "Consenso de Washington", planteado en 1989, que vendría a ser una especie de decálogo acerca de los puntos sobre los que se supone que había un acuerdo sobre su potencial efecto benéfico para los países en desarrollo, especialmente para los de América Latina (Jorrat 2013; Palley 2005, 144; Sebastián 2004, 60; Williamson 2009, 1).

Sin embargo, el discurso a favor del retroceso en el papel del Estado no se aplicaría por igual a todas las áreas de la economía. Así, como señala Martínez González-Tablas (2007, 210-12), éste se daría más bien en ámbitos tales como los orientados a lograr flexibilizar el mercado laboral, promover una mayor movilidad en el capital financiero o productivo y deslocalizar la producción, separando las etapas del proceso productivo; y, en nombre de este afán desregu lador, se desmantelaría el Estado de Bienestar. Así, en países donde las conquistas sociales no existían o no estaban tan arraigadas, éstas habrían sido "barridas" en nombre de la eficiencia y la competitividad. Por el contrario, en la práctica, la intervención del Estado se mantendría en cuestiones tales como desarrollo de infraestructura, reconversión productiva, apoyo a las tecnologías de información y comunicación, fomento a la globalización económica, e impulso -o, al menos, permisividad- de alianzas entre propietarios y altos gestores,5 cuestiones que beneficiarían principalmente a los agentes capitalistas.

En cuanto a la globalización, existen múltiples definiciones. Para este trabajo será útil la de Stiglitz (2007, 45) que advierte: "Es la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y (en menor grado) personas a través de las fronteras", pues deja entrever la gran relación entre globalización y neoliberalismo; conceptos que, si bien no son sinónimos, están íntimamente ligados. Conviene también retomar ciertos elementos de las definiciones de Petrella y de Martínez González-Tablas, quienes enfatizan, respectivamente, las interconexiones entre los distintos estados y sociedades, de forma que "eventos, decisiones y actividades en una parte del mundo tienen consecuencias significativas para individuos y comunidades de distintas partes del planeta" (Petrella 1996, 75-77), y la intensidad e importancia de las relaciones externas, que "dejan de ser excepción para convertirse en norma, de modo que los espacios no son ya estudiables cerrados sobre sí mismos" (Martínez González-Tablas 2005, 17).

Otro de sus rasgos principales sería el ascenso de otros actores que juegan un papel importante en los países: los organismos internacionales (principalmente el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio) y las empresas transnacionales que, con sus decisiones de inversión extranjera ya sea directa o indirecta, adquieren una gran capacidad de influencia en diversos países (Méndez Gutiérrez del Valle 2007, 226; Stiglitz 2007, 46). Además, cabe mencionar que la globalización puede abarcar diferentes dimensiones, tales como la cultural, la tecnológica o la económica. En este trabajo nos referiremos sólo a su aspecto económico en su fase más reciente de corte neoliberal, la cual empezó a materializarse de forma más evidente en el mundo en la década de 1980, aunque algunos de sus rasgos fueron rastreados en varios países desde la década anterior, según se desprende de los trabajos de Martínez González-Tablas (2005, 22) y Ornelas Delgado (2004).

Existe en la literatura un profundo debate y una serie de críticas acerca de los efectos del neoliberalismo y de la globalización, especialmente en los lugares donde se llevaron a cabo con mayor intensidad. Profundizar en ello rebasaría los alcances de este artículo. No obstante, se presentan algunos ejemplos. Así, algunos se basan en comparaciones entre economías en las que las "recetas" neoliberales se implementaron con mayor fuerza (como las latinoamericanas), y otras en las que el Estado mantuvo un papel más importante en la dirección de la economía (como las de varios países asiáticos). Destacan también los que tratan aspectos tales como el impacto de estos fenómenos en áreas geográficas concretas, en ámbitos tales como la desigualdad del ingreso, la afectación a sectores productivos específicos, la seguridad social o el empleo.

Por último, cabe resaltar que, a algunas décadas de haberse puesto en marcha esta fase neoliberal de la globalización económica, incluso entre la ortodoxia que la impulsó se han empezado a reconocer, desde hace varios años, sus limitaciones. Esto se observa, por ejemplo, en las amplias críticas recibidas por el Consenso de Washington, el cual habría sido cuestionado por el mismo Banco Mundial desde finales de los noventa (Bustelo 2003).

Ascenso y decadencia del "milagro mexicano" (de la década de 1940 a los años 70)

Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo capitalista en general experimentó varias décadas de expansión económica, con un modelo de acumulación basado en el fordismo. Autores como Martínez González-Tablas (2007, 84 y 85) y Palazuelos Manso (2000) consideran que en esta fase los engranajes del sistema capitalista funcionaron en general bastante bien, al menos en Estados Unidos, con ganancias atractivas para los productores y, a la vez, salarios para los trabajadores que les permitían un poder adquisitivo aceptable.6

Esto, aunado a un contexto keynesiano o de "economía mixta" en el que el Estado tenía en general un papel relevante en la economía, fomentando y apoyando sectores económicos estratégicos mediante subsidios o participación directa. Desempeñaba, además, un papel regulador, buscando impedir o corregir los desequilibrios económicos potenciales, a fin de evitar crisis como la de 1929; aplicando ciertas restricciones en aspectos tales como los mercados de capitales, los intercambios comerciales y la transnacionalización empresarial; y ejerciendo controles de precios, salarios y tipos de cambio. En esta época, este agente tiene también una función relevante como garante del bien común, asegurando un Estado de Bienestar (Martínez González-Tablas 2007, 84 y 85; Sebastián 2004, 55 y 56).

Es un periodo en el que también adquieren paulatina importancia los organismos supranacionales. Esta época, conocida como los "años dorados del capitalismo", tuvo su correlato en México, con el llamado "milagro mexicano".7 Según se desprende de los análisis de Ruiz Chiapetto (1999, 2 y 11) y Alba y Potter (1986, 9 y 10), este último se caracterizó por un crecimiento sostenido de la economía, con tasas de incremento del Producto Nacional Bruto (PNB) del 6 % anual durante la mayor parte del periodo, estabilidad en los precios y el tipo de cambio, y déficit público y deuda externa manejables (ver Gráficas 1-3). Durante las décadas de 1950 y 1960, que constituyeron parte importante del periodo que abarcó el milagro mexicano estuvo en boga el modelo de sustitución de importaciones, que conllevó un elevado nivel de proteccionismo y un fuerte impulso a la industria nacional como motor de crecimiento (Ruiz Chiapetto 1999, 2).

Fuente: Elaboración propia, con datos del Banco Mundial (2017b).

Gráfica 1: Evolución de la tasa de variación del PIB real en México (1961-1993) 

Fuente: Elaboración propia, con datos de Banco Mundial (2017a) para 1960-1969 y de Banco de México (2017b) para 1970 en adelante. Nota: Las etiquetas de datos corresponden a la inflación nacional.

