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Agricultura, sociedad y desarrollo

versión impresa ISSN 1870-5472

agric. soc. desarro vol.14 no.3 Texcoco jul./sep. 2017

 

Artículos

Transformaciones y continuidades en el manejo y concepción del bosque y las relaciones de género en Santa Catarina Lachatao, Oaxaca

Coral Rojas-Serrano1 

Beatriz Martínez-Corona1  * 

1 Colegio de Postgraduados, Campus Puebla, México. (carapacha11@hotmail.com) (beatrizm@colpos.mx)

Resumen:

El artículo analiza la forma en que los habitantes de Santa Catarina Lachatao, en Oaxaca, México, comunidad gobernada por instituciones indígenas autónomas, conciben, manejan y dan significado al bosque con el que reproducen un modo de vida agrícola moldeado por cambios históricos en la economía local, nacional e internacional, además de las diferencias genéricas en cuanto a la toma de decisiones y acceso a recursos forestales. Se empleó un enfoque cualitativo de investigación, con entrevistas en profundidad con hombres y mujeres de la localidad y el uso de la observación participante. Se identificó que afectados por el sistema económico global los pobladores de la comunidad defienden su forma de manejo forestal desde la conceptualización y organización propias, con anclajes culturales persistentes, que marcan espacios y actividades diferenciados para hombres y mujeres, las cuales reproducen diferencias genéricas en cuanto a experiencias y acercamientos a los recursos y distintas posiciones en la estructura de poder. El bosque les permite conservar una forma de vida comunitaria y agrícola, y realizar nuevas actividades económicas como el ecoturismo.

Palabras clave: acción colectiva; bosque; comunitaria; género; gestión territorio

Introducción

Ante la crisis ambiental y el cambio climático los bosques son en la actualidad focos de atención para las naciones y planes de desarrollo sustentable1. Existen divergencias teóricas y metodológicas para abordar su estudio y manejo, así como para establecer políticas y estrategias encaminadas a lograr el aprovechamiento sostenido de sus recursos. Los bosques son reservorios de biodiversidad, recursos minerales, recursos vitales como el agua y territorios para la reproducción de pueblos originarios que están constantemente bajo el acecho de grupos de poder con los que sus territorios se traslapan.

Actualmente se calcula que los bosques generan bienes e ingresos para 20 % de la población mundial, es decir, 1.5 mil millones de personas (CONAFOR, 2013) que generalmente corresponden a los grupos más empobrecidos: mujeres, ancianos, niños e indígenas. Esta situación se vuelve de gran interés ante las alarmantes tasas de deforestación por cambio de uso del suelo, y las consecuencias ambientales y económicas que se derivan de estos procesos. Por ello, resulta trascendental estudiar las condiciones específicas en las que los pueblos indígenas manejan sus bosques en un contexto globalizado, así como aquellos factores que favorecen o dificultan el manejo sostenible de los territorios forestales.

Los bosques en México han sido manejados principalmente desde perspectivas técnicas en las que se ha promovido el “manejo científico” para la producción maderera. El Estado mexicano es el agente que regula, norma y autoriza el manejo forestal del país pero, según Merino (2006; 2007), su papel ha sido insuficiente y no ha podido garantizar la conservación de los bosques.

En el acercamiento al estudio del bosque y su manejo es necesario considerar una perspectiva sistémica donde este adquiere el carácter de “territorio socialmente construido”, valorizado instrumental, social y culturalmente por los grupos locales en interacción con actores y factores sociales, económicos y políticos que operan a escalas más amplias.

La investigación fue conducida desde las aportaciones de la agroecología feminista (Rojas, 2014), construcción teórica que retoma y conjuga los postulados de la corriente de la agroecología, el ambientalismo feminista y el enfoque territorial (Agarwal, 2004; Joekes et al., 2004; Leach et al., 2004; Rocheleau, 2004; Toledo, 2003). A partir de esta construcción se considera que las relaciones sociedad y medio ambiente son parte, medio y producto de sistemas económicos, políticos, sociales y culturales que se interrelacionan a distintas escalas de poder y que no existe escisión entre sociedad y ambiente sino que estos constituyen en su interacción un sistema que se define como “territorio”. La agroecología feminista reconoce la capacidad de los grupos campesinos e indígenas de manejar con eficiencia los recursos naturales que constituyen su territorio, pero además comprende que el género es un componente fundamental en las formas de manejo ambiental que realizan las distintas comunidades.

Se consideró al género como un factor que delimita culturalmente las actividades, espacios, experiencias, expectativas, beneficios, conocimientos y responsabilidades de hombres y mujeres con respecto a los recursos naturales. Se partió de la reflexión de que las actividades que realizan los géneros son culturalmente significadas y valoradas desde sistemas patriarcales en los que el trabajo femenino tiene generalmente bajo reconocimiento en su importancia para la reproducción de la sociedad, y las mujeres son habitualmente construidas como seres subordinados con reducida participación en los espacios públicos de toma de decisiones.

A través del estudio e interiorización de los esquemas explicativos propuestos por investigadoras feministas sobre las relaciones sociedad-medio ambiente (Rocheleau, 2004; Leach et al., 2004), se propuso identificar empíricamente normas socioculturales que impiden que las mujeres tengan los mismos derechos y obligaciones en el manejo de los recursos naturales en Lachatao. Se asumió que los cuerpos de conocimiento diferenciados y algunos aspectos de la cultura local permiten que ciertas mujeres tengan mayor participación en la organización comunitaria, y que existe capacidad de agencia en las mujeres, que las lleva a desarrollar estrategias para lograr mayor participación en los espacios comunitarios o bien para liberarse de ellos.

El manejo forestal que realiza la comunidad de raíces zapotecas de Santa Catarina Lachatao, esta soportado por un sistema de gobierno por usos y costumbres, y busca agenciar un espacio territorial para garantizar su modo de vida comunitario. El análisis de las estrategias de reproducción de los grupos domésticos y la organización de la localidad permite el acercamiento al proceso económico, político, social, cultural y ambiental, a partir del cual se ha conformado este territorio. Se considera de forma transversal la perspectiva de género que permite identificar los aspectos de equidad y poder, indispensables en la construcción de la sustentabilidad. De ahí que se planteó la necesidad de comprender la economía local de la comunidad a partir de un análisis histórico de sus estrategias de reproducción, observándolas como actividades dinámicas, moldeadas por distintos factores, desde económicos y políticos (políticas externas) hasta locales, que se traducen en cambios históricos en la manera de gestionar el bosque por parte de la comunidad.

Se planteó que los sistemas de autogobierno y autogestión para el manejo sostenido de los recursos forestales de uso común (RFUC) en el gobierno por usos y costumbres de Lachatao, Oaxaca, reúne condiciones necesarias para la sustentabilidad y se vinculan con las relaciones de género, las responsabilidades diferenciadas, el reconocimiento y ejercicio de derechos, el ejercicio de poder entre los géneros, y la distribución y valoración del trabajo en las estrategias de reproducción de los grupos domésticos. Esta sustentabilidad está fundamentada en los factores que favorecen el que los individuos pueden vincularse para comprometerse con estrategias de cooperación para compartir rendimientos y costos bajo los límites de sostenibilidad, como los costos de hacer sus acuerdos. La acción colectiva en el manejo de los RFUC se basa en los principios de: a) límites claramente definidos; b) coherencia entre las reglas de apropiación y provisión y las condiciones locales; c) arreglos de elección colectiva; d) acciones de supervisión; e) sanciones graduadas; f) mecanismos para la resolución de conflictos; y g) reconocimiento de derechos de organización (Ostrom, 2011).

