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Agricultura, sociedad y desarrollo

versión impresa ISSN 1870-5472

agric. soc. desarro vol.14 no.3 Texcoco jul./sep. 2017

 

Artículos

Permisos de pesca y relaciones de género en Isla Arena, Campeche

Martha Uc-Espadas1 

Dolores Molina-Rosales1  * 

Verónica Vázquez-García2 

J. Carlos Pérez-Jiménez1 

Francisco Gurri-García1 

1 El Colegio de la Frontera Sur, Unidad Campeche. Av. Rancho Polígono 2-A, Ciudad Industrial. 24500. Lerma Campeche, Campeche, México (muc@ecosur.edu.mx), (dmolina@ecosur.mx), (jcperez@ecosur.mx), (fgurri@ecosur.mx).

2 Desarrollo Rural, Colegio de Postgraduados, Carretera Federal México-Texcoco Km. 36.5, Montecillo, Texcoco. 56230. Estado de México, México (vvazquez@colpos.mx)

Resumen:

Comprender la toma de decisiones de hombres y mujeres en el marco de los derechos de propiedad permite adoptar políticas que promuevan la igualdad en el disfrute de los derechos de acceso a recursos pesqueros y, en conjunto con medidas más eficientes de ordenamiento, conducir al desarrollo sustentable. El objetivo de este artículo es documentar la transferencia de permisos de pesca de hombres a mujeres en Isla Arena, Campeche, y discutir si esto genera modificaciones en su acceso y control a los recursos pesqueros. A partir de una aproximación etnográfica se realizó observación participante, una encuesta a unidades domésticas y entrevistas a informantes clave vinculados a la actividad pesquera. Se argumenta que la toma de decisiones de las permisionarias está asociada al propósito de la pesca (comercial o subsistencia), a la composición familiar y al tipo de participación de las mujeres en las actividades pesqueras. Este trabajo aporta insumos para la incorporación de la perspectiva de género en el manejo sustentable de los recursos pesqueros.

Palabras clave: derechos de acceso; género; pesca artesanal; toma de decisiones

Introducción

Los regímenes de manejo pesquero involucran un conjunto de reglas a través de las cuales se moldean y alternan derechos, deberes, incentivos, expectativas y conductas de quienes se dedican a esa actividad. Los derechos son un aspecto importante de las instituciones en las cuales operan las pesquerías (Huppert, 2005). Los permisos de pesca establecen derechos de acceso y permiten administrar las pesquerías, estableciendo quién puede pescar y quién no (Charles, 2005).

El acceso puede ser promovido a través de la vía legal –de jure– o por las normas y costumbres locales –de facto(Rocheleau et al., 2004). En un sentido más amplio, estos derechos forman parte de los derechos de propiedad: acceso (entrar a una pesquería o área pesquera), captura o aprovechamiento (derecho a una cantidad específica de esfuerzo), manejo (derecho a regular los patrones de uso de los usuarios), exclusión (quiénes tienen el derecho al acceso) y alineación (permite la transferencia o venta del derecho). Estos son acumulativos y permiten observar patrones sociales de organización económica (Charles, 2005; Poteete et al., 2012).

En los discursos oficiales se promueven los derechos de uso, como una vía para contribuir a la ordenación y hacer más efectiva la conservación pesquera (FAO 2012; Charles 2005); sin embargo, estas medidas privatizan el acceso a recursos pesqueros (Acheson, 2000) porque limitan el número de personas que pueden acceder a ellos (Jentoft, 2004; Huppert, 2005). El Estado establece una serie de requisitos para otorgar permisos de pesca; por ejemplo, ser dueño o dueña de los medios de producción, proceso que excluye a la mayoría de los pescadores porque los que cumplen con los requisitos suelen ser los comerciantes con mayor poder económico, como sucedió en Bahía de Kino, Sonora (Cinti et al., 2010).

La privatización de los recursos pesqueros mediante el otorgamiento de permisos tiende a beneficiar a los hombres, ya que las mujeres no son consideradas usuarias activas de los recursos naturales y se les restringe el acceso a estos (Fraga, 1999). Esta situación promueve la ausencia de mujeres en la toma de decisiones relacionadas con el manejo de recursos pesqueros (Kleiber 2014). Ngwenya y colaboradores (2012) documentan que en Botswana la política pesquera y los programas de intervención han tendido a incrementar las desigualdades entre mujeres y hombres en el control y acceso a recursos pesqueros. Esto ocurrió porque el gobierno impulsó la creación de sindicatos de pescadores para proveerles empleos y se excluyó la incorporación de las mujeres que comercializaban y procesaban pescado de dichas organizaciones.

En Islandia, Skaptadóttir y Proppé (2005) encontraron que en la implementación del sistema de cuotas transferibles el gobierno consideró exclusivamente a los hombres. Aunque no todos poseen cuotas, en las unidades domésticas donde se cuenta con ellas los esposos son los que deciden sobre la renta o venta de las cuotas, marginando a las mujeres y menoscabando su poder de decisión.

En México, la CONAPESCA, dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), es la institución encargada de regular la actividad pesquera y administrar los permisos3. En conjunto con los programas de ordenamiento pesquero y los planes de manejo, los permisos forman parte de los instrumentos jurídicos de política pesquera4. Los permisos de pesca comercial pueden otorgarse a personas físicas o morales de nacionalidad mexicana, mayores de edad. El número de permisos está relacionado con la cantidad de individuos, embarcaciones o artes de pesca, que son aplicados a la captura o extracción de una o varias especies en una zona o periodo determinados, y se establecen a partir de los indicadores de disponibilidad y conservación de los recursos pesqueros contenidos en la Carta Nacional Pesquera (DOF, 2012).