Gráfica 2: Evolución de la inflación a nivel nacional y en Mérida (1960-1993) 

Al igual que en el mundo capitalista desarrollado, en México el Estado ocupaba un papel relevante, tanto regulador como impulsor de la actividad económica y generador de un gasto público importante. En Yucatán y, en concreto, en Mérida, esto tuvo un correlato muy particular. Según Ramírez Carrillo (2012, 202; 2006, 24), la capital yucateca no participó de la bonanza del "milagro mexicano": su economía seguía basada en el monocultivo del henequén, otrora muy exitoso, pero en decadencia desde hacía décadas.8

Al contrario de las tendencias globales y nacionales, con depresión económica en la Segunda Guerra Mundial y un repunte tras ésta, Yucatán y su capital habrían disfrutado de una mayor derrama económica durante el conflicto armado y la guerra de Corea, debido al aumento en la demanda de cordeles elaborados con henequén, y contracción tras su fin. Otra diferencia frente al resto del país era que, en el contexto de una economía nacional replegada hacia el interior, esta actividad tenía los ojos fijos en el exterior, pues su principal mercado era de exportación, y por ello dependía fuertemente de las fluctuaciones de los precios internacionales de los productos finales y de la fibra ofertada por los países competidores. Sin embargo, también se dio una industria interna de bienes de capital que cubría la demanda de la industria henequenera (Ramírez Carrillo 2012, 202; Canto Sáenz 2001, 58, 59, 61, 63).

En este periodo, además, los grandes capitalistas de la ciudad, que fueron expropiados en 1937 y 1938 en el contexto de la reforma agraria cardenista, invirtieron en el exterior y en otras partes del país parte de lo que pudieron rescatar. Así, según Ramírez Carrillo (2012, 203), en 1970 el estado llevaba ya cuatro décadas de ser expulsor neto de capital e, incluso, de empresarios. Esto habría limitado su potencial efecto multiplicador en Mérida.

Pese a las importantes diferencias con respecto a la situación nacional y global en estas décadas, podemos encontrar una importante similitud: el papel preponderante del Estado en la economía, materializado en este caso en su desempeño en la actividad henequenera, destacando el surgimiento, en 1961, de la empresa paraestatal CORDEMEx, que en 1964 realizaría una "expropiación" que, según Canto Sáenz (2001, 62), fue incluso promovida por los propios empresarios,9 al encontrarse en una fase nada alentadora de la actividad. La bonanza en las arcas federales durante el "milagro mexicano" habría facilitado su intervención, aun cuando llevara décadas con serios problemas. Durante este tiempo, esta intervención fue muy variada, incluyendo aspectos como subsidios, precios de garantía, el control del cultivo, su comercialización, aspectos de su industrialización, la conversión de ejidatarios en asalariados al servicio del Estado y el mantenimiento de costos y volúmenes de producción por encima de los que demandaba el mercado, todo aderezado de una gran corrupción e ineficiencia (Canto Sáenz 2001, 60, 62; Ramírez Carrillo 2004, 54; 2012, 202).

Por otro lado, dicha expropiación permitió la capitalización de empresarios meridanos, quienes aprovecharon los recursos obtenidos para invertir en áreas de la economía tales como el cemento, la siderurgia y la industria editorial, dándose así cierta diversificación, que para ese entonces comenzaba a perfilarse ya como necesaria (Canto Sáenz 2001, 63; Ramírez Carrillo 1993, 36; 2006, 31; Quezada 2011, 238).

Decadencia de los "años dorados del capitalismo" y del "milagro mexicano"

Tras las décadas señaladas de prosperidad en México y el exterior (mas no así en Mérida), se habla de un agotamiento del modelo. Por ejemplo, Ramos Pérez (2002, 50 y 51) señala una "reversión de la fase expansiva de la postguerra", generada en parte por un "cansancio" del keynesianismo y del fordismo, incapaces de dar respuesta a los nuevos retos, como el de hacer crecer la productividad a un ritmo capaz de absorber los incrementos salariales que habían beneficiado a los trabajadores gracias a las conquistas del Estado social.

Esto ocurrió en los años setenta, caracterizados también por recesiones en Estados Unidos, Europa y América Latina. El panorama descrito se había agravado por la "crisis del petróleo" que, con su aumento de precios, afectó a gran parte de los países industrializados.10 Ello habría contribuido a generar una espiral inflacionaria, a la que se aplicaron medidas restrictivas sin poder revertirla, generándose el nuevo fenómeno de la "estanflación": estancamiento en el crecimiento, pero con inflación (Cabrera 2014, 75-77). En México, este agotamiento del modelo se reflejó en el periodo del presidente Luis Echeverría (1970-1976), en cuyo último año de mandato el peso mexicano se devaluó un 59.8%, tras al menos dos décadas sin cambios (ver Gráfica 3).

Fuente: Elaboración propia, con datos de BANXICO (2017a). 1/ Los tipos de cambio previos a 1993 están expresados en "nuevos pesos" (equivalentes a los de ese entonces, pero con tres ceros menos), para poder hacer la comparación.

Gráfica 3: Evolución del tipo de cambio peso mexicano-dólar (1954-1993) 

En este contexto, Echeverría aumenta el gasto público de forma importante para atender las demandas populares, pero financiándose principalmente con préstamos externos. Esto habría contribuido a generar problemas tales como desaceleración en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), aumento de la deuda externa e inflación de alrededor del 27%, tras un largo periodo de fuerte control en ésta (ibíd.) (ver Gráficas 1 y 2). A fines de su sexenio, se observaron en México los primeros signos de la nueva corriente neoliberal cuando, en medio de esta situación, el gobierno firma con el FMI un convenio en el que acepta un estricto programa de estabilización (García Alba Iduñate y Serra Puche 1984, 53).

Para esas fechas la "crisis del petróleo" representó una enorme oportunidad para México, en tanto país productor. Prestamistas extranjeros le otorgaron cuantiosos créditos para invertir en el sector, aprovechando que recientemente se habían descubierto importantes yacimientos petroleros, como Cantarell, en Ciudad del Carmen, considerado uno de los tres principales del mundo (Jiménez Alatorre 2006; Ortiz et al. 2010). Esta favorable e inesperada situación llevó al gobierno mexicano a pagar por adelantado sus préstamos con el FMI, cesando con ello su compromiso de seguir un programa económico restrictivo. Así, mantuvo políticas expansivas de gasto público, aprovechando las ganancias derivadas del gran aumento en los precios de petróleo, las cuales produjeron un intenso crecimiento económico nacional a partir de 1978 y hasta inicios de la década siguiente (García Alba Iduñate y Serra Puche 1984, 53 y 54; Jiménez Alatorre 2006), con niveles de alrededor del 9% (ver gráfica 1), niveles que hasta hoy, más de 35 años después, nunca se han vuelto a tener.

