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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.27 no.64 Hermosillo sep./dic. 2015

 

Artículos

 

Homofobia en estudiantes universitarios de México

 

Juan Manuel Piña Osorio* Hilda Berenice Aguayo Rousell**

 

* Investigador titular en el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Circuito Mario de la Cueva, Ciudad Universitaria, Coyoacán, D. F. Teléfono: (55) 2966 0550. Correo electrónico: jpiaosorio@yahoo.com

** Profesora-investigadora en la Escuela Superior de Educación Física, Secretaría de Educación Pública; profesora del posgrado en pedagogía en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM. Teléfono: (55) 2493 8872. Correo electrónico: hildaberenice20@hotmail.com

 

Recibido en agosto de 2014.
Aceptado en septiembre de 2014.

 

Resumen1

Numerosas investigaciones demuestran, que entre estudiantes de educación superior, la homofobia puede expresarse tanto de manera violenta como sutil o implícita. En este trabajo, el interés se centró en conocer la homofobia e inclusión de alumnos en tres universidades públicas mexicanas de las regiones centro, golfo y sureste. Se aplicó una asociación de palabras con el término inductor homosexual a 168 jóvenes. La información se sistematizó, y se elaboraron tres categorías de palabras; inclusión, homofóbicas y neutras. En los resultados destacaron primero los vocablos homofóbicos, continuaron los de inclusión y, por último, los neutros. También se presentan los datos de una red con las diez palabras de mayor peso semántico. Se encontró que el mayor porcentaje fue de inclusión; le siguieron las homofóbicas y luego las neutras. Según los resultados, es posible afirmar que la homofobia continúa presente en los estudiantes de esta muestra.

Palabras clave: estudiantes; homosexual; inclusión; homofobia; homofobia implícita.

 

Abstract

Numerous studies indicate that, among students in higher education, homophobia can be expressed in both a violent and a subtle form. This study centered on understanding homophobia and inclusion among students from three public universities located in the center, gulf and southeast regions of Mexico. This article presents the results of a word association instrument, whose inductive term was homosexual, applied to 168 youth. Field information was systematized and organized into three categories: inclusive, homophobic and neutral expressions. Results showed a prevalence of utterances that were homophobic (49.4%), followed by inclusive (27.9%) and neutral (22.7%). A word web with the 10 words of greater semantic weight is also presented, where 63.4% of words are inclusive, 20.6% homophobic and 13% neutral. According to the results, it can be stated that homophobia is still present in this sample of students.

Key words: students; homosexual; inclusion; homophobia; implied homophobia.

 

Introducción

La sociedad contemporánea, y también la mexicana, ha mostrado cambios importantes con respecto a la inclusión de sectores sociales antes rechazados violentamente (Moreno 2010). La homofobia se entiende como una actitud negativa que expresa odio, rechazo, distancia o invisibilidad hacia los homosexuales. Para Rubio y Aldana (2002, 595): "La persona homosexual puede ser definida como aquella que está motivada en la vida adulta por una atracción erótica preferencia! por miembros de su mismo sexo". Conviene precisar que hay hombres que pueden sentir esta atracción y tener vínculos sexuales, eróticos y amorosos con otros hombres, pero sin considerarse homosexuales (Núñez 2000).

Para Castañeda, no es lo mismo homosexual que gay. El primero tiene prácticas sexuales entre hombres, siente atracción por ellos, y puede vivir en conflicto por eso. El gay es la persona que se asume como homosexual: "[...] si bien toda la gente gay es homosexual, no todos los homosexuales son gay. La distinción es interesante porque refleja una fase de la construcción de la identidad homosexual, tanto individual como socialmente" (2005, 30). Agrega que la persona homosexual o gay no es sólo la que tiene rasgos o actitudes femeninas, sino que sus variantes son numerosas: hombres bastante "masculinos" y mujeres bastante "femeninas", que son homosexuales y lesbianas. A esto debe añadirse un estilo de vida andrógeno aparecido en las últimas décadas, lo que ha provocado que se eliminen las anteriores barreras femenino-masculinas. Entre la heterosexualidad y la homosexualidad hay numerosas preferencias y prácticas sexuales: hombres que sólo han tenido relaciones con mujeres; hombres que han tenido encuentros ocasionales o frecuentes con hombres; también hombres que sólo se han vinculado con hombres. Lo mismo se presenta para las mujeres (González 2001; Castañeda 2005; Núñez 2006; 2000; s/f).

No obstante la heterogeneidad de expresiones sexuales y eróticas, continúa el rechazo hacia las orientaciones no heterosexuales. Investigaciones realizadas en diversos países demuestran que la homofobia permanece y que las formas violentas se combinan con nuevas modalidades. Estas últimas son sutiles, de un rechazo más bien implícito; se presentan como inclusión aparente, pero en determinadas circunstancias aparece la exclusión. Si se asume que la persona estigmatizada es la inhabilitada para su plena aceptación social (Goffman 1993), entonces la homofobia sutil o implícita es también un estigma, porque no se acepta plenamente a los no heterosexuales.

Para conocer las expresiones de homofobia en diversos países, se realizó un rastreo de artículos de investigación sobre éstas, manifestadas por los estudiantes universitarios. La mayoría de ellos indicó que la homofobia continúa, pero ahora es velada o implícita, y que hay circunstancias como la religiosidad, el género, la edad y la profesión que influyen en ella. Por el contrario, los vínculos amistosos con homosexuales permiten su inclusión. Los resultados encontrados motivaron la indagación sobre el tema entre jóvenes de instituciones de educación superior de México. Aquí el objetivo es exponer los datos que aparecieron en una asociación de palabras, cuyo término inductor fue homosexual, aplicada a una muestra de 168 estudiantes de tres universidades públicas, ubicadas en el centro, en el golfo y en el sureste del territorio mexicano, que tienen como principio la inclusión del otro, el respeto a la diferencia, con el propósito de promover entre sus alumnos la diversidad cultural.

