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Revista pueblos y fronteras digital

versión On-line ISSN 1870-4115

Rev. pueblos front. digit. vol.18  San Cristóbal de Las Casas  2023  Epub 14-Sep-2023

https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2022.v18.668 

Artículos

Los carnavales de México. Una aproximación a su regionalidad y regionalización

Carnivals in Mexico. An Approach to their Regionality and Regionalization

Gillian Elisabeth Newell1 
http://orcid.org/0000-0002-2174-9905

Nancy Karel Jiménez Gordillo2 
http://orcid.org/0000-0002-1337-0831

1Investigadora CONAHCYT, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México gillian.newell@unicach.mx

2Escuela Normal Indígena Intercultural Bilingüe «Jacinto Canek», México nancykareljg9@gmail.com


Resumen

Los carnavales son oportunidades para comprender dinámicas, procesos y periodos históricos, y analizarlos implica más que descripciones simples o miradas aisladas. En el campo emergente de los estudios sobre el carnaval hace falta identificar, categorizar y teorizar las diferencias y similitudes intra e interregionales para comprender los posibles macroprocesos y los factores históricos, territoriales, sociales, culturales, étnicos y políticos que formaron la diversidad de estas celebraciones; de manera inversa, es útil indagar acerca de cómo en algunas regiones se manifiestan ciertos tipos de carnaval. Mediante una revisión y contraste bibliográfico desde un enfoque de regionalidad, se analiza y categoriza la expresión humano-cultural del carnaval en México, buscando catalogar su presencia en diferentes regiones y estados para ilustrar qué regionalidad(es) caracteriza(n) el carnaval en el país y sostener que el análisis regional facilita una comprensión glocal profunda que puede reforzar el campo de los estudios sobre el tema.

Palabras claves: historia cultural; bioculturalidad; pueblos indígenas; costumbres y tradiciones; fiestas populares

Abstract

Carnivals are opportunities to understand a wide range of dynamics, processes, and historical periods. Analyzing them implies more than a simple description or an isolated glance. In the emerging field of carnival studies, it is necessary to identify, categorize, and theorize about the intra- and interregional differences and similarities in order to understand the possible macroprocesses and the historical, territorial, social, cultural, ethnic, and political factors that have shaped the diverse nature of these celebrations. Inversely, it is useful to examine how certain regions manifest particular types of carnivals. A review of contrasting literature using the theoretical framework of regionalization illustrates the need for a regional focus in the analysis of the human-cultural expression of carnival in Mexico and their particular expressions in the regions or states of the country, encouraging the creation of a truly glocal-regional understanding and the strengthening of this field of studies.

Key words: cultural history; bioculturality; indigenous peoples; customs and traditions; popular celebrations

«Nada hace más feliz a la gente

que el carnaval» (Gilmore, 1998:IX).

Introducción: el campo de estudios del carnaval y el enfoque regional

Frecuentemente asociado con la Iglesia católica, con el periodo medieval europeo o con el periodo de desorden o excesos que antecede al tiempo disciplinado de la Cuaresma y la Semana Santa (Caro, 2006), el carnaval en el Mundo Nuevo es visto también en relación inevitable con la conquista y la regionalidad española/portuguesa/europea y con las luchas para la sobrevivencia y la protección de las áreas culturales de los pueblos originarios y afrodescendientes desde aquel entonces (Da Matta, 2002; De Oro, 2010). En este artículo se busca realizar una aproximación al fenómeno del carnaval en México desde la óptica del estudio regional y regionalizador local para alcanzar una comprensión que resalte tanto las diferencias como las similitudes entre los diferentes tipos de carnaval del país y las regiones donde se celebran. Se busca delimitar si existe cierta regionalidad de esta celebración o sobre qué ejes se formaron o logran identificarse las regiones o «tipos» de carnaval en México para fortalecer el campo de estudios sobre el tema y comprender mejor qué elementos, más allá de la conquista y la evangelización europea, con sus supuestos elementos de desorden y reversiones de orden, se visibilizan en ellos.

La región, según B. Giblin-Delvallet (1993:1264 en Giménez, 1996:12), «es una representación espacial confusa que recubre realidades extremadamente diversas en cuanto a su extensión y su contenido». «Extremadamente elusivo», explica Giménez (1996:12), el término región contiene, de manera aparentemente contradictoria, un aspecto de sistematicidad y de lógica inherente que, a pesar de su vaguedad, permite la identificación, caracterización e interpretación; en este marco, tanto la fluidez como la sistematicidad favorecen el campo de estudio sobre el carnaval, el cual se caracteriza por ser polisémico, cambiante y altamente contextual. La región, o cualquier fenómeno o apariencia que se haya construido en y por medio de su relación con un lugar, localidad o zona cultural o ambiental, promueve y causa, entonces, tanto su existencia y continuidad vivencial como su constitución ontológica y conceptual (Haesbaert, 2010) y puede, por ende, ser estudiada desde ambas direcciones. El enfoque regional facilita un análisis de los procesos de interacción entre la identidad y las características de una región o carnaval; provee la concientización de que esa identidad o regionalidad es una conceptualización y es producto de, y se origina en, el mismo proceso de cognición y homogenización que se crea; y transcurre en medio de y por las luchas hegemónicas contextuales tanto internas como externas, tanto individuales como colectivas, y siempre con tintes político-culturales que le resisten. En la regionalidad son las fuerzas políticas, económicas, ecológicas, físicas, sociales, culturales y étnicas las que se conjugan para dominar y formar los espacios, los flujos, las dinámicas o las interrupciones que se interpretan posteriormente como particularidades y expresiones regionales. Cualquier región, entonces, puede seccionarse de varias maneras y en ella es posible observar una multiplicidad de microrregiones; este proceso de división permite un examen más detallado de diferentes temáticas, procesos o enfoques teóricos (Giménez, 1996; Ramírez y López, 2015). Este proceso de contraste e identificación regional activa, que se reconoce como regionalización, contempla una parte metodológica ineludible de la mirada regional e implica también una ética de investigación: ¿qué mensajes contienen nuestras categorías de regionalización?; si planteamos los carnavales solo como herencia o calco europeo, ¿qué puede decirse sobre las manifestaciones, celebraciones y poblaciones del Mundo Nuevo?, ¿qué elementos y procesos no reconocemos o simplificamos y con qué consecuencias? Estos aspectos de análisis ayudan a dar forma y fuerza al estudio del carnaval, fenómeno que es cambiante por naturaleza y a la vez es un campo de estudios aún fluido por su polisemicidad, carácter plurihistórico y poca teorización (Báez y Garrett, 2009; Licona y Pérez, 2018; Newell, Jiménez y Pérez, 2022).

En un esfuerzo por fortalecer el campo emergente de los estudios sobre el carnaval, en este artículo,1 con apoyo en el enfoque regional y regionalizador y un detallado análisis bibliográfico, se intentará responder las siguientes preguntas: 1) ¿dónde se ubican los carnavales en México?, 2) ¿es posible identificar ciertas regiones donde se celebra el carnaval o qué regionalidad expresan los tipos o regiones donde se lleva a cabo?, 3) ¿qué componentes manifiestan qué carnavales en qué regiones?, y 4) ¿qué aprendizajes adicionales se pueden obtener de un análisis regional y regionalizador del carnaval en el país?