Desde 1930, con el interés gubernamental para fomentar la participación de las cooperativas en la industrialización, se ceden permisos de manera privilegiada a los pescadores organizados en cooperativas para capturar especies reservadas como camarón, abulón, langosta, cabrilla, almeja pismo y totoaba. Con la Ley de Pesca de 1992, enmarcada en un enfoque neoliberal, discursivamente se privilegia una administración racional de los recursos pesqueros y desaparece el régimen de especies reservadas para las cooperativas (Soberanes-Fernández, 1994). Esto posibilitó transferir los permisos de pesca a particulares. Estas reglas se reflejan en la vida cotidiana; particularmente, en las decisiones que hombres y mujeres toman sobre los recursos naturales pues las unidades domésticas están articuladas a un contexto de economía política global (Leach et al., 2004); en este caso, la neoliberalización de los recursos naturales (Doyon y Sabinot, 2015).

El objetivo de este artículo es documentar la transferencia de permisos de pesca de hombres a mujeres en Isla Arena y discutir si dicha transferencia genera modificaciones en el acceso y control de las mujeres a los recursos pesqueros. Aunque se ha documentado que las diferencias de género en las relaciones de propiedad son importantes para el manejo de los recursos (Rocheleau et al., 2004; Leach et al., 2004), y que la posesión de la propiedad puede conducir al empoderamiento femenino (Agarwal, 1999; León, 2008), hay que destacar que esto no es automático. Hay otros factores que intervienen en este proceso, como el propósito de la pesca (comercial o subsistencia), la composición familiar y el tipo de participación de las mujeres en actividades pesqueras. El presente trabajo resalta la importancia de tomar en cuenta estos factores para transitar a una política pesquera sustentable y con equidad de género.

Metodología

El trabajo de campo comprendió tres periodos. En la primera fase, que se llevó al cabo en mayo de 2014, se realizaron entrevistas abiertas y observación participante que permitieron identificar la organización local relacionada con la pesca, quiénes y cómo participan en ella, así como aspectos a considerar para la elaboración de una encuesta aplicada entre junio y septiembre de 2014. Esta encuesta, titulada “Encuesta Pesquera de Ecosur-Isla Arena”, permitió conocer aspectos relacionados con el tipo de permisos y los subsidios que han recibido los permisionarios. La muestra estuvo conformada por 62 unidades domésticas, en los cuales se encuestó a hombres y mujeres que trabajan en alguna de las fases del sistema productivo pesquero: captura, desembarco o procesamiento. Como resultado, se tuvo un total de 112 informantes mayores de 18 años; 79 varones y 33 mujeres. Los cuestionarios se realizaron por separado a hombres y mujeres para evitar interferencia en sus respuestas.

El tercer periodo de acopio de información se llevó a cabo en octubre de 2014. En este momento se realizaron entrevistas semi estructuradas a 16 mujeres y 11 hombres, para profundizar en aspectos relacionados con las formas de uso de los permisos de pesca y la organización de la unidad doméstica. Se identificaron unidades domésticas de permisionarias a través de la técnica “bola de nieve” (LeCompte y Schensul, 2013); para ello se partió de las mujeres permisionarias identificadas en la encuesta, quienes refirieron a otras mujeres permisionarias. En total se identificó a 14 mujeres permisionarias y fue posible entrevistar a 12 de ellas. Los hombres entrevistados fueron pescadores sin y con permiso que fueron identificados a través de la misma técnica.

La encuesta se capturó directamente en tablets, con el apoyo de máscaras de captura elaboradas en Access, de acuerdo con la metodología planteada por Gurri y colaboradores (2015). La sistematización y análisis de la encuesta se realizó con el programa SPSS. El registro de las entrevistas abiertas y semiestructuradas realizadas durante la primera y tercera fase del trabajo de campo se hizo con una grabadora digital. Cada entrevista fue transcrita y posteriormente codificada en NVivo10.

Isla Arena, zona de trabajo

Isla Arena se ubica en el extremo norte del estado de Campeche, en el municipio de Calkiní. Geográficamente es una península con 2 km de largo y 150 metros de ancho (Gómez, 2005). Los primeros asentamientos humanos en la Isla datan de 1861, encontrándose entre sus primeros habitantes indígenas mayas de Yucatán y Campeche, descendientes de indígenas yaquis y beliceños (Castillo, 2013). Actualmente cuenta con una población de 754 personas, ubicadas en 203 viviendas habitadas (INEGI, 2010).

Isla Arena forma parte de la Reserva de la Biosfera Ría Celestún, que presenta una diversidad de ambientes en un espacio relativamente reducido y cuya composición vegetal se considera con un excelente grado de conservación (SEMARNAT, 2002). Esta zona es ecológicamente relevante porque se ubica en la parte de la desembocadura más importante de la cuenca noroccidental de agua subterránea de la Península de Yucatán, coincidiendo con el anillo de Cenotes. Es parte del corredor costero de humedales mejor conservados de la parte occidental de la Península de Yucatán, junto con la Reserva Estatal “El Palmar” en Yucatán y la Reserva de la Biosfera de Los Petenes en Campeche y la Reserva de la Biosfera Ría Celestún en Yucatán (SEMARNAT, 2002).

Hasta antes de 1999, cuando se construyó la carretera, la población permaneció con relativo aislamiento y los intercambios comerciales con la comunidad vecina de Celestún se realizaban por vía marítima. La carretera permitió la implementación de energía eléctrica, agua potable y sumideros, lo que representó un cambio importante en la calidad de vida de la población (Gómez, 2005). Las altas concentraciones de sales disueltas en los suelos imposibilitan el establecimiento de áreas para pastoreo (SEMARNAT, 2002), así como una explotación agrícola, situación que restringen a los habitantes de la isla, contar con cultivos para autoconsumo y tener animales de traspatio (Méndez, 2005). Este hecho cobra relevancia para comprender el papel de la pesca ribereña como eje socioeconómico y su vínculo con el requerimiento del permiso de pesca para llevar a cabo la actividad.