Durante los sexenios de Echeverría y López Portillo (este último, de 1976 a 1982), en Yucatán se siguió una política similar, de fuerte gasto público, sustentado en el apoyo de la Federación. Este último, posibilitado por el gran endeudamiento existente en ambos gobiernos y, en los últimos años, por el enorme crecimiento económico nacional ya descrito. En el estado, gran parte de este gasto público se concentró en apoyos a la actividad henequenera (aun cuando su declive seguía en aumento) y en el desarrollo de infraestructura que ayudó a dejar atrás los problemas de incomunicación con el resto del país.11 Entre finales de la década de 1960 y durante la de 1970 se construyen también el puerto de abrigo de Yucalpetén y el parque industrial Felipe Carrillo Puerto, y se moderniza el Aeropuerto Internacional de Mérida (Quezada 2011, 238- 41; Ramírez Carrillo 2004, 87 y 88).

Es en esta época también que surge la ciudad de Cancún -en 1979- (Quezada 2011, 242), que se convertiría, con el paso de los años, en un importante polo turístico que representaría una oportunidad económica para Yucatán y para Mérida, como fuente de empleo, como oportunidad de inversión, y como mercado de productos locales. Las fuertes inversiones federales de fines de los años 70, tanto en Cancún como en Ciudad del Carmen, ante el auge petrolero, detonaron el crecimiento poblacional de dichas zonas y una derrama económica que ayudarían a consolidar el papel de Mérida como centro comercial y de servicios de la Península, iniciado desde mucho tiempo atrás. Los estados vecinos constituían, además, un mercado natural para los bienes manufactureros no duraderos generados en Mérida (Ramírez Carrillo 2006; 33 y 34; 2012, 204-207). Observamos, así, cómo sucesos de los ámbitos global y nacional (la crisis del petróleo, el descubrimiento de nuevos yacimientos y el fuerte rol del Estado) tuvieron una importante repercusión en Mérida.

En lo urbano, en los años setenta Mérida crece con rapidez y desorden, desarrollándose asentamientos irregulares en el sur, poniente y oriente (Lara Navarrete 2014, 65 y 66). En apenas diez años, la población de la Zona Metropolitana de Mérida (ZMM)12 aumentó un 68.4%, mostrando un gran cambio en su velocidad de crecimiento (ver Gráfica 4).

Fuente: Elaboración propia, con datos del INEGI (2017a; b; c; d).

Gráfica 4: Evolución de la población del municipio de Mérida y de la Zona Metropolitana de Mérida (ZMM), y su composición según su lugar de origen (1950-1990) 

Este impresionante ascenso podría atribuirse a un importante éxodo del campo a la ciudad, relacionado con una severa crisis en la actividad henequenera que, según Lugo Pérez (2006, 44 y 45) y Tzuc Canché (2006, 57) se dio en Yucatán en la década de 1970,13 aunque Ramírez (2006, 32 y 38) habla también de una posible sobrevaloración en el Censo de 1980. Según éste, la ZMM alcanzó en total 487 047 habitantes, concentrándose el 87.2 % en el municipio de Mérida. La gran mayoría (el 91 %) había nacido en el mismo estado (ver Gráfica 4).

Para finalizar el recuento de este periodo, vale la pena volver la atención hacia el boom en el crecimiento económico nacional (que, como ya se mencionó, ayudó a financiar parte del alto gasto público ejercido en Yucatán a fines de la década de 1970). Éste, aunado al futuro aún más prometedor que se esperaba tras el desarrollo de más infraestructura para la explotación petrolera, generarían un gran optimismo, el cual se refleja en la famosa frase "Tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia", de José López Portillo.14

Inicio de la transición hacia un nuevo modelo económico (1982-1986)

¿Qué pasó con esa abundancia que, se supone, México tendría que aprender a administrar? En lugar de ésta, lo que llegó fue una crisis económica que sería recordada como una de las peores en la historia mexicana. Explicar sus causas rebasaría el alcance de este trabajo; no obstante, se ofrecen algunas pinceladas al respecto. La economía mexicana se había vuelto muy dependiente de los ingresos petroleros.15 Además, el optimismo ya mencionado había originado que el gasto y el déficit públicos fueran en aumento, así como la deuda externa, por los préstamos ya señalados.16 En este contexto, las tasas de interés en Washington se incrementaron y el precio del petróleo retrocedió. Así, México se vio en la situación de tener que pagar más, pero ya no tener suficientes dólares para ello (García Alba Iduñate y Serra Puche 1984, 53-62; Jiménez Alatorre 2006; Rabasa Kovacs 2013, 46-48).

Este desequilibrio en la balanza de pagos llevó a tener que devaluar el peso mexicano: en apenas un día perdió un 70 % de su valor (García Alba Iduñate y Serra Puche 1984, 62), cayendo por tierra la elocuente promesa de López Portillo: "Defendamos nuestro peso [...], esa es la estructura a la que me he comprometido a defender como perro".17 En ese mismo año, México cae en suspensión de pagos y renegocia sus deudas con el exterior. Firma un acuerdo con el FMI, a través del que recibiría un nuevo crédito y se compromete a fuertes medidas de austeridad (The New York Times 1982), lo que originó severas críticas; por ejemplo, Gutiérrez Garza diría que "el costo del 'rescate' lo han pagado los trabajadores soportando el desempleo y la pauperización absoluta que genera la 'política salvajemente austera' aplicada por el gobierno" (Gutiérrez Garza 1988, 166 y 67).

Todo esto generó, además, una crisis de confianza: los prestamistas extranjeros, antes tan dispuestos a otorgar créditos a México, le cierran las puertas y empieza a darse una fuga de capitales en el país, que en parte lleva a que el gobierno decida nacionalizar la banca en 1982 (García Alba Iduñate y Serra Puche 1984, 62-66).18 Presumiblemente esto habría afectado a todos los inversionistas (incluso locales) con dinero invertido en México en dólares, pues a los depósitos en esta moneda se les aplicó un control de cambios desfavorable.

Con estos antecedentes, 1982 termina de forma catastrófica: con una devaluación de 470.5%, en apenas un año, un crecimiento anual prácticamente nulo (de hecho, el PIB real decreció ligeramente), y una inflación estratosférica, de 98.8% anual para México y 92.6% para Mérida (ver Gráficas 1-3). Esto representó una pérdida en el poder adquisitivo de los trabajadores, aun cuando el salario mínimo se incrementó en dos ocasiones durante el año.19

Es en este año también que asume la presidencia Miguel de la Madrid, quien, según Ramírez Carrillo (2004, 94) impondría en su sexenio políticas neoliberales. Este mismo año, Graciliano Alpuche toma posesión como gobernador del estado de Yucatán. Podemos caracterizar su gobierno, de tan sólo dos años, como de transición entre el modelo anterior y el nuevo, de corte neoliberal. Aprobado por el presidente saliente (López Portillo) y más afín a sus ideas y políticas estatistas, abogaba por un mayor gasto público federal en el henequén, dada su importancia social y la falta de una alternativa viable capaz de absorber a toda la fuerza de trabajo todavía dedicada a éste, aun cuando ello no era acorde ni con las condiciones de esta actividad, ni con la pésima situación de las arcas federales, ni con la ideología y políticas que el nuevo presidente había comenzado a impulsar (Canto Sáenz 2001, 112-117).