Una primera catalogación de los carnavales en México

Para obtener una idea inicial de dónde se celebra el carnaval en México se emprendió una búsqueda2 de bibliografía utilizando la palabra clave «carnaval» en bibliotecas locales, internet y YouTube, lo cual generó una primera base de datos de 179 fuentes, que reportaban 319 carnavales.3 Esta búsqueda bibliográfica diagnóstica4 indica, como punto de inicio organizativo, que los carnavales en México no han sido analizados todavía como un conjunto complejo y polisémico, con sus propias dinámicas y procesos culturales. Predominan los estudios particulares, aislados y descriptivos que emplean enfoques narrativos, etnográficos o patrimonializadores (Newell, Jiménez y Pérez, 2022). En los 179 trabajos registrados se encuentran pocas tendencias de análisis o de organización regional, pero destacan las siguientes: a) la investigación de Horcasitas (1980) sobre la danza de los tecuanes en los estados de Morelos, Guerrero y Puebla; b) la comparación de ciertos carnavales de la zona Altos tsotsil-tseltal de Chiapas realizada por Bricker (1986, 1989); c) la colección de ensayos de diversas áreas indígenas editada por Báez y Garrett (2009) producto del Segundo Simposio sobre Carnavales Indígenas organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Veracruzana en 2008; d) los estudios otomí-tepehua de Veracruz e Hidalgo realizados por Heiras (2010, 2014); e) el estudio histórico del carnaval en la Ciudad de México y sus múltiples barrios a lo largo de los casi 700 años de existencia de la ciudad, con su población pluricultural, realizado por Villarruel (2016); f) las investigaciones sobre los carnavales del pueblo amuzgo de Oaxaca y Guerrero ejecutadas por Aguirre (2017); g) la colección de ensayos que exploran carnavales en diferentes regiones de pueblos originarios realizada por Rubio y Neurath (2017); h) las descripciones etnográficas de carnavales de Guaymas, Sonora, y Mazatlán, Sinaloa, examinados por Uresti (2017); i) los apuntes etnográficos de carnavales en el área Puebla-Tlaxcala coordinados por Licona y Pérez (2018), y j) un estudio comparativo a partir de la bibliografía existente y de trabajo etnográfico acerca de los carnavales en Chiapas realizado por Newell, Jiménez y Pérez (2022).

En la mayoría de estos trabajos, los autores y coordinadores analizan el tema o las manifestaciones particulares del carnaval desde la óptica de una comunidad, un pueblo, una ciudad, un barrio o un grupo étnico, y no ofrecen un examen sistemático o comparativo, ni realizan contrastes u observaciones desde una óptica regional, intrarregional o interregional, o incluso más amplia. Asimismo, es sorprendente que no se ha generado, por ejemplo, ni desde la academia ni desde el sector turístico, algún atlas o trabajo comprehensivo del fenómeno en México.

Después de la búsqueda bibliográfica se implementaron los siguientes tres pasos para desarrollar un primer inventario y una interpretación comprehensiva del fenómeno del carnaval en México: 1) se ubicaron los carnavales identificados en la búsqueda bibliográfica en un mapa del país y se contabilizaron por estado como un primer esfuerzo de análisis regional; 2) se generó un cuadro comparativo cualitativo en el que se contrastaron y se buscaron similitudes entre cada carnaval para identificar qué factores transversales podrían corresponder a ciertos tipos y regiones donde se celebra el carnaval, y 3) se elaboraron interpretaciones y propuestas acerca de los elementos y tendencias descubiertos en los pasos anteriores para discernir en qué procesos de regionalidad los carnavales han estado inmersos con atención a sus elementos regionales particulares y particularizantes, a partir de lo cual se generó un primer mapa regional y una tipología heurística inicial.

Acerca del primer paso, como se mencionó previamente, se identificaron en esta fase 179 fuentes publicadas, que consideraban un total de 319 carnavales en todo México, y se generó una primera categorización con base en los estados de la República por la factibilidad del análisis y por la familiaridad con este sistema de división y regionalización (véanse Tabla 1 y Mapa 1). Desde este primer nivel de análisis se distinguen tres grandes categorías que corresponden a los siguientes estados y regiones del país: 1) siete estados de la República componen la categoría ‘20 carnavales y más’ con un total de 202 registrados, 2) tres estados aparecen con ‘de 10 a 19 carnavales’, con 38 carnavales en total, y 3) 22 estados ocupan la categoría de ‘de 1 a 9 carnavales’, que integran en conjunto 79.

Tabla 1 Catalogación por ubicación y tipología de los 319 carnavales hallados por búsqueda bibliográfica en México 