En esta isla se practica la pesca artesanal. Las principales especies que se capturan son pulpo (Octopus maya), cangrejo (Menippe mercenaria), cazón (Sphyrna tiburo), cazón (Rhizoprionodon terraenovae), raya (Aetobatus narinari); diversos caracoles: campechana (Fascilaria tulipa), chivita (Melogena corona), lanceta (Strombus costatus), negro o molón (Melogena melogena), rojo o chacpel (Pleuroploca gigantea) y tomburro (Turbinella angulata). La escama se caracteriza por ser multiespecífica, es decir, la captura incluye a varias especies, entre las que sobresalen: corvina (Cynoscion sp.), carito (Scomberomorus cavalla), chac chi (Haemulon plumieri), róbalo (Centropomus undecimalis) y sierra (Mugil cephalus) (SEMARNAT, 2002; Castillo, 2013).

Permisos de pesca en Isla Arena

Con la creación de la Carta Nacional Pesquera en el año 2000, tener un permiso de pesca se vuelve indispensable para pescar en el territorio nacional. Algunos requisitos para obtener permisos son acreditar la legal disposición de bienes y equipo para realizar la actividad (DOF, 2012), como es el caso de lanchas, motores y artes de pesca; también acreditar personalidad jurídica y contar con el certificado de la matrícula, entre otros. Legalmente la ley no contempla su venta; sin embargo, estos pueden ser cedidos a otra persona. Los permisos tienen una vigencia de dos años; después de este tiempo, el titular tiene que pagar para renovarlo.

Para Isla Arena se expiden permisos para escama, caracol, pulpo y tiburón. En 2014, la CONAPESCA registró a 357 pescadores y a 126 permisionarios, es decir, que del registro oficial de las personas que trabajan en la pesca; 35 % de ellas cuentan con el permiso de pesca. A partir del registro en campo de las 14 permisionarias se infiere que al menos 11 % de los permisionarios son mujeres5.

La organización socioeconómica de la localidad está relacionada con la forma en que cada persona se relaciona con el proceso de pesca, desde la captura hasta la comercialización, así como con los permisos de pesca y la posesión de los medios de producción o equipos de pesca. Un “pescador” o “pescadora libre” es aquella persona que no tiene permiso para realizar la actividad, pero trabaja bajo el amparo de un permisionario. El “permisionario” es quien cuenta con la titularidad de por lo menos un permiso de pesca, aunque no necesariamente realice la captura, por lo que puede contratar a otra persona para que pesque en sus embarcaciones. Los “comerciantes” son permisionarios con mayor número de embarcaciones y trabajadores a su cargo; no se dedican a la captura y cuentan con bodegas y contenedores para almacenar la pesca recibida. Puede decirse que hay una jerarquía social donde los permisionarios han sido favorecidos por el Estado para realizar actividades pesqueras, mientras que los o las “libres” dependen de otras personas para realizar dicha actividad.

Para las y los pescadores son varias las razones por las que es importante tener un permiso de pesca. Una de ellas está relacionada con la realización legal de la actividad, ya que les permite contar con la certeza de que cuando la Secretaría de Marina realice inspecciones esta no les decomisará sus embarcaciones porque cuentan con la documentación correspondiente para realizar las capturas.

No hay nada mejor que tener el permiso y dormir tranquilo porque sabes que así sí puedes ir a pescar, que no vas a tener problemas maás que los de la naturaleza, como los nortes o que se eche a perder un motor (Permisionario, 44 años).

El permiso posibilita un mayor poder en la toma de decisiones a quienes lo poseen respecto a cuánto y a quién vender la producción pesquera, lo que permite obtener mayores ganancias económicas.

Puedes vender un poco más tu producto a diferencia del pescador que trabaja para otra lancha que no es de su propiedad (Permisionaria, 54 años).

Sin embargo, esto no se traduce en independencia del permisionario hacia el comerciante, y mucho menos del pescador al permisionario o comerciante. Cuando da inicio la temporada de pulpo, los permisionarios o comerciantes, según sea el caso, otorgan préstamos a los pescadores, situación que compromete a estos últimos a entregar su captura a quien le otorgó el préstamo, garantizando así el pago de la deuda. Los préstamos son empleados para el avituallamiento de las embarcaciones, que incluye compra de jimbas –varas de bambú–, cordeles, plomos, carnada y gasolina.

Los permisos de pesca también permiten a los permisionarios acceder a un portafolio de subsidios como el de suministro de gasolina ribereña, adquisición de embarcaciones y sustitución de motores (Cuadro 1). Para el primero se entrega una tarjeta con un monto único de 2800 pesos y por cada litro de gasolina se les descuentan dos pesos. Para el segundo, los productores reciben hasta 40 % del costo total de los bienes a adquirir. Finalmente, para la sustitución de motores fuera de borda de hasta 115 HP el monto máximo de apoyo es de 90 000 pesos y 50 000 pesos para embarcaciones menores de hasta 10.5 metros de eslora6 (DOF, 2013). Cabe mencionar que, según la información proporcionada por una agencia de distribución de equipos marinos, el costo de un motor de 115 HP de dos tiempos es de 224 271 pesos y de cuatro tiempos, 324 050 pesos, mientras que el de una lancha es de 165 100 pesos.

Cuadro 1 Subsidios recibidos por permisionarios/as en Isla Arena, Campeche (n=30). 

Subsidio Permisionarios/as
beneficiados/as
Gasolina ribereña 31 %
Sustitución de motores 16 %
Baja captura 66 %

Fuente: encuesta Pesquera Ecosur-Isla Arena, junio-septiembre de 2014.

