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Región y sociedad

versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.25 no.58 Hermosillo sep./dic. 2013

 

Reseñas

 

Guadalpe Pinzón Ríos (2011), Acciones y reacciones en los puertos del mar del sur. Desarrollo portuario del Pacífico novohispano a partir de sus políticas defensivas, 1713-1789

 

Dení Trejo Barajas*

 

México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Mora, 387 pp.

 


* Profesora-investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Correo electrónico: dtrejo27@yahoo.com.mx.

 

Poco se ha escrito sobre los puertos del litoral del Pacífico mexicano, de manera que celebro la publicación de esta obra de Guadalupe Pinzón, quien expone minuciosamente no sólo el desarrollo de Acapulco y San Blas, que fueron los principales de la época, sino también nos da a conocer una multitud de actividades ligadas a éstos y a otros muchos menores, lo que sin duda resulta uno de sus mayores atractivos.

El libro es producto de una investigación de largo aliento, que sirvió para que la autora presentara su tesis doctoral, que dio continuidad a sus primeras líneas de investigación ligadas sobre todo a San Blas. En este texto se estudian los cambios en los puertos y en las actividades marítimas a lo largo del siglo xviii, para lo que se revisaron los múltiples factores vinculados al desenvolvimiento diferente de los dos fondeaderos principales del Pacífico novohispano. Se analizaron no sólo los antecedentes de las navegaciones por este océano, sino también las conexiones imprescindibles que tuvieron los puertos, sin dejar de lado en ningún momento tanto sus ligas con otros virreinatos como la situación internacional de la que formaban parte. De hecho, ésta constituyó uno de los móviles constantes, dice Pinzón, que indujeron cambios en las políticas de defensa, pues la expansión marítima de los imperios europeos por el Pacífico motivó las reacciones hispanas que es posible conocer a lo largo del texto.

El eje vertebrador de esta obra es el estudio de las políticas de defensa instrumentadas por España en este litoral, si bien la autora no descuida el abordaje de las características de la vida en puertos y embarcaciones, cuestión que a veces, nos comenta, no va en el mismo sentido que las primeras, ya sea por falta de recursos de la Corona, porque los mismos oficiales y marinería deseaban aprovechar la situación para realizar negociaciones consideradas ilegales, porque la necesidad de entrelazar intereses entre los virreinatos era más fuerte que las disposiciones oficiales o porque el clima y las enfermedades no se controlaban tan fácilmente. En ese sentido, esta historia es un buen ejemplo de integración de perspectivas de análisis y cruce de numerosas variables, que condicionaron las especificidades de cada puerto y de sus actividades marítimas.

Uno de los planteamientos fundamentales de Guadalupe Pinzón es que, pese a la inestabilidad y a su escaso o tardío poblamiento, los puertos del Pacífico lograron darle mayor autonomía al virreinato novohispano, principalmente por el aprovechamiento que se hizo del comercio con Filipinas y también por los intercambios con Perú y Guatemala, que en gran parte del periodo se consideraron ilegales.

Otro de los aspectos notables es su empeño en contar esta historia portuaria a partir de la gente involucrada en las actividades ligadas a la vida del mar. Esto la lleva a hablar no sólo de las presiones externas y las políticas defensivas y de comercio, sino a referir las vicisitudes de los asentamientos propiamente dichos y del personal marítimo contratado, tanto de alto nivel, como de los sectores de trabajadores y marinería. Si bien este asunto lo trata de manera específica en la segunda parte, en realidad es una constante a lo largo de los capítulos, lo que le da un sello característico a su trabajo.

La investigación está sostenida en el seguimiento que se hace de las políticas impulsadas por autoridades hispanas y novohispanas, en relación con la defensa de los litorales y con el comercio. En cuanto a lo primero, aborda el problema de las incursiones extranjeras al Pacífico (sobre todo rusas e inglesas) y las reacciones españolas de defensa y protección, que llevaron en la segunda mitad del siglo xviii a un interés por conocer los litorales y a modificar las políticas de defensa y de comercio. Asimismo, toca el asunto de las exploraciones de carácter científico, que en gran medida estarán relacionadas con las de defensa y comercio, porque su interés fue la exploración para conocer y aprovechar recursos y, por supuesto, para delimitar espacios de influencia.