ID Tipo ID Localidad Tipo ID Localidad Tipo ID Localidad Tipo
20 carnavales y más
Veracruz. 43 carnavales
1 Cerro Azul E 12 Temapache E 23 Arroyo Florido T 34 Mixtla de Altamirano T
2 Chinampa de Gorostiza E 13 Tepetzintla E 24 Chicontepec T 35 Sombrerete Papantla T
3 Naranjos Amatlán E 14 Chalma E 25 Chontla T 36 Tempoal T
4 San Rafael E 15 Chiconamel E 26 Huayacocotla T 37 Texcatepec T
5 Puerto de Veracruz E 16 Pánuco E 27 El Higo T 38 Tihuatlán T
6 Tantoyuca E 17 Platón Sánchez E 28 Ixcatepec T 39 Tlachichilco T
7 Tamiahua E 18 Pueblo viejo E 29 Ixhuatlán de Madero T 40 Villa de Aldama T
8 Tuxpan E 19 Colatlán T 30 Llamatlán T 41 Zacualpan T
9 Tancoco E 20 Castillo de Teayo T 31 Ojite de Matamoros T 42 Zontecomatlán T
10 Tantima E 21 Citlaltépetl T 32 Ozuluama de mascareras T 43 Yanga T
11 Tampico el Alto E 22 Benito Juárez T 33 San Pedro Tziltzacuapan T
Puebla. 36 carnavales
44 Atlimeyaya T 53 Francisco Z. Mena T 62 Santa María Nenetzintla T 71 Vista Hermosa T
45 Apapantilla T 54 Mecapalapa T 63 San Agustín Tlaxco T 72 Venustiano Carranza T
46 Chiconcuautla T 55 Molcaxac T 64 San Martin Caltenco, Tochtepec T 73 Zautla T
47 El Llano San Jerónimo Xayacatlan T 56 Naupan T 65 San Miguel Xoxtla T 74 Xicotepec de Juárez T
48 Chilchotla T 57 Napolucan T 66 San Pablito Pahuatlán T 75 Barrio el Alto U
49 San Pedro Cholula T 58 Pahuatlán T 67 Santa Ana Xalmimilulco T 76 San Baltazar Campeche U
50 Guadalupe T 59 San Francisco Ocotlán T 68 Tlacuilotepec T 77 San Jerónimo Calderas U
51 Huauchinango T 60 Pantepec T 69 Tlaxco T 78 Barrio de San Miguel Canoa U
52 Huejotzingo T 61 Plan de Arroyo T 70 Tonanhuixtla T 79 Santa María Xonacatepec U
Oaxaca. 28 carnavales
80 Chalcantongo de Hidalgo T 87 San Pedro Amuzgos T 94 San Martin Tilcajete T 101 Silacayoapan T
81 Cuexcontitlan T 88 Santa Catarina Minas T 95 San Pedro Xicayán T 102 Rosario Temextitlán T
82 Huaxpaltepec T 89 Santa Cruz Papalutla T 96 San Raymundo Jalpan T 103 Tlachichilco T
83 Santiago de Juxtlahuaca, T 90 Santa María Zacatepec T 97 San Sebastián del Monte T 104 Tlaxiaco T
84 Magdalena Jicotlán T 91 Santa Rosa T 98 Santiago Juxtlahuaca T 105 Trinidad Zaachila T
85 Ocotlán de Morelos T 92 San Juan Copala T 99 Santa María Huazolotitlán T 106 Teotitlán del Valle T
86 Pinotepa de Don Luis T 93 San Agustín Tlacotepec T 100 Santo Tomás Ocotepec T 107 San Pedro Yolox T
Chiapas 27. carnavales
108 Bachajón T 115 Jitotol T 122 Rayón T 129 Tenejapa T
109 Copainalá T 116 Las Rosas T 123 San Andrés Larráinzar T 130 Tila T
110 Chenalhó T 117 Ocotepec T 124 San Fernando T 131 Chalchihuitán T
111 Chapultenango T 118 Ocozocoautla T 125 San Juan Chamula T 132 Tuxtla Gutiérrez (Coyatoc) T
112 El Bosque T 119 Oxchuc T 126 San Juan Cancuc T 133 Venustiano Carranza T
113 Huixtán T 120 Pantelhó T 127 Simojovel T 134 Zinacantán T
114 Ixtacomitán T 121 Petalcingo T 128 Tapalapa T
Hidalgo. 26 carnavales
135 Mixquiahuala E 142 Huautla T 149 San Agustín Metzquititlán T 156 Tecozautla T
136 Huejutla de Reyes E 143 San Antonio el grande T 150 San Bartolo Tuotepec T 157 Santa Ana Huey- tlalpan T
137 Alfajayucan T 144 Juárez T 151 San Felipe Orizatlán T 158 Xochiatipan T
138 Atlalco T 145 La Raza Pachuca T 152 San Salvador Actopan T 159 Yahualica T
139 Atlapexco T 146 Metztitlán T 153 San Lorenzo Achiotepec T 160 Zacualtipán T
140 Calnali T 147 Molango de Escamilla T 154 Tasquillo T
141 Eloxochitlán T 148 Pisaflores T 155 Tenango de Doria T
Michoacán. 22 carnavales
161 Apatzingán E 167 Copándaro T 173 Santa Fe de la Laguna T 179 Tiripetío T
162 Álvaro Obregón T 168 Isla de Jarácuaro T 174 San Agustín del Pulque T 180 Uruapan T
163 Charo T 169 Morelia T 175 San Felipe de los Alzati T 181 Villa de Jiménez T
164 Cheran T 170 Numarán T 176 San Miguel Maravatio T 182 Ziráhuato de los Bernal T
165 Chilchota T 171 Pamatácuaro T 177 Santo Tomas T
166 Coeneo T 172 Pátzcuaro T 178 Tarímbaro T
Tlaxcala. 20 carnavales
183 Acuitlapilco T 188 Papalotla T 193 San Pablo del Monte T 199 San Juan Totolac T
184 Apizaco T 189 Panotla T 194 Santa Ana Chiautempan T 200 Tenancingo T
185 Ignacio Allende Cuapiaxtla T 190 San Cosme Mazatecochco T 195 Santa María Atlihuetzia T 201 Tlaxcala de Xicohténcatl T
186 Huiloapan T 191 San Dionisio Yauhquemehcan T 196 Tetla T 202 Tizatlán T
187 Lázaro Cárdenas T 192 San Francisco Tlacuilohcan T 197 Tepeyanco T
De 10 a 19 carnavales
Guerrero. 16 carnavales
203 Taxco de Alarcón E 207 Chilacachapa T 211 Ometepec T 215 Tlalixtaquilla T
204 Atlixtac T 208 Colotipia T 212 Pachivia T 216 Xalpatlahuac T
205 Barrio San Juan Tlamacazapa T 209 Cuyuxtlahuac T 213 Santa Cruz Papalutla T 217 Xochistlahuaca T
206 Barrio Nuevo Tecoanapa T 210 Ixcateopan T 214 Tlamacazapa T 218 Zitlata T
Tabasco. 12 carnavales
219 Cárdenas E 222 Comalcalco E 225 Paraíso E 228 Emiliano Zapata T
220 Cunduacán E 223 Jonuta E 226 Teapa E 229 Puxcatán T
221 Centla E 224 La Venta E 227 Villahermosa E 230 Tenosique T
Guanajuato. 10 carnavales
231 Acámbaro E 234 Salvatierra E 237 La Noria Dr. De la Mora T 240 Suchitlán T
232 Comonfort E 235 Uriangato E 238 San Miguel de Allende T
233 Manuel Doblado E 236 Yuriria E 239 San Juan de la Vega T
De 1 a 9 carnavales
Quintana Roo. 9 carnavales
241 Bacalar E 244 Cozumel E 247 Isla Mujeres E
242 Cancún E 245 Felipe Carrillo Puerto E 248 Playa del Carmen E
243 Chetumal E 246 Holbox E 249 Tulum E
Morelos. 8 carnavales
250 Anenecuilco T 252 Jiutepec T 254 Tlayacapan T 256 Tepoztlán T
251 Emiliano Zapata T 253 Miacatlán T 255 Tlaltizapán T 257 Yautepec T
Jalisco. 7 carnavales
258 Amatitán E 260 Autlán E 262 Jalostotitlán E 264 San Juan Bautista
259 Ameca E 261 Chapala E 263 Sayula E
Ciudad de México. 7 carnavales
265 Ciudad de México U 267 Martin Carrera U 269 Iztapalapa U 271 San Francisco Tlatenco U
266 Peñón de los Baños U 268 Iztacalco U 270 Santiago Zapotitlán U
Estado de México. 7 carnavales
272 Toluca T 274 Ocoyoacan T 276 Zacamulpa Huitzizilapan T 278 San Lorenzo Huitzizilapan T
273 Jilotepec T 275 San Francisco Tlalcilalcalpan Municipio de Almoloya T 277 Chimalhuacán T
Tamaulipas. 5 carnavales
279 Altamira E 281 Ciudad Victoria E 283 Mariano Matamoros T
280 Ciudad Madero E 282 Tampico E
San Luis Potosí. 5 carnavales
284 Matehuala E 286 San Juan de Guadalupe U 288 General I. Martínez U
285 Mexquitic de Carmona T 287 Apostólica U
Zacatecas. 4 carnavales
289 Jerez E 290 Miguel Auza E 291 Morelos E 292 Rio Grande E
Sinaloa. 4 carnavales
293 Guamúchil E 294 Culiacán E 295 Guasave E 296 Mazatlán E
Colima. 4 carnavales
297 Armería E 298 Colima E 299 Manzanillo E 300 Tecomán E
Nayarit. 3 carnavales
301 Peñita de Jaltemba E 302 San Blas E 303 Presidio de los Reyes Ruiz T
Yucatán. 3 carnavales
304 Mérida E 305 Ixil E 306 Puerto Progreso E
Campeche 3 carnavales
307 Campeche E 308 Pomuch T 309 Nunkiní T
Sonora. 2 carnavales Querétaro. 2 carnavales
310 Guaymas E 311 Nogales T 312 Urecho T 313 Villa Progreso T
Nuevo León. 1 carnaval Durango. 1 carnaval Coahuila. 1 carnaval Chihuahua. 1 carnaval
314 San Miguel de Bustamante E 315 Tayoltita E 316 Francisco I. Madero T 317 Santa Bárbara T
Baja California Norte. 1 carnaval Baja California Sur. 1 carnaval Aguascalientes. 0 carnavales
318 Ensenada E 319 La Paz E

