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Agricultura, sociedad y desarrollo

versión impresa ISSN 1870-5472

agric. soc. desarro vol.13 no.4 Texcoco oct./dic. 2016

 

Artículos

Relación entre saberes campesinos y variables climáticas en la región centro oriente de Puebla, México

Ma. de los Ángeles Velasco-Hernández1 

Tomás Morales-Acoltzi2 

J. Pedro Juárez-Sánchez3  * 

N. Gabriel Estrella Chulim3 

Ramón Díaz-Ruíz3 

Rogelio Bernal-Morales4 

1Facultad de Ingeniería Química, BUAP. Ciudad Universitaria. Avenida San Claudio y 18 sur, 72570. Puebla, México. (ambientalbuap@yahoo.com.mx).

2Modelación Matemática de Procesos Atmosféricos, Centro de Ciencias de la Atmósfera, UNAM, México, D.F. 04510, (acoltzi@atmosfera.unam.mx).

3Colegio de Postgraduados, Campus Puebla, Carretera Federal México-Puebla km 125.5, Santiago Momoxpan, municipio de San Pedro Cholula, Puebla. 72760. (pjuarez@colpos.mx, nestrela@colpos.mx, dramon@colpos.mx).

4Centro de Investigación en Cambio Climático, Facultad de Agrobiología, UATx,, Campus Tlaxco, Tlaxcala. (rbernal07@hotmail.com)

Resumen:

La agricultura y especialmente el cultivo del maíz representan una de las actividades socioeconómicas más importantes para la seguridad alimentaria en México. A través del tiempo, el conocimiento empírico ha sido trasmitido de generación en generación. En esta investigación se aplicaron encuestas a agricultores en la región Centro Oriente del estado de Puebla, con experiencia en la siembra del maíz en 2014 y 2015. El objetivo de la investigación fue explicar la relación del climatemperatura y precipitación-, a escala pentadal, con los refranes y con los rendimientos en los años de 1980, 1987, 2011 y 2013. Los resultados mostraron que menos de la mitad de los agricultores confían en los dichos y, como consecuencia, en años con buenos rendimientos en el cultivo de maíz, la mayoría de estos fueron validados, mientras que para aquellos considerados como “regular” y “malo”, la mayor parte no se cumplió. Estas dos situaciones se pueden explicar en términos de una visión optimista del agricultor. Se concluye que el conocimiento empírico campesino sobre el pronóstico tiempo/clima es aceptado por una parte importante de agricultores y sigue influyendo en las actividades agrícolas.

Palabras clave: agricultura; conocimiento empírico; precipitación; temperatura

Introducción

Los dichos, sapiensas o refranes datan de la época antigua; se constituyen en una forma de sabiduría popular, basada en observaciones repetidas por múltiples personas a lo largo de muchos años, y son el resultado de la existencia de una memoria colectiva; eran considerados dichos de sabios a propósito de los cuales no se podían discutir y ninguno era tan sabio que pudiera acertar tanto como el pueblo. Así, los refranes se tenían como principio y no había necesidad de explicarlos, pero debería tenerse alguna observación, no en cuanto al valor intrínseco sino a su utilización, en la cual exigían cierta mesura (Gallego, 2011). Entonces, los refranes son enunciados fraseológicos emanados de la síntesis de la sabiduría popular y son fuente de conocimiento que ayuda a entender la realidad cotidiana; además de enriquecer el idioma reflejan las prácticas de la cultura de un pueblo (González, 2015). Se basan en la observación de la naturaleza y el conocimiento que se ha traducido en frases, proverbios y dichos, y en nuestros días tienen importancia fundamentalmente entre la población rural.