En relación con las rutas de comercio, trata tanto las relativas a Acapulco, que tuvieron que ver con Perú, Guatemala y Filipinas, como las de San Blas, que a su vez se ligarán a estas mismas regiones como también a toda la costa noroeste, lo que la hace incursionar en la historia de las Californias; también aborda el problema del contrabando, así como los elementos que a veces hicieron competir entre sí a Acapulco y San Blas.

Por otra parte, así como destacó el tema de los trabajadores del mar, también está presente el de los contactos locales, que se realizaban entre los embarcaderos menores y para actividades de interés local, como la pesca y el buceo de perla, lo que la lleva a reconocer una rica vida marítima que a veces no se percibe con sólo estudiar a los puertos más importantes. Pero los contactos, dice la autora, no se dan sólo entre zonas marítimas sino de éstas con lugares de tierra adentro, cuestión que también está tratada, y que de hecho sugiere la idea de regiones formadas en su relación con los puertos.

En esta visión amplia que Guadalupe Pinzón logra del Pacífico novohispano, en particular del litoral entre Acapulco y San Blas, no podía quedar fuera un aspecto que le interesaba desde su tesis de maestría y es el referente a los asuntos de salud pública, cuestión muy sensible en las zonas costeras de dicho territorio, por sus características climáticas, por lo general húmedas y calurosas, que en esa época hicieron muy difícil su colonización por la susceptibilidad de los pobladores a contraer enfermedades ligadas a ese clima y a condiciones de vida paupérrimas, que se agravaban en la vida en el mar, dentro de las embarcaciones. De igual manera, aborda las políticas asumidas por autoridades y población para combatir los problemas de higiene y salud, entre las que estaban las médicas y las de carácter religioso. La perspectiva social que caracteriza el libro está presente de manera contundente en esta parte, en la que se centra en el personal médico, en los hospitales y en el saneamiento de embarcaciones, así como en el personal y las prácticas religiosas en las que se confiaba para combatir las enfermedades y las calamidades causadas por el clima y por la vida relacionada con el mar. Y en esta perspectiva social que le da a su investigación, es necesario llamar la atención en un tema, habla de las mujeres, poco representado en la historia en general y la portuaria y marítima en particular. Es loable que no lo haya dejado de lado y, aunque le dedica pocas páginas, no aparece como un mero agregado sino como parte de la vida portuaria, difícil de tratar con amplitud porque ha dejado un registro escaso de su presencia, pero visible.

Además de las temáticas que estudia Guadalupe Pinzón, y que he tratado de reseñar con brevedad, es importante señalar otros aspectos de interés que son en cierto modo el alma del libro; esto es que está sustentado en numerosas fuentes de archivos nacionales y españoles, que aprovechó de manera notable, y en una extensa bibliografía. También que el texto está bien estructurado, de manera que nos lleva con ingenio y coherencia de un tema a otro sin perder el hilo conductor, y tiene una redacción fluida pese a lo denso que a veces resulta la información y la explicación que la acompaña. A ello hay que sumarle los buenos mapas e ilustraciones y que incluso hubiera sido deseable contara con más, porque algunas de dichas imágenes enriquecen las ideas que podemos hacernos de la situación de los puertos y de las concepciones que sobre éstos se tenían en la época; por ejemplo, la hermosa imagen de Acapulco de la portada.

México tiene extensos litorales donde, en diversos momentos y con muchas dificultades, se establecieron poblaciones, sin embargo, su historia es escasa comparada con la de los asentamientos de tierra adentro, que no se explica sin la entrada y salida de gente, animales, plantas, padecimientos, ideas y mercancías, que fue posible gracias a los puertos y las actividades marítimas; este libro desentraña parte de esa historia.

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