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Revista pueblos y fronteras digital

versión On-line ISSN 1870-4115

Rev. pueblos front. digit. vol.17  San Cristóbal de Las Casas  2022  Epub 17-Abr-2023

https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2022.v17.631 

Reseñas

Etnografía fractal en la frontera Chiapas-Huehuetenango

Fractal ethnography on the Chiapas-Huehuetenango border

Andrés Medina Hernández1 
http://orcid.org/0000-0002-1266-1952

1 Instituto de Investigaciones Antropológicas / Universidad Nacional Autónoma de México, tacubaya18@gmail.com

Gutiérrez Alfonzo, Carlos. 2021. Minucias. Maneras de decir cómo se vive la frontera. México: Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (CIMSUR-UNAM),


Resumen

Una propuesta que podría definirse como “etnografía fractal” está en el libro reseñado, un experimento metodológico y teórico para dar cuenta de una región cuyo punto de referencia es Frontera Comalapa, Chiapas. El autor, originario de ese lugar recurre al registro etnográfico y a diferentes fuentes de las que no excluye las que son características de estos tiempos. Elabora descripciones encapsuladas, que unidas dan la posibilidad de pensar sobre esa zona de la frontera México-Guatemala. Dividido en cuatro partes, el libro, que no tiene una secuencia temporal y en el que se apuesta por el registro del habla, es también una reflexión existencial abierta a varias preguntas cuya respuesta es la de los fragmentos con los que su autor, Carlos Gutiérrez Alfonzo, de mano del asombro, lo ha formado.

Palabras clave: metodología; etnografía fractal; zona fronteriza; historia; Frontera Comalapa

Abstract

A proposal that could be defined as “fractal ethnography” is in the reviewed book, a methodological and theoretical experiment to account for a region whose point of reference is Frontera Comalapa, Chiapas. The author, originally from that place, resorts to the ethnographic record and to different sources from which he does not exclude those that are characteristic of these times. He elaborates encapsulated descriptions, which together give the possibility of thinking about that zone of the Mexico-Guatemala border. Divided into four parts, the book, which does not have a temporal sequence and in which it is committed to the recording of speech, is also an existential reflection open to several questions whose answer is that of the fragments with which its author, Carlos Gutiérrez Alfonzo, out of amazement, has formed it.

Keywords: methodology; fractal ethnography; border zone; history; Frontera Comalapa

Contra lo que pudiera pensarse, la etnografía es algo más que una descripción apegada a un formato monográfico, como lo estipulan los manuales clásicos; ciertamente, es un instrumento fundamental en las investigaciones antropológicas; es el testimonio en primera persona de un estudioso que se enfrenta a una situación novedosa de la que tiene que dar testimonio como experiencia existencial, pero también como registro de aspectos que se consideran significativos desde una perspectiva teórica y metodológica específica. La tradición positivista que evita la primera persona en los textos que documentan la experiencia etnográfica, como una manera de mantenerse alejado de las subjetividades de quien observa y registra, es violentada cuando se adopta un enfoque personal que afronta los riesgos de introducir observaciones y reflexiones subjetivas. Sin embargo, los planteamientos críticos realizados a finales del siglo pasado contra una supuesta y falsa objetividad han abierto la metodología de la investigación etnográfica hacia nuevos cauces, asumiendo las dimensiones etnográficas y existenciales de quien observa, registra y reflexiona. Este es el caso del libro de Carlos Gutiérrez Alfonzo, un experimento metodológico y teórico que explora el registro etnográfico apelando a diversas fuentes características de nuestro tiempo, marcado por el desarrollo novedoso e intenso de las tecnologías de la comunicación.

A la observación participante, en modalidades contemporáneas y adecuadas a las circunstancias, el autor incorpora la información recogida de la prensa estatal, contenida en los diferentes diarios, así como en las radiodifusoras regionales; en el espacio de internet, como en el Facebook; y en las conversaciones ocasionales que se suscitan al viajar en el transporte público, en las camionetas tipo van que hacen el servicio de San Cristóbal de Las Casas a Comitán, y de Comitán a Frontera Comalapa. Busca también en la antropología, en la historia, en la literatura, en los relatos, en los periodos históricos, desde esa condición fronteriza.