La exposición se inicia con un apartado sobre la homofobia como problema, sigue otro que la aborda en estudiantes universitarios. En los dos se destaca la situación que priva en diversos países, y se apunta que el rechazo a los homosexuales y a cualquier otra expresión no heterosexual es un problema actual; ya no se violentan derechos, sino que se niegan. En muchos casos, ahora el rechazo no sólo es abierto, también se oculta. Después se expone la metodología diseñada para la indagación de campo y análisis de datos, para continuar con la exposición y discusión de resultados. Éstos indican que la homofobia abierta o explícita no atañe a todos o a la mayoría de los integrantes de la muestra. También se encontró que un sector de la población estudiada expresó, con palabras compasivas su rechazo; una homofobia implícita.

 

La homofobia como problema

La homosexualidad es una "transgresión de los roles genéricos masculinos" (Cornejo 2012, 86). Las llamadas sexualidades periféricas o minorías sexuales son algunas manifestaciones de la diversidad sexual: la homosexualidad, bisexualidad, lesbianismo, trasgénero, transexualidad e intersexualidad, entre otras (Cornejo 2012; Seffner 2006; Núñez 2006; Fonseca y Quintero 2009; Butler 2012). Sin embargo, como apunta Núñez (2011 y s/f), el término diversidad sexual ha sido una bandera de lucha de los grupos no heterosexuales, pero se usa con imprecisiones. Al considerarse una expresión de los que asumen de forma clara y explícita una identidad no heterosexual, entonces se convierte en un bloque o zona aparte de la sexualidad considerada normal, legítima o dominante. Las otras expresiones son entonces, anormales e ilegítimas. Esa clasificación, agrega Núñez (s/f), también excluye otro tipo de prácticas amorosas como las que se presentan entre "hombres que tienen sexo con otros hombres en tanto que hombres" (Núñez 2006, 50), sin que éstos se consideren homosexuales. La diversidad sexual para que tenga precisión debe ser incluyente e integrar no sólo las manifestaciones que se apartan de una manera explícita del modelo dominante, sino todas las variantes de relaciones sexuales y amorosas, sean heterosexuales o no, abiertas y militantes, así como las secretas y ocultas; todas son parte de ella.

Según la Encuesta nacional sobre discriminación en México (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, CONAPRED 2010), los datos acerca de la discriminación y aceptación de personas no heterosexuales indican que cuatro de cada diez mexicanos opinaron que las preferencias sexuales provocan conflicto, cuatro de diez no aceptaría en su casa a una persona no heterosexual. Se encontró que la edad es un factor que interviene directamente en la exclusión, porque los jóvenes son más tolerantes que los adultos y los adultos mayores. En las grandes urbes hay más apertura para reconocer las expresiones no heterosexuales, que en las zonas rurales y en las ciudades pequeñas. Además, el nivel socioeconómico y la escolaridad influyen en el respeto de la diversidad sexual. En resumen, 40 por ciento de la población mostró rechazo hacia las expresiones no heterosexuales, y estuvo más marcado en las ciudades y localidades pequeñas, en los adultos con menos escolaridad y menores recursos económicos.

Investigaciones específicas reportan que en México perdura una cultura de la sexualidad dominada por el heterosexismo (González 2001; Parrini y Hernández 2012); por tanto, el machismo y homofobia subsisten, como parte de esta cultura sexual dominante (Boivin 2014a y 2014b; Granados et al. 2009; Franklin 2004; Castañeda 2007 y 2005; González 2001). El resultado de esto es que al homosexual se le clasifica de una forma negativa, se le ridiculiza, se le teme o se le agrede, lo que Goffman (1993) denominó estigma, una marca que destaca un atributo considerado nocivo. Quien es estigmatizado llega a convertirse en un ser despreciado, peligroso, débil, diferente, "inhabilitado para su plena aceptación social" (Goffman 1993, 12). La persona inhabilitada se convierte en "objeto de algún tipo de violencia cultural" (Arteaga y Dyjak 2006, 72). No se ve a un ser humano total, entero, sino que se resalta sólo su peculiaridad o extrañeza.

Marichal y Quiles (2000) sostienen que el estigma está inmerso en un contexto histórico y cultural, porque puede cambiar en cada sociedad. Agregan que las enfermedades y el enfermo son un claro ejemplo: lepra, peste negra, sífilis, cáncer y ahora el síndrome de inmunodeficiencia adquirida. En la clasificación elaborada por Goffman (1993) se ubican estigmas físicos, psíquicos y sociales; remiten a una invalidación de la persona, a un descrédito, porque se es distinto; se estigmatiza a las minorías poseedoras de un atributo que las mayorías consideran negativo. La homofobia ha tenido cambios a lo largo del tiempo; la violencia física y verbal que la ha caracterizado se ha modificado, y ahora coexiste con prácticas más sutiles y, aparentemente más ligeras, porque se encuentran envueltas en un velo de tolerancia. La homofobia perdura, se presenta pero no como una expresión explosiva, sino de integración aparente. La distancia hacia la persona con una preferencia distinta sigue viva.