Durante su gobierno impulsó también la inversión pública directa en la ampliación de fábricas propiedad del Gobierno del Estado (una de postes y otra de muebles), así como el establecimiento de otras dos y la producción de leche en CORDEMEX (con vacas que serían alimentadas con el bagazo del henequén). No obstante, se perciben también en su gobierno los primeros atisbos de un viraje de rumbo: su Plan de Desarrollo incluyó, por primera vez, referencias a la inversión extranjera, las exportaciones y las maquiladoras como elementos a impulsar -aunque ocupaban un lugar secundario en su discurso-, y reportó el establecimiento de un puente marítimo entre Yucatán y el sur de Estados Unidos (ibíd.).

Se observa así una fuerte e importante relación entre las nuevas tendencias surgidas en el exterior (el ascenso de la ideología neoliberal, del que ya se habló), el tipo de políticas restrictivas que el FMI, siendo uno de los organismos internacionales que la enarbolaron, habría impuesto a México a cambio de su "rescate", la nueva política económica del sexenio de De la Madrid, y la que se empezaría a instaurar en Yucatán y, por tanto, en Mérida.

En general, el resto del periodo referido en este apartado fue de gran inflación (con niveles superiores al 59% y de más del 100% en 1986), tanto a nivel nacional como en Mérida, y de bajo crecimiento, con cálculos que lo ubicaban incluso en números negativos en 1983 (-4.2%). El peso mexicano se siguió devaluando, hasta perder un 116% de su valor en 1985 y poco más del 100%, en 1986 (ver Gráficas 1-3). Todo ello, aunado a la fuerte restricción en el gasto público derivada de las políticas de ajuste ya señaladas, afectó también a Mérida, en la que se dio el despido de miles de empleados públicos y la quiebra, entre 1982 y 1987, de cuatro mil establecimientos comerciales pequeños, y de numerosos empresarios industriales (Ramírez Carrillo 2006, 36).

Volviendo al plano nacional encontramos que, de acuerdo a Gutiérrez Garza (1988, 167-70), las nuevas políticas buscaban incluir la orientación hacia el mercado exterior, el aprovechamiento de nuevas tecnologías y la reconversión industrial. Sin embargo, también se daría en este periodo una flexibilización en el mercado laboral que significaría un retroceso en la estabilidad en el empleo, la protección y las prestaciones sociales, todo lo cual había estado arraigado en las épocas de bonanza de las que se habló en el apartado anterior. Como parte de estas nuevas políticas se da también, en 1983, un decreto a nivel nacional para el fomento y operación de las maquiladoras de exportación, a las que se les otorgarían ciertas ventajas fiscales para su instalación (Ramírez Carrillo 2004, 304). Puede observarse una gran relación entre esto y lo que ocurriría inmediatamente después en Yucatán ya que, apenas un año más tarde, en 1984, Víctor Cervera Pacheco asumiría el poder como gobernador interino del estado, caracterizándose su gobierno por un fuerte impulso a la atracción de empresas maquiladoras y al modelo neoliberal en Yucatán (ibíd. 93 y 94; Canto Sáenz 2001, 123).20

Entre 1983 y 1984 se inician la ampliación del puerto de altura de Progreso (a fin de permitir barcos de gran calado y, con ello, favorecer la atracción de maquiladoras), y la de la carretera Mérida-Progreso (Quezada 2011, 241 y 44; Ramírez Carrillo 2004, 65). Estas obras, con el tiempo, beneficiarían también a las exportaciones yucatecas por barco.

Puede notarse una gran alineación entre las nuevas políticas liberales adoptadas en el centro del país y las llevadas a cabo en Yucatán durante el gobierno de Cervera. Así, por ejemplo, Quezada señala que, una vez en el poder, Cervera "comenzó a aplicar el nuevo proyecto económico de privatizar las empresas públicas, aplicar una austeridad presupuestaria, desregular la actividad económica, reorientar el aparato productivo hacia el exterior y promover de manera activa la inversión extranjera" (Quezada 2011, 243).

Así, también en 1984, Cervera impulsaría el Programa de Reordenación Hene-quenera y Desarrollo Integral de Yucatán, que buscaba diversificar la economía y reducir la intervención estatal, lo que marca un parteaguas en la actividad económica del estado, antes tan dependiente del cultivo del henequén. Hasta este mismo año, pese a la tendencia decreciente en su producción, la inversión pública en esta actividad había continuado, representando sus subsidios alrededor del 80% de la inversión total federal en Yucatán. Ahora, en teoría, el Estado ya no intervendría en la economía y sólo apoyaría los proyectos rentables, a través de la banca comercial o de fomento (241 y 243).

Con esta nueva orientación, el gobierno estatal prácticamente intenta, entre otras cosas, sustituir la actividad henequenera por la atracción de maquiladoras, como motor del nuevo modelo de desarrollo en Yucatán. Se busca también, en general, incrementar el papel de la iniciativa privada. Así, Cervera coloca en su gabinete, al frente de importantes dependencias orientadas al desarrollo económico, a empresarios locales, práctica con la que continuarían otros gobernadores posteriores (Quezada 2011, 243 y 44; Ramírez Carrillo 2004, 94 y 95, 107 y 92). Lo anterior impulsa la formación del Parque de Industrias No Contaminantes, con capital de empresarios locales. Éste sería el primero de Yucatán especializado en la maquila y otorgaría, a las empresas que se instalaran, la ventaja de su cercanía a la carretera, a redes ferroviarias y al puerto de Progreso.

Aun cuando se esperaba que la instalación de las maquiladoras beneficiara a las clases alta y media meridanas y que, a la vez, creara miles de empleos, principalmente para las clases obreras, la visión de sus promotores en cuanto a sus beneficios potenciales era al parecer bastante realista. Así, según Ramírez Carrillo (2004, 111), había la "sensación de que la maquila es una actividad transitoria" la cual, señala, era una visión "compartida por todos los que participaron en su promoción". Cabe señalar que, pese a que en este periodo comenzó propiamente la atracción de maquiladoras, desde que Luna Kan gobernó Yucatán (1976-1982) se buscó ampliar la educación de la población urbana y rural de escasos recursos, a fin de volverla "apta" para el trabajo industrial que se esperaba fuera generado ante una eventual llegada de maquiladoras, para lo que se crearon escuelas técnicas (86).

En lo urbano destaca que la migración del campo a la ciudad continúa a raíz de la situación henequenera, y que en 1984 se prohíbe la ocupación ilegal de terrenos y se frena la ocupación irregular en la periferia de Mérida, dirigiéndose entonces a los municipios aledaños de Conkal, Kanasín y Umán, que hoy forman parte de la ZMM (Cota Castillejos 2007, 37 y 38; Quezada 2011, 249). También resulta significativa la gran expropiación de tierras ejidales en torno a Mérida, las cuales pasarían a formar parte de la reserva territorial del estado, y que podría ser aprovechada por el gobierno, por ejemplo, para ofrecer terrenos a las maquiladoras a cambio de su instalación (Ramírez Carrillo 2004, 58).