De acuerdo con Sevilla y Crida (2013), en la actualidad se definen como “una paremia de origen anónimo y uso popular cuya estructura es generalmente bimembre, con presencia de elementos mnemotécnicos, con potencial presencia de elementos jocosos, basado en la experiencia y con valor de verdad universal, en su gran mayoría”; y los clasifican en refranes temporales y meteorológicos, lo que significa que en el conocimiento tradicional los proverbios se han aplicado en la previsión meteorológica que representan factores que son cruciales para los agricultores. En Europa se cuenta con una Base de Datos Sobre Refranes del Calendario y Meteorológicos en la Romania (BADARE); en ella se muestra la riqueza del saber patrimonial, compartido en torno a la meteorología popular por los pueblos románicos del viejo continente. Por ejemplo, San Cristóbal con gorro, agua hasta el morro (Monte cercano a Pamplona) (Gargallo et al., 2008). Los proverbios utilizados en la región de Sinazongwe, Zambia se aplican como predictores meteorológicos, aunque en ciertos casos es difícil predecir la lluvia en tierras con diferente pendiente; las bases de datos que se utilizan son primordiales para estimar el potencial local del clima, que está relacionado con futuros cambios climáticos (Kanno et al., 2013).

En el México precolombino de los siglos VII al XIV el Dios Tláloc tenía un lugar destacado; gracias a él podía mantenerse fecunda la tierra y los hombres podían vivir; simbolizaban al Dios, representándolo con unos anillos alrededor de los ojos, semejante a unas gafas que simulaban las nubes (De Pedraza, 2014). En la Sierra Purépecha lograron relacionar los aspectos físicos con la percepción de cambios en el periodo de lluvias, las bajas temperaturas y las granizadas que para una agricultura de temporal es crucial; además, consideraron la diferenciación espacial de temperatura, la pendiente, fertilidad del suelo, y la situación socioeconómica comunitaria y extracomunitaria (Magaña, 2008).

Oliviusson (2010) considera que la utilidad de los refranes es transmitir mensajes de tipo moral con la intención de criticar a la sociedad en la que se han institucionalizado. Bajo el enfoque “tradicional” existen refranes que ayudan a salir airosos de situaciones difíciles, donde cualquier aspecto de la vida humana se ve reflejado en ellos y su campo de aplicación presenta una gran variedad dada su amplitud temática, por estar circunscritos a una zona geográfica, a un ámbito concreto, ya sea laboral o social (Sevilla y Cantera, 2002). Entonces, se puede decir que los refranes hacen referencia a contextos locales y no universales, y abarcan periodos de corto y largo plazo. Lo cierto es que estamos frente al saber popular y el conocimiento científico.

En los saberes campesinos, González (2008) menciona que se originaron por la acumulación de experiencias, conocimientos, creencias y costumbres que son consistentes entre sí, donde los saberes son el conocimiento empírico de los campesinos. El estudio formal de los sistemas de conocimiento tradicional ha llevado a entender que se trata de sistemas cognitivos conformados por una praxis y un corpus interdependientes entre sí, donde el corpus no es sino la suma y el repertorio de signos, símbolos, conceptos y percepciones de lo que se considera el sistema cognitivo tradicional (Torres y Valdivia, 2012). Aquí destaca la cosmovisión campesina que, de acuerdo con Juárez (2010), parte de la observación sistemática de la naturaleza, donde las contemplaciones y reflexiones en torno a ella eran comprobadas día a día, lo que les permitió clasificar, pronosticar y formular conocimientos que integran a las comunidades en su forma de vida.

Mesa et al. (1997) mencionan que la meteorología popular ha facilitado a la gente del campo un esquema general y abierto para programar tareas agrícolas, constituyéndose el Refranero en un depósito fundamental del saber meteorológico popular. Es por ello que la mayor parte de los refranes sobre el tiempo tienen su origen en el medio rural y con frecuencia vinculan meteorología y agricultura, permitiéndolo enfocar desde una perspectiva multidisciplinar, integrando contenidos geográficos, lingüísticos, históricos, antropológicos, etcétera, desarrollando estrategias de enseñanza-aprendizaje basadas en la indagación y la investigación empírica (Gaite, 2011) donde los conocimientos de los campesinos han sido guardados y sistematizados mediante indicadores climáticos en su cultura, la cual tiene como finalidad práctica prevenir lo que puede suceder con las características del clima y sus efectos en la época de cultivos (Claverías, 2000).