 

La homofobia y los estudiantes

La homofobia puede presentarse en las interacciones diarias tanto en el vecindario, el trasporte público, el club deportivo, la escuela, el trabajo, en la familia, como en la normatividad de las instituciones públicas o privadas, hasta formar parte de la cultura y la legislación de una sociedad (Boivin 2014a; Ceballos 2013; Mercado 2009; Rodríguez 2008; Cruz 2002). Se considera que el homosexual es persona indigna, que provoca repulsión, miedo, desconfianza (Boivin 2014a; Ceballos 2013; Cornejo 2012; Mercado 2009; Cruz 2002; Cárdenas y Barrientos 2008). La homofobia puede ser abierta, mediante la violencia física o verbal, o bien disfrazada con un velo que impide su reconocimiento. El estigma hacia el homosexual se modifica de acuerdo con las sociedades, las comunidades y los mismos grupos. La literatura especializada registra diversos tipos de homofobia que van desde intentos de extinción, mediante la muerte, como agresiones físicas; el acoso constante a través de actos verbales, que inhabilitan a la persona, pasan por la desconfianza hasta llegar a una inclusión aparente. Esta última es propia de los tiempos actuales, pero no se presenta a simple vista, sino que está velada.

Quiles et al. (2003) enfatizan que en España se encuentran dos tipos de homofobia, una explícita o manifiesta y otra sutil. Asumen que el prejuicio racial ha sido más reconocido por la sociedad y, por lo mismo más estudiado; agregan que es similar al de la homofobia. Para estos autores, el prejuicio racial se expresa de una forma tradicional, caracterizada por el pleno rechazo hacia la persona o grupo señalado, y por otra encubierta, denominada moderna, simbólica y aversiva, entre otros. Serrano et al. (2012) y Quiles et al. (2003) consideran que los cambios políticos y la complejización de la sociedad en las últimas décadas han llevado a la aparición de un clima de igualdad y tolerancia. En su investigación seleccionaron a 232 estudiantes de psicología de la Universidad de La Laguna, España; los resultados les permitieron clasificar cuatro tipos de individuos: los igualitarios (99), con puntuaciones bajas en homofobia manifiesta y sutil; los sutiles (46), con puntaje bajo en homofobia manifiesta y alto en homofobia sutil. Los fanáticos (58), con más puntos en ambas escalas y 26 tuvieron errores.

Ceballos (2013) realizó una investigación de corte cualitativo, para conocer la homofobia y sus vínculos con la masculinidad en estudiantes varones de tres centros escolares de Asturias. Encontró que la homofobia les permite mantener su masculinidad y con ello su condición heterosexual. De las diversas expresiones que adquiere la homosexualidad, se reconoce principalmente la relacionada con el género femenino, lo que denomina homofobia de género. Para los estudiantes, la masculinidad sólo puede ser heterosexual, por tanto se espera que sea la conducta deseada y exclusiva para los hombres. La homofobia surge porque la homosexualidad subvierte este deber, puesto que la ven como "una orientación sexual afeminada, vinculada con el género femenino" (Ceballos 2013, 23). Coello et al. (s/f) reconocen dos tipos de prejuicio hacia los homosexuales: el antiguo y el aversivo. El primero se caracterizaba por la violación constante de los derechos tanto de éstos como de otros grupos, además de la violencia física y verbal hacia ellos. El segundo es más sutil. Los y las heterosexuales pueden mostrarse amables con ellos, pero en determinadas circunstancias pueden negar un derecho; no atacan con brusquedad, sino con delicadeza.

En Brasil, Newlands y Estermann (2008, 63) efectuaron una investigación para conocer los límites de las acciones educativas, con el propósito de reducir la violencia y, en particular, la homofobia en las escuelas. Se apoyaron en la perspectiva de género, porque mediante esta propuesta pueden cuestionar o colocar paréntesis a las numerosas prácticas derivadas del sexo, que se asumen como naturales. Consideran que la perspectiva de género permite "desnaturalizar las verdades", y reconocer que la mayor parte de los actos es producto de una construcción social compleja. La metodología empleada fue cualitativa, combinaron la entrevista grupal con la individual. Los resultados indicaron que el personal docente, formado principalmente por maestras, mostró distanciamiento hacia los contenidos de la entrevista. Se presentó un pánico moral ante una supuesta contaminación de la sexualidad y de reconocimiento de la homosexualidad, de manera que varias profesoras señalaron que no aceptarían a un alumno homosexual en su clase.

Cárdenas y Barrientos (2008) utilizaron un test de asociación implícita, para medir la fuerza asociativa de dos atributos que aplicaron a estudiantes de la licenciatura en ingeniería de una universidad chilena. Encontraron que los jóvenes pueden considerarse igualitarios en su trato con homosexuales, sin embargo, de una manera oculta o inconsciente, en el grupo de mujeres aparecieron prejuicios y homofobia implícita cercanos a los de los hombres. También en Chile, Lizana (2009) investigó las representaciones sociales de la heterosexualidad y la homosexualidad en estudiantes de pedagogía. Descubrió que los y las conservadoras no aceptan la homosexualidad, mientras que los liberales la admiten, pero sólo si hay discreción, es decir, la no exhibición pública de su preferencia. La indiscreción es algo intolerable, porque consideran que el cariño entre personas del mismo sexo debe expresarse en espacios privados.

En Colombia, Velásquez et al. (2013) analizaron las representaciones sociales de estudiantes heterosexuales acerca de la homosexualidad. Su propósito central consistió en aprehender las prácticas, informaciones y conocimientos incluyentes y excluyentes de estos jóvenes hacia una persona con preferencia homosexual. Encontraron que el lenguaje rutinario está plagado de actitudes y prácticas homofóbicas y lesbifóbicas, en mayor medida en los de biología que en los de psicología. En cuanto a la convivencia con un homosexual, se presentó una tolerancia aparente, sin embargo, ésta se convirtió en intolerancia cuando se les preguntó si estarían conformes en que los homosexuales disfrutaran de los mismos derechos que goza la población heterosexual.