Desde la agroecología feminista y la teoría de la acción colectiva planteada por Ostrom (2011) se planteó la posibilidad de que la comunidad de Lachatao presenta condiciones de sostenibilidad de los recursos de uso común, señalados por Ostrom al haber emprendido en la última década un manejo forestal autogestivo (no reconocido legalmente), tener un gobierno por usos y costumbres de legendaria tradición, forma organizativa y tenencia de la tierra comunales históricas, y experiencia amplia en el manejo de sistemas agroforestales. Se consideró que estudiar los aspectos de sostenibilidad en el manejo de los recursos forestales por parte de comunidades indígenas era de gran importancia, debido a que en México las zonas forestales pertenecen y son manejadas en su gran mayoría por los pueblos originarios, pero es el Estado el único agente con la autoridad de diseñar las normas y formas de aprovechamiento forestales, así como de resolver conflictos y castigar a infractores. De esta forma se pensó que conocer la capacidad de las comunidades para diseñar sus propias normas, realizar monitoreo, resolver problemas y generar beneficios del bosque podría tener importancia significativa al servir como referencia empírica para fortalecer el diseño de instituciones y políticas forestales en el país.

Metodología

Se reconoció a las y los investigados como sujetos que compartían, privilegiaban, y ocultaban cierta información, por lo que consideró necesario realizar triangulación de información, contrastando los discursos de las y los sujetos entrevistados con observaciones participantes en diferentes espacios productivos, domésticos y de organización comunitaria en la comunidad.

Se reconoció que si bien era imposible conocer la subjetividad de las y los sujetos que participaron en la investigación, era factible identificar intereses, anhelos, sentimientos y compromisos, expresados en acciones y discursos, los cuales fueron enmarcados en un esquema social específico, producido en un momento histórico, en el cual estos adquieren un sentido que puede ser interpretado de manera situada.

Las técnicas de investigación cualitativa utilizadas en esta investigación fueron “el recorrido exploratorio”, la “observación participante” y la “entrevista en profundidad”. El recorrido exploratorio se realizó para reconocer los elementos que formaban la realidad social a estudiar. En este se llevó cabo una entrevista informal con el presidente municipal, con el fin de solicitar la autorización para el desarrollo de la investigación y obtener información de los aspectos generales de la comunidad. Se identificaron las instituciones educativas, políticas, de salud y religiosas; asimismo, se ubicaron espacialmente los terrenos comunales, agrícolas y forestales, espacios de esparcimiento y convivencia comunitaria.

Las técnicas de investigación del método etnográfico permitieron conocer de manera profunda el problema de investigación, pues a partir de la triangulación de la observación y las entrevistas en profundidad se buscó reconstruir el sistema social de Lachatao y sus relaciones con el bosque para identificar y caracterizar la experiencia y subjetividad de las y los comuneros, a la vez de encontrar un sentido relacional de estos, enmarcándolos o contrastándolos con las teorías que guiaron la investigación (Rodríguez et al., 1996; Sandoval, 1996).

Se realizó observación participante con la que se obtuvo información de alta calidad, pues permitió un acercamiento profundo con las y los actores sociales de la comunidad estudiada, que hizo posible reconocer las experiencias y problemas sentidos en el tiempo real en que viven (Rodríguez et al., 1996; Sandoval, 1996).

El trabajo de campo para la recolecta de datos se realizó en dos estancias en la comunidad de Santa Catarina Lachatao, Oaxaca, que tuvieron una duración total de tres meses y medio que incluyeron visitas cortas para participar en eventos comunitarios, como el “Seminario sobre Comunalidad” (octubre de 2012), y el “Encuentro Equinoccial” (marzo de 2013). La primera estancia se realizó de enero a marzo de 2012 y la segunda de julio a septiembre del mismo año.

También se realizaron 31 entrevistas en profundidad a un total de 15 varones y 16 mujeres que se eligieron al ser identificados en la asamblea comunitaria, a la que se tuvo acceso en el mes de marzo de 2012, así como a través de la observación participante. Las personas entrevistadas pertenecían a los tres barrios de la comunidad de Lachatao y fueron seleccionadas por referencias en cuanto a que algunas de ellas tenían diferencias con la aprobación de la forma de organización comunitaria con respecto al manejo del monte y otras por los cargos que desempeñaban en la estructura organizacional para el manejo y la defensa del bosque. En su elección se procuró que existiera diversidad en edad y actividades económicas entre las y los entrevistados.

Se transcribieron las entrevistas en profundidad para que el objeto analizado fuera el propio discurso de las y los actores, teniendo en cuenta su carácter de actores situados, considerando que planteaban y omitían opiniones, según lo consideraron conveniente. Los nombres de las y los entrevistados fueron cambiados en el cuerpo de la investigación para salvaguardar su identidad, no así sus edades, cargos y ocupaciones, que fueron incluidos para situar relacionalmente sus opiniones.

La información se sistematizó, ordenó y relacionó para así extraer conclusiones relativas al fenómeno estudiado. Este proceso metodológico sirvió para obtener información relevante a discreción, permitiendo sondear razones, motivos y profundizar en las ideas fundadas que habían construido sobre la realidad abordada.

Relación comunidad-bosque

Al abordar el bosque como un territorio construido por los grupos sociales, moldeado por relaciones recursivas a distintas escalas y niveles de poder, se encontró que las diferentes formas de apropiación de los recursos forestales se construyen a partir de las estrategias de reproducción que realizan tales grupos. Las diferentes estrategias de reproducción generan distintos sistemas de manejo, valoración, significación del espacio forestal, que se traducen en diversas formas de territorializar. Los territorios que construyen los diferentes grupos sociales se traslapan geográficamente a menudo, pudiendo suscitarse disputas entre los apropiadores.

En la comunidad de Lachatao, la concepción y el manejo del bosque han variado en los últimos 100 años, debido a transformaciones en las estrategias de reproducción ocasionadas por cambios en el sistema económico-político a niveles más amplios. Las estrategias de reproducción en esta investigación fueron comprendidas como las prácticas sociales que se realizan de manera consciente o no, para mantener o cambiar la posición de las y los sujetos que las realizan. Estas prácticas encuentran sus límites en las condiciones macro sociales, pero al mismo tiempo funcionan como elementos constituyentes de las estructuras (De Oliveira y Salles, 2000).

Las estrategias de reproducción son dinámicas y se reconstruyen constantemente ante cambios en los sistemas económicos, políticos y sociales más amplios. Las prácticas sociales, económicas y productivas se recrean en sistemas simbólicos anclados en tradiciones culturales de género que establecen diferencias importantes en la experiencia de hombres y mujeres, y marcan espacios y actividades disímiles para los géneros. Estas actividades y espacios son significados y valorados de desigual manera en los ámbitos públicos y domésticos, teniendo mayor valoración aquellos realizados y apropiados por los varones, que representan los espacios de toma de decisiones y los recursos con mayor importancia económica (Agarwal, 2004; Kabeer, 1998).