Los refranes que hacen referencia al clima aluden a tres parámetros: temperaturas, precipitaciones y régimen de vientos. Su estudio se complementa con el análisis de la influencia que éste ejerce sobre las actividades humanas y específicamente en la agricultura. Es por ello que algunos refranes se refieren al clima -las temperaturas y precipitaciones- y otros que relacionan el tiempo atmosférico y la agricultura (Marrón, 2011). Es por ello que la observación del cielo ha sido una preocupación del hombre para conocer la influencia de los astros en los ciclos vegetativos. Esta práctica desarrolló el conocimiento del saber popular que ha permitido pronosticar el tiempo climático en determinados días del año. Aquí las previsiones se hacen a corto plazo para las horas o los días siguientes, y a largo plazo para la llegada del temporal y para todo el año (Blanc y Blanc, 2003). Es el caso de los denominados tiemperos que, de acuerdo con Juárez (2010), se basan en ciertos elementos de la naturaleza para pronosticar el temporal. Entonces se puede hablar del desarrollo del conocimiento tradicional sobre su territorio, expresándose en la capacidad de minimizar riesgos, en una producción eficaz derivada de la mezcla de cultivos, la restauración de la fertilidad del suelo mediante rotación con leguminosas (Altieri y Nicholls, 2000).

Con respecto a la objetividad de los refranes, existen estudiosos que mencionan que sería reduccionista pensar que los refranes meteorológicos son simplemente un manual fragmentario de métodos precientíficos para la predicción del tiempo, ya que los refranes meteorológicos constituyen pequeños tratados que sintetizan la sabiduría popular acumulada en siglos mediante la observación empírica del tiempo, de un modo fácil y sencillo para su difusión, sin necesidad de adoptar un lenguaje técnico ni de que el receptor posea un conocimiento especializado (Álvarez, 2013). En ese sentido hay tres tipos de refranes meteorológicos de acuerdo con su veracidad: los que no son verdaderos, ya que existe algo de superstición, y que han permanecido entre los habitantes por su antigüedad y la rima que tienen; los que están desplazados de su entorno de actuación conforman el grupo de refranes meteorológicos; y los refranes verdaderos, que se basan generalmente en la observación directa del fenómeno y su veracidad está confirmada por la meteorología (Conde, 1998).

De acuerdo con Fernández de Arróyabe (1999), en este tipo de refranes su objetividad y el valor de la experiencia dependen, entre otros aspectos, de la fiabilidad de la memoria. También menciona que en ocasiones las coincidencias entre la realidad física y el conocimiento popular se encuentran separadas por errores de percepción y se establecen tópicos no ajustados a la realidad meteorológica y climática que solo pueden ser resueltos desde la óptica científica. Además, Álvarez (2013) comenta que se debe tener en cuenta que los refranes de este tipo informan sobre el comportamiento meteorológico en zonas concretas, con un microclima particular que puede variar de un espacio a otro porque su morfología, la dinámica de los vientos, el tipo de terreno, entre otros, son diferentes. También tiene que tomarse en cuenta el paso del tiempo, -ya que dice que hasta el refranero sufre transformaciones en el tiempo-, y el cambio de costumbres que hacen que se comience a cuestionar su verdad (Conde, 1998).

Por su parte, Rodríguez et al. (2004) comentan que la veracidad o falsedad de los refranes meteorológicos no es intrínseca y viene dada por el aspecto fundamental de la ciencia meteorológica: la localización, que cuanto más precisa sea, más posibilidad hay de que pueda comprobarse. En la actualidad, la predicción meteorológica puede realizarse mediante técnicas estadísticas; la más usual, y que ofrece mejores resultados, se basa en la resolución a través de ecuaciones matemáticas correspondientes a las leyes físicas que describen el comportamiento de la atmósfera. A pesar de que las técnicas de predicción meteorológica han evolucionado, en ocasiones se cometen errores debido a que los modelos fallan o porque el meteorólogo no interpreta bien los resultados (mapas meteorológicos) del modelo (Rodríguez et al., 2004).

