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Región y sociedad

Print version ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.24 spe.3 México Jan. 2012

 

Reseñas

 

Teresa Rojas, José Luis Martínez y Daniel Murillo (2009), Cultura hidráulica y simbolismo mesoamericano del agua en el México prehispánico

 

Patricia Ávila García*

 

Jiutepec, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) e Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), 298 pp.

 

* Investigadora en ecología política del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la Universidad Nacional Autónoma de México, campus Morelia. Doctora en antropología social y especialista en las temáticas del agua y sociedad. Teléfono: (443) 322 2786. Correo electrónico: pavila@oikos.unam.mx

 

El libro Cultura hidráulica y simbolismo mesoamericano del agua en el México prehispánico es una aportación de relevancia para los estudiosos de las temáticas asociadas con la cultura y el manejo del agua en los pueblos indígenas, así como para el público interesado en conocer el patrimonio cultural de nuestro país, a través de sus obras hidráulicas y vestigios arqueológicos. El proyecto editorial fue realizado por tres reconocidos investigadores, provenientes de instituciones que han aportado elementos para una mayor comprensión de la cuestión del agua en México; y representa una síntesis de sus investigaciones documentales y de campo, en la región mesoamericana.

La obra está compuesta de dos partes, con sus respectivos capítulos y responsables; la primera, a cargo de Teresa Rojas, del CIESAS, aborda el agua en la antigua Mesoamérica y los usos y tecnologías asociadas. Comprende cinco capítulos bien documentados en los aspectos fotográfico, iconográfico y bibliográfico, así como por las observaciones en campo de la autora a lo largo de casi cuatro décadas. El énfasis está en las obras materiales y tecnologías asociadas con los vestigios arqueológicos y las referencias históricas que hacen mención de su existencia. Estos capítulos muestran las obras hidráulicas construidas para abasto doméstico, irrigación agrícola, conducción, control y drenaje de aguas pluviales y control de los niveles de agua en zonas lacustres, pantanosas e inundables.

Asimismo, brindan ejemplos de tecnologías prehispánicas en Mesoamérica, que fueron utilizadas ampliamente en su época o que, en su defecto, tuvieron características únicas que han sido poco documentadas. Las tecnologías se analizaron por el tipo de fuente empleada (agua superficial en movimiento, como ríos y manantiales; agua superficial calma, como pantanos y lagunas; agua subterránea y precipitación pluvial) y por el tipo de obras hidráulicas (abasto de agua; conducción, control y drenaje de agua pluvial y residual; almacenamiento y conducción de agua para irrigación; control, aprovechamiento y desagüe de humedales; recreación y rituales).

Las obras hidráulicas documentadas son, sobre todo, del centro y sur del país, como los jagüeyes, para el almacenamiento del agua de lluvia; los acueductos, como el de Chapultepec, para la conducción del agua de manantial; los pozos verticales, para aprovechar el agua subterránea en Puebla y Yucatán; los sistemas de irrigación en el valle de Tehuacán, donde se construyó la presa "Purrón", con una altura de 18 metros; las obras de control de avenidas y drenaje, en Tajín; los sistemas de canales y compuertas en el valle de México, para el control de inundaciones, la navegación y el riego de chinampas, entre otros.

Los responsables de la segunda parte del libro son José Luis Martínez y Daniel Murillo, ambos del IMTA; se enfoca en la tradición hidráulica mesoamericana y el simbolismo prehispánico del agua. Incluye siete capítulos que, además de estar bien documentados en el aspecto fotográfico, abordan la temática por periodos históricos y regiones del país; estudian el agua y la tecnología entre los olmecas, otras obras hidráulicas del preclásico, la irrigación prehispánica en la meseta poblana y el valle de Tehuacán, las innovaciones hidráulicas mixtecas y zapotecas, las ciudades y los sistemas hidráulicos del área maya, los paisajes hidráulicos en la cuenca del valle de México y Mesoamérica, como un patrón civilizatorio particular.

Los autores muestran que el agua fue un factor importante, pero no el único en el proceso civilizatorio de Mesoamérica, es decir, las culturas y sociedades prehispánicas tuvieron estrategias productivas múltiples que posibilitaron la formación del Estado y los centros urbanos. En particular, el maíz fue la base alimentaria que dio soporte al desarrollo de diferentes culturas, que expresaron una cosmovisión agropluvial, donde la gramínea, la lluvia, los cerros, las selvas y los montes eran el eje del simbolismo, que impregnó también a las obras hidráulicas.