En los grupos domésticos del medio rural es común que las prácticas sociales para la reproducción sobrepasan la esfera doméstica, comprenden además relaciones sociales de solidaridad y reciprocidad. En estas se incluyen préstamos y donaciones de recursos alimenticios y monetarios, así como trabajo solidario y ayuda mutua en labores agrícolas y obras comunitarias con las que se satisfacen servicios domésticos, como el agua potable, y se apropian de recursos naturales para la producción, como lo son los sistemas de agua de riego (Agarwal, 2004; De Oliveira y Salles, 2000).

Para el caso de la comunidad estudiada se ratificó que las estrategias de reproducción se han reconstruido continuamente por cambios en la economía y política a niveles más amplios, lo que ha provocado transformaciones y continuidades en los sistemas de valoración y significados del territorio, del bosque y sus recursos, y de las propias relaciones de género.

Las condiciones desventajosas que se han ido presentando para los grupos campesinos a través de la historia, agudizadas por las reformas estructurales (Rubio, 2001), han provocado que las actividades económicas de reproducción en Santa Catarina Lachatao sean múltiples, en la que se combina la práctica agrícola con la venta de fuerza de trabajo (en la agricultura, minería y servicio doméstico principalmente), así como actividades de cooperación, solidaridad y reciprocidad entre la población. A través de entrevistas en profundidad con actores sociales mayores de 60 años se conoció que hasta 1950 la comunidad tuvo como motor económico la venta de fuerza de trabajo de los varones en las empresas mineras que operaban en la región.

El trabajo asalariado de los varones en las minas permitía intercambios comerciales significativos entre las comunidades en mercados regionales, existiendo transacciones económicas entre distintos actores sociales (mineros, agricultores, jornaleros). La agricultura en el bosque de Lachatao era diversificada e intensiva gracias a los distintos pisos ecológicos del monte y a la canalización de los manantiales para riego realizada con trabajo comunitario. Cuando la actividad minera cesó por agotamiento de los minerales hubo marcada caída en el flujo de recursos en la región, que provocó una fuerte oleada de emigración de la población hacia otros centros y ciudades. La población que permaneció en la localidad de Lachatao se avocó al trabajo agrícola diversificado, principalmente para autoconsumo.

La concentración de servicios en las ciudades y las difíciles condiciones para la producción agrícola representaron motores para la emigración a partir de los años setenta de la población de Lachatao. Las y los emigrantes continuaron participando con la comunidad para la dotación de servicios y mejoramiento de la infraestructura local, para continuar teniendo derechos como ciudadanos y comuneros. En la década de 1990 la emigración hacia Estados Unidos (EE.UU.) se intensificó debido a las precarias condiciones económicas generadas a partir de las reformas estructurales del Estado mexicano.

La recesión de la economía de EE. UU., la agudización de la violencia en la frontera y las políticas más punitivas de la inmigración ilegal en ese país redujeron significativamente la emigración internacional de las y los lachatenses, existiendo incluso algunos casos de retorno de población que residió en ese país en la primera década del siglo XXI.

En Lachatao se presenta ahora el fenómeno de reintegración de población pensionada que emigró en los años setenta y ochenta y que, a través de estudios profesionales o técnicos, pudo acceder a empleos formales con derechos laborales como la jubilación. La población retirada con recursos económicos significativos a partir de negocios propios ha comenzado a retornar, buscando en su pueblo de origen condiciones de paz y salud ambiental para disfrutar en la última etapa de su vida.

Lo que le sobra a Lachatao son los profesionistas. Hay cantidad de gente con profesión; ahí está el problema porque los profesionistas no regresan, hay profesores, licenciados, ingenieros, arquitectos, sí vienen, sí pagan para que les hagan sus servicios, pero de nada nos sirven los profesionistas si Lachatao va a estar vacío. Unos sí regresan cuando ya se jubilan; por ejemplo, esa casa de ahí la están haciendo unos maestros de la UNAM que supuestamente se van a venir a vivir aquí (Luis Ángel, 39 años, comunero de Lachatao).

Esta población imprime nuevas dinámicas en la economía local, contrata servicios de las y los jóvenes, quienes se emplean en servicios domésticos o trabajos agrícolas. Los “retornados” influyen en la cultura local a partir de sus experiencias laborales y sus aspiraciones e imaginarios sobre el desarrollo comunal, a la que valoran de forma “diferente” en relación con las ciudades donde vivieron. Las estrategias de reproducción en la localidad se reconfiguran a partir de la sinergia de relaciones recursivas con la economía y política nacional e internacional, y las características ambientales, culturales y sociales a nivel local.

Las estrategias de reproducción en Lachatao se reconstruyen de manera vigorosa desde 2008 con el turismo, pues en un esfuerzo por atraer recursos económicos a la localidad, la comunidad ha emprendido un proyecto ecoturístico, subsidiado y apoyado técnicamente por el Estado. La comunidad se ha apropiado del proyecto y lo ha posicionado como parte fundamental del desarrollo local, intentado llevarlo a cabo de manera autónoma en su “territorio”.

Yo creo que el turismo sí beneficia al pueblo y nos va a beneficiar más en el futuro, cuando esto crezca, porque ya se vio. Tal vez, por ejemplo, yo no esté trabajando ahí de manera directa, pero sí veo que el que vende pan, el que vende alguna fruta o conserva, cuando viene un turista tiene una oportunidad de que le compren. Ahí va ganando y entre más gente venga va a ir consumiendo los productos de otros y así todos nos iremos beneficiando (Patricia Gutiérrez, 27 años, ciudadana y jefa de grupo doméstico).

El ecoturismo se plantea desde la comunidad como nueva forma de aprovechamiento forestal, compatible con la conservación de las condiciones ambientales del bosque requeridas para la preservación de los manantiales y la fertilidad de la tierra. La comunidad considera prioritario conservar las buenas condiciones del bosque para que este provea de agua y tierra fértil para la agricultura, así como de leña, hongos y plantas medicinales para el consumo habitual de los grupos domésticos a nivel local. La comunidad considera que su pueblo persistirá si el bosque se mantiene en buenas condiciones, por lo que han entrado en conflicto con otras seis comunidades que realizan un aprovechamiento forestal desde hace poco más de tres décadas.

El conflicto por el bosque entre Lachatao y seis comunidades de pueblos mancomunados ha tenido momentos álgidos, pues la población de Santa Catarina plantea que se suspenda el aprovechamiento forestal en 3000 ha, que considera le corresponden como comunidad, lo cual significa un declive en la productividad de la empresa forestal comunitaria que tiene la concesión. Pueblos Mancomunados es una entidad única en la tenencia comunitaria en México, pues un territorio forestal de 29 000 ha pertenece a tres municipios, conformados en total por ocho comunidades: el municipio de Lachatao, con su cabecera, Santa Catarina Lachatao, y sus agencias municipales Latuvi, La Nevería y Benito Juárez; el municipio de Amatlán, con su cabecera San Miguel Amatlán y sus agencias Cuajimoloyas y Llano Grande, y el municipio de Yavesía. Inmediatamente, a un año de haber sido reconocida legalmente como parte de “Pueblos Mancomunados” (en 1958), Yavesía ha intentado separarse y ha impedido el aprovechamiento forestal en las 3000 ha de bosque que reconoce y maneja como suyas (Mitchell, 2008).