Se puede decir que la acumulación de conocimientos en los refranes se basó en la observación, destacando la realizada a los cielos, la luna y las cabañuelas; sin embargo, ante el cambio climático, el método que más se aproxima es la interpretación de la luna (Blanc y Blanc, 2003), es por ello que en la actualidad los saberes campesinos son considerados inadecuados, incluso atrasados, pero también reconocidos como apropiados y revolucionados con problemas específicos de limitaciones ambientales (Knight, 1980). Dentro del contexto del conocimiento tradicional, las respuestas locales a las nuevas experiencias del cambio climático están siendo incorporadas a las percepciones endógenas de una manera selectiva, fragmentada, y modificada, pero pueden constituir un importante enfoque práctico para hacer frente a dichos cambios e incluso articularlos con las políticas de desarrollo local para enfrentar los riesgos e identificar los problemas de vulnerabilidad a escala local y regional (Molina, 2014).

Ante esta nueva corriente, Rúa (2013) menciona que, aunque carentes de la precisión científica, acumulan la sabiduría colectiva basada en la experiencia de cientos de generaciones y que, a pesar que algunos pueden estar basados en supersticiones o creencias, otros provienen del antiguo empirismo y algunas de las aseveraciones meteorológicas que incluso no han cambiado en nuestros días, por lo que varios meteorólogos oficiales han salido en defensa de estas verdades contenidas en los refranes meteorológicos. El objetivo de la investigación fue explicar la relación de la distribución anual de la lluvia a escala pentadal con los refranes y rendimientos de dos años “buenos”, 1980 y 2013; un año “regular”, 1987; y uno “malo” 2011, en dos municipios del centro oriente de Puebla.

Características generales de los municipios de estudio y metodología

La investigación se realizó en los municipios de Chalchicomula de Sesma y Tlachichuca (Figura 1). El primer municipio se encuentra entre los paralelos 18° 52’ y 19° 05’ de latitud norte y los meridianos 97° 16’ y 97° 34’ de longitud oeste; el segundo se ubica entre los paralelos 19° 02’ y 19° 16’ de latitud norte y los meridianos 97° 12’ y 97° 30’ de longitud oeste. El uso de suelo destinado a la agricultura ocupa 79 %; la zona urbana, 3 %; el bosque, 14 %; los pastizales, 3 %; y los matorrales, 1 % (INAFED, 2010). En Tlachichuca, el uso de suelo y vegetación corresponde a la agricultura (49.53%) y zona urbana (0.57%), bosque (35.75 %), pastizal (7.64 %) y matorral (4.35 %) (INEGI, 2010).

Fuente: elaboración propia, 2010.

Figura 1 Ubicación geográfica de los municipios de estudio 

La selección del sitio de estudio obedeció a que estos municipios son considerados de alto potencial productivo y tienen los mayores rendimientos de maíz en el estado de Puebla; además, tienen estaciones meteorológicas que permiten tener información de las variables climatológicas de los años seleccionados como buenos, regulares y malos que fueron identificados de acuerdo con la percepción de los productores encuestados. El instrumento para recopilar la información fue el cuestionario que se aplicó a un total de 70 agricultores de ambos municipios. Para seleccionar a los agricultores se tomó como principal criterio una experiencia superior a los 30 años en las prácticas agrícolas y que cultivaran sus tierras bajo condiciones de temporal. Estos indicadores permitieron asegurar que los encuestados tuvieran conocimiento sobre los dichos y su cumplimiento.

Las preguntas del cuestionario estuvieron enfocadas a identificar la percepción de los agricultores con respecto a los años agrícolas buenos, regulares y malos, además de conocer el cumplimiento de siete dichos o saberes populares aplicados al clima y que se relacionan con la agricultura:

  • 1. Las secas de marzo son lluvias en mayo o, lo que es lo mismo, “seco marzo, lluvioso mayo”.

  • 2. Calor de marzo temprano, es para el campo muy sano

  • 3. Lluvia en abril, granos en mil

  • 4. Agua de mayo, pan para todo el año

  • 5. Si el invierno veranea, el verano invernea

  • 6. En septiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes

  • 7. El cordonazo de San Francisco. Se refiere al primer frío del año; el 4 de octubre es la fecha asignada por las efemérides cristianas para festejar a Francisco de Asís.