El resultado no es una monografía etnográfica convencional, sino algo que bien puede llamarse una “etnografía fractal”, una serie de descripciones condensadas que permiten diversas interpretaciones; no hay una secuencia plegada al tiempo y al espacio, sino una sucesión de cápsulas, en cierta forma autocontenidas, pero encadenadas en el amplio discurso que abarca distintos puntos, dispersos, si bien articulados por una reflexión existencial que se pregunta sobre el sentido de ese universo fragmentado.

El libro se compone de cuatro partes. En la introductoria Gutiérrez se ampara en diversos autores contemporáneos, caracterizados por su heterodoxia teórica y metodológica, distantes de la mirada positivista que domina buena parte de los textos etnográficos. Busca distanciarse de los discursos disciplinares convencionales con apoyo en diferentes autores caracterizados por sus posiciones críticas, orientadas a nuevas formas de expresarse, enfatizando los discursos mismos, el habla. Es aquí donde se ubica espacial y temporalmente, con énfasis en la condición fronteriza, en la diversidad de los discursos, en las memorias diferentes y hasta contradictorias.

En el apartado de Minucias, establece el ámbito fronterizo de sus observaciones, donde se contrasta la fuerza de los Estados nacionales por marcar las diferencias y contrastes con la realidad de una cultura que se comparte a ambos lados de la línea fronteriza. Esto se revela en los pasajeros con los que comparte el medio de transporte en los trayectos de su investigación: de San Cristóbal a Comitán, y a la zona fronteriza, pero sobre todo en sus apuntes sobre la propia Frontera Comalapa.

Aparece entonces la descripción fractal de la ciudad, ya no un asentamiento dominantemente rural, sino sus diversos espacios que contienen referencias a múltiples universos: como las mercancías del mercado, con ropa de Singapur, Guatemala, Puebla, así como productos chinos, japoneses, alemanes, e incluso ropa usada, llamada “de paca”. La plaza central misma, siempre ocupada por gente que espera y que parece turnarse para mantenerla activa. Hace también recorridos en los que describe las diferentes poblaciones distribuidas en su espacio, como los boleros, lustradores de calzado; alude a las nuevas colonias, a los marcadores históricos, como el árbol de guanacaste, o el cuajilote; la marimba que toca los domingos; las prostitutas que se pasean y se ubican en sitios específicos; el hotel Centroamericano, en el que seguramente estuvimos hospedados Otto Schumann y yo, cuando nos encontramos, en un lejano día de octubre de 1967.

Frontera Comalapa es una ciudad multinacional en la que coinciden y conviven guatemaltecos y salvadoreños con comitecos y gente de la sierra; donde también se reconocen las migraciones provocadas por los conflictos armados, la violencia desatada en Guatemala y en El Salvador en los años ochenta del pasado siglo. Esta diversidad cultural se acentúa por visitantes y comerciantes que proceden de diferentes poblaciones guatemaltecas cercanas a la línea fronteriza.

La llegada de varios profesores, desde su reciente fundación en 1921 [como municipio], enriquece las reflexiones históricas sobre esta población, pues muchos de ellos escriben relatos desde su particular punto de vista; pero lo notable es la presencia en la localidad de una amplia gama de instituciones educativas, públicas y privadas, que ofrecen maestrías y doctorados.

Frontera Comalapa no está exenta del crimen organizado, si bien su presencia no es un rasgo dominante, sino ocasional, relacionado con el contrabando y con las corrientes migratorias que proceden de los países centroamericanos.

Carlos Gutiérrez recorre también las poblaciones fronterizas del lado guatemalteco y reconoce una activa movilidad que trasciende los puntos fronterizos, es decir, que las poblaciones cruzan en diferentes direcciones siguiendo rutas antiguas, del tiempo en que no existía la línea fronteriza, o bien accediendo a caminos que reducen distancias y facilitan el paso de personas y mercancías.

En fin, esta primera parte ofrece una proyección poliédrica, fractal, diversa, a la que une un mismo espacio, acotado temporalmente, en el que reconocemos a la sociedad comalapense y su cultura.

En Vórtice de discursos, el autor incluye diversas visiones o enfoques temporales de los miembros de la población de Frontera Comalapa, cuya complejidad social, cultural, política y económica se ve reflejada por los 48 barrios que la conforman.