Los/as permisionarios/as pueden obtener más de un subsidio.

El subsidio conocido como “baja captura” se entrega en el mes de julio de manera conjunta entre la SEPESCA y el gobierno municipal. Se otorga en un momento crítico: baja producción de escama; por ende, de fileteo de pescado y en la víspera de que inicie la temporada de pulpo. Este subsidio cuenta con un monto económico único que se distribuye entre todos los permisionarios; sin embargo, debido a que anualmente ha habido un incremento de permisionarios, las cantidades que reciben han disminuido. Los pescadores sin permiso también reciben este subsidio, pero en cantidades menores. A los permisionarios se les otorgan 9000 pesos y a los “libres” se les da menos de la mitad (4200 pesos). En particular, este programa incentivó la transferencia de los permisos hacia las mujeres como un mecanismo para la obtención de mayores ingresos a través de subsidios a la unidad doméstica; de esta manera, las mujeres reciben el subsidio de permisionarias y los hombres el de pescadores.

Se lo dan [a las mujeres] para que tengan doble apoyo. Como varón, si tengo cuatro permisos le doy uno a mi esposa, a mi hija y a mi otra hija; así, cuando llega el apoyo tengo 4000, más 4000... 16 000 pesos; porque son solteras las muchachas, porque viven conmigo. El señor de acá al lado tiene un permiso y qué me dijo: ya se lo voy a pasar a mi mujer y yo me meto a cobrar de pescador (Permisionaria, 36 años; ocho años con permiso).

Permisionarias isleñas

De las 12 mujeres permisionarias identificadas, nueve son originarias de Isla Arena y tres del estado de Yucatán. En relación con el estado civil, nueve son casadas, dos solteras y una viuda. Nueve de las familias de las mujeres entrevistadas son nucleares y tres son extensas. Nueve poseen permisos para escama y pulpo, dos para pulpo y una para caracol. Aunque esta iniciativa fue promovida por los hombres, las mujeres estuvieron de acuerdo para que los permisos de pesca estuvieran a su nombre. La obtención de los permisos de pesca por parte de estas mujeres fue a través de dos vías. La primera está relacionada con la disolución de las cooperativas, momento en el cual los socios, al retirarse de las mismas, se distribuyeron los permisos, y algunos de ellos se lo cedieron a sus familiares, en ciertos casos a mujeres. Esto empezó a suceder desde 2005. Siete permisionarias refirieron haber recibido el permiso en estas circunstancias. No se identificó que las mujeres hayan recibido el permiso a través de otras (Cuadro 2).

Cuadro 2 Cesión de permisos a mujeres después de la disolución de cooperativas. 

Persona que cedió
el permiso
Número
de casos
Padre 3
Esposo 3
Hijo 1
Total 7

Fuente: trabajo de campo, octubre de 2014.

Cinco mujeres obtuvieron el derecho de pesca a través del segundo mecanismo identificado que fue comprar el permiso. La compra la hicieron a crédito y pagaron entre 30 000 y 70 000 pesos. El promedio de tiempo que llevó saldar la deuda fue de dos años, como relata una permisionaria, quien compró el permiso junto con su esposo:

Se lo compramos a un señor de Campeche, dio trabajo, como dos años, era de una amistad y lo estuvimos pagando de poco a poco, así hasta que se pagó 30 000 pesos (Permisionaria, 46 años de edad, 1 año con el permiso).

Para comprar el permiso las familias se organizaron en torno al trabajo pesquero (Cuadro 3). En una unidad doméstica que corresponde a una familia extensa se trabajó en conjunto: el padre e hijo mayor (casado y padre de familia) pescaban y la esposa fileteaba pescado. El dinero ganado con el fileteo sirvió para pagar el permiso de pesca.

Cuadro 3 Organización familiar para la compra del permiso en las unidades domésticas. 

Tipo de organización Número de casos
Trabajo pesquero de padre, madre e hijo 1
Trabajo pesquero de esposo y esposa 1
Trabajo pesquero femenino 1
Trabajo pesquero masculino 2
Total 5

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, octubre de 2014.

En otro caso, el de una familia nuclear, a través de la pesca y la venta de pescado por parte de la esposa se recaudó el dinero para pagar el permiso. Solo se reportó un caso donde la permisionaria compró el permiso por ella misma. Se trata de una mujer soltera, de 29 años de edad, proveniente de una familia extensa. Ella es pescadora y tiene permiso para pulpo; en su unidad doméstica se cuenta con otro permiso de pesca, cuya embarcación trabajan el hermano y el padre. En los restantes dos casos, el dinero para pagar el permiso provino del trabajo pesquero masculino, es decir, las mujeres no aportaron económicamente para la adquisición del permiso7.

Desde la perspectiva de las mujeres, el permiso les fue transferido por dos razones: a) como mecanismo de herencia; y b) para cederles la responsabilidad de la realización de trámites relacionados con los permisos. La mujer soltera que compró el permiso no se inserta en ninguna de estas categorías, ya que no se le hace una transferencia del permiso porque lo adquirió por cuenta propia (Cuadro 4). Ahora bien, más allá de estas dos razones que las mujeres identifican como pilar en la decisión de la transferencia, un aspecto que es transversal en estos arreglos es la motivación económica, ya que la posesión de los permisos potencializa la llegada de recursos económicos a las familias.

Cuadro 4 Motivos y relaciones de parentesco en la cesión de permisos a las mujeres. 

Motivo Persona que transfirió Número de casos
Herencia Padre 2
Esposo 5
Trámites Esposo 5
Compra directa Ninguna 1
Total 12

Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo, octubre de 2014.