Para interpretar la información se utilizó la estadística descriptiva; se aplicó la prueba de chi cuadrado y se realizó una regresión logística aplicada a un grupo de diferentes variables sociales, económicas y agronómicas de los productores encuestados para conocer la aceptación y no aceptación de los dichos. Para comprobar el cumplimiento de los dichos de los años identificados en las encuestas se utilizó información de la estación meteorológica ubicada en la localidad de Ciudad Serdán con clave 21026; se aplicó el programa desarrollado en Mathlab, versión 5, para obtener gráficas relacionadas con variables de temperatura mínima, máxima totales y el promedio de cinco días (pentadas) de la precipitación para tener una mejor apreciación de la intermitencia de dicha variable. Los siete dichos fueron relacionados con la marcha anual de las variables climatológicas (temperatura mínima, temperatura máxima y precipitación) para cada año identificado de acuerdo a la percepción de los productores.

resultados y discusión

Los agricultores encuestados tienen una valiosa experiencia en las actividades agrícolas y específicamente en la producción de maíz; esto se evidenció en su promedio de edad (58.5 años) y en su experiencia trabajando en el campo (41 años). En los municipios de estudio es arraigada la siembra de este cultivo. La superficie agrícola promedio detectada fue de cuatro hectáreas, predominando el ejido (85.7 %). Estos datos ponen de relieve que se tiene una agricultura de corte minifundista, producto de la política agrícola que ha impulsado una agricultura dual que han privilegiado al sector empresarial sobre la pequeña agricultura que representa más de 80 % de las explotaciones agrícolas de Latinoamérica de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2011).

Con respecto a los refranes, Pelosse (1997) menciona que el saber meteorológico popular es rural, local y está ligado a las prácticas agrícolas, a la pesca y a la navegación. En ese sentido se encontró que la totalidad de encuestados conocen los refranes que hacen referencia a la agricultura, como “Las secas de marzo son lluvias en mayo” o, lo que es lo mismo, “seco marzo, lluvioso mayo”. “Calor de marzo temprano es para el campo muy sano”. “Lluvia en abril, granos en mil”. “Agua de mayo, pan para todo el año”. “Si el invierno veranea, el verano invernea”. “En septiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes”. “El cordonazo de San Francisco” se refiere al primer frío del año, el 4 de octubre. En ese sentido, Rudnev (1997) también reafirma que los refranes son locales y lo confirma con uno de los campesinos rusos que dice: «MayoJunio con agua, con hierba», «mucha nieve, mucho pan». Está estrechamente relacionado con la abundancia de pan y heno, y con el carácter específico de las condiciones climáticas locales que reflejan las singularidades folclóricas observadas en el clima.

Sobre la certidumbre de los refranes, 54.3 % opinó que estos aún se cumplen; estos resultados tienen alguna similitud con los encontrados en un estudio que realizó Conde (1998) en Galicia. Aquí, 38 % de los encuestados consideraron verdaderos a los refranes, 13.7 % dijo que eran falsos, y 41.1 % piensa que a veces son verdaderos. En este sentido argumentaron que los que más se cumplen fueron: “Calor en marzo temprano es para el campo muy sano” (40 %), “Agua de mayo, pan para todo el año” (31.1 %), y “En septiembre o se secan las fuentes o se lleva los puentes” (28.6 %). Los que menos se cumplieron fueron: “Las secas de marzo son lluvias en mayo” o, lo que es lo mismo, “seco marzo, lluvioso mayo” (32.9 %), “Lluvia en abril, granos en mil” (20 %), y “El cordonazo de San Francisco”, 4 de octubre, festejo a Francisco de Asís, primer frío del año (17.1 %). Conde (1998) menciona que con el paso del tiempo el refranero ha sufrido transformaciones y que el cambio de costumbres hace que se comience a cuestionar su verdad.

Al respecto, Pelosse (1997) argumenta que la meteorología científica adquirió los medios técnicos para una verdadera previsión del tiempo, mientras que a escala local de “micro-clima” (en un radio de 10 Km.), donde intervienen los apremios orográficos y diversos factores aleatorios, las creencias populares continúan. Es importante destacar que se encontró coincidencia entre los años buenos (1980 y 2013) y los refranes que mencionaron los agricultores; entre los que más se cumplieron están: “Calor de marzo temprano, es para el campo muy sano”; “Lluvia en abril, granos en mil”; “Agua de mayo, pan para todo el año”; “En septiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes” y “El cordonazo de San Francisco”.