A pesar de que los recursos económicos del aprovechamiento forestal son cuantiosos, las comunidades miembros del mancomún presentan alta marginación económica, según el INEGI (2011). La empresa comunitaria posee una planta purificadora de agua y una fábrica de muebles. No obstante que desde su fundación la empresa forestal comunitaria ha planteado en sus objetivos generar empleos, conservar a los bosques y apuntalar el desarrollo, las condiciones de pobreza de las comunidades de Pueblos Mancomunados no han sido superadas.

Las bajas remuneraciones del trabajo en forestal y la lejanía de la comunidad de Lachatao y los centros de beneficiado de la madera han desincentivado su participación en las actividades del aprovechamiento forestal desde hace más de una década. Miembros de la comunidad de Lachatao acusan a los directivos de la empresa comunitaria de prácticas de corrupción en el control de la estructura de gobierno y toma de decisiones, así como en el manejo de los recursos. Según dicen, no existe verdadera democracia participativa en la asamblea y las decisiones las toman unidireccionalmente los directivos.

Desgraciadamente nos metemos a hacer empresas comunitarias y cuando no se hace bien no se estructuran bien; se cae en problemas muy graves que nos llevan a sobre explotar nuestros recursos naturales. En la Empresa de Pueblos Mancomunados hay empresas de agua, de muebles, en las cuales desgraciadamente se pierde uno por la falta de conocimientos; por el afán de querer hacer más y más se termina por acabar los recursos naturales, que en nuestro caso es el agua y la parte forestal que nos dejaron los abuelos y que ahora nos toca conservar (José Meza, 40 años, Representante Comunal de Lachatao).

Para la comunidad de Santa Catarina Lachatao el que la plaga forestal Dendroctonus adjunctus esté descontrolada (Ortiz, 2011), la desecación de varios manantiales en pueblos mancomunados (Plan de Desarrollo Regional, 1996-2000), es la manifestación de que el aprovechamiento forestal que realiza la empresa forestal comunitaria no es el adecuado y ha deteriorado el ecosistema forestal. Por ello, bajo la estructura tradicional de gobierno por usos y costumbres, la comunidad de Lachatao ha comenzado a manejar el territorio forestal agenciado desde 2011, en contra de la postura de sus agencias municipales del municipio de Amatlán, así como de las autoridades estatales y federales.

La comunidad de Santa Catarina Lachatao ha aprovechado errores en el manejo del conflicto y ha mostrado férrea determinación, acompañada de actos de resistencia, confrontación y negociación; ha logrado el reconocimiento para el resguardo de su área forestal bajo la estructura de gobierno tradicional por usos y costumbres, vigente en el estado de Oaxaca, obteniendo derechos locales de autoridad sobre los recursos del bosque.

El conflicto en torno a un territorio común por parte de las ocho comunidades que conforman Pueblos Mancomunados es crítico, significa la confrontación de visiones y prácticas distintas en torno a los recursos del bosque por parte de actores que se encuentran en diversos niveles de poder y que participan en diferentes estrategias de reproducción en torno a un mismo territorio y recursos. Las comunidades despliegan a su vez diversas estrategias enmarcadas en sus niveles de poder y capacidades, intentan defender sus formas de apropiación y estilos de vida. El manejo común de la Empresa Forestal Comunitaria y el de las comunidades obedecen a relaciones históricas recursivas con distintos actores y políticas públicas, así como al contexto histórico, económico, ambiental, y de desarrollo de infraestructura y tecnologías locales.

Además de la disputa territorial con las otras seis comunidades de Pueblos Mancomunados y la Empresa Forestal Comunitaria, Lachatao enfrenta actualmente una concesión para la explotación minera en su bosque que el gobierno federal otorgó a una empresa minera canadiense que tiene la intención de realizar la explotación de oro a cielo abierto. De este modo, en 2007 la empresa minera llegó a la comunidad, segura de que la concesión por parte del más alto poder federal les permitiría trabajar sin dificultades en los bosques de Mancomunados; sin embargo, ante la llegada de la maquinaria los pobladores de Lachatao se movilizaron rápidamente para cerrar los caminos de acceso al bosque y retener las máquinas mineras.

La comunidad lachatense realizó una determinante defensa pacífica de lo que consideran su territorio, lo que llevó a intensas mesas de negociación entre las autoridades y los líderes varones, con amplia experiencia en estos procesos, donde las dos partes plantearon sus posturas, respaldadas en los aspectos de autoridad que consideraban poseer. La comunidad dejó en claro su negación rotunda a permitir la extracción de minerales en su territorio, debido al temor hacia la contaminación que podría ocasionar la minería a cielo abierto, que podría provocar daños irremediables en el curso de los manantiales y la calidad del suelo con las explosiones, como se expresa en el siguiente testimonio:

Hace cinco años llegó una empresa a querer explotar los recursos. Nosotros nos organizamos como comunidad, paramos todo el equipo que traían. Les dijimos “nosotros no vamos a permitir que vengas a explotar aquí en la comunidad”, los tuvimos como una semana en diálogo directo. Era una empresa canadiense, nos llegaron a ofrecer dinero, preguntaron si queríamos una cancha, una escuela o una carretera. La comunidad decidió que “nada”, pues iban a estar cerca de la comunidad, a trabajar a flor de tierra, a impactar fuertemente la zona, e iba a ser muy negativo para el turismo. La empresa minera canadiense argumentaba que tenían la concesión de esta zona y de que podían entrar, explotar; nosotros le contestamos que a lo mejor ellos tenían la concesión del subsuelo, pero que la parte del suelo era responsabilidad de nosotros, de la comunidad (José Meza, 40 años, Representante Comunal de Santa Catarina Lachatao).

La minería es rechazada por el reconocimiento histórico que tienen las y los comuneros de que su práctica significa exiguas ganancias entre los pueblos y grandes ganancias para los empresarios. La memoria colectiva genera rechazo hacia la explotación minera, sobre todo si se trata de una empresa extranjera. A pesar de la oferta de la creación de una fuente de trabajo para los comuneros y la construcción de infraestructura para la comunidad por parte de la empresa canadiense, la experiencia previa de la actividad minera en la comunidad les genera rechazo hacia este tipo de proyectos.

Hace 40 o 50 años la actividad más fuerte que se hacía en Lachatao era la minería, con las “mínimas” condiciones de seguridad, de ahí que muchos de los ciudadanos murieran a los 55, 60, 70 años; no aguantaron mucho, por eso hay muchas señoras viudas, pocos son los señores (Valeria Sánchez, 34 años, secretaria del Comité de Ecoturismo).

Su fuerza colectiva les permitió hacer frente a la rica empresa minera; sin embargo, lejos de sentirse confiados por haber salvaguardado su territorio, la conciencia de que ante un adversario poderoso es importante tejer alianzas y participar conjuntamente con otras comunidades ha llevado a la comunidad de Santa Catarina Lachatao a crear un frente de rechazo a la actividad minera en la región, junto con el municipio de Calpulalpam de Méndez, Oaxaca. Se observó que en Santa Catarina Lachatao se presenta lo que Rodríguez et al. (2010) señala como un movimiento de carácter global paralelo al de los nuevos movimientos indígenas que luchan por el reconocimiento de su territorio y que recurren a alianzas para ampliar sus escalas de poder, apelando a tratados internacionales y solidaridad entre los pueblos indígenas del mundo, como se constata a continuación:

Se ha protegido a la comunidad de la invasión de las empresas extranjeras, hemos tenido pláticas, y alianzas con Calpulalpam para defender nuestros recursos naturales. Esas empresas hablan de perforaciones de 300, 500 o a lo mejor hasta de 1000 metros de profundidad, entonces llegan a perjudicar los mantos acuíferos. En nuestro caso estamos en la parte baja; la explotación minera tendría grandes consecuencias, filtraciones, pero las demás comunidades no han tomado conciencia (Joaquín Fonseca, 60 años, comunero y ex presidente de Lachatao).