En 1986 México ingresa al GATT, acción que había evitado durante los casi 40 años que éste tenía de existencia hasta ese momento pero que, como reconoce la Secretaría de Economía (2017), se llevó a cabo como "parte de su política de apertura comercial iniciado [sic] a principios de los años ochenta". Aunque se esperaba que esto aumentara en gran medida las exportaciones mexicanas (Ruiz Chiapetto 1999, 4 y 5), se convertiría en un enorme reto para la industria nacional. Debido a que, tras tantos años de ser la única que podía proveer de bienes y servicios a los mexicanos, es natural suponer que no habría desarrollado la competitividad suficiente para hacer frente a los productos del exterior que ahora venían a competir con los suyos. Además, las empresas mexicanas en ese entonces se enfrentaban también al gran encarecimiento de la maquinaria e insumos productivos, debido a los altísimos niveles de inflación y de devaluación en el periodo, y al retroceso en la capacidad de consumo de las familias. Esta apertura comercial representó también un gran reto para las empresas locales en Mérida las cuales, según Canto Sáenz (2001, 74), se vieron afectadas incluso por la competencia con empresas nacionales que llegaron a esta ciudad (terminando unas por quebrar y, otras, por fusionarse con ellas), aunque también fue una oportunidad para las que estaban en capacidad de exportar a Centroamérica y el Caribe.

En 1986 se da también otra importante caída en el precio del petróleo, lo que lleva, en la escala nacional, a otra fuerte devaluación, aumento de inflación, riesgo de recaer en otra moratoria de pagos (Ruiz Chiapetto 1999, 5) y a un descenso en el PIB (ver Gráficas 1-3).

Este periodo se habría convertido en el de mayor pérdida de valor del peso, al menos en toda la historia moderna del país, al haber pasado de 26.18 pesos mexicanos por dólar iniciando 1982, a 913.50 al término de 1986.21 Es decir, en apenas cinco años se devaluó más de un 3 000%. Fue también un periodo de hiperinflación, en el que el índice de precios al consumidor en Mérida aumentó en la estratosférica y absurda cifra de 1716.27% para el conjunto total de esos mismos cinco años. No obstante, y aunque el salario mínimo se ajustó más de una vez al año para hacerle frente, entre inicios de 1982 y el cierre de 1986 su aumento en Yucatán fue de un 707.8%, cifra muy alta, pero mucho menor a la inflación acumulada ya mencionada, dándose un fuerte retroceso en el poder adquisitivo (ver Gráficas 2 y 3).

Cabe notar cómo, para este periodo, las políticas locales de reducción en el gasto público (materializado en gran parte en la reducción del apoyo a la actividad henequenera) y de promoción de maquiladoras fueron un reflejo de las políticas nacionales de restricción fiscal, apertura al exterior, búsqueda de atracción de Inversión Extranjera Directa (IED), y del retroceso del papel del Estado. Asimismo, estas políticas, llevadas a cabo en el ámbito nacional, en parte por necesidad (ante el ahogo financiero descrito, no había recursos ya para continuar con niveles elevados de gasto público) y en parte por compromisos con el exterior (en concreto con el FMI, como ya se detalló), habrían sido a su vez un reflejo del inicio del dominio del neoliberalismo que, según Martínez-González Tablas (2007, 160 y 61), se dio en el mundo en la década de 1980, y de la aceleración de la transnacionalización empresarial que, según la misma fuente, habría iniciado a nivel mundial algunos años atrás.

Consolidando la transición: reformas y privatizaciones (1987-1993)

Si 1986 había sido un muy mal año para México en términos económicos, 1987 también lo fue, pero por otros motivos. Aunque la entrada al GATT fue un importante reto por la competencia para los productos mexicanos, la gran pérdida de valor del peso favorecía su competitividad exportadora. Sin embargo, un nuevo suceso arrastraría a la economía: la enorme caída de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) en octubre de 1987, con fuertes repercusiones en el tipo de cambio, las tasas de interés y los precios (Basáñez 1999, 94 y 95).

El valor del peso mexicano experimenta su segunda caída más importante frente al dólar (de 143.6%), al menos en la historia moderna de México, sólo superada por la de 1982. Ésta se añade a las de 1985 y 1986, de forma que el precio del dólar alcanza los 2225 pesos a fines de 1987, cuando en enero de 1982 era de apenas 26.18 pesos.22 La inflación alcanza sus niveles máximos desde 1960 hasta el día de hoy (2018), siendo de alrededor de 160 % anual a nivel nacional y en Mérida (ver Gráficas 2 y 3). Para intentar apoyar a los trabajadores ante esta situación, el salario mínimo se incrementó cinco veces en el año, pero su aumento (de 112.8% en Yucatán) fue mucho menor al de la inflación, afectando al poder adquisitivo de los ciudadanos, que venía ya retrocediendo desde los últimos años.

¿Qué fue lo que provocó esta caída bursátil? Autores como Basáñez (1999, 94 y 95) hablan del estallido de una burbuja especulativa que se habría ido formando desde 1983, con un auge exagerado de la BMV, para nada acorde con la situación real de las empresas cotizantes, ni de la economía mexicana. Según dicha fuente (95-101), este auge habría sido alentado en parte por el mismo gobierno que, tras la nacionalización de la banca, habría fomentado y desregulado los mercados bursátiles, ofreciendo una alternativa atractiva para el regreso de capitales que emigraron tras los problemas de 1982. Para dar una idea de este incremento, cabe señalar que, en 1987, en sólo tres meses el índice de precios de la BMV había aumentado más que en sus 93 años de existencia (Zúñiga 1988). Sin embargo, en el último trimestre del mismo año se da una abrupta caída.23 Entre los motivos se mencionan cuestiones políticas asociadas a la sucesión presidencial, el cierre de la BMV por unas horas el 5 de octubre de 1987, el contagio del enorme crash bursátil del índice Dow Jones, en Estados Unidos, durante el llamado Lunes Negro y la propagación del pánico entre los accionistas (Basáñez 1999, 94, 101-04; De la Madrid Hurtado 2004, 760-63; Arteaga 2015).

Lo ocurrido muestra otro rasgo que, según Martínez González-Tablas (2007, 161, 71 y 76) estaría ligado con la fase actual de globalización neoliberal y se habría desarrollado en el mundo en los ochenta: la desregulación de los mercados financieros y la "financiarización", en la que el capital adquiere un comportamiento casi propio, con un importante grado de autonomía frente a la economía real. Todo esto sería un ejemplo más de las formas concretas en las que fenómenos de carácter más global se particularizaron en México y también en Mérida, en la que, según Basáñez (1999, 96), se erigieron casas de bolsa durante este periodo.

En palabras de Alberto Siqueff, director de Vector Casa de Bolsa,24 en los primeros años de éstas en Mérida, "la gente no entendía cómo funcionaban". Hasta justo antes de la crisis habían experimentado un boom, con muchos años de acumulación de utilidades en sus inversiones. Según comentó al recordar esos tiempos, en los que ya trabajaba en una casa de bolsa, había poca información y un optimismo desmedido ("creían que todo lo que ponían allá, iba a subir [...] era una utopía [...] era un espejismo realmente"), que podemos atribuir a la impresionante burbuja que llevaba años formándose, aunada a una escasa cultura financiera y a que ésta era una actividad todavía incipiente en la región.