Fuente: elaboración propia.

Nota: T = tradicional/histórico, E = espectacular, U = urbano.

Se observa que es en los estados del centro y sur del país donde se realiza el mayor número de carnavales, y que existe una baja densidad de carnavales en el norte, donde también la población originaria es la más baja y tiende a ser, o a haber sido, menos sedentaria y más de naturaleza cazadora recolectora (véase Mapa 1). Esta regionalización resuena de manera directa con la propuesta de Kirchhoff (1967), quien secciona el país en dos partes: Mesoamérica y Aridoamérica, división que ha sido utilizada tanto en el ámbito académico, como en el político y socioeconómico, no siempre de manera productiva o efectiva.

Fuente: elaborado por Nancy Karel Jiménez Gordillo con datos obtenidos de la bibliografía hallada (adaptado de OpenStreetMap, disponible en celebérrima.com).

Mapa 1 Representación gráfica de la ubicación de los carnavales de México por estado y densidad 

No parece ser coincidencia, sin embargo, que entre los estados de Chiapas, Oaxaca, Hidalgo, Michoacán y Puebla se contabilicen más de 100 carnavales. En 2010, estos cinco estados en conjunto tenían una población originaria de 3 004 976, que correspondía al 45.64 % de la población nacional, relativamente hablando (INEGI, 2010). Es necesario, entonces, examinar con mayor detalle las características de cada carnaval, descubrir si se puede hablar de alguna regionalidad y de qué tipo sería, y cuáles serían las implicaciones o macrosignificaciones.

A continuación se elaboró una tabla comprensiva y comparativa en Excel con las características de los 319 carnavales identificados en la bibliografía, con el apoyo de grabaciones de YouTube, utilizando seis puntos de comparación establecidos en un estudio previo (Newell, Jiménez y Pérez, 2022). Los seis criterios considerados fueron: 1) duración y secuencia del carnaval, 2) personajes y vestimentas, 3) tipo de personajes (antropomorfos, zoomorfos, históricos, metafóricos, cosmogónicos), 4) lugares de la celebración o ritual, 5) formas de organización, y 6) tipos de danzas y acciones significativas. Resumiento y tomando en consideración la gran disparidad de las fuentes y lo versátil de los carnavales en México, se logró y se propone aquí una clasificación regional y tipológica preliminar. Esta clasificación consiste de las siguientes cuatro macrocategorías: 1) ‘tradicional/histórico’, 2) ‘urbano’, 3) ‘espectacular’ y 4) ‘transnacional’ (véase Tabla 2). Al profundizar en el tema, se observa que estas categorías se encuentran relacionadas con, o son generadas por, tres ejes y procesos socioculturales que se pueden definir como: ‘del espectro urbano-rural’, ‘de organización indígena u organización oficial-gubernamental’ y de ‘uso de vestimenta e historia local o cosmogónico versus danzas, espacios, personajes y rituales inventados-modernos’. A continuación se describe cada categoría con sus características y se comenta sobre cierta regionalidad en cada categoría.

Tabla 2 Tipos de carnavales con totales y breve caracterización 

Tipo de carnaval Núm. registrado Ubicación y ejemplos Características
Tradicional/ histórico 225 (ej. ensayos en Báez y Garrett, 2009; Báez y Sevilla, 2002; Newell, Jiménez y Pérez, 2022). Pueblos originarios, pueblos urbanos. Danzas fijas que hacen alusión a periodos de la historia prehispánica o colonial; personajes o grupos de personajes establecidos por elementos locales étnicos y zoomorfos que no varían; música de instrumentos naturales creados localmente; un sistema de organización desde abajo mediante el sistema de cargos; alta incorporación de fauna, flora local y endémica; realización de ofrendas espirituales y comunitarias mediante un código de reciprocidad; discursos ceremoniales y rituales en lugares sagrados naturales, casas de principales y plazas de iglesias.
Urbano 16 (ej. ensayos en Licona y Pérez, 2018). Barrios o colonias de una ciudad (frecuentemente de asentamiento foráneo). Danzas y acciones con elementos establecidos y fijos relacionados con localidades foráneas o con la historia de migración, como también con categorías nuevas, personajes establecidos, acciones reducidas a espacios específicos barriales, organización desde abajo, y personas encargadas de los gastos de la fiesta.
Espectacular 78 (ej. Münch, 2005; Reyes, 2003). Puertos y ciudades turísticas. Desfiles de carros alegóricos en calles principales y corredores turísticos de ciudades según algún tema preestablecido y acordado anualmente, la coronación y presentación de un rey y una reina del carnaval, realización de conciertos masivos y venta de diversos productos y servicios, la quema del mal humor y de Juan Carnaval al final, organización desde arriba.
Transnacional 1 (ej. Be Ramírez et al., 2018). En el extranjero con presencia de población mexicana carnavalera. Expresiones a reducida escala con elementos o acciones fijas de la comunidad de origen de la población mexicana, compartidas en medios sociales con miembros de la comunidad de origen.

Fuente: elaboración propia.