La alianza fue establecida de manera formal entre autoridades y miembros de las dos comunidades. Incluyó una peregrinación acompañada por música de banda, un evento religioso y la participación de las abuelas, consideradas las guardianas de la tradición y de la cultura zapoteca original. De esta manera, la defensa del territorio y los recursos naturales trasciende al plano identitario, renovado y recreado por las comunidades. La alianza entre las comunidades se fortalece con el rito, y a través de él el pacto adquiere importancia mayor, reforzándose el ideal de resistir y luchar por la continuidad de sus milenarias comunidades.

El bosque es entonces un espacio fundamental no solo en el aspecto material, sino también en el identitario, como lo ha manifestado Nabanoga (2005). La vida y la reproducción de la comunidad dependen de los recursos del “monte” y sus características ambientales, del dinámico contexto económico, político y social que genera cambios en las estrategias de reproducción, las cuales se ven influidas por la memoria colectiva de experiencias pasadas y por un estilo de vida colectiva arraigado y regulado por instituciones fuertes y legítimas.

El gobierno por usos y costumbres y el manejo forestal en Santa Catarina Lachatao

Al igual que otros 417 pueblos en Oaxaca, la comunidad de Santa Catarina Lachatao resistió las embestidas en contra de la “comunalidad” de los gobiernos de la “Reforma”, logró conservar su tenencia indígena de la tierra, así como su forma tradicional de gobierno, a la que actualmente se conoce como gobierno por “usos y costumbres”, que fue reconocida legalmente en el artículo 14 del Gobierno Estatal de Oaxaca en el año de 1995 (Vázquez, 2011).

El gobierno por usos y costumbres está formado por cuatro instancias: la asamblea, el municipio, el ministerio público, y el grupo de “caracterizados” o “tatas mandones”. Estos organismos tienen distintas atribuciones y diferentes espacios de poder que han ido evolucionando para adecuarse a los cambios y a nuevas necesidades en contextos locales y en escalas más amplias.

El gobierno por usos y costumbres se caracteriza por ser cercano a lo que se conoce como “democracia participativa”, en el que la toma de decisiones no recae en un pequeño grupo de gobernantes, sino en el conjunto de ciudadanos que conforman la máxima autoridad a través de la institución de la “asamblea”. Todos los temas relacionados con la vida comunal son tratados en la asamblea y en ella participan, según lo señalan, todos los hombres y mujeres que alcanzan la mayoría de edad a los 18 años (Mitchell, 2008).

Sin embargo, existen diferencias en la participación política de hombres y mujeres, como lo manifiesta la conformación de la asamblea, que no concuerda con la proporción de hombres y mujeres residentes de Santa Catarina Lachatao. En la lista de ciudadanas y ciudadanos reconocidos existen 57 hombres y solo 37 mujeres (que son mayoría en la comunidad), lo que se debe, según algunos entrevistados, a que a la asamblea asisten por obligación “jefes o jefas de familia”. Pueden asistir mujeres con cónyuge y participar; no obstante, solo tres ciudadanas activas que no son “jefas de familia” lo hacen.

A los 18 años comienzan a ser ciudadanos activos; incluso antes, algunos jóvenes o señoritas que a lo mejor aún no son mayores de edad, pero que ya se van involucrando en los asuntos de pueblo, como en los tequios, van asistiendo a las asambleas como oyentes y allá ya van tomando la conciencia de la responsabilidad de los cargos que se deben desempeñar… ahí en la asamblea cuando se pasa lista se nombran hombres y mujeres. Muchas no asisten por el criterio de que sus maridos o sus hijos son los que lo hacen, pero ese criterio no debería ser; antes existían correctivos para quienes no asistían, pero actualmente eso ya se perdió y ya queda en la conciencia de cada quien (Joaquín Fonseca, 60 años, ciudadano y ex presidente de Lachatao).

La asamblea

Las asambleas comunitarias son realizadas los primeros sábados del mes y en ellas pueden participar todas y todos los ciudadanos de la comunidad; es decir, hombres y mujeres mayores de edad, jóvenes menores de edad que han formado un grupo doméstico o son madres solteras. En el gobierno por usos y costumbres de Lachatao, la participación en las asambleas es una “obligación” para los ciudadanos activos, pues todos deben participar en la toma de decisiones y se considera obligatorio estar bien informados y cumplir correctamente los cargos que se asignan, pues de no hacerlo podrían perder sus derechos como comuneros, que incluyen la posesión de la tierra, la dotación de servicios públicos como el agua potable y de riego, el servicio de limpia y la ayuda comunitaria en caso de emergencia. Si no cumplen con los cargos, las y los ciudadanos pueden ser despojados de la tierra, que representa la expresión máxima de ciudadanía en las comunidades indígenas.

En las asambleas las autoridades municipales ocupan el presídium, junto con el síndico municipal; se llevan a cabo por la noche, dan inicio con una apertura solemne por parte del presidente municipal y se pasa lista de asistencia. A las reuniones acuden también “paisanos” que residen en la Ciudad de Oaxaca o en la Ciudad de México, quienes están organizados en tres asociaciones de “lachatenses”. Participan recaudando fondos, gestionando recursos y prestando distintos servicios (cuidado dental, asesoría legal, asesoría técnica) en beneficio de su comunidad.

A mí me interesaba saber qué pasaba en el pueblo para no dejarme llevar por comentarios que no son ciertos. En el caso de que una persona se vaya, tiene que avisarle a la autoridad. Si tienen propiedades tienen que cumplir con el pueblo, dar servicio, pagar sus impuestos; si no cumplen o no apoyan, el pueblo se da cuenta y puede decir: esa casa se puede vender porque esta persona no nos apoya en nada. Ha sucedido que muchos tienen sus propiedades y de repente regresan y dicen: “voy a vender”, sin saber si el pueblo ha trabajado para que le llegue agua a su terreno o casa y se les dice: “debes tanto de tequios, de cooperaciones, predio, comisiones. Debe estar al corriente al querer vender (Joaquín Fonseca, 60 años, comunero y ex presidente de Lachatao).

En las asambleas, las autoridades informan sobre sus actividades y las finanzas del municipio. Los pobladores tienen el derecho de hablar, expresar sus opiniones y cuestionar a la autoridad en cualquier momento, solicitando la palabra levantando la mano. Existe un espacio para “asuntos generales”; los asistentes pueden realizar propuestas, críticas y aclaraciones de los asuntos de la comunidad.

En las asambleas se tratan todos los asuntos del municipio y se da cuenta de los trabajos de las autoridades y los distintos comités, y de los gastos e inversiones; también se realizan propuestas de trabajo comunitario y solicitudes de financiamiento para proyectos de desarrollo local. En la asamblea, mujeres y hombres tienen derecho a voz y voto; sin embargo, la participación de mujeres es reducida, según se constató de manera presencial y por declaraciones de las entrevistadas.

