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Región y sociedad

Print version ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.24 no.53 México Jan./Apr. 2012

 

Reseñas

 

Rafael Velázquez Flores (2007), La política exterior de México durante la Segunda Guerra Mundial

 

Maximiliano Gracia Hernández* Martha Iztli Ramos Guerra**

 

México, Editorial Plaza y Valdés, 205 pp.

 

* Profesor–investigador en año sabático por la Universidad del Mar. Director del Centro de Estudios Regionales de El Colegio del Estado de Hidalgo. Correo electrónico: graciamaximiliano@hotmail.com

** Becaria del Programa Verano de la Investigación Científica y Tecnológica del Pacífico, 2010.

 

El texto muestra la política exterior de México, como un método de articulación, que permitió el desarrollo económico de 1939 a 1945, cuando el país se vio involucrado en la Segunda Guerra Mundial. "[...] la conjunción de los factores tanto internos como externos en el periodo de estudio, permitió a México elevar su capacidad de negociación internacional en una forma sin precedentes, pudiendo el país imponer ciertas condiciones en los términos de su relación con el exterior" (p. 15). Se explican los factores que hicieron posible un desarrollo económico, social y político exitoso en época de guerra mundial. Así, el análisis histórico funde agentes internos y externos para crear el ambiente de hace aproximadamente 65 años.

Algunas preguntas para reflexionar son: ¿cómo explica o supone el autor que la política exterior ayudó en la mejora del país, en específico en la organización interna?

La obra se divide en tres capítulos, el primero "Factores internos y externos de la política exterior de México durante la Segunda Guerra Mundial" con dos subtemas, en los cuales el autor plasma con profundidad analítica la situación mundial que se abrió para México durante la guerra.

En el segundo, "Bases y fundamentos de la política exterior de México durante la Segunda Guerra Mundial", presenta los objetivos del gobierno mexicano en política exterior, lo enmarca en un proceso de enfrentamiento bélico. Y en el tercero, "La política exterior de México durante la Segunda Guerra Mundial", que consta de cinco subtemas, Velázquez Flores relata cómo reaccionó México ante los problemas, propuestas, pactos, foros y relaciones surgidos de la época caótica que se vivió durante el conflicto.

Con base en la referencia general descrita, particularicemos en los detalles más importantes de cada capítulo. El primero afirma que el objetivo de la política exterior de México fue cubrir sus exigencias; se logró con éxito con tres puntos básicos: a) un ambiente de guerra internacional; b) la actitud de Estados Unidos y c) la solidaridad continental.

A partir de la crisis de 1929 inició en el ámbito internacional la disconformidad económica, política y social entre países, a tal grado que algunos unieron fuerzas e hicieron coaliciones para hacer estallar la Segunda Guerra Mundial. Para que esto sucediera, Velázquez toma como punto clave "[...] el miedo a un cambio en el balance del poder del sistema internacional" (p. 20).

Después del conflicto, en el mundo se fueron generando treguas, firmas de tratados, documentos, creación de organizaciones, escritos y conferencias, para alcanzar una reorganización internacional. En 1945 nació la Organización de las Naciones Unidas (ONU), inspirada por la carta del Atlántico, escrita por el presidente Theodore Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill, donde se exponía los principios comunes a las políticas nacionales de sus países.

En el marco de la Segunda Guerra Mundial, dice el autor; Estados Unidos generó la política del buen vecino, con el objetivo de tener como aliados a los países de América Latina, que pese a no ser poderosos le sirvieron de mensajeros o inclusive de obreros.

En México, a partir del Gobierno de Plutarco Elías Calles comenzó la institucionalización; y continuó con el de Lázaro Cárdenas, que trajo estabilidad; aumentó la población; mejoró la infraestructura de salud; creció la migración hacia la ciudad, al igual que la clase media, razones que, entre otras, hicieron que la urbanización se hiciera presente. Todo lo anterior generó una mejoría en el orden interno del país. De la institucionalización, Velázquez Flores pasa al corporativismo y después al presidencialismo; destaca a los dos últimos como armas fundamentales del gobierno para mantener en orden a los obreros y trabajadores.

Desde la década de 1940, el Estado no ha dado respuesta a las necesidades de educación, tema importante para alcanzar el desarrollo nacional. Otro es el de la marginalidad y pobreza, la cual se mantiene hasta hoy.

El segundo capítulo indaga los cimientos y elementos que encuadraron la serie de transformaciones en México, con respecto a la política externa. Por una parte, analiza la situación interna y externa, por la otra muestra cómo influyó en el proceso de toma de decisiones para el futuro. El autor destaca tres puntos en los que el país debió enfocarse para avanzar con paso firme: a) el aspecto económico, la Segunda Guerra Mundial había llevado a México a una inflación descontrolada y a la pérdida del poder adquisitivo; b) el social, cuyo rompimiento se basó principalmente en la mala distribución de la riqueza y c) la defensa de la soberanía, la integridad y la dependencia nacional.