Toro y Varas (2004) indagaron en el prejuicio y la distancia social hacia homosexuales y lesbianas en la Universidad de Puerto Rico. Aplicaron una escala de distancia y otra de prejuicio social a una muestra de 548 alumnos. Las puntuaciones más altas indicaron mayor rechazo y a la inversa; los hombres obtuvieron más puntos que las mujeres. No obstante, también apareció una diferencia entre quienes conocían a una persona gay o lesbiana de quienes no, porque los primeros tuvieron un puntaje menor. Lo mismo ocurrió con la religión, porque a mayor religiosidad mayor prejuicio y distancia.

Nieves Rosa (2012) apunta que en febrero de 2005, en la Universidad de Puerto Rico, se aprobó una política en contra de la discriminación con el propósito de integrar a las lesbianas, los gay, los bisexuales y los trasgénero, sectores que han sido marginados, olvidados y discriminados. Empero, agregó, después de algunas investigaciones, se demostró que estudiantes, profesores y personal administrativo continuaban compartiendo los estereotipos sexuales dominantes. Los resultados indican un vacío entre la política y la práctica y, para ahondar en ellos, Nieves Rosa realizó un sondeo entre 368 universitarios de 20 años como edad promedio. Su objetivo fue conocer las actitudes homofóbicas y la distancia social hacia la población lésbico-gay. Sus resultados mostraron que continuaba la homofobia y la distancia social hacia los grupos de la comunidad lésbico-gay-bisexual-transexual, pero era más marcada en los varones con formación religiosa. En consecuencia, una ley antidiscriminatoria hacia la orientación sexual no es garantía para eliminar el estigma y la discriminación hacia las minorías sexuales.

Fernández y Calderón (2013) consideran que los prejuicios hacia las minorías sexuales han cambiado positivamente en los últimos años, y ahora se presenta una apertura hacia la diversidad sexual. Sin embargo, agregan que en Puerto Rico hay una discrepancia entre lo que las personas piensan y lo que hacen; entre su representación y su acción. Perdura y domina la heteronormatividad. En su estudio, realizado con 565 estudiantes universitarios, encontraron un prejuicio moderado y distancia social hacia homosexuales y lesbianas. Esto fue más marcado entre los hombres y también entre quienes asisten con regularidad a la iglesia. Por el contrario, el prejuicio y distancia disminuyó en los casos en que se tenía un conocido homosexual o lesbiana. Por tanto, dichas actitudes se modifican cuando existe familiaridad con ellos.

Campo et al. (2008) llevaron a cabo un estudio sobre las actitudes de los estudiantes ante el homosexual; seleccionaron una muestra de 600 de pregrado de la Universidad Central de Venezuela, y aplicaron una escala de actitudes. Encontraron que las respuestas homogéneas y favorables hacia el homosexual fueron de los alumnos de letras, estudios internacionales, comunicación social, psicología y sociología, a diferencia de los de computación y bioanálisis, quienes mostraron mayor rechazo.

Boivin (2014b y 2012) analizó la dinámica de los espacios públicos en las grandes ciudades, donde las minorías sufren insultos, agresiones físicas, burlas de la población civil y extorsiones por parte de policías. Producto del rechazo a las personas gay y a otras minorías sexuales ha sido su agregación en un espacio casi exclusivo para ellas en las grandes ciudades. Analizó el barrio de Marais en París, Francia, conocido como barrio gay. Para Boivin (2012, 34), este espacio no es producto del empoderamiento de los grupos gay, sino al contrario, es un territorio que los separa de aquéllos destinados para los heterosexuales. Se trata de un repliegue o refugio para quienes son diferentes a la mayoría.

En México, San Martín (2010) considera que hay dos modelos espaciales de la comunidad gay y de otras minorías sexuales. Uno es el integracionista, cuya característica consiste en integrar a la población gay a los espacios globales de una sociedad. Pueden casarse, adoptar, llevar a sus hijos a las escuelas de la zona sin ser excluidos, sino aceptados como ciudadanos más del territorio, y tienen los mismos derechos que los heterosexuales. El otro modelo es el comunitarista, que se caracteriza por delimitar un territorio exclusivo para la comunidad gay, donde hay tiendas, bares, restaurantes y viviendas. La Zona Rosa en la Ciudad de México se encuentra en el centro de estos dos modelos, sin negar que se acerque más al del barrio de Marais, en París.

Una modalidad de territorio distinta a las dos anteriores, y la más común en México, es la resistencia que día a día deben realizar los gay para sobrevivir en sus ciudades y barrios, y sostener su empleo. Bobadilla (2013) apunta que la ciudad de Aguascalientes vive cambios importantes, porque tiene una economía abierta, junto con una visión tradicional de un sector de su población. Entre sus habitantes hay grupos de migrantes nacionales e internacionales, junto con sectores conservadores, católicos y heterosexuales. El mundo gay de Aguascalientes sale del clóset y disfruta de espacios de diversión, a la par con prácticas homofóbicas explícitas y violentas. Una doble moral, que logra "que los sujetos gays se sientan presionados a negociar su identidad desde la masculinidad para no trasgredir el orden social" (Bobadilla 2013, 131). La ultraderecha de Aguascalientes comparte un mismo espacio con directivos y empleados de empresas trasnacionales, que contratan trabajadores "sexo-diversos", o bien, la Feria Nacional de San Marcos, como un espacio de trasgresión y diversidad sexual, y una prensa amarilla, que difunde y difama los excesos.