Las mujeres pueden asistir a la asamblea, nadie se los prohíbe, un presidente insistió mucho una vez para que asistieran, incluso les mandaba citatorio con su nombre y sí iban. El presidente decía “es importante que asistan a la asamblea, que estén enteradas, para que luego no digan lo que no; además, la mujer muchas veces piensa mejor que el hombre”, pero murió el presidente, las mujeres dejaron de ir y está muy mal porque luego por no ir pues no se enteran (Evelia Ruíz, 50 años, ciudadana de Lachatao).

A pesar de que las asambleas se realizan en la noche, para no interferir con los horarios de trabajo de la colectividad, la mayor parte de las mujeres ciudadanas no asisten, debido a que muchas son jóvenes que tienen bajo su cuidado niños pequeños, enfermos y ancianos, o por tener poco interés en la vida política de la comunidad; por ejemplo, en marzo de 2012, de 37 ciudadanas activas solo asistieron ocho. Cabe señalar que las asambleas se prolongan varias horas, ya que hay muchos temas que tratar o desacuerdos fuertes que arreglar, por lo que llegan a durar hasta ocho horas y acaban en la madrugada del día siguiente. Se debe considerar lo señalado por Agarwal (2001), relativo a que la baja participación de las mujeres en asambleas y comités dominados por hombres se debe a que ellas perciben que su participación es poco significativa y que es baja la influencia que pueden tener en la toma de decisiones. Esta reflexión de Agarwal se hizo patente en las escasas participaciones que tuvieron las mujeres en la asamblea presenciada y que la mayoría de las asistentes ocupaban los lugares más alejados de la mesa del presídium.

En los puestos como autoridades municipales y sindicaturas hay baja presencia y participación femenina, sin embargo algunas mujeres (mayores de 60 años) ocupan actualmente cargos que anteriormente sólo estaban destinados a varones (hace dos décadas), como es el caso del cargo de topil y alcalde. En junio de 2012 una señora de 64 años que vivía en la Ciudad de México, jubilada, se trasladaba cada tercera semana a Lachatao para dar 15 días de servicio como topil, para retornar posteriormente y atender a un hijo soltero. La mujer señaló que este era el primer cargo que desempeñaba y que se sentía satisfecha por realizarlo. Su carácter de mujer mayor le permitía quedarse a velar en la presidencia municipal, así como trasladarse sola a otros pueblos sin que su honorabilidad se pusiera en riesgo.

En Santa Catarina Lachatao una mujer ocupó el puesto de Presidenta Municipal de 2002 a 2004; desde entonces, ninguna otra mujer ha desempeñado tal cargo. No fue elegida por la asamblea, el elegido fue su esposo, quien estando ausente ganó la terna para presidente municipal. Ante la ausencia permanente del cónyuge, por motivo de negocios, Catalina Martínez se convirtió en la primera mujer en ocupar el escalafón más alto de poder individual del gobierno por usos y costumbres.

A mí me da gusto ser alcaldesa y saber cómo se arregla un documento, sacar el perímetro y las medidas que tiene el terreno, todo eso. No me puedo subir a todas partes, a los terrenos muy inclinados, porque me puedo caer, puedo rodar, en cambio los hombres, ahora sí que siendo hombres, andan por donde sea, y ya le digo, yo anoto y ellos me van diciendo las medidas. Antes las mujeres no hacían cargos; por ejemplo, mi papá sí tenía, pero mi mamá no; mi abuelito, pero su señora no. Antes las mujeres no asistían a las asambleas, no votaban, me parece que empezaron a hacerlo en 1980 o 1981. Yo digo que ese cambio vino para ver si de veras la mujer respondía al tener un cargo (Alcaldesa Catalina Martínez, 69 años).

A partir del ejercicio de Catalina Martínez en la presidencia municipal, más mujeres en la región han ocupado dicho cargo. Sin embargo, en la comunidad persiste la concepción de que las mujeres tienen un papel de “apoyo” en el gobierno de usos y costumbres, por lo cual ocupar cargos es transgresor y puede contribuir a gestar nuevos campos de acción para las mujeres y transformar sistemas culturales tradicionales de género, aunque persisten fuertes resistencias para ello.

Aquí, cuando se hace un tequio la autoridad encabeza y el presidente y sus regidores empiezan el trabajo. La presidenta no podía estar con el machete, no podía con la “coa” o la “carretilla”, no podía estar al “frente”. Además, a la presidenta no le gustaba estar repartiendo mezcal como lo hacen los presidentes; entonces, ella empezaba a repartir pan o agua y ahí está, y en su momento dijo: bueno, préstame la pala, pero los señores dijeron: “no, no, usted está bien así, mejor traiga mezcal”. Entonces, ahí estaba ella y así lo hizo porque sabía que tenía que estar al frente (Ernesto González, cuarta sesión del Seminario sobre Comunalidad: Lachatao, 2012)

El cargo de presidente municipal es considerado la autoridad suprema de la comunidad y su figura es respetada plenamente; todos y todas se dirigen a él como “presidente”, pues detenta el bastón de mando. El presidente dirige las asambleas, pero su poder no es absoluto, pues debe regirse por el principio de “mandar obedeciendo”. El presidente es quien da la cara por su pueblo, pero su voz es la voz de la comunidad; es decir, sus pronunciamientos no son personales ni autoritarios, sino representativos. Si el presidente no acata lo que la mayoría señala, este es removido al interpretarse que no está cumpliendo con su papel de representante. Los gobiernos por usos y costumbres están más cercanos a la democracia participativa que aquellos por el régimen de partidos, en los que no existen espacios para discutir los problemas, acordar soluciones y proyectos comunes, ni para que las autoridades rindan plenamente cuentas a la ciudadanía o se dé la remoción del mandato por incumplimiento de sus deberes, como lo reporta Mitchell (2008) para el caso de la comunidad de Yavesía.

Si bien por ley, los grupos agrarios comunales tienen distinta jurisdicción a la de las autoridades municipales. En el caso de Lachatao ha dejado de ser así puesto que desde el gobierno por usos y costumbres se ha constituido un comité, elegido en la asamblea, que rinde cuentas en ella, cuyas acciones son determinadas por los ciudadanos y el grupo de caracterizados. Comunidad y autoridades municipales han venido construyendo una estrategia para la adjudicación del territorio, los aspectos de autoridad local sobre los recursos forestales. Las mujeres han estado prácticamente ausentes en los espacios de discusión y decisión; sin embargo, tienen un papel en esta defensa, la cual es subordinada y con muy bajo poder y valoración, pero fundamental para la concreción de la estrategia.

Los de Latuvi vinieron la semana pasada en un plan feo, exigiendo ser parte del nuevo gobierno. Es que a ellos los mal informan, les meten ideas sobre que deben exigir cosas que no les corresponden aquí en el municipio. Lo que ellos querían era meterse en el municipio por lo del monte, debilitarnos, infiltrarse, pero dice mi esposo que les hablaron tranquilos, les explicaron que eso no podía ser, y ya se serenaron o se desilusionaron. Traían un abogado y cuando los de aquí dijeron lo del bosque y el gobierno ellos dijeron: “es cosa muy aparte el gobierno (por usos y costumbres) y el monte”, pero cómo va a ser aparte, es lo mismo, no se puede separar (Evelia Ruiz, 50 años, ciudadana de Lachatao).