Según la misma fuente, el crack del 87 llevó, en Mérida, a un tremendo "apanicamiento", con una enorme pérdida de confianza que se mantiene "hasta el día de hoy". Así, aunque posteriormente ha habido otras crisis que han impactado fuertemente al mercado bursátil y a inversionistas meridanos, ésta fue la peor en términos de pérdida de confianza, marcando un antes y un después, pues es cuando mucha gente comenzó a ser consciente, "a la mala", de los riesgos verdaderos que conlleva este tipo de transacciones.

Tal y como añadió, en esa época, atraídos por la larga racha de bonanza, en Mérida era mucha la gente que invertía, sin tomar en cuenta aspectos como su edad, posibles necesidades de liquidez futuras, etc. Su perfil era muy amplio (empresarios, amas de casa, pequeños comerciantes, etc. y, aunque algunos tenían un nivel educativo alto, "otros no tenían ni idea de lo que estaban comprando"). Según explicó, había quienes invertían en bolsa todo su dinero y esperaban recibir ganancias a final de cada mes, y "mucha gente debió estar más en un banco que en una casa de bolsa". Encandilados por las perspectivas de ganancia, algunos llegaron a vender sus casas o adquirieron créditos para comprar más acciones y, con el crack, tuvieron pérdidas catastróficas: "todo lo que no se debe hacer en una inversión, se hizo". No se tenía el cuidado de diversificar y, además, la oferta de instrumentos de inversión era más limitada a la actual y, la regulación, mucho menor (ibíd.).

Para este periodo, destacó también, en 1988, el inicio del periodo de Carlos Salinas de Gortari como presidente de la República, quien llevaría a cabo diversas reformas de carácter neoliberal, tales como la privatización de empresas estatales (en especial de telefonía y siderurgia, así como la reprivatización de la banca comercial)25 y la profundización de la apertura comercial, ya iniciada con la entrada de México en el GATT. La tónica de su gobierno queda reflejada en estas frases, pronunciadas por él durante su toma de posesión: "La modernización de México es indispensable. La modernización de México es también inevitable... Cambiaremos para estar en la vanguardia de la transformación mundial").26

Este periodo coincide con la publicación, en 1989, del Consenso de Washington, que contenía el "decálogo" de "recetas" de corte neoliberal recomendadas para América Latina, y del que el gobierno mexicano muestra ser fiel seguidor. A nivel global, este periodo es además un hito importante en la globalización, con el fin de la Guerra Fría, que reconfiguré la relación entre bloques y regiones, y afianzó al capitalismo como sistema prácticamente generalizado (Martínez González-Tablas 2005, 22; Méndez Gutiérrez del Valle 2007, 225).

La corriente globalizadora y neoliberal nacional y mundial adquieren su propia identidad en Yucatán con Dulce María Sauri, que en 1991 asume la gubernatura interina y, acorde al proyecto de Salinas, en 1992 cierra la empresa paraestatal CORDEMEX. Se distribuirían liquidaciones, indemnizaciones y jubilaciones entre los trabajadores, ejidatarios y campesinos, respectivamente, marcando el final de la larga intervención estatal en la industria henequenera de Yucatán (Quezada 2011, 245). En este mismo año, las maquiladoras (antes concentradas en Mérida) empiezan a esparcirse hacia otros municipios del estado, frenando la presión demográfica en la ZMM generada por las altas tasas de inmigración proveniente sobre todo de la zona henequenera (Canto Sáenz 2001, 67).

En 1993, como parte de las estrategias de liberalización en México, se modifica la Ley de Inversión Extranjera como maniobra para atraer IED, con lo que se permitiría que los extranjeros pudieran ya invertir en prácticamente todos los sectores productivos (Canto Sáenz 2001, 147). Sobresale también el florecimiento de las primeras franquicias extranjeras, tanto a nivel nacional como local. Si bien la primera en instalarse en el país fue McDonald's, en 1985, es hasta 1991 que México reconoce a la franquicia como una figura jurídica vigente (Feher Tocatli 2015). Así, en este periodo se establecen en Mérida franquicias extranjeras, como Seven Eleven y Burger King. También cadenas nacionales, en especial supermercados como Comercial Mexicana y Chedraui, sobre todo en el norte de la ciudad, de más poder adquisitivo. Además, se inaugura la autopista para un tramo del trayecto Mérida-Cancún, a fin de fomentar la interacción económica entre ambas ciudades (Canto Sáenz 2001, 83 y 133).

Este incremento en comercios y negocios se da a la par de un importante crecimiento demográfico y urbano. Según datos del X y XI Censo de Población y Vivienda (INEGI 2017d; e), la población en el municipio de Mérida aumentó un 31.2% (alrededor de 100 000 habitantes) en una década, rebasando para 1990 el medio millón de habitantes. El crecimiento del conjunto de la ZMM fue incluso mayor (de 37%), pasándose de cerca de medio millón de habitantes en 1980, a 667 312 habitantes en 1990 (ver Gráfica 4).

La superficie urbana alcanza 17 280 hectáreas (27.8% más que en el decenio anterior). Parte de este incremento habría estado ligado a la compra y expropiación de tierras ejidales, posibilitadas por las nuevas leyes que, como parte de la política nacional, permitían su comercialización y privatización, aunadas a la pérdida de interés en la actividad agrícola, a raíz de la debacle henequenera. Esto facilitó que muchos campesinos vendieran sus tierras a precios relativamente bajos (Cota Castillejos 2007, 87; Ramírez Carrillo 2004).

En la década de 1980 las tierras ejidales en torno a Mérida fueron sujetas a especulación y continuaron sus expropiaciones. Sólo entre 1986 y 1987 se expropiaron 9 mil hectáreas (Ramírez Carrillo 2004, 262). En 1987 surge la Comisión Ordenadora del Uso del Suelo en Yucatán (COUSEY), del gobierno estatal, la cual se esperaba administrara la venta de terrenos ejidales, vigilara que el crecimiento territorial fuera ordenado y facilitara la existencia de vivienda accesible para los ciudadanos. Esta regulación iría acompañada de la de la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (CORETT), organismo federal creado desde los años setenta, con el fin de intentar regular la venta ilegal y la invasión de tierras ejidales (Ramírez Carrillo 2004, 263). Sin embargo, pese a la regulación que supuestamente debían ejercer la COUSEY y la CORETT, proliferaron los asentamientos irregulares y se dio un crecimiento urbano desordenado (Lara Navarrete 2014, 58 y 59).