Carnavales tradicionales

Los carnavales de corte tradicional en su mayoría incorporan elementos de la cosmovisión originaria y representan vínculos comunitarios con el calendario agrícola y con el tiempo de fertilidad de la tierra (Gossen, 1986, 1989; Guzmán, 1993; Báez, 2000; Hernández, 2005; Del Carpio y Lisbona, 2008; Nolasco et al., 2015; Newell, 2018, 2020, 2021); en otros casos hacen alusión o incorporan personajes de algunos dramas bíblicos -principalmente la persecución de Jesús por parte de los judíos (Martínez, 2006; Morales, 2013; Boccara, 2016)- o representan la conmemoración de batallas, como las danzas de moros y cristianos y la danza de conquista (Warman, 1985; Jáuregui y Bonfiglioli, 1996), que son un legado del teatro evangélico. Se realizan en pueblos, pueblos urbanizados y ciudades pequeñas, en donde mucha de la población originaria aún conserva su lengua y, en diferente medida, controla o maneja los cargos tradicionales. En términos espaciales o regionales, los carnavales tradicionales se encuentran en las partes sur y central del país, donde se ubican, por ejemplo, las poblaciones originarias tseltal, tsotsil, ch’ol, zoque, chontal, zapoteca, mixe, nahua, otomí, huasteca, de habla otomangueana y de influencia tlaxcalteca.

La organización de estos carnavales forma parte de las estructuraciones sociales orgánicas generadas por y a cargo de las poblaciones de las localidades. En varios pueblos el carnaval se lleva a cabo justo en el periodo de las ceremonias de entrega y recepción de algunos cargos comunitarios e históricos. La organización parte, entonces, «desde abajo», y forma una jerarquía de cargos que genera prestigio y continuidad en y para las comunidades.

Los carnavales tradicionales existen vinculados con lo que en muchos pueblos originarios se denomina «el costumbre» o «la tradición», palabras que se refieren a cuerpos de ética, cosmovisiones y comportamientos comunitarios, ritualísticos, autóctonos y agricultores. Una característica importante de los carnavales tradicionales es la presencia de danzas de conquista, así como de moros y cristianos, que fueron introducidas en el periodo colonial, las cuales se combinan con rituales indígenas (Jáuregui y Bonfigliolo, 1996). Estas danzas las realizan personajes que corresponden a dos bandos, que generalmente son opuestos y representan: el bien y el mal, españoles e indígenas, vencedores y vencidos, mexicanos y franceses, entre otros casos. Se interpretan en ellos acciones dramáticas con tres momentos bien definidos: desafío, batalla y desenlace. Las danzas se llevan a cabo en las calles, atrios de iglesias y plazas, y se dedican al santo patrono de cada lugar. En esta categoría figuran las danzas de tecuanes, de moros y cristianos, de la pluma y jardineros, de la culebra, de tejorones y de mascaritas, entre muchas otras. Otro elemento presente en estas danzas es la representación de determinados momentos de la historia de los lugares; por ejemplo, en Puebla se realiza un desfile donde destacan el batallón de los serranos, franceses, turcos, zapadores y zacapoaxtlas. En Chiapas, tanto en el área zoque como el área maya se reconocen elementos de la conquista, de la Reforma, del tiempo de los ingenios y haciendas, y de la Revolución Mapachista o Guerra de los Cristeros.

En esta categoría se integran figuras o patrones tan repetitivos, que nos indican la necesidad de indagar más sobre los antecedentes históricos de los carnavales, su regionalidad y sus elementos bioculturales. Nos referimos en específico, en este caso, a la danza del tigre o jaguar, la cual se extiende desde el Estado de México hasta la República de El Salvador (Horcasitas, 1980) y parece corresponder a cierta identidad autóctona de esta región. De acuerdo con la bibliografía revisada, existen variantes en la representación de esta danza, pero contienen elementos comunes, como la escenificación de la cacería, la persecución y la muerte del jaguar (Horcasitas, 1980; Rivera y Lee, 1991); en otros casos se interpreta como una representación del genocidio de la población indígena de la región (Hernández, 2005) o se relaciona con el tiempo de las haciendas o con la época prehispánica, por lo que es difícil lograr claridad en cuanto a la interpretación regional. En Guerrero se encuentra la danza de tlacololeros (Horcasitas, 1980), en Chiapas la danza del tigre y del toro (Del Carpio, 1993; Newell, Jiménez y Pérez, 2022) y en Tabasco la danza del pochó, con personajes como cojóes, pochoveras y jaguares (Navarrete, 1971; López, 2017; López, Ramos y Huicochea, 2019); todas parecen representar el conflicto entre diferentes etnias indígenas y los españoles, con el tigre o el jaguar como representación de los indígenas y el toro -muy presente en los carnavales europeos- como parte de la cultura española-colonial; sin embargo, no existe un análisis macrorregional que lo demuestre o que detalle las diferencias inter o intrarregionales.

Entre los carnavales tradicionales existen también aquellos que hacen alusión al robo de la joven, al casamiento y a la representación de la primera boda entre un hombre indígena y una mujer noble (Hernández, 2005). Estas danzas también exhiben un orden en las actividades y se caracterizan por la presencia de personajes inamovibles, guiados por el sistema de cargos, que se rotan entre las personas de la comunidad que optan por adscribirse al sistema.

Por lo general, las actividades de los carnavales tradicionales inician en las casas de los patrocinadores («autoridades») de las fiestas; posteriormente se recorren algunas casas, donde se realizan rituales y danzas y comparten algunos alimentos. También se realizan actividades en las iglesias principales o en sus atrios. El martes anterior al Miércoles de Ceniza todos los grupos se reúnen y bailan en un mismo espacio, que suele ser la plaza central; se trata del baile principal. En la celebración del carnaval tradicional se observan por lo general elementos como los siguientes: rituales en lugares considerados sagrados (cerros, ojos de agua, montañas, cuevas); la representación de figuras zoomorfas; un cierto número y definición de personajes o categorías de personajes que son inamovibles y con los cuales se estructuran las diferentes danzas; y las danzas y rituales se acompañan de música tradicional con tambor y pito, no con instrumentos modernos o de manufactura industrial.

Son las propias comunidades las que asignan a los encargados de los gastos de la fiesta, que recaen generalmente en un hombre; no es raro que sean las mismas personas o familias quienes deciden tomar este cargo tan importante, aun si este rota anualmente o por un periodo de tres años. Los nombres de estos cargos que reciben varían -otro tema de interés para la investigación regional-, aunque sobresalen las denominaciones de capitanes, mayordomos y alféreces. A estos personajes le siguen en importancia los siguientes: los encargados de dirigir los rituales en lugares sagrados y las danzas, los músicos tradicionales, los danzantes principales, las cocineras y los ayudantes de cocina. Las actividades giran en torno a grupos pertenecientes a barrios, cuadrillas o camadas, lo que parece tener antecedentes en los antiguos sistemas de los calpuli (prehispánicos) y las cofradías (coloniales).