Los refranes que los agricultores dijeron que se cumplen menos se presentaron principalmente en el año malo (2011) y el año regular (1987), y fueron: “Las secas de marzo son lluvias en mayo” o, lo que es lo mismo, “seco marzo, lluvioso mayo”. “Calor de marzo temprano, es para el campo muy sano”. “Lluvia en abril, granos en mil”. “Agua de mayo, pan para todo el año” y “Si el invierno veranea, el verano invernea” (Cuadro 1). Para conocer cuáles son los factores que se encuentran relacionados con la aceptación o no aceptación de los refranes, de acuerdo con el modelo de regresión logística aplicado a un grupo de diferentes variables sociales, económica y agronómica de los productores de maíz de los municipios de estudio, después de un proceso de selección de variables se encontró que el rendimiento, las prácticas que realizan los agricultores para mejorar la producción de maíz y el tiempo que dura la lluvia en minutos, resultaron significativas (Cuadro 2), es decir, que existe una asociación entre el rendimiento, la realización de prácticas productivas y la lluvia con la aceptación y no aceptación de los dichos.

Fuente: elaboración propia a partir de datos de encuesta, 2014.

Cuadro 1 Dichos identificados y su relación con los rendimientos en la región de estudio. 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de encuesta, 2014.

Cuadro 2 Estimadores del modelo de regresión logística con el método de selección por pasos hacia adelante (Wald). 

Se plantea que los rendimientos y las prácticas productivas -fertilización y control de plagas- y la duración de las lluvias tienen efectos directos e indirectos sobre los agricultores en la aceptación y no aceptación de los dichos. Estos resultados concuerdan con la opinión de los encuestados, quienes en promedio comentaron que hace 9.7 años han observado que el clima está cambiando y dieron como argumento que en la región ya no llueve como antes y que son más frecuentes las sequías y las heladas. Este resultado concuerda con la investigación de Ramírez (2013), que encontró que lo que más afecta al campo es la frecuencia de los siniestros, como las sequías, heladas e impacto en la superficie afectada y el efecto en los rendimientos, aumentando la vulnerabilidad en la producción de maíz de temporal. Los agricultores que opinaron que los dichos aún se cumplen y los que dijeron que ya no tuvieron la misma opinión estadísticamente (c2=0.564; p=0.754). Con respecto a los principales problemas que tienen en las actividades agrícolas mencionaron los precios de sus productos del maíz (34.3 %), el clima (35.7 %) y los costos del fertilizante (30.0 %). En ese sentido, los agricultores no solo tienen que luchar contra la política agrícola, sino también contra el clima. Al respecto, Juárez y Ramírez-Valverde (2013) mencionan que los agricultores ante la política agrícola a la hora de invertir en la producción de maíz son cautelosos y no invierten más de lo que consideran adecuado. Al analizar los siete dichos y los años de estudio (1980, 1987, 2011 y 2013) se encontró que explican en mayor o menor grado las variables del clima. Al analizar el año1980 -considerado como bueno-, se tiene que para el dicho “Las secas de marzo son lluvias en mayo, o bien “seco marzo, lluvioso mayo”, el mes de marzo se observó ausencia de precipitación, presentándose las lluvias en mayo, durante las seis pentadas, resaltando la segunda con 36 mm y la quinta con 21 mm. Para “Calor de marzo temprano, es para el campo muy sano”. Durante mayo se presentaron temperaturas de 27.6o°C y con 30.2 °C en las pentadas 2 y 7. Para “Lluvia en abril, granos en mil” se calcularon seis pentadas de abril; cuatro contribuyeron con lluvia, dos al inicio (4 mm y 12 mm) y dos al final (5 mm y 4 mm), con un total de 16 mm., siendo una distribución de lluvia adecuada para fecha de siembra. Para el dicho “Agua de mayo, pan para todo el año”, el mes de mayo tuvo una precipitación de más de 120 mm. Para “Si el invierno veranea, el verano invernea”, en el verano, Junio-Julio-Agosto, no se presentaron condiciones que mostraran horas frío/ heladas. El dicho “En septiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes” que incluye agua, esta siempre mostró una tendencia positiva de acumulación por pentada. Como consecuencia de una canícula húmeda, de tener una “capacidad de campo saturada”, si se presenta lluvia ciclónica esta escurrirá con poca infiltración; entonces, toda el agua acumulada en la cuenca generará una corriente con posibilidades de “incremento de riesgos” aguas abajo. Generalmente, los productores esperan las primeras heladas a finales de Septiembre; según el dicho: “El cordonazo de San Francisco”, donde que coincide con la pentada del 02 al 06 de octubre, se presentó la primera helada “agronómica”, con una temperatura mínima promedio de 3.8 °C. Para este año bueno se cumplieron los siete dichos (Figura 2).