Permiso como herencia: la visión de un patrimonio familiar

De las 12 permisionarias, siete reportaron que se les cedió el permiso de pesca para garantizar una herencia. Dos mujeres, que son hermanas, obtuvieron el permiso por parte de su padre. La primera vive en un hogar nuclear y tiene dos hijos menores de edad. El permiso le fue cedido después de estar casada. La segunda hermana vive en familia extensa, es soltera y no tiene hijos/as, ella vive con sus padres. Cinco mujeres obtuvieron el permiso a través de sus esposos. Ellas forman parte de familias nucleares. La mujer más joven de este grupo tiene 44 años y la mayor 60. Sus esposos son pescadores activos.

Las explicaciones sobre el permiso como herencia se relacionan con el riesgo en la actividad pesquera y el temor a fallecer en el mar, dejando desprotegida a la familia. Al respecto, un informante mencionó haberle comentado a su esposa: te voy a dar el tuyo [permiso], qué tal si un día yo fallezco y qué tal si no te di tu parte (Permisionario, 55 años). Otra mujer comentó que el permiso es un regalo de mi esposo (Permisionaria, 51 años, dos años con el permiso). Desde quienes tomaron la decisión bajo esta perspectiva, el permiso garantiza un patrimonio que en caso de eventualidades como enfermedades puede venderse con relativa facilidad debido a la demanda existente por adquirir permisos.

Permiso como esquema de trámites: transferencia de actividades a las mujeres

Las cuatro mujeres restantes reportaron que se les transfirió el permiso para que pudieran realizar los trámites asociados al derecho de pesca. Estos trámites implican acudir a la oficina de pesca para hacer arribos, así como trasladarse a Calkiní o Campeche para renovar los permisos. Otros aspectos que deben resolver son los relacionados con el documento de seguridad marítima y cobrar subsidios, asistir a las reuniones convocadas por las autoridades pesqueras o comités locales de pesca, además de asistir a las capacitaciones del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA). Sobre el hecho de que se transfiera el permiso a las mujeres, encontramos testimonios como este donde una permisionaria expresó que esta condición representa una carga de tareas para las mujeres, sobre todo por los trámites y viajes que tienen que realizar:

Malísimo, malísimo, porque es fastidioso, es molestoso llevar documentación. Tienes que ir a Campeche y regresar porque no te dan información, tienes que llevar tu documentación; cuando hay programas tienes que hacer esto, tienes que hacer lo otro (Permisionaria, 41 años, 6 años con el permiso).

Las explicaciones de las y los informantes hacen referencia a la falta de interés por parte de los pescadores por realizar trámites: él casi no tiene paciencia para hacer trámites, esperar en SAGARPA, allá en Capitanía, no le gusta a él hacer ningún trámite, por eso yo di las vueltas (Permisionaria, 48 años). Las diligencias asociadas al permiso constituyen una extensión de las actividades pesqueras. Como respuesta, las familias replantearon su organización del trabajo, delegando a las mujeres la realización de trámites en tanto los varones concentran su esfuerzo en la pesca para no perder días laborales y, por lo tanto, ingresos: Si él se hubiera hecho cargo, tendría que irse, a veces dos días, dejar de ir a pescar por ver sus papeles (Permisionaria, 46 años; tres años con permiso). Para las mujeres, hacerse cargo de la realización de trámites se tradujo en una extensión de las tareas domésticas.

Toma de decisiones en el trabajo pesquero

Quienes toman decisiones disponen a quién vender la producción pesquera o el destino de los ingresos, ya sea para la alimentación de la familia o para invertirlo en la pesca. Por estar sobre todo en manos de los varones, al ámbito pesquero supone que la toma de esas decisiones recae en ellos; sin embargo, esto se modifica en cierta medida entre las permisionarias. En Isla Arena se identificó que existen diferencias entre las que toman estas decisiones y quienes no lo hacen, lo que permite caracterizarlas de la siguiente manera:

Permisionarias que no toman decisiones. Las tres mujeres que conforman este grupo refirieron que sus esposos son quienes toman las decisiones relacionadas con la pesca. Ellas no están involucradas en el trabajo pesquero; cada una explica desde su propia perspectiva los motivos de esta situación. En el primer caso, tiene problemas de salud, lo que la restringe de participar en la pesca. Aunque la segunda trabajó por un tiempo en el fileteo, abandonó la actividad por problemas familiares. La tercera expresó su desinterés por trabajar en el fileteo.

Las edades de estas tres mujeres oscilan entre los 46 para la más joven y 57 para la mayor, resultando en una edad promedio de 51 años. Tienen en promedio dos años con la posesión del permiso y son, en comparación con las otras permisionarias, las que tienen menos tiempo desempeñando su papel. La pesca es realizada con fines de subsistencia y las embarcaciones son trabajadas por los esposos. Solo en uno de los tres casos, durante la temporada de pulpo, se contrata a un trabajador.

Las familias de estas mujeres son nucleares. Respecto al ciclo de vida familiar, la mujer más joven tiene un hijo en edad escolar y dos mayores, quienes son pescadores. La segunda permisionaria tiene un hijo mayor, quien se dedica a la pesca. En el tercer caso la permisionaria tiene hijos mayores de edad, pero viven fuera de la isla. Estas familias tienen hijos mayores que aportan económicamente a las unidades domésticas; además, la pesca está enfocada a la subsistencia. Estas características no incentivan la incorporación de las mujeres a las actividades pesqueras y tampoco impactan en la toma de decisiones en asuntos relacionados con los permisos por parte de las permisionarias.