Rodríguez (2008) indica que perdura la corrupción, la discriminación y la discrecionalidad en la aplicación de las leyes, porque domina una moral conservadora que impide dar un trato justo a las minorías sexuales. Mercado (2009) considera que permanecen numerosas expresiones de homofobia personal, interpersonal, institucional y cultural. La primera aparece en las relaciones diarias, y su peculiaridad es el desprecio del heterosexual hacia la persona con una preferencia sexual distinta; la segunda se manifiesta en chistes, agresiones y formas extremas de violencia; la institucional, es la condena que se hace a la persona gay en instituciones educativas, religiosas y políticas, entre otras; la cultural, que responde a las formas particulares de construcción del género en una sociedad específica. Moral et al. (2013) efectuaron una investigación con una muestra incidental de 56 estudiantes de Monterrey, Nuevo León. Encontraron diferencias entre homofobia externalizada y encubierta, de manera que los de medicina y psicología están en desacuerdo con la discriminación abierta hacia el homosexual, no obstante, se presenta un rechazo encubierto, lo que se interpreta como prejuicio simbólico.

Boivin (2014a), por su parte, analizó numerosos informes sobre la violencia hacia las minorías sexuales a escala mundial y en particular en México. Considera que la Ley Federal para la Prevención de la Discriminación y el CONAPRED han tenido un papel fundamental para eliminar o, por lo menos, disminuir el estigma y la discriminación hacia estas minorías. La violencia se expresa tanto de manera física como verbal, así como la discriminación en los centros y hospitales de salud públicos. También ocurre en el ámbito laboral, tanto para obtener un empleo, como para ascender de puesto.

Pulido et al. (2013) investigaron los niveles de homofobia en dos universidades religiosas de la Ciudad de México; su hallazgo fue que a mayor religiosidad, mayor homofobia. Sin embargo, cuando los y las estudiantes tienen algún conocido o amigo homosexual, el puntaje disminuye de manera importante. Además, descubrieron que los hombres fueron más homofóbicos que las mujeres.

El recorrido anterior permite señalar que la homofobia tiene distintas facetas, es menos marcada en los universitarios que en otros sectores (Cárdenas y Barrientos 2008). Sin embargo, hay variaciones por licenciatura, por ejemplo entre los alumnos de biología y los de psicología (Velásquez et al. 2013) o los de ciencias naturales y tecnologías con los de humanidades y ciencias sociales (Campo et al. 2008). También se muestran diferencias entre hombres y mujeres y entre religiosos y no religiosos (Toro y Varas 2004; Fernández y Calderón 2013; Pulido et al. 2013). La homofobia puede aparecer de manera abierta, al expresar violencia física o verbal, o implícita, porque se oculta o enmascara con una tolerancia aparente, pero de rechazo sutil y negación de derechos (Fernández y Calderón 2013; Cornejo 2012; Lizana 2009; Mercado 2009; Cárdenas y Barrientos 2008; Campo et al. 2008; Moral y Valle 2013; Toro y Varas 2004; Quiles et al. 2003; Borillo 2001). La homofobia sigue vigente en la sociedad contemporánea, sin negar que en algunos espacios sea más marcada que en otros; es distinta para hombres y mujeres y entre religiosos y no religiosos; depende de la escolaridad y de la profesión de las personas. Tiene varias caras: intolerancia, exclusión abierta y violación de derechos, o censura, omisión, mofa y hasta negación de derechos. También aparece una supuesta neutralidad, incluso una posición lastimera. Se les acepta si no se exhiben públicamente, mientras no sean indiscretos, ni muestren conductas inapropiadas (Lizana 2009). Se les tolera mientras "se comporten bien" (San Martín 2010, 11). Para evitar eso, se permite que convivan en un territorio separado de los destinados a las familias heterosexuales (Bovin 2014a; San Martín 2010). A continuación se verá qué pasa con la tolerancia u homofobia que presentan los estudiantes de tres universidades mexicanas ubicadas en espacios apartados de las grandes urbes.

 

Metodología

La muestra

Mediante un muestreo no probabilístico se seleccionaron 168 estudiantes de tres universidades públicas, ubicadas en el sureste, golfo y centro de México. La del sureste se caracteriza por su cercanía con una zona turística internacional; su modelo educativo está planteado en cinco áreas de conocimiento, e imparte seis licenciaturas relacionadas con el entorno social y cultural. La del golfo tiene tres campus, en el que se realizó la investigación se imparten tres licenciaturas, en su misión señala como punto central la conservación y difusión del patrimonio cultural. La misión de la del centro es formar profesionistas comprometidos con el desarrollo económico, social y cultural de sus comunidades y del país; se imparten seis licenciaturas vinculadas con el sector agrícola y productivo de la región. La población de la muestra se integró con 57 por ciento de mujeres y 43 de hombres, cuyas edades oscilaban entre 17 y 22 años, y se buscó que fueran jóvenes de distintos semestres. Las licenciaturas eran variadas, porque dependen de la particularidad sociocultural de cada región. El rasgo común de las tres universidades es que sus propósitos educativos están acotados a resolver la problemática regional y de las localidades circundantes. Albergan a un sector importante de jóvenes originarios de los pueblos indígenas de alguna región del país.

 

El instrumento

El instrumento seleccionado fue una asociación de palabras, el cual corresponde a lo que Abric (2001) denomina métodos asociativos.