En este marco se formó el culto al agua, con sus deidades, manifestaciones, mitos y rituales, desde los olmecas en el preclásico hasta los teotihuacanos en el clásico: "Lluvia, tierra y maíz son tres de los elementos esenciales que estructuran a los pueblos mesoamericanos y sustentan los procesos de gobierno, cognitivos, tecnológicos y de representación simbólica, incluida la obra hidráulica" (pp. 161). Así, los autores muestran las expresiones culturales de los olmecas en la región Teopantecuanitlan, en Guerrero, donde hay vestigios de obras de irrigación como canales de conducción y desagües, represas para el almacenamiento del agua y control de inundaciones. También documentan representaciones simbólicas asociadas con el agua, como la serpiente y el sapo, que se deifican con la lluvia, y se expresan a través de la forma de los canales y esculturas de piedra.

Lo interesante del libro es que ambas partes (las tecnologías hidráulicas y la tradición mesoamericana con su simbolismo del agua) son complementarias, y ofrecen un panorama de las culturas del agua en Mesoamérica y sus obras materiales y tecnologías, que desarrollaron para garantizar el abastecimiento de la población, el uso para riego agrícola, el control de inundaciones y el manejo de los flujos de ríos y lagos con fines productivos y de navegación. Todo ello inserto en un patrón civilizatorio y cosmogonía del mundo, que se expresó en los simbolismos del agua en los diferentes periodos de la historia precolombina.

El libro puede analizarse desde dos ámbitos: como un referente esencial para el conocimiento de las tecnologías asociadas con el uso y manejo del agua, donde se puede encontrar un inventario amplio y bien documentado de las grandes y pequeñas obras hidráulicas en la época prehispánica; sin duda, una valiosa aportación que resume años de investigación antropológica sobre el desarrollo tecnológico que existió en Mesoamérica. También brinda una visión sobre el patrón civilizatorio mesoamericano, vinculado con diferentes culturas y sus especificidades en cuanto al uso y manejo del agua, según el contexto histórico y regional. En este sentido, hay un esfuerzo por analizar y sistematizar los nexos entre cultura y simbolismo del agua, a partir de las tecnologías y obras hidráulicas. Cuestión que en sí misma es una contribución significativa para lograr un mejor entendimiento sobre las dimensiones socioculturales del agua.

No obstante, falta documentación de otras culturas que se desarrollaron en el norte y occidente del país, que no forman parte, en sentido estricto, de la tradición mesoamericana, pero que también cuentan con evidencia material y arqueológica sobre tecnologías hidráulicas desde la época prehispánica. Tales son los casos de las culturas de Aridoamérica y del occidente, cuya comprensión de los ciclos del agua se articuló con tecnologías que les permitieron adaptarse a las variadas condiciones ecológicas (desde las culturas del desierto hasta las de las planicies costeras y marismas) e incluso comunicarse, por medio de navegación, en aguas interiores y mares.

Un aspecto que vale la pena mencionar es que el libro da evidencias sobre el profundo conocimiento y respeto que las culturas prehispánicas tenían sobre la naturaleza y en particular sobre el agua; cuestión que se expresó en el manejo integrado del recurso, el desarrollo de tecnologías apropiadas y la existencia de formas de organización social, que permitieron el surgimiento de sociedades bien adaptadas a contextos ecológicos diversos. Con ello queda claro que cultura y manejo del agua están estrechamente ligados y, por ende, las tecnologías desarrolladas en los diferentes territorios.

En este marco, quedan varias lecciones por aprender en la época contemporánea, y dan luz sobre los causales del desastre ambiental y la pérdida de los bienes comunes esenciales para la vida, como el agua. En particular, la hegemonía y culto de la tecnología "moderna" como solución única para el manejo del agua y su disociación de las dimensiones culturales y contextos ecológicos. Así como la fragmentación de la matriz sociocultural del agua, que atenta contra la visión integral y sagrada, y privilegia la privatización de un bien común en un escenario de globalización y libre mercado, con el fin de someter la dimensión cultural a la económica: el agua como mercancía y bien privado. Ejemplos palpables los tenemos con los huicholes y la defensa de Wiricuta, ante el avance minero canadiense; los tarahumaras y la defensa de sus bosques y aguas, ante los proyectos turísticos transnacionales; los purépechas y la defensa de su territorio, ante el avance de cultivos de exportación y presencia del narcotráfico; y los yaquis y la defensa del agua, ante un modelo de urbanización que es incapaz de saciar su sed y respetar sus derechos ancestrales.

Mucho hay que aprender de las "viejas culturas del agua", que persisten y se adaptan a las nuevas condiciones socioambientales en los territorios indígenas, como una manera de cuestionar el patrón civilizatorio dominante: el culto a lo material y dominio de la naturaleza. Ello nos lleva a buscar caminos alternativos, que conduzcan hacia la sustentabilidad en el uso y manejo del agua y a formas más respetuosas de relación con la naturaleza.