Permisionarias con toma de decisiones intermedia. Dos mujeres forman parte de este grupo; una de ellas filetea, tiene 60 años y es viuda; la embarcación es trabajada por su hijo. La otra tiene 55 años y vende pescados y mariscos; la embarcación es trabajada por su esposo. En ambos casos la pesca es realizada para la subsistencia. Las decisiones que toman estas mujeres se concentran solo en las actividades que ellas realizan: fileteo y venta de mariscos, pero no trasciende hacia la inversión en la pesca, por ejemplo. En el caso de la primera, su hijo toma las decisiones y en el de la segunda, su esposo: Mientras que yo viva, es mío, entre comillas, pero el permiso está a nombre de ella (Pescador, 62 años). Al respecto, una mujer comenta: No es mío, es de ellos [sus hijos], pero lo tienen puesto a mi nombre (Permisionaria, 60 años, 6 años con el permiso). Este comentario refleja que aunque el permiso esté a su nombre, para algunas mujeres este no les pertenece y, por lo tanto, las restringe de tomar decisiones.

Permisionarias que toman decisiones. Siete permisionarias refirieron participar en la toma de decisiones: hemos platicado cómo vamos a trabajar, con quién, qué vamos a hacer con el motor, si necesitamos venderlo para obtener uno de mejor calidad (Permisionaria, 48 años; tres años con permiso). El rango de edad de estas mujeres es de 29 años para la más joven y 48 para la mayor; el promedio de edad es de 40 años. Cinco de las siete mujeres que conforman este grupo tienen de seis a ocho años con el permiso de pesca; las otras dos llevan menos de tres años con la posesión del derecho. El promedio de años con la posesión del permiso es de 6 años.

En las unidades domésticas de las siete mujeres que conforman este grupo se tiene un segundo permiso a nombre del esposo y para la temporada de pulpo se contrata a trabajadores de comunidades vecinas. Cinco mujeres se involucran activamente en las tareas relacionadas con el desembarco y comercialización; por ejemplo, recibir la pesca del día, pesar, refrigerar y transportar pescados y mariscos, pagar a trabajadores, comprar insumos y vender la producción a intermediarios. De las otras dos, una pesca y otra vende pescado –fresco y cocinado– en una comunidad cercana a la isla.

Aunque la cesión de permisos de pesca obedece a razones económicas y para las mujeres es un desahogo a las tareas que realizan los varones, incluso un “regalo” frente a contingencias futuras, el hecho de que las mujeres estén involucradas en esta fase del proceso pesquero representa para las familias y, particularmente, para los varones, la posibilidad de optimizar los recursos humanos y económicos de los que dispone la unidad doméstica, debido a que en estas unidades domésticas la pesca se realiza con fines comerciales y se requiere contratar a trabajadores. El involucramiento de las mujeres es necesario; incluso, ellas están dispuestas a ampliar el tipo de actividades que realizan.

Respecto a la composición familiar, las dos mujeres solteras y una de las casadas viven en familias extensas; estas mujeres no cuentan con hijos e hijas en edad escolar. De las cuatro mujeres que tienen familias nucleares, tres tienen hijos e hijas en edad escolar. El número de hijos es de dos a cuatro. Tener hijas/os cursando la preparatoria o licenciatura representa un gasto mayor porque las y los jóvenes tienen que trasladarse a otras ciudades para continuar con sus estudios, ya que en la isla solo se puede cursar hasta la secundaria. En la realización de las actividades productivas y reproductivas se involucran a los distintos integrantes de la familia. En relación con la organización familiar y la participación de los esposos, una permisionaria comenta su experiencia:

Trabajamos los dos. En la temporada de pulpo cuando él pesca, el trabajo empieza [en la bodega] a partir de la una de la tarde; yo ya me acomodo aquí con lo de la casa, ya fui a buscar a la niña al kínder, cociné. A partir de las dos de la tarde ya puedo ir a ver a los señores [pescadores] que llegan, yo les peso, yo les pago, vendo, cobro y así. En este tiempo de escama que los señores llegan a las seis de la mañana de la lisera, él es el que se levanta temprano. Ya nos organizamos (Permisionaria, 36 años; ocho años con permiso).

La unidad doméstica es un espacio de negociación, pero también de conflicto, como narra una permisionaria en su apreciación sobre la organización del trabajo pesquero:

A veces, mi esposo no está de acuerdo en algo y como yo soy la que lo manejo; entonces, sí tenemos un poco de problemas porque a veces no estamos de acuerdo en algo. Claro, como él va a pescar, entonces no ve los problemas con los pescadores. Él prácticamente no tiene paciencia con los pescadores y yo ya conozco la forma de ser de cada uno de ellos (Permisionaria, 41 años; 8 años con permiso).

Aunque las mujeres tienen la posesión del derecho de propiedad, la toma de decisiones se encuentra matizada por diferentes factores. En primer lugar se encuentran las actividades pesqueras que las mujeres realizan, las cuales a su vez se relacionan con el ciclo de vida familiar, ya que se observa que las mujeres con hijos/as en edad escolar son las que se involucran más en el trabajo pesquero porque existe la necesidad de incrementar los ingresos familiares, situación que las motiva a realizar tareas como el fileteo y/o comercialización de pescado, además de tratarse de mujeres más jóvenes en relación con las demás. Por otro lado, las familias con estas características son las que se inclinan hacia la pesca de tipo comercial, donde incluso es necesario contratar a pescadores. Se observa que las mujeres con mayor tiempo como permisionarias son las que tienen mayor capacidad en la toma de decisiones, pues son las que más se involucran en el procesamiento, comercialización y administración pesquera, además de que su acceso a la esfera pública y a los espacios de poder se extiende con el paso de los años.