De hecho, suelos inicialmente destinados para protección al medio ambiente se habrían empleado para otros fines (Lara Navarrete 2014, 60) y parte importante de la enorme reserva territorial propiedad del gobierno yucateco, se fue vendiendo de forma indiscriminada (e, incluso, corrupta en muchos casos, y a precios muy bajos). Así, estas tierras se habrían terminado aprovechando para especulación o para el desarrollo de proyectos inmobiliarios que serían la base de gran parte del elevado crecimiento que se ha ido dando en la ciudad en los últimos años (Ramírez Carrillo 2004, 263, 64, 71).

Pese al enriquecimiento de ciertos sectores de la población mediante las estrategias ya mencionadas (y de otras, tales como la corrupción en obra pública, de la que habla Ramírez Carrillo (2004, 15, 35 y 36), que beneficiaba a funcionarios y empresarios),27 en general los ingresos de la población meridana no eran buenos. Según datos del INEGI (2017e) en 1990, cerca del 65% de la población municipal ocupada ganaba dos salarios mínimos o menos, mientras que sólo alrededor del 8% de ésta tenía ingresos superiores a cinco salarios mínimos.

Asimismo, aunque la pobreza en el municipio de Mérida era muy inferior al promedio nacional y al estatal (dadas las mejores condiciones de vida en la ciudad que en las zonas rurales yucatecas, tradicionalmente pobres), aun era elevada: según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) (2017a), 42.2% de sus habitantes estaban en pobreza patrimonial y, 12.9 %, en alimentaria,28 contrastando fuertemente esta realidad con la discutible frase de Pedro Aspe, Secretario de Hacienda durante gran parte del gobierno de Salinas: "la pobreza en México es un mito genial".29

Este periodo cierra con 25 maquiladoras en Yucatán en 1993 (cuando en 1988 eran apenas nueve),30 un tipo de cambio estable desde 1988 (tras el enorme descalabro del año anterior) hasta 1993, un PIB nacional recuperado y una inflación controlada dentro de lo que cabe (de 8.8% en Mérida en 1993), muy inferior a las cifras de dos dígitos de los años previos. No obstante, se había acumulado una pérdida importante en el poder adquisitivo de las familias meridanas, pues en los siete años de este periodo se acumuló un aumento general en los precios de 816.8% en Mérida, muy superior al incremento de 373.6% en el salario mínimo yucateco para el mismo periodo (ver Gráficas 1-3). Los precios habían adoptado ya cifras exorbitantes, también a nivel nacional, lo que llevaría a que en 1993 la Federación decidiera eliminar tres ceros a la moneda, para fines prácticos. Pese a todo, la recuperación en la economía mexicana, sus numerosas reformas que lo mostraban como un alumno aventajado en el camino del neoliberalismo y su ambicioso plan de poner en marcha un inédito tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá hacían que el país fuera visto con buenos ojos en el extranjero, ya que parecía que daba importantes pasos hacia la modernidad. Tan es así que, al cierre de este periodo, se negociaba su posible ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (Flores 1994, 518 y 22).

Conclusiones

Muchas de las medidas de ajuste realizadas en el periodo de transición de la economía mexicana al modelo neoliberal globalizado se consideraban pasos difíciles pero necesarios en el camino hacia la modernidad y el desarrollo. Actualmente, a unos 35 años del inicio de este proceso, México sigue sin convertirse en un país desarrollado. Lo que sí queda claro es que durante el periodo de transición a este modelo ocurrieron en el país grandes desequilibrios económicos: hiperinflación, exorbitantes pérdidas de valor en la moneda, crisis económicas, y un retroceso en el nivel de vida de la gran mayoría de la población mexicana.

Aunque en el pasado Mérida dependió excesivamente de la actividad henequenera, cuya vida se prolongó artificialmente durante mucho tiempo por motivos sociales, la pérdida del apoyo que recibía del Estado y su sustitución por la atrac ción de maquiladoras como estrategia de desarrollo en el periodo de referencia puso a la ciudad y su zona metropolitana en una situación vulnerable, como era reconocido por sus mismos promotores, pues era una forma relativamente fácil de conseguir la generación de miles de empleos pero, a la vez, sin obtener una mayor derrama económica y, en general, sin que estas empresas se integraran con el tejido productivo local, pudiendo llegar, además, a emigrar fácilmente.

Por otro lado, la apertura comercial (iniciada con la entrada al GATT) y la inversión extranjera directa, resultaron difíciles retos para las empresas locales, al aumentar su competencia. Pudo haber sido también una oportunidad para orillarlas a incrementar su competitividad, aunque parece, más bien, que produjo un cambio en las estrategias de los empresarios meridanos, por ejemplo, invirtiendo en franquicias, vendiendo o aliándose a los capitales extranjeros y nacionales, que empezaron a llegar en parte a raíz de las mejoras en infraestructura dadas en este periodo. La privatización de tierras ejidales, posibilitada durante el periodo de transición, junto con su expropiación en grandes cantidades, sentó las bases de un fuerte proceso especulativo y de mayor urbanización en el norte de Mérida, que se intensificaría en los años siguientes.

Para conocer en detalle los efectos del periodo de transición de la economía mexicana al modelo neoliberal globalizado ya no sólo a nivel macro, sino en el ámbito micro que considere su influencia concreta en las empresas y familias meridanas, se sugiere la realización de estudios que la exploren, para los hitos y tendencias asociados con los dos subperiodos aquí señalados, así como la manera en que los agentes se enfrentaron a estos.

El recuento realizado en este trabajo permite detectar la estrecha relación que hubo entre los fenómenos y cambios de política a nivel nacional y local, y cómo estos fueron, a su vez, un reflejo del ascenso de estas nuevas fuerzas en el ideario de la ortodoxia económica imperante en Estados Unidos y en otras partes del mundo y que, a través de los organismos internacionales, la expandieron por el planeta. Asimismo, trae a la memoria un pasado no tan remoto, pero no vivido por muchos de los meridanos de hoy en día y, quizás, no del todo recordado por quienes lo experimentaron, un pasado que evoca el contraste que hace Romero González (2007, 11) al referirse a las décadas de 1950, 1960 y 1970 como un tiempo de seguridad y certidumbres, en contraste con la inseguridad, vulnerabilidad e incertidumbre que surgen tras los cambios que adquieren forma en los años ochenta. Aunque Romero González mencionó esto sin referirse a un territorio en particular, es perfectamente aplicable a México y también a Mérida (pese a no haber disfrutado esta última de la bonanza del "milagro mexicano", más que de forma indirecta), dadas las transformaciones narradas en este trabajo y otras que vendrían después, tales como el cambio en el régimen de pensiones y que contribuyó a hacer retroceder el sistema de protección social en el país. Esta mirada al pasado nos debe obligar a formularnos preguntas tales como: ¿podría ser diferente nuestra actual realidad económica y social o forzosamente tienen que continuar siendo tal y como son ahora? ¿El neoliberalismo y la globalización son fenómenos para los que no hay vuelta atrás o habrá alguna manera de aprovecharlos mejor como sociedad?

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1Este trabajo se desprende del proyecto de investigación Modificaciones de las Formas de Vida en el Estado de Yucatán en el Contexto de la Urbanización Contemporánea, el Cambio Ambiental Global y la Sustentabilidad, financiado con recursos del Fondo CONACYT-SEP (Ciencia Básica), cuyo Responsable Técnico es el doctor Mauricio Domínguez Aguilar. Se agradece a la fuente de financiamiento.