La transición del poder de Lázaro Cárdenas a Manuel Ávila Camacho fue pacífica. Éste pretendió que la unión nacional fuera la base de su forma de gobierno, así se podría solucionar la problemática del país. Sin embargo, "las fuerzas conservadoras" no estaban de acuerdo con las ideas del Presidente, por esa razón sabotearon el trabajo. Para el autor, lo que México necesitaba en política exterior era proteger la soberanía, la integridad y la independencia frente al reto mundial. Y en la interior requería justicia social, así como un desarrollo sostenido y estabilidad política. El cometido de Ávila Camacho fue el combate a la injusticia social, promovió el mejoramiento de la salud, la higiene, la educación, el reparto equitativo de ingresos y otras acciones que favorecían a la sociedad.

La autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de controversias, la no intervención e igualdad jurídica fueron los principios base de la política exterior, cuyos objetivos se establecieron de acuerdo a las necesidades del país; la fuente de ellos fue el interés nacional, los eventos internacionales, la agenda política exterior del Estado y el proyecto nacional.

Ávila Camacho procuró atraer inversionistas de Estados Unidos, para llenar expectativas y anotar una palomita en el recuadro de factores internos de México. Una buena relación con el vecino del norte era una más de sus prioridades, pensó que podía serle útil en el futuro. Buscó transformar a México en un país competitivo, para ello planeó las estrategias que ayudarían a conseguir objetivos planteados por el gobierno, plasmados en tres documentos: a) el plan sexenal de 1940–1946; b) el programa de gobierno de Ávila Camacho y c) una entrevista con la Confederación de Trabajadores de América Latina.

En el plan sexenal 1940–1946 se especificaron seis puntos acerca de las relaciones exteriores: a) autonomía nacional; b) relaciones amistosas internacionales; c) no preferencias extranjeras; d) conocimiento del gobierno sobre la vida social y necesidades del pueblo; e) creación de tratados comerciales para favorecer al mercado mexicano y f) colaboración y cooperación en pro de la paz.

Algunas de las estrategias de política exterior establecidas por el Gobierno de Ávila Camacho durante la Segunda Guerra Mundial fueron: defender la soberanía nacional, negación a toda petición de establecer bases militares en México y solidaridad continental, es decir, extender ayuda a cualquier país de América Latina que así lo solicitara.

Acerca de la capacidad de negociación de México en el exterior, el autor se basa en factores internos como la geografía, los recursos naturales y económicos, la población, el poder militar, la ideología, el sistema político y la cohesión social. Y externos como la imagen internacional, la situación de los organismos internacionales de la época, las condiciones internacionales en general y la actitud de Estados Unidos hacia México.

El desarrollo económico de México tuvo un cambio importante durante la Segunda Guerra Mundial, las condiciones internas y externas ayudaron al nacimiento del modelo sustitutivo de importaciones. Las inversiones extranjeras descendieron, lo que originó un incremento en la autonomía. La población aumentó con rapidez, eso le dio ventaja en el momento de la negociación. El poder militar nunca fue tema importante, por lo que no fue tomado como clave para el proceso de negociación.

La ideología del Estado era algo que se rescataba como ayuda de negociación, se basó en la defensa de la soberanía, la democracia y la solidaridad. El bienestar y firmeza del sistema político interno era primordial para que se diera el externo. La cohesión social se basó en la aglomeración de distintos grupos y en la unión de fuerzas e ideas para lograr el mismo fin para la nación, elementos que "[...] proporcionaban una mayor consistencia a la política exterior de México y, en consecuencia, una mayor capacidad de negociación" (p. 100).

Para la negociación internacional se tomaron en cuenta cuatro factores: a) la imagen internacional de México, se refiere a cómo los demás veían a México desenvolverse en la aplicación de leyes; b) los organismos internacionales, hace mención al liderazgo regional de México, gracias a su buen comportamiento, desempeño y estabilidad interna; c) la situación internacional, como resultado de la guerra en que vivía sumergido el mundo, los países de menor poder no estaban acechados por el fenómeno, lo que les daba autonomía en el momento de tomar decisiones y d) la actitud de Estados Unidos, recuerda su estrategia de buen vecino, que despertó ante México con signos de cooperación y solidaridad, que le otorgó confianza para no sentirse presionado por la nación vecina (pp. 100–102).