Este autor considera que éstos permiten que, ante un término inductor, la persona asocie con palabras o con imágenes los objetos con los que relaciona la pregunta. Son formas de obtener información donde el entrevistado se expresa de manera espontánea y auténtica, con menor control por parte del entrevistador (Abric 2001). A los participantes se les solicitó que escribieran, mediante un término inductor, las tres palabras con las que lo asocian; los componentes semánticos más relevantes del término que llegan a su mente de manera inmediata. Esta técnica permite acercarse a las actitudes, imágenes o representaciones que un sector específico tiene acerca de algo o de alguien. Para este documento se seleccionaron las palabras proporcionadas ante el término inductor homosexual.

 

Procedimiento

La aplicación del instrumento se realizó con el apoyo de las autoridades de las instituciones. En la universidad del sureste, el coordinador académico acompañó a los responsables a los grupos, les explicó a los alumnos los objetivos y ellos participaron de forma voluntaria. En la del golfo, el material se repartió simultáneamente en los grupos bajo la supervisión de algunos colegas investigadores. En la del centro se coordinó con un grupo de docentes, quienes apoyaron en la aplicación. A cada estudiante se le proporcionó un documento con el término inductor homosexual, para que escribieran tres palabras relacionadas con éste, y después las jerarquizaran y colocaran un número según su importancia; con el 1 se marcó las que consideraron muy importantes y con el 3 a las menos relevantes. Por último, se les solicitó que anotaran una frase que indicara por qué escribieron cada una. Por ejemplo si, en el caso de homosexual asentaron la palabra libertad, entonces tendrían que explicar por qué vincularon los conceptos. Cada instrumento se revisó, para comprobar que estuvieran completos los renglones, como también la argumentación de las palabras o frases, que la letra fuera legible y, en caso contrario, el mismo aplicador las escribía, para que después se capturara sin problemas.

Para la sistematización de la información se siguió la propuesta de Valdés (1998) y de Salas y Reyes (2003), fortalecida por investigadores como De la Cruz y Abreu (2012); Murillo y Becerra (2009); Hinojosa (2008) y Vera et al. (2005) sobre las redes semánticas naturales, para interpretar la información con base en el peso semántico (PS) de las palabras y, por lo mismo, aprehender la estructura interna de los significados. Con esta propuesta es posible captar lo que para ellos significa el homosexual.

La información se sistematizó utilizando el paquete estadístico Excel. En un primer momento se capturan todos los vocablos en tres columnas. Del lado izquierdo los que fueron muy importantes (1), en la siguiente los importantes (2) y en la tercera los de menor importancia (3). En un primer análisis de los datos se colocaron todas las palabras, se sumó la frecuencia y se obtuvo el porcentaje de cada una, con el propósito de clasificar numéricamente los vocablos escritos. Luego, a cada palabra se le integró un valor ponderado, según la importancia que tuvo para el informante; si ésta fue de 1, entonces el valor ponderado fue 3; si la opción fue 2, su valor fue de 2, y las de 3, de 1. La multiplicación de la frecuencia de vocablos con el valor ponderado proporcionó el PS de cada término. Por ejemplo, si la palabra libertad fue mencionada diez veces y con opción de 1, entonces se multiplicaron 10 por 3, lo que arrojó un PS de 30. Vocablos como estilista, que se escribieron en cuatro ocasiones y con relevancia baja, tuvieron un PS de 4. Este proceso se hizo para todas las palabras; después se clasificaron las proporcionadas por los estudiantes en categorías y se encontraron tres: a) una referida al respeto y reconocimiento del homosexual, como una persona libre y que merece respeto; b) las negativas hacia el gay, términos claramente homofóbicos, porque son estigmas que inhabilitan a la persona y c) los términos no peyorativos, pero que tampoco reconocen al homosexual como una persona plena, sino que reflejan una postura de piedad o lastimera. Se trata de una homofobia de baja intensidad o implícita, porque se esconde en la supuesta inclusión, pero en el fondo no se le reconoce como persona.

A continuación se seleccionaron las palabras más significativas para estos estudiantes, con base en el mayor PS, para identificar cuáles fueron las más importantes y, como lo formula Reyes (1993, 87), cuáles "[...] pertenecen a un constructo de interés", o bien, conocer la estructura de significados. Por último, se analizaron las frases, que permitieron entender el significado atribuido a cada vocablo. Luego las que sirvieron para fortalecer la red semántica, y se clasificaron de acuerdo con las categorías antes mencionadas.

 

Resultados

Asociación de palabras. Una lista larga

Los y las estudiantes de las tres universidades sistematizaron las palabras escritas, y lo primero que destacó fue la cantidad de términos anotados, con significados distintos, como aceptación, amigo, comunicación, libertad, entre otros. Uno de ellos fue favorable hacia el homosexual, porque apela a un ser humano que ha decidido vivir su vida de manera diferente a lo marcado por los convencionalismos sociales dominantes. Otros tuvieron una connotación aparentemente "neutra", que señala los supuestos problemas que viven los gay. Esta presumida neutralidad, en el fondo es una posición de no aprobación de la persona tal como es, se visualiza a alguien que vive en un mundo difícil, adverso y aparece la pena por él. Es una postura lastimera; no se rechaza en forma abierta al homosexual, pero tampoco muestra su reconocimiento pleno. Se trata de una homofobia implícita o de bajo perfil, ilustrada con palabras como desconocido, divertido, humillado, inocente. Sin embargo, con fines de exposición, se les seguirá llamando términos o vocablos neutros.