5Tal y como ocurrió en Yucatán, según describe ampliamente gran parte de la obra de Ramírez Carrillo (2004).

6 Ramos Pérez (2002, 49) y Cabrera (2014, 70 y 71) señalan una fase expansiva también en otros países desarrollados, como Japón y algunos de Europa, con crecimiento económico acelerado y baja inflación.

7El primero habría sido de 1945 a 1970, según Kozulj (2008, 93) y, el segundo, de 1940 a 1970, según Ruiz Chiapetto (1999, 11).

8 Canto Sáenz (2001, 55) ubica esta "lenta decadencia" desde 1918 y, según afirma, esta condición continuó, con altibajos, a lo largo de todo el siglo, estando presente, por tanto, en las décadas que nos ocupan en este apartado. Entre sus causas se encontrarían la Gran Depresión de 1929 y la reforma cardenista de 1937 y 1938, que expropió gran parte de las propiedades de los hacendados. También se señala la disminución en la calidad del henequén, en una primera etapa porque los hacendados, desde que sintieron en riesgo sus propiedades antes de la reforma cardenista, habrían dejado de invertir en productividad, enfocándose en explotar al máximo sus plantaciones y, en una segunda etapa, ya en manos del Estado, por temas de corrupción y malas prácticas diversas (Ramírez Carrillo 2012, 202; Canto Sáenz 2001, 59-62).

9La expropiación cardenista habría sido muy dañina para los antiguos empresarios henequeneros. Tras ésta, muchos decidieron abandonar por completo la actividad. En estas décadas surgirían otros empresarios ligados al henequén, principalmente cordeleros, que serían a los que se refiere esta segunda "expropiación". Más información en Ramírez Carrillo (2006, 25 y 26).

10Esto se debió a medidas de la OPEP que, por razones políticas, restringieron la venta de petróleo. Según datos tomados de Vega Barbosa (2016) y de Rabasa Kovacs (2013), los precios pasaron de 2.90 dólares por barril en 1973, a 11.90 en 1974, en apenas seis meses, y a alrededor de 37 dólares en 1980.

11Aunque parezca increíble, antes, para llegar a la capital, si no se iba en avión (el cual resultaba algo costoso), había que utilizar una combinación de medios de transporte diversos. Incluso ya entrado el siglo XX, para viajar de Mérida a la Ciudad de México, era necesario ir hasta Progreso, para luego viajar en barco hasta Veracruz y, de ahí, ir en tren hasta el destino final (Quezada 2016, 238 y 239). De acuerdo con este autor (239 y 40), la mejora en la comunicación con el resto del país influyó en que capitalistas locales tuvieran un mayor contacto con empresarios de Monterrey y, con su apoyo y asesoría, crearan algunas empresas, incursionaran en nuevos sectores y se desarrollaran incluso fusiones entre empresas locales y nacionales.

12Conformada por los municipios de Mérida, Umán, Kanasín, Conkal, Progreso y Ucú.

13 Lugo Pérez (2006, 44, citando a Villanueva Mukul 1993) y Banco de México (2003) asocian esta crisis a la competencia de Brasil y Tanzania en cuanto a fibra, y a que las fibras sintéticas de polipropileno comenzaron a sustituir a las naturales. Por otro lado, algunos autores hablan de ciertos esfuerzos de diversificación en el campo, impulsados por el Estado, la mayoría de los cuales habrían fracasado (Lugo Pérez 2006, 45; Ramírez Carrillo 2006, 32). Así, estos no habrían logrado detener la fuerte presión demográfica en Mérida.

14Clío. 2005. Sexenio de José López Portillo. 3 de 5. Consultado en septiembre 20, 2017. https://www.youtube.com/watch?gl=ES&hl=es&feature=related&v=suuvVzBE108.

15Para 1977, las exportaciones petroleras representaban el 10 % del total de las exportacio nes mexicanas de mercancías y, para 1981, el 75.1 %. Datos tomados de García Alba Iduñate y Serra Puche (1984, 59).

16Para 1982 el gasto público ascendía a un 34.8% del PIB, según Rabasa Kovacs (2013, 46-48); la deuda externa, al 61.7% de éste y, su servicio, al 53% de las exportaciones, según Gutiérrez Garza (1988, 166). México se había vuelto sumamente dependiente de dos factores externos: el precio del petróleo y el tipo de interés.

17Informativo Visión 7, I. "Defenderé el peso como un perro". https://www.youtube.com/ watch?time_continue=4&v=390taQ2OpTU.

18Ver más información al respecto en El Siglo de Torreón (2012).

19De hecho, el 1 de enero de 1983 el salario mínimo vuelve a subir, aumentando un 43.1% frente al del inicio del año anterior, incremento muy por debajo del casi 100 % de inflación durante todo 1982. Cálculos propios a partir de datos tomados de SAT (2017) y de BANXICO (2017b).

2020 Poco tiempo atrás, en 1982, se habría instalado Ormex en Mérida, siendo la primera maquiladora en ubicarse en Yucatán, aunque su instalación se realizó de forma independiente, sin mediación de esfuerzos de promoción para ello (Ramírez Carrillo 2004, 108; Morales, García y Pérez 2001, 318).

21Cifras expresadas en "viejos pesos".

22Cantidades equivalentes a 2.225 y a 0.02618 pesos mexicanos actuales, respectivamente.

23En octubre, el índice de la BMV retrocede en 41.8% frente al mes anterior y, para diciembre, la pérdida acumulada de esos tres meses era cercana al 70%. Cálculos propios, a partir de datos de Basáñez (1999, 97).

24Alberto Siqueff (director de Vector Casa de Bolsa), en entrevista personal, junio de 2018.

25Según Turrents (s.f., 23) y Sacristán Rey (2006, 54), la privatización de empresas estatales inició con De la Madrid, pero con Salinas se dieron las más importantes y controvertidas. La relación entre privatización y neoliberalismo es resaltada por esta última fuente, quien señala que esta se convirtió "en una de las recetas de la sana política económica recomendada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial".

26Extractos del discurso de toma de posesión de Salinas (Salinas De Gortari 1988).

27Según dicha fuente (268), en este periodo llegó a pasar que, por recibir un contrato, la empresa pagara entre un 10 y un 20 %, aunque esto no puede ser comprobado.

28La pobreza alimentaria sería la incapacidad para obtener una canasta básica alimentaria, aun empleando para ello todo el ingreso disponible del hogar; por otra parte, la pobreza de patrimonio, la incapacidad para adquirir la canasta alimentaria y realizar los gastos necesarios en salud, educación, vestido, vivienda y transporte, aun empleando para ello la totalidad de los ingresos del hogar (CONEVAL 2017b).

30Datos de 1988 tomados de Quezada (2011, 244).

Recibido: 30 de Enero de 2018; Aprobado: 24 de Agosto de 2018

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