Diez son las perspectivas temporales ofrecidas en esta parte del libro, comenzando por la reflexión de una religiosa que apoya al sacerdote responsable del culto católico de esta población. En seguida se incluye el resultado de una encuesta realizada entre los alumnos de bachillerato, a quienes se les pregunta por el significado de estar en la frontera. Dan respuestas variadas, sencillas, pero lo que llama la atención es la diversidad de procedencias de algunos de ellos, pues no todos son de Frontera Comalapa, sino de distintas poblaciones cercanas, e incluso de otras partes del país.

Posteriormente aparecen las reflexiones históricas de varios profesores con una larga experiencia de enseñanza en la localidad, quienes han desarrollado una simpatía y una preocupación por el devenir histórico de Frontera Comalapa, como el maestro Fidel Serrano Alemán, o el también profesor Lenin Abarca García; cada uno de ellos rememora su experiencia en la población y aporta anécdotas personales. Quien abre una reflexión histórica mayor es el profesor Job García Solís, Testigo de Jehová, y cuyo abuelo, Andrés García, fue de los fundadores de la población contemporánea.

Pero el personaje que más profundiza sobre esta historia es Erasmo Escobedo Robledo, autor de una “Reseña histórica de mi Comalapa” en la que hace referencia a Cuxhu, una propiedad en la que se asienta Comalapa. Por otra parte, se menciona una publicación oficial de 1990 que registra diversos datos censales de varias fuentes, que no coinciden en sus afirmaciones, pero que, sobre todo, revelan las dificultades, o más bien las inexactitudes de recabar datos a distancia, sin hacer presencia en la población, que en el caso de Comalapa ha mostrado no solo una gran complejidad, sino también una dinámica difícil de atrapar en los datos estadísticos oficiales.

La reflexión marcada con el número nueve abre la discusión histórica sobre los orígenes de Comalapa a partir de numerosas fuentes, más allá de las remembranzas personales. Un documento de 1885 consigna la presencia de dos fincas, Cuxhú y Comalapa; el Periódico oficial de 1903 menciona las fincas Cuxhú, La Cruz Comalapa y Laguna Comalapa, así como la Municipalidad de Comalapa; todos estos nombres revelan las complejidades de la identificación de los diversos procesos históricos que conducen a la actual población, la ciudad multinacional.

Finalmente, en el décimo apartado, Carlos Gutiérrez Alfonzo hace referencia a las investigaciones históricas llevadas a cabo por Mario Humberto Ruz, quien se hunde materialmente en los acervos bibliográficos de Guatemala y Chiapas para registrar los datos significativos para la historia de Chiapas. La impresión que percibo es que cuando no se está en el campo, en las poblaciones y los rumbos específicos, se crean confusiones a partir de datos históricos ambiguos. Como se advirtió antes a propósito de los datos censales de diferentes fuentes sin que se haya puesto un pie en ese universo dinámico y complejo del que da cuenta el autor del libro.

La última parte del libro, Un posible final, es una reflexión metodológica en la que se argumenta la orientación asumida en el texto a partir de diferentes autores, contemporáneos en su mayoría. Recupera el autor el énfasis en las manifestaciones del habla, y en el carácter fragmentario de sus datos, lo que califica de una “antropología residual”.

Ciertamente esa es una lectura posible del libro, y sin duda es una aportación original, como ya se aludió cuando la califiqué de ser una “etnografía fractal”; sin embargo, me parece que una veta tiene que ver con el hecho de que el autor haya nacido y crecido precisamente en Frontera Comalapa, lo que convierte la obra en una reflexión existencial, efectivamente no declarada. Una premisa metodológica de la etnografía es el acercamiento a una cultura diferente a la del observador, que no es el caso de Carlos Gutiérrez Alfonzo, quien aparece entonces como un observador de las profundas transformaciones que ha mostrado la población en la que nació y creció; y esta es la impresión que percibo, la del asombro, que conduce a muchas preguntas, en cuya respuesta ofrece un fresco no nada más de Frontera Comalapa, sino de toda la región, que abarca ambos lados de la frontera con Guatemala y revela una complejidad dinámica que solo se puede advertir estando ahí, o incluso naciendo ahí, y que el autor nos comunica con las herramientas de una metodología etnográfica novedosa.

Recibido: 28 de Marzo de 2022; Aprobado: 31 de Marzo de 2022; Publicado: 26 de Abril de 2022

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