Aún con el desconocimiento de la autoridad del comisariado comunal de Pueblos Mancomunados, el pueblo de Lachatao ha creado un comité de vigilancia y saneamiento forestal que se inserta en su estructura de gobierno tradicional, trastocando con ello lo dispuesto por la Ley sobre la separación de los aspectos locales de las autoridades de bienes comunales y civiles. La comunidad considera que bajo su propia organización social, económica y política no puede existir una división en el poder y la autoridad en estas esferas (la municipal y la propiedad comunal). De esta forma, por usos y costumbres, su sobrino, que tiene como máxima autoridad a la asamblea, ha retomado la gestión del bosque a través de todas sus instancias de gobierno tradicionales. Debido a la violación de leyes nacionales y de los propios intereses de las otras comunidades que conforman Pueblos Mancomunados (que legalmente tienen la posesión), la pugna por las diferencias en el manejo del bosque y lo que les significa a estos actores ha sido ríspida en ciertos momentos. A los pobladores de Lachatao les importan los servicios ambientales del bosque y su cuidado, y a las localidades que apoyan a la empresa forestal comunitaria, su usufructo.

Condiciones de sustentabilidad en la apropiación del bosque de Lachatao

Desde la mirada crítica del género se reconoce que el gobierno por usos y costumbres tiene aspectos democráticos, positivos y efectivos para la negociación entre los diferentes grupos que conforman a la comunidad, pero tiene también un carácter marcadamente excluyente para las mujeres, reproduce factores de desigualdad para ellas, con lo que, a pesar de su manejo del bosque, se aleja del desarrollo sustentable. En esta forma de gobierno local se crean algunas condiciones favorables para el manejo forestal sostenible que señala Ostrom (2011), pero debido a la existencia de la exclusión de las mujeres de los espacios de discusión y toma de decisiones sobre el bosque el carácter sustentable del manejo forestal no es favorecido. Como señalan Lagarde (1997) y Martínez (2000), la sustentabilidad incluye la justicia de género y lo sustentable puede reducirse al manejo del bosque u otros ecosistemas.

Ostrom (2011) señala que los factores que favorecen a la sostenibilidad en el manejo de los RUC que son:

“1) límites bien definidos sobre inclusión y exclusión para la apropiación de los RUC; 2) coherencia entre las reglas de apropiación y provisión y las condiciones locales (reglas bien diseñadas); 3) arreglos de elección colectiva en los que la mayoría de los afectados por reglas operacionales pueden participar para su modificación; 4) el monitoreo activo y la rendición de cuentas de quienes monitorean; 5) sanciones graduadas, dependiendo de la gravedad y del contexto de infracción por parte de los apropiadores, funcionarios correspondientes o ambos; 6) existencia de mecanismos para la resolución de conflictos en los que existe un rápido acceso a estos.”

En cuanto a los límites claros sobre quiénes acceden y se apropian de los recursos del bosque se encontró que en la comunidad existen mecanismos definidos para determinar quiénes son las y los apropiadores, a partir del reconocimiento de la ciudadanía de la o el jefe del grupo doméstico. Son las y los ciudadanos adultos que participan activamente en la comunidad quienes tienen derecho a apropiarse de los recursos del bosque; es la asamblea la que define los recursos a ser apropiados, así como los aspectos de su gestión (cantidad, época, veda, entre otros). La ciudadanía no es un estatus que se otorga, sino una posición que se gana con la participación en obligaciones y responsabilidades de trabajo comunal gratuito (conocido como tequio), servicio a la comunidad a través de ejercer algún cargo o comisión en la estructura de gobierno y organización social y con el pago de cooperaciones para servicios y fiestas comunitarias. En el gobierno por usos y costumbres en la asamblea se define el carácter del trabajo colectivo a realizar, la participación de las y los ciudadanos en los cargos públicos y comisiones, así como el monto de cooperaciones monetarias para cubrir los gastos de los servicios y fiestas comunitarias.

El que las y los jefes de los grupos domésticos no cumplan con las obligaciones acordadas conduce a su desconocimiento como ciudadanos y a su exclusión de servicios y bienes comunales, que incluyen recursos del bosque, como agua, madera, leña, plantas medicinales, hongos y tierra de monte. De esta manera, la comunidad establece límites bien definidos sobre la inclusión y exclusión de los recursos de uso común.

Se encontró que la asamblea es un espacio en el que las y los ciudadanos acuerdan las reglas de apropiación y provisión acordes con las condiciones locales. Una vez al mes se reúnen para tratar los asuntos de interés común, incluyendo los relacionados con el bosque. La asamblea ha establecido las formas de apropiación de los recursos de uso común que incluyen la definición de aquellos recursos que pueden ser aprovechados, el volumen que puede ser extraído, las temporadas y las restricciones sobre estos. Han definido el volumen de morillos (postes de árboles para la construcción) que corresponde a cada ciudadano; las especies forestales que pueden aprovechar en el caso de leña señalan especificaciones de las partes y características de lo que pueden extraer, como ramas secundarias secas; se prohíbe el corte total del árbol o arbusto.

En cuanto a recursos no maderables ha quedado prohibida la extracción de musgo y vegetación ornamental como las orquídeas y bromelias, pero se sigue permitiendo el aprovechamiento de plantas medicinales y hongos comestibles para el autoconsumo, prohibiendo la venta de estas en mercados externos. Se permite que la tierra de monte sea aprovechada para fertilizar traspatios y pequeñas unidades agrícolas, pero su comercialización ha quedado prohibida. Se ha acordado prohibir la caza de aves y mamíferos, a los cuales se les concibe en la actualidad como recursos para la actividad turística, al igual que la diversidad vegetal y al propio paisaje.

La comunidad ha emprendido la tarea de restauración forestal a través de “tequio” (trabajo comunitario obligatorio no remunerado) al realizar reforestación y establecimiento de barreras muertas para disminuir la erosión del suelo y aumentar la materia orgánica en este, así como el propio saneamiento forestal, con la eliminación de árboles enfermos y residuos vegetales contaminados.

Sin embargo, el hecho de que prevalezca la concepción de que el varón es el jefe de la familia y que este representa los intereses de todo el grupo doméstico, provoca que la participación femenina en las asambleas sea muy baja, con lo que se imposibilita la igualdad entre los géneros en el diseño de las normas y no puede asegurarse que exista verdadera coherencia entre las reglas de apropiación y las condiciones locales. El poco acceso de las mujeres a este espacio de discusión y acuerdos aumenta la propagación de rumores que cuestionan las decisiones de la asamblea y generan inestabilidad en la acción colectiva, vulnerando los acuerdos asumidos.

La reproducción de la desigualdad se justifica con el papel y las responsabilidades asignadas a hombres y mujeres, que tienen impacto en el acceso a espacios a la toma de decisiones comunitarias.

Como ciudadana quiero decirles la importancia que tiene la mujer en la participación comunitaria en Lachatao; creo que es un ejemplo lo que nuestras madres nos han heredado, el papel tan importante en el cuidado de la familia, que ha sido un apoyo para todos los ciudadanos que han dado mucho de su tiempo, de su esfuerzo (Valeria Sánchez, 34 años: participación en el Seminario de Comunalistas en Lachatao, 2012).