Fuente: elaboración propia con datos de la encuesta y el software Mathlab.

Figura 2 Relaciones entre variables climáticas y dichos, ciclo 1980 (año bueno).  

El año de 1987 es considerado como regular para el dicho “Las secas de marzo son lluvias en mayo”, mientras que en el caso de: “Agua de mayo, pan para todo el año”, en la primera pentada de marzo 02-06 se observó una acumulación de lluvia de 6.5 mm y una precipitación total en el mes de 8.0 mm, lo que representa escasez de lluvia. De acuerdo con el dicho se esperaba que en mayo se presentara lluvia; sin embargo, no fue así. Durante mayo llovió un total de 16 mm. Resaltando la segunda y la tercera pentada con 8.5 y 5.5 mm. El dicho “Calor de marzo temprano es para el campo muy sano” no se cumplió, aunque se presentaron dos máximos de temperaturas en la primera fecha de 02-06 de marzo, con una temperatura de 19.1 y quinta pentada con 21.5 °C. En el caso de “Lluvia en abril, granos en mil”, este no se cumplió ya que hubo escasez de lluvia durante el mes de abril y en la sexta pentada se observó un incremento de 7.5 mm, con una precipitación total en el mes de 12 mm. Para “Si el invierno veranea, el verano invernea”, en el verano Junio-Julio-Agosto no se presentaron condiciones que mostraran horas frio/heladas. Con respecto al dicho que incluye agua, hubo una tendencia positiva de acumulación por pentada. Sin embargo, a partir de la primera pentada del mes de agosto se presentó una disminución de lluvia de 17 mm, con un total de 29.5 mm. Para “En septiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes” se presentó otro evento, que es la canícula o suspensión parcial de la lluvia en pleno verano; en este caso se puede catalogar como una “Canícula seca” y durante el mes de septiembre hubo escasez de lluvia -80.5 mm-. En el caso del dicho “El cordonazo de San Francisco”, coincide en la pentada del 03 al 07 de octubre; se presentó la primer helada “agronómica” con una temperatura mínima de 0.2 °C. Para este año se cumplieron dos dichos de siete (Figura 3).

Fuente: elaboración propia con datos de la encuesta y el software Mathlab.

Figura 3 Relaciones entre variables climáticas y dichos, ciclo 1987 (año regular). 

En 2011 (año malo), en lo que respecta a los dichos “Las secas de marzo son lluvias en mayo” y “Agua de mayo, pan para todo el año”, se presentó escasez de lluvia, aunque existió un incremento en la tercera y sexta pentada de 7.5 y 1.5 mm, respectivamente, con un total de 9 mm. En mayo resaltó la fecha del 11-15 de marzo, con 45.5 mm y un total de 58.5 mm. Para el dicho “Calor de marzo temprano es para el campo muy sano” se presentó un valor extremo en las temperaturas máximas donde resalta la sexta pentada de marzo del 27-31 de marzo, con un valor de 28.6 °C. El dicho “Lluvia en abril, granos en mil” no se cumplió y la producción no fue la esperada, ya que se observó una distribución uniforme, pero la precipitación no fue relevante. La contribución de la lluvia durante el mes de abril se presentó con un incremento en la cuarta pentada del 16-20 con 23.5 mm. Para el dicho “Si el invierno veranea, el verano invernea”, en Junio-Julio-Agosto no se presentaron condiciones que mostraran horas frío/heladas. Se puede observar que durante julio se presentó una disminución de la precipitación en la fecha del 15-19 y, aunque en la sexta pentada la lluvia se incrementó a 26.5 mm, se consideró como una canícula seca. Durante agosto también existió ausencia de lluvia en la primera y segunda pentada, con un total de lluvia de 42.5 mm. En el caso del dicho “En septiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes”, en septiembre la máxima precipitación fue del 29 de agosto al 02 de septiembre con 53 mm y un total de 71 mm en el mes, lo cual está relacionado con el año de mala producción para el cultivo del maíz. Para el dicho “El cordonazo de San Francisco” los productores esperan las primeras heladas a finales de septiembre; sin embargo, en este caso se presentaron dos heladas agronómicas en la tercera y quinta pentada, es decir, del 8-12 y del 1822 de septiembre de 4.8 °C y 5.8 °C, respectivamente. En nuestro caso no coincide, aunque se muestra una helada meteorológica en la pentada seis del 2327 de octubre de -0.2 °C. En este año se cumplieron dos dichos de siete (Figura 4).

