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Región y sociedad

Print version ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.24 no.53 México Jan./Apr. 2012

 

Reseñas

 

Carlos Tello Macías (2010), Sobre la desigualdad en México

 

José Ángel Valenzuela García*

 

México, Facultad de Economía–Universidad Nacional Autónoma de México; 366 pp.

 

* Profesor–investigador del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora. Correo electrónico: jvzla@pitic.uson.mx

 

Carlos Tello expone, en los seis capítulos de Sobre la desigualdad en México, el proceso histórico que explica y da forma al problema social y económico más grave del México actual: la distribución desigual de la riqueza y el ingreso. Este libro podría haberse escrito en cualquier momento y siempre conservaría su vigencia, pues la desigualdad y la pobreza han sido la constante desde el México prehispánico hasta nuestros días. Así, desde el inicio, el autor nos dice que

a raíz de la conquista de México por los españoles, se enfrentan, sin llegar a mezclarse cabalmente, dos culturas, dos formas de vida y organización social que hoy todavía subsisten y que, a partir del predominio –casi siempre por la fuerza– de una sobre la otra, ayudan a explicar la enorme desigualdad que aún caracteriza el desarrollo económico y social del país (p. 15).

Describe y analiza los procesos históricos que van conformando lo que somos como país, con la desigualdad y la pobreza como hilo conductor. Coloca en el centro de la reflexión la forma en que la concentración del ingreso y la distribución inequitativa de la riqueza se ven alteradas a lo largo del tiempo, por las acciones de quienes detentan el poder político y económico, en diferentes escenarios de confrontación y conflicto.

Quizá el México colonial nos parezca muy remoto, pero aun con todo cuanto hemos cambiado desde entonces, las similitudes con el actual resultan sorprendentes. Somos un espejo que siempre está reflejando las mismas formas de proceder, captadas por el autor en toda su trágica dimensión, cuando describe las prácticas comunes durante el largo periodo de dominación española.

En términos del uso y distribución del excedente económico —concepto utilizado por el autor y que lo ubica en una corriente teórico–analítica diferente a la teoría convencional (neoclásica)–, la situación no fue muy diferente durante los primeros cien años del México independiente, pues "la independencia no atenuó la desigualdad que caracterizó a la colonia". De acuerdo con Tello, a pesar de los importantes avances en materia política y jurídica, ni aun durante el periodo juarista, que contó con un grupo de personas "comprometidos con México y dispuestos a dar todo de su parte para que el país progresara" tampoco se tuvieron avances importantes en términos de una mejor distribución de la riqueza y del ingreso.

El latifundio y las tierras comunales continuaron. Frente al trabajo libre, reinaba el peonaje, la leva y las castas. No se metieron de lleno a lo que muchos en el constituyente de 1857 llamaron el problema fundamental de México: la inequitativa distribución de la propiedad de la tierra (p. 92).

Lo anterior no significó la ausencia de avance en términos de crecimiento económico, industrialización, creación de infraestructura, educación y salud, sino que

la concentración de la riqueza y del ingreso que prevaleció durante la colonia continuó durante los primeros cien años de vida independiente. Incluso creció y en poco mejoraron las condiciones generales de existencia de la mayoría de la población (p. 114).

Precisamente esta situación produciría las condiciones para el estallido de la Revolución de 1910, que sienta las bases para cambiar las enormes desigualdades en la distribución de la riqueza y del ingreso, sobre todo a partir de la organización de los trabajadores del campo y la ciudad. A las demandas de sufragio efectivo no reelección, de los elementos de la burguesía progresista, se agrega otra que resume las aspiraciones ancestrales de millones de mexicanos: tierra y libertad.

Al concluir la etapa armada de la revolución, se habían creado las bases para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y para llevar adelante una reforma agraria, pero "los ricos buscan —y lo logran– restablecer sus privilegios a expensas de la mayoría pobre del país" (p. 134). Una vez más, tal como sucedió durante la revolución de independencia, "las luchas las inician quienes tienen afán de justicia social y las terminan quienes buscan afianzar y perpetuar el sistema de privilegios" (p.69). El poder político se convierte en el mejor medio de ascenso económico y social. Apoyarse en el aparato estatal y en las actividades que el gobierno lleva a cabo (como la realización de obras de infraestructura) al estilo de los "científicos" del porfiriato, permite a algunos revolucionarios su enriquecimiento. Así, "algunos generales y dirigentes revolucionarios" [Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Abelardo Rodríguez, entre otros], se convirtieron en prósperos hacendados y empresarios".