En el tercer capítulo, Velázquez Flores "[...] describe y busca explicar aquellas decisiones, acciones y actitudes, que el gobierno mexicano adoptó hacia el exterior en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial" (p. 105). Pone atención especial a las estrategias para hacerle frente a la difícil situación de guerra. La primera parte del escrito engloba la política multilateral de México; la segunda sus principales relaciones bilaterales.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y de acuerdo con sus principios de política pacifista, el presidente Lázaro Cárdenas manifestó neutralidad ante el conflicto, la nación aceptó y apoyó la decisión de neutralidad como una muestra de resentimiento contra Estados Unidos por su intromisión en la época de la revolución. Aunque no todo fue paz para el pueblo mexicano, dos buques fueron hundidos, motivo por el cual Ávila Camacho declaró "estado de guerra", que dio inició a la ley del servicio militar para los ciudadanos, aunque la mayoría de la población no estuvo de acuerdo.

Con el objetivo de establecer el nuevo orden internacional, México presentó tres puntos que estuvieron en discusión dentro de la ONU: ventajas, deficiencias y enmiendas. El primero planteó la creación de un consejo económico y social con un mecanismo eficiente; las deficiencias se enfocaban en los principios por los que se luchó durante la Segunda Guerra Mundial; las enmiendas fueron deberes o tareas que países individuales debían cumplir para lograr la fusión de las Naciones Unidas.

A lo largo del tercer capítulo se presenta una pregunta no plasmada textualmente, ¿cómo repercutió la política exterior en el interior del país? En el ámbito económico, México comenzó a producir lo que antes no fabricaba; nació el modelo de sustitución de importaciones, aumentaron las exportaciones, se incrementaron las divisas, se atrajeron inversiones extranjeras y creció la industria y la agricultura. En cuanto a la política, nacieron la estabilidad e institucionalidad, como resultado de la unión que necesitaba el país por la guerra. En el rubro social, se incrementó el poder adquisitivo y el nivel de vida de las familias.

En los foros internacionales se aceptaron las opciones provistas por México. En materia política se logró reunir el respeto de otras naciones, así como el reconocimiento por su lucha para conseguir paz, cooperación y solidaridad.

En general, el autor sugiere que la Segunda Guerra Mundial fue un buen momento para México en política exterior; su participación en el conflicto tuvo trascendencia histórica, pues quedó plasmada en la memoria de sus documentos elaborados, propuestos y aceptados; así como su intervención en conferencias y foros, que dieron lugar a la ONU.

Para Rafael Velázquez, la realidad que vivía el país en tiempo de guerra fue coherente; la política interna y externa hicieron juego y ensamblaron perfectamente lo que hizo que, a pesar de las fallas, el empuje de 1939 a 1945 lo llevara a otro nivel, donde experimentó crecimiento y una relación de compañerismo con otras naciones. Pero no todo fue bueno, la inflación, la pérdida del poder adquisitivo, el descontento de la clase baja, la mala distribución de la riqueza y la extrema dependencia económica del vecino del norte fueron puntos en los que no pudo tomar las riendas.

Es cierto que al tener una buena política interna se tuvieron las condiciones para que la exterior también lo fuera. Es como un rompecabezas que se va formando, entre más piezas estén unidas, es más fácil seguir adelante en su elaboración. Es importante ver cómo la situación internacional jugó con México, fue como un tablero de ajedrez donde se acomodaron las piezas de forma tal que el país tuvo buenos jugadores de política, que situaron al rey en el lugar adecuado y en el momento indicado.

Quizá en una tercera edición el autor pueda explicar la influencia de la inversión extranjera, de la expropiación petrolera y de las políticas agrícolas señaladas en el título Hacia un crecimiento acelerado.

Coincidimos con Velázquez Flores en que la historia debe ser parte fundamental para la toma de decisiones, el objetivo es mejorar la vida política, social y económica del país. Con respecto a la institucionalización, él hace especial énfasis en ella, sin embargo no expone con claridad la idea. Hubiese sido una aportación excelente explicar la reacción de los países de América Latina al conocer la posición de guerra de Estados Unidos.

Para finalizar el texto, el autor recalca ideas de importancia como el crecimiento y desarrollo económico, la estabilidad política, una política exterior exitosa y la consolidación del sistema político, social y económico de México; sin embargo, quedaron hebras sin tejer, como la inconformidad de las clases populares y una injusta distribución de la riqueza; el desarrollo equilibrado nunca llegó, el pesimismo se hizo presente y comenzó la dependencia económica que sigue presente hoy.

Para los estudiosos de la política exterior de México, esta obra representa una lectura obligada, porque muestra claramente la forma en que se plasmaron sus bases.