Fuente: elaboración propia con datos de la encuesta y el software Mathlab.

Figura 4 Relaciones entre variables climáticas y dichos populares, ciclo 2011 (año malo). 

Para el año 2013 (año bueno), en cuanto a los dichos “Las secas de marzo son lluvias en mayo” y “Agua de mayo, pan para todo el año”, la precipitación total de marzo fue de 3.5 mm, valor que representó lluvia escasa. La que se esperaba en mayo únicamente contribuyó en la cuarta y quinta pentada, sumando un total de 18 mm. Para el de “Calor de marzo temprano, es para el campo muy sano” se presentaron dos valores extremos en las temperaturas máximas; la primera del 25 de marzo al 01 de abril de 25.2 °C y la segunda del 07-11 de marzo de 25 °C. Aunque ambas temperaturas están dentro del promedio del sitio de estudio, este sí se cumplió debido a que correspondió a un año de buen rendimiento para el maíz. Para el de “Lluvia en abril, granos en mil” se mostró la distribución de la precipitación con excepción de la tercera pentada, resaltando la quinta del 21-25 de abril con 21.5 mm y la sexta del 2630 de abril con 18 mm, con un total de 53.0 mm. Con ello, se cumplió el dicho, aunque hubo escasez en las primeras tres pentadas. Para “Si el invierno veranea, el verano invernea”, en Junio-Julio-Agosto no se presentaron condiciones que mostraran horas frío/ heladas, aunque se mostró el valor de la temperatura mínima del 05-09 de junio de 7.6 °C y máxima de 25.6 °C. Para “En septiembre o seca las fuentes o se lleva los puentes”, como consecuencia de una canícula húmeda resaltó una máxima precipitación durante la quinta pentada de septiembre de 42 mm, con un total de 125 mm. Para el dicho “El cordonazo de San Francisco”, coincidió y se mostró un descenso de la temperatura del 28 de septiembre al 02 de octubre de 5 °C, considerada como helada “agronómica”. Así, se cumplen cinco dichos de siete (Figura 5).

Fuente: elaboración propia con datos de la encuesta y el software Mathlab.

Figura 5 Relaciones entre variables climáticas y dichos, ciclo 2013 (año bueno). 

Conclusiones

Existe una coincidencia parcial del conocimiento de los productores de maíz en referencia a la variabilidad natural del clima. En los años con buenos rendimientos se cumplió el mayor número de los dichos que mencionaron los encuestados, como en el caso de 1980 y 2013, a diferencia del año regular (1987) y el año malo (2011). El clima es un sistema cambiante donde la distribución de la precipitación para el sector agrícola representa una de las variables que requiere monitoreo especializado, debido a las diferentes escalas donde se presentan las lluvias. El que algunos dichos no se hayan cumplido en este trabajo se debe a eventos de mayor escala o a la interacción de más de dos procesos. Los productores de dichas comunidades afirman que en los últimos 10 años el clima es incierto y la mayoría puede no cumplirse. Es muy importante destacar la sinergia encontrada entre el conocimiento científico y el empírico.

Agradecimientos

Los autores agradecen a los agricultores de los municipios de Chalchicomula de Sesma y Tlachichuca del Estado de Puebla, México, que participaron realizando contribuciones que se tomaron en cuenta para realizar la investigación.

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Recibido: 01 de Diciembre de 2015; Aprobado: 01 de Febrero de 2016

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