En cuanto a los personajes, podría decirse que existe diversidad, pues no en todos los lugares son los mismos. En general se pueden observar dos tipos: por un lado, los que hacen referencia a la cultura propia de los grupos indígenas, incluso con elementos prehispánicos, y por otro lado aquellos que representan a la cultura occidental-española católica colonial. Entre los primeros se pueden observar: los chilolos en Oaxaca, los espaldas cruzadas o ka’abinales en Chiapas, los indios serranos en Puebla, los viejos en Veracruz y los comanches en Hidalgo. Del lado contrario, como representación de la población española, se pueden encontrar: el macho riata, las mascaritas, los hacendados, los vaqueros, las damas, los franceses, los moros y cristianos, los Mahomas, los huehues o los chinelos -variante que se asemeja a los huehues de Tlaxcala, que se localizan en diversos lugares de Morelos y en el Estado de México (Carro, 2011)-, entre otros. Sorprende que en todos los carnavales existen personajes que representan a mujeres y son interpretados por hombres, sin que esto sea específicamente una indicación transgénero. En Chiapas encontramos los maruchas; en Oaxaca las negras, Marías Candelarias o chinihuelas, y en Guerrero las mojigangas. En general representan personajes de la historia específica de sus comunidades, y también de la sociedad mexicana colonial y reformista. Adicionalmente, pueden también interpretarse desde una óptica de la historia presente. En general, se necesitan análisis adicionales para comprender estos elementos, así como el uso y la creación de estas metáforas a un nivel macro y microrregional.

Como bien menciona Medina (2011), muchos objetos que se utilizan en las fiestas en México, por ejemplo las máscaras del carnaval, hablan de los grupos humanos que los usan, de las prácticas religiosas, de las jerarquías existentes y del orden social, lo que permite traer al presente la historia de las comunidades. Realizar estudios y contrastaciones regionales de estos artefactos, personajes y danzas revelará mucho sobre México y sobre sus comunidades y regionalidades.

Carnavales urbanos

En segundo lugar existen los carnavales urbanos, que son guiados y organizados por grupos de personas que han migrado para sobrevivir económicamente de comunidades tradicionales o pequeñas a ciudades, o que se celebran en pueblos que por su crecimiento e industrialización se categorizan ya como ciudades, pero lograron conservar un núcleo de identidad local y autóctona. Estos carnavales suelen celebrarse solo en barrios concretos de una ciudad más grande, o solo en los barrios antiguos de una población que se ha convertido en ciudad. Los carnavales urbanos los realizan frecuentemente cuadrillas barriales, y es en estas fiestas donde un sector poblacional reafirma sus lazos de identidad comunal, barrial y local, como también su unicidad y su diferencia de los demás. Ejemplos de este tipo de carnaval son los que realizan en Puebla en los barrios de San Baltazar Campeche, El Alto Garibaldi, San Jerónimo Calderas, San Miguel Canoa, Santa María Xonacatepec y Santa María Nenetzintal; también los de San Juan de Guadalupe en San Luis Potosí y la Ciudad de México, indica Villarruel (2016), operan según una lógica similar (Licona, 1994; Loaiza et al., 2016; Licona y Pérez, 2018).

Los carnavales urbanos se realizan entre los tres y seis días anteriores al Miércoles de Ceniza o en relación con la Semana Santa; a veces se llevan a cabo las actividades durante los fines de semana porque quienes participan están sujetos a las dinámicas y exigencias del mundo moderno y asalariado. Se pueden observar personajes ya establecidos, como los huehues que rigen las danzas en los barrios de San Miguel Canoa y Santa María Xonacatepec, de Puebla, y también personajes principales de otros carnavales tradicionales en el mismo estado. Asimismo, como se mencionó, existen personajes de mujeres que son interpretados por hombres, como las xilonas en el carnaval del barrio de San Miguel Canoa, igualmente en el estado de Puebla. Sobresalen las figuras antropomorfas, inventadas, urbanas y modernas, y existe libertad en cuanto a la cantidad y ejecución de cada personaje.

La organización parte «desde abajo», como sucede en los carnavales tradicionales, pero coincide frecuentemente con elementos más asociados con el desarrollo de la urbanidad, como las cuadrillas y las fuerzas de trabajo gremial; estos grupos por lo general se establecen de acuerdo con lazos de familia, compadrazgo o amistad, y se reúnen solo en el tiempo de carnaval. En cada cuadrilla existen representantes que cubren parte de los gastos que implica la festividad, como el pago de los músicos, y también se encargan de organizar los recorridos, los ensayos y las danzas antes y durante la celebración. Cada cuadrilla confecciona los adornos de las vestimentas, los cuales son importantes ya que permiten distinguir un grupo de otros y representan símbolos con los que generan una identidad, así como un sentido de pertenencia socioterritorial en un entorno más competitivo y dividido por clase económica y tipo de trabajo. Las cuadrillas realizan recorridos a pie por los barrios, en los que los bailarines ejecutan algunas danzas con el acompañamiento de música y pirotecnia; en las ciudades las acciones están menos asociadas con un calendario o una acción ritual originaria, y no se percibe presencia significativa de vírgenes o santos patronos. La música es variada; se puede encontrar desde mariachis, hasta música de violín, bajo eléctrico, guitarra o saxofón; no hay instrumentos considerados tradicionales y de manufactura natural, como tampoco se observan otros indicadores relevantes étnicos o autóctonos.

Carnavales espectaculares

La tercera categoría la componen los carnavales que se pueden definir como espectaculares, los cuales se realizan en lugares principalmente urbanos y se organizan con fines de espectáculo turístico y de ingreso económico. Con frecuencia se llevan a cabo en ciudades que también son puertos, como Ensenada, Manzanillo, Mazatlán, Puerto de Veracruz, Coatzacoalcos y Puerto Progreso, un aspecto que valdrá la pena explorar más sistémicamente y con una perspectiva tanto histórica, como sociocultural y turístico-regional. Se sabe a partir de diferentes fuentes que los carnavales en estos lugares comenzaron a popularizarse en el periodo posterior a la Revolución mexicana como parte de la reconstrucción y apertura al mercado turístico, reglamentados y subsidiados por los ayuntamientos y las elites locales (Flores, 1998; Reyes Domínguez, 2003; Vargas, 1989). En Veracruz, por ejemplo, se institucionalizó el carnaval en 1925 como una atracción turística novedosa que se vinculó con el ser de la ciudad como puerto (Münch, 2005). Hoy continúan organizándose pero «desde arriba», contrario a lo que ocurre en los carnavales tradicionales, con la intervención de empresas privadas -principalmente cerveceras- y de los gobiernos municipales y estatales, que absorben parte de los gastos económicos que se generan en la celebración, lo que da una imagen de prosperidad, consumismo, libertad y despreocupación. Los carnavales espectaculares constituyen un empuje planeado y estratégico de una identidad demostrativa y construida; su objetivo es celebrar un cosmopolitismo, una multiculturalidad y un bienestar o armonía nacional característicos de un país dinámico.

En muchos sentidos estos carnavales se parecen a los más conocidos de Brasil y del Caribe, en donde se despliegan el espectáculo, el baile (salsa, merengue, etc.) y la alegría como performance. Quienes participan se mueven al ritmo de la música alegre y seductora, se baila, se canta y se visten de manera provocativa con colores, texturas y diseños contrastantes, a veces con poca piel cubierta, como explica Münch (2005) para el carnaval de Veracruz; el ritmo y la música marcan una pauta muy importante, y con frecuencia promueven el movimiento de caderas y el baile de parejas o grupos, similar al tipo caribeño. No es extraño observar esta preferencia en ciudades con puertos, ya que por lo generan han estado a la vanguardia del desarrollo tecnológico en los últimos dos siglos y presentan una cierta apertura a ideas novedosas y cambiantes; asimismo, probablemente el desarrollo de los carnavales en estas ciudades se encuentra vinculado con el mercado de los cruceros que predominó en los primeros años del auge del turismo masivo.