El cardenismo marcaría "una nueva etapa en el desarrollo económico y social de México". Después de la gran depresión de 1929, en 1933 la economía nacional inicia su recuperación. El programa del cardenismo busca "el desarrollo capitalista independiente, con una creciente participación del Estado en los asuntos económicos y sociales". La expropiación petrolera constituye, sin lugar a dudas, la acción más importante y espectacular de esa estrategia de desarrollo independiente.

El autor resalta los logros de la política social y económica del cardenismo, entre ellos una profunda reforma agraria, que da al campo estabilidad, paz social y crecimiento económico, "la fuente de riqueza, la tierra, se distribuye y con ello se avanza hacia una más equitativa distribución del ingreso. La desigualdad disminuye" (p.168). También destaca la relación de apoyo recíproco entre organizaciones obreras y gobierno, que más tarde conduciría a "la sumisión del movimiento obrero y campesino al gobierno, al control político gubernamental y a su sujeción a la autoridad del presidente" (p. 177).

Es notable la forma en que el autor nos coloca en el centro del conflicto, donde el Gobierno de Cárdenas enfrenta enormes presiones de parte de los terratenientes, grandes empresarios, el imperio estadounidense y la Iglesia católica. Al final del periodo cardenista, "continúa habiendo pobreza en el país, pero la desigualdad entre los mexicanos se reduce de manera importante. Se sientan las bases, se inicia el camino, se avanza mucho, se fija dirección, pero no se alcanza plenamente la justicia social" (p. 182).

Después del cardenismo, desde 1940 hasta 1982, los gobiernos

pudieron combinar en un ambiente de paz social, [al menos hasta 1968] crecimiento económico y estabilidad política lo cual permitió que se pudieran diseñar políticas de promoción del desarrollo económico y social de largo plazo y, también, que la situación de todas las clases sociales tendiera a mejorar, a pesar de las desigualdades que en todo orden continuaron caracterizando a la sociedad mexicana (p. 187).

Para sustentar la afirmación anterior, Tello Macías recurre a un conjunto de estadísticas que muestran las altas tasas de crecimiento del producto interno bruto (PIB) la estabilidad en el tipo de cambio, al menos hasta 1976, el incremento del PIB por habitante, la baja tasa de inflación, la creciente participación de los salarios en el ingreso nacional y el aumento sostenido en la tasa de crecimiento del salario mínimo real, también el mejoramiento de los índices de bienestar social: reducción de las tasas de analfabetismo y mortalidad infantil y aumento del nivel promedio de escolaridad y en la esperanza de vida. En fin, un recuento de los saldos económicos y sociales de la implementación de un conjunto de políticas de crecimiento e industrialización de corte keynesiano, que dieron forma y caracterizaron lo que se conoce como "desarrollo estabilizador", y que para el caso nuestro algunos bautizaron como "el milagro mexicano".

Al finalizar la década de 1970, la distribución desigual de la riqueza y del ingreso se reduce, pero aún existen millones de campesinos viviendo en pobreza extrema y en los centros urbanos crecen los cinturones de miseria. El coeficiente de Gini disminuye, pero la concentración de la propiedad industrial y agropecuaria se incrementa. El gasto público destinado a la inversión y el desarrollo social crece a un ritmo acelerado, pero alrededor de 35 por ciento de los hogares recibe ingresos totales inferiores al salario mínimo. Por tanto, en dicha década, la economía mexicana quedó enfilada por una vía de crecimiento que necesariamente se estrechaba. A falta de una reforma tributaria, las finanzas públicas empezaron a depender de manera creciente de la deuda externa, y el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos detenía la expansión.

A partir de 1982, durante los años de crisis y estancamiento, se daría marcha atrás a muchos de los programas sociales y se agudizaría la situación de concentración de la riqueza y del ingreso. Entonces se consolidaría en el capitalismo mundial lo que John K. Galbraith bautizaría como la "Revolución de los Ricos" iniciada, según el autor, desde mediados de los años setenta, con el propósito de aumentar la influencia del gran capital en la conducción de la economía y en la distribución del ingreso.