Si bien la asamblea comunitaria es un espacio donde los afectados por las reglas operacionales pueden participar para modificarlas, la exclusión fáctica de las mujeres conduce a que no pueda afirmarse la universalidad de este derecho. La concepción cultural de que el jefe varón del grupo doméstico representa la opinión e intereses de sus familiares y que ellas solo se ocupen del cuidado de la familia no puede darse por sentada; por ello, se debe trabajar para generar mecanismos que garanticen la participación igualitaria de mujeres y hombres en los diferentes espacios.

Por parte de la comunidad de Santa Catarina Lachatao existe un monitoreo activo del bosque, debido a que la población local sostiene que miembros de las otras comunidades realizan saqueos nocturnos de los recursos naturales. Existen casetas permanentes para vigilar que gente ajena no acceda al territorio que la comunidad se ha agenciado y para que la propia población de Santa Catarina Lachatao no infrinja las normas. Los vigilantes permanentes reciben una pequeña compensación por su labor; son auxiliados por el cuerpo de oficiales de la sindicatura municipal que realizan esta tarea como parte del cumplimiento de su cargo comunitario. Los vigilantes rinden sus informes y cuentas en las asambleas comunitarias, con lo que este principio señalado por Ostrom como necesario para la gestión sostenible de los RFUC queda confirmado.

La comunidad ha definido sanciones graduadas para los infractores internos en el espacio de la asamblea donde se discuten los conflictos generados de manera expedita. Sin embargo, la comunidad y la comisión del bosque no tienen la posibilidad de sancionar a la población que no pertenece a la comunidad e infringe los acuerdos, pues la gestión forestal que hacen actualmente del bosque sus cuerpos de vigilancia y sus normas internas no son reconocidas en su totalidad por las instituciones forestales. La comunidad de Lachatao ha recurrido a la protesta, difusión de acusaciones de la supuesta corrupción de la Empresa Forestal Comunitaria, aprovechado errores de los agentes interesados con los que se confronta para ganar un reconocimiento al exterior, de su organización para el manejo forestal. Sin embargo este reconocimiento lleva implícito el carácter de fragilidad que vulnera la gestión comunitaria del bosque de la comunidad.

Conclusiones

Se corroboró que la concepción y el manejo comunitario del bosque en Santa Catarina Lachatao han sido dinámicos en el sentido de que ha habido importantes cambios a lo largo de su historia por transformaciones en las estrategias de reproducción de los grupos domésticos, modificadas por la dinámica relación recursiva entre el contexto local y los sistemas económicos y políticos a niveles más amplios.

El enfoque sistémico que ofrece la agroecología y la ecología política feministas es pertinente para abordar las relaciones sociedad y ambiente, pues permite analizar, explicar y entender la relación que establecen. Permite visualizar la manera en que los sistemas económicos y políticos a escalas más amplias afectan de lo global a lo local; las estrategias de reproducción en un tiempo y lugar específicos con posibles traslapes con otras formas de apropiación del territorio posibilitó analizar y comprender los conflictos y disputas ambientales entre la comunidad de Lachatao, Pueblos Mancomunados y las empresas mineras transnacionales. El análisis de las relaciones sociales que proponen ambas posturas teóricas, sumadas al análisis territorial, resultó de gran utilidad para visualizar relaciones recursivas que se suscitan entre sistemas locales y otros más amplios. Permitió explicar las estrategias desplegadas en la disputa en lo referente a las negociaciones y alianzas entre distintos actores sociales con diferentes niveles de poder en diversos ámbitos y dar así cuenta de la complejidad de la gestión ambiental.

Se verificó la capacidad de la comunidad de Santa Catarina Lachatao de desplegar acción colectiva de acuerdo con los factores presentes de manejo sostenible en la defensa de los recursos naturales de los que dependen y que valoran culturalmente. Las estrategias de reproducción en las que la agricultura y el ecoturismo tienen importancia fundamental para la mayoría de los habitantes de la comunidad dependen de los servicios ambientales del bosque, aspecto reconocido por sus habitantes, puesto que les provee de agua, tierra fértil, leña, hongos, plantas medicinales y el disfrute del “monte” como un espacio de esparcimiento y sanación física.

La actual gestión comunitaria del bosque en Santa Catarina Lachatao se construye sobre las estructuras de gobierno por usos y costumbres, y que en estas existen factores que la literatura del manejo de los RFUC señala favorables para la gestión colectiva y sostenible de los recursos, como ser una población pequeña en la que las y los miembros se conocen y tienen comunicación entre sí. La definición clara de quiénes están incluidos y excluidos del aprovechamiento, las normas establecidas de manera colectiva, el monitoreo y vigilancia, la rendición de cuentas de los vigilantes y la instancia en la que se pueden discutir las normas de apropiación y resolver conflictos.

Las y los sujetos participan de forma distinta en la gestión del bosque, a partir de diferencias de género, etapa del ciclo de vida, clase social, y relación de parentesco. Existe división genérica en las actividades para la gestión del bosque, donde los varones dominan los espacios de discusión, toma de decisiones, así como las actividades de monitoreo y vigilancia de los recursos de uso común. La participación de las mujeres en el manejo colectivo del bosque es muy limitada; la mayoría de ellas están excluidas de los espacios de gestión, por no ser “jefas de familia o ciudadanas, lo cual les genera inconformidad sobre las decisiones de la organización comunitaria y con ello se reduce la confianza, factor fundamental en la acción colectiva.

Si bien la organización comunitaria por usos y costumbres tiene aspectos positivos que favorecen el manejo sostenible de los recursos de uso común, superiores a las capacidades de las propias instituciones federales, esta falla en asegurar que los intereses de la mayoría sean tomados en cuenta. Al excluir a las mujeres y no promover su participación se imposibilita el desarrollo sustentable de la comunidad con verdadera justicia social entre los géneros, clases sociales y generaciones, así como la viabilidad económica y reproducción sostenida de la biodiversidad.

Se considera posible la generación de cambios con los que la comunidad se encamine hacia la sustentabilidad. Se han presentado condiciones que han favorecido mayor participación de las mujeres en espacios políticos antes vedados, como la alta emigración de los varones y la disminución de la población local; esto ha llevado a que la comunidad haya ampliado las fronteras de género, lo que podría incrementarse con una estrategia de desarrollo sustentable con transversalidad de género.

La importancia que tienen los bosques para la mitigación del calentamiento global y el cambio climático para proveer de recursos a las poblaciones más vulnerables llama a emplear con urgencia metodologías participativas, con enfoque de género, en temas referentes al ordenamiento territorial, organización para la gestión colectiva de los recursos naturales, gobernanza de los bienes comunes, ecoturismo y agroforestería. El desarrollo sustentable no será posible si no se atienden los distintos aspectos de la relación sociedad y medio ambiente. Por ello, es necesario que en los programas dirigidos a la gestión de los bosques se integren investigaciones y acciones que garanticen el diálogo entre los diferentes actores sociales y la construcción colegiada del conocimiento.

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1En el desarrollo sustentable debe existir verdadera justica social entre los géneros, clases sociales, generaciones, etnias y razas, viabilidad económica y reproducción sostenida de la biodiversidad y los recursos naturales (Leff, 2001; Toledo, 2003; Martínez, 2000).

Recibido: Mayo de 2016; Aprobado: Enero de 2017

* Autor responsable: Beatriz Martínez-Corona. beatrizm@colpos.mx

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