La misma apertura se observa en el hecho de que los carnavales espectaculares son, por lo general, diseñados cada año de acuerdo con determinadas temáticas que establecen los organizadores; por ejemplo, en Mazatlán, Sinaloa, se eligió en 2019 el tema del reino submarino; en el caso de Mérida, Yucatán, ese año el tema fue la flora y la fauna. Los trajes de las personas participantes se confeccionan de acuerdo con estos temas, y por lo general constituyen expresiones de gran habilidad artística y belleza estética; son manifestaciones completamente seculares y sin referentes étnicos o históricos. Los personajes que protagonizan los carnavales cambian anualmente y reflejan una gran diversidad de dinámicas y movimientos; emergen en relación con las temáticas y son puestos en escena solo mientras dura el carnaval.

Otro elemento característico común en los carnavales espectaculares es el desfile de carros alegóricos, lo que indica que el ritmo y el objetivo de los carnavales de este tipo no son los mismos que los de los tradicionales o urbanos, pues estos últimos tienden a excluir el ritmo veloz y moderno de los carros. Los carros alegóricos y los desfiles conforman, de hecho, el eje principal del carnaval espectacular, y recorren las principales avenidas de las ciudades, generalmente las calles situadas a la orilla del mar o las asociadas con el turismo. El desfile consta de dos elementos: 1) carros alegóricos con personajes simbólicos, como la reina y el rey del carnaval, los reyes infantiles o ciertos invitados especiales, habitualmente artistas o personajes de la política, y 2) las personas que van a pie en diferentes grupos de danza, que realizan comparsas y bailes coreográficos y estilizados. Los aspectos estéticos y la competencia entre los grupos o escuelas de danza forman parte notable de estos carnavales, y evocan la competencia que existe en el mundo asalariado, en donde diferentes negocios promocionan sus productos y marcas. Es interesante que el desfile se ha interpretado como la representación de una dicotomía entre gente bonita y gente fea, los de arriba y los de abajo, gente rica y gente pobre (Flores, 2001; Münch, 2005; Reyes Domínguez, 2003).

Al revisar la secuencia de actos en los carnavales espectaculares puede afirmarse que son atractivos estratégicos, pues se llevan a cabo en plazas centrales, a la vista del público en general, y en ellos se ejecutan, por ejemplo, la quema del mal humor y el sepelio de Juan Carnaval -un muñeco de pirotecnia que representa algún personaje de la vida local, nacional o internacional- como representaciones de alguna maldad universal y del mal humor que acecha a la sociedad. Se corona también a una reina y a un rey del carnaval, que son individuos mestizos. Asimismo, por la noche los carnavales se convierten en espectáculos musicales, pues se realizan conciertos masivos donde la gente tiene acceso gratuito, y en las calles se pueden ubicar puntos de venta, como en las ferias. La duración puede variar desde un fin de semana largo a una semana, y no existe una secuencia ritual; paralelamente, no es inusual que se desarrollen actividades específicas para la infancia, lo que evidencia que se toma en consideración una variedad de tipos de público.

Carnaval transnacional

Finalmente, la última categoría, el carnaval transnacional, es una creación que emerge de las condiciones de globalización a las cuales todas las comunidades están sujetas. En la actualidad, las migraciones masivas que se intensificaron entre México, Estados Unidos y otros países del mundo, se mezclaron con el desarrollo, la masificación de las nuevas tecnologías de comunicación móvil y el uso de redes sociales y de plataformas de comunicación virtual como Facebook, WhatsApp e Instagram. Por ejemplo, hoy empieza a ser común formar parte de grupos o comunidades de carnaval en Facebook. La creación de estos grupos ha apoyado y visibilizado a las comunidades de migrantes en el extranjero, y en ellos se observa cómo habitantes de comunidades mexicanas han trasplantado las celebraciones de carnaval de sus pueblos de origen en México a festividades en el extranjero, o celebran en el extranjero -quizás en un barrio, una calle o una casa- una versión reducida de «su» carnaval en México; suben las fotos a los grupos de Facebook y ahí se generan discusiones o likes sobre estas expresiones, lo que promueve vínculos con los familiares y con las personas de sus pueblos de origen. Este fenómeno se ha estudiado muy poco, ya que apenas se está constatando (Saumade, 2012; Be Ramírez et al., 2018; comunicación personal de Wendy Escudero y Sergio Litrenta, marzo de 2022), y se sospecha que irá en aumento, por lo que debe ser incluido en los estudios regionales sobre el carnaval.

Síntesis de tipologías/regionalidad

Al sintetizar esta tipología -excluyendo la última categoría por ser apenas emergente- con las observaciones acerca de la regionalidad por estado, se observa que en la zona norte existen cuatro carnavales tradicionales (16.7 %) y 20 carnavales espectaculares (83.3 %); en esta región predominan, entonces, los espectaculares y no figuran los urbanos. En el centro de México predominan los carnavales tradicionales con 118 (76.6 %), y hay 16 urbanos (10.4 %) y 20 espectaculares (13 %); estos datos coinciden con lo que se mencionó anteriormente, cuando se identificaron el centro y sur como zonas con mayor población originaria y mayor número de carnavales. En el sur del país, como en el norte, no figuran los carnavales urbanos, pero existen 100 tradicionales (70.9 %) y 41 espectaculares (29.1 %), lo que corresponde a lo antes mencionado (véase Mapa 2). Sin duda es necesario un análisis más profundo por zona y regionalidad en el que sobre todo se preste atención a los procesos que han generado ciertos tipos de carnaval en las diferentes zonas y regiones, pero sirva la información aquí presentada como una primera impresión que puede constituir una base sobre la cual se continúen estudios posteriores. Asimismo, sería valioso realizar investigaciones de mayor profundidad histórica, política, económica y étnica sobre los carnavales, así como sobre otras dinámicas, como la urbanización y el desarrollo por razones turísticas, que emergen como fuerzas impulsoras de esta festividad.

Fuente: elaborado por Nancy Karel Jiménez Gordillo con datos obtenidos de la bibliografía hallada (adaptado de OpenStreetMap, disponible en celebérrima.com).