El resto de palabras tuvieron una carga negativa, con tintes homofóbicos claros, porque expresan su rechazo abierto: abominación, acoso, afeminado, envidioso. En la figura 1 aparece el total de vocablos escritos e integrados en las categorías de inclusión, homofóbicas y neutras, pero no las frecuencias.

De los 154 términos encontrados, 27.9 por ciento fueron incluyentes; 22.7 neutros y cerca de la mitad, 49.4, de rechazo u homofóbicos. Hay que considerar que algunas de estas palabras tuvieron frecuencia alta, mientras que otras fueron sólo de una o dos repeticiones; además, la valoración o jerarquía adjudicada por los jóvenes cambia el sentido social de la palabra. No obstante, aparecieron términos que denotan homofobia explícita. Hay que precisar que muchos de éstos sólo se escribieron en una ocasión y su jerarquía fue de 1. También se presentaron los denominados neutros, pero en el fondo se acercan a una homofobia implícita: desconocido, depresión, desgracia, divertido, hombre-mujer, infelicidad, joto, mayate, marica, entre otros. La suma de frecuencias fue de 504. Al clasificar la información en las tres categorías, 49 por ciento de todas las repeticiones se concentraron en las incluyentes hacia el homosexual; 13.6 fueron neutrales y 37.5 homofóbicas o de exclusión. Cinco de cada diez jóvenes escribieron palabras incluyentes, cuatro de cada diez vocablos homofóbicos y uno se mostró neutral. Las 12 palabras con mayor frecuencia sumaron 248, y concentran cerca de la mitad del total de los vocablos (véase figura 2).

Las palabras de inclusión al homosexual fueron hombre, gay, diferente, preferencia, libertad y respeto, que sumaron 57.7 por ciento de las 12 que conforman la figura 2, y las homofóbicas fueron sexo, puto, marica, puñal y güey, con 27.8. A diferencia del total, las incluyentes subieron 10 puntos porcentuales, mientras que las homofóbicas descendieron otros 10. En esta selección permanece sólo un vocablo neutral: discriminado, con 14.5.

 

Peso semántico de las palabras

En un segundo acercamiento se buscó obtener el peso semántico. A diferencia de la elaboración de una lista con todas las palabras mencionadas por los y las estudiantes, la clasificación de los términos con base en el PS integra tanto la repetición de ellos, como la relevancia que les adjudicaron los participantes. Los términos empleados en la siguiente figura son: tamaño de red, corresponde a su extensión y se forma por el número de vocablos seleccionados; peso semántico es el resultado de la frecuencia y el valor ponderado de cada uno; distancia semántica, es la diferencia entre la palabra con mayor PS, que equivale a 100 por ciento, con el resto de ellas; porcentaje de la red, es el porcentaje del peso semántico de cada palabra. Se decidió incorporar en la figura sólo las expresiones con PS mayor a 11 y con distancia semántica mayor a 10.

La figura 3 integra el núcleo de la red con las diez palabras más relevantes de la muestra, destacan cuatro que concentran 64 por ciento del peso semántico: hombre, gay, discriminado y diferente. El restante 36 por ciento se divide en: puto, sexo, preferencia, marica, respeto y género.

En la figura 4 destacan seis palabras de inclusión, con 66.4 por ciento del PS del total; los argumentos proporcionados por los estudiantes para definirlas aparecen en la figura 5.

Los testimonios indican que el homosexual es una persona que puede decidir su vida, su preferencia, que es como cualquier otra. Expresan respeto hacia sus diferencias sexuales y su libertad para decidir cómo vivir. En la categoría de neutras, se encontró sólo discriminado. Su PS fue importante en el núcleo de la red: 59, con distancia semántica cuantitativa de 58.4 y 13.1 por ciento del total del PS. La figura 6 incluye los argumentos proporcionados por los estudiantes para definir estas palabras.

Los testimonios indican que los homosexuales son mal vistos por la sociedad, debido a sus preferencias, opiniones y manera de vestir. Los argumentos no son neutrales, tienen una carga negativa porque se reconoce que son diferentes y no son plenamente aceptados por la familia, la sociedad, la religión. En ningún testimonio se habló de respeto a la persona diferente, más bien se dice que lo es y por eso se le agrede, de suerte que debe ser igual a la mayoría para no ser agredido; se trata de una homofobia implícita. En la figura 4, aunque las palabras que formaron la categoría de homofobia fueron tres: puto, sexo y marica, su porcentaje integró 20.6 del PS. Los argumentos de los estudiantes para describirlas aparecen en la figura 7.

En los argumentos destaca que el homosexual es un hombre con otra preferencia sexual, que no se comporta como hombre; que quiere ser mujer y no acepta lo que Dios le proporcionó; que es raro. Sobresale la imagen del homosexual como afeminado y con fuertes deseos sexuales, verdad a medias, porque no a todos los homosexuales se les puede encasillar en ese esquema. El estigma busca la invalidación del otro.

 

Discusión

La literatura latinoamericana especializada en homofobia indica que ésta perdura en estudiantes de educación superior, aunque su tono ha cambiado. Ya no es la violenta, que se manifestaba tanto en forma física como verbal, que vulneraba los derechos de los homosexuales simplemente por ser diferentes, ahora es encubierta, no visible al observador común, es implícita, sutil. Esto lo demuestran investigaciones que han analizado la distancia y acercamiento hacia el homosexual, así como la homofobia explícita e implícita en hombres y mujeres. El rechazo subsiste en los jóvenes universitarios, sólo que es sutil. Aparece en las escalas y en entrevistas, se expresa tanto en hombres como en mujeres, aunque en las investigaciones a ellas se les considera más tolerantes e incluyentes, hasta cierto punto. También han concluido que la homofobia explícita permanece, que a los homosexuales se les permite existir, pero si son discretos, o si se expresan en lugares específicos, en los barrios reconocidos como gay. En dichos sitios urbanos, para esta población, se les permite ser como quieren ser, porque en esos espacios hay tiendas, bares, restaurantes y centros nocturnos. Sin embargo, y sin negar su importancia, se trata de lugares separados de los destinados para heterosexuales.