Aprendizajes: adentrándose al mundo de la pesca

Involucrarse en el trabajo pesquero ha permitido a las mujeres contar con conocimientos relacionados con los costos del mantenimiento de equipos de pesca y los precios que se espera que alcancen los pescados y mariscos al inicio de la temporada de pesca:

Le acaban de hacer un overhaul [mantenimiento] a mi motor que me costó ocho mil pesos. Si vas a comprar el cabezote te gastas hasta 25 mil. Vamos a suponer que resina, fibra de vidrio, pintura, otros cuatro mil… Ocho mil pesos. Si tenemos que comprar plomos gastamos de 50 a 70 pesos por kilo; tenemos que comprar jimbas, cordeles, mangas para el garete, pintura para los nombres, tenemos que reparar alijos, y gastamos como 15 mil pesos por embarcación. El que menos gasta es 10, ocho mil pesos (Permisionaria, 44 años; ocho años con permiso).

Para otras mujeres; por ejemplo, las que recientemente han obtenido el permiso, contar con este derecho de pesca representa la oportunidad de involucrarse en el mundo marítimo y adquirir nuevos aprendizajes:

Es una responsabilidad grande que me ha servido para aprender, crecer, yo no sabía nada de pesca, de papeleos. Ahora ya tengo conocimiento de ello y no está de más que uno aprenda (Permisionaria, 51 años; dos años con permiso).

Ser permisionarias ha traído consigo la oportunidad de ocupar cargos en las organizaciones pesqueras locales, como el caso de tres mujeres que fueron elegidas por los permisionarios para representarlos. Las mujeres refirieron que las tareas que realizan están vinculadas con la realización de trámites. Por otro lado, en los testimonios de los informantes se encontraron inconformidades respecto a que se transfieran los permisos de pesca a las mujeres, indicando que lo correcto es que los permisos solo estén a nombre de los varones, pues se percibe que solo ellos trabajan las embarcaciones. Esto permite observar el peso de las normas socioculturales, donde se considera que las decisiones relacionadas con el trabajo pesquero deben recaer en la figura masculina. Otros comentarios dejan ver el descontento por las inequidades en la concentración del capital económico en algunas familias y permite observar la estratificación social de las familias en la isla a partir de sus bienes económicos y los derechos de propiedad que poseen:

Pues yo como pescador digo que está amañando el sistema porque no es justo; se está desviando algo que puede servir para otro pescador. Por ejemplo, si yo tengo un permiso puedo adquirir otro y se lo paso a usted como mi esposa. Se lo paso y usted va a cobrar otro fondo cuando no debe ser así (Pescador matriculado, 44 años de edad).

Discusión

En Isla Arena las modificaciones en la Ley de Pesca (1992) facilitaron la transferencia de permisos de pesca a particulares. En un modelo económico neoliberal, como es el caso mexicano, la posesión de los permisos de pesca se restringe a los sectores con mayor poder económico y que no siempre son pescadores/as (Cinti et al., 2010). Para obtener mayores ingresos a través de subsidios, garantizar un patrimonio a las familias y organizarse en relación al trabajo pesquero, al interior de las unidades domésticas se crearon nuevos esquemas en las prácticas sociales de tenencia, posesión y derechos sobre los recursos, como la transferencia de permisos hacia las mujeres. Esta transferencia está mediada por las relaciones de parentesco, en relación con el sistema formal de permisos de pesca (Nunan et al., 2015), e influyen en los patrones de propiedad y control de los recursos pesqueros de hombres y mujeres (Makalle, 2012).

La transferencia de permisos hacia las mujeres representa un mecanismo que permite a los pescadores y a sus familias obtener mejores precios, así como atraer mayores subsidios. Sobre este punto, Fernández (2013) menciona que en Costa Rica los permisionarios reportan como “peón” a la esposa y familiares cercanos sin vínculos con el trabajo pesquero, con la finalidad de incrementar sus ingresos en la temporada de baja captura. En Turquía se ha documentado que si el esposo trabaja al servicio del gobierno y, debido a que quien lo hace no puede tener un segundo empleo, se registran las embarcaciones a nombre de las esposas para obtener licencias de pesca comercial. No obstante que las mujeres trabajan en actividades pesqueras de subsistencia y que las licencias están a sus nombres, ellas no participan en las actividades que realizan las cooperativas (Göncüoğlu y Ünal, 2011).

El riesgo que caracteriza al trabajo pesquero y la posibilidad de muerte del principal proveedor incentivan la búsqueda de mecanismos que garanticen ingresos para las familias (Islam y Chuenpagdee, 2013). En Isla Arena, uno de estos mecanismos es la transferencia de permisos de pesca a mujeres; de esta forma se garantiza la permanencia del permiso, que es concebido como un bien que se puede heredar en la unidad doméstica y asegurar el patrimonio de las familias, particularmente de la esposa, sobre todo en un medio donde se carece de seguridad social (Britton, 2012). La transferencia de los permisos de pesca a mujeres también se inserta en la lógica de la división del trabajo que permite a los varones continuar con la jornada en el mar, en tanto que se delega a las esposas la realización de trámites, lo que representa una extensión de sus tareas domésticas y trae consigo una sobrecarga de trabajo para las mujeres.

Fraga (1999) señala que en la asignación de derechos de propiedad pesqueros se beneficia a los hombres y se acentúan las asimetrías en las relaciones de poder, situación que ha enfatizando la ausencia de mujeres en la toma de decisiones relacionadas con el manejo de los recursos (Kleiber, 2014). La información obtenida en Isla Arena permite observar que los derechos de propiedad pueden ser el punto de partida para entender el poder en la toma de decisiones de las mujeres y, en conjunto con otros factores como la composición familiar, el propósito de la pesca (subsistencia o comercial) y las actividades pesqueras que desempeñan las mujeres.

Cabe resaltar que este trabajo centró su análisis en unidades domésticas donde las mujeres son posesionarias de permisos de pesca comercial y que el siguiente desafío es contar con un panorama más amplio que permita conocer la toma de decisiones en unidades domésticas donde hombres y mujeres no cuentan con permiso de pesca o bien únicamente los hombres son permisionarios no solo en Isla Arena, sino en otros contextos geográficos.