El título del quinto capítulo es una especie de diagnóstico condensado de la economía mexicana de 1982 a 2009: "Estancamiento económico, desigualdad y pobreza", por ser esas las tres características más importantes del periodo neoliberal, en el que

se abandona paulatinamente el proyecto de desarrollo que México siguió durante décadas por otro, distinto y de profundas reformas estructurales que busca descansar en el libre juego de las fuerzas del mercado para asignar y utilizar los recursos, no regulado, abierto a la competencia con el exterior y con cada vez menor participación del Estado (p. 245).

De nuevo el autor recurre a información estadística contundente, para situarnos ante la dramática situación a la que han conducido casi tres décadas de neoliberalismo: una economía prácticamente estancada; devaluación acelerada del peso frente al dólar; el PIB por habitante que crece en un octavo en comparación con el periodo previo; lento crecimiento de la inversión productiva; reducción de la participación de los salarios en el ingreso nacional, que en 2008 se situó en un nivel similar al de 1952; aumento sostenido en la concentración del ingreso (coeficiente de Gini creciente), lo cual se traduce en que los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos; caída de los salarios reales, tanto mínimos como contractuales; incremento de la pobreza, al tiempo que algunos programas gubernamentales orientados a reducirla y a combatir la desigualdad en la etapa anterior son tachados de populistas, incluso por el propio gobierno, y son abandonados; en contraparte, se instrumenta una política económica y social que promueve la desigualdad en la distribución del ingreso y provoca mayor pobreza. Las transferencias del gobierno no modifican de forma importante la distribución del ingreso, el coeficiente de Gini, antes y después de impuestos y transferencias, apenas pasó de 0.51 a 0.49 en 2006. Los extremos de opulencia y miseria se enfrentan en toda la república mexicana. Además de la desigualdad entre el campo y la ciudad, ésta se observa en todas las calles en cada ciudad del país. Es la versión neoliberal del "milagro mexicano": el milagro de la sobrevivencia de millones de pobres abatidos por la miseria.

La política económica y social neoliberal, cuyos resultados son descritos y sustentados en esta obra, ha requerido del concurso de determinadas fuerzas políticas para su implementación, y no ha sido ajena a una serie de conflictos y confrontaciones entre trabajadores y capitalistas, entre movimientos populares y gobierno y entre partidos políticos de las más diversas orientaciones ideológicas. Sin embargo, en la instrumentación del modelo neoliberal, el autor no define la responsabilidad que corresponde al priismo y al panismo, los cuales desde 1982 prácticamente son uno solo, cuando se trata de aplicar las recetas ortodoxas en materia de política económica. De hecho, el modelo neoliberal fue iniciado por tres presidentes de extracción priista: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, para después ser continuado por los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón. Por supuesto que con el respaldo de sus correspondientes bancadas en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República. Es práctica común que diputados y senadores priistas, en alianza con el panismo, actúen a contracorriente, no sólo de los intereses populares, sino de los propios principios que dieron origen a ese partido político. La creciente concentración de la riqueza y del ingreso no es ajena a ese tipo de prácticas, que por lo general benefician a los más ricos.

Otro aspecto de la realidad presente, que no se aborda en este libro, es el que le imprime una de las características más notorias al gobierno actual: la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado, aun y cuando la mayoría de los delincuentes comunes y miembros de las bandas criminales son reclutados de entre una creciente población empobrecida. La política neoliberal es la que ha hecho mayores aportes al aumento de la inseguridad. El abatimiento de la pobreza y una distribución más equitativa de la riqueza y el ingreso pueden llegar a constituir una valiosa estrategia para combatir el crimen y la delincuencia.

El autor concluye planteando la necesidad de cambiar el modelo económico neoliberal; las transformaciones profundas que el país necesita requieren de fuerzas sociales que las impulsen "en momentos de gran tensión social y política". Por ello, el cambio de modelo económico, a favor del crecimiento y la distribución más equitativa de la riqueza y el ingreso, precisa de la conjunción de diversas fuerzas políticas, partidos y organizaciones de masas capaces de llevar adelante tal propósito. Ese es el enorme desafío que la historia nos plantea ahora.