Aún permanece la homofobia tanto explícita como implícita. La investigación especializada integra diversas fuentes para entender estas dos manifestaciones. En el recorrido realizado aquí, la asociación de palabras y la obtención del PS confirmaron lo que también ocurre en otros países. Los estudiantes escribieron numerosos términos, cerca de la mitad de la lista fueron homofóbicos, sin considerar la frecuencia. En el núcleo de la red semántica se eliminaron varias expresiones homofóbicas, debido a que su frecuencia fue mínima y tuvieron un PS bajo. En las diez palabras más importantes (núcleo de la red) se encontró que 66 por ciento corresponde a inclusión o respeto, 21 a rechazo u homofóbicas y 13 a términos neutros. Esto indica que seis de cada diez estudiantes expresaron palabras que demuestran una actitud positiva hacia el homosexual, mientras que los cuatro restantes manifiestan una de rechazo tajante o sutil. La homofobia aparece, pero no es sólo la agresión abierta como lo representan los vocablos puto, sexo y marica, sino que se presenta con diversas caras (Núñez 2006).

Lo anterior demuestra que la mayoría de los estudiantes universitarios mexicanos, al igual que los de otros países, no expresaron plena aceptación al homosexual. Su rechazo perdura en un sector importante de esta población. Algo que debe destacarse es que algunas palabras que tienen connotación piadosa, en el fondo son excluyentes, porque se coloca como modelo a los heterosexuales y a los otros se les caracteriza como personas en desventaja. Por ejemplo, burla, desconocido, rechazado, inocente, menospreciado indican que no son aceptados en los espacios sociales donde se mueven, que son diferentes al navegar contra la corriente, porque lo adecuado o debido es ser heterosexual. Esta particularidad, captada por el instrumento utilizado aquí, indica que se trata de la no aceptación plena de las personas, de una homofobia sutil. No se les rechaza abiertamente, pero no se les acepta plenamente. Se reconoce que son distintos de los heterosexuales, los que tienen la legitimidad dentro de las prácticas sexuales, pero no se les acepta a cabalidad, sino que se les ve con lástima. Puede presentarse en personas que presumen ser progresistas, que dicen simpatizar con las numerosas expresiones no heterosexuales, pero su aceptación no es plena porque son diferentes, y consideran que sus derechos también lo son.

La homofobia explícita e implícita permanece. Las universidades y todas las instituciones educativas son espacios para el diálogo, el debate y la tolerancia hacia las diversas teorías, metodologías, posturas políticas y las formas de vida heterogéneas. Sin embargo, es menester reconocer que éstas no se encuentran al margen de los espacios sociales en que geográficamente se ubican. Los estudiantes son portadores de la cultura de su región, y se incorporan en la institución educativa con todo su acervo de conocimiento (Schütz 1972), el cual reproducen y socializan a partir de sus referentes individuales y sociales, porque asumen que así son las cosas; o bien, son capaces de reflexionar sobre lo que se dice y se hace y actuar en consecuencia. Es necesario agregar que las categorías de las palabras no tuvieron los mismos porcentajes en los alumnos de las tres instituciones; los de la universidad del sureste escribieron el menor número de las despectivas, mientras que los de la del golfo destacaron por la cantidad de términos ofensivos. Una posible explicación de esto es el contexto de ubicación de cada una; la del sureste está cerca de una zona turística importante del país, la cual es una especie de apertura al mundo y al reconocimiento de numerosas expresiones de vida, por la cantidad de turistas nacionales y extranjeros que año con año la visitan. En la del golfo, lo local y la tradición tienen un peso importante, que los estudios superiores no combaten a fondo. La otra universidad, cercana a un centro industrial, provoca cambios paulatinos en las estructuras tradicionales, pero no en la misma magnitud que en la zona de turismo internacional.

La asociación de palabras es una técnica que permite acercarse a las actitudes y significados de las personas ante algo. Sin embargo, es necesario combinarla con otras que facilitan entender esos significados, por ejemplo, están las entrevistas grupales o las individuales y también los cuestionarios. Conviene preguntarse: ¿qué expresarán los entrevistados acerca del homosexual en una entrevista individual?; ¿qué indicarían en las colectivas?; ¿qué responderían en un cuestionario, si se les preguntara si estarían dispuestos a compartir una habitación, o un viaje con un homosexual? Los resultados obtenidos en las redes semánticas (seis estudiantes de cada diez expresaron vocablos de aceptación y cuatro de rechazo o de aparente neutralidad), ¿serían similares en las entrevistas o en el cuestionario? Tal vez en la entrevista se encontrarían numerosas señales de homofobia, debido a la cercanía o ambiente familiar, vecinal o escolar familiarizado con el rechazo a todo lo que es diferente, incluyendo al homosexual. O, en la entrevista colectiva, ¿se podrían apreciar sentidos diversos, como en las redes semánticas, porque se opina desde las experiencias de vida particular?

 

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Nota

1 Agradecemos al Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT-IN401014) de la Dirección General del Personal Académico, de la UNAM, el apoyo proporcionado para la realización de esta investigación.

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