La caracterización de las permisionarias posibilita observar que las mujeres que toman decisiones forman parte de unidades domésticas donde la pesca se hace con fines comerciales y que cuentan con el capital económico que les permite contratar a trabajadores, particularmente durante la temporada de pulpo. Ellas participan activamente en actividades vinculadas con el trabajo pesquero, participando no solo en la fase de procesamiento, sino también en la adquisición de insumos o la compra-venta de pescado. Esto ejemplifica que la contribución financiera de las mujeres incide positivamente en la toma de decisiones (Fay-Sauni et al., 2008), como lo encontrado por Nunan (2006) en Uganda, donde la promoción para que las mujeres adquieran licencias para embarcaciones ocasionó que estas incrementaran sus ingresos y con ello empezaron a tomar decisiones y a hablar sobre cosas que les afectaban como mujeres.

Las mujeres que toman decisiones tienen hijos e hijas en edad escolar, lo que representa un mayor gasto para las familias y, por lo tanto, deriva en la búsqueda de otras fuentes de ingresos. Esta información coincide con lo hallado por García Sámano (2015) para el mismo sitio de estudio, quien encontró que, no obstante que las familias tienen permisos de pesca, no todas realizan las mismas actividades productivas debido a las diferencias en la composición sociodemográfica (edad y sexo) de la unidad doméstica. En otras localidades, como la costa norte de Irlanda, Britton (2012) encontró que el poder en la toma de decisiones de las mujeres vinculadas a la industria pesquera está relacionado con variables sociodemográficas como la edad y el nivel educativo, el contexto local y factores externos; así, el incremento en los costos económicos derivados de la crisis en los combustibles motivaron la disminución de la flota de pescado blanco, situación que motivó el cierre de fábricas de pescado donde trabajaban las mujeres.

No obstante que procesan y comercializan pescado, algunas permisionarias solo tienen poder de decisión en las actividades que ellas realizan, pero que no se involucran en las actividades o ingresos derivados de la administración de los permisos de pesca. Aunque los recibieron como herencia o “regalo” no los consideran como propios. Agarwal (1999) señala que cuando las mujeres compran tierras adquieren una mayor sensación de seguridad económica y de confianza en sí mismas y, por tanto, mejoran su capacidad de negociación.

El tercer grupo de mujeres es el que no toma decisiones. Ellas forman parte de unidades domésticas donde las embarcaciones son trabajadas por un familiar varón, ya sea el esposo o hijos, debido a que la actividad pesquera está encaminada hacia la subsistencia. Son de mayor edad en comparación con las que sí las toman, además de que tienen menor tiempo con el permiso a su nombre, lo que muestra que los roles de género en la sociedad no son estáticos y que se ven afectados por cambios sociales y económicos a nivel individual, familiar y comunitario (Williams, 2010).

Finalmente, la literatura señala que los derechos de propiedad (acceso, aprovechamiento, manejo, exclusión y alineación) son acumulativos y están anidados; por ejemplo, los derechos de manejo no pueden ejercerse sin los de acceso (Charles, 2005; Poteete et al., 2012). El número de mujeres titulares de permisos de pesca es restringido; esto se observa en el aquellas que ocupan cargos principales en una de las organizaciones locales de permisionarios, ya que el tener el derecho de acceso les ha permitido estar en contacto con otras esferas de poder e información y les abre camino hacia espacios vinculados con la toma de decisiones que pueden impactar en el manejo comunitario de los recursos (Savard y Fraga, 2005; Meinzen-Dick et al., 1997; Kleiber 2014). Esto también explica que las mujeres que tienen más tiempo siendo permisionarias son las que tienen mayor capacidad en la toma de decisiones, pues su acceso a la esfera pública y a los espacios de poder se extiende con el paso de los años.

Conclusiones

En este artículo se documentó la transferencia de permisos de pesca de hombres a mujeres en Isla Arena, así como las modificaciones en su capacidad en la toma de decisiones. Se concluye que las diferencias existentes permiten entender variaciones en este sentido por parte de ellas, siendo los elementos más importantes a considerar: el propósito de la pesca (ya sea que se realice con fines comerciales o para la subsistencia), la composición familiar y el tipo de actividades pesqueras que realizan.

Finalmente, la invitación es continuar documentando estos procesos y romper con el estereotipo de manejo de los recursos centrado en el dominio del mar -botes, pescado, pescadores- (Britton, 2012) para construir políticas que conduzcan a la igualdad en el disfrute de los derechos de acceso (FAO, 2012) y que, en conjunto con medidas más eficientes de ordenamiento pesquero, conduzcan al desarrollo sustentable con perspectiva de género.

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3A nivel estatal, la Secretaría de Pesca y Acuacultura (SEPESCA) tiene como principal tarea la planeación, coordinación, ejecución y evaluación de la política pesquera.

4La Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables señala que los permisos pueden otorgarse para acuacultura comercial, acuacultura de fomento, acuacultura didáctica, pesca comercial, pesca de fomento, pesca didáctica y pesca deportivo-recreativa (DOF, 2012). Este trabajo se enfoca en los permisos de pesca comercial.

5Desde septiembre de 2015 se inició el procedimiento administrativo correspondiente ante el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, para solicitarle a la CONAPESCA información oficial sobre el número de permisionarias en Isla Arena. La información sigue sin proporcionarse al momento de enviar este texto para su publicación (invierno 2016).

6La eslora es la longitud de una embarcación, desde la proa a la popa.

7Como parte de los resultados de la presente investigación, en un segundo artículo se aborda a detalle el destino de los ingresos generados por hombres y mujeres vinculados a las actividades pesqueras.

Recibido: Mayo de 2016; Aprobado: Enero de 2017

* Autor responsable: Dolores Molina-Rosales. dmolina@ecosur.mx

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