Mapa 2 Distribución en México de los tipos de carnaval tradicional, espectacular y urbano 

Discusión y cierre: la utilidad del estudio regional y regionalizador en los estudios de carnaval

Claramente, México es un país rico y diverso, lo que se manifiesta también en sus carnavales. Esta celebración es una manifestación cultural, viva, polisémica, glocal, expresiva, compleja y biocultural, que utiliza símbolos variados que ponen en juego prácticamente todas las dinámicas y reglas, así como su mismo proceso de significación. Si bien nunca podrá decirse una palabra final sobre los carnavales en el país, es provechoso hacer más estudios y registros, sobre todo con o desde un enfoque etnográfico regionalizador, para comprender cómo los diferentes barrios, comunidades, puertos, ciudades y personas celebran esta festividad y cómo sus elementos -materiales e inmateriales-, prácticas y protagonistas han sobrevivido a través del tiempo, sosteniéndose tanto en periodos difíciles, como en momentos de prosperidad, alegría o resiliencia e ingenio simbólico. Todos los carnavales sin duda son, según los registros hallados -profundos y parciales algunos, y de subtemas variados-, celebraciones llenas de vida, significado, alegría, complejidad, color, contradicciones, comunidad, pasado, futuro e historia. No es posible argumentar científicamente que los carnavales han sobrevivido desde periodos muy antiguos o desde el pasado prehispánico, pero a partir de la bibliografía disponible puede deducirse que se prestan para entender y acercarnos, al menos en cierta medida, a los procesos de cambio y continuidad regional, política, sociocultural, económica, étnica, histórica y pluricultural que ha visto este país, a sus regiones y a las diversas poblaciones que viven o han vivido en ellas. Los carnavales son documentos intangibles valiosos que, por ende, merecen ser estudiados, documentados y mantenidos vivos con fervor.

La tipología y la regionalidad propuestas aquí para los carnavales mexicanos y sus regionalidades parecen reflejar los elementos de los procesos de urbanización y de transición de un país rural a un país con mayor grado de urbanización e incorporación, donde se manifiesta ya la participación en un mundo global, comercial, transnacional y pluricultural. Esto propone que el carnaval es un ámbito productivo de análisis para comprender procesos de esta naturaleza, y de ninguna manera es una temática superficial o meramente lúdica. Lo que se «juega» en el carnaval significa mucho, por lo que es necesario investigar estas hipótesis mediante una investigación de mayor profundidad, capacidad de alcance y comparación histórica. Los carnavales tradicionales, además, revelan pistas posibles e importantes de conservación e interacción bioculturales (Newell, Jiménez y Pérez, 2022), un tema y una veta analítica que no debe ignorarse, sobre todo para comprender mejor su regionalidad. ¿Cómo son las interacciones entre historia, carnaval y medioambiente-entorno natural?

Se debe refinar y verificar la tipología y las interpretaciones regionales propuestas aquí, además de realizar un mapeo más extenso de los carnavales en México y ubicar los carnavales y sus pueblos en los contextos más amplios y pertinentes de las fiestas tradicionales e históricas del país. Asimismo, es necesario implementar estrategias investigativas para identificar, comparar y reflexionar en temáticas como las siguientes: el caso de los carnavales transnacionales, que permiten el estudio de la transmisión y continuación de conocimientos de manera intergeneracional e interregional/nacional, entre comunidades de origen y destino de las personas migrantes a una escala más amplia que si se estudian solo por pueblo; las dinámicas cambiantes de género y de organización sociocomunitaria a la luz de la crisis planetaria que se padece actualmente, y las dinámicas de sexualidades y de géneros adicionales, las cuales sugieren que los carnavales fungen aparentemente como posibles vehículos y espacios de tolerancia, democracia y pluriculturalidad. Estos ejes prometen ser avenidas productivas y urgentes de estudio de los carnavales a escala inter e intrarregional.

Quizás, hasta es posible llevar el enfoque regional y sus implicaciones en el estudio del carnaval al nivel de una cierta propuesta autorreflexiva y decolonial, como la discutida por Navarrete (2023), al reflexionar sobre cómo las áreas o regiones donde existen, se formaron y perduran los carnavales son y han sido regiones de resiliencia, de fuerza simbólica o de habilidad semiótica, en vez de contemplarlos como un panorama cultural, social o histórico en México desde una antropología e historia limitada, colonial, dicotómica o reduccionista, como los modelos interpretativos del «área cultural de Mesoamérica» (Kirchhoff, 1967), las «regiones de poder» (Lomnitz, 1995) y las «regiones de refugio» (Aguirre, 1991), que privilegian de manera simple el dominio de una cultura sobre la otra. Se espera que este artículo, que aporta unos primeros pasos sobre el estudio del fenómeno del carnaval desde una mirada nacional y regional, con algunas observaciones transnacionales, pueda servir como inspiración o guía para fortalecer el campo de la investigación sobre el tema, en un país que se enorgullezca por sus habilidades semióticas positivas, como también por su habilidad de ser «arrecho».5

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1 El trabajo de campo etnográfico y de gabinete se realizó mediante el proyecto de investigación Cátedra de Joven Investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología «Carnaval zoque: la naturaleza presente en la tradición y modernidad en Chiapas» (núm. 2468), iniciado en 2014 en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, por Gillian Elisabeth Newell, y el proyecto de investigación colaborativo «Carnavales de Chiapas: legados variados» por Gillian E. Newell y Nancy Karel Jiménez Gordillo, a partir de 2020, con el objetivo de comprender y explicar los carnavales de Chiapas desde sus contextos propios espacio-territoriales, cultural-políticos y socio-sensoriales.

2En esta búsqueda se definió el carnaval como una celebración/fiesta/ritual que se nombra explícitamente como «carnaval» y que ocurre en o alrededor de los días anteriores a la Cuaresma, aunque quizás no todos los «carnavales» se basan en las fechas católicas de la Semana Santa. Se consultaron diferentes bibliotecas de Chiapas (de la Universidad Autónoma de Chiapas, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, y el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur) y las autoras recopilaron fuentes durante los últimos 10 años de sus investigaciones individuales. Por razones de espacio no se pudo incluir esta base de datos en el artículo, la cual se encuentra disponible en toda su extensión en https://www.researchgate.net/publication/370072834_PROYECTO_CARNAVALES_DE_MEXICO_DATA_SET_A_VINCULOS_YOUTUBE_DATA_SET_B_BIBLIOGRAFIA_UBICADA_Y_ANALIZADA

3Es altamente probable que este no sea el número total ya que existirán carnavales que no han sido documentados o de los que no se hallaron fuentes debido a que se realizó la búsqueda bibliográfica en tiempos de covid y desde una región (Chiapas) con poca infraestructura y recursos institucionales.

4Esta búsqueda bibliografía sobre carnavales sin duda fue incompleta, ya que mucha literatura sobre carnaval se publica muy localmente, consiste en tesis y es de escasa circulación. Por ello se considera una búsqueda de diagnóstico y no exhaustiva.

5Término utilizado en Chiapas para referirse a una actitud de vida que se define por ser alegre, coqueta y extravagante. Aparece frecuentemente asociado con el carnaval

6Cómo citar este artículo: Newell, Gillian Elisabeth y Jiménez Gordillo, Nancy Karel (2023), «Los carnavales de México. Una aproximación a su regionalidad y regionalización». Revista Pueblos y fronteras digital, 18, pp.1-26, doi: 10.22201/cimsur.18704115e.2022.v18.668

Recibido: 08 de Mayo de 2023; Aprobado: 27 de Julio de 2023

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